GALERÍA DE MARINOS, MARINOS ILUSTRES, NAVEGADORES, NAVEGANTES, DESCUBRIDORES, CONQUISTADORES Y OTRA ESFORZADA GENTE

GALERÍA DE MARINOS, NAVEGANTES,DESCUBRIDORES,CONQUISTADORES Y OTRA ESFORZADA GENTE

Alejandro (Alessandro) Malaspina

Alonso de Ojeda

Alonso Valiente

Alvaro de Bazán

Alvaro de Mendaña

Alvar Nuñez Cabeza de Vaca

Américo Vespucio

Antonio Barceló

Antonio de Escaño

Antonio de Ulloa y de la Torre

Baltasar Hidalgo de Cisneros y de la Torre

Blas de Lezo Olavarrieta

Bernal Díaz del Castillo

Bernardo de Gálvez

Casto Mendez Nuñez

Cayetano Valdés y Flores Bazán y Peón

Cosme Damián Churruca y Elorza

Cristóbal Colón

Diego de Almagro

Diego de Losada

Dionisio Alcalá Galiano

Domingo Martinez de Irala

Domingo Perez de Grandallana y Sierra

Esteban de Mari Centurión, Marques de Mari

Fadrique Alvarez de Toledo Mendoza

Federico Gravina y Nápoli

Felipe Bauzá y Cañas

Fernando de Magallanes

Fernandez Enciso

Francisco Alsedo y Bustamante

Francisco Javier Winthuyssen y Pineda

Francisco de Orellana

Francisco Pizarro

Francisco Vázquez de Coronado

Gabriel Ciscar y Ciscar

Gabriel de Aristizabal y Espinosa

Gonzalo Jiménez de Quesada

Hernán Cortés

Ignacio María de Álava y Saenz de Navarrete

Inés de Suarez

Isaac Peral

Jorge Juan y Santacilia

José Joaquín de Bustamante y Guerra

José Cipriano Antonio de Cordova-Lasso de Vega y Ramos de Garay

José de Mazarredo Salazar

Joaquín Gutierrez de Rubalcaba y Casal

José Joaquín Romero y Fernández Landa

José María Bustillo y Gómez de Barreda

José Mendoza y Ríos

José Sánchez Cerquero

Juán Bautista Topete y Viaña

Juán de Garay

Juán de La Cosa

Juan Diaz de Solis

Juan Francisco de la Bodega y Cuadra

Juan Gutiérrez de la Concha

Juan José Ruiz de Apodaca y Eliza, Conde del Venadito

Juan Ponce de León

Juan Sebastián de Elcano

Juán Vázquez de Coronado

Juan van Halen y Sartí

Lope de Aguirre

Lorenzo Bernal del Mercado

Luis de Cordova y Cordova Laso de la Vega

Luis de Velasco e Isla

Manuel Deschamps Martínez

Juán José Navarro y Búfalo (Marqués de la Victoria)

Martín Alonso Yáñez Pinzón

Miguel López de Legazpi

Narcis Monturiol

Ñuflo de Chavez

Pánfilo de Narváez

Pascual Cervera y Topete

Patricio Montojo y Pasarón

Pedro de Alvarado

Pedro de Valdivia

Pedro Fernandez de Quirós

Pedro Menéndez de Avilés

Ramón Marquet

Rodrigo de Bastidas

Roger de Flor

Roger de Lauria

Rui Lopez de Villalobos

Vasco Nuñez de Balboa

Santiago de Liniers y Bremón

Sebastián de Belalcázar

Sebastian Caboto

Vicente Tofiño y San Miguel

Vicente Yañez Pinzón

Zenón de Somadevilla y Bengoechea (Marqués de la Ensenada)

 

CRISTOBAL COLON: Cristóbal Colón nació hacia 1451 y murió en 1506, aunque era de origen genovés, realizó todas sus hazañas al servicio de los Reyes de España y de ellos recibió todos los honores porlo que puede y debe ser considerado español.. Colón fue el artífuce de una de las mayores hazañas nunca realizadas por el hombre: el descubrimiento del Nuevo Mundo el 12 de octubre de 1492. .


Cristóbal Colón nació el año 1451 en Génova. Algunos autores, sin embargo, defienden que era catalán, mallorquín, judío, gallego, castellano, extremeño, corso, francés, inglés, griego y hasta suizo. Siguiendo la tesis genovesa, sus padres fueron Doménico Colombo, maestro tejedor, lanero o tabernero, y Susana Fontanarrosa. De los cinco hijos del matrimonio, dos, Cristóbal y Bartolomé, tuvieron pronto vocación marinera; el tercero fue Giacomo (Diego Colón), que aprendió el oficio de tejedor; y de los dos restantes, Giovanni murió pronto, y la única mujer no dejó rastro. Recordando estos primeros años, Cristóbal escribía en 1501: "De muy pequeña edad entré en la mar navegando, e lo he continuado hasta hoy... Ya pasan de cuarenta años que yo voy en este uso. Todo lo que hasta hoy se navega, todo lo he andado".


El aprendizaje colombino se debió hacer en galeras genovesas primero, como grumete; como marinero, desde los 15 años, y con mando en barco desde los 20 o 22 años. Entre 1470 y 1476 recorrió todas las rutas comerciales importantes del Mediterráneo, desde Quíos, en el Egeo, hasta la península Ibérica, al servicio de las más importantes firmas genovesas. También participó en empresas bélicas, como el enfrentamiento entre Renato de Anjou y el rey de Aragón, Juan II, por la sucesión a la Corona de Nápoles. Se afirma que, al amparo de tantas guerras y conflictos como entonces había, ejerció de corsario, actividad muy lucrativa y reconocida hasta en los tratados internacionales de la época..

 
Según cronistas contemporáneos, Colón llegó a las costas del sur de Portugal (Lagos), cerca de Sagres, tras un durísimo combate naval acaecido cerca del cabo de San Vicente, el 13 de agosto de 1476. Incendiado su barco, Colón salvó su vida agarrándose a un remo y nadando hasta la costa. Empezaba la estancia colombina en Portugal, que duró casi diez años, tan importantes y decisivos como misteriosos. Fue en el pequeño reino ibérico, y de la mano de portugueses, donde aprendió a conocer el océano, a frecuentar las rutas comerciales que iban desde Islandia a Madeira, a tomar contacto con la navegación de altura, con los vientos y corrientes atlánticos y a navegar hasta Guinea. Dicen los cronistas que Colón, una vez repuesto, marchó de Lagos a Lisboa, donde se dedicó al comercio. En 1477 viajó hasta Inglaterra e Islandia, y en 1478 se movía entre Lisboa y el archipiélago de Madeira con cargamentos de azúcar. Hacia 1480, parece que se casó con Felipa Moñiz, quien le ayudó a acreditarse y restaurarse y a moverse como vecino y cuasi natural de Portugal. De este matrimonio, nació hacia 1482 en la isla de Porto Santo, del archipiélago de Madeira, su sucesor Diego Colón.

 
Hay grandes indicios y alguna prueba razonable, como el preámbulo de las Capitulaciones, de que Colón, cuando elaboró su plan descubridor, sabía más de lo que decía. Tal convencimiento, que se extendió ya desde el principio entre los primeros pobladores y cronistas, se corresponde con el llamado "Predescubrimiento de América". Parece que, entre los años 1477 y 1482, en que Colón no dejó de realizar frecuentes viajes a las islas Madeira, Azores y Canarias, algo trascendental, que él califica de "milagro evidentísimo", le sucedió, si hacemos caso a sus palabras: "Me abrió Nuestro Señor el entendimiento con mano palpable a que era hacedero navegar de aquí a las Indias, y me abrió la voluntad para la ejecución de ello. Y con este fuego vine a Vuestras Altezas".

Los defensores del predescubrimiento de América sostienen que ese algo trascendental, repentino y milagroso que le sucede a Colón en cualquier momento de estos años fue que alguien, con conocimiento de lo que decía, le informó de la existencia de unas tierras al otro lado del océano. Tal información aportaba detalles bastante ajustados sobre algunas islas y sus naturales, sobre ciertos parajes y, especialmente, acerca de las distancias. Ese alguien fue, según unos, un piloto portugués o castellano (la conocida como "leyenda del piloto anónimo") que al regresar de Guinea se vio impulsado por alguna tormenta hasta las Antillas. Tras un tiempo allí, regresó, se encontró con Colón, le informó y murió. Según otra teoría, la información colombina procedería, no de un europeo, sino de algún grupo indígena que en un desplazamiento por las Antillas se vio obligado a desviarse océano adentro hasta encontrarse con Colón. Ambas teorías coinciden en señalar que tal encuentro debió producirse a bastantes leguas al Oeste de las Canarias, Azores o Madeira, en una zona que por aquel entonces frecuentaba. Cristóbal Colón se sintió elegido por la Providencia para descubrir aquellas tierras, y, a partir de ahí, comenzó a elaborar su proyecto, sabiendo que la mayor dificultad que iba a tener era cómo articularlo teóricamente para defenderlo ante los mayores expertos del momento: portugueses y castellanos.

 
Por los años 1480-1482, Cristóbal Colón era un buen navegante, un hombre práctico y autodidacta, pero carecía de ciencias y saberes teóricos: "En la marinería me hizo abundoso; de astrología me dio lo que abastaba, y ansí de geometría y aritmética". Para elaborar su plan descubridor, Colón, que era más medieval que moderno, y se sentía instrumento de la Providencia, utilizó varias fuentes informativas: la Historia rerum ubique gestarum del papa Pío II; la Imago Mundi del cardenal francés Pierre d'Ailly; y la Correspondencia y Mapa que, en 1474, el sabio florentino Paolo del Pozzo Toscanelli había hecho llegar al rey de Portugal a través de su amigo, el canónigo lisboeta Fernando Martins.


De las dos primeras obras, que eran como enciclopedias del saber del momento y que estudió muy detenidamente, como demuestran las casi 1.800 apostillas o anotaciones al margen, extrajo referencias muy concretas sobre parajes bíblicos, situados en el fin del Oriente, como el Paraíso Terrenal, los Jardines del Edén, Tarsis y Ofir, el reino de Saba, los montes de Sophora, la isla de las Amazonas, que pronto situaría en distintas zonas de las Indias, porque para él allí estaba el extremo de Asia. De Toscanelli, que seguía a Marco Polo, recogió Colón todo lo relativo al gran kan, a la tierra firme asiática (Catay, Mangi y Ciamba) y sobre todo al Cipango, isla distante 1.500 millas del Continente y famosa por su riqueza. Sin embargo, hay un punto en el que Colón discrepaba del sabio florentino: las distancias entre ambos extremos del Océano. Toscanelli asignaba al mismo 120 grados de la esfera terrestre (casi el doble de la que en realidad tiene), y, aunque situaba algunas islas en el camino, la empresa resultaba muy arriesgada. Por esta razón, los portugueses, tras estudiar el plan, lo rechazaron y archivaron. Colón, sin embargo, sabía que, en el capítulo de las distancias, Toscanelli estaba equivocado: al empezar el viaje descubridor, anunció que las primeras tierras se encontrarían a 800 leguas de las islas Canarias.

Para defender su proyecto ante los expertos, tenía que entrar en mediciones sobre el grado y la esfera terrestres. Coincide con Alfragano: 1 grado = 56 millas y 2/3 (milla árabe de casi 2.000 metros); por tanto, la circunferencia del ecuador era igual a 20.400 millas. Esto daría 40.000 kilómetros para la circunferencia del ecuador (prácticamente la medida real). Sin embargo, Colón achica la esfera terrestre y da al ecuador una medida de unos 30.000 kilómetros, es decir una cuarta parte menos, porque está manejando la milla itálica, de unos 1500 metros. Hacia 1483 o 1484 defendió este proyecto ante los portugueses, que lo rechazaron. De mediciones, cálculos y Toscanelli, ellos sabían más que Colón. No les aportaba nada nuevo y además exigía mucho.

 
A finales de 1484 o principios de 1485 dejó Portugal lo más secretamente que pudo y entró en Castilla: "Siete años estuve yo en su real corte, que a cuantos se habló de esta empresa todos a una dijeron que era burla", recordaría después. Tras arribar con su hijo Diego a algún puerto del golfo de Cádiz, quizá Palos de la Frontera, visitó el monasterio franciscano de Santa María de La Rábida, en donde siempre halló Colón ayuda material, amigos y conversación.

El 20 de enero de 1486, los Reyes Católicos recibieron por primera vez a Colón en Alcalá de Henares (Madrid), y a continuación nombraron una junta de expertos para valorar el proyecto colombino. La voz de la ciencia, al igual que en Portugal, le fue contraria.

A pesar de que muchos no daban crédito a lo que prometía, nunca faltaron protectores a Colón. Algunos de los más constantes fueron frailes con influencia ante los Reyes, como el incondicional, buen astrólogo y entendido en navegación, fray Antonio de Marchena. Otro religioso influyente, maestro del príncipe don Juan, y siempre favorable a Colón fue fray Diego de Deza. Es posible que el futuro descubridor revelase a ambos sus conocimientos en secreto de confesión. Un tercer religioso, decisivo en 1491 y 1492, fue el fraile de La Rábida, Juan Pérez. En la última fase de la negociación, además de hombres de religión, el genovés contó con el apoyo de algunos cortesanos distinguidos, como fue el caso de Luis de Santángel, Juan Cabrero o Gabriel Sánchez.

Entre los años de 1487 y 1488, mientras esperaba en Córdoba la decisión de los Monarcas, conoció a Beatriz Enríquez de Arana, una joven de humilde procedencia, que el 15 de agosto de 1488 le dio un hijo: Hernando Colón. Para hacer frente a sus necesidades, trabajó con sus manos pintando mapas de marear o portulanos que vendía después a los navegantes, e hizo de mercader de libros de estampa. En 1488, invitado sorprendentemente por el rey portugués Juan II, parece que hizo un viaje rápido a Portugal. Poco después, se movía por Andalucía y visitaba a los duques de Medinasidonia y a los de Medinaceli, mientras llegaba a su fin la guerra de Granada, que tenía ocupados a los Reyes Católicos.

 
Después de muchas tentativas de que intercediera favorablemente de nuevo el monasterio de La Rábida y fray Juan Pérez, los Reyes Católicos, en un acto personal, no científico, decidieron respaldar el plan colombino. El 17 de abril de 1492 se firmaron las Capitulaciones de Santa Fe o documento-contrato, que estipulaba las condiciones en que Cristóbal Colón haría el viaje descubridor. El documento tiene dos partes, un preámbulo sorprendente que dice así: "Vuestras Altezas dan e otorgan a don Cristóbal Colón en alguna satisfacción de la que ha descubierto en las Mares Océanas y del viaje que agora, con el ayuda de Dios ha de fazer por ellas en servicio de Vuestras Altezas, son las que se siguen". Ese "ha descubierto" es, para los partidarios de la teoría del Predescubrimiento, la prueba documental decisiva, ya que Colón se atribuye, antes de 1492, descubrimientos en el océano que ahora transfiere a los Reyes Católicos, en virtud de lo cual estos le corresponden dándole una serie de privilegios, que forman la segunda parte del documento:

1º) El oficio de almirante de la Mar Océana, vitalicio y hereditario, en todo lo que descubra o gane, y según el modelo del almirante mayor de Castilla.

2º) Los oficios de virrey y gobernador en todo lo que él descubra o gane. No se habla de hereditariedad. Para cubrir los cargos en las Indias, puede proponer terna a los reyes para que estos escojan.

3º) La décima parte de todas las ganancias que se obtengan en su almirantazgo.

4º) Que todos los pleitos relacionados con las nuevas tierras los pueda resolver él o sus justicias. Este punto nunca se cumplió porque estaba condicionado a los precedentes castellanos.

5º) El derecho a participar con la octava parte de los gastos de cualquier armada, recibiendo a cambio la octava parte de los beneficios.

Con este documento capital y otras mercedes, se dirigió a la villa de Palos a preparar la flota descubridora.

 
Tres embarcaciones, Pinta, Niña y Santa María; un presupuesto de unos dos millones de maravedises; y alrededor de 90 hombres, reclutados con la ayuda inestimable de los hermanos Martín Alonso y Vicente Yáñez Pinzón, formaron la flota descubridora más trascendental de la historia. El 2 de agosto de 1492, Cristóbal Colón mandó embarcar a toda su gente, y al día siguiente, antes de salir el sol, dejaba el puerto de Palos.


La primera escala fueron las Canarias, donde tuvieron que arreglar el timón de la Pinta. El 6 de septiembre con el alisio ventando a favor, Colón marcó rumbo al oeste. Comenzaba la gran travesía. Su objetivo era el Cipango (la actual India), y advirtió a la tripulación que nadie se inquietase hasta haber navegado 700 leguas. A partir de esa distancia, no habría que navegar por la noche. Por si fallaba algo, sin embargo, decidió llevar dos cuentas sobre las distancias recorridas: una secreta o verdadera (sólo para él), y otra pública o falsa, en la que contaría de menos. El día 13 de septiembre, descubrió la declinación magnética de la tierra; y el 16 llegaron al mar de los Sargazos. A partir del 1 de octubre se da cuenta de que algo falla. El 6, ya han sobrepasado las 800 leguas y no hay indicios de tierra. Durante la noche del 6 al 7 de octubre, se produjo el primer motín entre los marineros de la Santa María. Los hermanos Pinzón apoyaron a Colón y lo sofocaron. Sin embargo, en la noche del 9 al 10 de octubre el malestar se extendió a todos, incluidos los propios Pinzón. Acordaron navegar tres días más y al cabo de ese tiempo si no encontraban tierra regresarían. No hizo falta: en la noche del 11 al 12 de octubre el marinero Rodrigo de Triana lanzó el grito esperado: "¡tierra!".


Al día siguiente desembarcaron en la isla de Guanahaní (que ellos bautizaron como San Salvador), actual isla de Watling, en el archipiélago de las Bahamas, y tomaron posesión de la nueva tierra en nombre de los Reyes Católicos. El 28 de octubre, arribaron a Cuba, y el 21 de noviembre se apartó de la flota Martín Alonso Pinzón. El 6 de diciembre llegaron a la isla de La Española; y el 24 encalló la Santa María, con cuyos restos y la ayuda del cacique de la zona, Guacanagarí, construyeron el fuerte de la Navidad. Tras dejar a 39 españoles ahí, siguieron la costa, encontraron a Martín Alonso Pinzón (6 de enero), y navegaron hasta la costa de Samaná. Desde esta zona, el 16 de enero de 1493, el almirante dio la orden de regresar a España. El viaje fue tranquilo hasta llegar a las Azores, donde sobrevino una fuerte tormenta (12-15 de febrero) que forzó a la Pinta a separarse del almirante y arribar a Bayona (Pontevedra). Otra tempestad, cerca de Lisboa (4 de marzo) obligó al descubridor a desembarcar en Portugal. El 15 de marzo, don Cristóbal, al mando de la Niña, entraba triunfal en Palos. Martín Alonso lo hacía con la carabela Pinta pocas horas después. Llegaba muy enfermo, y a los pocos días murió. Tras el éxito descubridor, don Cristóbal informó a los Reyes, que estaban en Barcelona, se dirigió a su encuentro y fue recibido por ellos con todos los honores. Para anunciar el acontecimiento a toda la Cristiandad, escribió la famosa Carta de Colón.

El 25 de septiembre de 1493, el almirante zarpó de Cádiz al mando de 17 navíos y unos 1.200 hombres, portando las primeras simientes y ganados. Al salir de las Canarias, Colón puso rumbo más al sur que en el primer viaje para llegar al paraje que denominó la entrada de las Indias, en las pequeñas Antillas. Después de descubrir la isla de Puerto Rico, llegó hasta el fuerte de la Navidad y comprobó que había sido destruido y los españoles muertos. Fundó la primera ciudad de América, la Isabela. Recorrió la costa sur de Cuba, llegó a Jamaica, y a finales de 1494 descubría América del Sur (Cumaná), aunque lo ocultó hasta el tercer viaje. Comenzaba el poblamiento de La Española, las diferencias entre españoles y los levantamientos de los indios. A partir de 1495 empezaba el desprestigio del Nuevo Mundo, siendo el grito más escuchado entre españoles: "Así Dios me lleve a Castilla". El 11 de junio de 1496 arribó a Cádiz con la intención de contrarrestar la mala propaganda de las Indias. Llegaba vestido con un sayal de fraile franciscano.

Costó mucho organizar la tercera flota colombina. Las Indias ya no atraían tanto y faltaban tripulantes. Incluso se dio poder a Colón para que embarcara a delincuentes. Ocho navíos y 226 tripulantes componían la flota, que dejó Sanlúcar de Barrameda entre febrero y el 30 de mayo de 1498. Desde Canarias, siguió a Cabo Verde y una latitud más al sur que las anteriores navegaciones, lo que le hizo sufrir una zona de calmas. Descubrió la isla de Trinidad; recorrió la costa de Paria, donde situó solemnemente el entorno del Paraíso Terrenal. Camino de La Española divisó la isla Margarita, donde se pescaban las perlas, para llegar el 20 de agosto a la nueva capital de las Indias, Santo Domingo.

La situación en que encontró a la colonia era grave: la mayoría de los españoles, encabezados por Francisco Roldán, se había rebelado contra la autoridad de los Colón. La llegada del virrey no resolvió el problema. Las quejas contra la familia Colón, agravadas con algún que otro proceder dudoso del Almirante, como ocultar el criadero de perlas de Margarita y Cubagua, llegaron a la corte y los reyes decidieron destituirlo. El 23 de agosto de 1500, Francisco de Bobadilla entraba en el puerto de Santo Domingo para sustituir al virrey y gobernador. Hubo cierta resistencia por parte de los Colón, lo que explica algo la dureza de Bobadilla. A primeros de octubre de 1500, Cristóbal, Bartolomé y Diego Colón regresaban a España cargados de cadenas.


Los monarcas sintieron el mal trato dado a su almirante, algo lo desagraviaron, pero no lo repusieron en sus oficios perdidos. Prometieron que lo harían, mientras le encargaban el cuarto viaje. Con cuatro navíos y 150 hombres partió de Cádiz el 11 de mayo de 1502. El objetivo era encontrar un paso que permitiera llegar a la Especiería ya que Colón seguía creyendo que la zona antillana era la antesala de Asia. Para atravesar el Océano, siguió una ruta parecida al segundo viaje. Llevaba orden de no detenerse en Santo Domingo. Atravesó el Caribe hasta el cabo de Honduras; siguió hasta el de Gracias a Dios y recorrió la costa de Panamá. No encontró lo que buscaba: ni paso, ni oro, ni especias, pero en cambio sí tuvo muchas penalidades y sufrió la pérdida de dos barcos. El 1 de mayo de 1503 ponía rumbo a La Española, pero se vio obligado a recalar en Jamaica, en la bahía de Santa Ana, donde tuvo que encallar los dos barcos y esperar. La hazaña de Diego Méndez y Bartolomé Fiesco logrando llegar en dos canoas desde Jamaica a La Española logró salvarlos. El 28 de junio de 1504, dejaban Jamaica y el 12 de septiembre, en dos navíos, se dirigían a España. Después de arribar a Sanlúcar de Barrameda el 7 de noviembre de 1504, fracasado y enfermo, siguió hasta la corte y reclamó infructuosamente sus derechos. Murió el 20 de mayo de 1506 en Valladolid.

FERNANDO DE MAGALLANES (c. 1480-1521), navegante de origen portugués, con grandes conocimientos de náutica y cartografía, inició la expedición que dio la primera vuelta al mundo y descubrió el estrecho austral que lleva su nombre. Nació en las cercanías de Oporto hacia 1480, en el seno de una familia solariega. Educado en la corte portuguesa, donde aprendió geografía y náutica, en 1505 se embarcó en la expedición de Francisco de Almeida a la India y allí obtuvo informes acerca de las islas Molucas (conocidas como islas de las Especias o Especiería). De nuevo en Portugal, participó en la campaña del norte de África (1513), donde resultó herido.

Caído en desgracia en la corte de Manuel I el Afortunado de Portugal, Magallanes llegó a Sevilla en 1517 con el cosmógrafo Rui Faleiro. Convencido de que las Molucas estaban situadas dentro de la demarcación española que había fijado el Tratado de Tordesillas (1494), ofreció al rey de España Carlos I (V del Sacro Imperio) los proyectos para explorar oriente que el rey portugués había rechazado. Su propuesta era llegar a las islas de las Especias por una ruta occidental de jurisdicción española, a través de un paso o estrecho por el sur de Sudamérica, evitando así entrar en los dominios portugueses. Aprobado el proyecto, se firmó una capitulación el 22 de marzo de 1518 en Valladolid, por la que se nombró a Magallanes capitán general de la Armada y gobernador de todas las tierras que encontrara.

El 10 de agosto de 1519 Magallanes partió de Sevilla hacia la Especiería con cinco naves: la Trinidad, nave capitana; la Concepción, con Juan Sebastián Elcano como contramaestre; la San Antonio, la Santiago y la Victoria, que fue la única que regresó a España, y unos 250 hombres, entre los que figuraba Antonio de Pigafetta, cronista del viaje. Durante más de un mes permanecieron en el puerto de Sanlúcar de Barrameda, y por fin el 20 de septiembre de 1519 Magallanes puso rumbo a Sudamérica. Tras aprovisionarse en el archipiélago de las islas Canarias, y luego de entrar en la bahía de Río de Janeiro y explorar el estuario del Plata, el 31 de marzo de 1520 llegaron a la bahía de San Julián, donde invernaron cerca de cinco meses. Allí Magallanes hubo de sofocar un motín y perder dos naves: la Santiago en labores de exploración y la San Antonio que desertó.

Iniciada la navegación, el 21 de octubre entraron en el deseado estrecho, al que Magallanes llamó de Todos los Santos, y salieron al océano Pacífico el 28 de noviembre. Ascendieron por la costa chilena hasta colocarse sobre los 32º de latitud S, desde donde viraron hacia el Oeste y penetraron en el océano Pacífico. Durante tres meses navegaron sin provisiones frescas ni agua y con la tripulación padeciendo escorbuto, hasta que el 24 de enero de 1521 llegaron a las islas Marianas, que llamaron de los Ladrones, donde se aprovisionaron. Luego alcanzaron las islas Visayas (16 de marzo) que llamaron de San Lázaro, situadas en el centro del archipiélago de las más tarde conocidas como islas Filipinas. En la isla de Cebú, Magallanes estableció la primera alianza española, pero al morir durante un combate con los indígenas liderados por el cacique Lapu-Lapu en la isla de Mactán, el 27 de abril, no pudo completar la hazaña de dar la primera vuelta al mundo. La expedición se dirigió a las Molucas y tras quedarse con una sola nave, la Victoria, al mando de Elcano, llegó a España el 6 de septiembre de 1522, con 18 supervivientes y cargada de especias.

JUAN SEBASTIÁN DE ELCANO (1476-1526), navegante y descubridor español que consiguió dar la primera vuelta al mundo y demostrar así la esfericidad de la Tierra. Elcano nació en Guetaria (Guipúzcoa). Enrolado desde su juventud en barcos pesqueros y comerciales, tenía una gran experiencia marinera. En 1509 tomó parte en la expedición militar dirigida por el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros contra Argel. A su regreso se estableció en Sevilla, donde tuvo conocimiento del proyecto del portugués Fernando de Magallanes para descubrir una ruta por occidente, a través de un paso o estrecho por el sur de América, que llevara a las islas de las especias sin atravesar por dominios portugueses.

Elcano se alistó en 1519 como contramaestre de la nave Concepción con la expedición de Magallanes. Con toda la Armada, cruzó el océano Atlántico y se dirigió a Sudamérica. Invernó en la bahía de San Julián, en la Patagonia, donde hubo un intento de sublevación cuya causa apoyó Elcano. El 21 de octubre de 1520 se adentraron en el deseado estrecho al que Magallanes bautizó de Todos los Santos. El 28 de noviembre salieron al mar del Sur, al que denominaron con el nombre de mar Pacífico o mar de las Damas por los suaves vientos alisios que soplaban. Por él navegaron durante tres meses en condiciones calamitosas al carecer la tripulación de agua y provisiones frescas y, en consecuencia, padecieron de escorbuto. El 24 de enero de 1521 llegaron a las islas Marianas o de los Ladrones. Muerto Magallanes en las Filipinas, Elcano, al mando de la expedición, se dirigió a las Molucas, a donde llegó a finales de 1521. Allí, en la isla de Tidore, cargó un importante cargamento de especias, con lo que se cumplió el objetivo del viaje. La proximidad de los portugueses, dueños comerciales de la zona, le hizo poner rumbo al oeste. Arribó a la isla de Timor (1522) donde supo de la existencia de otras tierras e islas, las actuales China, Java e Indonesia. Ya sólo con la nave Victoria cruzó el océano Índico, dobló el cabo de Buena Esperanza (mayo de 1522) en el sur de África y, poniendo rumbo al norte, llegaron a las islas de Cabo Verde, que pertenecían a la Corona portuguesa. Aquí supieron que llevaban un día de retraso como consecuencia de haber navegado de Este a Oeste, dando la vuelta a la Tierra. Por fin, después de tres años y catorce días de navegación, el 6 de septiembre de 1522 la expedición al mando de Elcano, tras recorrer 14.000 leguas, entraba en el Puerto de Santa María con sólo 18 hombres y la nave Victoria, la única que quedaba, cargada de especias. El emperador Carlos V (Carlos I de España) recibió a los supervivientes en Valladolid y concedió a Elcano una renta anual de 500 ducados en oro y un escudo de armas, cuya cimera era un globo terráqueo con la leyenda Primus circumdedisti me (El primero que me rodeaste). En un segundo viaje a las Molucas, Elcano murió el 4 de agosto de 1526 durante la travesía del Pacífico.

MANUEL DESCHAMPS MARTINEZ: El capitán de la Marina Mercante Manuel Deschamps Martínez nació en La Coruña en 1853 y murió en Canet de Mar (Barcelona) en 1923, tras una dilatada hoja de servicios a bordo de los más famosos buques de la época. Poco antes de la declaración de guerra entre Estados Unidos y España, Manuel Deschamps, al mando del vapor Montserrat, de la Compañía Trasatlántica, salió de Cádiz el 10 de abril de 1898 (dos días más tarde de la salida de Cervera con los cruceros Infanta María Teresa y Cristóbal Colón, con material de guerra, carga general, pasaje y correspondencia con destino inicial a las islas Canarias, para proseguir viaje a Cuba. Llevaba también a bordo 500 soldados y numeroso jefes y oficiales. A pocos se le ocultaba lo arriesgado de aquel viaje, iniciado en vísperas de la guerra y cuando era esperado de un momento a otro la ruptura de hostilidades, por lo que a la llegada a Canarias no pudo conocer nada concreto sobre la actitud de Estados Unidos y se hizo a la mar rumbo a la Martinica. Su misión, por tanto era muy delicada y sus responsabilidades inmensas. La captura del Montserrat por la escuadra norteamericana no hubiese constituido un vulgar apresamiento o un acto de piratería, sino que hubiese significado una pérdida muy importante en los prolegómenos de una guerra que respondía esencialmente a la suma y sigue de los desaciertos políticos.

El 22 de abril llegó el Montserrat a la Martinica y allí fue informado Deschamps de la declaración de guerra, por lo que aquella misma tarde salió para Cienfuegos, navegando con tal pericia que burló la línea de bloqueo impuesta por los americanos. Fondeó en Cienfuegos el 26 de abril y a los pocos momentos abrieron fuego sobre la plaza dos cañoneras yanquis, con el fin de impedir el desembarque del material del Montserrat. Deschamps había salvado todos los obstáculos, recorriendo la costa occidental de la isla de Cuba, pasando por frente de Mariel y Bahía Honda y continuando por el norte de la provincia de Pinar del Río, hasta dar la vuelta al cabo de San Antonio, y siguiendo inverso camino por la parte sur de la gran Antilla, dio el ancla en la bahía de Jagua, en la ciudad de Cienfuegos. Llamado a La Habana por el capitán general Ramón Blanco, Deschamps recibió órdenes de regresar a la Península, conduciendo pliegos de importancia para el gobierno, y de nuevo consiguió con habilidad burlar el bloqueo norteamericano. A última hora de la tarde del 6 de mayo salió el buque rumbo sur. Pasó entre los Caimanes y bancos del sur de Jamaica, desde donde se dirigió para pasar entre Guadalupe y Montserrat, poniendo rumbo a La Coruña, donde arribó el 20 de mayo. Por estas meritorias acciones el capitán Deschamps fue condecorado con la Cruz Roja del Mérito Naval, siéndole regalada la condecoración por la Reina Regente, Doña María Cristina, e imponiéndosela con toda solemnidad, en el ministerio de Marina, el jefe del Estado Mayor de la Armada, vicealmirante Butler. Toda la prensa española se hizo también eco de la recompensa marinera. (José Cervera Pery). El Capitán Deschamps es el único Marino Mercante enterrado en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando (Cádiz)

MIGUEL LOPEZ DE LEGAZPI ( 1500-1572), navegante vasco natural de Zumárraga es sin duda uno nde los mas grandes navegantes y conquistadores españoles de todos los tiempos a pesar de ser uno de los menos conocidos y celebrados en alguna época pasada, aunque afortunadamente en nuestros días parece que su persona y su obra son ya reconocidos con todos sus merecimientos. A el se debió la conquista del Pacífico, asi como la incorporación de la Islas Filipinas a la Corona de España.

Después del descubrimiento de las Filipinas por Magallanes y de un frustrado intento de colonizarlas a cargo de López de Villalobos, Felipe II decidió su conquista. Para ello se puso en contacto con fray Andrés de Urdaneta, que había participado con Elcano en la vuelta al mundo. Urdaneta puso como condición que al mando estuviera, como Capitán General, el Alcalde de la Ciudad de México, López de Legazpi.

La expedición, integrada por dos naos y tres petaches que embarcaron a 200 soldados, 150 marineros y 4 frailes, partió del Puerto de Navidad (Jalisco) el 21 de noviembre de 1564. Durante el viaje, en el que desertó uno de los petaches al mando de Alonso de Arellano, recalaron en las Islas de los Barbudos (Marshall ) y de los Ladrones (Marianas ). Permanecieron en cada una de los archipiélagos varios días y, en ese tiempo, los indígenas intentaron vender sus mercancías con toda clase de argucias y trampas: En los cestos de arroz sólo la primera capa era de grano, el resto era arena. Otro día desapareció parte del timón de uno de los buques. Legazpi ordenó a sus hombres pagar aunque hubiera engaño con el fin de evitar problemas.

La expedición de Legazpi avistó las Islas Filipinas el 15 de febrero de 1565. Era la isla de Ibabao. Después de explorar las Islas de Leyte y Samar, se dirigieron a Cebú, donde pereció Magallanes. El 27 de abril, después de disparar los cañones de los buques para prevenir incidentes, desembarcaron en la isla fundando la ciudad de San Miguel. A la nueva ciudad comenzaron a acudir nativos atraídos por la presencia de españoles, y varios jefes locales reconocieron a Felipe II como su soberano. Al igual que hiciera en las Marinas y las Marshall, Legazpi ordenó a sus tropas que respetaran a los indígenas y sus propiedades. Después de esto, y tras recibir refuerzos, se lanzó a la conquista de Luzón. En la bahía de Manila, sobre la ciudad prehispánica, fundó la capital del archipiélago español. Con mano firme pero amable, prefiriendo la negociación y la concordia frente a la fuerza, gobernó las Filipinas hasta su muerte.

Como colofón hay que decir que Fray Andrés de Urdaneta, después de la fundación de San Miguel, recibió orden de regresar a Méjico atravesando el Pacífico. Antes se había intentado 5 veces, todas infructuosas. Por fin Urdaneta arribó a Méjico tras 130 días de navegación estableciendo la que, hasta 1821, sería la ruta comercial entre Filipinas y el Virreinato de Nueva España.

 

MARTÍN ALONSO YÁÑEZ PINZÓN ( c. 1440-1493), navegante y descubridor español, uno de los principales protagonistas del primer viaje a América llevado a cabo por Cristóbal Colón. Nació en la localidad andaluza de Palos de la Frontera (Huelva) hacia 1440. Era el hijo mayor de una rica familia de larga tradición marinera, y propietario de un barco con el que hacía frecuentes viajes comerciales por los mares entonces navegables del Mediterráneo y del Atlántico. Junto con su hermano y socio Vicente Yáñez Pinzón, ejerció alguna vez de corsario, cosa por otro lado nada extraña.

