GALERÍA DE MARINOS, NAVEGANTES, DESCUBRIDORES, CONQUISTADORES Y OTRA ESFORZADA GENTE

GALERÍA DE MARINOS, NAVEGANTES,DESCUBRIDORES,CONQUISTADORES Y OTRA ESFORZADA GENTE

Alejandro (Alessandro) Malaspina

Alonso de Ojeda

Alonso Valiente

Alvaro de Bazán

Alvaro de Mendaña

Alvar Nuñez Cabeza de Vaca

Américo Vespucio

Andrés María de Pes Mazaraga

Antonio Barceló

Antonio de Escaño

Antonio Serrano

Antonio de Ulloa y de la Torre

Baltasar Hidalgo de Cisneros y de la Torre

Blas de Lezo Olavarrieta

Bernal Díaz del Castillo

Bernardo de Gálvez

Casto Mendez Nuñez

Cayetano Valdés y Flores Bazán y Peón

Cosme Damián Churruca y Elorza

Cristóbal Colón

Diego de Almagro

Diego de Losada

Dionisio Alcalá Galiano

Domingo Martinez de Irala

Domingo Perez de Grandallana y Sierra

Esteban de Mari Centurión, Marques de Mari

Fadrique de Toledo

Federico Gravina y Nápoli

Felipe Bauzá y Cañas

Fernando de Magallanes

Fernandez Enciso

Francisco Alcedo y Bustamante

Francisco Javier Winthuyssen y Pineda

Francisco de Orellana

FranciscoPizarro

Francisco Vázquez de Coronado

Gabriel Ciscar y Ciscar

Gabriel de Aristizaga y Espinosa

Gonzalo Jiménez de Quesada

Hernán Cortés

Ignacio María de Álava y Saenz de Navarrete

Inés de Suarez

Isaac Peral

Jorge Juan y Santacilia

José de Bustamante y Guerra

José de Mazarredo Salazar

Joaquín Gutierrez de Rubalcaba y Casal

José Joaquín Romero y Fernández Landa

José María Bustillo y Gómez de Barreda

José Mendoza y Ríos

José Sánchez Cerquero

Juán Bautista Topete y Viaña

Juán de Garay

Juán de La Cosa

Juan Diaz de Solis

Juan Francisco de la Bodega y Cuadra

Juan Gutiérrez de la Concha

Juan José Ruiz de Apodaca y Eliza, Conde del Venadito

Juan Ponce de León

Juan Sebastián de Elcano

Juán Vázquez de Coronado

Juan van Halen y Sartí

Lope de Aguirre

Lorenzo Bernal del Mercado

Luis de Cordova y Cordova Laso de la Vega

Luis de Velasco e Isla

Manuel Deschamps Martínez

Juán José Navarro y Búfalo (Marqués de la Victoria)

Martín Alonso Yáñez Pinzón

Miguel López de Legazpi

Narcis Monturiol

Ñuflo de Chavez

Pánfilo de Narváez

Pascual Cervera y Topete

Patricio Montojo y Pasarón

Pedro de Alvarado

Pedro de Valdivia

Pedro Fernandez de Quirós

Pedro Menéndez de Avilés

Ramón Marquet

Rodrigo de Bastidas

Roger de Flor

Roger de Lauria

Rui Lopez de Villalobos

Vasco Nuñez de Balboa

Santiago de Liniers y Bremón

Sebastián de Belalcázar

Sebastian Caboto

Vicente Tofiño y San Miguel

Vicente Yañez Pinzón

Zenón de Somadevilla y Bengoechea (Marqués de la Ensenada)

 

CRISTOBAL COLON: Cristóbal Colón nació hacia 1451 y murió en 1506, aunque era de origen genovés, realizó todas sus hazañas al servicio de los Reyes de España y de ellos recibió todos los honores porlo que puede y debe ser considerado español.. Colón fue el artífuce de una de las mayores hazañas nunca realizadas por el hombre: el descubrimiento del Nuevo Mundo el 12 de octubre de 1492. .


Cristóbal Colón nació el año 1451 en Génova. Algunos autores, sin embargo, defienden que era catalán, mallorquín, judío, gallego, castellano, extremeño, corso, francés, inglés, griego y hasta suizo. Siguiendo la tesis genovesa, sus padres fueron Doménico Colombo, maestro tejedor, lanero o tabernero, y Susana Fontanarrosa. De los cinco hijos del matrimonio, dos, Cristóbal y Bartolomé, tuvieron pronto vocación marinera; el tercero fue Giacomo (Diego Colón), que aprendió el oficio de tejedor; y de los dos restantes, Giovanni murió pronto, y la única mujer no dejó rastro. Recordando estos primeros años, Cristóbal escribía en 1501: "De muy pequeña edad entré en la mar navegando, e lo he continuado hasta hoy... Ya pasan de cuarenta años que yo voy en este uso. Todo lo que hasta hoy se navega, todo lo he andado".


El aprendizaje colombino se debió hacer en galeras genovesas primero, como grumete; como marinero, desde los 15 años, y con mando en barco desde los 20 o 22 años. Entre 1470 y 1476 recorrió todas las rutas comerciales importantes del Mediterráneo, desde Quíos, en el Egeo, hasta la península Ibérica, al servicio de las más importantes firmas genovesas. También participó en empresas bélicas, como el enfrentamiento entre Renato de Anjou y el rey de Aragón, Juan II, por la sucesión a la Corona de Nápoles. Se afirma que, al amparo de tantas guerras y conflictos como entonces había, ejerció de corsario, actividad muy lucrativa y reconocida hasta en los tratados internacionales de la época..

 
Según cronistas contemporáneos, Colón llegó a las costas del sur de Portugal (Lagos), cerca de Sagres, tras un durísimo combate naval acaecido cerca del cabo de San Vicente, el 13 de agosto de 1476. Incendiado su barco, Colón salvó su vida agarrándose a un remo y nadando hasta la costa. Empezaba la estancia colombina en Portugal, que duró casi diez años, tan importantes y decisivos como misteriosos. Fue en el pequeño reino ibérico, y de la mano de portugueses, donde aprendió a conocer el océano, a frecuentar las rutas comerciales que iban desde Islandia a Madeira, a tomar contacto con la navegación de altura, con los vientos y corrientes atlánticos y a navegar hasta Guinea. Dicen los cronistas que Colón, una vez repuesto, marchó de Lagos a Lisboa, donde se dedicó al comercio. En 1477 viajó hasta Inglaterra e Islandia, y en 1478 se movía entre Lisboa y el archipiélago de Madeira con cargamentos de azúcar. Hacia 1480, parece que se casó con Felipa Moñiz, quien le ayudó a acreditarse y restaurarse y a moverse como vecino y cuasi natural de Portugal. De este matrimonio, nació hacia 1482 en la isla de Porto Santo, del archipiélago de Madeira, su sucesor Diego Colón.

 
Hay grandes indicios y alguna prueba razonable, como el preámbulo de las Capitulaciones, de que Colón, cuando elaboró su plan descubridor, sabía más de lo que decía. Tal convencimiento, que se extendió ya desde el principio entre los primeros pobladores y cronistas, se corresponde con el llamado "Predescubrimiento de América". Parece que, entre los años 1477 y 1482, en que Colón no dejó de realizar frecuentes viajes a las islas Madeira, Azores y Canarias, algo trascendental, que él califica de "milagro evidentísimo", le sucedió, si hacemos caso a sus palabras: "Me abrió Nuestro Señor el entendimiento con mano palpable a que era hacedero navegar de aquí a las Indias, y me abrió la voluntad para la ejecución de ello. Y con este fuego vine a Vuestras Altezas".

Los defensores del predescubrimiento de América sostienen que ese algo trascendental, repentino y milagroso que le sucede a Colón en cualquier momento de estos años fue que alguien, con conocimiento de lo que decía, le informó de la existencia de unas tierras al otro lado del océano. Tal información aportaba detalles bastante ajustados sobre algunas islas y sus naturales, sobre ciertos parajes y, especialmente, acerca de las distancias. Ese alguien fue, según unos, un piloto portugués o castellano (la conocida como "leyenda del piloto anónimo") que al regresar de Guinea se vio impulsado por alguna tormenta hasta las Antillas. Tras un tiempo allí, regresó, se encontró con Colón, le informó y murió. Según otra teoría, la información colombina procedería, no de un europeo, sino de algún grupo indígena que en un desplazamiento por las Antillas se vio obligado a desviarse océano adentro hasta encontrarse con Colón. Ambas teorías coinciden en señalar que tal encuentro debió producirse a bastantes leguas al Oeste de las Canarias, Azores o Madeira, en una zona que por aquel entonces frecuentaba. Cristóbal Colón se sintió elegido por la Providencia para descubrir aquellas tierras, y, a partir de ahí, comenzó a elaborar su proyecto, sabiendo que la mayor dificultad que iba a tener era cómo articularlo teóricamente para defenderlo ante los mayores expertos del momento: portugueses y castellanos.

 
Por los años 1480-1482, Cristóbal Colón era un buen navegante, un hombre práctico y autodidacta, pero carecía de ciencias y saberes teóricos: "En la marinería me hizo abundoso; de astrología me dio lo que abastaba, y ansí de geometría y aritmética". Para elaborar su plan descubridor, Colón, que era más medieval que moderno, y se sentía instrumento de la Providencia, utilizó varias fuentes informativas: la Historia rerum ubique gestarum del papa Pío II; la Imago Mundi del cardenal francés Pierre d'Ailly; y la Correspondencia y Mapa que, en 1474, el sabio florentino Paolo del Pozzo Toscanelli había hecho llegar al rey de Portugal a través de su amigo, el canónigo lisboeta Fernando Martins.


De las dos primeras obras, que eran como enciclopedias del saber del momento y que estudió muy detenidamente, como demuestran las casi 1.800 apostillas o anotaciones al margen, extrajo referencias muy concretas sobre parajes bíblicos, situados en el fin del Oriente, como el Paraíso Terrenal, los Jardines del Edén, Tarsis y Ofir, el reino de Saba, los montes de Sophora, la isla de las Amazonas, que pronto situaría en distintas zonas de las Indias, porque para él allí estaba el extremo de Asia. De Toscanelli, que seguía a Marco Polo, recogió Colón todo lo relativo al gran kan, a la tierra firme asiática (Catay, Mangi y Ciamba) y sobre todo al Cipango, isla distante 1.500 millas del Continente y famosa por su riqueza. Sin embargo, hay un punto en el que Colón discrepaba del sabio florentino: las distancias entre ambos extremos del Océano. Toscanelli asignaba al mismo 120 grados de la esfera terrestre (casi el doble de la que en realidad tiene), y, aunque situaba algunas islas en el camino, la empresa resultaba muy arriesgada. Por esta razón, los portugueses, tras estudiar el plan, lo rechazaron y archivaron. Colón, sin embargo, sabía que, en el capítulo de las distancias, Toscanelli estaba equivocado: al empezar el viaje descubridor, anunció que las primeras tierras se encontrarían a 800 leguas de las islas Canarias.

Para defender su proyecto ante los expertos, tenía que entrar en mediciones sobre el grado y la esfera terrestres. Coincide con Alfragano: 1 grado = 56 millas y 2/3 (milla árabe de casi 2.000 metros); por tanto, la circunferencia del ecuador era igual a 20.400 millas. Esto daría 40.000 kilómetros para la circunferencia del ecuador (prácticamente la medida real). Sin embargo, Colón achica la esfera terrestre y da al ecuador una medida de unos 30.000 kilómetros, es decir una cuarta parte menos, porque está manejando la milla itálica, de unos 1500 metros. Hacia 1483 o 1484 defendió este proyecto ante los portugueses, que lo rechazaron. De mediciones, cálculos y Toscanelli, ellos sabían más que Colón. No les aportaba nada nuevo y además exigía mucho.

 
A finales de 1484 o principios de 1485 dejó Portugal lo más secretamente que pudo y entró en Castilla: "Siete años estuve yo en su real corte, que a cuantos se habló de esta empresa todos a una dijeron que era burla", recordaría después. Tras arribar con su hijo Diego a algún puerto del golfo de Cádiz, quizá Palos de la Frontera, visitó el monasterio franciscano de Santa María de La Rábida, en donde siempre halló Colón ayuda material, amigos y conversación.

El 20 de enero de 1486, los Reyes Católicos recibieron por primera vez a Colón en Alcalá de Henares (Madrid), y a continuación nombraron una junta de expertos para valorar el proyecto colombino. La voz de la ciencia, al igual que en Portugal, le fue contraria.

A pesar de que muchos no daban crédito a lo que prometía, nunca faltaron protectores a Colón. Algunos de los más constantes fueron frailes con influencia ante los Reyes, como el incondicional, buen astrólogo y entendido en navegación, fray Antonio de Marchena. Otro religioso influyente, maestro del príncipe don Juan, y siempre favorable a Colón fue fray Diego de Deza. Es posible que el futuro descubridor revelase a ambos sus conocimientos en secreto de confesión. Un tercer religioso, decisivo en 1491 y 1492, fue el fraile de La Rábida, Juan Pérez. En la última fase de la negociación, además de hombres de religión, el genovés contó con el apoyo de algunos cortesanos distinguidos, como fue el caso de Luis de Santángel, Juan Cabrero o Gabriel Sánchez.

Entre los años de 1487 y 1488, mientras esperaba en Córdoba la decisión de los Monarcas, conoció a Beatriz Enríquez de Arana, una joven de humilde procedencia, que el 15 de agosto de 1488 le dio un hijo: Hernando Colón. Para hacer frente a sus necesidades, trabajó con sus manos pintando mapas de marear o portulanos que vendía después a los navegantes, e hizo de mercader de libros de estampa. En 1488, invitado sorprendentemente por el rey portugués Juan II, parece que hizo un viaje rápido a Portugal. Poco después, se movía por Andalucía y visitaba a los duques de Medinasidonia y a los de Medinaceli, mientras llegaba a su fin la guerra de Granada, que tenía ocupados a los Reyes Católicos.

 
Después de muchas tentativas de que intercediera favorablemente de nuevo el monasterio de La Rábida y fray Juan Pérez, los Reyes Católicos, en un acto personal, no científico, decidieron respaldar el plan colombino. El 17 de abril de 1492 se firmaron las Capitulaciones de Santa Fe o documento-contrato, que estipulaba las condiciones en que Cristóbal Colón haría el viaje descubridor. El documento tiene dos partes, un preámbulo sorprendente que dice así: "Vuestras Altezas dan e otorgan a don Cristóbal Colón en alguna satisfacción de la que ha descubierto en las Mares Océanas y del viaje que agora, con el ayuda de Dios ha de fazer por ellas en servicio de Vuestras Altezas, son las que se siguen". Ese "ha descubierto" es, para los partidarios de la teoría del Predescubrimiento, la prueba documental decisiva, ya que Colón se atribuye, antes de 1492, descubrimientos en el océano que ahora transfiere a los Reyes Católicos, en virtud de lo cual estos le corresponden dándole una serie de privilegios, que forman la segunda parte del documento:

1º) El oficio de almirante de la Mar Océana, vitalicio y hereditario, en todo lo que descubra o gane, y según el modelo del almirante mayor de Castilla.