En los años que precedieron al descubrimiento de América, no había en toda la comarca de la ría formada por la desembocadura común de los ríos Tinto y Odiel (Huelva) un armador y navegante más famoso que Martín Alonso Yáñez Pinzón, por lo que conseguir su apoyo y participación era imprescindible para el éxito de la empresa colombina. El encargado de convencerle para que acompañase a Colón fue el guardián del monasterio de La Rábida (enclavado en dicha comarca onubense), lo que hizo durante el verano de 1492. Cuando se propagó por toda la zona que Martín Alonso iba a participar en el viaje como capitán de la carabela Pinta y su hermano Vicente como capitán de la Niña, muchos amigos y familiares se enrolaron inmediatamente y pudieron completarse las tripulaciones. Dado que Colón era prácticamente desconocido, la sabiduría náutica y la experiencia marinera de los Pinzón eran el mejor aval.

Puesto en marcha el viaje descubridor, Martín Alonso asumió el mando de la Pinta y llevó consigo a su otro hermano Francisco como maestre. Su hermano Vicente iba como capitán de la carabela Niña. Durante la travesía, demostró sus habilidades de marinero, cuando resolvió el problema de la rotura del timón y pudo seguir navegando; así como sus dotes de mando, al imponer su autoridad a los amotinados vizcaínos y cántabros de la nao Santa María, entre el 6 y el 7 de octubre. Durante este percance, Martín Alonso amenazó con aplastar a cualquiera que se atreviera a amotinarse. En el siguiente motín, ya más serio, del 9 y 10 de octubre, cuando habían fallado ya todos los cálculos de distancias que había expuesto Colón, los que dudaron fueron los Pinzón. Éstos aplacaron los ánimos de la tripulación poniendo una condición a Colón: navegarían con el mismo rumbo tan sólo tres días más; si durante ese tiempo no encontraban tierra, volverían a España.

Tras el descubrimiento de las islas Lucayas (Bahamas), divisaron Cuba. Mientras recorrían la costa oriental de Cuba, Martín Alonso, al frente de la Pinta, abandonó al almirante el 21 de noviembre de 1492 y continuó navegando por su cuenta. Colón nunca se lo perdonó. El 6 de enero de 1493, se volvieron a encontrar en la costa norte de La Española. Las circunstancias y motivaciones de la deserción de Martín Alonso no están claras: quizá intentara descubrir por su cuenta el oro que tanto buscaban. Pero sea cual fuese la causa de la separación, aquí comenzaron sus desavenencias con Colón, que llegó a acusarle de traición. De nuevo juntos, emprendieron viaje de regreso a España en la Pinta y la Niña, pero una tormenta, no muy lejos de las Azores, las volvió a separar, y la Pinta llegó primera a Bayona, en las costas de Galicia, antes de que Colón arribara a Lisboa. Desde Bayona envió un informe a los Reyes Católicos de lo acontecido en el descubrimiento y se dirigió, ya gravemente enfermo, a Palos, donde entró, el 15 de marzo de 1493, pocas horas después de que lo hubiera hecho Colón.

Falleció alrededor del 31 de marzo de 1493, en el monasterio de La Rábida, donde fue llevado por sus familiares y, según un testigo, también enterrado. Esto sucedió pocos días después de su llegada a España, tras el viaje en el que tuvo lugar el descubrimiento del Nuevo Mundo, empresa en la que le cabe figurar en un lugar destacado.

VICENTE YÁÑEZ PINZÓN (c. 1461-1514), navegante y descubridor español, considerado uno de los marinos más experimentados de su tiempo, acompañó a Cristóbal Colón, junto con sus hermanos Martín Alonso y Francisco, en el primer viaje del descubrimiento de América, al mando de la carabela Niña.


Nació en la localidad andaluza de Palos de la Frontera (Huelva) hacia 1461. Criado en el seno de una rica familia de larga tradición marinera, tenía entre los marinos de aquella época una gran experiencia en las artes de navegación, que había adquirido desde su juventud acompañando sobre todo a su hermano Martín Alonso en viajes comerciales realizados por la costa atlántica y mediterránea. Entre 1477 y 1479, se le conocen acciones de piratería por las costas catalanas y de Ibiza.


Se unió a los proyectos de Colón de la mano de su hermano Martín Alonso, el más importante armador y navegante de la comarca situada en la ría formada por la desembocadura común de los ríos Tinto y Odiel, cuya personalidad hizo que Vicente Yáñez permaneciera en un segundo plano durante los preparativos y el desarrollo del primer viaje del descubrimiento (1492), en el que tomó parte como capitán de la Niña y actuó siempre con lealtad a Colón.

 
Atraído por las expectativas de riqueza que abría el descubrimiento de las nuevas tierras americanas, tras el regreso a España y fallecido su hermano Martín, Vicente Yáñez Pinzón firmó el 6 de junio de 1499 una capitulación con Juan Rodríguez de Fonseca -quien actuaba en nombre de los Reyes Católicos- que le autorizaba para efectuar nuevos descubrimientos en las Indias. La importancia de esta capitulación radica en que es la única que se conoce correspondiente a los viajes que se inauguran a partir de 1499. Quedó estipulado el pago a los Reyes de la quinta parte, una vez deducidos los gastos de armazón y viaje. El resto de las ganancias quedarían para los participantes. Vicente Yáñez Pinzón sería su capitán principal.

Para ello, la familia Pinzón equipó a sus expensas cuatro carabelas pequeñas y unos 70 o 75 tripulantes que se hicieron a la mar desde el puerto de Palos de la Frontera, en diciembre de 1499. Llegados a las islas de Cabo Verde, fueron arrastrados por una tormenta que les hizo alcanzar la costa del Brasil en enero de 1500, tres meses antes que llegase el descubridor oficial Pedro Álvares Cabral, tocando tierra en el cabo de San Agustín, al que llamaron de Santa María de la Consolación. Navegó 600 leguas a lo largo de la costa en dirección noroeste, y descubrió la desembocadura del río Marañón (en el Amazonas) y del Orinoco, al cual denominó río Dulce. Prosiguió hacia el mar de las Antillas por la costa de las Guayanas y, desde Paria, se dirigió a la isla de La Española. Desde ésta siguió su viaje de exploración hacia las Lucayas (Bahamas) y, después de la pérdida de dos barcos y algunos hombres, emprendió viaje de regreso a España, donde llegó en septiembre de 1500. Desde el punto de vista económico, este viaje representó un fracaso, que dejó a los Pinzón en la pobreza y a Vicente Yáñez al borde de una quiebra total, pero tuvo una gran importancia desde el punto de vista geográfico, ya que fue el primero en cruzar la línea del ecuador y en descubrir el Brasil y el Amazonas.

El 8 de octubre de 1501, Vicente Yáñez Pinzón recibió un gran honor y merced: fue armado caballero por el propio monarca Fernando II el Católico, en la torre de Comares de la Alhambra de Granada, por lo mucho y bien que había servido en el descubrimiento de las Indias.

En 1505, Vicente Yáñez participó en la Junta de Toro, que decidió la búsqueda del paso hacia la Especiería (las islas de las Especias o Molucas). Al mismo tiempo fue nombrado, por concesión real, capitán general y corregidor de la ciudad de Puerto Rico, con la misión de colonizar la isla de Borinquén (nombre dado por los indígenas a la actual isla de Puerto Rico, denominada originalmente San Juan Bautista, pero que, más tarde, invirtió, acortándolo en San Juan, su topónimo con el de la ciudad), en un asentamiento que se había previsto realizar en un año y que Pinzón no cumplió. En 1508, el rey Fernando II el Católico convocó la Junta de Burgos para encontrar una solución a la ruta de la Especiería, y a ella citó a Vicente Yáñez, junto con Juan Díaz de Solís y Américo Vespucio. En dicha reunión se tomó el acuerdo de enviar una expedición que buscase un canal o paso interoceánico a la altura de la costa de Honduras, para cruzarlo y llegar a las islas de la Especiería, lo que venía a representar la continuidad del primer viaje de Colón. Vicente Yáñez, junto con Díaz de Solís, firmó la capitulación de este viaje de exploración. En ese año, partieron hacia las Antillas, y desde allí hasta recalar en la costa de Honduras, que recorrieron en dirección norte prolongando los descubrimientos de Colón. Exploraron la costa oriental del Yucatán, siendo sus primeros descubridores, pero a la altura de Tampico, ante el fracaso de la expedición, dieron por concluida la exploración y regresaron a España. En agosto de 1509, llegaron a la península Ibérica, cinco años antes del fallecimiento de Vicente Yáñez Pinzón en Sevilla.

ALEJANDRO MALASPINA: Fué lo que podríamos denominar el último vestigio de la Ilustración española (1754-1810), marino de origen italiano que, al servicio de la Corona española, dirigió una expedición científica por América, Asia y Oceanía entre 1789 y 1795. Nacido en Mulazzo (Italia) el 5 de noviembre de 1754, hijo de Carlo Morello Malaspina, marqués de Mulazzo y de Caterina Meli Lupi. Estudió en el Colegio Clementino de Roma y en 1774 se graduó en la Escuela de Guardiamarinas de Cádiz (España). Entre 1775 y 1782 participó en diferentes acciones bélicas en el norte de Africa y en el sitio de Gibraltar, por las que ascendió al grado de capitán de fragata. En 1783 viajó a Filipinas al mando de la fragata Asunción y en 1786 intentó su primera circunnavegación al mando de la fragata Astrea.

 

El 10 de septiembre de 1788 presentó a Carlos III su plan de un viaje científico y político alrededor del mundo, aprobado en octubre. La expedición zarpó del puerto de Cádiz - tan lleno de historia - el 30 de julio de 1789, cuando Malaspina tenía 35 años, y finalizó el 21 de septiembre de 1794, tras viajar haciael oeste hasta las Filipinas. La expedición estuvo formada por dos corbetas, con los nombres de Descubierta y Atrevida y en ella figuraron científicos y artistas, que se hicieron cargo de las diferentes investigaciones que se realizaron a lo largo del recorrido. Fue una de las expediciones científicas a la altura de las mas grandes de la historia aunque por razones políticas no tuviera tanta transcendencia.

El encargado de la Historia Natural fue el primer teniente Antonio Pineda, al que se unieron el botánico de origen francés Luis Née y el checo Tadeo Hanke, que se incorporó en Valparaíso y no regresó con la expedición. El alférez Felipe Bauzá fue el director de los trabajos cartográficos y del dibujo y los oficiales Dionisio Alcalá Galiano y Juan Gutiérrez de la Concha se hicieron cargo de los estudios astronómicos. Los responsables de las imágenes fueron los pintores españoles José del Pozo, Tomás de Suría y José Guió, pintor y taxidermista, y los italianos Fernando Brambila y Juan Ravenet. A ellos se unió, como dibujante, el marinero José Cardero.

A su regreso Malaspina fue nombrado brigadier e inició los trabajos de elaboración de la relación definitiva del viaje. El 22 de noviembre de 1795 fue acusado por el primer ministro español Manuel Godoy (¡vaya personaje!) de revolucionario y conspirador y en abril de 1796 fue condenado a prisión por diez años y un día, permaneciendo prisionero en el Castillo de San Antón en La Coruña hasta que posteriormente fue desterrado a Italia en 1803, falleciendo el 9 de abril de 1810 en Pontremoli. ¡Vaya país!... este de aquí no el otro de allí.

JUAN DE LA COSA (c. 1449-1510), marino, conquistador y cartógrafo español. Nacido en Santoña (Cantabria), debió adquirir su experiencia como navegante en el mar Cantábrico y realizó varias travesías recorriendo la costa occidental de África.

 Desde 1492 participó en siete viajes y expediciones al Nuevo Mundo. Cuando Cristóbal Colón preparaba su primer viaje conoció a De la Cosa y le ofreció que participara con su nave La Gallega, que fue rebautizada como Santa María y utilizada como nao capitana. Descubiertas las nuevas tierras, la Santa María se hundió y Colón le acusó de impericia; sin embargo, la Corona le indemnizó por la pérdida. En su segundo viaje (1493-1496) Colón volvió a contar con De la Cosa, esta vez con el cargo de piloto mayor y la misión de trazar el mapa de las tierras que visitaran. En este viaje, que partió de la bahía de Cádiz, De la Cosa navegaba a bordo de la carabela Santa Clara. Se descubrieron las islas Dominica, San Juan de Puerto Rico, Montserrat, Guadalupe y otras. De regreso a España estuvo recorriendo las costas del Cantábrico, para fijar poco después su residencia definitiva en el Puerto de Santa María. El tercer viaje (1499-1500) lo hizo en calidad de primer piloto de la expedición de Alonso de Ojeda, en la que participaba también Américo Vespucio. Desembarcaron en la isla Margarita y recorrieron el litoral de Venezuela desde Paria hasta el cabo de la Vela. De regreso a España realizó el primer mapamundi en el que aparecían las tierras descubiertas. En el cuarto viaje (1501-1502) partió como primer piloto de la flota mandada por Rodrigo de Bastidas. Recorrieron las costas de Tierra Firme, llegaron al golfo de Urabá, al puerto de Retrete y a Nombre de Dios, en el istmo de Panamá.


De regreso a España, en 1502, por haber sido arrestado Bastidas, la reina Isabel premió sus servicios nombrándole alguacil mayor de Urabá, por Real Cédula de 2 de abril de 1503. En ese mismo año permaneció un breve tiempo encarcelado en Portugal, ante cuya corte presentó la reclamación española por la actuación de los barcos portugueses fuera de su demarcación. El quinto viaje (1504-1506) lo hizo al mando de una expedición de cuatro buques para vigilar las costas de tierra firme hasta el golfo de Urabá. Cumplió perfectamente su misión, evitando las incursiones portuguesas y estudiando con detalle aquellas costas. De regreso a España, en 1507, se le encargó la vigilancia de las costas españolas desde el cabo de San Vicente hasta Cádiz, para apresar cualquier navío portugués que volviera de América. Dicha misión no dio resultado


El sexto viaje (1507-1508) lo realizó con Bastidas. Viajaron a América para obtener beneficios, consiguiendo 300.000 maravedíes. A su vuelta, la reina Juana I la Loca le confirmó en su empleo de alguacil mayor de Urabá, a título hereditario.


En 1509 emprendió el séptimo y último viaje, en el que encontró la muerte. Partió al mando de un navío y dos bergantines rumbo a Santo Domingo, al encuentro de Alonso de Ojeda, que había sido nombrado gobernador de la Nueva Andalucía. Tuvo que mediar como árbitro entre Ojeda y Diego de Nicuesa, que se disputaban los límites de sus gobiernos en tierra firme, aceptándose su propuesta de fijar como límites ambas orillas del río Grande del Darién.

Inició una expedición de conquista con Ojeda, a quien propuso la fundación de una colonia en la costa del golfo de Urabá sin hostigar a una tribu asentada en el emplazamiento de la actual Cartagena de Indias. Ojeda, desoyendo el consejo, optó por atacar a los indios y se internó hasta una ranchería en la que se habían hecho fuertes y se defendieron con gran ferocidad, llegando a rodear a Ojeda, quien salvó su vida por la valiente intervención de De la Cosa, que cayó abatido por las flechas envenenadas de los indios. Poco después, Ojeda y Nicuesa vengaron su muerte con una feroz carga sobre la tribu, en la que centenares de indígenas fueron degollados. Su viuda recibió la generosa suma de 45.000 maravedíes, en reconocimiento a los servicios prestados por el esforzado marino. Se desconoce cuál fue la suerte de su hijo, que hubiera heredado el título de alguacil mayor de Urabá


El nombre de Juan de la Cosa ha pasado a la posteridad sobre todo, por su Carta de Marear o Mapamundi realizado en el Puerto de Santa María en 1500, según figura en una inscripción de esta joya de la cartografía que se conserva en el Museo Naval de Madrid después de numerosos avatares, ya que, en principio, fue archivado en la Casa de Contratación de Sevilla de donde fue robada y posteriormente vendida al barón Walcknaer en 1832. A la muerte de éste fue subastado y adquirido por el gobierno español por 4.200 pesetas. El mapamundi está trazado en una hoja grande de pergamino de forma ovalada. Su gran mérito es el representar las Indias Occidentales en el momento en que fueron reconocidas. Es admirable la semejanza con la realidad del trazado de las Antillas y de tierra firme, desde el Amazonas hasta Panamá. Supone el reconocimiento de la independencia del Nuevo Mundo respecto de Asia, y representa el enlace entre la vieja tradición medieval de elaboración de portulanos y el nacimiento de la nueva cartografía. Se sabe que Juan de la Cosa elaboró otros mapas importantes, entre ellos los de la costa Cantábrica, pero no han llegado hasta nosotros.


ALONSO VALIENTE Valiente (Medina de las Torres 1482? - Nueva España 1564?) fue un conquistador español. Era primo y secretario de Hernán Cortés. Fue uno de los primeros alguaciles mayores de la Ciudad de México. También fue el primer encomendero de Tecamachalco. Además fue alcalde y fundador de la ciudad Puebla de los Ángeles.


Alonso Valiente viajó por primera vez al Nuevo Mundo con la última expedición de Cristóbal Colón al continente. Llegó a Santo Domingo en 1508 con Don Diego Colón. Valiente fue uno de los conquistadores de Higüey en República Dominicana y de Borinquen (que Cristóbal Colón bautizó San Juan Bautista) en lo que hoy conocemos como Puerto Rico. Allí permaneció desde 1509 hasta 1521. Él, su hogar, y sesenta españoles que él designó, llegaron a la Ciudad de México, tan sólo cuatro meses después de la toma española de la ciudad. Valiente participó en la conquista de Michoacán y Pánuco. En 1524 fue también parte de la expedición de Cortés a Hibueras (Honduras). Esto es evidente en el nombramiento de Bernal Díaz del Castillo como capitán, documento firmado por Alonso Valiente. Allí, Valiente contribuyó a la conquista de las tres islas de Guanaja, en la costa norte de Honduras. Los habitantes de estas islas contaron que la tripulación de un buque procedente de lo que hoy se conoce como Cuba, había capturado y esclavizado a más de sesenta personas. Probablemente siendo fiel a las Leyes de Burgos, Cortés ordenó entonces a Valiente y otros armar una expedición para ir rescatar a estas personas. Cortés le dio un bergantín y la mejor artillería que tenía disponible. La expedición de Valiente no logró capturar a los esclavistas. Sin embargo, se supo que el buque esclavista fue enviado originalmente desde Santo Domingo con otros propósitos, pero el capitán cambió de planes durante el recorrido, al darse cuenta que podía capturar esclavos y obtener una ganancia económica. Alonso Valiente es también uno de los descubridores del Canal viejo de Bahama. Valiente también participó en la conquista de Chametla en la Nueva Galicia, ahora parte de México.

Valiente ocupó una serie de puestos oficiales, además de actuar como secretario de su pariente Hernán Cortés. Su servicio se cuenta en su escudo de armas con citación de 26 de noviembre de 1547. En la década de 1520 Valiente era considerado un vecino de Medellín (España), Veracruz y Ciudad de México al mismo tiempo. En 1547 él era un ciudadano de Ciudad de México y Puebla, ciudad que él contribuyó a fundar. También se sabe que Alonso Valiente compró un esclavo, quien fue adquirido inicialmente por los portugueses en el noroeste de África, probablemente en el Magreb. Alonso Valiente bautizó al esclavo, poniéndole el nombre cristiano de Juan Valiente. Alonso también llevó a Juan a España y, finalmente, le permitió viajar a América del Sur junto con Pedro de Alvarado, de modo que Juan también pudiera probar su suerte como un conquistador. Luego, Juan Valiente se unió a Pedro de Almagro y posteriormente, a Pedro de Valdivia. Juan Valiente se conoce popularmente como uno de los pocos afro-conquistadores en el Nuevo Mundo. Juan Valiente contribuyó al establecimiento de Santiago de Chile. Vivió como un hombre libre en Chile. Juan Valiente nunca cumplió con su contrato de pagar a su dueño por su libertad, aunque intentó hacerlo. Alonso Valiente insistió en recuperar su dinero, pero Juan Vailente no pudo pagar por su libertad debido a complicaciones en el envío de los pagos a Nueva España. Finalmente, Juan Valiente murió en Tucapel, Chile en 1553.

Alonso Valiente también se conoce como el primer propietario de "La casa del conde" en Tecamachalco, una de sus encomiendas. Después de la muerte de Alonso Valiente, la casa quedó en manos de la segunda esposa de Alonso Valiente, Melchora de Aberrucia, quien volvió a casarse, con Rodrigo de Vivero y Velasco, un pariente del segundo virrey de Nueva España, Luis de Velasco. El hijo de Melchora Aberrucia y Rodrigo de Vivero y Velasco, Rodrigo de Vivero y Aberrucia se convirtió posteriormente en el primer Conde del Valle de Orizaba. Desde entones, la casa se ha conocido popularmente como "La casa del conde". Capitán Valiente fue una serie española de cuadernillos de aventuras publicada en 1957. La serie fue ilustrada por Manuel Gago García con un guion de Pedro Quesada y estaba libremente basada en el personaje de Alonso Valiente.


ALONSO DE OJEDA (c. 1466-c. 1515), navegante, descubridor y conquistador español. Nacido en Cuenca entre 1466 y 1470, estuvo al servicio del duque de Medinaceli y fue protegido del obispo Juan Rodríguez de Fonseca, por cuya mediación logró embarcarse a finales de 1493 con Cristóbal Colón en su segundo viaje


En la isla de Guadalupe, Colón le confió la búsqueda del veedor Diego Márquez que con otros compañeros se habían internado en la isla y no regresaban a la flota. Ya en la isla de La Española Colón le encargó dominar a uno de los señores más aguerridos y opuestos a los españoles, de origen caribe, que reinaba en la zona central de la isla y en las minas de Cibao: Caonabo. Ojeda, en un alarde de temeridad, logró presentarse en el lugar de Caonabo, ganar su confianza y apresarlo. Tomó parte igualmente en la batalla de la Vega Real, frente a un numeroso ejército de indios que fray Bartolomé de Las Casas cifró exageradamente en cien mil.

 
De regreso en España, asistió a una política de cambios y novedades en materia descubridora, que comenzó en 1499. Fruto de esta política fue la firma de una serie de capitulaciones (contratos con los reyes) en las que no se tenía en cuenta a Colón. Ojeda fue el primero en inaugurar lo que se ha dado en llamar 'viajes menores' o 'viajes andaluces'. La primera expedición de Ojeda, tras formar sociedad con Juan de la Cosa y Amerigo Vespucci, zarpó del Puerto de Santa María el 18 de mayo de 1499. Siguieron la ruta del tercer viaje colombino: Trinidad, Margarita -costa de las Perlas-, Curaçao y península de Coquibacoa o Goajira. La expedición estaba de regreso en Cádiz un año después y resultó poco rentable.


Para una segunda expedición a la misma zona, Ojeda firmó una nueva capitulación con los reyes el 8 de junio de 1501 y fue nombrado gobernador de Coquibacoa. Formó compañía con Juan de Vergara y García de Campos y fletaron cuatro carabelas. Partiendo del cabo Verde, llegó a la isla Margarita, y recorrió la costa de Curiana hasta llegar a Paraguana. Durante el viaje cometió algunos excesos con los portugueses y con los indios, hasta el punto de ser encarcelado. En 1504 quedó libre con la ayuda de Fonseca. En 1508 recibió el nombramiento de gobernador de Urabá. Partió de La Española al año siguiente pero volvió a fracasar. En esta expedición perdió la vida Juan de la Cosa en un enfrentamiento con los indios. Tras este fracaso, Ojeda volvió a Santo Domingo, donde murió.

ALVARO DE BAZAN Álvaro de Bazán y Guzmán (Granada, España; 12 de diciembre de 1526 - Lisboa, Portugal; 9 de febrero de 1588), I marqués de Santa Cruz, grande de España, II señor de las villas del Viso y Valdepeñas, comendador mayor de León y de Villamayor, Alhambra y La Solana en la Orden de Santiago; miembro del Consejo de su Majestad Felipe II, capitán general del Mar Océano y de la gente de guerra del Reino de Portugal" fue un militar y almirante español del siglo XVI célebre por el uso de galeones de guerra y por utilizar por primera vez infantería de marina para realizar operaciones anfibias


Álvaro de Bazán y Guzmán (Granada, España; 12 de diciembre de 1526 - Lisboa, Portugal; 9 de febrero de 1588), I marqués de Santa Cruz, grande de España, II señor de las villas del Viso y Valdepeñas, comendador mayor de León y de Villamayor, Alhambra y La Solana en la Orden de Santiago; miembro del Consejo de su Majestad Felipe II, capitán general del Mar Océano y de la gente de guerra del Reino de Portugal" fue un militar y almirante español del siglo XVI célebre por el uso de galeones de guerra y por utilizar por primera vez infantería de marina para realizar operaciones anfibias Con 9 años corría por la cubierta de la nave capitana de su padre haciendo así su aprendizaje náutico. A los 17 años se trasladó a Santander con su padre, donde tomó conocimiento de la tradición marinera del norte con sus distintos modelos de naves. Participó junto a su padre en la batalla de Muros (1544) en la costa gallega, que terminó con una rotunda victoria española que causó en los franceses 3000 bajas.7? Tras la victoria, su padre le concedió el mando de la escuadra mientras él se dirigió a Santiago de Compostela en acción de gracias8? y después a Valladolid a informar de la victoria al príncipe Felipe. Todavía en el reinado de Carlos I consiguió el mando de una armada independiente, cuya misión fue guardar las costas meridionales de España y proteger la llegada de la Flota de las Indias. Gracias a este mando se enfrentó a los corsarios franceses e ingleses y a los piratas berberiscos que operaban desde sus bases atlánticas. A los 24 años, el 19 de marzo de 155010? contrajo matrimonio con Juana de Bazán y Zúñiga, hija de los condes de Miranda, teniendo como descendencia cuatro hijas y un hijo, Álvaro II de Bazán.En 1554 fue nombrado capitán general de la Armada con solo 28 años. En 1556 realizó una arriesgada acción frente al cabo de Aguer, rindiendo dos barcos ingleses que llevaban armas y municiones a Fez. Álvaro de Bazán y Guzmán, tras el desastre de Los Gelves, en el que no participó, acudió con sus galeras en apoyo a las guarniciones de Orán y Mazalquivir, durante el sitio otomano de 1563, salvando las plazas de caer en manos berberiscas. En estos tiempos Badis y el peñón de Vélez de la Gomera se habían convertido en un nido de piratas turcos y berberiscos. El 23 de julio de 1563 zarpó de Málaga una flota compuesta por 50 galeras bajo el mando de Sancho de Leyva. Se efectuó un desembarco en la costa próxima al peñón de forma un tanto desorganizada y tras algunas escaramuzas, Sancho de Leyva consideró prudente ordenar la retirada. Casi todos los oficiales apoyaron su opinión, pero no así Álvaro de Bazán, quien observó que abandonar sería ir contra las órdenes del rey y daría moral a los berberiscos y turcos. A pesar de todo, Sancho de Leyva ordenó el reembarco de las tropas.11? A principios de agosto la armada estaba de vuelta en Málaga.
Tras la marcha, los piratas volvieron a atacar las costas españolas con más insistencia, por lo que Felipe II insistió en la necesidad de tomar Vélez de la Gomera. Pasado un año se emprendió de nuevo el intento. En esta ocasión la flota tenía 100 navíos bajo el mando de García Álvarez de Toledo y Osorio, quien contó con Álvaro de Bazán como lugarteniente.11? La flota zarpó de Málaga el 29 de agosto de 1564 y la empresa fue un total éxito, quedando el 6 de septiembre en manos españolas en un combate que causó pocas bajas a las tropas españolas. El Imperio otomano intentó dar un golpe de mano tomando Malta, con la intención de que le sirviese de base para la posterior conquista de Sicilia. La resistencia heroica de los malteses detuvo a la formidable flota de Piali Pachá. El socorro de la plaza por las tropas españolas fue mérito casi exclusivo de Álvaro de Bazán, quien siguió adelante con la empresa de apoyo a pesar de la reticencia de gran parte de la corte de Felipe II. En 1566 fue nombrado Capitán General de las Galeras de Nápoles y poco después, el 19 de octubre de 1569,10? Felipe II le concedió el título de marqués de Santa Cruz de Mudela por sus méritos, aunque se cuenta que ganó el título cuando el rey se compadeció de él al verlo estar al sol y le mandó cubrirse, y al agradecérselo aquél, el monarca le dijo: por el sol, Señor marqués, por el sol. En 1570 todo parecía confluir para que se produjera un choque entre las potencias cristianas y el Imperio otomano. Por un lado, el poder del sultán turco era cada vez mayor en el norte de África, lo que representaba una amenaza para el Imperio español, por cuanto hacía posible un desembarco otomano en la península ibérica en ayuda de los moriscos hispanos. Por otra parte, la invasión de Chipre por las tropas de Selim II llevó a Venecia a decantarse por la acción.
El 25 de mayo de 157112? se firmaron en Roma las capitulaciones de la Santa Liga que unió al Imperio español, el Papado, la Serenísima República de Venecia, el Gran Ducado de Toscana, la República de Génova y el Ducado de Saboya. La Santa Liga tenía como fin la destrucción de las fuerzas de los turcos, que eran declarados enemigos comunes y quedaban dentro del ámbito de la acción Túnez, Argel y Trípoli. Se nombraron tres comandantes. Por el Papado Marco Antonio Colonna, por Venecia a Sebastián Veniero y por el Imperio español a don Juan de Austria, quien ostentó el mando militar supremo de la Santa Liga. La flota reunida por la Santa Liga estaba compuesta por 207 galeras, seis galeazas y 76 buques ligeros.13? Álvaro de Bazán y Guzmán se unió con las 30 galeras de la Escuadra de Nápoles el 5 de septiembre de 1571. Don Juan de Austria le dio a Álvaro de Bazán la misión de hacerse cargo de la retaguardia para socorrer aquellas zonas donde existiese más peligro para la armada cristiana. Para esta tarea se le asignaron 30 galeras, más una agrupación de embarcaciones menores. El 7 de octubre de 157116? tuvo lugar la batalla de Lepanto. Su escuadra quedó a media milla, por la popa, de la línea de frente. Álvaro de Bazán fue responsable de que la flota cristiana partiese muy de mañana y formara quince millas afuera del golfo de Patras. Al comenzar el combate, Agostino Barbarigo, quien se encontraba al mando del ala izquierda cristiana, se separó de la formación, dejando un canal libre por el que la flota otomana podía amenazar la formación cristiana por el flanco. El ala otomana mandada por Mohamed Sirocco intentó envolver a Barbarigo, pero Álvaro de Bazán envió a 10 galeras, bajo el mando de Martín de Padilla que decidió la situación en el flanco izquierdo, ya que los barcos otomanos quedan encerrados en una pinza y empujados contra la costa. En el centro de la batalla, la galera La Real, nave capitana de Don Juan de Austria, se abalanzó contra la nave capitana turca de Alí Bajá, La Sultana y ambas naves se enzarzaron en un combate cerrado. Marco Antonio Colonna apoyó a la nave de Don Juan de Austria, situándose a la retaguardia de La Sultana y aislándola de socorro y refuerzo. Álvaro de Bazán envió a 10 galeras y un grupo de fragatas y bergantines para apoyar el éxito que puede suponer la captura de la nave capitana otomana. Como resultado de este refuerzo, el centro otomano quedó totalmente deshecho. En el flanco derecho cristiano las cosas siguieron un rumbo distinto. Juan Andrea Doria quedó retrasado con respecto al resto de la formación cristiana y Uluj Alí sobrepasó la retaguardia del genovés y se dirigió al centro del combate. Doria fue tras él intentando darle alcance pero no puede detener su avance. Uluj Alí atacó a varias galeras de la Orden de Malta pero Álvaro de Bazán en persona, con las diez galeras que quedaban en retaguardia, pudo salvar la situación y obligar a Uluj Alí a emprender la retirada. Álvaro de Bazán fue el hombre clave en la victoria de Lepanto, sus órdenes salvaron la situación de la flota cristiana en tres momentos críticos y actuó en cada momento de la forma correcta maximizando los pocos recursos que tenía. Tras la Batalla de Lepanto, Álvaro de Bazán participó en la ofensiva que Don Juan de Austria dirigió con éxito sobre Túnez. En diciembre de 1576 fue nombrado Capitán General de las Galeras de España.
Al morir Sebastián I de Portugal en 1578 sin descendencia, heredó el trono el cardenal Enrique I de Portugal, único hijo vivo de Manuel I de Portugal. En 1580 don Enrique I de Portugal falleció sin descendencia quedando vacante el trono de Portugal. Es entonces cuando Felipe II de España vio llegado el momento de completar la unidad de los países ibéricos, ya se creyó que le apoyaba el derecho por herencia de su madre Isabel de Portugal y por tanto nieto de Manuel I de Portugal Todos los territorios portugueses acataron el nombramiento de Felipe como rey de Portugal menos una estratégica isla en el archipiélago de las islas Azores, la isla Terceira. La isla tenía un gran valor estratégico porque podía convertirse en un nido de piratas y porque por el régimen de vientos en el Atlántico hacía que todos los buques españoles que realizaban la “Carrera de las Indias” y los buques portugueses que regresaban de las Indias Orientales tuvieran que pasar por las islas Azores. Francia e Inglaterra enviaron sumas de dinero, tropas y navíos para apoyar la causa de Don Antonio, pero oficialmente no actuaban por cuenta de sus países, sino por cuenta propia, para no empeorar sus relaciones con España. Felipe II intentó convencer al gobernador de la isla Terceira de que aceptase su soberanía pero éste se negó debido, entre otros motivos, a la llegada a ella de una pequeña escuadra francesa con 500 hombres de armas y cartas acreditadas por el pretendiente prometiendo la ayuda de una poderosa escuadra y tropas al mando del condotiero Felipe Strozzi. Felipe II envió a Pedro Valdés con cuatro naos grandes para proteger la flota de las Indias pero, por su cuenta y sin tener órdenes para ello, intentó tomar la isla Terceira y fue derrotado en la batalla de Salga (1581). El rey Felipe II comenzó los preparativos para reunir una escuadra potente para la siguiente campaña y ponerla bajo el mando de Álvaro de Bazán y Guzmán, quien debía ocuparse de todo lo necesario. Reunió una armada de sesenta naos gruesas, más otras veinte ligeras, llevando además barcas chatas que sirviesen para facilitar el desembarco en la isla de 10 000 soldados. Los partidarios de Don Antonio no se habían mantenido inactivos y habían erigido en la isla cincuenta fuertes artillados y se estaba construyendo en Francia una escuadra que se pondría al mando de Felipe Strozzi. La flota francesa zarpó el 16 de junio20? de Belle Isle. La batalla de la Isla Terceira terminó con la victoria española. Las tropas de Álvaro de Bazán sufrieron 224 bajas y 533 heridos,22? siendo la nao María y el galeón San Mateo con 45 y 40 muertos y 52 y 74 heridos, los que más bajas han sufrido. Las bajas francesas ascendieron a entre 1200 y 1500 muertos perdiendo 10 buques (2 incendiados, 4 hundidos y 4 abandonados). Tras la batalla con la victoria española, se dirigió a la isla de San Miguel para reparar las averías de sus barcos, hospitalizar a los heridos y juzgar en consejo de guerra a los prisioneros. En el consejo de guerra se acusó a los prisioneros franceses de piratas, pues habían combatido bajo bandera francesa sin estar esta nación en guerra con España. La defensa recusó argumentando que existía una guerra secreta entre España y Francia, pero Álvaro de Bazán no admitió tal justificación y dio por falsas las patentes que presentaban los prisioneros y ateniéndose a las instrucciones que había recibido de Felipe II y de Enrique III de Francia, quien había accedido a que todo pirata, aunque fuera de origen francés, fuera condenado a muerte, firmó la sentencia a muerte por la que los prisioneros morirían: degollados los señores y caballeros y ahorcados los marineros y soldados. La sentencia se cumplió el 1 de agosto de 1582 en la plaza de Villaflanca.25?
Todavía se encontraba Álvaro de Bazán y Guzmán en las Azores cuando envió al rey Felipe II su primera propuesta de ataque a Inglaterra que fue rechazada. A partir de su regreso a Lisboa, el 2 de marzo de 1585,31? Álvaro de Bazán desempeñó su cargo de Capitán General del Mar Océano y la Capitanía General de la gente de guerra de Portugal gozando de amplias facultades. En abril de 1585 se supo en España de la preparación de una expedición por parte de Francis Drake que podría tener como destino Portugal o América. Álvaro de Bazán propuso el 30 de abril31? la creación de una escuadra consistente en 40 navíos con más de 2000 hombres de mar y 3000 soldados.31? Estas medidas fueron incrementadas con el arresto de naves de Inglaterra, Alemania y otros países que se encontraban en puertos españoles. Al finalizar el Sitio de Amberes por parte de Alejandro Farnesio, toda la fachada atlántica hasta Dinamarca podía convertirse en hostil para Inglaterra, por lo que envió más ayuda a las fuerzas rebeldes en los Países Bajos. Ante la hostilidad inglesa, Felipe II decidió iniciar los preparativos para intervenir en Inglaterra. Álvaro de Bazán, que no había sido consultado, hizo llegar a Felipe II, el 13 de enero de 1586, una propuesta de conquista para Inglaterra instando al monarca a tomar la ofensiva. El 26 de enero de 158633? se le ordenó a Álvaro de Bazán preparar una escuadra para proteger Galicia, Portugal y Vizcaya del acoso corsario. La incursión de Drake en Cádiz y otros contratiempos retrasaron la formación de la armada. Durante estos meses, que serían los últimos de su vida, Álvaro de Bazán se entregó plenamente a formar una armada capaz de realizar la tarea que se le había encomendado.Felipe II terminó impacientándose por la tardanza en la formación de la flota que debía invadir Inglaterra y se dirigió a Álvaro de Bazán en términos muy duros, puesto que debido a intrigas y desavenencias se había convencido Felipe II de que Álvaro de Bazán retrasaba injustificadamente el momento de hacerse a la mar. Si bien no existe constancia de la causa por la que retrasó su partida, parece deducirse su descontento y su falta de confianza en los medios que habían sido puestos a su disposición. Las desavenencias entre el rey y el almirante continuaron hasta que el 4 de febrero de 158810? fue cesado de su mando de la armada, recibiendo la noticia en su lecho de muerte, ya que cinco días más tarde, el 9 de febrero de 1588, falleció en Lisboa.

ÁLVAR NUÑEZ CABEZA DE VACA (c. 1466-c. 1515), navegante, descubridor y conquistador español. Nacido en Cuenca, estuvo al servicio del duque de Medinaceli y fue protegido del obispo Juan Rodríguez de Fonseca, por cuya mediación logró embarcarse a finales de 1493 con Cristóbal Colón en su segundo viaje. Aproximadamente en 1512 se alistó en las tropas de la Liga Santa de 1511, formada por varios países, entre ellos España, para luchar contra Francia. Dentro de la Liga Santa sirvió en las campañas de Italia en las compañías de Bartolomé de Sierra y de Alonso de Carvajal. Participó en la batalla de Rávena y poco después pasó a ser alférez en Gaeta.


Posteriormente, como militar luchó en conflictos acaecidos en España. En 1520 peleó en la Guerra de las Comunidades al tiempo que, huérfano de padre y madre, pronto entró al servicio de la Casa de Medina-Sidonia como mensajero. Participó en la toma de Tordesillas y en la batalla de Villalar. En 1522 combatió en la batalla del Puente de la Reina, en Navarra. El 17 de junio de 1527, Álvar Núñez Cabeza de Vaca partió de Sanlúcar de Barrameda, rumbo a América, como tesorero y alguacil mayor en la expedición que capitaneaba el gobernador Pánfilo de Narváez, que tenía por objetivo la conquista de Florida y la búsqueda de la Fuente de la eterna juventud,6? entre el río de las Palmas y el cabo de la Florida. La expedición estaba compuesta por 600 hombres y cinco barcos. En Santo Domingo, 140 marinos abandonaron la expedición y en Cuba murieron 70 hombres en una fuerte tormenta, pero llegaron finalmente a la costa de Florida el martes 12 de abril de 1528. En la bahía de Tampa vieron casas indígenas. En Aguas Claras, actual Clearwater, los indios les indicaron a los españoles que el oro se encontraba "más allá", en la provincia de Apalache, en la parte norte de Florida. Fueron con sus barcos hasta esa región y los anclaron para seguir a pie, aunque Cabeza de Vaca no estaba de acuerdo, al pensar que era territorio hostil y que no tenían ni raciones ni modo de comunicarse con las tribus que encontraran. Sin embargo, no quiso quedarse a cuidar a los barcos para que nadie pensara que era temor lo que le impedía continuar y que no se comprometiera su honor. La provincia de Apalache debió ser el nombre antiguo de Tallahassee, al norte de Florida, pero el paisaje que se describe parece similar a los Everglades,6? que se encuentran en la parte sur de la península. Fueron por los pantanos usando balsas y a nado. El caballo de quien se ahogaba servía de comida a los supervivientes. En esas zonas pantanosas donde el agua les llegaba hasta el pecho, sufrían ataques de indios con flechas y tenían que combatir con sus arcabuces y ballestas. Los indios apalaches eran altos e iban desnudos y usaban arcos grandes y muy anchos y lanzaban flechas con mucha puntería capaz de herir a los españoles a pesar de sus corazas. En su trayecto, se toparon con más de veinte naciones indígenas. Camino del poblado de Aute sufrieron otro ataque con flechas. Desde la bahía de Tampa, los españoles tuvieron que hacer frente a huracanes y tempestades.
Devoraron los caballos que les quedaban y fueron en busca de la costa, llegando a la desembocadura del río San Marcos, actual río St Marks y regresaron a los barcos. Como no tenían cañones, barcos ni materiales improvisaron fraguas con cañones de palo y pieles de ciervos. Posteriormente forjaron los estribos de los caballos, espuelas y materiales metálicos de ballestas e hicieron herramientas. Con esas herramientas cortaron madera e hicieron cinco barcazas, que les sirvieron para navegar por la costa. Siguieron hacia el Oeste hasta encontrar una isla con canoas, robándose algunas, en las que embarcaron. Ya estando en las canoas sufrirían otro ataque de indios flecheros que hirió a todos los miembros que quedaban de la expedición, incluido el propio Cabeza de Vaca, que fue herido en la cara. Navegaron 30 días por la costa hasta llegar a la desembocadura del río del Espíritu Santo, conocido actualmente como río Misisipi. Hoy, no se sabe si esta expedición fue la primera en descubrir la desembocadura del Misisipi o dicho mérito debe atribuirse a Alonso Álvarez de Pineda. Entonces sobrevinieron corrientes y vientos que separaron las embarcaciones y la embarcación de Cabeza de Vaca terminó en la isla de Galveston, que él bautizó como isla Malhado (isla de la Mala Suerte). En ese momento se encontraron él y su grupo sin Pánfilo de Narváez y abandonados a su suerte.
Solamente 15 hombres estaban vivos, pero fueron tratados bien por los indios carancaguas. Era una tribu que repartía sus pertenencias y que carecía de mandos. Les quisieron hacer físicos y doctores, porque ellos curaban las enfermedades poniendo las manos y soplando y les pidieron que hicieran eso para que ayudaran en algo, pero los españoles se reían de esa costumbre y por eso les quitaban la comida hasta que hicieran lo que les decían. Posteriormente, fueron repartidos como sirvientes de las familias de indios. Los 15 hombres acordaron mandar una expedición de cuatro hombres a Panuco en busca de ayuda, pero la expedición fracasó. Tras seis años de vida como indígena, aprendiendo la cultura del mimbre, el camuflaje y la guerrilla, además de a conjugar chamanismo con los conocimientos médicos que arrastraba de la cultura europea,7? Álvar Núñez logró curar al hijo de un cacique o jefe tribal, quien lo liberó. Durante algún tiempo Cabeza de Vaca ejerció de mercader entre los indígenas del territorio comarcano a San Antonio y la costa tejana. Llevaba conchas marinas y caracolas a los pueblos del interior cambiándolas por cueros y almagra, esto último lo usaban con frecuencia los indios de la costa para sus pinturas.En Matagorda, cerca de Galveston, Cabeza de Vaca se encontró con algunos de sus antiguos compañeros de expedición: Andrés Dorantes de Carranza, Alonso del Castillo Maldonado y Estebanico y juntos fueron en una nueva travesía. Por temor a los aborígenes de la costa y creyendo que en esos territorios del norte encontrarían oro, remontaron el río Bravo, en vez de dirigirse al asentamiento español en el río Pánuco. Durante el viaje hacia el noroeste de México, ejercieron de curanderos mediante la imposición de manos y el rezo de avemarías y padrenuestros en latín. Cuando Cabeza de Vaca extrajo con éxito la punta de una flecha que un indígena tenía clavada cerca del corazón, la fama de curanderos y gente de bien entre las tribus indígenas ya no les abandonó. Se ganaron la voluntad de los nativos e hicieron varias exploraciones en busca de una ruta para regresar a la Nueva España por lo que hoy es el suroeste de Estados Unidos y norte de México. Tras deambular durante largo tiempo por la extensa zona que hoy es la frontera entre México y Estados Unidos llegaron a la zona del río Bravo, siguiendo el curso del río encontraron tribus dedicadas a la caza del bisonte con las que convivieron. Finalmente a orillas del río Petatlán, hoy llamado río Sinaloa, en el pueblo de Bamoa Guasave, restablecieron el contacto con un equipo de exploradores españoles en el año 1536 a pocas leguas de Culiacán, asentamiento español.
Durante aquel viaje recogió las primeras observaciones etnográficas sobre las poblaciones indígenas del golfo de México, escribiendo una narración titulada Naufragios, considerada la primera narración histórica sobre los territorios que hoy corresponden a Estados Unidos, fue publicada en 1542 en Zamora y en 1555 en Valladolid, en la cual describe sus vivencias y las de sus tres compañeros quienes atravesaron a pie el suroeste de los actuales Estados Unidos y el norte de México. Tras este viaje tomó consistencia en América un mito muy similar al de El Dorado, que es el de las Siete Ciudades de Cíbola y Quivira, llenas de oro. Los cuatro supervivientes de la exploración hablaron en México acerca de comentarios de ciudades colmadas de oro. El virrey de Nueva España organizó una expedición al mando de fray Marcos de Niza, que fue acompañada de Estebanico.mDurante la marcha de la expedición Estebanico murió asesinado por indígenas, que hicieron huir al resto, y el fraile relató a su regreso que la historia de las ciudades colmadas de oro y joyas era cierta. Entonces se envió una expedición militar dirigida por Francisco Vázquez de Coronado para encontrar el lugar pero la búsqueda demostró que la historia era falsa. Álvar Núñez Cabeza de Vaca regresó a España en 1537 y consiguió que se le otorgara el título de segundo adelantado del Río de la Plata. A finales de 1540 inició desde Cádiz su segundo viaje que le llevó al sur del continente americano. Arribó a la isla de Santa Catalina, en enero de 1541, en el territorio español que entonces era llamado La Vera o Mbiazá —actualmente es parte del estado brasileño de Santa Catarina— y que correspondía a la gobernación del Paraguay.
Desde dicha isla arrancó en un viaje por tierra, a lo largo de casi cinco meses, con el propósito de llegar a la entonces villa y fuerte de Asunción del Paraguay, sede de la gobernación del Río de la Plata. Guiado por indígenas tupís-guaraníes cruzó con su expedición la selva paranaense. Fue el primer europeo que descubrió y describió las cataratas del Iguazú: «el río da un salto por unas peñas abajo muy altas, y da el agua en lo bajo de la tierra tan grande golpe que de muy lejos se oye; y la espuma del agua, como cae con tanta fuerza, sube en alto dos lanzas y más». Al principio, lo llamo "Salto de Santa María", en enero de 1542. Al llegar a Asunción pronto entró en conflicto con los capitanes y colonos españoles allí establecidos, quienes, alentados por Domingo Martínez de Irala, rechazaban la autoridad del gobernador y sus proyectos de organizar la colonización del territorio olvidándose de perseguir los quiméricos tesoros de los que hablaban los mitos indígenas. Finalmente ocuparía el cargo de gobernador el 11 de marzo de 1542. Placa recordatoria del descubrimiento de las cataratas del Iguazú por Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Su propósito de erradicar la anarquía y domeñar a los insurgentes provocó que los descontentos se sublevaran en 1544 y enviaron a Cabeza de Vaca a España acusado de abusos de poder en la represión de los disidentes, así como el incendio de Asunción en el año anterior. En realidad, por haber exigido el cumplimiento de las Leyes de Indias, las que protegían a los indígenas de los abusos de los conquistadores, entre otras medidas poco políticas. El Consejo de Indias lo desterró a Orán en 1545. Pena que, quizá, no llegó a cumplir pues Cabeza de Vaca recurrió la sentencia y siguió peleando hasta el final de su vida con el propósito de ver restablecido su honor, ya no su hacienda. Aunque los últimos años de su vida son una incógnita quizá, por los documentos encontrados por algunos historiadores cuyas obras se reflejan en la bibliografía, murió en Sevilla el 27 de mayo en 1559. Es improbable, como han afirmado otros, que tuviera algún cargo de relevancia en sus últimos años. Aunque no consta, pudo haber tomado los hábitos y acabar sus días entre el silencio de un monasterio.

ANTONIO BARCELÓ (Palma de Mallorca 1717 – Palma de Mallorca 1797). “Afortunado marino”, Esta es la frase que quizás mejor define a este mallorquín. Hombre inteligente, aunque sin estudios -como muchos de sus “cursos”-, fue capaz de llegar por méritos de guerra, de marinero de cubierta a los más altos galones –almirante– de la Real Armada.

En 1748 los piratas berberiscos apresaron un jabeque español con 200 pasajeros. Fernando VI ordenó armar en Mallorca otros cuatro, poniendo al mando a Antonio Barceló, ascendido a tal efecto a teniente de fragata para que esto no ocurriera más. Con sus “patrulleras” defendió las costas del levante español, y jamás dudó en poner proa al enemigo, estuviera en inferioridad numérica o la mar no fuese a su favor. Se convirtió en el terror de los piratas berberiscos, apresando o echando a pique más naves rivales que ningún otro comandante.
Participó en las campañas de Argel, Tánger y en el asedio a Gibraltar, para el cual diseñó unas lanchas cañoneras, armadas con obuses, que utilizó en el combate. Barceló, hombre sencillo y de pueblo llano, que no gustaba del “guante blanco”, fue objeto de desprecio por parte de los oficiales formados en las academias de guardiamarinas. Los comentarios sobre su persona, su sordera y su cuestionada capacidad para el mando llegaron a oídos del rey, que envió al duque de Crillon para realizar un informe acerca de las capacidades del -ya viejo- almirante. Pero cuando el duque conoció a Barceló, envió una carta al ministro Floridablanca reafirmando la leyenda de Barceló y elogiando sus capacidades como mando, desmintiendo las habladurías que sobre él se vertían. .

ANTONIO DE ULLOA (Sevilla, 1716 - isla de León, Cádiz, 1795) Científico, militar y marino español. Realizó sus primeros estudios en Sevilla, en el Colegio Mayor de Santo Tomás. De constitución débil y enfermiza, su padre lo embarcó a los trece años en el galeón San Luis, para que se fortaleciese con el cambio de aires y de vida, navío en el que zarpó de Cádiz rumbo a Cartagena de Indias, y con el cual regresó a Cádiz en septiembre de 1732.

Tras esto, se presentó a examen en la Academia de guardiamarinas de Cádiz, consiguiendo una plaza el 28 de noviembre de 1733, y un destino en el navío Santa Teresa, el cual, junto a otros, debía de escoltar las tropas de infantería que salían de Barcelona en 1734 para auxiliar al Infante de Nápoles don Carlos (Carlos III) que se encontraba en guerra con el imperio austriaco. La Academia de París quiso zanjar el problema de las dimensiones de la Tierra, y para ello nombró dos comisiones, una que iría a Laponia y otra a Ecuador, con el objetivo de medir un arco de meridiano. La segunda comisión fue autorizada por Felipe V por solicitud del monarca francés, Luis XV. Los oficiales españoles que habían de acompañar a la misión francesa fueron Antonio de Ulloa y Jorge Juan, con 19 y 21 años de edad respectivamente, y que fueron elevados al rango de tenientes de fragata. Se embarcaron el 28 de mayo de 1735, con la misión añadida de conducir al virrey, marqués de Villagarcía, con quien llegaron a Cartagena de Indias el 9 de julio de 1735. Allí formaron la comisión junto a los científicos franceses Godin, Bouguer y La Condamine, e iniciaron los estudios el 29 de julio. Las experiencias de este viaje se registraron en la Relación histórica del viaje a la América meridional, que contiene mapas, descripciones de países y noticias del virreinato del Perú, y que se tradujo a casi todas las lenguas europeas. De regreso a España, y habiendo embarcado en un navío francés, fue apresado por los ingleses. Tras una serie de dificultades, al llegar a Inglaterra fue puesto en libertad y se le restituyeron sus papeles. En Inglaterra, Ulloa aprovechó su estancia para completar sus conocimientos y, por medio del ministro de Estado, conde de Harrington, que había sido embajador en Madrid, fue presentado a Martin Folkes, presidente de la Royal Society. Ulloa asistió a las reuniones de la Sociedad y fue propuesto socio de la misma, el 15 de mayo de 1746. El 29 del mismo mes, el presidente comunicó un largo extracto de las Observaciones de Ulloa en el Perú, y el 11 de diciembre fue elegido miembro.
Poco después volvió a España, y se reunió en Madrid con Jorge Juan. Tras vencer la indiferencia inicial de la corte y conquistar el interés del marqués de la Ensenada, Juan y Ulloa prepararon la publicación de las memorias e informes del viaje. Jorge Juan se encargó de redactar las Observaciones astronomicas y fisicas, y Ulloa de la Relación histórica del viaje a la América meridional. Terminada ya la edición del tomo de las Observaciones y de los cuatro de la Relación histórica, en 1749 el marqués de la Ensenada envió a Ulloa a un largo viaje por Francia, Suiza, Flandes, Holanda, Alemania, Rusia y los países del Báltico, con instrucciones reservadas relativas a la adquisición de todo tipo de informes técnicos y científicos. En París, asistió a las reuniones de la Academia de Ciencias, de la que era correspondiente y estudió la organización y funcionamiento de dicha institución. En Suecia trató a diversos científicos y al rey Adolfo Federico II, y fue nombrado posteriormente miembro de la Academia de ciencias Sueca. En Berlín conoció a Pierre Moreau de Maupertuis, entonces presidente de la Academia de Ciencias. En 1758 fue nombrado gobernador de Huancavélica (Perú) y superintendente de su célebre mina de mercurio, en la que pretendió aplicar sus conocimientos y experiencias e introducir reformas administrativas, pero sus consejos no fueron escuchados, viéndose, además, obligado a defenderse de acusaciones de abuso de autoridad. Durante este período, realizó una Relación y superintendencia de la Real mina de azogues de la villa de Guancavélica (1758).
Cuando, por el tratado de Fontainebleau, se cedió a España la soberanía de la Luisiana Meridional, Ulloa, por orden de Carlos III, fue designado gobernador de este territorio (1765), puesto en el que luchó con grandes inconvenientes y en el que permaneció poco tiempo. Se le nombró, asimismo, gobernador de Florida occidental en 1766. Diez años después fue nombrado comandante de la flota de Nueva España, cargo que Ulloa desempeñó por última vez. Durante el tornaviaje a la península, que tuvo lugar en 1778, observó en alta mar un eclipse total de sol, que dio lugar a la oportuna publicación. La guerra de la Independencia de Estados Unidos, a la que España acababa de sumarse, supuso de nuevo su salida a la mar al mando de otra flota. Fue ésta una campaña desgraciada que costó a Ulloa un largo expediente y un consejo de guerra y, a consecuencia de ello, aunque fue declarado inocente, nunca se recuperó del todo su prestigio militar. Volvió a España en 1772, y en esa época preparó para la imprenta las Noticias americanas, que tuvieron gran aceptación en Europa. El resto de su vida transcurrió en Cádiz de modo casi ininterrumpido. En 1779 fue ascendido a teniente general de la Armada, y realizó dos cruceros, uno a Azores y otro al cabo Espartel. .

CAYETANO VALDES . Cayetano Valdés y Flores Bazán y Peón (Sevilla; 28 de septiembre de 1767-San Fernando; 6 de febrero de 1835), hijo de Cayetano Valdés Bazán y María Antonia Flores Peón. Su abuelo paterno era Fernando Valdés Quirós Sierra, emparentado con la casa de Quirós, regidor perpetuo de Avilés y superintendente de la ciudad de Sevilla.1? Era sobrino del otro capitán general de la Armada del mismo apellido, Antonio Valdés y Fernández Bazán. Sentó plaza de guardiamarina en el departamento de Cádiz, antes de cumplir los 14 años de edad, en 1780. Terminados sus estudios, embarcó en la escuadra de Luis de Córdova que bloqueaba Gibraltar mientras la plaza era atacada por el duque de Crillón. Tomó parte en el combate que Córdova sostuvo en el estrecho de Gibraltar en 1782 contra el almirante Howe, y en la segunda expedición contra Argel de Antonio Barceló al año siguiente. Formó parte asimismo, ya de teniente de navío, de la expedición Malaspina que contorneó toda América del Sur y dio la vuelta al mundo visitando las colonias españolas, expedición emprendida con objeto de conocer las necesidades políticas, económicas y militares de aquéllas, además de realizar el estudio hidrográfico de las costas propias y extrañas, así como de la astronomía y ciencias naturales. De dicha expedición se separó en Acapulco para iniciar, por orden superior, la exploración del estrecho de Juan de Fuca, al que la crónica del viaje de Maldonado daba como el famoso paso del norte o de comunicación del Pacífico con el Atlántico. Mandaba la goleta Mejicana, en tanto que el jefe de la expedición era Dionisio Alcalá Galiano, comandante de la Sutil. En 1797, mandando el navío Infante don Pelayo, estuvo en la desgraciada Batalla del Cabo de San Vicente, reñida entre la escuadra del general José de Córdova y la del almirante Jervis. Al oír el cañoneo, Valdés dirigió el Pelayo al sitio donde más duro era el combate, al tiempo que el buque insignia, el Santísima Trinidad, era rendido por tres navíos británicos, después de haber sido desarbolado y haber perdido las dos terceras partes de su dotación. Valdés aparece en un momento crucial, acercándose a toda vela en medio de la espesa niebla. Salvemos al Trinidad o perezcamos todos dice a su gente, y un ¡Viva el Rey! resuena por todo el navío en señal inequívoca de obedecer a su comandante o perecer en el intento. Obligó a izar de nuevo la bandera en el Trinidad, y haciendo prodigios de valor, secundado por Baltasar Hidalgo de Cisneros, que mandaba el San Pablo, salvó al buque insignia de caer en manos de los enemigos. Por esta acción fue ascendido Valdés a capitán de navío. En el mismo año de 1797 tomó parte en la defensa de Cádiz contra las fuerzas de Nelson, a las órdenes del nuevo almirante de la Armada José de Mazarredo.

Durante los dos años siguientes Valdés hizo dos salidas con la escuadra en persecución de fuerzas del enemigo bloqueador. En la segunda llegó hasta Cartagena, donde se unió con la francesa del almirante Bruix, con la que luego se dirigió la española a Cádiz y a Brest. En este puerto, por ser el Pelayo uno de los navíos que se entregaron a la Francia napoleónica por el Tercer Tratado de San Ildefonso, pasó a mandar el Neptuno, que era el navío insignia del general Federico Gravina. Sin dejar el mando de éste, fue nombrado mayor general de la escuadra, saliendo de Brest a finales de 1801 para sofocar la rebelión de Santo Domingo. Pasó después a La Habana, volviendo a Cádiz en 1802, en cuya fecha fue ascendido a brigadier de la Real Armada. La injustificable agresión británica a cuatro fragatas españolas en el cabo de Santa María provocó de nuevo la guerra con el Reino Unido, y a petición propia Valdés se hizo cargo del mando del Neptuno, ahora perteneciente a la escuadra del teniente general Domingo Pérez de Grandallana, que se armaba en Ferrol a fines de 1804. Mientras se alistaban estas fuerzas, sin cesar en el mando de su buque tomó el de las fuerzas sutiles con base en la Graña; con ellas salió a la mar varias veces, sosteniendo combate con los buques enemigos bloqueadores, siempre en apoyo del comercio de cabotaje como era la misión de estas fuerzas. En agosto de 1805 zarpó la escuadra de Ferrol, uniéndose a la combinada de Gravina y Villeneuve. En el combate de Trafalgar, reñido el 21 de octubre de aquel año contra la escuadra de Nelson, ocupaba el Neptuno la cabeza de la línea de combate, formando parte de la división de vanguardia mandada por el contralmirante Dumanoir. Ya trabada la lucha, el Neptuno, a pesar de la lentitud de decisión de Dumanoir, dio media vuelta y acudió en auxilio del Bucentaure y del Santísima Trinidad. Cuatro navíos británicos trataban de batirles por la proa concentrando sus fuegos de toda la banda. Contra ellos se lanzó Valdés, pero el heroísmo del comandante del Neptuno no logró su objetivo de salvar al Santísima Trinidad ni al Bucentaure. Los marinos españoles tenían bien presente la máxima de que: en un día de combate, no está en su puesto el capitán que no está en el fuego. Valdés recibió una herida grave, negándose a abandonar su puesto. Al fin perdió el conocimiento y los que quedaron en el Neptuno, ya maltrecho y sin valor combativo, decidieron su rendición. El temporal que sobrevino al combate salvó al Neptuno de manos de los británicos, mas fue para empujarlo contra la costa, hundiéndose en las cercanías del castillo de Santa Catalina en Cádiz. Por su comportamiento en el combate fue ascendido Valdés a jefe de escuadra, tomando el mando de la que se reunió en Cartagena y arbolando su insignia en el navío Reina María Luisa, de 112 cañones. El 10 de febrero de 1808 salió con sus buques con orden de dirigirse a Tolón, pero, ya porque preveía los acontecimientos, ya por el mal tiempo, el hecho es que arribó a las Baleares precisamente con ocasión del alzamiento nacional del dos de mayo, evitando de este modo que los buques cayesen en poder del emperador de los franceses. Esta arribada fue muy criticada por los franceses, lo cual es precisamente un galardón para Valdés, que fue quien la dispuso. Con las abdicaciones de Bayona y por la gran influencia que ejercía cerca del gobierno el gran duque de Berg, general en jefe del ejército francés, Valdés fue depuesto y residenciado. En 1809, ya ascendido a teniente general por la Junta Suprema, fue nombrado gobernador, capitán general y jefe político de Cádiz. En ese puesto defendió resistencia de la ciudad, evitando que fuera tomada por el ejercito imperial napoleónico sitio de Cádiz. Al ser vencido el ejército napoleónico y expulsado totalmente del suelo patrio, regresó el Deseado Fernando VII a ocupar el trono. Con la reimplantación del absolutismo, Valdés fue confinado en el castillo de Alicante. Acudió esta vez en su ayuda su anciano tío Valdés y Bazán; se le concedería el perdón a condición de que se doblegase a pedir clemencia al rey, pero Valdés no quiso hacerlo por considerarse libre de toda culpa. Cuando el duque de Angulema invadió España, el gobierno se trasladó a Cádiz. Al negarse el rey a trasladarse a dicha plaza, se le incapacitó y, a propuesta del diputado Alcalá Galiano, fue nombrada una Regencia compuesta por los Generales de Mar Cayetano Valdés, Gabriel Císcar y el teniente general del ejército Gaspar de Vigodet. Al fin el rey llegó a Cádiz y la Regencia se apresuró a resignar en él sus poderes, haciéndolo el 15 de junio de 1823. Empezado el sitio por los franceses, Valdés fue nombrado general en jefe de las fuerzas de tierra y mar. Desempeñó su cometido con inteligencia y valor, y son un modelo de dignidad y entereza las comunicaciones dirigidas al mayor general del ejército sitiador, con ocasión de intimar éste a Valdés, en nombre del duque de Angulema, a proteger la vida del rey y de su familia, amenazando con pasar a cuchillo a las principales jerarquías y hasta a los diputados a Cortes si algo les acontecía. Valdés respondió que, precisamente, mientras el ejército francés y el absolutista español bombardeaban Cádiz, los amenazados con represalias se ocupaban, sólo por lealtad y no por amenazas, de la protección de la real familia y dice: ¿O quiere S. A. que el mundo diga que cuando las armas francesas le atacaron era debido a un sobrado miedo, hijo de una intimación que V. E. hace por orden de S. A.?, ¿Y a quién? ¡Dirigiéndola al pueblo más digno de la tierra y a un militar que nunca hará nada por miedo! Terminada la tensión de guerra y finalizado el sitio el 1 de octubre, al trasladarse el rey y la real familia al cuartel general francés, Valdés, por ser el oficial de marina más caracterizado, patroneó como prescribe la ordenanza la falúa que condujo a las reales personas al Puerto de Santa María. Ya había sido advertido por el general francés, nuevo gobernador militar de Cádiz, de que iba a ser encarcelado, pero no quiso ponerse a salvo para no dar la sensación de que tenía algo que temer. Una vez en el puerto, para librarle de la prisión y muerte, el general francés le arrestó preventivamente en uno de sus buques, al que dio orden de salir inmediatamente para Gibraltar, con el sólo objeto de salvar al capitán general español. De Gibraltar pasó Valdés al Reino Unido, donde vivió diez años, siendo tratado con respeto, caballerosidad y admiración por los que en guerra tanto habían combatido. Merced a la amnistía decretada por la reina gobernadora María Cristina de Borbón, Valdés volvió a España, siendo nombrado capitán general de la Armada y dándosele el mando del departamento de Cádiz. Fue nombrado después prócer del Reino, falleciendo en San Fernando el 6 de febrero de 1835, donde fue enterrado en el cementerio de la ciudad. Unos años más tarde se decretó el traslado al Panteón de Marinos Ilustres, con fecha del 11 de junio de 1851, pero hasta el 3 de octubre de 1858 no tuvo lugar el traslado, que se efectuó sin ceremonia ninguna, quedando depositado en una de las capillas del Panteón. En 1860, la situación de los restos sirvió de argumento para que se acabasen las obras del edificio, donde por fin se les dio sepultura definitiva en la nave del Este del crucero central, sin precisarse la fecha en que esto ocurrió, porque al parecer se debió a una orden de las autoridades locales, deseosas de impedir con su definitivo enterramiento el deterioro o extravío de tan respetables cenizas. (Wikipedia, retrato de Jose Roldan Martinez (1847). Museo Naval de Madrid) .

CASTO MENDEZ NUÑEZ . Casto Secundino María Méndez Núñez (1 de julio de 1824 - 21 de agosto de 1869), nacido en Vigo (Galicia). En 1866, durante la Guerra de las Islas Chincha entre España, Perú y Chile, fue comandante general de la flota española en el Pacífico. Como tal, bombardeó y destruyó el puerto de Valparaíso, y luchó en la Batalla de Callao (durante la cual resultó herido nueve veces). Méndez Núñez fue el primer hombre en circunnavegar el mundo en un buque de guerra blindado: "Enloricata navis quae primo terram circuivit".

Cuando Hugh Judson Kilpatrick, el ministro estadounidense en Chile, supo que el comodoro Méndez Núñez iba a bombardear el puerto de Valparaíso, le pidió al comandante naval estadounidense, el comodoro John Rodgers, que atacara a la flota española. Méndez Núñez respondió con "Será forzado a hundir [los barcos de EE. UU.], Porque incluso si me queda un barco procederé con el bombardeo. España, la Reina y yo preferimos el honor sin barcos que los barcos sin honor". .

ANTONIO DE ESCAÑO (Cartagena, 1750 - Cádiz, 12 de julio de 1814) El insigne Marino español Antonio de Escaño ingresó como guardiamarina a los 17 años y partició en casi todas las grandes operaciones navales que sostuvo España en su época: la expedición contra Argel en 1783, la defensa de Cádiz en 1797 frente a la escuadra británica de Jervis, la batalla de Brest, la de Finisterre y la batalla del Cabo de San Vicente, en la que, gracias a su visión militar, consiguió salvar el buque insignia español, el Santísima Trinidad, cuando su comandante José de Córdoba y Rojas "perdió los papeles", y por lo cual recibió la encomienda de la Orden de Santiago.

Por su gran experiencia náutica y militar, y por su cargo de segundo jefe de la escuadra española a las órdenes de Federico Gravina, fue designado por los jefes españoles para exponer ante Pierre de Villeneuve su opinión contraria a la del almirante francés en la célebre reunión a bordo del Bucentaure, o sea, la de permanecer dentro de la bahía gaditana y no intentar romper el cerco inglés. Villeneuve no le hizo caso y ordenó la salida en busca de los navíos de Horatio Nelson. A pesar de haber resultado herido en la batalla de Trafalgar, fue Escaño quien comunicó a Manuel Godoy el resultado del combate, ya que «la situación en que se encuentra el teniente general don Federico Gravina, de resultas de un balazo de metralla que al fin de la acción de ayer recibió en su brazo izquierdo, no le permite dar a V.E. noticia de este combate sangriento». Ascendido a teniente general de la Armada, Escaño fue elegido, en 1810, miembro del Consejo de Regencia de España e Indias. Cuando este organismo dimitió tras la convocatoria e inicio de las Cortes de Cádiz, fue el único miembro al que se autorizó la residencia en la ciudad. Y en ella murió a mediados de 1814, pocos días después de ser nombrado capitán general de Cartagena, cargo del que no llegó a tomar posesión..
Participó en las campañas de Argel, Tánger y en el asedio a Gibraltar, para el cual diseñó unas lanchas cañoneras, armadas con obuses, que utilizó en el combate. Barceló, hombre sencillo y de pueblo llano, que no gustaba del “guante blanco”, fue objeto de desprecio por parte de los oficiales formados en las academias de guardiamarinas. Los comentarios sobre su persona, su sordera y su cuestionada capacidad para el mando llegaron a oídos del rey, que envió al duque de Crillon para realizar un informe acerca de las capacidades del -ya viejo- almirante. Pero cuando el duque conoció a Barceló, envió una carta al ministro Floridablanca reafirmando la leyenda de Barceló y elogiando sus capacidades como mando, desmintiendo las habladurías que sobre él se vertían. .