2º) Los oficios de virrey y gobernador en todo lo que él descubra o gane. No se habla de hereditariedad. Para cubrir los cargos en las Indias, puede proponer terna a los reyes para que estos escojan.

3º) La décima parte de todas las ganancias que se obtengan en su almirantazgo.

4º) Que todos los pleitos relacionados con las nuevas tierras los pueda resolver él o sus justicias. Este punto nunca se cumplió porque estaba condicionado a los precedentes castellanos.

5º) El derecho a participar con la octava parte de los gastos de cualquier armada, recibiendo a cambio la octava parte de los beneficios.

Con este documento capital y otras mercedes, se dirigió a la villa de Palos a preparar la flota descubridora.

 
Tres embarcaciones, Pinta, Niña y Santa María; un presupuesto de unos dos millones de maravedises; y alrededor de 90 hombres, reclutados con la ayuda inestimable de los hermanos Martín Alonso y Vicente Yáñez Pinzón, formaron la flota descubridora más trascendental de la historia. El 2 de agosto de 1492, Cristóbal Colón mandó embarcar a toda su gente, y al día siguiente, antes de salir el sol, dejaba el puerto de Palos.


La primera escala fueron las Canarias, donde tuvieron que arreglar el timón de la Pinta. El 6 de septiembre con el alisio ventando a favor, Colón marcó rumbo al oeste. Comenzaba la gran travesía. Su objetivo era el Cipango (la actual India), y advirtió a la tripulación que nadie se inquietase hasta haber navegado 700 leguas. A partir de esa distancia, no habría que navegar por la noche. Por si fallaba algo, sin embargo, decidió llevar dos cuentas sobre las distancias recorridas: una secreta o verdadera (sólo para él), y otra pública o falsa, en la que contaría de menos. El día 13 de septiembre, descubrió la declinación magnética de la tierra; y el 16 llegaron al mar de los Sargazos. A partir del 1 de octubre se da cuenta de que algo falla. El 6, ya han sobrepasado las 800 leguas y no hay indicios de tierra. Durante la noche del 6 al 7 de octubre, se produjo el primer motín entre los marineros de la Santa María. Los hermanos Pinzón apoyaron a Colón y lo sofocaron. Sin embargo, en la noche del 9 al 10 de octubre el malestar se extendió a todos, incluidos los propios Pinzón. Acordaron navegar tres días más y al cabo de ese tiempo si no encontraban tierra regresarían. No hizo falta: en la noche del 11 al 12 de octubre el marinero Rodrigo de Triana lanzó el grito esperado: "¡tierra!".


Al día siguiente desembarcaron en la isla de Guanahaní (que ellos bautizaron como San Salvador), actual isla de Watling, en el archipiélago de las Bahamas, y tomaron posesión de la nueva tierra en nombre de los Reyes Católicos. El 28 de octubre, arribaron a Cuba, y el 21 de noviembre se apartó de la flota Martín Alonso Pinzón. El 6 de diciembre llegaron a la isla de La Española; y el 24 encalló la Santa María, con cuyos restos y la ayuda del cacique de la zona, Guacanagarí, construyeron el fuerte de la Navidad. Tras dejar a 39 españoles ahí, siguieron la costa, encontraron a Martín Alonso Pinzón (6 de enero), y navegaron hasta la costa de Samaná. Desde esta zona, el 16 de enero de 1493, el almirante dio la orden de regresar a España. El viaje fue tranquilo hasta llegar a las Azores, donde sobrevino una fuerte tormenta (12-15 de febrero) que forzó a la Pinta a separarse del almirante y arribar a Bayona (Pontevedra). Otra tempestad, cerca de Lisboa (4 de marzo) obligó al descubridor a desembarcar en Portugal. El 15 de marzo, don Cristóbal, al mando de la Niña, entraba triunfal en Palos. Martín Alonso lo hacía con la carabela Pinta pocas horas después. Llegaba muy enfermo, y a los pocos días murió. Tras el éxito descubridor, don Cristóbal informó a los Reyes, que estaban en Barcelona, se dirigió a su encuentro y fue recibido por ellos con todos los honores. Para anunciar el acontecimiento a toda la Cristiandad, escribió la famosa Carta de Colón.

El 25 de septiembre de 1493, el almirante zarpó de Cádiz al mando de 17 navíos y unos 1.200 hombres, portando las primeras simientes y ganados. Al salir de las Canarias, Colón puso rumbo más al sur que en el primer viaje para llegar al paraje que denominó la entrada de las Indias, en las pequeñas Antillas. Después de descubrir la isla de Puerto Rico, llegó hasta el fuerte de la Navidad y comprobó que había sido destruido y los españoles muertos. Fundó la primera ciudad de América, la Isabela. Recorrió la costa sur de Cuba, llegó a Jamaica, y a finales de 1494 descubría América del Sur (Cumaná), aunque lo ocultó hasta el tercer viaje. Comenzaba el poblamiento de La Española, las diferencias entre españoles y los levantamientos de los indios. A partir de 1495 empezaba el desprestigio del Nuevo Mundo, siendo el grito más escuchado entre españoles: "Así Dios me lleve a Castilla". El 11 de junio de 1496 arribó a Cádiz con la intención de contrarrestar la mala propaganda de las Indias. Llegaba vestido con un sayal de fraile franciscano.

Costó mucho organizar la tercera flota colombina. Las Indias ya no atraían tanto y faltaban tripulantes. Incluso se dio poder a Colón para que embarcara a delincuentes. Ocho navíos y 226 tripulantes componían la flota, que dejó Sanlúcar de Barrameda entre febrero y el 30 de mayo de 1498. Desde Canarias, siguió a Cabo Verde y una latitud más al sur que las anteriores navegaciones, lo que le hizo sufrir una zona de calmas. Descubrió la isla de Trinidad; recorrió la costa de Paria, donde situó solemnemente el entorno del Paraíso Terrenal. Camino de La Española divisó la isla Margarita, donde se pescaban las perlas, para llegar el 20 de agosto a la nueva capital de las Indias, Santo Domingo.

La situación en que encontró a la colonia era grave: la mayoría de los españoles, encabezados por Francisco Roldán, se había rebelado contra la autoridad de los Colón. La llegada del virrey no resolvió el problema. Las quejas contra la familia Colón, agravadas con algún que otro proceder dudoso del Almirante, como ocultar el criadero de perlas de Margarita y Cubagua, llegaron a la corte y los reyes decidieron destituirlo. El 23 de agosto de 1500, Francisco de Bobadilla entraba en el puerto de Santo Domingo para sustituir al virrey y gobernador. Hubo cierta resistencia por parte de los Colón, lo que explica algo la dureza de Bobadilla. A primeros de octubre de 1500, Cristóbal, Bartolomé y Diego Colón regresaban a España cargados de cadenas.


Los monarcas sintieron el mal trato dado a su almirante, algo lo desagraviaron, pero no lo repusieron en sus oficios perdidos. Prometieron que lo harían, mientras le encargaban el cuarto viaje. Con cuatro navíos y 150 hombres partió de Cádiz el 11 de mayo de 1502. El objetivo era encontrar un paso que permitiera llegar a la Especiería ya que Colón seguía creyendo que la zona antillana era la antesala de Asia. Para atravesar el Océano, siguió una ruta parecida al segundo viaje. Llevaba orden de no detenerse en Santo Domingo. Atravesó el Caribe hasta el cabo de Honduras; siguió hasta el de Gracias a Dios y recorrió la costa de Panamá. No encontró lo que buscaba: ni paso, ni oro, ni especias, pero en cambio sí tuvo muchas penalidades y sufrió la pérdida de dos barcos. El 1 de mayo de 1503 ponía rumbo a La Española, pero se vio obligado a recalar en Jamaica, en la bahía de Santa Ana, donde tuvo que encallar los dos barcos y esperar. La hazaña de Diego Méndez y Bartolomé Fiesco logrando llegar en dos canoas desde Jamaica a La Española logró salvarlos. El 28 de junio de 1504, dejaban Jamaica y el 12 de septiembre, en dos navíos, se dirigían a España. Después de arribar a Sanlúcar de Barrameda el 7 de noviembre de 1504, fracasado y enfermo, siguió hasta la corte y reclamó infructuosamente sus derechos. Murió el 20 de mayo de 1506 en Valladolid.

FERNANDO DE MAGALLANES (c. 1480-1521), navegante de origen portugués, con grandes conocimientos de náutica y cartografía, inició la expedición que dio la primera vuelta al mundo y descubrió el estrecho austral que lleva su nombre. Nació en las cercanías de Oporto hacia 1480, en el seno de una familia solariega. Educado en la corte portuguesa, donde aprendió geografía y náutica, en 1505 se embarcó en la expedición de Francisco de Almeida a la India y allí obtuvo informes acerca de las islas Molucas (conocidas como islas de las Especias o Especiería). De nuevo en Portugal, participó en la campaña del norte de África (1513), donde resultó herido.

Caído en desgracia en la corte de Manuel I el Afortunado de Portugal, Magallanes llegó a Sevilla en 1517 con el cosmógrafo Rui Faleiro. Convencido de que las Molucas estaban situadas dentro de la demarcación española que había fijado el Tratado de Tordesillas (1494), ofreció al rey de España Carlos I (V del Sacro Imperio) los proyectos para explorar oriente que el rey portugués había rechazado. Su propuesta era llegar a las islas de las Especias por una ruta occidental de jurisdicción española, a través de un paso o estrecho por el sur de Sudamérica, evitando así entrar en los dominios portugueses. Aprobado el proyecto, se firmó una capitulación el 22 de marzo de 1518 en Valladolid, por la que se nombró a Magallanes capitán general de la Armada y gobernador de todas las tierras que encontrara.

El 10 de agosto de 1519 Magallanes partió de Sevilla hacia la Especiería con cinco naves: la Trinidad, nave capitana; la Concepción, con Juan Sebastián Elcano como contramaestre; la San Antonio, la Santiago y la Victoria, que fue la única que regresó a España, y unos 250 hombres, entre los que figuraba Antonio de Pigafetta, cronista del viaje. Durante más de un mes permanecieron en el puerto de Sanlúcar de Barrameda, y por fin el 20 de septiembre de 1519 Magallanes puso rumbo a Sudamérica. Tras aprovisionarse en el archipiélago de las islas Canarias, y luego de entrar en la bahía de Río de Janeiro y explorar el estuario del Plata, el 31 de marzo de 1520 llegaron a la bahía de San Julián, donde invernaron cerca de cinco meses. Allí Magallanes hubo de sofocar un motín y perder dos naves: la Santiago en labores de exploración y la San Antonio que desertó.

Iniciada la navegación, el 21 de octubre entraron en el deseado estrecho, al que Magallanes llamó de Todos los Santos, y salieron al océano Pacífico el 28 de noviembre. Ascendieron por la costa chilena hasta colocarse sobre los 32º de latitud S, desde donde viraron hacia el Oeste y penetraron en el océano Pacífico. Durante tres meses navegaron sin provisiones frescas ni agua y con la tripulación padeciendo escorbuto, hasta que el 24 de enero de 1521 llegaron a las islas Marianas, que llamaron de los Ladrones, donde se aprovisionaron. Luego alcanzaron las islas Visayas (16 de marzo) que llamaron de San Lázaro, situadas en el centro del archipiélago de las más tarde conocidas como islas Filipinas. En la isla de Cebú, Magallanes estableció la primera alianza española, pero al morir durante un combate con los indígenas liderados por el cacique Lapu-Lapu en la isla de Mactán, el 27 de abril, no pudo completar la hazaña de dar la primera vuelta al mundo. La expedición se dirigió a las Molucas y tras quedarse con una sola nave, la Victoria, al mando de Elcano, llegó a España el 6 de septiembre de 1522, con 18 supervivientes y cargada de especias.

JUAN SEBASTIÁN DE ELCANO (1476-1526), navegante y descubridor español que consiguió dar la primera vuelta al mundo y demostrar así la esfericidad de la Tierra. Elcano nació en Guetaria (Guipúzcoa). Enrolado desde su juventud en barcos pesqueros y comerciales, tenía una gran experiencia marinera. En 1509 tomó parte en la expedición militar dirigida por el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros contra Argel. A su regreso se estableció en Sevilla, donde tuvo conocimiento del proyecto del portugués Fernando de Magallanes para descubrir una ruta por occidente, a través de un paso o estrecho por el sur de América, que llevara a las islas de las especias sin atravesar por dominios portugueses.

Elcano se alistó en 1519 como contramaestre de la nave Concepción con la expedición de Magallanes. Con toda la Armada, cruzó el océano Atlántico y se dirigió a Sudamérica. Invernó en la bahía de San Julián, en la Patagonia, donde hubo un intento de sublevación cuya causa apoyó Elcano. El 21 de octubre de 1520 se adentraron en el deseado estrecho al que Magallanes bautizó de Todos los Santos. El 28 de noviembre salieron al mar del Sur, al que denominaron con el nombre de mar Pacífico o mar de las Damas por los suaves vientos alisios que soplaban. Por él navegaron durante tres meses en condiciones calamitosas al carecer la tripulación de agua y provisiones frescas y, en consecuencia, padecieron de escorbuto. El 24 de enero de 1521 llegaron a las islas Marianas o de los Ladrones. Muerto Magallanes en las Filipinas, Elcano, al mando de la expedición, se dirigió a las Molucas, a donde llegó a finales de 1521. Allí, en la isla de Tidore, cargó un importante cargamento de especias, con lo que se cumplió el objetivo del viaje. La proximidad de los portugueses, dueños comerciales de la zona, le hizo poner rumbo al oeste. Arribó a la isla de Timor (1522) donde supo de la existencia de otras tierras e islas, las actuales China, Java e Indonesia. Ya sólo con la nave Victoria cruzó el océano Índico, dobló el cabo de Buena Esperanza (mayo de 1522) en el sur de África y, poniendo rumbo al norte, llegaron a las islas de Cabo Verde, que pertenecían a la Corona portuguesa. Aquí supieron que llevaban un día de retraso como consecuencia de haber navegado de Este a Oeste, dando la vuelta a la Tierra. Por fin, después de tres años y catorce días de navegación, el 6 de septiembre de 1522 la expedición al mando de Elcano, tras recorrer 14.000 leguas, entraba en el Puerto de Santa María con sólo 18 hombres y la nave Victoria, la única que quedaba, cargada de especias. El emperador Carlos V (Carlos I de España) recibió a los supervivientes en Valladolid y concedió a Elcano una renta anual de 500 ducados en oro y un escudo de armas, cuya cimera era un globo terráqueo con la leyenda Primus circumdedisti me (El primero que me rodeaste). En un segundo viaje a las Molucas, Elcano murió el 4 de agosto de 1526 durante la travesía del Pacífico.

MANUEL DESCHAMPS MARTINEZ: El capitán de la Marina Mercante Manuel Deschamps Martínez nació en La Coruña en 1853 y murió en Canet de Mar (Barcelona) en 1923, tras una dilatada hoja de servicios a bordo de los más famosos buques de la época. Poco antes de la declaración de guerra entre Estados Unidos y España, Manuel Deschamps, al mando del vapor Montserrat, de la Compañía Trasatlántica, salió de Cádiz el 10 de abril de 1898 (dos días más tarde de la salida de Cervera con los cruceros Infanta María Teresa y Cristóbal Colón, con material de guerra, carga general, pasaje y correspondencia con destino inicial a las islas Canarias, para proseguir viaje a Cuba. Llevaba también a bordo 500 soldados y numeroso jefes y oficiales. A pocos se le ocultaba lo arriesgado de aquel viaje, iniciado en vísperas de la guerra y cuando era esperado de un momento a otro la ruptura de hostilidades, por lo que a la llegada a Canarias no pudo conocer nada concreto sobre la actitud de Estados Unidos y se hizo a la mar rumbo a la Martinica. Su misión, por tanto era muy delicada y sus responsabilidades inmensas. La captura del Montserrat por la escuadra norteamericana no hubiese constituido un vulgar apresamiento o un acto de piratería, sino que hubiese significado una pérdida muy importante en los prolegómenos de una guerra que respondía esencialmente a la suma y sigue de los desaciertos políticos. El 22 de abril llegó el Montserrat a la Martinica y allí fue informado Deschamps de la declaración de guerra, por lo que aquella misma tarde salió para Cienfuegos, navegando con tal pericia que burló la línea de bloqueo impuesta por los americanos. Fondeó en Cienfuegos el 26 de abril y a los pocos momentos abrieron fuego sobre la plaza dos cañoneras yanquis, con el fin de impedir el desembarque del material del Montserrat. Deschamps había salvado todos los obstáculos, recorriendo la costa occidental de la isla de Cuba, pasando por frente de Mariel y Bahía Honda y continuando por el norte de la provincia de Pinar del Río, hasta dar la vuelta al cabo de San Antonio, y siguiendo inverso camino por la parte sur de la gran Antilla, dio el ancla en la bahía de Jagua, en la ciudad de Cienfuegos. Llamado a La Habana por el capitán general Ramón Blanco, Deschamps recibió órdenes de regresar a la Península, conduciendo pliegos de importancia para el gobierno, y de nuevo consiguió con habilidad burlar el bloqueo norteamericano. A última hora de la tarde del 6 de mayo salió el buque rumbo sur. Pasó entre los Caimanes y bancos del sur de Jamaica, desde donde se dirigió para pasar entre Guadalupe y Montserrat, poniendo rumbo a La Coruña, donde arribó el 20 de mayo. Por estas meritorias acciones el capitán Deschamps fue condecorado con la Cruz Roja del Mérito Naval, siéndole regalada la condecoración por la Reina Regente, Doña María Cristina, e imponiéndosela con toda solemnidad, en el ministerio de Marina, el jefe del Estado Mayor de la Armada, vicealmirante Butler. Toda la prensa española se hizo también eco de la recompensa marinera. (José Cervera Pery). El Capitán Deschamps es el único Marino Mercante enterrado en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando (Cádiz)

MIGUEL LOPEZ DE LEGAZPI ( 1500-1572), navegante vasco natural de Zumárraga es sin duda uno nde los mas grandes navegantes y conquistadores españoles de todos los tiempos a pesar de ser uno de los menos conocidos y celebrados en alguna época pasada, aunque afortunadamente en nuestros días parece que su persona y su obra son ya reconocidos con todos sus merecimientos. A el se debió la conquista del Pacífico, asi como la incorporación de la Islas Filipinas a la Corona de España.

Después del descubrimiento de las Filipinas por Magallanes y de un frustrado intento de colonizarlas a cargo de López de Villalobos, Felipe II decidió su conquista. Para ello se puso en contacto con fray Andrés de Urdaneta, que había participado con Elcano en la vuelta al mundo. Urdaneta puso como condición que al mando estuviera, como Capitán General, el Alcalde de la Ciudad de México, López de Legazpi.

La expedición, integrada por dos naos y tres petaches que embarcaron a 200 soldados, 150 marineros y 4 frailes, partió del Puerto de Navidad (Jalisco) el 21 de noviembre de 1564. Durante el viaje, en el que desertó uno de los petaches al mando de Alonso de Arellano, recalaron en las Islas de los Barbudos (Marshall ) y de los Ladrones (Marianas ). Permanecieron en cada una de los archipiélagos varios días y, en ese tiempo, los indígenas intentaron vender sus mercancías con toda clase de argucias y trampas: En los cestos de arroz sólo la primera capa era de grano, el resto era arena. Otro día desapareció parte del timón de uno de los buques. Legazpi ordenó a sus hombres pagar aunque hubiera engaño con el fin de evitar problemas.

La expedición de Legazpi avistó las Islas Filipinas el 15 de febrero de 1565. Era la isla de Ibabao. Después de explorar las Islas de Leyte y Samar, se dirigieron a Cebú, donde pereció Magallanes. El 27 de abril, después de disparar los cañones de los buques para prevenir incidentes, desembarcaron en la isla fundando la ciudad de San Miguel. A la nueva ciudad comenzaron a acudir nativos atraídos por la presencia de españoles, y varios jefes locales reconocieron a Felipe II como su soberano. Al igual que hiciera en las Marinas y las Marshall, Legazpi ordenó a sus tropas que respetaran a los indígenas y sus propiedades. Después de esto, y tras recibir refuerzos, se lanzó a la conquista de Luzón. En la bahía de Manila, sobre la ciudad prehispánica, fundó la capital del archipiélago español. Con mano firme pero amable, prefiriendo la negociación y la concordia frente a la fuerza, gobernó las Filipinas hasta su muerte.

Como colofón hay que decir que Fray Andrés de Urdaneta, después de la fundación de San Miguel, recibió orden de regresar a Méjico atravesando el Pacífico. Antes se había intentado 5 veces, todas infructuosas. Por fin Urdaneta arribó a Méjico tras 130 días de navegación estableciendo la que, hasta 1821, sería la ruta comercial entre Filipinas y el Virreinato de Nueva España.

 

MARTÍN ALONSO YÁÑEZ PINZÓN ( c. 1440-1493), navegante y descubridor español, uno de los principales protagonistas del primer viaje a América llevado a cabo por Cristóbal Colón. Nació en la localidad andaluza de Palos de la Frontera (Huelva) hacia 1440. Era el hijo mayor de una rica familia de larga tradición marinera, y propietario de un barco con el que hacía frecuentes viajes comerciales por los mares entonces navegables del Mediterráneo y del Atlántico. Junto con su hermano y socio Vicente Yáñez Pinzón, ejerció alguna vez de corsario, cosa por otro lado nada extraña.

En los años que precedieron al descubrimiento de América, no había en toda la comarca de la ría formada por la desembocadura común de los ríos Tinto y Odiel (Huelva) un armador y navegante más famoso que Martín Alonso Yáñez Pinzón, por lo que conseguir su apoyo y participación era imprescindible para el éxito de la empresa colombina. El encargado de convencerle para que acompañase a Colón fue el guardián del monasterio de La Rábida (enclavado en dicha comarca onubense), lo que hizo durante el verano de 1492. Cuando se propagó por toda la zona que Martín Alonso iba a participar en el viaje como capitán de la carabela Pinta y su hermano Vicente como capitán de la Niña, muchos amigos y familiares se enrolaron inmediatamente y pudieron completarse las tripulaciones. Dado que Colón era prácticamente desconocido, la sabiduría náutica y la experiencia marinera de los Pinzón eran el mejor aval.

Puesto en marcha el viaje descubridor, Martín Alonso asumió el mando de la Pinta y llevó consigo a su otro hermano Francisco como maestre. Su hermano Vicente iba como capitán de la carabela Niña. Durante la travesía, demostró sus habilidades de marinero, cuando resolvió el problema de la rotura del timón y pudo seguir navegando; así como sus dotes de mando, al imponer su autoridad a los amotinados vizcaínos y cántabros de la nao Santa María, entre el 6 y el 7 de octubre. Durante este percance, Martín Alonso amenazó con aplastar a cualquiera que se atreviera a amotinarse. En el siguiente motín, ya más serio, del 9 y 10 de octubre, cuando habían fallado ya todos los cálculos de distancias que había expuesto Colón, los que dudaron fueron los Pinzón. Éstos aplacaron los ánimos de la tripulación poniendo una condición a Colón: navegarían con el mismo rumbo tan sólo tres días más; si durante ese tiempo no encontraban tierra, volverían a España.

Tras el descubrimiento de las islas Lucayas (Bahamas), divisaron Cuba. Mientras recorrían la costa oriental de Cuba, Martín Alonso, al frente de la Pinta, abandonó al almirante el 21 de noviembre de 1492 y continuó navegando por su cuenta. Colón nunca se lo perdonó. El 6 de enero de 1493, se volvieron a encontrar en la costa norte de La Española. Las circunstancias y motivaciones de la deserción de Martín Alonso no están claras: quizá intentara descubrir por su cuenta el oro que tanto buscaban. Pero sea cual fuese la causa de la separación, aquí comenzaron sus desavenencias con Colón, que llegó a acusarle de traición. De nuevo juntos, emprendieron viaje de regreso a España en la Pinta y la Niña, pero una tormenta, no muy lejos de las Azores, las volvió a separar, y la Pinta llegó primera a Bayona, en las costas de Galicia, antes de que Colón arribara a Lisboa. Desde Bayona envió un informe a los Reyes Católicos de lo acontecido en el descubrimiento y se dirigió, ya gravemente enfermo, a Palos, donde entró, el 15 de marzo de 1493, pocas horas después de que lo hubiera hecho Colón.

Falleció alrededor del 31 de marzo de 1493, en el monasterio de La Rábida, donde fue llevado por sus familiares y, según un testigo, también enterrado. Esto sucedió pocos días después de su llegada a España, tras el viaje en el que tuvo lugar el descubrimiento del Nuevo Mundo, empresa en la que le cabe figurar en un lugar destacado.

VICENTE YÁÑEZ PINZÓN (c. 1461-1514), navegante y descubridor español, considerado uno de los marinos más experimentados de su tiempo, acompañó a Cristóbal Colón, junto con sus hermanos Martín Alonso y Francisco, en el primer viaje del descubrimiento de América, al mando de la carabela Niña.


Nació en la localidad andaluza de Palos de la Frontera (Huelva) hacia 1461. Criado en el seno de una rica familia de larga tradición marinera, tenía entre los marinos de aquella época una gran experiencia en las artes de navegación, que había adquirido desde su juventud acompañando sobre todo a su hermano Martín Alonso en viajes comerciales realizados por la costa atlántica y mediterránea. Entre 1477 y 1479, se le conocen acciones de piratería por las costas catalanas y de Ibiza.


Se unió a los proyectos de Colón de la mano de su hermano Martín Alonso, el más importante armador y navegante de la comarca situada en la ría formada por la desembocadura común de los ríos Tinto y Odiel, cuya personalidad hizo que Vicente Yáñez permaneciera en un segundo plano durante los preparativos y el desarrollo del primer viaje del descubrimiento (1492), en el que tomó parte como capitán de la Niña y actuó siempre con lealtad a Colón.

 
Atraído por las expectativas de riqueza que abría el descubrimiento de las nuevas tierras americanas, tras el regreso a España y fallecido su hermano Martín, Vicente Yáñez Pinzón firmó el 6 de junio de 1499 una capitulación con Juan Rodríguez de Fonseca -quien actuaba en nombre de los Reyes Católicos- que le autorizaba para efectuar nuevos descubrimientos en las Indias. La importancia de esta capitulación radica en que es la única que se conoce correspondiente a los viajes que se inauguran a partir de 1499. Quedó estipulado el pago a los Reyes de la quinta parte, una vez deducidos los gastos de armazón y viaje. El resto de las ganancias quedarían para los participantes. Vicente Yáñez Pinzón sería su capitán principal.

Para ello, la familia Pinzón equipó a sus expensas cuatro carabelas pequeñas y unos 70 o 75 tripulantes que se hicieron a la mar desde el puerto de Palos de la Frontera, en diciembre de 1499. Llegados a las islas de Cabo Verde, fueron arrastrados por una tormenta que les hizo alcanzar la costa del Brasil en enero de 1500, tres meses antes que llegase el descubridor oficial Pedro Álvares Cabral, tocando tierra en el cabo de San Agustín, al que llamaron de Santa María de la Consolación. Navegó 600 leguas a lo largo de la costa en dirección noroeste, y descubrió la desembocadura del río Marañón (en el Amazonas) y del Orinoco, al cual denominó río Dulce. Prosiguió hacia el mar de las Antillas por la costa de las Guayanas y, desde Paria, se dirigió a la isla de La Española. Desde ésta siguió su viaje de exploración hacia las Lucayas (Bahamas) y, después de la pérdida de dos barcos y algunos hombres, emprendió viaje de regreso a España, donde llegó en septiembre de 1500. Desde el punto de vista económico, este viaje representó un fracaso, que dejó a los Pinzón en la pobreza y a Vicente Yáñez al borde de una quiebra total, pero tuvo una gran importancia desde el punto de vista geográfico, ya que fue el primero en cruzar la línea del ecuador y en descubrir el Brasil y el Amazonas.

El 8 de octubre de 1501, Vicente Yáñez Pinzón recibió un gran honor y merced: fue armado caballero por el propio monarca Fernando II el Católico, en la torre de Comares de la Alhambra de Granada, por lo mucho y bien que había servido en el descubrimiento de las Indias.

En 1505, Vicente Yáñez participó en la Junta de Toro, que decidió la búsqueda del paso hacia la Especiería (las islas de las Especias o Molucas). Al mismo tiempo fue nombrado, por concesión real, capitán general y corregidor de la ciudad de Puerto Rico, con la misión de colonizar la isla de Borinquén (nombre dado por los indígenas a la actual isla de Puerto Rico, denominada originalmente San Juan Bautista, pero que, más tarde, invirtió, acortándolo en San Juan, su topónimo con el de la ciudad), en un asentamiento que se había previsto realizar en un año y que Pinzón no cumplió. En 1508, el rey Fernando II el Católico convocó la Junta de Burgos para encontrar una solución a la ruta de la Especiería, y a ella citó a Vicente Yáñez, junto con Juan Díaz de Solís y Américo Vespucio. En dicha reunión se tomó el acuerdo de enviar una expedición que buscase un canal o paso interoceánico a la altura de la costa de Honduras, para cruzarlo y llegar a las islas de la Especiería, lo que venía a representar la continuidad del primer viaje de Colón. Vicente Yáñez, junto con Díaz de Solís, firmó la capitulación de este viaje de exploración. En ese año, partieron hacia las Antillas, y desde allí hasta recalar en la costa de Honduras, que recorrieron en dirección norte prolongando los descubrimientos de Colón. Exploraron la costa oriental del Yucatán, siendo sus primeros descubridores, pero a la altura de Tampico, ante el fracaso de la expedición, dieron por concluida la exploración y regresaron a España. En agosto de 1509, llegaron a la península Ibérica, cinco años antes del fallecimiento de Vicente Yáñez Pinzón en Sevilla.