BERNARDO DE GALVEZ Bernardo de Gálvez nació en Macharaviaya, un pueblo de montaña en la provincia de Málaga, España, el 23 de julio de 1746. Estudió ciencias militares en la Academia de Ávila y a la edad de 16 años participó en la invasión española de Portugal, que se estancó después de que los españoles capturaron a Almeida. Después del conflicto fue ascendido a teniente de infantería. Llegó a México, que entonces era parte de Nueva España, en 1769. Como capitán, luchó contra los apaches, con sus aliados indios Opata. Recibió muchas heridas, varias de ellas serias. En 1770, fue ascendido a comandante de armas de Nueva Vizcaya y Sonora, en el norte de las provincias de Nueva España. En 1772, Gálvez regresó a España en compañía de su tío, José de Gálvez. Más tarde, fue enviado a Pau, Francia, donde sirvió con el regimiento de la Real Cantabria, una unidad élite franco-española, durante tres años. Allí, aprendió a hablar francés, lo que le fue muy útil cuando se convirtió en gobernador de Louisiana. Fue trasladado a Sevilla en 1775, y luego participó en la desastrosa expedición de Alejandro O'Reilly a Argel. El propio Gálvez resultó gravemente herido en el cumplimiento del deber cuando las fuerzas españolas atacaron la fortaleza que custodiaba la ciudad; luego fue nombrado profesor en la academia militar de Ávila y ascendido a teniente coronel. Fue coronel en 1776. El 1 de enero de 1777, Bernardo de Gálvez se convirtió en el nuevo gobernador de la antiguamente francesa provincia de Luisiana, el vasto territorio que más tarde se convirtió en el objeto de la Compra de Luisiana. Había sido cedido por Francia a España en 1763, supuestamente como compensación por la pérdida de Florida en Gran Bretaña, cuando España fue exhortada a finales de la Guerra de los Siete Años a entrar en batalla en el lado francés. En 1779, fue ascendido a brigadier. En noviembre de 1777, Gálvez se casó con Marie Félicité de Saint-Maxent d'Estrehan, la hija criolla de Gilbert Antoine de Saint-Maxent y joven viuda del hijo de Jean-Baptiste d'Estrehan. Este matrimonio con la hija de un francés y la criolla Elizabeth La Roche le ganó a Gálvez el favor de la población criolla local. Tuvieron tres hijos, Miguel, Matilde y Guadalupe. Gálvez ejerció una política anti-británica como gobernador, tomando medidas contra el contrabando británico y promoviendo el comercio con Francia. Dañó los intereses británicos en la región y lo mantuvo abierto para suministros para llegar al ejército de George Washington. Fundó Galvez Town en 1779, promovió la colonización de Nueva Iberia y estableció el libre comercio con Cuba y Yucatán. En diciembre de 1776, el rey Carlos III de España decidió que la ayuda encubierta a los rebeldes angloamericanos en su revolución contra Gran Bretaña sería estratégicamente útil, pero España no entró en una alianza formal con la república naciente que habían declarado. En 1777, José de Gálvez, recién nombrado ministro del Consejo de Indias, envió a su sobrino, Bernardo de Gálvez, a Nueva Orleans como gobernador de Luisiana con instrucciones de asegurar la amistad de los Estados Unidos. El 20 de febrero de 1777, los ministros del rey español en Madrid instruyeron secretamente a Gálvez para que les vendiera a los estadounidenses los suministros que tanto necesitaban. Los británicos habían bloqueado los puertos coloniales de las trece colonias y, en consecuencia, la ruta desde Nueva Orleans hasta el río Mississippi era una alternativa efectiva. Gálvez trabajó con Oliver Pollock, un patriota estadounidense, para enviar pólvora, mosquetes, uniformes, medicinas y otros suministros a los rebeldes estadounidenses. Aunque España aún no se había unido a la causa estadounidense, cuando una expedición estadounidense de ataque encabezada por James Willing apareció en Nueva Orleans con botín y varios barcos británicos capturados como premios, Gálvez se negó a entregar a los estadounidenses a los británicos. En 1779, las fuerzas españolas comandadas por Gálvez tomaron la provincia de Florida Occidental, más tarde conocida como las parroquias de Florida, de los británicos. El motivo de España fue la posibilidad tanto de recuperar los territorios perdidos por los británicos, particularmente de Florida, como de eliminar la amenaza británica en curso. El 21 de junio de 1779, España declaró formalmente la guerra a Gran Bretaña. El 25 de junio, una carta de Londres, marcada como secreta y confidencial, fue al general John Campbell en Pensacola del rey George III y Lord George Germain. Campbell recibió instrucciones de que era el objetivo de mayor importancia organizar un ataque contra Nueva Orleans. Si Campbell pensó que era posible reducir el fuerte español en Nueva Orleans, se le ordenó hacer los preparativos de inmediato. Estos incluidos asegurando al vicealmirante Sir Peter Parker tantos barcos de combate como la flota de Jamaica podía prescindir, reuniendo a todas las fuerzas en la provincia que podían reunirse, reclutando a tantos indios leales como el superintendente podía proporcionarles, y dibujando en el Tesoro de Su Majestad a través de los Comisionados de los Lores para pagar los gastos. Como un desafortunado giro del destino para Campbell, sobre el cual se decidió toda su carrera, la comunicación secreta cayó en manos de Gálvez. Después de leer la comunicación del Rey George III y Germain, Gálvez, Gobernador de Louisiana, organizó rápida y secretamente Louisiana y Nueva Orleans para la guerra. Gálvez llevó a cabo una magistral campaña militar y derrotó a las fuerzas coloniales británicas en Fort Bute, Baton Rouge y Natchez en 1779 .

En este tercer esfuerzo, Díaz participó en las campañas contra los mexicas, más tarde llamado el Imperio azteca. En este momento, era un miembro con mucha experiencia de la expedición de Hernán Cortés. Durante esta campaña, Díaz habló con frecuencia con sus compañeros soldados sobre sus experiencias. Estos relatos, y especialmente las propias experiencias de Díaz, sirvieron de base para los recuerdos que más tarde Bernal Díaz contó con gran dramatismo a los visitantes y, finalmente, un libro titulado Historia verdadera de la conquista de la Nueva España (en inglés: The True History of the Conquista de Nueva España). En este último, Díaz describe muchas de las 119 batallas en las que afirma haber participado, que culminaron en la derrota de los aztecas en 1521. Esta obra también pretende describir a los diversos pueblos originarios que viven en el territorio rebautizado como Nueva España por los españoles. . Bernal Díaz también examina las rivalidades políticas de los españoles y da cuenta de los sacrificios humanos, el canibalismo y la idolatría de los nativos, de los que afirma ser testigos de primera mano, así como de los logros artísticos, culturales, políticos e intelectuales de los aztecas, incluidos sus palacios, mercados y jardines botánicos y zoológicos bellamente organizados. Su relato de los mexicas junto con el de Cortés son relatos en primera persona que registran aspectos importantes de la cultura mesoamericana. La verdadera historia sigue siendo uno de los mejores relatos que tenemos de México en el momento de la conquista, pero su propósito y estilo revelan algunos de los prejuicios que aparecen en esta llamada historia veraz. El relato de Bernal Díaz no se ha utilizado plenamente como fuente de la cultura mesoamericana de la era de la conquista. Como recompensa por su servicio, Díaz recibió una encomienda de Cortés en 1522. Eso fue confirmado y complementado por premios similares en 1527 y 1528. En 1541, se instaló en Guatemala y, durante el curso de un viaje a España, fue nombrado regidor (gobernador) de Santiago de los Caballeros de Guatemala, actual Antigua Guatemala, en 1551. Historia verdadera Su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, terminó en 1568, casi cincuenta años después del Los sucesos que describió comenzaron aproximadamente al mismo tiempo que su nombramiento como regidor y estaban en pleno desarrollo a mediados de la década de 1550, cuando escribió al emperador del Sacro Imperio Romano (y rey ??de España), Carlos V, describiendo sus servicios y buscando beneficios. Esa fue una acción estándar de los conquistadores para documentar sus servicios a la corona y las solicitudes de recompensas. Alguna versión de su cuenta circuló en el centro de México en las décadas de 1560 y 1570, antes de su publicación del siglo XVII. El relato de Bernal Díaz es mencionado por Alonso de Zorita, un funcionario real que escribió un relato de la sociedad indígena, y el mestizo Diego Muñoz Camargo, quien escribió un relato completo de la participación de los tlaxcaltecas en la conquista de los mexicas. El manuscrito de Bernal Díaz fue ampliado en respuesta a lo que más tarde encontró en la biografía oficial de Hernán Cortés encargada por el heredero de Cortés, Don Martín Cortés, publicada en 1552 por Francisco López de Gómara. El título Historia verdadera es en parte una respuesta a las afirmaciones hechas por Hernán Cortés en sus cartas publicadas al rey, López de Gómara, Bartolomé de las Casas, Gonzalo de Illescas y otros que no habían participado en la campaña. Bernal Díaz también usó la publicación de Juan Ginés de Sepúlveda sobre la guerra justa, que permitió a Bernal Díaz lanzar la conquista de México como una conquista justa. A pesar de la falta de educación formal de Bernal Díaz y el interés propio que dio origen a su volumen, Historia verdadera evoca, como ninguna otra fuente, el proceso a menudo trágico y doloroso pero fascinante a través del cual un imperio terminó y otro comenzó a tomar forma. Bernal Díaz murió en enero de 1584. Estaba vivo el 1 de enero, pero el 3 de enero, su hijo, Francisco, se presentó ante el Cabildo de Guatemala y les informó que su padre había muerto. Miguel León-Portilla acepta esta fecha en su Introducción (de julio de 1984, "a cuatro siglos de la muerte de Bernal") a la antología de extensos extractos de la Historia verdadera. Alicia Mayer (2005) elogió esa edición, su selección y la presentación de León-Portilla, diciendo que permanecieron, hasta la fecha de su revisión, "fuente imprescindible de consulta" (una fuente indispensable para consultar) sin ver su manuscrito publicado. Una copia ampliada y corregida del manuscrito conservado en Guatemala se envió a España y se publicó, con revisiones, en 1632. El manuscrito fue editado por Fray Alonso de Remón y Fray Gabriel Adarzo y Santander antes de su publicación. En esta primera edición publicada de la obra de Bernal Díaz, hay un capítulo (212), que algunos consideran apócrifo con signos y augurios de la conquista y se omite para las ediciones posteriores (Wikipedia) .

BERNAL DIAZ DEL CASTILLO Bernal Díaz del Castillo nació alrededor de 1496 en Medina del Campo, una próspera ciudad comercial en Castilla. Sus padres fueron Francisco Díaz del Castillo y María Díez Rejón. Su padre era regidor (concejal) de Medina del Campo, lo que le dio a la familia cierta prominencia. Díaz tenía al menos un hermano mayor y asistieron juntos a la escuela, aprendiendo a leer y escribir. Bernal Díaz era inteligente y más tarde mostró un don para los idiomas, aprendiendo a hablar el dialecto nativo en Cuba, el náhuatl en México y el idioma cakchiquel de los nativos guatemaltecos. En 1514, cuando Díaz tenía alrededor de dieciocho años, se fue de su casa para unirse a una expedición al Nuevo Mundo dirigida por Pedrarias Dávila. Era la flota más grande enviada hasta la América continental, que consta de 19 buques y 1.500 personas. Díaz sirvió como soldado de infantería común y esperaba hacer fortuna, pero cuando llegaron a Darién en la actual Colombia, rápidamente fueron vencidos por el hambre y una epidemia que mató a más de la mitad de los colonos. [2] Muchos de los colonos se desanimaron y buscaron nuevas oportunidades en otros lugares; algunos regresaron a España, mientras que otros viajaron a La Española o Cuba. [1] En 1516, Díaz navegó a Cuba con otros 100 soldados buscando una parte del oro y los trabajadores nativos que se decía que se encontraban en la isla. Descubrieron que el oro era escaso y el trabajo nativo era escaso, lo que llevó a Díaz, en 1517, a unirse a una expedición organizada por un grupo de unos 110 soldados y colonos descontentos para "descubrir nuevas tierras". [3] Eligieron a Francisco Hernández de Córdoba, un rico terrateniente cubano, para dirigir la expedición. Fue una aventura difícil y, después de navegar desde Cuba durante 21 días, cruzaron la costa de Yucatán a principios de marzo de 1517, en Cabo Catoche. El 4 de marzo de 1517, los españoles tuvieron su primer encuentro con los nativos de Yucatán que vinieron a su encuentro en cinco o tal vez 10, dependiendo de la versión / traducción de su trabajo, grandes canoas de madera. Al día siguiente, los españoles desembarcaron, invitados por los nativos que querían mostrarles su aldea. Fueron emboscados, pero lograron retirarse, después de matar a 15 locales y tener 15 heridos, 2 de los cuales murieron más tarde. Al partir, los españoles capturaron a 2 nativos que serían traductores en futuras expediciones. El español casi murió de sed y navegó a Florida en busca de agua potable. Mientras cavaban un pozo en la playa, los lugareños atacaron a los españoles. Durante este altercado, un español fue capturado por los floridanos nativos, mientras que los españoles mataron a 22 nativos. Los españoles lograron hacer un retiro pero también pudieron juntar agua. Regresaron a Cuba, todos gravemente heridos. El capitán, Francisco Hernández de Córdoba y otros soldados murieron poco después de regresar a Cuba. Sin embargo, Díaz regresó a la costa de Yucatán en abril de 1518, en una expedición dirigida por Juan de Grijalva, con la intención de explorar las tierras. Al regresar a Cuba, se alistó en una nueva expedición, esta dirigida por Hernán Cortés. .

En este tercer esfuerzo, Díaz participó en las campañas contra los mexicas, más tarde llamado el Imperio azteca. En este momento, era un miembro con mucha experiencia de la expedición de Hernán Cortés. Durante esta campaña, Díaz habló con frecuencia con sus compañeros soldados sobre sus experiencias. Estos relatos, y especialmente las propias experiencias de Díaz, sirvieron de base para los recuerdos que más tarde Bernal Díaz contó con gran dramatismo a los visitantes y, finalmente, un libro titulado Historia verdadera de la conquista de la Nueva España (en inglés: The True History of the Conquista de Nueva España). En este último, Díaz describe muchas de las 119 batallas en las que afirma haber participado, que culminaron en la derrota de los aztecas en 1521. Esta obra también pretende describir a los diversos pueblos originarios que viven en el territorio rebautizado como Nueva España por los españoles. . Bernal Díaz también examina las rivalidades políticas de los españoles y da cuenta de los sacrificios humanos, el canibalismo y la idolatría de los nativos, de los que afirma ser testigos de primera mano, así como de los logros artísticos, culturales, políticos e intelectuales de los aztecas, incluidos sus palacios, mercados y jardines botánicos y zoológicos bellamente organizados. Su relato de los mexicas junto con el de Cortés son relatos en primera persona que registran aspectos importantes de la cultura mesoamericana. La verdadera historia sigue siendo uno de los mejores relatos que tenemos de México en el momento de la conquista, pero su propósito y estilo revelan algunos de los prejuicios que aparecen en esta llamada historia veraz. El relato de Bernal Díaz no se ha utilizado plenamente como fuente de la cultura mesoamericana de la era de la conquista. Como recompensa por su servicio, Díaz recibió una encomienda de Cortés en 1522. Eso fue confirmado y complementado por premios similares en 1527 y 1528. En 1541, se instaló en Guatemala y, durante el curso de un viaje a España, fue nombrado regidor (gobernador) de Santiago de los Caballeros de Guatemala, actual Antigua Guatemala, en 1551. Historia verdadera Su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, terminó en 1568, casi cincuenta años después del Los sucesos que describió comenzaron aproximadamente al mismo tiempo que su nombramiento como regidor y estaban en pleno desarrollo a mediados de la década de 1550, cuando escribió al emperador del Sacro Imperio Romano (y rey ??de España), Carlos V, describiendo sus servicios y buscando beneficios. Esa fue una acción estándar de los conquistadores para documentar sus servicios a la corona y las solicitudes de recompensas. Alguna versión de su cuenta circuló en el centro de México en las décadas de 1560 y 1570, antes de su publicación del siglo XVII. El relato de Bernal Díaz es mencionado por Alonso de Zorita, un funcionario real que escribió un relato de la sociedad indígena, y el mestizo Diego Muñoz Camargo, quien escribió un relato completo de la participación de los tlaxcaltecas en la conquista de los mexicas. El manuscrito de Bernal Díaz fue ampliado en respuesta a lo que más tarde encontró en la biografía oficial de Hernán Cortés encargada por el heredero de Cortés, Don Martín Cortés, publicada en 1552 por Francisco López de Gómara. El título Historia verdadera es en parte una respuesta a las afirmaciones hechas por Hernán Cortés en sus cartas publicadas al rey, López de Gómara, Bartolomé de las Casas, Gonzalo de Illescas y otros que no habían participado en la campaña. Bernal Díaz también usó la publicación de Juan Ginés de Sepúlveda sobre la guerra justa, que permitió a Bernal Díaz lanzar la conquista de México como una conquista justa. A pesar de la falta de educación formal de Bernal Díaz y el interés propio que dio origen a su volumen, Historia verdadera evoca, como ninguna otra fuente, el proceso a menudo trágico y doloroso pero fascinante a través del cual un imperio terminó y otro comenzó a tomar forma. Bernal Díaz murió en enero de 1584. Estaba vivo el 1 de enero, pero el 3 de enero, su hijo, Francisco, se presentó ante el Cabildo de Guatemala y les informó que su padre había muerto. Miguel León-Portilla acepta esta fecha en su Introducción (de julio de 1984, "a cuatro siglos de la muerte de Bernal") a la antología de extensos extractos de la Historia verdadera. Alicia Mayer (2005) elogió esa edición, su selección y la presentación de León-Portilla, diciendo que permanecieron, hasta la fecha de su revisión, "fuente imprescindible de consulta" (una fuente indispensable para consultar) sin ver su manuscrito publicado. Una copia ampliada y corregida del manuscrito conservado en Guatemala se envió a España y se publicó, con revisiones, en 1632. El manuscrito fue editado por Fray Alonso de Remón y Fray Gabriel Adarzo y Santander antes de su publicación. En esta primera edición publicada de la obra de Bernal Díaz, hay un capítulo (212), que algunos consideran apócrifo con signos y augurios de la conquista y se omite para las ediciones posteriores (Wikipedia) .

COSME DAMIAN CHURRUCA Y ELORZA Cosme Damián Churruca y Elorza (Motrico, Guipúzcoa, 27 de septiembre de 1761 - Trafalgar, Cádiz, 21 de octubre de 1805) fue un científico, marino y militar español, brigadier de la Real Armada y alcalde de Motrico. Se distinguió en la batalla de Trafalgar al mando del navío de línea San Juan Nepomuceno, a bordo del cual encontró la muerte. Fue el cuarto hijo del matrimonio formado por Francisco de Churruca e Iriondo, alcalde de Motrico, y María Teresa de Elorza e Iturriza, y hermano menor de Julián Baldomero de Churruca, héroe de la Guerra de la Independencia, abogado y filólogo vsco. Nació en la casa solariega construida años antes por el almirante Antonio de Gaztañeta, pariente suyo, cuyos recuerdos náuticos despertaron tempranamente la vocación de Cosme Churruca por el mar. Cursó sus primeros estudios en el Seminario Conciliar de Burgos, pensando en un primer momento en ordenarse sacerdote, idea que descartaría por la presencia de un joven oficial de Marina, sobrino del arzobispo de Burgos. Bastó ese contacto para que se despertara en él su pasión por la mar. A continuación ingresó en la Escuela de Vergara, que poco más tarde daría origen al Real Seminario de Vergara y que fue fundado por la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País, de la que sería miembro hasta su muerte. Casó en 1805, meses antes de su muerte, con María Dolores Ruiz de Apodaca, sobrina del conde de Venadito, Juan Ruiz de Apodaca, virrey de la Nueva España y almirante de la Armada española. Concluidos sus estudios, volvió a casa de sus padres en solicitud de su venia para emprender la vida de marino. El 15 de junio de 1776 ingresó en la Academia de Cádiz como guardiamarina, a la temprana edad de 15 años, graduándose en la Academia de Ferrol en 1778, donde había adquirido ya fama como astrónomo y estudioso de geografía. Su ascenso a Alférez de Fragata fue el premio por sus brillantes estudios, sobresaliendo entre todos sus compañeros. En el mes de octubre del año 1778 pone el pie por primera vez sobre la cubierta de un navío, el San Vicente, al mando del bailío Francisco Gil de Taboada y Lemos. Esta primera campaña, muy borrascosa, puso en evidencia el arrojo de Churruca frente a los peligros y su aptitud para aminorar los riesgos mediante el estudio de las maniobras. Al ser relevado el general Arce, que estaba al mando de la escuadra, fue sustituido por el teniente general Ponce de León, quien lo escogió como ayudante personal y a sus directas órdenes. Tuvo su primera misión militar en el asedio a la Gran Bretaña por la escuadra combinada franco-española estacionada en Brest. Posteriormente estuvo en el asedio de Gibraltar de 1781, pasando el 13 de diciembre de 1781 a bordo de la fragata Santa Bárbara, comandada por Ignacio María de Álava. En este sitio se distinguió del modo más brillante, acudiendo intrépido a apagar el incendio de las baterías flotantes, por el empleo de los británicos de las balas rojas y llevando socorro, con el bote de la fragata, a las tripulaciones de los buques incendiados, entre un diluvio de metralla que despedían las baterías de la plaza y las explosiones no menos peligrosas de las baterías que ardían. Al terminar la guerra en 1783, la fragata Santa Bárbara fue enviada a Montevideo. Churruca, guiado por su instinto, vigilaba la derrota al detalle, pudiendo advertir a tiempo un grave error en los cálculos del piloto, por lo que reaccionando a tiempo evitó el naufragio del buque. Cuando la paz firmada en el año de 1783 suspendió la lucha, acudió al estudio que forma al marino. Solicitó y obtuvo el ingreso en la Academia de Ferrol, para cursar estudios de Matemáticas, en 1783. Para poder admitirle, a pesar de no haber vacantes, se le añadió el cargo de ayudante de guardiamarinas. Al año siguiente sustituía a los profesores de varias clases y siguiendo en esa vida laboriosa, en 1787 dio el primer ejemplo de un examen público en las aulas de la institución sobre matemáticas, mecánica y astronomía, granjeándose la admiración del numeroso auditorio. controvertidas de la era de los descubrimientos.

Habiendo determinado el gobierno que el capitán de navío Antonio de Córdova continuase sus exploraciones del estrecho de Magallanes, en 1788, éste pidió a don Cosme, ya Teniente de Navío, que le acompañase, formando la expedición los paquebotes Santa Casilda y Santa Eulalia, quedando Churruca encargado de la parte astronómica y geográfica. Junto con su compañero de armas y estudios Ciriaco Cevallos hizo un trabajo completo de reconocimiento del estrecho en dirección al océano Pacífico, descubriendo una ruta alternativa al estrecho, así como una ensenada que lleva su nombre. Escribió un importantísimo trabajo sobre el viaje y paso del estrecho titulado Apéndice al Primer Viaje de Magallanes, dado a la luz en Madrid en 1795. Grandes fueron los peligros, incesantes las penalidades de aquellas investigaciones, en mares en que reina casi de continuo el vendaval. Estas penalidades acabaron con su salud, y cayó gravemente enfermo, sintiendo amagos de escorbuto, que por fortuna no fueron a más. En 1789 fue agregado al Observatorio de la Marina en San Fernando. Si bien estaba aún convaleciente, se entrega a estudios que no contribuían de seguro a su restablecimiento. Al año es llamado a ser ayudante del mayor general de la escuadra al mando del marqués del Socorro; hace la campaña y vuelve a su puesto. La continua tensión de sus incansables trabajos intelectuales acababa con una salud nunca bien restablecida; hubo que pensar seriamente en un descanso indispensable. En el año de 1791, convencido por sus amigos, pasó a respirar el aire balsámico de las montañas de Guipúzcoa y consiguió el completo restablecimiento de su quebrantada salud. Tras un breve espacio de tiempo en su Motrico natal, es llamado por José de Mazarredo para dirigir junto con Joaquín Francisco Fidalgo,1? como Capitanes de Fragata, una expedición geográfica a América del Sur (1792-95), formada por dos secciones, una de las cuales debía recorrer las islas y costas del golfo mexicano y la otra el resto de las del continente, con el fin de formar el atlas marítimo de la América septentrional. Se embarcó en Cádiz el 17 de junio de 1792 y se dio a la vela en ese día con su grupo, compuesto de los bergantines Descubridor y Vigilante. Dos años y cuatro meses duró la expedición, contrariada por todos los incidentes ordinarios, a los cuales vino a sumarse la guerra marítima con la República Francesa. Levantó cartas de las Antillas y de las islas de Sotavento, y defendió las posesiones españolas en el Caribe en la batalla de Martinica, así como las rutas del comercio de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, de la que era socio partícipe. Tan dura campaña no se realizó sin grave menoscabo de su salud, poco robusta. Se embarcó en La Habana y regresó a España en el navío Conquistador, el mando del cual se le dio al llegar a Cádiz junto con su ascenso a Capitán de Navío (1798). El navío se hallaba en el más lastimoso estado, tanto con respecto al armamento como a su tripulación, pero en poco tiempo lo convirtió en modelo en todos los sentidos. Su mala salud no le permitió concluir la historia de su expedición y esa misma causa hizo postergar la publicación de las treinta y cuatro cartas esféricas y mapas geométricos, y ésta es la hora en que no se ha publicado todavía más que una pequeña parte de ellas. Hasta 1802 no publicó la carta esférica de las Antillas, y la particular geométrica de Puerto Rico salió poco después. De nuevo en Cádiz, se le confía el mando del Conquistador para defender las posiciones de los aliados franceses en el Canal de la Mancha. Pasó con el navío y la escuadra de que formaba parte, de Cádiz a Brest, donde fondeó el 9 de agosto de 1799. Allí escribió una instrucción militar, que imprimió y repartió a sus compañeros; sirvió admirablemente a su propósito de establecer en la Armada una más completa y severa disciplina. Siempre ocupado por mejorar cuanto se relacionara con la Marina, empleó su permanencia en Brest perfeccionando y simplificando las maniobras de atraque y carenado. Allí recibió del gobierno el encargo de ir a París con una misión científica. El primer cónsul Bonaparte, para quien todo mérito sobresaliente era un atractivo, conocía la fama del sabio español; quiso verle y le acogió con las mayores demostraciones de aprecio. Su estancia en la capital francesa debió dejar en la mente de Churruca recuerdos muy gratos. Para que nada le faltase, se publicó en Madrid por aquellos tiempos su carta esférica de las Antillas, adoptada por el Gobierno francés junto con las demás que publicó. Bonaparte ordenó presentar un ejemplar a Churruca por el conducto del prefecto marítimo, como un regalo y un homenaje rendido a su saber. Añadió el primer cónsul un sable de honor, la prenda de respeto más estimable del imperio napoleónico. Si a estas demostraciones honoríficas añadimos la distinción pública que le dispensó el general Gravina, comandante de la escuadra, saliendo a recibir al comandante del Conquistador, cuando regresó desde París a Brest, acto público que decía a toda la población el alto aprecio en que el general en jefe tenía a uno de sus subordinados, parecía que nada faltaba para la completa satisfacción de éste. Sin embargo, hecha la paz, el Gobierno español hubo de ceder a Francia seis navíos de línea, entre ellos el Conquistador, cesión que Churruca desaprobaba sin rebozo. Separado de su navío, volvió a Cádiz como pasajero en el navío Concepción, llegando el 25 de mayo de 1802. Obtuvo una licencia para descansar de sus laboriosas tareas, y aprovechó ésta repartiendo su tiempo entre dar una vuelta por su pueblo y un viaje al mediodía francés. En Motrico debe hacerse cargo de la administración de la villa tras la muerte de su padre.
En noviembre de 1803 se le dio el mando del navío Príncipe de Asturias. Los cuidados del mando y de la organización de su navío no fueron obstáculo para que revisase, en compañía de Antonio Escaño, el Diccionario de Marina. El gobierno le encargó también que hiciera experiencias de puntería; como resultado redactó un tratado de puntería para la Armada, que en España y en el extranjero ha servido durante mucho tiempo de guía. Apenas había acabado de reorganizar el Príncipe cuando pidió el mando del navío San Juan Nepomuceno, carenado de nuevo. El gobierno accedió a la demanda, añadiendo a la concesión la facultad de arreglar el repartimiento interior y su armamento sin sujeción a reglamento alguno. A bordo de este navío participaría en la batalla de Trafalgar, donde moriría y alcanzaría la fama. La escuadra en la que se encontraba el San Juan, se hizo a la vela el 13 de agosto de 1805, desde el puerto de Ferrol. El general Gravina le designó, como puesto de honor, ser el cabeza de la vanguardia de su escuadra de observación. Como siempre, realizó la misión con los mejores merecimientos y a su llegada a Cádiz, redobló sus esfuerzos en conseguir, a base de instrucción, el adiestrar magistralmente a toda su tripulación. En medio de estas múltiples faenas de su carrera, un día casó con María de los Dolores Ruiz de Apodaca, hija de don Vicente, brigadier que fue de la Armada y sobrina carnal del capitán general conde del Venadito. Reunidas las escuadras española y francesa en el puerto de Cádiz, se hicieron a la mar desde éste con rumbo a la Martinica, donde se apoderaron del fuerte y del peñón del Diamante, y apresaron a un convoy británico de quince velas; en esos momentos fue informado Villeneuve de la presencia de Nelson en las Antillas. Villeneuve, al saber de su presencia, dio por hecho que había conseguido su objetivo, que no era otro que el atraer a la otra orilla del Atlántico a fuerzas navales británicas, por lo que ya habría menos en Europa, así que decidió regresar. Pero en el cabo de Finisterre se topó con la escuadra del almirante Calder, con la que se entabló combate, siendo derrotados los españoles por la desidia y mal gobierno del comandante en jefe de la escuadra combinada, Villeneuve. Al enterarse el Emperador de los franceses de lo acaecido en el combate dijo: Los españoles se han portado como leones, pero de su almirante sólo se le oyeron improperios. La escuadra combinada entró en Ferrol después del combate, dirigiéndose a continuación a La Coruña. Desde este puerto pusieron rumbo a Cádiz, desoyendo la orden tajante de Napoleón de ir a Brest. Pero como estaba la escuadra del Canal británica y ya sabía cómo se las gastaba, puso rumbo al Sur en vez de al Norte. Pese a la opinión contraria de Churruca, Gravina y Alcalá-Galiano, Villeneuve abandonó la Bahía de Cádiz para dar alcance a Nelson a la altura del Cabo de Trafalgar el 21 de octubre de 1805. Tamaña imprudencia tuvo como motivo el deseo de Villeneuve de recuperar el favor de Napoleón, tras la derrota en Abukir frente al mismo almirante inglés, que también moriría en Trafalgar. Antes de hacerse a la mar el 20 de octubre, Churruca escribió a su hermano una carta diciéndole: Navío San Juan en Cádiz a 11 de octubre. Querido hermano: desde que salimos de Ferrol no pagan a nadie ni aun las asignaciones, a pesar de estar declaradas en la clase del prest del soldado, de manera que se les debe ya quatro meses y no tienen ni esperanza de ver un real en mucho tiempo; aquí nos deben también 4 meses de sueldo y no nos dan un ochavo, sin embargo de que nos hacer echar los bofes trabajando: con lo que no puedo menos de agradecer mucho el que hayas libertado a Dolores de los apuros en que se andaría para pagarte los 1.356 reales que te los libraré yo luego que pueda; entretanto, he encontrado en Ferrol a un amigo rico que socorrerá a Dolores con quanto necesite, y quedo tranquilo con haver asegurado ya su subsistencia decentemente. Estos son los trabajos de los que servimos al Rey, que en ningún grado podemos contar sobre nuestros sueldos (...) Si llegas a saber que mi navío ha sido hecho prisionero, di que he muerto. Amaneció el infausto 21 de octubre de 1805. Estando a la vista del enemigo, mandó clavar la bandera y sólo se arrió a su muerte. En el transcurso de este combate naval se puso en práctica por la escuadra inglesa el sistema de banderas, así como una maniobra llamada T cruzada que hoy se estudia como clásica en todas las academias navales. Al mando del San Juan Nepomuceno, sólo frente a seis buques ingleses, Churruca dio muestras de precisión en el tiro, arrojo y eficacia, pese a lo cual, tras ser alcanzado por una bala de cañón que le voló la pierna, falleció ante la admiración de sus enemigos que tuvieron el barco en Gibraltar expuesto a los visitantes, con el nombre de Churruca en letras de oro escrito sobre su camarote. Su navío fue remolcado a Gibraltar, siendo uno de los pocos que pudieron enseñar los británicos como trofeo del combate. Durante muchos años lo conservaron, manteniendo la cámara del comandante cerrada y con una lápida en que se leía el nombre de Churruca en letras de oro, y si algún visitante pretendía entrar, se le advertía que se descubriera para poderlo hacer, como si aún estuviera presente don Cosme Damián Churruca y Elorza, brigadier de la Real Armada Española, muerto a flote del navío de su mando, dos baterías y 74 cañones San Juan Nepomuceno. Fue nombrado Almirante a título póstumo, y en su recuerdo su sobrino recibió el título de Conde de Churruca. Los hechos de los que fue protagonista, así como su propia figura, fueron novelados por Benito Pérez Galdós en Trafalgar, primer título de sus Episodios Nacionales. En su villa natal de Motrico se alza una estatua a su memoria, así como en Ferrol, donde un sencillo monumento recuerda su paso por la Academia, y en San Fernando, donde hay una lápida colocada en la tercera capilla Oeste del Panteón de Marinos Ilustres, cuya leyenda es como sigue: A la memoria del Brigadier de la Armada Don Cosme Damián de Churruca Muerto gloriosamente sobre el navío de su mando «San Juan Nepomuceno» en el combate de Trafalgar e 21 de octubre de 1805. .

DIEGO DE ALMAGRO (Almagro, 1475 – Cuzco, 8 de julio de 1538) fue un adelantado y un conquistador español. Participó en la conquista de Perú y se le considera oficialmente el descubridor de Chile; fue también el primer europeo en llegar al actual territorio de Bolivia. Diego de Almagro nació en la ciudad de Almagro, en la actual provincia de Ciudad Real, siendo hijo ilegítimo de Juan de Montenegro y de Elvira Gutiérrez. Ambos padres se habían dado la promesa de matrimonio, pero terminaron su noviazgo sin realizar este compromiso. Para cuando rompieron, Elvira estaba embarazada de Diego, razón por la que sus familiares la ocultaron hasta que naciese el niño, que vio la luz en 1475. Fundó San Pedro de Riobamba, la primera ciudad española en Ecuador; además, mandó a fundar y poblar Puerto Viejo al capitán Francisco Pacheco en las inmediaciones de la costa. Los orígenes de Diego de Almagro permanecen oscuros. Había nacido en el año 1475 en la villa manchega de Almagro,1? en Ciudad Real, lugar del que tomó el apellido por ser hijo ilegítimo de Juan de Montenegro y Elvira Gutiérrez. Para salvar el honor de la madre, sus familiares le quitaron el infante y lo trasladaron a la cercana villa de Bolaños de Calatrava, siendo criado en esta localidad y en Aldea del Rey, a cargo de Sancha López del Peral. Cuando cumplió los 4 años volvió a Almagro, estando bajo la tutela de un tío suyo llamado Hernán Gutiérrez hasta los 15 años, cuando por causa de la dureza de su tío se fugó de casa. Se dirigió al hogar de su madre, que ahora vivía con su nuevo esposo, para avisarle de lo ocurrido y de que se iría a recorrer el mundo, pidiéndole algo de pan que le ayudara a vivir en su miseria. Su madre, angustiada, le buscó un pedazo de pan y unas monedas y le dijo: "Toma, hijo, y no me des más presión, y vete, y ayúdate de Dios en tu aventura". Se fue a Sevilla y, luego de probablemente hurtar para sobrevivir, el mozo pasa a ser criado de don Luis de Polanco, uno de los cuatro alcaldes de los Reyes Católicos y más tarde su consejero, y quien era alcalde de aquella ciudad. Mientras desempeñaba esta ocupación, Almagro acuchilló a otro criado por ciertas diferencias, dejándolo con heridas tan graves que motivaron que se promoviera un juicio en su contra. Siendo buscado por la justicia, don Luis de Polanco, haciendo uso de su influencia, consiguió que Pedro Arias de Ávila le permitiera embarcar en calidad de colono en una de las naves que saldrían a las Indias desde el puerto de Sanlucar de Barrameda. La Casa de Contratación exigía que los hombres que cruzaban a las Indias llevasen sus propias armas, ropas e instrumentos de labranza, lo cuales se los proporcionó don Polanco a su criado. Era Diego de Almagro un hombre de mediana estatura y poco favorecido en apariencia física, ya que fue afectado de acné y viruelas mientras estuvo en España. Almagro llegó al Nuevo Mundo el 30 de junio de 1514 en la expedición que Fernando el Católico enviaba al mando de Pedro Arias de Ávila. La expedición desembarcó en la ciudad de Santa María la Antigua del Darién, donde se encontraban muchos otros destacados futuros conquistadores, entre ellos Francisco Pizarro. Sobre Almagro no se tienen muchas noticias en este período, pero se sabe que acompañó a varios capitanes que salieron de la ciudad de Darién entre 1514 y mediados de 1515, aunque se mantuvo principalmente en la ciudad llegando a tener una encomienda, construyéndose una casa y dedicándose a la agricultura. Desarrolló su primera acción conquistadora el 30 de noviembre de 1515, cuando partió de Darién al mando de 260 hombres, para fundar la villa de Acla, ubicada en el lugar del mismo nombre, pero tuvo que desistir de su empresa porque cayó enfermo y debió regresar a Darién, dejando la misión de completar su plan al licenciado Gaspar de Espinosa. Almagro trabajó por algún tiempo con Vasco Núñez de Balboa, en ese tiempo encargado de Acla, que con los materiales de la expedición de Espinoza quería construir un barco, recortarlo y reconstruirlo en el Mar del Sur (el Pacífico). Sin embargo, según los datos obtenidos, no hay indicios de que participara en la expedición de Balboa y es más probable que regresara a Darién. Espinosa decidió realizar una nueva expedición, partiendo en diciembre con 200 hombres, entre los que estaba un ya recuperado Almagro, y Francisco Pizarro, quien por primera vez tenía el título de capitán. En esta expedición, que duró 14 meses, se encontró con el padre Hernando de Luque a quien ya conocía anteriormente. Aunque la famosa sociedad entre los tres no estaba aún realizada, ya se demostraban confianza y amistad. Tomó parte en las incursiones, fundaciones y conquistas desarrolladas en el golfo de Panamá, participando nuevamente en una de las expediciones de Espinosa, que se transportaba en dos barcos de Balboa. De Almagro en esta expedición solo se sabe que sirvió como testigo en listas, que en cada acontecimiento relacionado con indígenas, hacía levantar Espinosa. Permaneció en la recién fundada ciudad Santa María la Antigua del Darién, ayudando a poblarla. Durante cuatro años no participó de nuevas expediciones, ocupando su tiempo en la administración de sus bienes y los de Pizarro. Nació en esta época su hijo Diego de Almagro el Mozo, que tuvo con una india de la región llamada Ana Martínez. Allí tiene noticias de un reino situado en el sur, llamado Birú, que era el centro del Imperio inca. Francisco Pizarro propuso el reconocimiento de esas tierras y la conquista de sus riquezas. Sus dos primeras expediciones por esta zona, realizadas entre los años 1524-1525 y 1526-1528, revelaron las sorprendentes riquezas del Imperio incaico en las tierras recién descubiertas. En 1529, tras la firma de la Capitulación de Toledo, la Corona española autorizó a Pizarro la conquista y gobernación de Perú, que pasó a denominarse Nueva Castilla. Reunidos Almagro y Pizarro en 1532, iniciaron desde Cajamarca la conquista del territorio de los incas y, después de ejecutar al soberano Atahualpa, partieron hacia Cuzco. Ocupada esta ciudad en 1533, Almagro marchó a tomar posesión del litoral peruano y fundó la ciudad de Trujillo, superando mediante negociación las aspiraciones del conquistador Pedro de Alvarado. Para aquella época se formalizó la sociedad entre Almagro, Pizarro y Luque, recibiendo a principios de agosto de 1524 el permiso esperado para descubrir y conquistar por cuenta suya las tierras ubicadas en el levante de Panamá, empresa que culminó con la conquista del Imperio inca por parte de Pizarro. Almagro permaneció en Panamá para reclutar hombres y conseguir avituallamiento, mientras Pizarro capturaba al inca Atahualpa en Cajamarca. Los éxitos de Pizarro le movieron a solicitar el permiso real para emprender, por cuenta propia, la conquista de nuevos territorios; aunque le fue denegado, este hecho agrietó las relaciones de amistad con los Pizarro. No obstante, cuando llegó al Perú en 1533, lo hizo con un título de igual importancia que el de Pizarro, lo cual causó fricciones entre ambos. Tras repartirse el tesoro de Atahualpa y ejecutarlo, partieron hacia el Cuzco y tomaron la ciudad. La intromisión de Pedro de Alvarado se resolvió con el pago de una indemnización a este y su retirada, con lo que se evitó un conflicto.2? En junio de 1535 se produjo un acercamiento entre Almagro y Francisco de Pizarro, Pizarro incentivó a Almagro a realizar nuevos descubrimientos y se realizaron los preparativos en el Cuzco. En 1534 el Adelantado Pedro de Alvarado, conquistador de Guatemala y El Salvador, le vendió en la ciudad de Quito su armada de seis naves por cien mil pesos de oro. En 1535 el rey Carlos I recompensó a Almagro con la gobernación de Nueva Toledo, al sur de Perú, y el título de adelantado de las tierras más allá del lago Titicaca,2? en los territorios del actual Chile.

Almagro inició los preparativos de su expedición a Chile con buenos auspicios. Le llegaron noticias de los incas de que la región al sur del Cuzco estaba poblada de oro, por lo que juntó fácilmente 500 españoles para la expedición, muchos de los cuales lo habían acompañado al Perú. Iban también en la expedición unos 100 negros y unos 10.000 indios yanaconas para el transporte de las armas, ropas, víveres, etc. Las noticias que les llegaban de Chile eran absolutamente falsas, pues los incas planeaban una rebelión contra sus dominadores y deseaban que aquel grupo tan numeroso de españoles se alejara del Perú. Para convencerlos, Almagro le pidió a un alto señor del imperio que les preparara el camino junto a tres soldados españoles, el Inca les entregó el más alto jefe religioso del imperio, el villac umu, a su propio hermano llamado Paullu Inca, y su propia compañía. Encomendó a Juan de Saavedra que se adelantase con una columna de cien soldados para que, a la distancia de unas ciento treinta leguas, fundase un pueblo y lo esperase con los alimentos e indios de relevo que pudiera reunir en aquellas comarcas. Almagro salió del Cuzco el 3 de julio de 1535 con 50 hombres y se detuvo en Molina hasta el 20 de ese mes, detenido por el inesperado arresto del inca Manco Cápac II por Juan Pizarro, acción que le trajo problemas. Dejada atrás Molina, Almagro se encaminó por el camino del Inca, con los 50 hombres de que consistía su columna. Recorrieron el área occidental del lago Titicaca, cruzaron el río Desaguadero y se encontró con Saavedra en un poblado llamado Paria, en que logró reunir a 50 españoles más, que pertenecían al grupo del capitán Gabriel de Rojas , y que decidieron abandonar a su jefe y dirigirse a Chile, se reunió un total de 150 hombres. Permanecieron cerca del lago Aullagas todo agosto, en espera del derretimiento de las nieves de la cordillera de los Andes. Pasado este contratiempo, se dirigieron a Tupiza, donde se encontraron con Pablo Inga y el Villac-Umu, que tenían recolectado oro de los tributos de la región, y con los tres españoles que los acompañaron. Estos tres españoles, se habían dedicado mientras esperaban a Almagro al pillaje y asaltaron una caravana que supuestamente provenía de Chile con oro, el cual le fue mostrado a Almagro. Esto renovó los bríos de los expedicionarios haciéndoles olvidar los padecimientos de la marcha. Aquí Almagro realizó una nueva pausa de dos meses en la expedición, esperando que viniesen las tropas. Sin embargo le inquietó una nueva noticia; había arribado al Perú el obispo de Panamá, fray Tomás de Berlanga, que traía poderes para dirimir el conflicto de límites entre los conquistadores. Los amigos de Almagro le solicitaron que volviese para defender mejor su causa, pero el Adelantado quería ir por la riqueza chilena, por lo que siguió adelante. Otro contratiempo se presentó cuando el Villac-Umu se escapó de la expedición con todos los porteadores y volvió al norte. Pero Almagro y sus hombres siguieron adelante, ya que aún contaban con Pablo Inga. Los españoles tuvieron que tomar porteadores a la fuerza para poder transportar los avituallamientos, esto causó más de un conflicto con los naturales. El cruce de los Andes Los españoles más, algunos Yanaconas comenzaron a transmontar las primeras alturas de la cordillera de los Andes. En su avance por la cordillera, los expedicionarios sufrieron muchas penalidades, ya que caminaban agotados por el frío y el congelamiento de sus manos y pies, y por la dificultad de un suelo lleno de guijarros pequeños, de bordes afilados, que les destruían las suelas de los zapatos y las herraduras a los caballos. El gélido clima de la cordillera mató a gran parte de los indios Yanaconas, que empezaron a dejar en la ruta como un sendero de muerte, pues no tenían la ropa adecuada y andaban a pie desnudo, y a varios de los españoles, cuando se quitaban las botas, se les caían los congelados dedos de los pies. La tradición dice que fue por el llamado hoy Paso de San Francisco por donde Almagro realizó su triste travesía. Las penurias aumentaron al internarse por ese paisaje helado, inhóspito y silencioso, llegando incluso a detener el avance por falta de ánimos. El conquistador, preocupado por la suerte de sus hombres, encabezó junto a otros veinte jinetes un grupo de avanzada, que atravesó la cordillera y después de cabalgar tres días enteros, llegaron al valle de Copiapó (en ese entonces Copayapu), y recogieron víveres que le suministraron los indígenas y que envió de inmediato para socorro de sus hombres. Por fin el resto de la columna llegó a Copayapu (Valle del Copiapó) con 240 españoles, 1500 yanaconas, 150 negros y 112 caballos. Entre los negros venía una mujer leal a Almagro llamada Malgarida. Murieron durante la travesía 10 españoles, 50 caballos y cientos de indígenas amigos o auxiliares. Después de la natural recuperación de energías, se dio la orden de reiniciar la marcha hacia el valle de Copiapó; sin embargo le desertaron una multitud de yanaconas que dejaron prácticamente sin sirvientes a los españoles. Almagro endureció la mano y mandó que quemaran a varios indios culpables de haber matado españoles, estos indios habían asesinado a los tres soldados enviados en vanguardia que habían llegado a Chile. Para su escarmiento, Almagro decidió darles un cruel castigo reuniendo a todos los caciques importantes de la región, echándoles en cara su crimen y condenándoles a morir en la hoguera. Durante la realización del castigo le llegaron noticias de los caciques de la región del Aconcagua, que deseaban entablar amistad con los blancos. Eso se debió a un par de españoles renegados de Pizarro que estaban en la región desde antes. Se trataba de Gonzalo Calvo de Barrientos y de Antón Cerrada, quienes en realidad fueron los primeros españoles en descubrir y pisar territorio chileno. Gonzalo Calvo de Barrientos había sido afrentado por Pizarro -que había mandado que le cortaran las orejas- y para no exhibir su afrenta se internó hacia el sur del valle de Zama, de forma que llegó posteriormente más hacia el sur. Sería el más leal colaborador de Almagro. Durante su marcha a esa región, el Adelantado tuvo noticias de un barco, el San Pedro, que había recalado en la región, (Los Vilos) dirigido por Ruy Díaz y que venía lleno de ropas, armas y víveres para la expedición. Al llegar al río Conchalí, en Los Vilos, se encontró con el otro español ya mencionado llamado Antón Cerrada quien ya había influenciado a los aborígenes a dar una bienvenida pacífica a la columna de Almagro.
Al llegar al valle del Aconcagua los españoles fueron bien recibidos por los naturales, gracias a los consejos que les había entregado Gonzalo Calvo, como se ha dicho, español radicado desde hacía años en Chile. Sin embargo, los naturales fueron influenciados por el indio Felipillo, intérprete de los conquistadores, que les habló de las malas intenciones de estos y les recomendó atacarlos o huir de ellos. Los naturales le hicieron caso, pero no se atrevieron a atacarlos y escaparon durante la noche, al igual que el indio Felipillo y varios yanaconas, que tomaron el camino del norte, pero este último intento no fructificó. Felipillo fue atrapado y descuartizado con caballos frente al curaca de la región como escarmiento. El territorio que el Adelantado esperaba encontrar lleno de riquezas no cumplía ni sus más mínimas expectativas, lo que le causó una gran desilusión, por lo que decidió enviar una columna de 70 jinetes y 20 infantes dirigida por Gómez de Alvarado para que explorase el sur del territorio. Cuando la columna llegó al río Itata, tuvo lugar en Reinohuelén el primer enfrentamiento entre los españoles y los mapuches, en el que la superioridad de las armas y la sorpresa causada por los caballos permitió una fácil victoria española frente a indios muy guerreros, que se asustaron al ver el hombre montado a caballo como si fuesen ambos un solo ser. Esto no sería más que una mera escaramuza previa a la futura Guerra de Arauco que iniciaría Pedro de Valdivia muchos años después. Almagro, al sentir la presión de la tropa desengañada por las falsas promesas de riqueza y las desalentadoras noticias de una avanzada que daban cuenta de más tierra fría y pobre,,3? sopesó la situación y decidió no proseguir hacia el sur. Sin oro, Almagro, mal aconsejado por Gómez de Alvarado y Hernando de Sosa, solo pensó en regresar al Perú a intentar ganar el Cusco para su gobernación. Entre la alternativa de volver a atravesar la cordillera, o dirigirse por el desierto, se decidió por la segunda opción. En un acto de reconocimiento al sacrificio hecho por sus hombres en la expedición, y que no fueron recompensados con el ilusorio oro de esta región, decidió perdonar las deudas que sus soldados habían contraído con él, destruyendo todas las escrituras que los comprometían. El camino por el desierto de Atacama fue tan terrible como la travesía por la cordillera: días quemantes y noches heladas, la hostilidad de los indígenas, sin contar con la escasez de agua y alimento. Pero de cualquier forma se consideró mejor que la travesía por los Andes. Salieron en grupos pequeños de no más de 10 hombres haciendo jornadas de 20 km cada día. Durante el día se refugiaban bajo la sombra de los tamarugos, en la Pampa del Tamarugal y de noche, caminaban. Para ponerse a cubierto de una sorpresa, ya que el Perú ardía en una rebelión general contra Pizarro, Francisco Noguerol de Ulloa se hizo a la mar y desembarcó en el caserío como protección adelantada de los expedicionarios, permaneciendo 18 días y luego regresando por tierra a Arequipa en febrero de 1537, con la pérdida consignada de un hombre, Francisco de Valdés, que murió ahogado en un río. Tal fue el estado físico en que llegaron Almagro y sus seguidores que desde entonces se les llamó los "rotos de Chile" a quienes vinieran de esas tierras. Solo se atrevería a ir a conquistar esas tierras, 4 años más tarde, Pedro de Valdivia, en una expedición organizada desde el Perú. En 1535, el rey Carlos I lo recompensó con la gobernación de Nueva Toledo, gobernación que comprendía desde el límite de la gobernación de Pizarro y 200 leguas al sur, y el título de Adelantado en las tierras más allá del lago Titicaca. Al volver al Perú, en 1537, Almagro ocupó la ciudad del Cuzco, y en la batalla de Abancay, el 12 de junio de 1537, haciendo prisioneros a Hernando y Gonzalo Pizarro, por considerar que pertenecía a su gobernación. Francisco Pizarro negoció con Almagro el destierro de sus hermanos, pero en realidad Pizarro solo buscaba ganar tiempo y de algún modo imponerse ante la voluntad del rey, que decidió que el Cuzco era propiedad de Almagro. Pizarro, sintiéndose afianzado, lejos de cumplir con el acuerdo, les dio el mando de las tropas a sus hermanos. Almagro se encontraba enfermo en el momento de la traición del acuerdo y dio el mando a Rodrigo Orgóñez y los almagristas fueron derrotados en abril de 1538 en la batalla de las Salinas. En esta misma batalla murió el leal Gonzalo Calvo de Barrientos, el desorejado de Pizarro. Hecho prisionero, Almagro fue avergonzado por Hernando Pizarro y no pudo apelar ante el rey. Almagro, sintiéndose perdido entonces, suplicó por su vida, a lo cual respondió Hernando Pizarro diciendo: Sois caballero y tenéis un nombre ilustre; no mostréis flaqueza; me maravillo de que un hombre de vuestro ánimo tema tanto a la muerte. Confesaos, porque vuestra muerte no tiene remedio. Fue ejecutado el 8 de julio de ese mismo año en la cárcel por estrangulamiento de torniquete y su cadáver decapitado en la Plaza Mayor de Cuzco. Malgarida, su fiel sirvienta negra, tomó el cadáver de su amo y lo enterró en la Iglesia de la Merced en el Cuzco. Su hijo Diego de Almagro el Mozo intentó vengar a su padre, sin embargo, Francisco Pizarro murió en el palacio de Lima en 1541 a manos de Juan de Rada. Hernando Pizarro marchó a España a justificar su conducta ante el rey y fue encarcelado por más de 20 años en la fortaleza de Medina del Campo; Gonzalo Pizarro murió decapitado después de sufrir la derrota a manos del licenciado Pedro de la Gasca el 9 de abril de 1548, capitaneado por Pedro de Valdivia en contra del pizarrista Francisco de Carvajal en la Batalla de Jaquijahuana. .

DIEGO DE LOSADA Y OSORIO Diego de Losada fue un conquistador español, nacido en Rionegro del Puente (Zamora) en fecha incierta aunque algunos autores indican el año 1511. Fue hijo de Catalina de Osorio y de Álvaro Pérez de Losada (señor de Rionegro). Desde 1526 pasó a servir en el palacio de Alonso de Pimentel, Conde de Benavente. Como la mayoría de sus contemporáneos, el interés por conocer el Nuevo Mundo tras su descubrimiento por Cristóbal Colón en 1492, le trajo a estas tierras en plan de conquista y colonización. En 1533, se encontraba en Puerto Rico con su compañero de viaje Pedro Reinoso, con quien se incorpora a las huestes de Antonio Sedeño que se disponía a incursionar por el río Meta en busca de las riquezas del "Dorado". Hasta 1536 estuvieron Losada y Reinoso en Maracapana y zonas aledañas, cuando llegó Sedeño con sus huestes con el objeto de partir tierra adentro. Debido a que Sedeño quien era una persona cruel y arbitraria, se rebeló contra la autoridad de la Real Audiencia de Santo Domingo, la misma envió al teniente general Juan de Frías con el objetivo de hacerlo prisionero, pero fue Losada quien finalmente hizo prisionero a Frías. Luego sucedió un hecho inesperado como fue el envenenamiento de Sedeño camino al Meta, dividiéndose sus fuerzas en 2 contingentes, uno al mando de Reinoso y el otro bajo la jefatura de Losada. Ambos jefes no lograron unir esfuerzos, regresando a Maracapana para luego seguir a Santa Ana de Coro, donde separaron sus caminos. Reinoso se dirigió hacia el territorio de los jirahara (acual Barquisimeto), en donde fue apresado por el capitán Lope Montalvo de Lugo, mientras Losada se marchó a Coro donde se ganó la confianza del capitán general de la provincia de Venezuela, Heirinch Remboldt (1542-1544), quien lo unió a Juan de Villegas para el desempeño de una importante misión. Losada salió de Coro el 10 de marzo de 1543 junto con Villegas rumbo a Cubagua y Cumaná, con la finalidad de conseguir reemplazo para sus tropas, ya que sus hombres se los habían llevado los expedicionarios Felipe von Hutten y Montalvo de Lugo, quienes estaban en busca del Dorado. Cuando en septiembre de 1544, regresaron a Coro provistos de hombres y víveres, se encontraron con que Remboldt había muerto, ocupando su lugar, primero los alcaldes ordinarios de la ciudad Bernardino Manso y Juan de Bonilla y más tarde, Juan de Carvajal, relator de la Real Audiencia de Santo Domingo y por el teniente general Juan de Frías. Paralelamente a estos acontecimientos, comenzó a surgir una fuerte rivalidad entre Villegas y Losada que terminó por enemistarlos. En tal sentido, Villegas se le adelantó a Losada y fue a recibir a Carvajal a Paraguaná, entrando con el nuevo mandatario en Coro el 1 de enero de 1545; aprovechando la ocasión para indisponer a Carvajal contra Losada, quien dadas las circunstancias decidió volver a Santo Domingo. A Venezuela regresó con Juan Pérez de Tolosa, nuevo gobernador y capitán general de la provincia (1546-1549), quien de inmediato mandó capturar a Carvajal, que había desconocido la autoridad de Frías y asesinado a von Hutten. Finalmente, Carvajal fue ahorcado el 16 de septiembre de 1546, en presencia de sus soldados y de todos los habitantes de la ciudad de El Tocuyo que había fundado.

Tras este hecho, el gobernador Tolosa dispuso que su teniente general Juan de Villegas y el oficial Bartolomé García, regresaran a Coro con 30 hombres, mientras que dio otras comisiones a su hermano y a Losada, para que hicieran un reconocimiento por las tierras al sur de El Tocuyo; luego de lo cual regresaron a esta población en febrero de 1549. En septiembre de 1549 muere el gobernador Pérez de Tolosa y le sucede Juan de Villegas (1549-1553), quien luego de limar asperezas con Losada le da la oportunidad para desempeñar altas funciones. Unas de las primeras grandes empresas en la que participa Losada en este período, es la fundación de Nueva Segovia de Barquisimeto en 1552 junto a Villegas. Asimismo, fue alcalde ordinario de esta ciudad, y es favorecido allí con 9 encomiendas de indios. En El Tocuyo fue regidor y también alcalde, tocándole enfrentar durante este tiempo la rebelión acaudillada en 1553 por el Negro Miguel en Buría. En 1565, el gobernador y capitán general de la provincia de Venezuela, Alonso Bernáldez de Quirós (1561-1562; 1564-1566) lo designó para que realizara el sometimiento de los indios caracas, empresa en la cual habían ya fracasado Francisco Fajardo, Luis de Narváez, Juan Rodríguez Suárez, el propio gobernador Bernáldez de Quirós y Gutierre de la Peña. En 1567 salió Losada de El Tocuyo con la finalidad de llevar a cabo su empresa acompañado de 300 españoles y cerca de 16000 guerreros jiraharas. En Villa Rica (actual Nirgua) se puso la expedición bajo el patronato de San Sebastián, donde se le unieron entre otros, los hijos del gobernador, Francisco de Infante, Francisco Maldonado de Almendráis, Francisco Madrid, Gabriel de Ávila, Alonso y Tomé Andrea de Ledesma, Sebastián Díaz de Alfaro, Damián del Barrio, Pedro Alonso Galeas, Diego de Paradas, Juan de Gámez, Julián de Mendoza, Pedro García Camacho y Juan Serrano, todos militares experimentados. Al cabo de un tiempo, la expedición liderada por Losada llegó a Mariara y de allí pasó al Valle del Miedo, dominio del cacique Guaicaipuro. El avance de los españoles por este territorio se realizó a sangre y fuego, triunfando el ejército de Losada por su superioridad militar. El interés por la existencia de vetas de oro en las cercanías del valle de los caracas, y la posibilidad de conectar las colonias del occidente con las del oriente de Venezuela, movía a los españoles hacía esta zona de la cordillera de la Costa, que prácticamente era la única que aún no controlaban. Los indios caribes que ocupaban ese territorio habían salido airosos en casi todos los encuentros con los españoles que apenas habían logrado fundar dos pequeñas poblaciones: el Hato de San Francisco en el valle de los caracas y la Villa del Collado en la costa. Los caribes por su parte controlaban un área aproximada a la comprendida entre las actuales Maracay y la Llanura de Barlovento, por lo que la moral de sus guerreros era muy alta. Los caribes eran una etnia muy belicosa, gran parte de su cultura y rituales giraban alrededor de la guerra, y estaban en conflicto permanente con otros grupos desde antes de la llegada de los españoles, en particular los arawaks, por lo que eran muy hábiles en batalla. Para 1567, la confederación tribal (Caribana) era capaz de movilizar en un momento hasta 17.000 guerreros caribes bajo el liderazgo del cacique Guaicaipuro (lancero de los cerros) y habían destruido los dos poblados.
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DIONISIO ALCALÁ GALIANO Dionisio Alcalá-Galiano y Pinedo (Cabra, Córdoba, 8 de octubre de 1760 – Cabo Trafalgar, 21 de octubre de 1805) fue un destacado marino, militar y científico español, brigadier de la Real Armada Española, célebre por su heroica actuación y muerte en la batalla de Trafalgar al mando del navío de línea Bahama. En 1771, a los 11 años de edad, ingresó en la Real Armada, sentando plaza de guardiamarina. Estudioso y aplicado, amante de las ciencias, se distinguió pronto como cartógrafo. Muy joven fue destinado a cooperar en la formación de las cartas marítimas, trabajo por el cual sintió desde entonces particular afición y en el que se distinguió con sumo provecho de la ciencia. Embarcó en la fragata Júpiter en 1776 y al año siguiente tomó parte en la expedición que contra los portugueses llevó a cabo una escuadra al mando del marqués de Casa Tilly, con un cuerpo de desembarco a las órdenes del general Pedro de Cevallos, que tuvo por resultado la toma de la isla Santa Catarina en la costa del Brasil. Pasó después a Montevideo y participó en el bloqueo y rendición de la Colonia del Sacramento, ocupada por los portugueses, como oficial de órdenes de Gabriel de Guerra, comandante del Río de la Plata. Embarcó en el paquebote San Cristóbal y en él sirvió dos años en aguas del archipiélago de las islas Malvinas, donde el gobierno español trataba de hacer valer su soberanía una década después de la expedición y el intento de apropiación francesa a cargo de Louis Antoine de Bougainville. En 1778 ascendió a alférez de fragata. De nuevo en Montevideo, y declarada la guerra a Gran Bretaña, se dedicó al corso apresando a una fragata mercante enemiga. Regresó a Cádiz a bordo de la fragata Santa Bárbara. Durante todos estos años, su afición a las ciencias le llevó a ampliar sus conocimientos, haciendo los estudios que por aquellos años se denominaban sublimes, mayores y astronómicos. Cuando finalmente se firmó la paz con Gran Bretaña, el ministerio de Marina pensó en perfeccionar los levantamientos topográficos de las costas de España y redactar su derrotero. Fue designado para ello Vicente Tofiño, para que, con el personal a sus órdenes en el Observatorio de Marina, llevase a cargo el cometido. Se le asignaron una fragata y un bergantín de escaso calado que le permitiese acercarse a la costa. De esta comisión, que duró de 1783 a 1788, formó parte Galiano embarcado en la fragata Luisa en los años 1784 y 1785. Pronto sus conocimientos astronómicos e hidrográficos tuvieron de nuevo aplicación activa, en expedición tan notable desde el punto de vista marinero, como la llevada a cabo en 1785 por el capitán de navío Antonio de Córdova, comandante de la fragata Santa María de la Cabeza, al estrecho de Magallanes, con objeto, entre otros, de experimentar si realmente valía la pena acometer sus pasos, con los buques de vela de aquel tiempo, a pesar de los huracanados vientos de componente oeste y las fuertes corrientes, o bien si era mejor desafiar los temporales del mar abierto, doblando el cabo de Hornos. Galiano fue designado para formar parte de esta expedición por recomendación especial de Tofiño, por tener fama de aventajado en los estudios astronómicos y en el manejo de los instrumentos necesarios; era ya teniente de fragata. Otra de las expediciones hidrográficas en que tomó parte Galiano, fue la que tuvo por objeto determinar la verdadera posición de las islas Terceras, situadas algo a la ligera por el oficial de la marina francesa Flerieu. La corte de Lisboa dio toda clase de facilidades, ya que se trataba de cosa de mucho interés para la navegación. La corrección de la carta de las Azores se dispuso la efectuasen la fragata Santa Perpetua y los bergantines Vivo y Natalia, mandado este último por Alcalá Galiano. Tofiño fue designado jefe de la pequeña flotilla. Nuevamente, Galiano se mete de lleno en una expedición científica. Esta vez, en la célebre llevada a cabo en 1789 por el capitán de navío Alejandro Malaspina, con las corbetas Descubierta y Atrevida, la primera mandada por Malaspina, jefe de la expedición, y la segunda por José de Bustamante y Guerra, también del mismo empleo que el primero. Esta expedición, siguiendo la estela de James Cook y Jean-François de La Pérouse, se efectuaba no sólo con fines hidrográficos y astronómicos, sino también para estudio de la botánica y de las ciencias naturales en general, a cuyo efecto embarcaron naturalistas y dibujantes. Otro importante objeto de la expedición era conocer la verdad del estado de los territorios españoles de ultramar y sus necesidades políticas, económicas y militares. Galiano trabajó en la expedición con su ahínco acostumbrado y publicó al final una interesante Memoria con el resultado de sus observaciones astronómicas y cálculos. Tras doblar el cabo de Hornos en compañía de Malaspina, recalaron juntos en Acapulco, donde recibieron la orden de efectuar una detallada exploración para comprobar o desechar la idea de la existencia del Paso del Noroeste, unión entre los océanos Atlántico y Pacífico, como había asegurado el navegante español Lorenzo Ferrer de Maldonado y también Juan de Fuca. A tal efecto, se propuso al virrey que los capitanes de fragata Dionisio Alcalá Galiano y Cayetano Valdés dejasen la expedición de Malaspina, tomasen el mando de las goletas Sutil y Mejicana y llevasen a cabo un prolijo reconocimiento del estrecho de Juan de Fuca. Ambos barcos eran de muy poco calado, a propósito por ello para navegar por canales de poco fondo. La Sutil, aparejada de bergantín, y la Mejicana, de goleta, ambas bien pertrechadas de instrumentos astronómicos, antiescorbúticos y de objetos de rescate para regalar y cambiar con los indios. Como segundos iban los tenientes de navío Vernaci y Salamanca; Galiano, como oficial más antiguo, mandaba la expedición. Visitaron primero el puerto de Nutka, donde había un puesto y varios buques españoles. Por observaciones astronómicas obtuvieron la longitud de Nutka, para referir a ella todas las demás por medio de los cronómetros, y procedieron a efectuar los reconocimientos ordenados luchando con las rápidas corrientes y los fuertes vientos encajonados entre altas montañas.

Antes de retornar a Nueva España, trabó conocimiento y cortés amistad con el célebre explorador George Vancouver. Con él los españoles cambiaron información sobre los descubrimientos realizados por los de una y otra nación, y una vez reconocidas todas las calas, con los buques o con los botes, y no hallada salida alguna, se dieron por terminadas estas exploraciones, demostrándose el carácter apócrifo del viaje que confirmaba al estrecho de Fuca como canal de unión entre los dos océanos. Desarmadas las goletas, Galiano regresó a España vía México y Veracruz, llegando en los últimos meses del año 1794; había sido ascendido a capitán de navío en enero de ese mismo año. Se considera a Galiano como inventor del procedimiento de hallar la latitud por observación de altura polar, de un astro a cualquier distancia del meridiano, aunque Mendoza, en la edición de sus tablas de 1809, se atribuya la paternidad del procedimiento. Quizá fuese también inventor por su lado, pero lo cierto es que queda demostrado en la «Memoria» de sus observaciones de longitud y latitud publicadas en 1796 que Alcalá Galiano se le adelantó. Trata en ella de cómo hallar la longitud de un lugar por dos alturas del sol observadas fuera del meridiano; deducirla por algunas estrellas en los crepúsculos aunque estén distanciadas de él; hallar la longitud por la distancia de la luna al sol o a una estrella. De regreso a la Corte, obtuvo el hábito de la Orden de Alcántara por cédula real de fecha 5 de diciembre de 1795. La fama adquirida en sus anteriores trabajos le hizo ser designado para levantar el nuevo mapa topográfico de España, una vez firmada la paz de Basilea. Cuando todos los preparativos estaban ultimados, la desgracia en que cayó el recién retornado Malaspina arrastró a los que eran sus amigos, incluso los no complicados en la conspiración contra Godoy, que le llevó a la prisión y al destierro. Galiano fue destinado al departamento de Cádiz, en cuyo puerto le fue conferido el mando del navío Vencedor. El tratado de San Ildefonso renovó la alianza con Francia el 18 de agosto de 1796. Ello trajo consigo el intento de bombardeo de la escuadra de Nelson a Cádiz, en cuya defensa Galiano tomó parte principal y decisiva, al mando de algunas de las famosas “cañoneras”. En 1798 Galiano es comandante del navío San Fulgencio y con él, en una noche tempestuosa, fuerza el bloqueo de Cádiz que mantenían los ingleses, realizando un viaje a América en busca de caudales de que estaba tan necesitada la Hacienda regia. A los 28 días de la salida llegó a Cartagena de Indias, continuando después a Veracruz. De allí, regresó a España con varios buques, pasando antes por La Habana donde quedaron las fragatas Juno y Anfitrite. Componían su división los navíos de línea San Fulgencio y San Ildefonso, así como las fragatas Esmeralda, Clara y Medea. Logró entrar en Santoña pese a la persecución de que le hicieron objeto los británicos. Para burlarlos remontó a ganar latitud hasta cerca de los bancos de Terranova. Trajo un total de siete millones de duros (monedas de a ocho reales) y diversos productos de ultramar. El buen éxito de la expedición hizo que se pensase en repetirla y para ello pasó Galiano a Ferrol y sin ver a los suyos, se dispuso a volver a América en el navío San Pedro de Alcántara, cuyo mando había tomado. A la ida burló a sus perseguidores, pero no así a la vuelta, pues habiendo entrado en La Habana procedente de Veracruz como la vez anterior, cuando llegó la hora de salir encontró vientos contrarios, a más de las fuerzas británicas esperándole en superior número. En La Habana le sorprendió la Paz de Amiens. Después de firmada ésta, se encomendó a Galiano la traída de la segunda remesa de plata, que vino a España. A su regreso a Cádiz le fue conferido el mando del navío Bahama de 74 cañones: Feo en su exterior —lo describe su hijo Antonio en sus «Memorias»— aunque hecho de soberbio maderaje de cedro con tablazón de grandes dimensiones, encogido de proa y popa, mal configurado así como airoso de costado, muy velero navegando a un largo, aunque ciñendo el viento no era de los más finos y buque por otra parte destinado a servir, al que en esta ocasión tomaba su mando, de glorioso teatro de sus hazañas y muerte en un memorable y fuerte combate. El buque formaba parte de una escuadra que debía ir a Nápoles a buscar a la futura princesa de Asturias, pero la boda con el príncipe don Fernando se aplazó y la escuadra entró en Argel en visita de miras diplomáticas. El Bahama, con la fragata Sabina, se destacó para desembarcar una comisión relacionada con el mismo asunto. La escuadra pasó seguidamente a Cartagena y allí el Bahama fue incorporado a la escuadra del marqués del Socorro destinada a ir a Nápoles a buscar a la princesa María Antonia de Borbón, prometida del Príncipe de Asturias, que posteriormente gobernaría como Fernando VII. Con motivo de la boda de los Príncipes se concedieron muchas mercedes y ascendió Galiano a brigadier, no quedando contento por considerar que no debía recibir como merced entre las conferidas a muchos, lo que en justicia y como distinción le correspondía. Manifestó su disgusto a Manuel Godoy y poco después se le comunicó que S.M. concedía a su hijo la gracia de alférez de fragata, con el privilegio que fuese educado precisamente a las órdenes de su propio padre; pero Galiano, que tenía otros planes con respecto a su hijo, no aceptó esta gracia altamente honrosa.
Estando en Nápoles, a donde llevaron a los príncipes de aquel reino, Galiano transbordó a la fragata Soledad, con orden de dirigirse a los mares de Grecia y Turquía y levantar las cartas del Mediterráneo Oriental, de cuyos parajes no había entonces en Europa más que una mala carta británica con errores capitales, hasta en las latitudes de las islas y escollos que las forman. Entre ellos navegó en el mes de diciembre sin haber tenido una avería; marcó y situó astronómicamente todas aquellas islas e islotes y continuó su camino hasta Buyukderé y embocadura del mar Negro. Durante esta memorable campaña mereció el respeto y consideración, así de las autoridades turcas de los países que recorrió, como de los representantes y comandantes extranjeros con quienes se encontró, tanto en Constantinopla como en Atenas, que también visitó, y en todos los puertos del Mediterráneo oriental donde estuvo. Después de visitar el golfo de Lepanto, emprendió el retorno costeando el Asia Menor y las costas de África del Norte, situando islas y otros accidentes hidrográficos. Terminó sus trabajos en el cabo de Bon, entrando en Túnez para comprobar la marcha de los cronómetros. De regreso a España, formó la carta de aquellos parajes con suma maestría, viajando al efecto a Madrid llamado por real orden. Otra real orden le desterraba de la corte con destino a Cádiz, donde remató sus trabajos, sin que se le hubieran dado las gracias. El 16 de septiembre de 1805 estaba en Cádiz ocupado en escribir la relación del viaje, que no había podido terminar en la capital. Puesto que desde el 12 de diciembre de 1804 existía estado de guerra con el Reino Unido, por la agresión injustificada llevada a cabo contra cuatro fragatas españolas a la altura del cabo de Santa María, se había conferido a Galiano el mando del navío Santa Ana, de 112 cañones, del que después fue relevado, para ocuparse por entero «al desempeño de los trabajos relativos a su expedición en que había estado empleado en el Mediterráneo, terminando por fin la "Relación"». Cuando empezaron los armamentos en el departamento de Cádiz con toda intensidad, Galiano se dirigió al Príncipe de la Paz, rogándole le confiriese un destino que pudiese servir a su Patria con las armas. Se le dio el mando del navío Glorioso, que permutó por el San Leandro, y a finales de mayo tomó de nuevo el mando del Bahama. La escuadra combinada entró en Cádiz después de la expedición contra la Martinica, y las fuerzas del general Álava que estaban de apostadero quedaron a las órdenes de Federico Gravina. La débil escuadra bloqueadora de Cuthbert Collingwood se fue reforzando más y más. Galiano se ofreció de nuevo para forzar el bloqueo e ir a América en busca de caudales. Ordenada por Napoleón a Villeneuve la salida de la escuadra, se convocó a bordo del buque insignia un consejo de guerra al que asistieron Churruca y Galiano como únicos brigadieres, el segundo en calidad de comandante del Cuerpo de Pilotos. Al refutar la opinión general de los españoles, expuesta por el mayor general Escaño, de ser contrarios a la salida sin esperar un debilitamiento de los británicos, el contraalmirante Magón se expresó de manera harto inconveniente. Galiano, de carácter vehemente, le replicó con acaloramiento, llegando al punto de temerse un duelo entre ambos. Galiano había acompañado a su familia dos días antes a Chiclana, con el pensamiento de volver pronto, pues era cosa decidida que la escuadra no saldría. No obstante, de improviso, en la madrugada del 19 de octubre salió el Bahama formando parte de una división avanzada mandada por Magón. Ya fuera toda la escuadra, el Bahama formaba parte de la segunda división de la escuadra de observación mandada por Gravina. En la mañana del 21 quedó en la línea a retaguardia, entre el Plutón y el Aigle, ambos franceses. Galiano presentía el duro golpe que iba a recibir España en su Armada y estaba resuelto a perecer con honor. Dirigiéndose al guardiamarina Butrón, su pariente, y señalándole la bandera, le dijo: «Cuida de no arriarla aunque te lo manden, porque ningún Galiano se rinde y ningún Butrón debe hacerlo». El Bahama se batió heroicamente con dos navíos enemigos y en algún momento con tres. En la enérgica defensa que Galiano realizó de su buque, recibió primero una contusión en la pierna a consecuencia de un balazo que le dobló el sable. Después un astillazo en la cara que le hizo perder mucha sangre, negándose a dejar su puesto. Otra bala le arrebató el anteojo de las manos y, por último, un proyectil de cañón de mediano calibre le destrozó la cabeza quitándole la vida. Desarbolado el buque y todo cubierto de cadáveres, el teniente de navío en quien recayó el mando, juzgando toda resistencia inútil y hallándose ya el navío falto de todo poder combativo, ordenó arriar la bandera, cosa que no tuvo que hacer el guadiamarina Butrón, que ya había sido herido gravemente. El furioso temporal que siguió al combate arrojó al Bahama contra la costa. Recibió sepultura en la mar y su recuerdo es perpetuado en el Panteón de Marinos Ilustres con una lápida, colocada en la tercera capilla del Oeste, que dice lo siguiente: A la memoria del Brigadier de la Armada Don Dionisio Alcalá Galiano, muerto gloriosamente sobre el navío de su mando el Bahama en el combate de Trafalgar el 21 de octubre de 1805 .