ALEJANDRO MALASPINA: Fué lo que podríamos denominar el último vestigio de la Ilustración española (1754-1810), marino de origen italiano que, al servicio de la Corona española, dirigió una expedición científica por América, Asia y Oceanía entre 1789 y 1795. Nacido en Mulazzo (Italia) el 5 de noviembre de 1754, hijo de Carlo Morello Malaspina, marqués de Mulazzo y de Caterina Meli Lupi. Estudió en el Colegio Clementino de Roma y en 1774 se graduó en la Escuela de Guardiamarinas de Cádiz (España). Entre 1775 y 1782 participó en diferentes acciones bélicas en el norte de Africa y en el sitio de Gibraltar, por las que ascendió al grado de capitán de fragata. En 1783 viajó a Filipinas al mando de la fragata Asunción y en 1786 intentó su primera circunnavegación al mando de la fragata Astrea.

 

El 10 de septiembre de 1788 presentó a Carlos III su plan de un viaje científico y político alrededor del mundo, aprobado en octubre. La expedición zarpó del puerto de Cádiz - tan lleno de historia - el 30 de julio de 1789, cuando Malaspina tenía 35 años, y finalizó el 21 de septiembre de 1794, tras viajar haciael oeste hasta las Filipinas. La expedición estuvo formada por dos corbetas, con los nombres de Descubierta y Atrevida y en ella figuraron científicos y artistas, que se hicieron cargo de las diferentes investigaciones que se realizaron a lo largo del recorrido. Fue una de las expediciones científicas a la altura de las mas grandes de la historia aunque por razones políticas no tuviera tanta transcendencia.

El encargado de la Historia Natural fue el primer teniente Antonio Pineda, al que se unieron el botánico de origen francés Luis Née y el checo Tadeo Hanke, que se incorporó en Valparaíso y no regresó con la expedición. El alférez Felipe Bauzá fue el director de los trabajos cartográficos y del dibujo y los oficiales Dionisio Alcalá Galiano y Juan Gutiérrez de la Concha se hicieron cargo de los estudios astronómicos. Los responsables de las imágenes fueron los pintores españoles José del Pozo, Tomás de Suría y José Guió, pintor y taxidermista, y los italianos Fernando Brambila y Juan Ravenet. A ellos se unió, como dibujante, el marinero José Cardero.

A su regreso Malaspina fue nombrado brigadier e inició los trabajos de elaboración de la relación definitiva del viaje. El 22 de noviembre de 1795 fue acusado por el primer ministro español Manuel Godoy (¡vaya personaje!) de revolucionario y conspirador y en abril de 1796 fue condenado a prisión por diez años y un día, permaneciendo prisionero en el Castillo de San Antón en La Coruña hasta que posteriormente fue desterrado a Italia en 1803, falleciendo el 9 de abril de 1810 en Pontremoli. ¡Vaya país!... este de aquí no el otro de allí.

JUAN DE LA COSA (c. 1449-1510), marino, conquistador y cartógrafo español. Nacido en Santoña (Cantabria), debió adquirir su experiencia como navegante en el mar Cantábrico y realizó varias travesías recorriendo la costa occidental de África.

 Desde 1492 participó en siete viajes y expediciones al Nuevo Mundo. Cuando Cristóbal Colón preparaba su primer viaje conoció a De la Cosa y le ofreció que participara con su nave La Gallega, que fue rebautizada como Santa María y utilizada como nao capitana. Descubiertas las nuevas tierras, la Santa María se hundió y Colón le acusó de impericia; sin embargo, la Corona le indemnizó por la pérdida. En su segundo viaje (1493-1496) Colón volvió a contar con De la Cosa, esta vez con el cargo de piloto mayor y la misión de trazar el mapa de las tierras que visitaran. En este viaje, que partió de la bahía de Cádiz, De la Cosa navegaba a bordo de la carabela Santa Clara. Se descubrieron las islas Dominica, San Juan de Puerto Rico, Montserrat, Guadalupe y otras. De regreso a España estuvo recorriendo las costas del Cantábrico, para fijar poco después su residencia definitiva en el Puerto de Santa María. El tercer viaje (1499-1500) lo hizo en calidad de primer piloto de la expedición de Alonso de Ojeda, en la que participaba también Américo Vespucio. Desembarcaron en la isla Margarita y recorrieron el litoral de Venezuela desde Paria hasta el cabo de la Vela. De regreso a España realizó el primer mapamundi en el que aparecían las tierras descubiertas. En el cuarto viaje (1501-1502) partió como primer piloto de la flota mandada por Rodrigo de Bastidas. Recorrieron las costas de Tierra Firme, llegaron al golfo de Urabá, al puerto de Retrete y a Nombre de Dios, en el istmo de Panamá.


De regreso a España, en 1502, por haber sido arrestado Bastidas, la reina Isabel premió sus servicios nombrándole alguacil mayor de Urabá, por Real Cédula de 2 de abril de 1503. En ese mismo año permaneció un breve tiempo encarcelado en Portugal, ante cuya corte presentó la reclamación española por la actuación de los barcos portugueses fuera de su demarcación. El quinto viaje (1504-1506) lo hizo al mando de una expedición de cuatro buques para vigilar las costas de tierra firme hasta el golfo de Urabá. Cumplió perfectamente su misión, evitando las incursiones portuguesas y estudiando con detalle aquellas costas. De regreso a España, en 1507, se le encargó la vigilancia de las costas españolas desde el cabo de San Vicente hasta Cádiz, para apresar cualquier navío portugués que volviera de América. Dicha misión no dio resultado


El sexto viaje (1507-1508) lo realizó con Bastidas. Viajaron a América para obtener beneficios, consiguiendo 300.000 maravedíes. A su vuelta, la reina Juana I la Loca le confirmó en su empleo de alguacil mayor de Urabá, a título hereditario.


En 1509 emprendió el séptimo y último viaje, en el que encontró la muerte. Partió al mando de un navío y dos bergantines rumbo a Santo Domingo, al encuentro de Alonso de Ojeda, que había sido nombrado gobernador de la Nueva Andalucía. Tuvo que mediar como árbitro entre Ojeda y Diego de Nicuesa, que se disputaban los límites de sus gobiernos en tierra firme, aceptándose su propuesta de fijar como límites ambas orillas del río Grande del Darién.

Inició una expedición de conquista con Ojeda, a quien propuso la fundación de una colonia en la costa del golfo de Urabá sin hostigar a una tribu asentada en el emplazamiento de la actual Cartagena de Indias. Ojeda, desoyendo el consejo, optó por atacar a los indios y se internó hasta una ranchería en la que se habían hecho fuertes y se defendieron con gran ferocidad, llegando a rodear a Ojeda, quien salvó su vida por la valiente intervención de De la Cosa, que cayó abatido por las flechas envenenadas de los indios. Poco después, Ojeda y Nicuesa vengaron su muerte con una feroz carga sobre la tribu, en la que centenares de indígenas fueron degollados. Su viuda recibió la generosa suma de 45.000 maravedíes, en reconocimiento a los servicios prestados por el esforzado marino. Se desconoce cuál fue la suerte de su hijo, que hubiera heredado el título de alguacil mayor de Urabá


El nombre de Juan de la Cosa ha pasado a la posteridad sobre todo, por su Carta de Marear o Mapamundi realizado en el Puerto de Santa María en 1500, según figura en una inscripción de esta joya de la cartografía que se conserva en el Museo Naval de Madrid después de numerosos avatares, ya que, en principio, fue archivado en la Casa de Contratación de Sevilla de donde fue robada y posteriormente vendida al barón Walcknaer en 1832. A la muerte de éste fue subastado y adquirido por el gobierno español por 4.200 pesetas. El mapamundi está trazado en una hoja grande de pergamino de forma ovalada. Su gran mérito es el representar las Indias Occidentales en el momento en que fueron reconocidas. Es admirable la semejanza con la realidad del trazado de las Antillas y de tierra firme, desde el Amazonas hasta Panamá. Supone el reconocimiento de la independencia del Nuevo Mundo respecto de Asia, y representa el enlace entre la vieja tradición medieval de elaboración de portulanos y el nacimiento de la nueva cartografía. Se sabe que Juan de la Cosa elaboró otros mapas importantes, entre ellos los de la costa Cantábrica, pero no han llegado hasta nosotros.


ALONSO VALIENTE Valiente (Medina de las Torres 1482? - Nueva España 1564?) fue un conquistador español. Era primo y secretario de Hernán Cortés. Fue uno de los primeros alguaciles mayores de la Ciudad de México. También fue el primer encomendero de Tecamachalco. Además fue alcalde y fundador de la ciudad Puebla de los Ángeles.


Alonso Valiente viajó por primera vez al Nuevo Mundo con la última expedición de Cristóbal Colón al continente. Llegó a Santo Domingo en 1508 con Don Diego Colón. Valiente fue uno de los conquistadores de Higüey en República Dominicana y de Borinquen (que Cristóbal Colón bautizó San Juan Bautista) en lo que hoy conocemos como Puerto Rico. Allí permaneció desde 1509 hasta 1521. Él, su hogar, y sesenta españoles que él designó, llegaron a la Ciudad de México, tan sólo cuatro meses después de la toma española de la ciudad. Valiente participó en la conquista de Michoacán y Pánuco. En 1524 fue también parte de la expedición de Cortés a Hibueras (Honduras). Esto es evidente en el nombramiento de Bernal Díaz del Castillo como capitán, documento firmado por Alonso Valiente. Allí, Valiente contribuyó a la conquista de las tres islas de Guanaja, en la costa norte de Honduras. Los habitantes de estas islas contaron que la tripulación de un buque procedente de lo que hoy se conoce como Cuba, había capturado y esclavizado a más de sesenta personas. Probablemente siendo fiel a las Leyes de Burgos, Cortés ordenó entonces a Valiente y otros armar una expedición para ir rescatar a estas personas. Cortés le dio un bergantín y la mejor artillería que tenía disponible. La expedición de Valiente no logró capturar a los esclavistas. Sin embargo, se supo que el buque esclavista fue enviado originalmente desde Santo Domingo con otros propósitos, pero el capitán cambió de planes durante el recorrido, al darse cuenta que podía capturar esclavos y obtener una ganancia económica. Alonso Valiente es también uno de los descubridores del Canal viejo de Bahama. Valiente también participó en la conquista de Chametla en la Nueva Galicia, ahora parte de México.

Valiente ocupó una serie de puestos oficiales, además de actuar como secretario de su pariente Hernán Cortés. Su servicio se cuenta en su escudo de armas con citación de 26 de noviembre de 1547. En la década de 1520 Valiente era considerado un vecino de Medellín (España), Veracruz y Ciudad de México al mismo tiempo. En 1547 él era un ciudadano de Ciudad de México y Puebla, ciudad que él contribuyó a fundar. También se sabe que Alonso Valiente compró un esclavo, quien fue adquirido inicialmente por los portugueses en el noroeste de África, probablemente en el Magreb. Alonso Valiente bautizó al esclavo, poniéndole el nombre cristiano de Juan Valiente. Alonso también llevó a Juan a España y, finalmente, le permitió viajar a América del Sur junto con Pedro de Alvarado, de modo que Juan también pudiera probar su suerte como un conquistador. Luego, Juan Valiente se unió a Pedro de Almagro y posteriormente, a Pedro de Valdivia. Juan Valiente se conoce popularmente como uno de los pocos afro-conquistadores en el Nuevo Mundo. Juan Valiente contribuyó al establecimiento de Santiago de Chile. Vivió como un hombre libre en Chile. Juan Valiente nunca cumplió con su contrato de pagar a su dueño por su libertad, aunque intentó hacerlo. Alonso Valiente insistió en recuperar su dinero, pero Juan Vailente no pudo pagar por su libertad debido a complicaciones en el envío de los pagos a Nueva España. Finalmente, Juan Valiente murió en Tucapel, Chile en 1553.

Alonso Valiente también se conoce como el primer propietario de "La casa del conde" en Tecamachalco, una de sus encomiendas. Después de la muerte de Alonso Valiente, la casa quedó en manos de la segunda esposa de Alonso Valiente, Melchora de Aberrucia, quien volvió a casarse, con Rodrigo de Vivero y Velasco, un pariente del segundo virrey de Nueva España, Luis de Velasco. El hijo de Melchora Aberrucia y Rodrigo de Vivero y Velasco, Rodrigo de Vivero y Aberrucia se convirtió posteriormente en el primer Conde del Valle de Orizaba. Desde entones, la casa se ha conocido popularmente como "La casa del conde". Capitán Valiente fue una serie española de cuadernillos de aventuras publicada en 1957. La serie fue ilustrada por Manuel Gago García con un guion de Pedro Quesada y estaba libremente basada en el personaje de Alonso Valiente.


ALONSO DE OJEDA (c. 1466-c. 1515), navegante, descubridor y conquistador español. Nacido en Cuenca entre 1466 y 1470, estuvo al servicio del duque de Medinaceli y fue protegido del obispo Juan Rodríguez de Fonseca, por cuya mediación logró embarcarse a finales de 1493 con Cristóbal Colón en su segundo viaje


En la isla de Guadalupe, Colón le confió la búsqueda del veedor Diego Márquez que con otros compañeros se habían internado en la isla y no regresaban a la flota. Ya en la isla de La Española Colón le encargó dominar a uno de los señores más aguerridos y opuestos a los españoles, de origen caribe, que reinaba en la zona central de la isla y en las minas de Cibao: Caonabo. Ojeda, en un alarde de temeridad, logró presentarse en el lugar de Caonabo, ganar su confianza y apresarlo. Tomó parte igualmente en la batalla de la Vega Real, frente a un numeroso ejército de indios que fray Bartolomé de Las Casas cifró exageradamente en cien mil.

 
De regreso en España, asistió a una política de cambios y novedades en materia descubridora, que comenzó en 1499. Fruto de esta política fue la firma de una serie de capitulaciones (contratos con los reyes) en las que no se tenía en cuenta a Colón. Ojeda fue el primero en inaugurar lo que se ha dado en llamar 'viajes menores' o 'viajes andaluces'. La primera expedición de Ojeda, tras formar sociedad con Juan de la Cosa y Amerigo Vespucci, zarpó del Puerto de Santa María el 18 de mayo de 1499. Siguieron la ruta del tercer viaje colombino: Trinidad, Margarita -costa de las Perlas-, Curaçao y península de Coquibacoa o Goajira. La expedición estaba de regreso en Cádiz un año después y resultó poco rentable.


Para una segunda expedición a la misma zona, Ojeda firmó una nueva capitulación con los reyes el 8 de junio de 1501 y fue nombrado gobernador de Coquibacoa. Formó compañía con Juan de Vergara y García de Campos y fletaron cuatro carabelas. Partiendo del cabo Verde, llegó a la isla Margarita, y recorrió la costa de Curiana hasta llegar a Paraguana. Durante el viaje cometió algunos excesos con los portugueses y con los indios, hasta el punto de ser encarcelado. En 1504 quedó libre con la ayuda de Fonseca. En 1508 recibió el nombramiento de gobernador de Urabá. Partió de La Española al año siguiente pero volvió a fracasar. En esta expedición perdió la vida Juan de la Cosa en un enfrentamiento con los indios. Tras este fracaso, Ojeda volvió a Santo Domingo, donde murió.

ALVARO DE BAZAN Álvaro de Bazán y Guzmán (Granada, España; 12 de diciembre de 1526 - Lisboa, Portugal; 9 de febrero de 1588), I marqués de Santa Cruz, grande de España, II señor de las villas del Viso y Valdepeñas, comendador mayor de León y de Villamayor, Alhambra y La Solana en la Orden de Santiago; miembro del Consejo de su Majestad Felipe II, capitán general del Mar Océano y de la gente de guerra del Reino de Portugal" fue un militar y almirante español del siglo XVI célebre por el uso de galeones de guerra y por utilizar por primera vez infantería de marina para realizar operaciones anfibias


Álvaro de Bazán y Guzmán (Granada, España; 12 de diciembre de 1526 - Lisboa, Portugal; 9 de febrero de 1588), I marqués de Santa Cruz, grande de España, II señor de las villas del Viso y Valdepeñas, comendador mayor de León y de Villamayor, Alhambra y La Solana en la Orden de Santiago; miembro del Consejo de su Majestad Felipe II, capitán general del Mar Océano y de la gente de guerra del Reino de Portugal" fue un militar y almirante español del siglo XVI célebre por el uso de galeones de guerra y por utilizar por primera vez infantería de marina para realizar operaciones anfibias Con 9 años corría por la cubierta de la nave capitana de su padre haciendo así su aprendizaje náutico. A los 17 años se trasladó a Santander con su padre, donde tomó conocimiento de la tradición marinera del norte con sus distintos modelos de naves. Participó junto a su padre en la batalla de Muros (1544) en la costa gallega, que terminó con una rotunda victoria española que causó en los franceses 3000 bajas.7? Tras la victoria, su padre le concedió el mando de la escuadra mientras él se dirigió a Santiago de Compostela en acción de gracias8? y después a Valladolid a informar de la victoria al príncipe Felipe. Todavía en el reinado de Carlos I consiguió el mando de una armada independiente, cuya misión fue guardar las costas meridionales de España y proteger la llegada de la Flota de las Indias. Gracias a este mando se enfrentó a los corsarios franceses e ingleses y a los piratas berberiscos que operaban desde sus bases atlánticas. A los 24 años, el 19 de marzo de 155010? contrajo matrimonio con Juana de Bazán y Zúñiga, hija de los condes de Miranda, teniendo como descendencia cuatro hijas y un hijo, Álvaro II de Bazán.En 1554 fue nombrado capitán general de la Armada con solo 28 años. En 1556 realizó una arriesgada acción frente al cabo de Aguer, rindiendo dos barcos ingleses que llevaban armas y municiones a Fez. Álvaro de Bazán y Guzmán, tras el desastre de Los Gelves, en el que no participó, acudió con sus galeras en apoyo a las guarniciones de Orán y Mazalquivir, durante el sitio otomano de 1563, salvando las plazas de caer en manos berberiscas. En estos tiempos Badis y el peñón de Vélez de la Gomera se habían convertido en un nido de piratas turcos y berberiscos. El 23 de julio de 1563 zarpó de Málaga una flota compuesta por 50 galeras bajo el mando de Sancho de Leyva. Se efectuó un desembarco en la costa próxima al peñón de forma un tanto desorganizada y tras algunas escaramuzas, Sancho de Leyva consideró prudente ordenar la retirada. Casi todos los oficiales apoyaron su opinión, pero no así Álvaro de Bazán, quien observó que abandonar sería ir contra las órdenes del rey y daría moral a los berberiscos y turcos. A pesar de todo, Sancho de Leyva ordenó el reembarco de las tropas.11? A principios de agosto la armada estaba de vuelta en Málaga.
Tras la marcha, los piratas volvieron a atacar las costas españolas con más insistencia, por lo que Felipe II insistió en la necesidad de tomar Vélez de la Gomera. Pasado un año se emprendió de nuevo el intento. En esta ocasión la flota tenía 100 navíos bajo el mando de García Álvarez de Toledo y Osorio, quien contó con Álvaro de Bazán como lugarteniente.11? La flota zarpó de Málaga el 29 de agosto de 1564 y la empresa fue un total éxito, quedando el 6 de septiembre en manos españolas en un combate que causó pocas bajas a las tropas españolas. El Imperio otomano intentó dar un golpe de mano tomando Malta, con la intención de que le sirviese de base para la posterior conquista de Sicilia. La resistencia heroica de los malteses detuvo a la formidable flota de Piali Pachá. El socorro de la plaza por las tropas españolas fue mérito casi exclusivo de Álvaro de Bazán, quien siguió adelante con la empresa de apoyo a pesar de la reticencia de gran parte de la corte de Felipe II. En 1566 fue nombrado Capitán General de las Galeras de Nápoles y poco después, el 19 de octubre de 1569,10? Felipe II le concedió el título de marqués de Santa Cruz de Mudela por sus méritos, aunque se cuenta que ganó el título cuando el rey se compadeció de él al verlo estar al sol y le mandó cubrirse, y al agradecérselo aquél, el monarca le dijo: por el sol, Señor marqués, por el sol. En 1570 todo parecía confluir para que se produjera un choque entre las potencias cristianas y el Imperio otomano. Por un lado, el poder del sultán turco era cada vez mayor en el norte de África, lo que representaba una amenaza para el Imperio español, por cuanto hacía posible un desembarco otomano en la península ibérica en ayuda de los moriscos hispanos. Por otra parte, la invasión de Chipre por las tropas de Selim II llevó a Venecia a decantarse por la acción.
El 25 de mayo de 157112? se firmaron en Roma las capitulaciones de la Santa Liga que unió al Imperio español, el Papado, la Serenísima República de Venecia, el Gran Ducado de Toscana, la República de Génova y el Ducado de Saboya. La Santa Liga tenía como fin la destrucción de las fuerzas de los turcos, que eran declarados enemigos comunes y quedaban dentro del ámbito de la acción Túnez, Argel y Trípoli. Se nombraron tres comandantes. Por el Papado Marco Antonio Colonna, por Venecia a Sebastián Veniero y por el Imperio español a don Juan de Austria, quien ostentó el mando militar supremo de la Santa Liga. La flota reunida por la Santa Liga estaba compuesta por 207 galeras, seis galeazas y 76 buques ligeros.13? Álvaro de Bazán y Guzmán se unió con las 30 galeras de la Escuadra de Nápoles el 5 de septiembre de 1571. Don Juan de Austria le dio a Álvaro de Bazán la misión de hacerse cargo de la retaguardia para socorrer aquellas zonas donde existiese más peligro para la armada cristiana. Para esta tarea se le asignaron 30 galeras, más una agrupación de embarcaciones menores. El 7 de octubre de 157116? tuvo lugar la batalla de Lepanto. Su escuadra quedó a media milla, por la popa, de la línea de frente. Álvaro de Bazán fue responsable de que la flota cristiana partiese muy de mañana y formara quince millas afuera del golfo de Patras. Al comenzar el combate, Agostino Barbarigo, quien se encontraba al mando del ala izquierda cristiana, se separó de la formación, dejando un canal libre por el que la flota otomana podía amenazar la formación cristiana por el flanco. El ala otomana mandada por Mohamed Sirocco intentó envolver a Barbarigo, pero Álvaro de Bazán envió a 10 galeras, bajo el mando de Martín de Padilla que decidió la situación en el flanco izquierdo, ya que los barcos otomanos quedan encerrados en una pinza y empujados contra la costa. En el centro de la batalla, la galera La Real, nave capitana de Don Juan de Austria, se abalanzó contra la nave capitana turca de Alí Bajá, La Sultana y ambas naves se enzarzaron en un combate cerrado. Marco Antonio Colonna apoyó a la nave de Don Juan de Austria, situándose a la retaguardia de La Sultana y aislándola de socorro y refuerzo. Álvaro de Bazán envió a 10 galeras y un grupo de fragatas y bergantines para apoyar el éxito que puede suponer la captura de la nave capitana otomana. Como resultado de este refuerzo, el centro otomano quedó totalmente deshecho. En el flanco derecho cristiano las cosas siguieron un rumbo distinto. Juan Andrea Doria quedó retrasado con respecto al resto de la formación cristiana y Uluj Alí sobrepasó la retaguardia del genovés y se dirigió al centro del combate. Doria fue tras él intentando darle alcance pero no puede detener su avance. Uluj Alí atacó a varias galeras de la Orden de Malta pero Álvaro de Bazán en persona, con las diez galeras que quedaban en retaguardia, pudo salvar la situación y obligar a Uluj Alí a emprender la retirada. Álvaro de Bazán fue el hombre clave en la victoria de Lepanto, sus órdenes salvaron la situación de la flota cristiana en tres momentos críticos y actuó en cada momento de la forma correcta maximizando los pocos recursos que tenía. Tras la Batalla de Lepanto, Álvaro de Bazán participó en la ofensiva que Don Juan de Austria dirigió con éxito sobre Túnez. En diciembre de 1576 fue nombrado Capitán General de las Galeras de España.
Al morir Sebastián I de Portugal en 1578 sin descendencia, heredó el trono el cardenal Enrique I de Portugal, único hijo vivo de Manuel I de Portugal. En 1580 don Enrique I de Portugal falleció sin descendencia quedando vacante el trono de Portugal. Es entonces cuando Felipe II de España vio llegado el momento de completar la unidad de los países ibéricos, ya se creyó que le apoyaba el derecho por herencia de su madre Isabel de Portugal y por tanto nieto de Manuel I de Portugal Todos los territorios portugueses acataron el nombramiento de Felipe como rey de Portugal menos una estratégica isla en el archipiélago de las islas Azores, la isla Terceira. La isla tenía un gran valor estratégico porque podía convertirse en un nido de piratas y porque por el régimen de vientos en el Atlántico hacía que todos los buques españoles que realizaban la “Carrera de las Indias” y los buques portugueses que regresaban de las Indias Orientales tuvieran que pasar por las islas Azores. Francia e Inglaterra enviaron sumas de dinero, tropas y navíos para apoyar la causa de Don Antonio, pero oficialmente no actuaban por cuenta de sus países, sino por cuenta propia, para no empeorar sus relaciones con España. Felipe II intentó convencer al gobernador de la isla Terceira de que aceptase su soberanía pero éste se negó debido, entre otros motivos, a la llegada a ella de una pequeña escuadra francesa con 500 hombres de armas y cartas acreditadas por el pretendiente prometiendo la ayuda de una poderosa escuadra y tropas al mando del condotiero Felipe Strozzi. Felipe II envió a Pedro Valdés con cuatro naos grandes para proteger la flota de las Indias pero, por su cuenta y sin tener órdenes para ello, intentó tomar la isla Terceira y fue derrotado en la batalla de Salga (1581). El rey Felipe II comenzó los preparativos para reunir una escuadra potente para la siguiente campaña y ponerla bajo el mando de Álvaro de Bazán y Guzmán, quien debía ocuparse de todo lo necesario. Reunió una armada de sesenta naos gruesas, más otras veinte ligeras, llevando además barcas chatas que sirviesen para facilitar el desembarco en la isla de 10 000 soldados. Los partidarios de Don Antonio no se habían mantenido inactivos y habían erigido en la isla cincuenta fuertes artillados y se estaba construyendo en Francia una escuadra que se pondría al mando de Felipe Strozzi. La flota francesa zarpó el 16 de junio20? de Belle Isle. La batalla de la Isla Terceira terminó con la victoria española. Las tropas de Álvaro de Bazán sufrieron 224 bajas y 533 heridos,22? siendo la nao María y el galeón San Mateo con 45 y 40 muertos y 52 y 74 heridos, los que más bajas han sufrido. Las bajas francesas ascendieron a entre 1200 y 1500 muertos perdiendo 10 buques (2 incendiados, 4 hundidos y 4 abandonados). Tras la batalla con la victoria española, se dirigió a la isla de San Miguel para reparar las averías de sus barcos, hospitalizar a los heridos y juzgar en consejo de guerra a los prisioneros. En el consejo de guerra se acusó a los prisioneros franceses de piratas, pues habían combatido bajo bandera francesa sin estar esta nación en guerra con España. La defensa recusó argumentando que existía una guerra secreta entre España y Francia, pero Álvaro de Bazán no admitió tal justificación y dio por falsas las patentes que presentaban los prisioneros y ateniéndose a las instrucciones que había recibido de Felipe II y de Enrique III de Francia, quien había accedido a que todo pirata, aunque fuera de origen francés, fuera condenado a muerte, firmó la sentencia a muerte por la que los prisioneros morirían: degollados los señores y caballeros y ahorcados los marineros y soldados. La sentencia se cumplió el 1 de agosto de 1582 en la plaza de Villaflanca.25?
Todavía se encontraba Álvaro de Bazán y Guzmán en las Azores cuando envió al rey Felipe II su primera propuesta de ataque a Inglaterra que fue rechazada. A partir de su regreso a Lisboa, el 2 de marzo de 1585,31? Álvaro de Bazán desempeñó su cargo de Capitán General del Mar Océano y la Capitanía General de la gente de guerra de Portugal gozando de amplias facultades. En abril de 1585 se supo en España de la preparación de una expedición por parte de Francis Drake que podría tener como destino Portugal o América. Álvaro de Bazán propuso el 30 de abril31? la creación de una escuadra consistente en 40 navíos con más de 2000 hombres de mar y 3000 soldados.31? Estas medidas fueron incrementadas con el arresto de naves de Inglaterra, Alemania y otros países que se encontraban en puertos españoles. Al finalizar el Sitio de Amberes por parte de Alejandro Farnesio, toda la fachada atlántica hasta Dinamarca podía convertirse en hostil para Inglaterra, por lo que envió más ayuda a las fuerzas rebeldes en los Países Bajos. Ante la hostilidad inglesa, Felipe II decidió iniciar los preparativos para intervenir en Inglaterra. Álvaro de Bazán, que no había sido consultado, hizo llegar a Felipe II, el 13 de enero de 1586, una propuesta de conquista para Inglaterra instando al monarca a tomar la ofensiva. El 26 de enero de 158633? se le ordenó a Álvaro de Bazán preparar una escuadra para proteger Galicia, Portugal y Vizcaya del acoso corsario. La incursión de Drake en Cádiz y otros contratiempos retrasaron la formación de la armada. Durante estos meses, que serían los últimos de su vida, Álvaro de Bazán se entregó plenamente a formar una armada capaz de realizar la tarea que se le había encomendado.Felipe II terminó impacientándose por la tardanza en la formación de la flota que debía invadir Inglaterra y se dirigió a Álvaro de Bazán en términos muy duros, puesto que debido a intrigas y desavenencias se había convencido Felipe II de que Álvaro de Bazán retrasaba injustificadamente el momento de hacerse a la mar. Si bien no existe constancia de la causa por la que retrasó su partida, parece deducirse su descontento y su falta de confianza en los medios que habían sido puestos a su disposición. Las desavenencias entre el rey y el almirante continuaron hasta que el 4 de febrero de 158810? fue cesado de su mando de la armada, recibiendo la noticia en su lecho de muerte, ya que cinco días más tarde, el 9 de febrero de 1588, falleció en Lisboa.