AMERICO VESPUCIO Américo Vespucio, (Florencia; 9 de marzo de 1454 ?-Sevilla; 22 de febrero de 1512) fue un comerciante y cosmógrafo florentino, naturalizado castellano en 1505, que participó en al menos dos viajes de exploración al Nuevo Mundo, continente que hoy en día se llama América en su honor. Desempeñó cargos importantes en la Casa de contratación de Sevilla, de la que fue nombrado piloto mayor en 1508; pero su fama universal se debe a dos obras publicadas bajo su nombre entre 1503 y 1505: el Mundus Novus y la Carta a Soderini, que le atribuyen un papel protagonista en el Descubrimiento de América y su identificación como un nuevo continente. Por esta razón el cartógrafo Martín Waldseemüller en su mapa Universalis Cosmographia, de 1507 acuñó el nombre de «América» en su honor como designación para el Nuevo Mundo. El relato a menudo fantasioso y contradictorio de sus viajes lo han ubicado como una de las figuras más controvertidas de la era de los descubrimientos.

Su padre, Anastasio Vespucci, y su madre, Isabel Mani, conformaban una familia acomodada cercana al círculo de los Medici, lo cual le permitió entrar en contacto con importantes humanistas de la Florencia renacentista. En 1478 marchó a París donde desempeñó funciones administrativas para su tío Guido Antonio Vespucci, quien había sido designado embajador de Lorenzo, el Magnífico, en la corte de Luis XI. En Francia completó la formación que había recibido en su ciudad natal y fue secretario del embajador de Florencia y también estuvo al servicio de los Medici en el ramo del Comercio. Tras la muerte de su padre, en 1482, regresó a Florencia y permaneció hasta 1491 al servicio de los Medici. En 1492, cuando se realizó el primer viaje de Colón , Vespucio se encontraba en Sevilla y colaboró con la expedición. Representaba los intereses comerciales de los Medici y se puso al servicio de Juanoto Berardi, florentino dedicado al comercio de oro y esclavos y proveedor de los aprestos de las naves en las travesías al Nuevo Mundo. Tras la muerte de Berardi, en 1496, Vespucci decidió dedicarse a la navegación. Entre 1499 y 1502 realizó varios viajes a América, que relató en cinco cartas dirigidas a distintos destinatarios. Determinar el número de viajes que realizó a este continente constituye una de las cuestiones más polémicas. La mayoría de sus biógrafos admiten que Vespucci se embarcó en Cádiz en 1499 en la flota de Alonso de Ojeda y Juan de la Cosa. Siguiendo la ruta del tercer viaje de Cristóbal Colón , recorrió la costa norte de Sudamérica y llegó hasta el cabo de la Vela (Venezuela) regresando en junio de 1500 a Cádiz.
Además de las costas de Venezuela, también llegó al Brasil y fue el primero en llegar al Río de la Plata, luego bordeando la costa en dirección sur arribó a la Patagonia, cerca del estrecho que poco después descubrió Hernando de Magallanes. Comprobó así que las tierras descubiertas no eran una prolongación de la península asiática, sino un nuevo continente. Este viaje fue narrado por Vespucci en una carta que dirigió a Lorenzo di Pier Francesco de Medici, editada en París en 1502 con el título de Mundus Novus . Gracias al mérito de escribir a todos sus amigos y enviar esas cartas geográficas de sus viajes gozó de tanta fama en Europa que el geógrafo Martín Waldseemüller propuso en 1507 que se diera al Nuevo Mundo el nombre de América, en homenaje a Américo, que era, según él, el verdadero descubridor del Continente. Vespucci aceptó aquel despropósito, arrebatándole a Cristóbal Colón la gloria de llevar su nombre. Para remediar en parte esta injusticia, Francisco de Miranda inventa la palabra Colombia, como un homenaje a Cristóbal Colón, para asignársela al territorio de América que fuese libertado. Simón Bolívar acoge esa iniciativa y bautiza con el nombre de Colombia la república que fundó en 1819 con los territorios de Venezuela, Nueva Granada y Ecuador. Parece probable que entre 1503 y 1504 realizara un tercer viaje a las Indias, también al servicio de Portugal, bajo la dirección de Fernando Noronha, que llegó hasta Brasil. En 1504 estaba de regreso en Sevilla y al año siguiente fue recibido por el rey Fernando, el Católico , en Toro (Zamora) que le concedió la ciudadanía castellana. En 1505, el florentino se naturalizó en Castilla y León pasando a llamarse Américo Vespucio y se casó con María Cerezo. Por estos años, la fama de Vespucio como marino y comerciante era tanta, que fue invitado a participar junto a cartógrafos y navegantes ilustres en la Junta de Burgos. Además, en 1508, recibió el título de piloto mayor de la Casa de Contratación creada en 1503 en Sevilla, cargo que compaginó con sus negocios indianos, invirtiendo su dinero en alguna de las flotas que partían al Nuevo Mundo. En abril de 1511 Vespucio redactó su testamento y murió el 22 de febrero del año siguiente, en Sevilla, España. .

ALVARO MENDAÑA,: Nacido en 1541, dirigió una expedición exploratoria por el océano Pacífico, alcanzando las islas Salomón. En 1568 vuelve a Lima, donde sus relatos no resultan demasiado creídos. Junto a Fernández de Quiroz, emprendió un nuevo viaje veinticinco años más tarde, con el objetivo de fundar una ciudad. En la travesía descubrió nuevas islas, falleciendo en la de Santa Cruz. A su muerte legó todos sus poderes a Isabel de Barretos, su mujer, quien dirigió la expedición de vuelta a Manila junto a Quiroz en 1596. La aventura del su segundo viaje pone de manifiesto las dificultades de todo tipo a las que estos navegantes tenían que enfrentarse, pero muy especialmente las de orden científica y en especial las relacionadas con el problema, aun no resuelto, del cálculo de las longitudes (que no se resolvería hasta que muchos años más tarde Harrison construyera el primer cronómetro marino). En efecto, en su segunda expedición, Mendaña no fue capaz de volver a encontrar las Islas Saloón en las que supuestamente había estado en el primero, bien los errores cometidos al fijar su situación en el primer viaje, bien por los cometidos en su segunda navegación o mas probablemente por una mezcla de ambos.

ISAAC PERAL: Nació el 1 de junio de 1851 en Cartagena. Ingresó muy joven en el Colegio Naval Militar de San Fernando (Cádiz) y en 1882 fue nombrado profesor de física matemática en la Escuela de Ampliación de Estudios de la Armada. En 1885 puso en conocimiento de la Marina su proyecto de navegación submarina, obteniendo una respuesta desigualentre los expertos de la marina, aunque finalmente se aceptara su proyecto

Las obras del torpedero submarino Peral comenzaron en el arsenal de la Carraca (Cádiz) el 23 de octubre de 1887, botándose finalmente el prototipo el día 8 de septiembre de 1888. El submarino consistía en una nave de veintidós metros de eslora, pesaba 79 t en desplazamiento en superficie y 87 t sumergido. El casco, las cuadernas y las mamparas eran de acero e iba armado con dos torpedos. Se sumergía mediante unos acumuladores eléctricos que suministraban corriente a unas dinamos. Éstas, a su vez, por rotación, hacían girar dos hélices dispuestas en el eje vertical del submarino. Las hélices y el aumento de desplazamiento proporcionado por la inundación de los tanques de inmersión iban hundiendo la nave hasta que su resistencia era inferior a la presión del agua.

Aunque las pruebas definitivas tuvieron gran éxito, el Consejo Superior de la Marina, con una visión que hubiera hecho las delicias de los fabricantes de gafas, no autorizó la construcción de nuevos submarinos. Lo mismo que pasó con Monturiol. ¡Jolines, qué país!. Ya lo decía aquel: que inventen ellos. Quédenos al menos el consuelo, de que por mucho que los diseños de submarinos han evolucionado en el tiempo transcurrido hasta nuestros días, todos ellos mantienen las lineas maestras del diseño del de Isaac Peral

 

FERNÁNDEZ DE ENCISO, MARTÍN Conquistador y geógrafo español, nacido en Sevilla en el año 1509, fue requerido por Alonso de Ojeda cuando estaba asentado en la isla de La Española, para realizar una expedición a Urabá (en la actual Colombia), a cambio de ser nombrado alcalde mayor. Llevó a cabo una expedición al Darién, en uno de cuyos barcos viajaba como polizón Vasco Núñez de Balboa, y fundó Santa María la Antigua del Darién.

Allí se alzó Balboa con el poder y acusó a Fernández de Enciso de haber usurpado jurisdicción ajena sin permiso del rey. Despojado de sus bienes, volvió a España en 1512 para quejarse ante el monarca. En 1519, publicó la Summa de geografía, que pretendía proporcionar a los marinos la información geográfica y astronómica necesarias para la navegación hacia el Nuevo Mundo. Esta obra constituye el fundamento de una fecunda producción bibliográfica de carácter geográfico y cosmográfico realizada por autores españoles.

DOMINGO MARTINEZ DE IRALA Domingo Martínez de Irala (Vergara de la Hermandad, Guipúzcoa, Corona de Castilla, 1509 - Asunción del Paraguay, Virreinato del Perú, 3 de octubre de 1556) fue un conquistador, explorador y colonizador español que como lugarteniente de Juan de Ayolas quien lo nombrara interinamente hasta que regresara como teniente de gobernador de La Candelaria en 1537, luego lo sería de hecho, y posteriormente elegido por el pueblo según real cédula, como teniente de gobernador general de Asunción. Ocupó tres veces el cargo de gobernador interino del Río de la Plata y del Paraguay, en los períodos de 1539 a 1542, de 1544 hasta 1548 y por último desde 1549. El emperador Carlos V lo nombraría definitivamente como titular en el cargo gubernamental en el año 1555, que lo ostentaría hasta su fallecimiento. En 1543 fundó en el Chaco Boreal el Puerto de los Reyes, a orillas del río Paraguay y del pantano de los Jarayes, sobre las costas de la laguna La Gaiba. Domingo Martínez de Irala nació en 1509 en la villa de Vergara, en Guipúzcoa, dentro de la jurisdicción de Castilla la Vieja que formaba parte de la Corona homónima hasta 1516, ya que por la autoproclamación del rey Carlos I, pasó a ser de la Corona española Era hijo de los hidalgos Martín Pérez de Irala y de Marina de Albizúa Toledo Martínez de Irala marchó a Sudamérica en el año 1535, enrolado en la expedición de Pedro de Mendoza quien fuera el primer adelantado del Río de la Plata. Participó al año siguiente en la primera fundación de Buenos Aires y a las órdenes de Mendoza peleó contra los aborígenes.? Exploró junto a Juan de Ayolas el río Paraná y el río Paraguay. Fue nombrado el 2 de febrero de 1537 lugarteniente de Ayolas en el «Puerto de La Candelaria» —en las cercanías de la actual Bahía Negra— o mejor dicho, se convertiría en el teniente de gobernador de La Candelaria, donde quedó como capitán de la gente y barcos que quedaban en ese puerto, mientras su jefe se dirigía tierra adentro para seguir explorando y poder encontrar las míticas «Sierras de la Plata» y las «amazonas». Como era incierta la suerte corrida por Ayolas, del que se tenía noticias que había sido asesinado por los indios payaguás, el veedor Alonso de Cabrera había marchado, a principios de mayo, desde la primera Buenos Aires hacia la ciudad de Asunción con el otro pretendiente a la gobernación, el capitán Francisco Ruiz Galán quien fuera nombrado por el anterior adelantado como teniente de gobernador de Buen Ayre, Corpus Christi y Buena Esperanza. El 23 de junio de 1539,? Cabrera pudo comprobar efectivamente el poder entregado por Juan de Ayolas a Martínez de Irala, por lo que dispuso en forma definitiva fuera reconocido este último como legítimo gobernador interino y capitán general de todas las tierras del Río de la Plata y del Paraguay con sede en Asunción —la cual había sido fundada el 15 de agosto de 1537 por el capitán Juan de Salazar y Espinosa— que Martínez de Irala con la ayuda de los demás conquistadores fortificó y aumentó la guarnición de la misma hasta seiscientos hombres, logrando pacificar sus alrededores.?

La decisión fue acatada por toda la población ya que esta resolución era consecuencia de la voluntad del emperador que había enviado secretamente con el veedor Cabrera una real cédula con connotaciones democráticas para que sea el pueblo quien decidiese. Al llegar el nuevo adelantado Álvar Núñez Cabeza de Vaca en 1542, las autoridades se negaron en un principio a entregar el gobierno al mismo, aduciendo que Juan de Ayolas estaba vivo y por lo tanto, seguía Irala en el mando por ser su lugarteniente, situación que no se podía mantener debido a las provisiones que traía el adelantado, por lo cual, se le debía entregar el mando aunque Juan de Ayolas siguiese con vida. Al acatar la Real provisión, Martínez de Irala fue nombrado maestre de campo por el adelantado y partió al frente de una expedición ordenada por este, en busca de la sierra de la Plata. Durante la misma, Martínez de Irala conspiró secretamente contra el nuevo adelantado en varias ocasiones. El 6 de enero de 1543 en la Región chaqueña Irala fundó la ciudad de «Puerto de los Reyes», a orillas del río Paraguay y de la Laguna de Jarayes, sobre las costas de la laguna La Gaiba,9? luego desde aquí llegó en sus exploraciones hasta el Alto Perú, donde ya otros españoles habían conquistado aquellas tierras. El 26 de noviembre del corriente arribó el adelantado a la nueva población y procedería a hacer una exploración por la región para regresar al puerto el 16 de diciembre del mismo año. Al año siguiente, el 23 de marzo de 1544 el adelantado consultó a sus capitanes sobre el hecho de abandonar la nueva población o continuar habitándola, por lo cual decidirían por lo primero y partieron todos del Puerto de los Reyes, y llegarían enfermos y cansados el 8 de abril a la ciudad de Asunción, por lo cual, el gran salto al cerro de la Plata y al río Amazonas había fracasado por culpa de las epidemias, las inundaciones, de los aborígenes belicosos y de las intrigas de Irala, Andrés de Cabrera y demás oficiales. El 26 de abril del mismo año consiguió deponer al adelantado con una rebelión de sus parciales en la que él astutamente se mantuvo al margen ya que Martínez de Irala se encontraba enfermo. Por lo cual, efectuaron una votación en la que Martínez de Irala fue nuevamente escogido. Irala dispuso enviar al adelantado a la Península, donde fue juzgado y sentenciado. En el mismo año, las tribus locales se rebelaron ferozmente contra los españoles mientras estos se hallaban en un conflicto interno por el cargo de gobernador. Aprovechando tal situación los guaraníes, agaces y carios marchaban hacia Asunción con 15.000 hombres al mando del jefe Macaria y al llegar acamparon en sus cercanías. Irala los enfrentó con 300 españoles y 1.000 a 1.500 jheperús y bataheis. Tras tres horas de lucha los rebeldes fueron forzados a huir caóticamente, produciéndose más de 2.000 bajas aborígenes y muchos más heridos. Durante la persecución los vencidos se refugiaron en el pueblo fortificado de Froedimidiere, que luego de tres días de asedio, los españoles lo tomaron masacrando a los defensores y pobladores, tras esto, algunos huyeron a Carayba que no pudo ser tomada. Otros sobrevivientes huyeron a Hieruquizaba pero antes de llegar fueron derrotados por los jheperús. Posteriormente entre junio de 1545 y diciembre de 1546 el jefe Tavaré de los carios organizó una nueva rebelión con su tribu y los guaraníes en las zonas de Guarnapitán y Acaraíba (o Acahaí) hasta su captura y muerte en Hieruquizaba. En 1545, Irala se embarcó en la expedición exploradora por el Chaco Boreal, quedándose en su puesto el lugarteniente Francisco de Mendoza, y preparó la campaña contra los guaraníes, además de descubrir la tierra de los sabayas. Al regresar a la ciudad de Asunción en 1549, se enteró que se habían producido grandes disturbios y los rebeldes habían decapitado a Francisco de Mendoza, sumado a que también había sido depuesto de su cargo el año anterior y había tomado el poder Diego de Abreu, autonombrándose teniente de gobernador general de Asunción, y habían obligado al capitán Gonzalo de Mendoza a que se proclamara gobernador interino, pero por mayoría popular Irala fue repuesto el 13 de marzo del corriente. El gobernador interino Martínez de Irala hizo ajusticiar al lugarteniente Abreu y nombró como teniente de gobernador a Mendoza. Tras recuperar el poder, se internó hacia el Oeste en una expedición de desastrosos resultados. En 1554, envió a Madrid a su sobrino Esteban de Vergara, para que diese cuenta al rey de sus servicios y vicisitudes y, en recompensa, el rey le nombró gobernador del Río de la Plata.
Finalmente sería confirmado por Real cédula portada por el obispo Pedro Fernández de la Torre en 1555, la cual por mandato del emperador Carlos V ocuparía como titular en el cargo de gobernador-propietario del Río de la Plata y del Paraguay, después de haber fracasado la Corona en todos sus intentos de enviar a un adelantado para ocupar el cargo vacante, ya que Juan de Sanabria había fallecido en la península y su hijo heredero Diego de Sanabria no logró llegar a destino, aunque sí pudiera hacerlo su madrastra Mencia Calderón que traía a las primeras mujeres hidalgas al Nuevo Mundo para iniciar una aristocracia colonial americana. El emperador también le había prohibido continuar con las empresas descubridoras, por lo cual fundó varias poblaciones y emprendió diversas obras. Finalmente, el gobernador Domingo Martínez de Irala fallecería el 3 de octubre de 1556 en la ciudad de Asunción, como consecuencia de una fiebre elevada.? Irala no solo convivió con varias concubinas desde el inicio de la ocupación de Asunción, sino que además permitió que los españoles también vivieran cada uno de ellos con varias mujeres indígenas, lo que le valió la crítica de las autoridades religiosas, quienes para calumniar al gobernador ante el rey, llegaron a comentarle que llamaban a la Asunción el "paraíso de Mahoma". Sin embargo, esta permisividad fue el modo que halló Irala para concertar la paz con diferentes parcialidades indígenas, y en ello fue exitoso. Consecuentemente tuvo gran descendencia mestiza, que fue base de la población de esa parte de América. Sus hijas fueron entregadas en matrimonio a diferentes conquistadores también con el espíritu de establecer alianzas y equilibrios entre las distintas facciones cuya existencia caracterizó a la primitiva Asunción. El testamento del conquistador del 13 de marzo de 1556 expresa lo siguiente: "Digo y declaro y confieso que yo tengo y Dios me ha dado en esta provincia ciertas hijas y hijos que son: Diego Martínez de Irala y Antonio de Irala y doña Ginebra Martínez de Irala, mis hijos, y de María mi criada, hija de Pedro de Mendoza, indio principal que fue desta tierra; y doña Marina de Irala, hija de Juana mi criada; y doña Isabel de Irala, hija de Águeda, mi criada; y doña Úrsula de Irala, hija de Leonor, mi criada; y Martín Pérez de Irala, hijo de Escolástica, mi criada; e Ana de Irala, hija de Marina, mi criada; y María, hija de Beatriz, criada de Diego de Villalpando, y por ser como yo los tengo y declaro por mis hijos y hijas y portales he casado a ley y a bendición, según lo manda la Santa Madre Iglesia [...] " .

DOMINGO PEREZ DE GRANDALLANA Natural de Jerez de la Frontera, Domingo Pérez de Grandallana ingresó como guardamarina a la edad de 13 años, en 1766. En el año 1770, fue nombrado alférez de fragata. Su trayectoria en la Real Armada fue fulgurante: en 1779, ascendía al grado de capitán de fragata; en 1780, a capitán de navío y, dos años más tarde, a brigadier. En el año 1796 era nombrado teniente general de la Real Armada. Durante todos estos años, Pérez de Grandallana intervino en expediciones a Árgel, combates contra Gran Bretaña, expediciones a Brasil (toma de la isla de Santa Catalina), acudió al socorro de la plaza de Melilla, participó de un bloqueo a Gibraltar e intervino en la lucha contra la República Francesa.

Fue destinado como representante de la Armada al Estado Mayor organizado por Godoy y nombrado, por Real Decreto de tres de abril del año 1802, Secretario de Estado y del despacho universal de Marina. Al frente de este cargo gestionaría, en respuesta a un oficio de Manuel Godoy de 13 de septiembre de 1802, la organización de una escuadra de guerra con la finalidad de “traer los caudales y efectos de la Real Hacienda” de Lima con destino a España. Cesado de esta secretaría de estado en febrero de 1805, Pérez de Grandallana obtendría el mando de la escuadra de El Ferrol. Su dilatada carrera al servicio de España finalizaría con su muerte en 1807. El último cargo que ocuparía sería el de Consejero de Estado. .

FEDERICO CARLOS DE GRAVINA Y NAPOLI Nacido en Palermo el 12 de agosto de 1756 fue un marino y militar español y el duodécimo capitán general de la Real Armada Española. Célebre por su participación en la Batalla de Trafalgar, fue uno de los más insignes marinos de España, siempre eficaz tanto en sus cargos militares como diplomáticos. Era hijo de Juan Gravina y Moncada, duque de San Miguel, Grande de España de primera clase, y Doña Leonor Napoli y Monteaporto, hija del príncipe de Resetena, igualmente Grande de España. Un tío de Federico, a la sazón embajador de Nápoles en Madrid, solicitó y obtuvo para su sobrino la entrada en la Real Armada Española. El 18 de diciembre de 1775 sentó plaza de guardiamarina mediante un riguroso examen del que salió con mucha honra, fruto de la sobresaliente educación que había recibido en el Colegio Clementino de Roma. Embarcó por primera vez en el navío San José. En pocos meses fue ascendido a alférez de fragata y estuvo en el Brasil a bordo de la fragata Santa Clara. En el transcurso de esta campaña, cumplió intachablemente su primera misión independiente al conseguir la rendición del castillo de la Ascensión, situado en un islote cercano a Santa Catalina. En 1777, salvó la vida milagrosamente al varar su barco en el estuario del Río de la Plata, accidente en el que murió la mayor parte de la tripulación. En 1778, de regreso a España, fue ascendido a alférez de navío y embarcado en jabeques de caza contra piratas argelinos. Ascendido de nuevo a teniente de fragata, obtuvo por primera vez el mando de un barco: el jabeque San Luis con el que participó en el bloqueo de Gibraltar. Sus méritos pronto le valieron los galones de teniente de navío y el mando del apostadero de la bahía de Algeciras. Participó en la expedición contra Menorca (bajo control inglés), distinguiéndose en el sitio del fuerte de San Felipe. Tras esto y nuevas acciones en el sitio de Gibraltar, siguió su fulgurante carrera de ascensos hasta obtener finalmente el grado de capitán de navío. En 1785 obtuvo el mando de la flota que combatió en la costa argelina contra la de este país. Se distinguió por su incansable actividad, consiguiendo el rechazo de las fuerzas argelinas. En 1788 llevó a Constantinopla al embajador Jussuf Efendi. Allí inició observaciones astronómicas y escribió una memoria, iniciando su trayectoria como estudioso. Tras esto mereció el ascenso a brigadier. Por estas fechas tuvo lugar la muerte del monarca Carlos III de España, siendo la fragata de Gravina, Paz la primera en llevar la noticia a las colonias, al hacer el viaje Cádiz–Cartagena de Indias–La Habana–Cádiz en menos de tres meses. En 1790 recibió por primera vez el mando de un navío (la clase de barco de guerra más grande de la época), el Paula. Con éste participaría en la evacuación de Orán, protegiendo la retirada del ejército que abandonaba esas posesiones africanas y se embarcaba hacia Cartagena. Tras ser promovido a jefe de escuadra, viajó a Inglaterra (ahora aliada de España) con el objetivo de extender sus conocimientos de náutica y tácticas navales. Fue recibido con los mayores honores. A su regreso obtuvo el mando de cuatro navíos, con los que pasó al Mediterráneo y tomó parte activa y destacada en la guerra contra la Francia revolucionaria. Su navío insignia fue el San Hermenegildo, de 112 cañones. En 1796, tras ser ascendido a teniente general, España firmó el tratado de San Ildefonso con Francia, entrando en guerra contra Gran Bretaña. Combatió como segundo de la escuadra a las órdenes de Don José de Mazarredo. Tras la firma de la paz recibió el cargo de embajador de España en París. Su cargo diplomático tenía una condición solicitada por él mismo: en caso de guerra, volvería a la actividad naval y militar

Abiertas las hostilidades con Gran Bretaña, Gravina se trasladó a Cádiz y tomó el mando de la flota de guerra española. Enarboló su estandarte en el navío Argonauta (80 cañones) el 15 de febrero de 1805. El emperador Napoleón se proponía invadir Gran Bretaña. Siguiendo las órdenes del gobierno de Godoy, Gravina se puso bajo el mando del almirante francés Villeneuve, quien dirigía la escuadra franco-española hasta aguas caribeñas para despistar a la flota inglesa. El objetivo consistía en alejar a la mayor parte de la flota inglesa del Canal de la Mancha para permitir el cruce a los 180 000 hombres que Napoleón tenía aguardando en Texel y Boulogne para atacar Inglaterra. El engaño surtió, en parte, efecto, puesto que la escuadra inglesa comandada por Nelson partió en busca de la escuadra combinada, sin conseguir interceptarla. Sin embargo, la flota franco-española libró a su regreso la batalla del Cabo Finisterre, perdiendo los navíos españoles Firme y San Rafael. Tras esto se refugió en Cádiz por orden de Villeneuve, contradiciendo el plan original de Napoleón. Los 180 000 soldados franceses nunca embarcaron y fueron desplazados al interior de Europa, participando muchos de ellos en la batalla de Austerlitz. En Cádiz, Federico Gravina y otros altos mandos españoles, como Cosme de Churruca (al mando del navío San Juan Nepomuceno) o el general Cisneros (al mando del enorme Santísima Trinidad), mantuvieron fuertes discusiones con los mandos franceses. Estos optaban por salir de Cádiz, mientras que los españoles recomendaban esperar, por ser el viento desfavorable y aproximarse un temporal en la zona. Finalmente la flota zarpó de Cádiz el 20 de octubre de 1805, teniendo lugar al día siguiente la batalla de Trafalgar, desastrosa derrota franco-española frente a la escuadra inglesa. Federico Gravina resultó herido, perdió un brazo, y esa herida terminará matándolo meses más tarde. A pesar de ello, logró llegar con su navío Príncipe de Asturias a Cádiz. Federico Gravina alcanzó la más alta dignidad militar cuando se le promovió a capitán general de la Armada. Pero sus heridas se agravaron y finalmente murió el 9 de marzo de 1806, con 49 años de edad. Sus restos se encuentran en el Panteón de Marinos Ilustres, de San Fernando (Cádiz).

PASCUAL CERVERA Y TOPETE Pascual Cervera y Topete nació en Medina Sidonia, Cádiz, el 18 de febrero de 1839,ingresando en el Colegio Naval Militar de San Carlos (San Fernando, Cádiz) el día 30 de junio de 1832, cuando sólo contaba con la edad de 13 años, y recibiendo su despacho como alférez de navío con apenas 21 años..

Si se repasa la dilatada y brillante hoja de servicios de D. Pascual Cervera Topete, no cabe duda de que pueden encontrarse evidentes signos de lealtad, valor y sacrificio para el servicio a España. La primera prueba de ello fue su ascenso a teniente de navío por méritos de guerra durante su estancia en Filipinas los primeros años de su vida militar, en la lucha contra los rebeldes malayos y en los combates que se desarrollaron durante los asaltos a los fuertes de la Cotta de Pagalugan, defendiendo a la patria y reprimiendo la piratería filipina y joloana que se llevaba por delante vidas y haciendas. También durante su primera estancia en Filipinas levantó cartas náuticas en costas intrincadas y peligrosas, así como socorrió a náufragos y a pescadores en peligro.
De vuelta en la Península, entre 1865 y 1868 estuvo a cargo de la formación de guardiamarinas. Siendo capitán de fragata, participó activamente en la lucha cantonal, defendiendo a la Primera República española, tanto en Cartagena como en Cádiz, siendo nombrado benemérito de la Patria. Posteriormente volvió a Filipinas, donde ejerció el mando de la corbeta “Santa Lucía”, interviniendo en acciones de guerra en Mindanao, y en 1876 fue nombrado Gobernador de la isla de Joló. De nuevo volvió a la Península y ocupó diversos cargos en el Ministerio de Marina. En 1879 fue comandante del buque escuela de guardiamarinas y en 1880 fue nombrado Comandante Militar de Marina de Cartagena. Más adelante, siendo Presidente de la Comisión de construcción del acorazado “Pelayo” y durante su estancia en Francia, se le concedió la condecoración de la Legión de Honor francesa.
Entre el 14 de diciembre de 1892 y el 23 de marzo de 1893 ocupó el cargo de Ministro de Marina en un gobierno liberal presidido por Sagasta, lo que pone de manifiesto que el Almirante Cervera tenía un pensamiento ciertamente liberal para su época. En la legislatura de 1893-94 fue elegido como senador por Cádiz, siendo durante este período Jefe de la Comisión de Marina de España en Londres. Tras este paréntesis en su carrera militar, volvió al servicio activo en puestos de la Marina y en 1896 fue nombrado Comandante General del Arsenal de la Carraca (San Fernando, Cádiz). Pero, sobre todo, D. Pascual Cervera Topete es conocido y será recordado por el cumplimiento del deber durante la defensa de Cuba contra las pretensiones de los Estados Unidos en 1898, obedeciendo las órdenes recibidas de enfrentarse al enemigo aun conociendo la inferioridad en que se encontraba la escuadra española con respecto a la de la Marina de Guerra de los Estados Unidos, lo que supuso la pérdida de la escuadra bajo su mando y de losterritorios españoles en ultramar. Tras la pérdida de la escuadra en Cuba, fue hecho prisionero por los Estados Unidos, junto con los supervivientes de las dotaciones de sus barcos. Al volver a España y tras el sobreseimiento de la causa (consejo de guerra) que se le incoara por la pérdida de la escuadra en Cuba, en la legislatura de 1903-04 fue nombrado senador vitalicio.
En 1902 se le dio el primer cargo público después de la Guerra, Jefe de Estado Mayor Central de la Armada, al que seguirían, en años siguientes, el de miembro del Consejo Supremo de Guerra y Marina; Capitán General del Departamento Marítimo del Ferrol; Jefe de la Jurisdicción Central y Presidente de la Junta de Adjudicación de los barcos de la nueva escuadra en proyecto. Falleció en Puerto Real (Cádiz) el 3 de abril de 1909, habiendo alcanzado el grado de vicealmirante. Desde el 19 de junio de 1916 sus restos descansan en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando (Cádiz), al considerarse que D. Pascual Cervera Topete fue un héroe para la historia. Por otra parte y ya ajeno al contenido de su hoja de servicios, el respeto que el almirante Cervera despertó en sus antiguos enemigos está patente en lugares a miles de kilómetros de España: Las dos ciudades más importantes de la República de Cuba exhiben bustos del almirante Cervera, sin ningún tipo de complejo. Uno se encuentra en el Castillo del Morro de Santiago de Cuba (desde 2005) y el otro en el Castillo de la Real Fuerza, de La Habana (desde 2012). En 2015 el gobierno cubano organizó un homenaje a los marinos españoles caídos en la Guerra de 1898, en la costa oriental de Cuba. A 12 metros de profundidad, en el pecio donde reposan los restos hundidos del Crucero “Almirante Oquendo” se colocó una tarja (lápida) de bronce, y dos submarinistas, uno catalán y otro vasco, depositaron una corona de laurel alrededor de la misma, como reconocimiento de los cubanos a los marinos españoles muertos en el combate contra la Marina de los Estados Unidos.

BLAS DE LEZO Blas de Lezo y Olavarrieta (Pasajes , Guipuzcoa 3 de febrero de 1689 - Cartagena de Indias , Nueva Granada 7 de septiembre de 1741) fue un almirante español, conocido por la falta de alguno de sus miembras a consevuencia de sus heridas de guerra recibidas en varias batallas, reconocido como uno de los mejores estrategas de la Armada Española y por su victoriosa defensa de la plaza de Cartagena de Indias en el asedio a la que los ingleses la sometieron en el año 1741.