ÁLVAR NUÑEZ CABEZA DE VACA (c. 1466-c. 1515), navegante, descubridor y conquistador español. Nacido en Cuenca, estuvo al servicio del duque de Medinaceli y fue protegido del obispo Juan Rodríguez de Fonseca, por cuya mediación logró embarcarse a finales de 1493 con Cristóbal Colón en su segundo viaje. Aproximadamente en 1512 se alistó en las tropas de la Liga Santa de 1511, formada por varios países, entre ellos España, para luchar contra Francia. Dentro de la Liga Santa sirvió en las campañas de Italia en las compañías de Bartolomé de Sierra y de Alonso de Carvajal. Participó en la batalla de Rávena y poco después pasó a ser alférez en Gaeta.


Posteriormente, como militar luchó en conflictos acaecidos en España. En 1520 peleó en la Guerra de las Comunidades al tiempo que, huérfano de padre y madre, pronto entró al servicio de la Casa de Medina-Sidonia como mensajero. Participó en la toma de Tordesillas y en la batalla de Villalar. En 1522 combatió en la batalla del Puente de la Reina, en Navarra. El 17 de junio de 1527, Álvar Núñez Cabeza de Vaca partió de Sanlúcar de Barrameda, rumbo a América, como tesorero y alguacil mayor en la expedición que capitaneaba el gobernador Pánfilo de Narváez, que tenía por objetivo la conquista de Florida y la búsqueda de la Fuente de la eterna juventud,6? entre el río de las Palmas y el cabo de la Florida. La expedición estaba compuesta por 600 hombres y cinco barcos. En Santo Domingo, 140 marinos abandonaron la expedición y en Cuba murieron 70 hombres en una fuerte tormenta, pero llegaron finalmente a la costa de Florida el martes 12 de abril de 1528. En la bahía de Tampa vieron casas indígenas. En Aguas Claras, actual Clearwater, los indios les indicaron a los españoles que el oro se encontraba "más allá", en la provincia de Apalache, en la parte norte de Florida. Fueron con sus barcos hasta esa región y los anclaron para seguir a pie, aunque Cabeza de Vaca no estaba de acuerdo, al pensar que era territorio hostil y que no tenían ni raciones ni modo de comunicarse con las tribus que encontraran. Sin embargo, no quiso quedarse a cuidar a los barcos para que nadie pensara que era temor lo que le impedía continuar y que no se comprometiera su honor. La provincia de Apalache debió ser el nombre antiguo de Tallahassee, al norte de Florida, pero el paisaje que se describe parece similar a los Everglades,6? que se encuentran en la parte sur de la península. Fueron por los pantanos usando balsas y a nado. El caballo de quien se ahogaba servía de comida a los supervivientes. En esas zonas pantanosas donde el agua les llegaba hasta el pecho, sufrían ataques de indios con flechas y tenían que combatir con sus arcabuces y ballestas. Los indios apalaches eran altos e iban desnudos y usaban arcos grandes y muy anchos y lanzaban flechas con mucha puntería capaz de herir a los españoles a pesar de sus corazas. En su trayecto, se toparon con más de veinte naciones indígenas. Camino del poblado de Aute sufrieron otro ataque con flechas. Desde la bahía de Tampa, los españoles tuvieron que hacer frente a huracanes y tempestades.
Devoraron los caballos que les quedaban y fueron en busca de la costa, llegando a la desembocadura del río San Marcos, actual río St Marks y regresaron a los barcos. Como no tenían cañones, barcos ni materiales improvisaron fraguas con cañones de palo y pieles de ciervos. Posteriormente forjaron los estribos de los caballos, espuelas y materiales metálicos de ballestas e hicieron herramientas. Con esas herramientas cortaron madera e hicieron cinco barcazas, que les sirvieron para navegar por la costa. Siguieron hacia el Oeste hasta encontrar una isla con canoas, robándose algunas, en las que embarcaron. Ya estando en las canoas sufrirían otro ataque de indios flecheros que hirió a todos los miembros que quedaban de la expedición, incluido el propio Cabeza de Vaca, que fue herido en la cara. Navegaron 30 días por la costa hasta llegar a la desembocadura del río del Espíritu Santo, conocido actualmente como río Misisipi. Hoy, no se sabe si esta expedición fue la primera en descubrir la desembocadura del Misisipi o dicho mérito debe atribuirse a Alonso Álvarez de Pineda. Entonces sobrevinieron corrientes y vientos que separaron las embarcaciones y la embarcación de Cabeza de Vaca terminó en la isla de Galveston, que él bautizó como isla Malhado (isla de la Mala Suerte). En ese momento se encontraron él y su grupo sin Pánfilo de Narváez y abandonados a su suerte.
Solamente 15 hombres estaban vivos, pero fueron tratados bien por los indios carancaguas. Era una tribu que repartía sus pertenencias y que carecía de mandos. Les quisieron hacer físicos y doctores, porque ellos curaban las enfermedades poniendo las manos y soplando y les pidieron que hicieran eso para que ayudaran en algo, pero los españoles se reían de esa costumbre y por eso les quitaban la comida hasta que hicieran lo que les decían. Posteriormente, fueron repartidos como sirvientes de las familias de indios. Los 15 hombres acordaron mandar una expedición de cuatro hombres a Panuco en busca de ayuda, pero la expedición fracasó. Tras seis años de vida como indígena, aprendiendo la cultura del mimbre, el camuflaje y la guerrilla, además de a conjugar chamanismo con los conocimientos médicos que arrastraba de la cultura europea,7? Álvar Núñez logró curar al hijo de un cacique o jefe tribal, quien lo liberó. Durante algún tiempo Cabeza de Vaca ejerció de mercader entre los indígenas del territorio comarcano a San Antonio y la costa tejana. Llevaba conchas marinas y caracolas a los pueblos del interior cambiándolas por cueros y almagra, esto último lo usaban con frecuencia los indios de la costa para sus pinturas.En Matagorda, cerca de Galveston, Cabeza de Vaca se encontró con algunos de sus antiguos compañeros de expedición: Andrés Dorantes de Carranza, Alonso del Castillo Maldonado y Estebanico y juntos fueron en una nueva travesía. Por temor a los aborígenes de la costa y creyendo que en esos territorios del norte encontrarían oro, remontaron el río Bravo, en vez de dirigirse al asentamiento español en el río Pánuco. Durante el viaje hacia el noroeste de México, ejercieron de curanderos mediante la imposición de manos y el rezo de avemarías y padrenuestros en latín. Cuando Cabeza de Vaca extrajo con éxito la punta de una flecha que un indígena tenía clavada cerca del corazón, la fama de curanderos y gente de bien entre las tribus indígenas ya no les abandonó. Se ganaron la voluntad de los nativos e hicieron varias exploraciones en busca de una ruta para regresar a la Nueva España por lo que hoy es el suroeste de Estados Unidos y norte de México. Tras deambular durante largo tiempo por la extensa zona que hoy es la frontera entre México y Estados Unidos llegaron a la zona del río Bravo, siguiendo el curso del río encontraron tribus dedicadas a la caza del bisonte con las que convivieron. Finalmente a orillas del río Petatlán, hoy llamado río Sinaloa, en el pueblo de Bamoa Guasave, restablecieron el contacto con un equipo de exploradores españoles en el año 1536 a pocas leguas de Culiacán, asentamiento español.
Durante aquel viaje recogió las primeras observaciones etnográficas sobre las poblaciones indígenas del golfo de México, escribiendo una narración titulada Naufragios, considerada la primera narración histórica sobre los territorios que hoy corresponden a Estados Unidos, fue publicada en 1542 en Zamora y en 1555 en Valladolid, en la cual describe sus vivencias y las de sus tres compañeros quienes atravesaron a pie el suroeste de los actuales Estados Unidos y el norte de México. Tras este viaje tomó consistencia en América un mito muy similar al de El Dorado, que es el de las Siete Ciudades de Cíbola y Quivira, llenas de oro. Los cuatro supervivientes de la exploración hablaron en México acerca de comentarios de ciudades colmadas de oro. El virrey de Nueva España organizó una expedición al mando de fray Marcos de Niza, que fue acompañada de Estebanico.mDurante la marcha de la expedición Estebanico murió asesinado por indígenas, que hicieron huir al resto, y el fraile relató a su regreso que la historia de las ciudades colmadas de oro y joyas era cierta. Entonces se envió una expedición militar dirigida por Francisco Vázquez de Coronado para encontrar el lugar pero la búsqueda demostró que la historia era falsa. Álvar Núñez Cabeza de Vaca regresó a España en 1537 y consiguió que se le otorgara el título de segundo adelantado del Río de la Plata. A finales de 1540 inició desde Cádiz su segundo viaje que le llevó al sur del continente americano. Arribó a la isla de Santa Catalina, en enero de 1541, en el territorio español que entonces era llamado La Vera o Mbiazá —actualmente es parte del estado brasileño de Santa Catarina— y que correspondía a la gobernación del Paraguay.
Desde dicha isla arrancó en un viaje por tierra, a lo largo de casi cinco meses, con el propósito de llegar a la entonces villa y fuerte de Asunción del Paraguay, sede de la gobernación del Río de la Plata. Guiado por indígenas tupís-guaraníes cruzó con su expedición la selva paranaense. Fue el primer europeo que descubrió y describió las cataratas del Iguazú: «el río da un salto por unas peñas abajo muy altas, y da el agua en lo bajo de la tierra tan grande golpe que de muy lejos se oye; y la espuma del agua, como cae con tanta fuerza, sube en alto dos lanzas y más». Al principio, lo llamo "Salto de Santa María", en enero de 1542. Al llegar a Asunción pronto entró en conflicto con los capitanes y colonos españoles allí establecidos, quienes, alentados por Domingo Martínez de Irala, rechazaban la autoridad del gobernador y sus proyectos de organizar la colonización del territorio olvidándose de perseguir los quiméricos tesoros de los que hablaban los mitos indígenas. Finalmente ocuparía el cargo de gobernador el 11 de marzo de 1542. Placa recordatoria del descubrimiento de las cataratas del Iguazú por Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Su propósito de erradicar la anarquía y domeñar a los insurgentes provocó que los descontentos se sublevaran en 1544 y enviaron a Cabeza de Vaca a España acusado de abusos de poder en la represión de los disidentes, así como el incendio de Asunción en el año anterior. En realidad, por haber exigido el cumplimiento de las Leyes de Indias, las que protegían a los indígenas de los abusos de los conquistadores, entre otras medidas poco políticas. El Consejo de Indias lo desterró a Orán en 1545. Pena que, quizá, no llegó a cumplir pues Cabeza de Vaca recurrió la sentencia y siguió peleando hasta el final de su vida con el propósito de ver restablecido su honor, ya no su hacienda. Aunque los últimos años de su vida son una incógnita quizá, por los documentos encontrados por algunos historiadores cuyas obras se reflejan en la bibliografía, murió en Sevilla el 27 de mayo en 1559. Es improbable, como han afirmado otros, que tuviera algún cargo de relevancia en sus últimos años. Aunque no consta, pudo haber tomado los hábitos y acabar sus días entre el silencio de un monasterio.

ANTONIO BARCELÓ (Palma de Mallorca 1717 – Palma de Mallorca 1797). “Afortunado marino”, Esta es la frase que quizás mejor define a este mallorquín. Hombre inteligente, aunque sin estudios -como muchos de sus “cursos”-, fue capaz de llegar por méritos de guerra, de marinero de cubierta a los más altos galones –almirante– de la Real Armada.

En 1748 los piratas berberiscos apresaron un jabeque español con 200 pasajeros. Fernando VI ordenó armar en Mallorca otros cuatro, poniendo al mando a Antonio Barceló, ascendido a tal efecto a teniente de fragata para que esto no ocurriera más. Con sus “patrulleras” defendió las costas del levante español, y jamás dudó en poner proa al enemigo, estuviera en inferioridad numérica o la mar no fuese a su favor. Se convirtió en el terror de los piratas berberiscos, apresando o echando a pique más naves rivales que ningún otro comandante.
Participó en las campañas de Argel, Tánger y en el asedio a Gibraltar, para el cual diseñó unas lanchas cañoneras, armadas con obuses, que utilizó en el combate. Barceló, hombre sencillo y de pueblo llano, que no gustaba del “guante blanco”, fue objeto de desprecio por parte de los oficiales formados en las academias de guardiamarinas. Los comentarios sobre su persona, su sordera y su cuestionada capacidad para el mando llegaron a oídos del rey, que envió al duque de Crillon para realizar un informe acerca de las capacidades del -ya viejo- almirante. Pero cuando el duque conoció a Barceló, envió una carta al ministro Floridablanca reafirmando la leyenda de Barceló y elogiando sus capacidades como mando, desmintiendo las habladurías que sobre él se vertían. .

ANTONIO DE ULLOA (Sevilla, 1716 - isla de León, Cádiz, 1795) Científico, militar y marino español. Realizó sus primeros estudios en Sevilla, en el Colegio Mayor de Santo Tomás. De constitución débil y enfermiza, su padre lo embarcó a los trece años en el galeón San Luis, para que se fortaleciese con el cambio de aires y de vida, navío en el que zarpó de Cádiz rumbo a Cartagena de Indias, y con el cual regresó a Cádiz en septiembre de 1732.

Tras esto, se presentó a examen en la Academia de guardiamarinas de Cádiz, consiguiendo una plaza el 28 de noviembre de 1733, y un destino en el navío Santa Teresa, el cual, junto a otros, debía de escoltar las tropas de infantería que salían de Barcelona en 1734 para auxiliar al Infante de Nápoles don Carlos (Carlos III) que se encontraba en guerra con el imperio austriaco. La Academia de París quiso zanjar el problema de las dimensiones de la Tierra, y para ello nombró dos comisiones, una que iría a Laponia y otra a Ecuador, con el objetivo de medir un arco de meridiano. La segunda comisión fue autorizada por Felipe V por solicitud del monarca francés, Luis XV. Los oficiales españoles que habían de acompañar a la misión francesa fueron Antonio de Ulloa y Jorge Juan, con 19 y 21 años de edad respectivamente, y que fueron elevados al rango de tenientes de fragata. Se embarcaron el 28 de mayo de 1735, con la misión añadida de conducir al virrey, marqués de Villagarcía, con quien llegaron a Cartagena de Indias el 9 de julio de 1735. Allí formaron la comisión junto a los científicos franceses Godin, Bouguer y La Condamine, e iniciaron los estudios el 29 de julio. Las experiencias de este viaje se registraron en la Relación histórica del viaje a la América meridional, que contiene mapas, descripciones de países y noticias del virreinato del Perú, y que se tradujo a casi todas las lenguas europeas. De regreso a España, y habiendo embarcado en un navío francés, fue apresado por los ingleses. Tras una serie de dificultades, al llegar a Inglaterra fue puesto en libertad y se le restituyeron sus papeles. En Inglaterra, Ulloa aprovechó su estancia para completar sus conocimientos y, por medio del ministro de Estado, conde de Harrington, que había sido embajador en Madrid, fue presentado a Martin Folkes, presidente de la Royal Society. Ulloa asistió a las reuniones de la Sociedad y fue propuesto socio de la misma, el 15 de mayo de 1746. El 29 del mismo mes, el presidente comunicó un largo extracto de las Observaciones de Ulloa en el Perú, y el 11 de diciembre fue elegido miembro.
Poco después volvió a España, y se reunió en Madrid con Jorge Juan. Tras vencer la indiferencia inicial de la corte y conquistar el interés del marqués de la Ensenada, Juan y Ulloa prepararon la publicación de las memorias e informes del viaje. Jorge Juan se encargó de redactar las Observaciones astronomicas y fisicas, y Ulloa de la Relación histórica del viaje a la América meridional. Terminada ya la edición del tomo de las Observaciones y de los cuatro de la Relación histórica, en 1749 el marqués de la Ensenada envió a Ulloa a un largo viaje por Francia, Suiza, Flandes, Holanda, Alemania, Rusia y los países del Báltico, con instrucciones reservadas relativas a la adquisición de todo tipo de informes técnicos y científicos. En París, asistió a las reuniones de la Academia de Ciencias, de la que era correspondiente y estudió la organización y funcionamiento de dicha institución. En Suecia trató a diversos científicos y al rey Adolfo Federico II, y fue nombrado posteriormente miembro de la Academia de ciencias Sueca. En Berlín conoció a Pierre Moreau de Maupertuis, entonces presidente de la Academia de Ciencias. En 1758 fue nombrado gobernador de Huancavélica (Perú) y superintendente de su célebre mina de mercurio, en la que pretendió aplicar sus conocimientos y experiencias e introducir reformas administrativas, pero sus consejos no fueron escuchados, viéndose, además, obligado a defenderse de acusaciones de abuso de autoridad. Durante este período, realizó una Relación y superintendencia de la Real mina de azogues de la villa de Guancavélica (1758).
Cuando, por el tratado de Fontainebleau, se cedió a España la soberanía de la Luisiana Meridional, Ulloa, por orden de Carlos III, fue designado gobernador de este territorio (1765), puesto en el que luchó con grandes inconvenientes y en el que permaneció poco tiempo. Se le nombró, asimismo, gobernador de Florida occidental en 1766. Diez años después fue nombrado comandante de la flota de Nueva España, cargo que Ulloa desempeñó por última vez. Durante el tornaviaje a la península, que tuvo lugar en 1778, observó en alta mar un eclipse total de sol, que dio lugar a la oportuna publicación. La guerra de la Independencia de Estados Unidos, a la que España acababa de sumarse, supuso de nuevo su salida a la mar al mando de otra flota. Fue ésta una campaña desgraciada que costó a Ulloa un largo expediente y un consejo de guerra y, a consecuencia de ello, aunque fue declarado inocente, nunca se recuperó del todo su prestigio militar. Volvió a España en 1772, y en esa época preparó para la imprenta las Noticias americanas, que tuvieron gran aceptación en Europa. El resto de su vida transcurrió en Cádiz de modo casi ininterrumpido. En 1779 fue ascendido a teniente general de la Armada, y realizó dos cruceros, uno a Azores y otro al cabo Espartel. .

ANTONIO DE ESCAÑO (Cartagena, 1750 - Cádiz, 12 de julio de 1814) El insigne Marino español Antonio de Escaño ingresó como guardiamarina a los 17 años y partició en casi todas las grandes operaciones navales que sostuvo España en su época: la expedición contra Argel en 1783, la defensa de Cádiz en 1797 frente a la escuadra británica de Jervis, la batalla de Brest, la de Finisterre y la batalla del Cabo de San Vicente, en la que, gracias a su visión militar, consiguió salvar el buque insignia español, el Santísima Trinidad, cuando su comandante José de Córdoba y Rojas "perdió los papeles", y por lo cual recibió la encomienda de la Orden de Santiago.

Por su gran experiencia náutica y militar, y por su cargo de segundo jefe de la escuadra española a las órdenes de Federico Gravina, fue designado por los jefes españoles para exponer ante Pierre de Villeneuve su opinión contraria a la del almirante francés en la célebre reunión a bordo del Bucentaure, o sea, la de permanecer dentro de la bahía gaditana y no intentar romper el cerco inglés. Villeneuve no le hizo caso y ordenó la salida en busca de los navíos de Horatio Nelson. A pesar de haber resultado herido en la batalla de Trafalgar, fue Escaño quien comunicó a Manuel Godoy el resultado del combate, ya que «la situación en que se encuentra el teniente general don Federico Gravina, de resultas de un balazo de metralla que al fin de la acción de ayer recibió en su brazo izquierdo, no le permite dar a V.E. noticia de este combate sangriento». Ascendido a teniente general de la Armada, Escaño fue elegido, en 1810, miembro del Consejo de Regencia de España e Indias. Cuando este organismo dimitió tras la convocatoria e inicio de las Cortes de Cádiz, fue el único miembro al que se autorizó la residencia en la ciudad. Y en ella murió a mediados de 1814, pocos días después de ser nombrado capitán general de Cartagena, cargo del que no llegó a tomar posesión..
Participó en las campañas de Argel, Tánger y en el asedio a Gibraltar, para el cual diseñó unas lanchas cañoneras, armadas con obuses, que utilizó en el combate. Barceló, hombre sencillo y de pueblo llano, que no gustaba del “guante blanco”, fue objeto de desprecio por parte de los oficiales formados en las academias de guardiamarinas. Los comentarios sobre su persona, su sordera y su cuestionada capacidad para el mando llegaron a oídos del rey, que envió al duque de Crillon para realizar un informe acerca de las capacidades del -ya viejo- almirante. Pero cuando el duque conoció a Barceló, envió una carta al ministro Floridablanca reafirmando la leyenda de Barceló y elogiando sus capacidades como mando, desmintiendo las habladurías que sobre él se vertían. .

AMERICO VESPUCIO Américo Vespucio, (Florencia; 9 de marzo de 1454 ?-Sevilla; 22 de febrero de 1512) fue un comerciante y cosmógrafo florentino, naturalizado castellano en 1505, que participó en al menos dos viajes de exploración al Nuevo Mundo, continente que hoy en día se llama América en su honor. Desempeñó cargos importantes en la Casa de contratación de Sevilla, de la que fue nombrado piloto mayor en 1508; pero su fama universal se debe a dos obras publicadas bajo su nombre entre 1503 y 1505: el Mundus Novus y la Carta a Soderini, que le atribuyen un papel protagonista en el Descubrimiento de América y su identificación como un nuevo continente. Por esta razón el cartógrafo Martín Waldseemüller en su mapa Universalis Cosmographia, de 1507 acuñó el nombre de «América» en su honor como designación para el Nuevo Mundo. El relato a menudo fantasioso y contradictorio de sus viajes lo han ubicado como una de las figuras más controvertidas de la era de los descubrimientos.

Su padre, Anastasio Vespucci, y su madre, Isabel Mani, conformaban una familia acomodada cercana al círculo de los Medici, lo cual le permitió entrar en contacto con importantes humanistas de la Florencia renacentista. En 1478 marchó a París donde desempeñó funciones administrativas para su tío Guido Antonio Vespucci, quien había sido designado embajador de Lorenzo, el Magnífico, en la corte de Luis XI. En Francia completó la formación que había recibido en su ciudad natal y fue secretario del embajador de Florencia y también estuvo al servicio de los Medici en el ramo del Comercio. Tras la muerte de su padre, en 1482, regresó a Florencia y permaneció hasta 1491 al servicio de los Medici. En 1492, cuando se realizó el primer viaje de Colón , Vespucio se encontraba en Sevilla y colaboró con la expedición. Representaba los intereses comerciales de los Medici y se puso al servicio de Juanoto Berardi, florentino dedicado al comercio de oro y esclavos y proveedor de los aprestos de las naves en las travesías al Nuevo Mundo. Tras la muerte de Berardi, en 1496, Vespucci decidió dedicarse a la navegación. Entre 1499 y 1502 realizó varios viajes a América, que relató en cinco cartas dirigidas a distintos destinatarios. Determinar el número de viajes que realizó a este continente constituye una de las cuestiones más polémicas. La mayoría de sus biógrafos admiten que Vespucci se embarcó en Cádiz en 1499 en la flota de Alonso de Ojeda y Juan de la Cosa. Siguiendo la ruta del tercer viaje de Cristóbal Colón , recorrió la costa norte de Sudamérica y llegó hasta el cabo de la Vela (Venezuela) regresando en junio de 1500 a Cádiz.
Además de las costas de Venezuela, también llegó al Brasil y fue el primero en llegar al Río de la Plata, luego bordeando la costa en dirección sur arribó a la Patagonia, cerca del estrecho que poco después descubrió Hernando de Magallanes. Comprobó así que las tierras descubiertas no eran una prolongación de la península asiática, sino un nuevo continente. Este viaje fue narrado por Vespucci en una carta que dirigió a Lorenzo di Pier Francesco de Medici, editada en París en 1502 con el título de Mundus Novus . Gracias al mérito de escribir a todos sus amigos y enviar esas cartas geográficas de sus viajes gozó de tanta fama en Europa que el geógrafo Martín Waldseemüller propuso en 1507 que se diera al Nuevo Mundo el nombre de América, en homenaje a Américo, que era, según él, el verdadero descubridor del Continente. Vespucci aceptó aquel despropósito, arrebatándole a Cristóbal Colón la gloria de llevar su nombre. Para remediar en parte esta injusticia, Francisco de Miranda inventa la palabra Colombia, como un homenaje a Cristóbal Colón, para asignársela al territorio de América que fuese libertado. Simón Bolívar acoge esa iniciativa y bautiza con el nombre de Colombia la república que fundó en 1819 con los territorios de Venezuela, Nueva Granada y Ecuador. Parece probable que entre 1503 y 1504 realizara un tercer viaje a las Indias, también al servicio de Portugal, bajo la dirección de Fernando Noronha, que llegó hasta Brasil. En 1504 estaba de regreso en Sevilla y al año siguiente fue recibido por el rey Fernando, el Católico , en Toro (Zamora) que le concedió la ciudadanía castellana. En 1505, el florentino se naturalizó en Castilla y León pasando a llamarse Américo Vespucio y se casó con María Cerezo. Por estos años, la fama de Vespucio como marino y comerciante era tanta, que fue invitado a participar junto a cartógrafos y navegantes ilustres en la Junta de Burgos. Además, en 1508, recibió el título de piloto mayor de la Casa de Contratación creada en 1503 en Sevilla, cargo que compaginó con sus negocios indianos, invirtiendo su dinero en alguna de las flotas que partían al Nuevo Mundo. En abril de 1511 Vespucio redactó su testamento y murió el 22 de febrero del año siguiente, en Sevilla, España. .

ALVARO MENDAÑA,: Nacido en 1541, dirigió una expedición exploratoria por el océano Pacífico, alcanzando las islas Salomón. En 1568 vuelve a Lima, donde sus relatos no resultan demasiado creídos. Junto a Fernández de Quiroz, emprendió un nuevo viaje veinticinco años más tarde, con el objetivo de fundar una ciudad. En la travesía descubrió nuevas islas, falleciendo en la de Santa Cruz. A su muerte legó todos sus poderes a Isabel de Barretos, su mujer, quien dirigió la expedición de vuelta a Manila junto a Quiroz en 1596. La aventura del su segundo viaje pone de manifiesto las dificultades de todo tipo a las que estos navegantes tenían que enfrentarse, pero muy especialmente las de orden científica y en especial las relacionadas con el problema, aun no resuelto, del cálculo de las longitudes (que no se resolvería hasta que muchos años más tarde Harrison construyera el primer cronómetro marino). En efecto, en su segunda expedición, Mendaña no fue capaz de volver a encontrar las Islas Saloón en las que supuestamente había estado en el primero, bien los errores cometidos al fijar su situación en el primer viaje, bien por los cometidos en su segunda navegación o mas probablemente por una mezcla de ambos.

ISAAC PERAL: Nació el 1 de junio de 1851 en Cartagena. Ingresó muy joven en el Colegio Naval Militar de San Fernando (Cádiz) y en 1882 fue nombrado profesor de física matemática en la Escuela de Ampliación de Estudios de la Armada. En 1885 puso en conocimiento de la Marina su proyecto de navegación submarina, obteniendo una respuesta desigualentre los expertos de la marina, aunque finalmente se aceptara su proyecto

Las obras del torpedero submarino Peral comenzaron en el arsenal de la Carraca (Cádiz) el 23 de octubre de 1887, botándose finalmente el prototipo el día 8 de septiembre de 1888. El submarino consistía en una nave de veintidós metros de eslora, pesaba 79 t en desplazamiento en superficie y 87 t sumergido. El casco, las cuadernas y las mamparas eran de acero e iba armado con dos torpedos. Se sumergía mediante unos acumuladores eléctricos que suministraban corriente a unas dinamos. Éstas, a su vez, por rotación, hacían girar dos hélices dispuestas en el eje vertical del submarino. Las hélices y el aumento de desplazamiento proporcionado por la inundación de los tanques de inmersión iban hundiendo la nave hasta que su resistencia era inferior a la presión del agua.

Aunque las pruebas definitivas tuvieron gran éxito, el Consejo Superior de la Marina, con una visión que hubiera hecho las delicias de los fabricantes de gafas, no autorizó la construcción de nuevos submarinos. Lo mismo que pasó con Monturiol. ¡Jolines, qué país!. Ya lo decía aquel: que inventen ellos. Quédenos al menos el consuelo, de que por mucho que los diseños de submarinos han evolucionado en el tiempo transcurrido hasta nuestros días, todos ellos mantienen las lineas maestras del diseño del de Isaac Peral

 

FERNÁNDEZ DE ENCISO, MARTÍN Conquistador y geógrafo español, nacido en Sevilla en el año 1509, fue requerido por Alonso de Ojeda cuando estaba asentado en la isla de La Española, para realizar una expedición a Urabá (en la actual Colombia), a cambio de ser nombrado alcalde mayor. Llevó a cabo una expedición al Darién, en uno de cuyos barcos viajaba como polizón Vasco Núñez de Balboa, y fundó Santa María la Antigua del Darién. Allí se alzó Balboa con el poder y acusó a Fernández de Enciso de haber usurpado jurisdicción ajena sin permiso del rey. Despojado de sus bienes, volvió a España en 1512 para quejarse ante el monarca. En 1519, publicó la Summa de geografía, que pretendía proporcionar a los marinos la información geográfica y astronómica necesarias para la navegación hacia el Nuevo Mundo. Esta obra constituye el fundamento de una fecunda producción bibliográfica de carácter geográfico y cosmográfico realizada por autores españoles.

PASCUAL CERVERA Y TOPETE Pascual Cervera y Topete nació en Medina Sidonia, Cádiz, el 18 de febrero de 1839,ingresando en el Colegio Naval Militar de San Carlos (San Fernando, Cádiz) el día 30 de junio de 1832, cuando sólo contaba con la edad de 13 años, y recibiendo su despacho como alférez de navío con apenas 21 años..