En 1723, al mando de la escuadra de los Mares del Sur, le encargaron la misión de limpiar de corsarios y filibusteros las costas del Pacífico. No sólo lo dejó como una patena, sino que tuvo tiempo de enamorarse en Lima de Josefa Pacheco de Bustos, volvió a España convertido en general de marina recién casado. Enviado a Génova para reclamar dos millones de pesos que la Real Hacienda tenía depositados en la ciudad, recibió a una delegación del Senado, le dio la vuelta a un reloj de arena y dijo a los plenipotenciarios genoveses que si cuando cayese el último grano no estaba embarcada la pastizara, bombardearía la ciudad. Regresó a España con las bodegas llenas de oro. Blas de Lezo realzó su más heroica y conocida gesta cuando, a los 52 años, nombrado comandante general del apostadero naval de Cartagena de Indias, estalló entre España e Inglaterra la guerra llamada de "la oreja de Jenkins". El conflicto había empezado en las costas de Florida cuando Juan León Fandiño, un capitán de guardacostas, interceptó un barco al mando del Robert Jenkins y antes de liberarlo le hizo cortar una oreja con este recado: «Ve y dile a tu rey que le haré lo mismo si a lo mismo se atreve». El primer ministro Walpole, en desagravio e impulsado por su opinión publica y por la avidez de los comerciantes de la City, declaró la guerra a España. La expedición británica la comandaba el almirante sir Edward Vernon y tenía el propósito de arrebatar las posesiones españolas tomando Cartagena de Indias, "a llave de América". Era una flota descomunal de 186 buques con una tripulación de 15.000 hombres. Además, podía desplegar en tierra 9.000 soldados regulares, una potente artillería de asedio, 4.000 milicianos del contingente norteamericano al mando de Lawrence Washington, hermano del futuro libertador estadounidense, y 2.000 negros macheteros de Jamaica: un total de más de 30.000 hombres y 2.600 piezas de artillería. Frente a esa fuerza colosal, Blas de Lezo sólo podía oponer seis barcos y 2.800 hombres. Pero de esa terrible asimetría emergió el talento y el arrojo del marino de Pasajes, que resistió dos meses el cañoneo y, en abril de 1741, puso a la flota inglesa en desbandada. Tras arrojar 6.000 bombas y 18.000 balas de cañón y perder seis navíos y 9.000 hombres, los ingleses se retiraron y Vernon salió por jarcias y con el rabo entre las piernas. Otros son maestros en justificar sus derrotas; Lezo, en convertir en oficio el logro de lo improbable. Pero los ingleses, que crearon como nadie su propia historia, también inventaron la de los demás. Llegaron a Londres noticias de que habían tomado Cartagena y se acuñaron medallas conmemorativas de la victoria que nunca existió y que mostraban, ante un arrogante Vernon, la silueta de Lezohumillado y arrodillado, cosa del todo imposible porque la pata de palo le habría impedido tal pose. Eso y que no era un tipo de los que se doblegan. A Vernon le levantaron un monumento en la Abadía de Westminster, panteón de los héroes británicos, donde todavía hoy, en un brillante ejercicio de neolengua, puede leerse que "en Cartagena conquistó la victoria hasta el punto en que la fuerza naval puede llegar". O sea, que no conquistó nada. Blas de Lezo había evitado la pérdida del imperio español en América. De no haber sido por él, Hispanoamérica sería Angloamérica y se hablaría inglés. Españoles e ingleses anduvimos siglos a la greña porque estábamos de acuerdo en algo: los dos queríamos América. La conservamos de milagro o, más exactamente, por las agallas de un hombre solo, de este vasco insumergible que en el agua tenía los reflejos de un delfín y en tierra se movía con la torpeza de un tullido, porque fue dejando en cada batalla un pedazo de su cuerpo a cambio de unas migajas de gloria. Pero no le salió gratis aquella última victoria porque quedó malherido. El 7 de septiembre de 1741, a las ocho de la mañana, en un jergón de un hospital de Cartagena de Indias, el marino más intrépido que vieron los siete mares y todos los siglos abandonó este mundo en medio de la peste y de la amnesia general. El maltrecho cuerpo del lobo de mar, que había capturado más de 60 buques de todos los pabellones y había evitado la pérdida de un Imperio, fue enterrado en algún lugar ignoto y sin honores.

ESTEBAN DE MARI CENTURIÓN Teniente general de la Real Armada Española.Vino al mundo en la ciudad de Génova a lo largo del año 1680. Por sus méritos fue nombrado general de la mar en el año 1715. Fue ascendido a teniente general, otorgándosele el mando como Capitán de la Compañía de Guardiamarinas. Comenzó a prestar servicios de mar en la marina española en el reinado de Carlos II. Al fallecimiento de éste monarca, le sucedió en el trono el primero de los Borbones el rey Felipe V, al que Mari siguió desde el primer momento, rindiéndole pleito homenaje. Sirvió en la flota de galeras de España, realizando con ellas todos los servicios que se le encomendaron, en el Mediterráneo; tomó parte en el sitio de Barcelona con tres buques de su propiedad, siendo uno de ellos de 70 cañones, y los otros dos de menor porte. Estando asignado a la escuadra de Andrés del Pez, viajaron a Génova, para trasladar a España, a la futura reina Isabel de Farnesio. Fue nombrado general de la mar, ejerciendo este cargo desde el año 1715. A las ordenes de don Pedro Gutiérrez de los Ríos, formando parte de la expedición, con sus buques, para la reconquista de la isla de Archivo:Mallorca, salió del puerto de Barcelona el día 11 de junio del año 1715; cuando la isla fue tomada, se le encomendó la misión de volver a España con la nueva buena, arribando a Barcelona. En el año 1716 se puso al frente de una escuadra de seis navíos de línea, que junto a una de cinco galeras al mando de Guevara, que ya había sido ascendido a jefe de escuadra, debían acudir en auxilio de Venecia, socorriendo a Corfú, donde los turcos habían desembarcado a treinta mil hombres y tres mil caballos, obligándoles a reembarcar. Propusieron al almirante veneciano Pisani la persecución de los turcos, pero éste tenía otros planes y no lo aceptó, concurriendo con las tres escuadras a la reconquista de las plazas de San Butrino y Santa Maura. En el puerto de Barcelona se estaba componiendo un expedición, con una escuadra compuesta por nueve navíos, seis fragatas, dos brulotes, dos bombardas y tres galeras, más un convoy de ochenta buques de transporte, dándosele el mando de la expedición; el ejército a transportar esta compuesto por nueve mil infantes y seiscientos caballos, estas fuerzas estaban al mando del marqués de Lede, con sus subordinados el teniente general Armendáriz y el mariscal de campo conde de Montemar, esta se dirigía a la toma de la isla de Cerdeña secretamente; la flota salió dividida en dos, una al mando del Marqués de Lede como jefe de toda ella y la segunda subordinada, al mando de Baltasar de Guevara, la primera lo hizo el día 22 de julio del año 1717 y la segunda el día treinta y uno, dándose el caso, que llegó la segunda primero, siendo el día 9 de agosto, pero se quedó a la vista de la isla, lo que produjo la alarma consiguiente; llegando la de Lede el día veinte, esta descoordinación la aprovecharon los defensores de la isla para prepararse para el previsto desembarco; en ella estaba el virrey, marqués de Rubí y la guarnición la componían, aragoneses, valencianos y catalanes, que provenían de los hechos prisioneros en la batalla de Zaragoza, por las tropas del archiduque Carlos de Austria.

En su auxilio acudió el conde de Foncalada, con las galeras de Nápoles, pero al ver la fuerza oponente, se limitó a dejar en la fortaleza a quinientos alemanes, para reforzar las fuerzas y regresando con sus fuerzas a su puerto de salida. Desembarcó el ejército, desarrollándose al acciones sin mucha oposición, puesto que los naturales habían estado doscientos años en manos de los franceses, no sintiendo especial aprecio hacía sus ocupantes, en contra sí se acordaban de los bien que les había ido con los españoles, por lo que eran preferidos por ellos, a los diecisiete días de producido el desembarco, se conquistó la fortaleza de Cáller, actual Cagliari, en cuya ciudad estaban los virreyes, en este combate entró en fuego por primera vez la compañía de guardiamarinas españoles, al mando de su capitán don Juan José Navarro, que como capitán de navío era el segundo comandante del navío Real San Felipe, a continuación se fueron tomando el resto de poblaciones y al cabo de tres meses la isla quedó totalmente en manos españolas, con sólo la pérdida de quinientos hombres. Se dejaron de guarnición en la isla a tres mil hombres al mando del general Armendáriz y regresando al puerto de salida la flota al mando de don Esteban Mari. Al año siguiente, se formó otra expedición en el mismo puerto al mando del general don Antonio Gaztañeta, a la que se unió la de Esteban Mari, quedando compuesta por: doce navíos, diecisiete fragatas, siete galeras, dos brulotes y dos bombardas, más un convoy al que daba escolta de formado por doscientas setenta y seis transportes y ciento veintitrés tartanas, que transportaba un ejército de dieciséis mil hombres y ocho mil caballos; saliendo del puerto el día 19 de junio del año 1718, con la misión de conquistar la isla de Sicilia; como plenipotenciario y jefe absoluto, iba el intendente de marina don José Patiño; en la isla la aparición de los españoles causó la misma alegria que en Cerdeña, encontrando sólo resistencia en la ciudad de Messina, que la protegían unos efectivos del piamonte, por lo que en muy poco tiempo quedó por el Rey de España. Al recibir la noticia de la aproximación de la escuadra británica del almirante Byng, hubo consejo de generales, el jefe de escuadra Cammock, de origen irlandés aconsejo quedarse al abrigo de la artillería de los fuertes, al igual que Esteban Mari quien añadió « nada debía de ser motivo para comprometer frente a fuerzas superiores la armada del Rey, que tanto importaba conservar », pero en contra de esta opinión conservadora, por lógica, se opuso la del general Gaztañeta y el plenipotenciario Patiño. Pero estos estaban equivocados por la falta de información por parte del cardenal Alberoni, que sí sabía las intenciones de los británicos; por lo tanto se siguió el consejo de los dos más altos cargos, pero porque pensaban que los británicos sólo habían llegado para mediar, por ser esa la última noticia que tenía. Salieron del puerto y el día 11 de agosto del año 1718, tuvieron que repeler el ataque del británico, por lo que se defendieron más que combatir; Esteban Mari iba a retaguardia en su navío insignia el Real San Felipe y las fragatas San Isidro, Tigre, Águila de Nantes, dos balandras de bombas, un brulote y otros buques de transporte. Estaban todas estas fuerzas muy a retaguardia y muy próximas a la costa, casi en la tierra de Avola, cuando se les vinieron encima materialmente seis navíos británicos, que con tal fuerza, eran muy superiores a las de Mari, después de sufrir un duro y encarnizado encuentro, su comandante intento que su navío no cayera en manos del enemigo, por lo que dio la orden de vararlo y prenderle fuego, cuando ya la tripulación se encontrara a salvo, pero por el estado en que había quedado no se pudo realizar, siendo apresado por los británicos. De todas las fuerzas, sólo dos fragatas pudieron cumplir la orden, de varar y darles fuego, el resto, ante la superioridad del enemigo optó por rendirse, después de corta lucha, sólo la fragata Sorpresa, fue la que hizo honor a su nombre, dando la sorpresa de enfrentarse con una tenaz y persistente resistencia a ser abordada, hasta quedar totalmente destruida por la abrumadora diferencia en contra, de la artillería enemiga. Después de tan desigual combate, Mari transbordó a uno de los buques de la división de don Baltasar de Guevara, que no intervino en el combate por haberle sido ordenado, el hacer un tornaviaje a isla de Malta, al poner rumbo de regreso a la bahía de Cádiz, tropezó con una fragata británica, a la que combatió y apreso, así como a los tres mercantes que protegía.
Fue ascendido a teniente general, otorgándosele el mando como Capitán de la Compañía de Guardiamarinas. Con ocasión de la visita a Cádiz del rey Felipe V, en el año 1729, pasó revista a una Flota de la carrera de Indias, que iba al mando de Mari, compuesta de diecisiete galeones mercantes y tres de guerra como escolta, regresando al mismo puerto el día 18 de agosto del año siguiente con un importante cargamento de oro y plata, más una excelente carga de frutos preciosos de aquellos territorios. Al poco se le dio el mando de otra expedición, formada por una Flota de veinticinco navíos, siete galeras y un gran número de transportes, que levaban a siete mil hombres, con la misión de apoyar por la mar y por tierra, a don Carlos pues tenía que tomar posesión de los estados de Parma y de Toscana, éste por la muerte el día 20 de enero del año 1731 del duque Antonio Farnesio y el de Parma por herencia de su madre, la Reina que tenía mucho interés en que su hijo fuera Rey de estos estados. Los británicos en esta ocasión se unieron a las armas de España con una escuadra de dieciséis navíos, en estos momentos (nunca se estaba seguro) se comportaron de manera noble y devolvieron los buques apresados en el combate del cabo Passaro, la escuadra zarpó del puerto de Barcelona el día diecisiete de octubre, arribando a Liorna el día veintisiete siguiente, desembarcando las fuerzas del ejército ocupando las plazas que habían estado en poder de los austriacos, cumpliendo así con el tratado ya firmado en la ciudad de Sevilla el día 6 de junio del año 1731, al concluir la toma de todas las posiciones, la escuadra regresó navegando en conserva con la británica. Regresó a la bahía de Cádiz en el año 1732, donde se incorporó de nuevo a su destino tomando el mando de la Compañía de Guardiamarinas, poco tiempo después se le otorgó el mando del Departamento de Cádiz, pero sin pérdida del de la Compañía. El Rey quiso darle al infante Felipe una ocupación, por lo que el día 14 de marzo del año 1737, se puso en funcionamiento el Almirantazgo, nombrando al Infante don Felipe Almirante General de España e Indias; para el asesoramiento de tan importante cargo, pues era el responsable de las Armadas de España e Indias y de todo el comercio hecho por mar, se formó un consejo en el que participaron los más importantes marinos del momento, siendo constituido por los tenientes generales marqués de Mari, don Francisco Cornejo y Rodrigo de Torres, siendo el secretario don Zenón de Somodevilla. El día 22 de febrero del año 1742, el infante Felipe pasó a tomar posesión de los ducados de la península itálica, siendo nombrado Gran Duque de Parma, Plasencia y Guastalla, por ello dejó el mando de Almirante General, razón por la que a su vez quedó disuelto el consejo y con él el Almirantazgo. El marqués de Mari, al no tener responsabilidades en la Corte, se trasladó a Cádiz a tomar el mando de su querida Compañía de Guardiamarinas, de la que conservaba su propiedad como su Capitán. Pero no pasó mucho tiempo ejerciendo el cargo, ya que poco después falleció en la misma ciudad, en el año 1742, contando con sesenta y dos años de edad. .

FADRIQUE ALVAREZ DE TOLEDO MENDOZA Don Fadrique Alvarez de Toledo y Mendoza. Nació en Nápoles, el 30 de mayo de 1580. Era hijo de Pedro Álvarez de Toledo Osorio, V Marqués de Villafranca del Bierzo, y de Elvira de Mendoza. Heredó desde su nacimiento el cargo de Comendador del Valle de Ricote en la Orden de Santiago. Comenzó sirviendo en galeras bajo el mandato de su padre y ascendió rápidamente igual que su hermano, García Álvarez de Toledo Osorio, en la carrera militar. En 1617 alcanzó al cargo de Capitán General de la Armada del Mar Océano. Esto le llevó a nuevos y numerosos combates mandando la escuadra contra holandeses, ingleses y berberiscos. En la batalla naval de Cabo San Vicente, en 1621, derrotó a la armada de las Provincias Unidas de los Países Bajos y en la batalla naval del Canal de la Mancha, en 1623, venció nuevamente a la flota holandesa e impidió que cruzara el canal estableciendo un bloqueo sobre sus costas. Poco después derrotó una armada bereber en el estrecho de Gibraltar. Debido a la unión dinástica aeque principaliter bajo la Casa de Habsburgo fue General del Reino de Portugal y Capitán General de la Armada del Brasil. En 1625, con una flota de 26 navíos, con 450 cañones y 3500 soldados de desembarco, fue enviado a recuperar la ciudad de Salvador de Bahía, ocupada por las fuerzas holandesas de los Países Bajos. Con una operación por tierra y por mar rindió la ciudad de Bahía y capturó a miles de holandeses. Siguió con las operaciones militares desalojando a holandeses e ingleses de otros puntos de Brasil.Posteriormente, se apoderó de la isla de San Salvador. En 1629 dirigió la expedición de la armada española en el Mar de las Antillas y libró la Batalla de San Cristóbal en donde venció a una flota corsaria en la isla Nieves, expulsó a los ingleses y franceses de la isla de San Cristóbal y quemó todas sus plantaciones de café y tabaco. El aumento de su poder le hizo chocar directamente con el autoritarismo y las políticas en materia de relaciones exteriores del conde-duque de Olivares, quien para alejarle de la corte, le quiso enviar a América a recuperar la plaza de Pernambuco y el resto de plazas brasileñas ocupadas en 1630 por una inmensa armada holandesa que traía hasta 7000 hombres de desembarco. Don Fadrique no acepó la misión por su estado de salud y por la disposición y el estado de la flota, por lo que se le formó un proceso de desobediencia. Este consejo de guerra lo apartó, humilló y condenó a una vida de penurias y descrédito. Murió prácticamente en la miseria por no cumplir la misión que Olivares le exigió.

Poco después su memoria fue rehabilitada. Las hazañas navales y militares de Fadrique Álvarez de Toledo fueron motivo bastante para que el rey de España Felipe IV le concediera el título de marqués de Villanueva de Valdueza, el 17 de enero de 1634. Sus acciones le granjearon una gran fama y se le dedicaron obras de teatro y poesías. El que una vez fue el mejor marino español de su época murió al poco tiempo, en Madrid, el 11 de diciembre de 1634. La caída del conde duque de Olivares en 1643 acrecentó su fama como uno de los más valientes y destacados capitanes generales que tuvo la armada española. Fadrique se casó en Madrid, el 12 de agosto de 1627, con su sobrina Elvira Ponce de León; hija de Luis Ponce de León, VI marqués de Zahara, y de Victoria Álvarez de Toledo Osorio, hija de Pedro Álvarez de Toledo Osorio, V marqués de Villafranca del Bierzo y II duque de Fernandina. De su matrimonio tuvo Fadrique a los siguientes hijos: Elvira Álvarez de Toledo Osorio, mujer de Juan Gaspar Enríquez de Cabrera, VI duque de Medina de Rioseco. Victoria Álvarez de Toledo Osorio, casada con su primo Francisco Ponce de León, V duque de Arcos. Fadrique Álvarez de Toledo Osorio, VII marqués de Villafranca del Bierzo, II marqués de Villanueva de Valdueza y Grande de España. Fallecido Fadrique, en 1634, su esposa la marquesa viuda de Villanueva de Valdueza, fue una de las figuras más importantes de la corte de Mariana de Austria ya que tuvo el cargo de camarera mayor, el 8 de enero de 1654, cinco años después de la llegada a la Corte de Mariana de Austria, a la que sirvió durante toda su época como reina consorte de España, desde 1649 hasta 1665 como segunda esposa del rey Felipe IV y regente, desde 1665 hasta 1675 como madre del rey Carlos II y reina madre. .

RODRIGO DE BASTIDAS Conquistador español nacido en Sevilla hacia el año de 1445, descubridor de las costas de Colombia y parte de su territorio, así como de las de Panamá. En octubre de 1500 zarpó desde Cádiz hacia América, siguiendo las huellas de Cristóbal Colón. Reunió en esta expedición a expertos navegantes como Vasco Núñez de Balboa y Juan de la Cosa, cartógrafo que ya había viajado con Alonso de Ojeda en 1499.

Los exploradores recorrieron las costas de Venezuela hasta el cabo de La Vela, que era el límite de la provincia venezolana. Continuando hacia el Oeste, Bastidas descubrió las costas de la actual Colombia, las bahías de Santa Marta, Cartagena y Cispatá, así como la desembocadura del río Magdalena. Fue el primero en penetrar hacia la sierra Nevada de Santa Marta. Con ánimo de seguir explorando, atravesó el golfo de Urabá y descubrió las costas del istmo de Panamá, recorriendo los puertos de Retrete y Nombre de Dios.

Bastidas encontró gran cantidad de oro en sus incursiones por estos nuevos territorios, pero al regresar a Santo Domingo, a finales de 1501, el barco naufragó y perdió parte del oro que transportaba. Francisco de Bobadilla, el mismo que se llevó encadenado a Colón, procesó a Bastidas, quien resultó absuelto al llegar a España en septiembre de 1502 y recibió una pensión vitalicia sobre los productos de Urabá y Cenú. Incansable, obtuvo nueva capitulación (6 de noviembre de 1524) para fundar una ciudad entre el Cabo de la Vela y el río Magdalena.

Fue así como fundó en 1525 Santa Marta, la primera ciudad establecida en Colombia. Se le tiene como hombre bondadoso con los indígenas; sin embargo, uno de sus hombres intentó asesinarlo; herido, viajó a Santiago de Cuba, donde murió en 1527. Su hijo, también llamado Rodrigo de Bastidas, fue el primer obispo de Venezuela. La imagen contigua muestra la placa que luce la que se dice fue la casa de este ilustro navegante español en Santo Domingo.

 

 

RAMÓN MARQUET, VICEALMIRANTE CATALAN DEL SIGLO XIII: No se crea que la historia de la navegación y de los grandes navegates de España comienzan con el descubrimiento de América; muchos años antes el Mediterráneo era el ámbito geográfico de importantes gestas debidas a grandes marinos. De familia de navieros y mercaderes, Ramón Marquet fue hombre de confianza de los reyes Jaime I y Pedro el Grande. Junto con Berenguer Malloll organizó la expedición naval de 1282 a Barbería (África del Norte) y a Sicilia, que inició la expansión aragonesa por tierras italianas. Armador e intendente excepcional, destacó también como marino de guerra en la batalla de las islas Formigues, en 1285, que significó el descalabro de la flota francesa. Supo aprovechar al máximo el papel de los ballesteros catalanes (de habilidad reconocida mundialmente) en los combates navales.

 ROGER DE LAURIA: Gran almirante de la Corona de Aragón en los siglos XIII y XIV. Se crió en la corte del rey Pedro el Grande de Aragón. Acompañó al monarca en sus expediciones a Barbería (África del Norte) y a Sicilia en 1282. Nombrado almirante al año siguiente, derrotó a sus enemigos en todos los combates en los que tomó parte, tanto franceses como provenzales o sarracenos. Sus victorias en Malta, en el golfo de Nápoles (donde hizo prisionero al príncipe de Salerno ) y en Rosas fueron famosas en su tiempo. Destacó por sus dotes de táctico y de estratega. Las crónicas de Muntaner y de Desclot nos dan puntual noticia de sus hazañas, entre ellas, la afirmación de que «ningún pez osaría nadar por el Mediterráneo si no llevaba en la Cola la señal del rey de Aragón ». Quiso ser enterrado al pie de la tumba de su señor, el rey Pedro el Grande, en el monasterio catalán de Santes Creus.

PEDRO FERNÁNDEZ DE QUIRÓS, (1565-1615): Después de volver a puerto con la fracasada expedición de Mendaña, Pedro Fernández de Quirós zarpó del puerto de El Callao (Perú) con tres navíos en diciembre de 1605. El viaje fue un fracaso ya que sólo se descubrió el archipiélago del Espíritu Santo o Nuevas Hébridas. Quirós bautizó a estas islas con el nombre de Australia del Espíritu Santo pensando que había descubierto el quinto continente. A pesar de no ser así, lo curioso es que la moderna Australia debe su nombre a la casa de Austria, en cuyo honor Quirós puso el nombre. Durante el viaje de regreso se separaron dos naves al mando de Luis Váez de Torres debido al mal tiempo.

 NARCIS MONTURIOL, (1819-1885): Inventor, político y publicista catalán. Destacó en las luchas políticas del siglo XIX como idealista convencido de un nuevo orden social, republicano y comunista, contrario a toda violencia. Para fomentar la pesca del coral y evitar el sufrimiento de los pescadores, inventó una nave submarina, el Ictíneo, que navegó por debajo del agua en 1859. Para perfeccionarla fundó la sociedad mercantil «La navegación submarina », primera en el mundo de su especialidad. El segundo modelo de Ictíneo, muy perfeccionado, tuvo aplicaciones militares y constituye una importante contribución a la historia de la navegación submarina: supo resolver el problema de la respiración en inmersión y el de un nuevo motor marino. La incomprensión de los medios oficiales determinó el abandono de sus proyectos, que supo reflejar en una importante memoria: «Ensayo sobre el arte de navegar por debajo del agua », escrita en 1869.

 

 

FELIPE BAUZÁ Y CAÑAS Nació en Palma de Mallorca en 1764 y falleció en Londres en 1834. Fue un político, geógrafo, astrónomo y capitán de navío español de comienzos del siglo XIX. En junio de 1813 recibió el encargo de realizar un proyecto de división provincial (finalizado el 21 de septiembre del mismo año) durante la regencia presidida por don Luis María de Borbón y Vallabriga, pues al comenzar la Guerra de la Independencia (1808) se negó a entregar sus trabajos cartográficos al ejército de Napoleón (estaba levantando un mapa de la frontera hispano-francesa) y huyó a Cádiz.

Al finalizar la guerra, en 1815 fue nombrado Director del Depósito Hidrográfico. Perteneció a la comisión que elaboró el Atlas marítimo de España.? Mantuvo correspondencia sobre astronomía con el astrónomo y comerciante José Joaquín Ferrer y Cafranga y el también marino militar Cosme Damián Churruca. Mantuvo contactos con Alexander von Humboldt durante la estancia de éste en España (1798). Fue el cartógrafo de la expedición Malaspina (1788), motivo por el que en Nueva Zelanda hay una isla con su nombre: isla Bauzá o "isla de los mosquitos". Fue diputado a Cortes por Mallorca durante el Trienio Liberal (1820-1823), periodo en el que volvió a realizar un proyecto de provincialización, en esta ocasión junto con José Agustín de Larramendi (14 de enero de 1822). Con la vuelta del absolutismo se exilió en Londres, donde murió poco tiempo después de recibir la amnistía de 1833 (había sido condenado a muerte y confiscados sus bienes). Se le enterró con honores en la Catholic chapel, Moorfields, Londres. La Biblioteca Británica mantiene una colección de sus mapas (The Bauzà Collection of Spanish colonial mapping). Era de ideología liberal y pertenecía a la masonería.

FRANCISCO ALSEDO Y BUSTAMANTE Nació en Santander el 3 de septiembre 1758 y falleció frente a la costa de Cádiz el21 de octubre 1805, en la batalla de Trafagar a bordo del Montañes de lque era comandante con el empleo de Capitán de Navio A los 15 años sienta plaza de guardiamarina (27 de abril de 1774) participando en 1775, a bordo del jabeque Gamo, en la expedición contra Argel. En 1781 toma parte en la batalla de Pensacola (Florida), y nuevamente en guerra contra la corona británica, es herido en el ataque a Gibraltar del 15 de septiembre de 1782, aunque no se retira del combate hasta la mañana siguiente. El 21 de diciembre del mismo año es ascendido al grado de teniente de navío. En 1786 es nombrado alférez de la Real Compañía de Guardias Marinas de Cádiz y encargado de la compañía de guardiamarinas de Ferrol, que embarcan en la escuadra de Juan de Lángara. Su carrera militar prosigue con sus nombramientos sucesivos de capitán de fragata (14 de junio de 1791) y teniente de la compañía de guardiamarinas de Ferrol (junio de 1792). Al año siguiente, se embarca en el navío San Eugenio y se dirige a la América septentional para proteger el comercio español y hostigar a las fuerzas francesas de la isla de Santo Domingo. La escuadra, formada por once navíos, siete fragatas y nueve bergantines, estaba basada en Puerto Cabello y participa activamente en la toma del fuerte del Delfín en Santo Domingo (1793).

El 27 de octubre de 1796 su carrera militar culmina con el ascenso a capitán de navío en las colonias americanas, desde donde regresa a España en 1801 al mando del navío Asia, que fue desarbolado en un temporal en este viaje. En 1805 toma el mando del navío Montañés, construido a expensas de los cántabros, que lo habían ofrecido al rey. Durante la batalla, el Montañés forma parte de la escuadra de observación de Gravina, que soporta el mayor ímpetu del enemigo. En lucha contra un navío inglés de tres puentes, una bala de cañón provoca su muerte a la edad de 47 años, siendo sus últimas palabras: "He dicho que orcen, que yo quiero arrimarme más a ese navío de tres puentes, batirme a quemarropa y abordarle". .

FRANCISCO JAVIER WYNTHUISEN Y PINEDA Nació en El Puerto de Santa María (Cádiz), el 18 de agosto de 1747 y falleción frente al Cabo de San Vicente durante la batalla del mismo nombre el día 14 de febrero de 1797. Era hijo del jefe de Escuadra Francisco Javier de Winthuysen y Ticio y de su esposa Petronila de Pineda y Terry y sentó plaza de guardia marina en Cádiz el 11 de noviembre de 1757 permmaneciendo en la Escuela Naval relaizando los estudios hasta el año 1759 en que embarcó por primera vez en el navío Dichoso, de la escuadra del marqués de la Victoria. en el que permaneció hasta 1760 al ser desarmado el buque en Ferrol. En el año 1761, volvió a embarcar en el navío Héctor, donde trasportó tropas a los presidios de África y caudales a Génova y Marsella, patrullando después entre los cabos de San Vicente y Santa María para proteger la recalada de las embarcaciones mercantes procedentes de América. Embarcado en dicho navío estuvo agregado, en 1763 en la escuadra de Regio, que protegía la bahía de Cádiz de un ataque que los ingleses tenían proyectado llevar a cabo sobre ella pero que no llegó a verificarse. Posteriormente fue destinado al navío Fénix, en donde permaneció hasta la firma de la Paz de 1763 con Inglaterra y Portugal. Del Fénix pasó destinado al navío Gallardo, con el que navegó a Canarias conduciendo caudales y tropas, y a su regreso realizó vigilancia en la recalada del Cabo San Vicente siendo transladado al navío España en 1764, nave capitana de la flota del jefe de escuadra Idiáquez, con la que navegó a diferentes puntos de la América del Norte durante treinta y tres meses desempeñando las funciones de ayudante de órdenes del mayor general hasta su desembarco en Cádiz Por sus constantes navegaciones, aptitud y disposición obtuvo, en los últimos años de guardia marina, el destino de maestro de navegación de la Academia de Cádiz. A los ocho años y tres meses de haber sentado plaza y cerca de los siete embarcado, fue ascendido a alférez de fragata (13 de febrero de 1766). Por R.O. de 17 de septiembre 1767 recibe el grado de alférez de navío. Durante el año 1769 estuvo embarcado a bordo del navío Santa Isabel, realizando misiones de guardacostas por el mar Cantábrico. En 1770 pasa destinado al navío Santo Domingo, realizando misiones de guardacostas en Galicia. Winthuysen parte de Cádiz en 1771 a bordo de la fragata Palas, comandada por el capitán Ignacio Mendizábal, que recibe la orden de ir a visitar las posesiones españolas de Filipinas y las islas Marianas, siguiendo en su navegación el nuevo derrotero por el Cabo de Buena Esperanza y el Índico. Por R.O. de 13 de enero es ascendido al grado de teniente de fragata. En agosto de 1722 regresa a su cuartel general en Cádiz, vuelve a hacerse a la mar, esta vez en la fragata Industria, que transporta un cargamento de azogue con destino al puerto peruano del Callao. Por R.O. de 28 de abril 1774 es ascendido a teniente de navío.

Poco después, de nuevo participa en la más brillante de las expediciones que en estos años examinan la nueva ruta hacia Filipinas: embarca en la fragata Venus, comandada por Juan de Lángara, para realizar el transporte de soldados y armamentos a Manila. El navío leva anclas en la bahía de Cádiz para poner proa a las islas Canarias y Cabo Verde, para desde aquí abrirse hacia poniente en el Atlántico sur hasta llegar cerca de las aguas que bañan el continente americano, y posteriormente rumbear hacia el cabo de Buena Esperanza, donde recalan dos meses después de la partida. Fondean en la bahía de la Tabla para aprovisionarse de agua dulce y leña para el fogón. Estando en este lugar consiguen hacerse con unos almanaques náuticos que contenían las tablas de distancias lunares a las estrellas zodiacales, tablas que les serían muy útiles para poder perfeccionar las observaciones astronómicas llevadas a cabo mediante la medición de la distancia de la luna a una estrella determinada. Y es aquí donde viene el gran éxito de esta expedición, ya que es una de las primeras veces que un navío de alto bordo consigue conocer la longitud en que se encontraba con este método de observación astral. Ya en el Pacífico navegan siempre acompañados de vientos contrarios hasta alcanzar la isla de Java y posteriormente la ciudad de Manila. Siete meses de travesía les han llevado hasta este tan lejano puerto, donde dan fondo con otra añadida satisfacción, no llevaban a bordo ni un solo hombre aquejado del mal del escorbuto, lo que habla muy claro de la experiencia médica que habían acumulado los marinos españoles a lo largo de cerca de tres siglos de navegaciones transoceánicas. A su regreso a Cádiz en 1766, se le nombra Alférez de la Compañía de Guardiamarinas de Cádiz. El 13 de agosto se determina que existan, además de la compañía de guardiamarinas de Cádiz, otras dos… una en Ferrol y otra en Cartagena. Estarían dirigidas por capitanes de navío y estarían subordinadas a la de Cádiz, que venía siendo mandada por un Jefe de Escuadra. El 25 de febrero de 1777 se dispone que 120 guardiamarinas formaran la primera promoción de las dos nuevas Academias. Los 60 de Ferrol embarcan en Cádiz, en el navío San Miguel, que estaba mando por Francisco Javier Winthuysen Pineda, y los 60 de Cartagena a cargo de Francisco de Mazarredo, en los navíos San Eugenio y Vencedor... En 1778 siendo teniente de navío, se le confía el mando de la fragata Santa Leocadia, realizando una misión reservada en las islas Canarias, el gobierno, satisfecho del resultado, el 23 de marzo es ascendido al empleo de Capitán de fragata. En marzo de 1779 se leasigna el mando de la fragata Escolástica El 22 de marzo de 1780 se le confiere nuevamente el mando de la fragata Santa Leocadia, realizando labores de guardacostas por el mar Cantábrico en unión de dos fragatas francesas, también bajo su mando. 1781 Estando en misión en las Azores y Cartagena de Indias, se encuentra con la escuadra del Almirante Darby desarrollando un enfrentamiento naval el día 1 de mayo, a unas 200 millas del puerto de Brest, entre la “Santa Leocadia”, y el HMS Canada. Tras una hora y media de combate, con 80 españoles muertos y 106 heridos, incluido el capitán que había perdido el brazo derecho, la fragata española fue apresada y conducida al puerto britanico de Cork. Tras ser operado y llevado a Portsmouth, el capitán Winthuyssen fue liberado, bajo palabra de honor de no enfrentar sus armas contra los ingleses, que lógicamente nunca cumplió. A su regreso a Cádiz, y tras sometido a consejo de guerra, en el que fue absuelto, es ascendido por R.O. de 15 de septiembre a capitán de navío con 34 años de edad. En abril de 1782 le confiere el mando del navío de línea Terrible, participando en la escuadra de D. Luis de Córdova en el Canal de la Mancha. En septiembre participa en el Sitio de Gibraltar, interviene en el rescate de una batería flotante, recibe un tiro de fusil en la espalda. En el mes de octubre al mando de su navío, en la escuadra de D. Luis de Cordova, participa en la batalla de Cabo Espartel contra la escuadra británica del almirante Howe.
En diciembre entrega el mando de su navío quedando desembarcado "a órdenes" en Cádiz. En septiembre de 1783 se le asigna el mando del navío de línea San Pascual, que formaba división con el navío Triunfante y el bergantín Infante, mandados todos ellos por el brigadier D. Gabriel Aristizábal y Espinosa, realizando un viaje al Mediterráneo Oriental, cruzaron los Dardanelos y fondeando en Constantinopla para llevar a cabo una misión de Estado con motivo del tratado de paz entre la corona española y el Imperio otomano, y para trasladar a bordo al embajador español Juan de Bouligny. En mayo de 1785 desembarca en Cartagena y en junio es promovidos al empleo de brigadier de la Real Armada. El 25 de julio de 1786 es nombrado jefe interino de la Compañía de Guardiamarinas de Cádiz. En enero de 1787 es nombrado Mayor general interino y nombrado, en comisión., Inspector y Visitador de los Colegios de San Telmo en Sevilla y Málaga, para la redaccion de sus ordenanzas y planes de estudio lo que cumple en seis meses a satisfacción del gobierno; regresa a Cádiz. El 1 de noviembre de 1791 es nombrado Comandante General del Cuerpo de Pilotos de la Armada, con la misión de la inspección de sus escuelas, planes de estudio, métodos de admisión de alumnos, realizando una extraordinaria labor y estableciendo Escuelas Náuticas en algunos lugares que carecían de ellas. En 1792 recibió la encomienda del Corral de Caracuel en la Orden de Calatrava con una renta anual de 15.800 rs. de vellón, ordenando el Rey que se le tuviese en cuenta para un futuro ascenso que le es concedido el día 11 de noviembre de 1792, en que es promovido al empleo de Jefe de Escuadra continuando con la Comandancia General de Pilotos de la Armada. En 1795 es destinado como general subalterno de la escuadra del Mar Océano, arbolando su insignia en el navío de tres puentes San José. En octubre pasa al Mediterráneo, hasta la Paz de Basilea. En 1797 la flota inglesa que estaba al mando del almirante John Jervis con 22 navíos de línea, la española era comandada por su contraparte José Córdoba y Ramos con 27 barcos Se enfrenta en el Cabo de San vicente a la española que tenían una ventaja en el número de barcos y cañones, pero los ingleses contaban con dotaciones más completas, y de marinos y oficiales mejor adiestrados. Muere en el combate, cuando una bala de cañón le segó las piernas, enarbolaba su insignia en el navío de línea San José (tres puentes, de porte de 112 cañones), que estaba comandado por el Brigadier D. Pedro de Pineda, que fue abordado por el propio Nelson, que dicen que retiró la espada de la mano crispada de Winthuyssen que todavía la atenazaba. .