Si se repasa la dilatada y brillante hoja de servicios de D. Pascual Cervera Topete, no cabe duda de que pueden encontrarse evidentes signos de lealtad, valor y sacrificio para el servicio a España. La primera prueba de ello fue su ascenso a teniente de navío por méritos de guerra durante su estancia en Filipinas los primeros años de su vida militar, en la lucha contra los rebeldes malayos y en los combates que se desarrollaron durante los asaltos a los fuertes de la Cotta de Pagalugan, defendiendo a la patria y reprimiendo la piratería filipina y joloana que se llevaba por delante vidas y haciendas. También durante su primera estancia en Filipinas levantó cartas náuticas en costas intrincadas y peligrosas, así como socorrió a náufragos y a pescadores en peligro.
De vuelta en la Península, entre 1865 y 1868 estuvo a cargo de la formación de guardiamarinas. Siendo capitán de fragata, participó activamente en la lucha cantonal, defendiendo a la Primera República española, tanto en Cartagena como en Cádiz, siendo nombrado benemérito de la Patria. Posteriormente volvió a Filipinas, donde ejerció el mando de la corbeta “Santa Lucía”, interviniendo en acciones de guerra en Mindanao, y en 1876 fue nombrado Gobernador de la isla de Joló. De nuevo volvió a la Península y ocupó diversos cargos en el Ministerio de Marina. En 1879 fue comandante del buque escuela de guardiamarinas y en 1880 fue nombrado Comandante Militar de Marina de Cartagena. Más adelante, siendo Presidente de la Comisión de construcción del acorazado “Pelayo” y durante su estancia en Francia, se le concedió la condecoración de la Legión de Honor francesa.
Entre el 14 de diciembre de 1892 y el 23 de marzo de 1893 ocupó el cargo de Ministro de Marina en un gobierno liberal presidido por Sagasta, lo que pone de manifiesto que el Almirante Cervera tenía un pensamiento ciertamente liberal para su época. En la legislatura de 1893-94 fue elegido como senador por Cádiz, siendo durante este período Jefe de la Comisión de Marina de España en Londres. Tras este paréntesis en su carrera militar, volvió al servicio activo en puestos de la Marina y en 1896 fue nombrado Comandante General del Arsenal de la Carraca (San Fernando, Cádiz). Pero, sobre todo, D. Pascual Cervera Topete es conocido y será recordado por el cumplimiento del deber durante la defensa de Cuba contra las pretensiones de los Estados Unidos en 1898, obedeciendo las órdenes recibidas de enfrentarse al enemigo aun conociendo la inferioridad en que se encontraba la escuadra española con respecto a la de la Marina de Guerra de los Estados Unidos, lo que supuso la pérdida de la escuadra bajo su mando y de losterritorios españoles en ultramar. Tras la pérdida de la escuadra en Cuba, fue hecho prisionero por los Estados Unidos, junto con los supervivientes de las dotaciones de sus barcos. Al volver a España y tras el sobreseimiento de la causa (consejo de guerra) que se le incoara por la pérdida de la escuadra en Cuba, en la legislatura de 1903-04 fue nombrado senador vitalicio.
En 1902 se le dio el primer cargo público después de la Guerra, Jefe de Estado Mayor Central de la Armada, al que seguirían, en años siguientes, el de miembro del Consejo Supremo de Guerra y Marina; Capitán General del Departamento Marítimo del Ferrol; Jefe de la Jurisdicción Central y Presidente de la Junta de Adjudicación de los barcos de la nueva escuadra en proyecto. Falleció en Puerto Real (Cádiz) el 3 de abril de 1909, habiendo alcanzado el grado de vicealmirante. Desde el 19 de junio de 1916 sus restos descansan en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando (Cádiz), al considerarse que D. Pascual Cervera Topete fue un héroe para la historia. Por otra parte y ya ajeno al contenido de su hoja de servicios, el respeto que el almirante Cervera despertó en sus antiguos enemigos está patente en lugares a miles de kilómetros de España: Las dos ciudades más importantes de la República de Cuba exhiben bustos del almirante Cervera, sin ningún tipo de complejo. Uno se encuentra en el Castillo del Morro de Santiago de Cuba (desde 2005) y el otro en el Castillo de la Real Fuerza, de La Habana (desde 2012). En 2015 el gobierno cubano organizó un homenaje a los marinos españoles caídos en la Guerra de 1898, en la costa oriental de Cuba. A 12 metros de profundidad, en el pecio donde reposan los restos hundidos del Crucero “Almirante Oquendo” se colocó una tarja (lápida) de bronce, y dos submarinistas, uno catalán y otro vasco, depositaron una corona de laurel alrededor de la misma, como reconocimiento de los cubanos a los marinos españoles muertos en el combate contra la Marina de los Estados Unidos.

BLAS DE LEZO Blas de Lezo y Olavarrieta (Pasajes , Guipuzcoa 3 de febrero de 1689 - Cartagena de Indias , Nueva Granada 7 de septiembre de 1741) fue un almirante español, conocido por la falta de alguno de sus miembras a consevuencia de sus heridas de guerra recibidas en varias batallas, reconocido como uno de los mejores estrategas de la Armada Española y por su victoriosa defensa de la plaza de Cartagena de Indias en el asedio a la que los ingleses la sometieron en el año 1741.

En 1723, al mando de la escuadra de los Mares del Sur, le encargaron la misión de limpiar de corsarios y filibusteros las costas del Pacífico. No sólo lo dejó como una patena, sino que tuvo tiempo de enamorarse en Lima de Josefa Pacheco de Bustos, volvió a España convertido en general de marina recién casado. Enviado a Génova para reclamar dos millones de pesos que la Real Hacienda tenía depositados en la ciudad, recibió a una delegación del Senado, le dio la vuelta a un reloj de arena y dijo a los plenipotenciarios genoveses que si cuando cayese el último grano no estaba embarcada la pastizara, bombardearía la ciudad. Regresó a España con las bodegas llenas de oro. Blas de Lezo realzó su más heroica y conocida gesta cuando, a los 52 años, nombrado comandante general del apostadero naval de Cartagena de Indias, estalló entre España e Inglaterra la guerra llamada de "la oreja de Jenkins". El conflicto había empezado en las costas de Florida cuando Juan León Fandiño, un capitán de guardacostas, interceptó un barco al mando del Robert Jenkins y antes de liberarlo le hizo cortar una oreja con este recado: «Ve y dile a tu rey que le haré lo mismo si a lo mismo se atreve». El primer ministro Walpole, en desagravio e impulsado por su opinión publica y por la avidez de los comerciantes de la City, declaró la guerra a España. La expedición británica la comandaba el almirante sir Edward Vernon y tenía el propósito de arrebatar las posesiones españolas tomando Cartagena de Indias, "a llave de América". Era una flota descomunal de 186 buques con una tripulación de 15.000 hombres. Además, podía desplegar en tierra 9.000 soldados regulares, una potente artillería de asedio, 4.000 milicianos del contingente norteamericano al mando de Lawrence Washington, hermano del futuro libertador estadounidense, y 2.000 negros macheteros de Jamaica: un total de más de 30.000 hombres y 2.600 piezas de artillería. Frente a esa fuerza colosal, Blas de Lezo sólo podía oponer seis barcos y 2.800 hombres. Pero de esa terrible asimetría emergió el talento y el arrojo del marino de Pasajes, que resistió dos meses el cañoneo y, en abril de 1741, puso a la flota inglesa en desbandada. Tras arrojar 6.000 bombas y 18.000 balas de cañón y perder seis navíos y 9.000 hombres, los ingleses se retiraron y Vernon salió por jarcias y con el rabo entre las piernas. Otros son maestros en justificar sus derrotas; Lezo, en convertir en oficio el logro de lo improbable. Pero los ingleses, que crearon como nadie su propia historia, también inventaron la de los demás. Llegaron a Londres noticias de que habían tomado Cartagena y se acuñaron medallas conmemorativas de la victoria que nunca existió y que mostraban, ante un arrogante Vernon, la silueta de Lezohumillado y arrodillado, cosa del todo imposible porque la pata de palo le habría impedido tal pose. Eso y que no era un tipo de los que se doblegan. A Vernon le levantaron un monumento en la Abadía de Westminster, panteón de los héroes británicos, donde todavía hoy, en un brillante ejercicio de neolengua, puede leerse que "en Cartagena conquistó la victoria hasta el punto en que la fuerza naval puede llegar". O sea, que no conquistó nada. Blas de Lezo había evitado la pérdida del imperio español en América. De no haber sido por él, Hispanoamérica sería Angloamérica y se hablaría inglés. Españoles e ingleses anduvimos siglos a la greña porque estábamos de acuerdo en algo: los dos queríamos América. La conservamos de milagro o, más exactamente, por las agallas de un hombre solo, de este vasco insumergible que en el agua tenía los reflejos de un delfín y en tierra se movía con la torpeza de un tullido, porque fue dejando en cada batalla un pedazo de su cuerpo a cambio de unas migajas de gloria. Pero no le salió gratis aquella última victoria porque quedó malherido. El 7 de septiembre de 1741, a las ocho de la mañana, en un jergón de un hospital de Cartagena de Indias, el marino más intrépido que vieron los siete mares y todos los siglos abandonó este mundo en medio de la peste y de la amnesia general. El maltrecho cuerpo del lobo de mar, que había capturado más de 60 buques de todos los pabellones y había evitado la pérdida de un Imperio, fue enterrado en algún lugar ignoto y sin honores.

RODRIGO DE BASTIDAS Conquistador español nacido en Sevilla hacia el año de 1445, descubridor de las costas de Colombia y parte de su territorio, así como de las de Panamá. En octubre de 1500 zarpó desde Cádiz hacia América, siguiendo las huellas de Cristóbal Colón. Reunió en esta expedición a expertos navegantes como Vasco Núñez de Balboa y Juan de la Cosa, cartógrafo que ya había viajado con Alonso de Ojeda en 1499.

Los exploradores recorrieron las costas de Venezuela hasta el cabo de La Vela, que era el límite de la provincia venezolana. Continuando hacia el Oeste, Bastidas descubrió las costas de la actual Colombia, las bahías de Santa Marta, Cartagena y Cispatá, así como la desembocadura del río Magdalena. Fue el primero en penetrar hacia la sierra Nevada de Santa Marta. Con ánimo de seguir explorando, atravesó el golfo de Urabá y descubrió las costas del istmo de Panamá, recorriendo los puertos de Retrete y Nombre de Dios.

Bastidas encontró gran cantidad de oro en sus incursiones por estos nuevos territorios, pero al regresar a Santo Domingo, a finales de 1501, el barco naufragó y perdió parte del oro que transportaba. Francisco de Bobadilla, el mismo que se llevó encadenado a Colón, procesó a Bastidas, quien resultó absuelto al llegar a España en septiembre de 1502 y recibió una pensión vitalicia sobre los productos de Urabá y Cenú. Incansable, obtuvo nueva capitulación (6 de noviembre de 1524) para fundar una ciudad entre el Cabo de la Vela y el río Magdalena.

Fue así como fundó en 1525 Santa Marta, la primera ciudad establecida en Colombia. Se le tiene como hombre bondadoso con los indígenas; sin embargo, uno de sus hombres intentó asesinarlo; herido, viajó a Santiago de Cuba, donde murió en 1527. Su hijo, también llamado Rodrigo de Bastidas, fue el primer obispo de Venezuela. La imagen contigua muestra la placa que luce la que se dice fue la casa de este ilustro navegante español en Santo Domingo.

 

 

RAMÓN MARQUET, VICEALMIRANTE CATALAN DEL SIGLO XIII: No se crea que la historia de la navegación y de los grandes navegates de España comienzan con el descubrimiento de América; muchos años antes el Mediterráneo era el ámbito geográfico de importantes gestas debidas a grandes marinos. De familia de navieros y mercaderes, Ramón Marquet fue hombre de confianza de los reyes Jaime I y Pedro el Grande. Junto con Berenguer Malloll organizó la expedición naval de 1282 a Barbería (África del Norte) y a Sicilia, que inició la expansión aragonesa por tierras italianas. Armador e intendente excepcional, destacó también como marino de guerra en la batalla de las islas Formigues, en 1285, que significó el descalabro de la flota francesa. Supo aprovechar al máximo el papel de los ballesteros catalanes (de habilidad reconocida mundialmente) en los combates navales.

 ROGER DE LAURIA: Gran almirante de la Corona de Aragón en los siglos XIII y XIV. Se crió en la corte del rey Pedro el Grande de Aragón. Acompañó al monarca en sus expediciones a Barbería (África del Norte) y a Sicilia en 1282. Nombrado almirante al año siguiente, derrotó a sus enemigos en todos los combates en los que tomó parte, tanto franceses como provenzales o sarracenos. Sus victorias en Malta, en el golfo de Nápoles (donde hizo prisionero al príncipe de Salerno ) y en Rosas fueron famosas en su tiempo. Destacó por sus dotes de táctico y de estratega. Las crónicas de Muntaner y de Desclot nos dan puntual noticia de sus hazañas, entre ellas, la afirmación de que «ningún pez osaría nadar por el Mediterráneo si no llevaba en la Cola la señal del rey de Aragón ». Quiso ser enterrado al pie de la tumba de su señor, el rey Pedro el Grande, en el monasterio catalán de Santes Creus.

PEDRO FERNÁNDEZ DE QUIRÓS, (1565-1615): Después de volver a puerto con la fracasada expedición de Mendaña, Pedro Fernández de Quirós zarpó del puerto de El Callao (Perú) con tres navíos en diciembre de 1605. El viaje fue un fracaso ya que sólo se descubrió el archipiélago del Espíritu Santo o Nuevas Hébridas. Quirós bautizó a estas islas con el nombre de Australia del Espíritu Santo pensando que había descubierto el quinto continente. A pesar de no ser así, lo curioso es que la moderna Australia debe su nombre a la casa de Austria, en cuyo honor Quirós puso el nombre. Durante el viaje de regreso se separaron dos naves al mando de Luis Váez de Torres debido al mal tiempo.

 NARCIS MONTURIOL, (1819-1885): Inventor, político y publicista catalán. Destacó en las luchas políticas del siglo XIX como idealista convencido de un nuevo orden social, republicano y comunista, contrario a toda violencia. Para fomentar la pesca del coral y evitar el sufrimiento de los pescadores, inventó una nave submarina, el Ictíneo, que navegó por debajo del agua en 1859. Para perfeccionarla fundó la sociedad mercantil «La navegación submarina », primera en el mundo de su especialidad. El segundo modelo de Ictíneo, muy perfeccionado, tuvo aplicaciones militares y constituye una importante contribución a la historia de la navegación submarina: supo resolver el problema de la respiración en inmersión y el de un nuevo motor marino. La incomprensión de los medios oficiales determinó el abandono de sus proyectos, que supo reflejar en una importante memoria: «Ensayo sobre el arte de navegar por debajo del agua », escrita en 1869.