FRANCISCO DE ORELLANA Nació en Trujillo, Extremadura en 1511 y falleció en el Río Amazonas, en noviembre de 1546. En 1535 participó en la pacificación y fundación de Puerto Viejo donde desempeñó los cargos de regidor, alcalde ordinario además de teniente de gobernador y uno de los primeros vecinos. En 1537 fundó la ciudad de Guayaquil, que había sido destruida por los indígenas nativos en varias ocasiones y reubicada por diferentes colonizadores españoles. Al año siguiente recibió el título de teniente de gobernador de Guayaquil. Después de terminar la reconstrucción de la ciudad partió hacia Quito y, junto a Gonzalo Pizarro, organizó una expedición que terminaría con el descubrimiento del río Amazonas. Tras sobrevivir a la travesía del viaje por la Amazonia, partió de regreso a España donde fue acusado de traición por cargos presentados por Pizarro. Tras ser absuelto, organizó otra expedición, pero no contó con el capital ni con la aprobación necesarias. Por esta razón, se dedicó a la piratería y se dirigió nuevamente al Amazonas, donde junto a la mayor parte de su tripulación fallecieron sin ubicación específica a lo largo del río. Francisco de Orellana había nacido en Trujillo en 1511. Era un íntimo (posiblemente familiar, algunos historiadores hablan de primo) de la familia de Francisco Pizarro. Viajó al Nuevo Mundo muy joven (1527), sirviendo en Nicaragua. Reforzó el ejército de Pizarro en el Perú (1535) y le sirvió en múltiples campañas, en una de las cuales perdió un ojo. Durante la guerra civil entre los conquistadores en el Perú, se alineó con los Pizarro y fue enviado por Francisco Pizarro al mando de una columna desde Lima en ayuda de Hernando Pizarro. En 1538 fue nombrado gobernador de la provincia de la Culata, en la costa del actual Ecuador, donde reconstruyó y repobló Santiago de Guayaquil, que había sido recientemente destruida por los indios, anteriormente fundada por Pizarro y repoblada por Belalcázar. En 1540, Gonzalo Pizarro llegó a Quito como gobernador y le fue encargado por Francisco Pizarro organizar una expedición hacia el este, en busca del País de la Canela. Orellana supo de la expedición que organizaba Pizarro y se unió a ella. En Quito, Pizarro juntó una fuerza de 220 españoles y 4000 indios, mientras que Orellana, segundo al mando, fue mandado a Guayaquil para alistar más tropas y conseguir caballos. Pizarro partió de Quito en febrero de 1541, justo antes de que Orellana, con 23 hombres y caballos, se uniera a él. Orellana no abandonó y se apresuró para unirse a la expedición principal, contactándola finalmente en el valle de Zumaco, próximo a Quito en marzo de 1541. Fue el tercer Teniente de Gobernador de Puerto Viejo después de haber asistido a su pacificación y fundación donde perdió un ojo, en las inmediaciones de la actual costa ecuatoriana, además de haber sido uno de los primeros célebres vecinos de Puerto Viejo. Por ello existen documentos que ameritan la estancia de Francisco de Orellana en los primeros cabildos coloniales de actuales ciudades ecuatorianas.

Cruzaron los Andes. Al cabo de un año, ante la falta de resultados de la búsqueda, Gonzalo Pizarro y Orellana construyeron un bergantín, el San Pedro, para transportar a los heridos y los suministros, y siguieron los cursos de los ríos Coca y Napo hasta la confluencia de éste con el Aguarico y el Curaray, donde se encontraron faltos de provisiones. Habían perdido 140 de los 220 españoles y 3000 de los 4000 indios que componían la expedición. Acordaron entonces (22 de febrero de 1542) que Orellana prosiguiera en el barco en busca de alimentos río abajo. Le acompañaban unos cincuenta hombres. Incapaz de remontar el río, Orellana esperó a Pizarro. Finalmente envió a tres hombres con un mensaje y comenzó la construcción de un nuevo bergantín, el Victoria. Mientras tanto, Pizarro había vuelto hacia Quito por una ruta más hacia el norte, con sólo 80 hombres, los que quedaban vivos. Orellana siguió río abajo. Al cabo de siete meses y un viaje de 4800 kilómetros, en los que navegó río abajo por el río Napo, el Trinidad (¿río Jurua?), el río Negro (bautizado por Orellana) y el Amazonas, llegó a su desembocadura (26 de agosto de 1542), y desde allí se dirigió costeando a Nueva Cádiz en la isla de Cubagua (actual Venezuela). La Victoria, llevando a Orellana y Carvajal, bordeó la isla de Trinidad por el sur y quedó varada en el golfo de Paria durante siete días, llegando finalmente a Cubagua el 11 de septiembre de 1542. Fue en este viaje en el que el Amazonas adquirió su nombre. Se cuenta que la expedición fue atacada por feroces mujeres guerreras, similares a las amazonas de la mitología griega, pero es posible que simplemente luchara contra guerreros indígenas de pelo largo. Sin embargo, las crónicas del Padre Gaspar de Carvajal, cronista de Orellana deja muy claro que los indígenas que les combatieron estaban liderados por mujeres. Puesto que se desvanecía toda esperanza de reunirse con Gonzalo Pizarro, verdadero jefe de la expedición, Orellana fue elegido de forma unánime capitán del grupo. Se decidió construir un nuevo bergantín, al que se puso por nombre Victoria, y continuar por el río hasta mar abierto. Durante el trayecto, los heroicos exploradores arrostraron mil peligros, fueron atacados varias veces por los indígenas y dieron muestras de un valor extraordinario. El viaje les deparó continuas sorpresas: árboles inmensos, selvas de lujuriosa vegetación y un río que más bien parecía un mar de agua dulce y cuyos afluentes eran mayores que los más caudalosos de España. Cuando dejaron de divisar las orillas de aquel grandioso río, Orellana ordenó que se navegara en zigzag para observar ambas riberas. En la mañana del 24 de junio, día de San Juan, fueron atacados por un grupo de amerindios encabezado por las míticas amazonas. Los españoles, ante aquellas mujeres altas y vigorosas que disparaban sus arcos con destreza, creyeron estar soñando. En la refriega consiguieron hacer prisionero a uno de los hombres que acompañaban a las aguerridas damas, quien les relató que las amazonas tenían una reina que se llamaba Conori y poseían grandes riquezas. Maravillados por el encuentro, los navegantes bautizaron el río en honor de tan fabulosas mujeres. El 24 de agosto, Orellana y los suyos llegaron a la desembocadura de aquella impresionante masa de agua. Durante dos días lucharon contra las olas que se formaban al chocar la corriente del río con el océano y, al fin, consiguieron salir a mar abierto. El 11 de septiembre llegaban a la isla de Cubagua, en el mar Caribe, culminando uno de los más apasionantes periplos de la historia de los descubrimientos.
Desde Cubagua, Orellana embarcó hacia España. Sin embargo, tras una travesía difícil, llegó primero a Portugal, donde el rey le ofreció hospitalidad e incluso recibió ofertas para volver al Amazonas con una expedición abundantemente provista bajo bandera portuguesa. El Tratado de Tordesillas había puesto toda la longitud del Amazonas bajo soberanía castellana, mientras que los portugueses consideraban la costa brasileña como de su entera propiedad. Sin embargo, Orellana continuó a Valladolid (mayo de 1543) con la esperanza de conseguir las reclamaciones castellanas sobre toda la cuenca del Amazonas. Una vez en la corte, y tras nueve meses de negociaciones, Carlos I le nombra gobernador de las tierras que había descubierto, bautizadas como Nueva Andalucía (18 de febrero de 1544). Las capitulaciones le permitían explorar y colonizar Nueva Andalucía con no menos de 200 soldados de infantería, 100 de caballería y el material para construir dos barcos fluviales. A su llegada al Amazonas, debía construir dos ciudades, una de ellas justo en la boca del río. Sin embargo, los preparativos se alargaron debido a la falta de fondos. Finalmente gracias a la financiación de Cosmo de Chaves, padrastro de Orellana, la expedición pudo partir. Poco antes Orellana se casa con Ana de Ayala, una joven de origen humilde que le acompañará en su nueva travesía. Zarpa de Cádiz, pero es detenido en Sanlúcar de Barrameda, debido a que gran parte de su expedición estaba compuesta por no castellanos. Finalmente (11 de mayo de 1545), y escondido en uno de sus barcos, zarpa subrepticiamente de Sanlúcar con cuatro barcos. Uno se pierde antes de llegar a las islas de Cabo Verde, otro en el curso de la travesía y un tercero es abandonado al llegar a la desembocadura del Amazonas. El desembarco se produce poco antes de las Navidades de 1545 y Orellana se interna unos quinientos kilómetros en el delta del Amazonas tras construir un barco fluvial. 57 hombres mueren de hambre y el resto acampan en una isla del delta entre indios amistosos. Orellana parte en un bote para encontrar comida y la rama principal del Amazonas. A su regreso, encuentra el campamento desierto, pues los hombres habían construido un segundo bote y partido en busca de Orellana. Finalmente abandonaron y partieron costeando hacia la isla Margarita en el mar Caribe. Orellana y su grupo siguieron tratando de localizar el canal principal, pero fueron atacados por los nativos caribes. Diecisiete murieron a causa de las flechas venenosas y el mismo Orellana murió poco después, en noviembre de 1546. Cuando los supervivientes del segundo bote llegaron a la isla Margarita, se encontraron con 25 compañeros, incluyendo a Diego Garcia de Paredes y Ana de Ayala, que habían llegado en el cuarto barco de la flota original. Un total de 44 supervivientes (de 300 que habían partido) fueron finalmente rescatados por un barco español. Muchos de ellos se asentaron en Centroamérica, Perú y Chile, mientras que Ana de Ayala se casó con otro superviviente, Juan de Peñalosa, con el que vivió hasta su muerte en Panamá. .

FRANCISCO PIZARRO Nació enTrujillo, Extramadura, España en el año 1478 y falleció en Lima, Perú en el año 1541. Era hijo natural del capitán Gonzalo Pizarro, por lo que desde muy joven participó en las guerras locales entre señoríos acompañando a su padre en las guerras de Italia. En 1502 embarcó en la flota que llevaba a las Indias a Nicolás de Ovando, el nuevo gobernador de La Española. Hombre inquieto y de fuerte carácter, Francisco Pizarro no logró adaptarse a la vida sedentaria del colonizador, razón por la que decidió participar en la expedición de Alonso de Ojeda que exploró América Central (1510) y luego en la de Vasco Núñez de Balboa que descubrió el océano Pacífico (1513). Entre 1519 y 1523, sin embargo, se instaló en la ciudad de Panamá, de la cual fue regidor, encomendero y alcalde, lo que le permitió enriquecerse. Conocedor de los rumores que hablaban de la existencia de grandes riquezas en el Imperio de los incas, decidió unir la fortuna que había amasado con la de Diego de Almagro para financiar dos expediciones de conquista (1524-1525 y 1526-1528), que se saldaron con sendos fracasos. A causa de las penalidades sufridas en el segundo intento, Pizarro se retiró a la isla del Gallo con doce hombres, mientras Almagro iba a Panamá en busca de refuerzos. Los «trece de la fama» aprovecharon para explorar parte de la costa oeste de América del Sur, región que denominaron Perú, tal vez por la proximidad del rio Virú, y tuvieron constancia de la existencia de una gran civilización.

No obstante, ante la negativa del gobernador de Panamá a conceder más hombres a Almagro, en 1529 Pizarro viajó a España a fin de exponer sus planes al rey Carlos V, quien, en las capitulaciones de Toledo (26 de julio de 1529), lo nombró gobernador, capitán general y adelantado de las nuevas tierras, designación real que provocó el recelo y la frustración de Almagro. De regreso en Panamá (1530), Pizarro preparó una nueva expedición de conquista, y en enero de 1531 embarcó con un contingente de 180 hombres y 37 caballos hacia Perú. Informado de la guerra que enfrentaba al emperador inca Atahualpa con su hermanastro Huáscar, el 16 de noviembre de 1532 el conquistador español se entrevistó en la ciudad de Cajamarca con Atahualpa y, tras exhortarle sin éxito a que abrazase el cristianismo y se sometiera a la autoridad de Carlos V, lo capturó en un sangriento ataque por sorpresa.
El inca acordó con los extranjeros llenar de oro, plata y piedras preciosas una habitación a cambio de su libertad, pero de nada le sirvió cumplir su parte del pacto, pues Pizarro, reforzado por la llegada de Almagro al frente de un centenar de arcabuceros, acusó a Atahualpa de haber ordenado el asesinato de Huáscar desde la prisión y de preparar una revuelta contra los españoles, y ordenó su ejecución, que se cumplió el 29 de agosto de 1533. A continuación se alió con la nobleza inca, lo cual le permitió completar sin apenas resistencia la conquista de Perú, empezando por Cuzco, la capital del Imperio (noviembre de 1533), y nombrar emperador a Manco Cápac II, hermano de Huáscar. Poco después, Pizarro y Almagro se enemistaron por la posesión de Cuzco, y si bien primero unieron sus fuerzas para sofocar la rebelión indígena dirigida por Manco Cápac II contra el dominio español (1536), acabaron por enfrentarse abiertamente en la batalla de las Salinas, en abril de 1538. Derrotado y prisionero, Almagro fue procesado, condenado a muerte y ejecutado por Hernando Pizarro, hermano del conquistador (8 de julio de 1538). La venganza de los partidarios de Almagro, liderados por su hijo Diego de Almagro el Mozo, se produjo el 26 de junio de 1541, fecha en que Pizarro murió asesinado en su palacio de Lima, ciudad que él mismo había fundado a orillas del río Rímac seis años antes. .

FRANCISCO VAZQUEZ DE CORONADO Nació en Salamanca, España hacia el año 1510 y falleció en México, el 22 de septiembre de 1554. Fue un explorador español. Nacido en el seno de una familia de hidalgos. En el año 1535 emprendió un viaje a Nueva España, con el virrey Mendoza. Tres años después de su llegada fue nombrado gobernador de Nueva Galicia. Sofocó una revuelta indígena en Culiacán y evitó con ello la retirada de los españoles, contribuyendo además al esplendor de ciudades como Guadalajara. Cuando llegaron a México noticias sobre las fabulosas «siete ciudades de Cibola y Quivira», situadas al norte de Nuevo México, que, según la leyenda, acumulaban inmensas riquezas, Vázquez partió hacia allí al mando de una expedición ordenada por el virrey Mendoza. Tras dos meses y medio de viaje, llegó a Cibola y comprobó la falsedad de los prometedores relatos: las siete ciudades no eran sino un desierto habitado por gentes que vivían sumidas en la pobreza.

Sabedor de que había otras tierras habitadas en la zona, delegó su exploración en Pedro de Tovar, quien descubrió otras siete ciudades, más populosas que Cibola. Poco después, otros miembros de la expedición descubrían el Gran Cañon y la boca del Colorado, el golfo de California y la región de Tiguex, a orillas del Río Grande del Norte. Durante la expedición había encontrado un indio pawnee, Xabel, al que llamó "El Turco", que le habló de Quivira, un rico país al noroeste. Decidió ir en busca de Quivira, tomando al Turco como guía. Atravesó la pradera y prosiguió su marcha hacia el norte. Encontró un pequeño pueblo cerca del actual Lindsborg, Kansas. La desilusión se repitió: Los indios Quivira, después conocidos como Wichita, no disponían de ninguna riqueza; su poblado era de cabañas con techo de paja y ni siquiera tenían joyas de oro. Xabel, que finalmente confesó que la historia de Quivira era una conspiración de los indios para inducir a la tropa a las llanuras con la esperanza de que murieran de hambre, fue ejecutado. Coronado volvió a Tiguex, donde lo esperaba el grueso de sus tropas. Allí pasó otro invierno. Con sus sueños de fama y riqueza destrozados, llevó a sus hombres de regreso a la Ciudad de México en la primavera de 1542. Aunque desprestigiado, retomó su puesto como gobernador de Nueva Galicia hasta 1544, el Virrey Mendoza lo había recibido con frialdad, e iniciado proceso por haber abandonado la expedición que se le había encargado. Después se retiró a la Ciudad de México, donde murió el 22 de septiembre de 1554, relativamente desconocido, sin saber que había asentado las bases para la exploración del "oeste americano". La religión indígena se transformó e incorporó las enseñanzas de los sacerdotes que lo acompañaron y él llevó en su regreso el conocimiento de la gente y de la tierra del norte, lo cual permitió que exploradores y misioneros españoles colonizaran el suroeste.

GABRIEL DE CISCAR Y CISCAR Nació en Oliva, Valencia, España el 17 de marzo de 17591 y falleció en Gibraltarel 12 de agosto de 1829. Fue un matemático, marino y político español. Tras acabar sus estudios de Filosofía y Humanidades en la Universidad de Valencia y ser teniente de fragata, alcanzó la cátedra de matemáticas de la Escuela de Guardiamarinas de Cartagena, dedicándose de lleno a la enseñanza y publicando varios trabajos de su campo, así como de náutica, sin descuidar tampoco el ambiente literario de Cartagena y publicando también obras de literatura. Estuvo casado con Ana Agustina Berenguer de Marquina y Ansoátegui, hija del virrey de Nueva España, don Félix Berenguer de Marquina. Císcar gana prestigio y, en 1788, logra el cargo de director en la Escuela. Císcar presidió la comisión española, en la que estaba también Agustín de Pedrayes, que colaboró en París en 1798 en el establecimiento del sistema métrico decimal.

Sin embargo, los acontecimientos de 1808 le hacen abandonar la vida escolar y pasar a la política. Fue miembro de la Junta Central entre 1808 y 1810 durante la Guerra de la Independencia contra Francia, siendo gobernador civil y militar de Cartagena. Más tarde participó de la Segunda Regencia establecida entre 1811 y 1812 por las Cortes de Cádiz, junto con Joaquín Blake y Pedro Agar y Bustillo. A la vuelta de Fernando VII en 1814 y pese a su defensa de la causa del rey, fue encarcelado por sus ideas liberales y desterrado a su Oliva natal. No fue reivindicado hasta el trienio liberal, momento en que fue ascendido a teniente general (1820), ocupando en 1823 el puesto de Regente. El triunfo de la restauración absolutista de Fernando VII, ayudado por las monarquías europeas que mandaron los llamados Cien Mil hijos de San Luis, hizo que hubiera de huir y se exiliara en Gibraltar, donde murió seis años después, viviendo de una pensión otorgada por el inglés duque de Wellington.
Es considerado como el matemático español más destacado de su época, autor de varias obras de esta especialidad, de temas marinos e incluso literarias, como el Poema físico-astronómico (1828). Sus principales obras son: Tratado de cosmografía para la instrucción de los Guardias Marinas (1796}. Tratado de trigonometría esférica para la instrucción de los Guardias Marinas (1796} Memoria elemental sobre los nuevos pesos y medidas fundados en la naturaleza (1800); Apuntes sobre medidas, pesos y monedas, que pueden considerarse como una segunda parte de la Memoria Elemental. Curso de Estudios Elementales de Marina, Tomo I, que contiene el "Tratado de Aritmética", y el Tomo II, que contiene el "Tratado de Geometría".

GABRIEL DE ARISTIZABAL Y ESPINOSA Nació en Madrid el 25 de marzo de 1743 y falleció en San Fernando, Cadiz , el 5 de junio de 1805, Como hijo del Secretario del Real Consejo de Hacienda Nicolás Aristizábal y Olloqui y de Rosa Espinosa y Aguado, sentó plaza de guardiamarina en 1760 en Cádiz, destacando por su excelente educación ya que dominaba varias lenguas: latín, italiano, francés e inglés, y destacaba también en matemáticas. Realizó prácticas de navegación por los océanos Atlántico y Pacífico llegando hastaa las Islas Filipinas. Sirvió en los navíos Septentrión, Triunfante, Princesa y Buen Consejo, combatiendo con los ingleses en más de una ocasión. A su regreso a España en 1766 se le notificó su ascenso a alférez de fragata y en 1767 a alférez de navío, siendo destinado a Cartagena. Allí estudió dos años de matemáticas hasta que embarcó en la Astrea rumbo a Manila, adonde arribó en 1770. Desconocía que en el ínterin había sido ascendido a teniente de fragata en 1769. Fue nombrado comandante del arsenal de Cavite, y allí se consagró a construir puertos de apoyo. Además combatió la piratería en esas aguas, en especial contra la musulmana de la isla de Mindoro. En 1774 fue ascendido a teniente de navío y regresó ese mismo año a España. Se le nombró ponerse al mando de la expedición a Pensacola con ascenso a capitán de fragata en 1776, pero en 1778 recibió la orden de regresar a la Península con el grado de capitán de navío y guerreó contra Inglaterra hasta que se firmó la paz en 1783.

En 1780 contrajo matrimonio en La Habana, Cuba, con Inés María de Sequeira y Palma,? hermana del conde de Lagunillas, con quien tendría tres hijos En 1784, ya brigadier, se puso al mando de una flota para firmar un tratado de amistad en Estambul con la Sublime Puerta llevando numerosos regalos al sultán.? En 1785 fue ascendido a segundo jefe de escuadra del general Juan de Lángara. En 1791 es ascendido a teniente general. En 1793 se le da el mando de una escuadra para bloquear el puerto de Santo Domingo (11 navíos, siete fragatas y nueve bergantines, con un total de 1114 cañones), pese a que dos tormentas y una epidemia de vómito negro y escorbuto entre sus hombres dificultó sus operaciones; tomó el fuerte Delfín y sus fortalezas el 27 de enero de 1794. Al firmarse la paz en 1795 y habida cuenta de que había que devolver la isla a los franceses, pidió permiso para exhumar los restos de Cristóbal Colón, enterrado allí. Se embarcaron los restos del almirante en el navío San Lorenzo y se llevaron a La Habana, donde fueron enterrados en la Catedral el 19 de enero de 1796. También actuó en Venezuela, las Floridas y las Antillas españolas en diversos cometidos o misiones y fue nombrado caballero de la Orden de Alcántara. Mientras formaba parte de la junta que examinaba el nuevo Código naval y ya con la salud muy quebrantada, fue nombrado en 1802 Capitán General del Departamento de Cádiz. Murió en 1805.

GONZALO GIMENEZ QUESADA Nació en Granada, España, en el año 1509 yfalleció de leprra en Mariquita, Colombia, en el año 1579. No obstante haber sido el descubridor del reino de Nueva Granada (actual Colombia) y el fundador de su capital, Santa Fe de Bogotá, su figura ha quedado un tanto eclipsada por las de Cristóbal Colón, Hernán Cortés, Francisco Pizarro, etc. Se sabe que estuvo en Italia como soldado hDe lo que no hay duda es de su estancia en Italia como soldado hasta 1530, año en que regresó a España y comenzó la carrera jurídica en la ciudad de Granada. Con sus estudios finalizados brillantemente y su historial de combatiente le abrieron las puertas de la Real Cancillería de Granada, donde ocupó un puesto de letrado por medio del cual acabaría siendo destinado a América pués habiendo fallecido el gobernador de Santa Marta, ciudad situada en la costa caribeña de lo que hoy es Colombia, y siendo elegido como sustituto Pedro Fernández de Lugo, a quien se concedió unas capitulaciones con el título de adelantado y derecho a llevar hasta aquellos pagos a su personal de confianza. Fernández de Lugo no dudó en designar a Quesada para el cargo de justicia mayor y teniente general de la expedición, considerando con acertado juicio que era "hombre despierto y de agudo ingenio, no menos apto para las armas que para las letras". La travesía fue emprendida de inmediato y en 1536 Quesada se encontraba ya en el Nuevo Mundo. Muchas habían sido las intentonas que desde la costa, ya fuera partiendo de Santa Marta o de Cartagena de Indias, se habían realizado buscando las ricas tierras que seguramente existían en el interior del continente. Todas habían fracasado debido a las dificultades que suponía adentrarse en las abruptas selvas y sortear los impetuosos ríos que las surcaban. Ésta fue la misión que, poco después de su llegada, le encomendó Fernández de Lugo. Jiménez de Quesada remontó el río Magdalena, exploró los valles de su curso medio y en 1537 alcanzó las llanuras de la meseta de Cundinamarca, situada en el centro de Colombia. Para ello hubo de afrontar numerosos peligros (plagas tropicales, legiones de mosquitos y ataques de indígenas provistos de flechas envenenadas) y superar además una barrera geográfica hasta entonces infranqueable, la formada por la cadena de los Andes septentrionales.

En el altiplano de Cundinamarca encontró Quesada la civilización artesana y agrícola de los chibchas o muiscas, a los que sometió apenas sin derramamiento de sangre, sirviéndose más de la razón que de la espada. Además, la labor de los españoles fue facilitada por el hecho de que la cruz era un signo sagrado para los nativos, que, como en otros sitios, consideraron a los recién llegados hijos del Sol, dios al que veneraban. El 5 de agosto de 1538, el licenciado Quesada fundaba la ciudad de Santa Fe de Bogotá, la que había de convertirse en la capital del reino de Nueva Granada. La importancia estratégica y la extensión de los territorios conquistados podían compararse con las del México ocupado por Hernán Cortés, pero desgraciadamente la metrópoli estaba ya cansada de gestas y muy necesitada de riquezas, y era evidente que en la sabana de Cundinamarca no había un Moctezuma ni una Tenochtitlán repleta de palacios, sino simples agrupaciones de tipo aldeano cuya única riqueza eran los gigantescos árboles y las feraces tierras. Por ello la conquista de Quesada ha quedado en la historia en un segundo plano. A comienzos de 1539 llegaron a Bogotá dos nuevas expediciones: la de Sebastián de Belalcázar, procedente de Perú, y la del alemán Nicolás Federmann, que había partido de Venezuela. Los tres capitanes estuvieron a punto de entablar una guerra, pero al fin determinaron regresar juntos a España para que el monarca decidiese a quién correspondía la gobernación de Nueva Granada. A pesar de que todo el mérito correspondía a Quesada y de que él era el único que había actuado legítimamente por orden de un superior (tanto Belalcázar como Federmann lo habían hecho por cuenta propia), el Consejo de Indias resolvió no otorgar a ninguno de los tres el ansiado título de gobernador.
Hasta mayo de 1547, ocho años después de su regreso, no se recompensó a Quesada con el nombramiento honorífico de Mariscal del reino de Nueva Granada, aunque jamás conseguiría un mando con jurisdicción sobre las tierras que había conquistado. Jiménez de Quesada regresó nuevamente a Santa Fe de Bogotá en 1550 y emprendió, por la región de los Llanos orientales, una expedición en busca de los tesoros de El Dorado que sería un fracaso: las riberas del impetuoso Orinoco fueron superiores a sus ya menguadas fuerzas. Viejo, enfermo y arruinado, se retiró en Suesca. Los últimos años de su vida los dedicó a escribir una serie de obras de las cuales se ha perdido la mayor parte. No se conserva ni su Relación de la conquista del Nuevo Reino de Granada, ni el libro titulado Ratos de Suesca ni el llamado Compendio historial de las conquistas del Nuevo Reino, donde al parecer abordaba una historia completa de los primeros años de colonización. Sí que ha llegado hasta nosotros su Antijovio, texto en el que narra los acontecimientos principales ocurridos en Europa en la primera mitad del siglo que le tocó vivir. La obra trata de demostrar la falsedad de las aseveraciones y relatos antiespañoles del cronista italiano Paolo Giovio, historiador de fortuna que gozó de cierto improcedente predicamento en la época. La última hazaña de Gonzalo Jiménez de Quesada fue resistir durante cuatro largos años aluchando contra la la lepra, de la que falleció en el año 1579 días después de que dictase testamento y pusiera en orden sus numerosos papeles. Sus hombres le rindieron honores de adelantado, pues consideraban que él, y sólo él, había descubierto y conquistado las tierras de Nueva Granada. .

HERNAN CORTÉS DE MONROY Y PIZARRO ALTAMIRANO ( I MARQUÉS DEL VALLE DE OAXACA) Nació en Medellín, Badajoz, en el año 1485 y falleció en Castilleja de la Cuesta, Sevilla, en el 1547. Procedente de una familia de hidalgos de Extremadura, Hernán Cortés estudió brevemente en la Universidad de Salamanca. En 1504 pasó a las Indias, recién descubiertas por Cristóbal Colón, y se estableció como escribano y terrateniente en La Española (Santo Domingo). En 1511 participó en la expedición a Cuba como secretario del gobernador Diego Velázquez de Cuéllar, con quien emparentó al casarse con su cuñada; Velázquez le nombró alcalde de la nueva ciudad de Santiago. En 1518 Diego Velázquez puso a Hernán Cortés al mando de una expedición a Yucatán; sin embargo, el gobernador desconfiaba de Cortés, a quien ya había encarcelado en una ocasión acusado de conspiración, y decidió relevarle del encargo antes de partir. Advertido Cortés, aceleró su marcha y se hizo a la mar en 1519, antes de recibir la notificación. Con once barcos, unos seiscientos hombres, dieciséis caballos y catorce piezas de artillería, Hernán Cortés navegó desde Santiago de Cuba a Cozumel y Tabasco; derrotó a los mayas allí establecidos y recibió (entre otros regalos) a la india doña Marina, también llamada Malinche, que le serviría como amante, consejera e intérprete durante toda la campaña. Desobedeciendo órdenes expresas del gobernador Velázquez, fundó en la costa del golfo de México la ciudad de Veracruz, llamada entonces Villa Rica de la Vera Cruz. Allí tuvo noticias de la existencia del Imperio azteca en el interior, cuya capital se decía que guardaba grandes tesoros, y se aprestó a su conquista. Para evitar la tentación de regresar que amenazaba a muchos de sus hombres ante la evidente inferioridad numérica, Hernán Cortés hundió sus barcos en Veracruz; de este episodio procede la frase hecha quemar la naves, expresión de una determinación irrevocable. Pronto logró la alianza de algunos pueblos indígenas sometidos a los aztecas, como los toltecas y tlaxcaltecas.

Tras saquear Cholula, Cortés llegó a la capital azteca, Tenochtitlán, en donde fue recibido pacíficamente por el emperador Moctezuma II, que se declaró vasallo del rey de Castilla. La posible identificación de los españoles con seres divinos y de Cortés con el anunciado regreso del dios Quetzalcoátl favoreció quizá esta acogida a unos extranjeros que, sin embargo, empezaron enseguida a comportarse como invasores ambiciosos y violentos. Mientras tanto, para castigar la rebeldía de Cortés y obligarlo a volver a Cuba, el gobernador Diego Velázquez envió contra él una expedición al mando de Pánfilo de Narváez. Cortés hubo de dejar la ciudad a su lugarteniente Pedro de Alvarado para hacer frente a las tropas de Narváez, a las que derrotó en Cempoala en 1520, consiguiendo además que se uniese a él la mayor parte del contingente. Cuando regresó a Tenochtitlán, Cortés se encontró con una gran agitación indígena contra los españoles, provocada por los ataques realizados a sus creencias y símbolos religiosos y por la matanza que había desencadenado Pedro de Alvarado para desbaratar una supuesta conspiración. Cortés hizo prisionero a Moctezuma II e intentó que éste mediara para calmar a su pueblo, sin lograr otra cosa que la muerte del emperador. Hernán Cortés se vio entonces obligado a abandonar Tenochtitlán en la llamada «Noche Triste» (30 de junio de 1520), en la que su pequeño ejército resultó diezmado. Refugiado en Tlaxcala, siguió luchando contra los aztecas (ahora bajo el mando del emperador Cuauhtémoc), a los que venció en la batalla de Otumba; y, finalmente, cercó y tomó Tenochtitlán (1521). Destruida la capital azteca, construyó en el mismo lugar (una isla en el centro de un lago) la ciudad española de México.
Dominado ya el antiguo Imperio azteca, Cortés lanzó expediciones hacia el sur para anexionar los territorios de Yucatán, Honduras y Guatemala. Los detalles de la conquista de México, así como los argumentos que justificaban las decisiones de Hernán Cortés, fueron expuestos en las cuatro Cartas de relación que envió al rey. En 1522 fue nombrado gobernador y capitán general de Nueva España, nombre que dieron los conquistadores al territorio mexicano. Sin embargo, la Corona española (ya en manos de Carlos V) practicó una política de recorte de los poderes de los conquistadores para controlar más directamente las Indias; funcionarios reales aparecieron en México enviados para compartir la autoridad de Cortés, hasta que, en 1528, fue destituido y enviado a la Península. En España salió absuelto de todas las acusaciones e incluso fue nombrado marqués del Valle de Oaxaca, además de conservar el cargo honorífico de capitán general, aunque sin funciones gubernativas. De vuelta a México en 1530, todavía organizó algunas expediciones de conquista, como las que incorporaron a México la Baja California (1533 y 1539). Regresó nuevamente a España para intentar obtener mercedes de la Corona por los servicios prestados, para lo cual llegó a participar en una expedición contra Argel en 1541, pero sus reclamaciones nunca obtuvieron plena satisfacción; mientras aguardaba respuesta, se instaló en un pueblo cercano a Sevilla, en donde reunió una tertulia literaria y humanística y pasó los últimos seis años de su vida.

IGNACIO MARÍA DE ÁLAVA Y SAENZ DE NAVARRETE Nació en Vitoria el día 24 de octubre de 1750. Cursó sus primeros estudios en el Seminario de Nobles de Vergara y sentó plaza de guardiamarina en la Compañía del Departamento de Cádiz el 23 de julio de 1766. En el mismo año embarcó en el navío Terrible y sucesivamente en el San Pedro Alcántara, el Peruano, el Astuto y en la fragata Venus, realizando en ellos varios cruceros y misiones por diferentes mares incluido un viaje a Filipinas. A su vuelta fue ascendido a teniente de navío en 1778 otorgándosele el mando del jabeque San Luis, cuya misión era la lucha contra los moros y berberiscos. En 1779 embarcó en el navío Santísima Trinidad, y pasó luego al Santa Isabel y Rayo y posteriormente a la fragata Gertrudis. En el mes de enero de 1781, tomó el mando de la fragata Rosa, con la que realizó la campaña del Canal de la Mancha, a las órdenes de los generales don Luis de Córdova y conde de Orvillers, que tuvo por consecuencia la retirada de las fuerzas navales de Inglaterra al buscar refugio en sus puertos y el apresamiento del navío británico Ardent, del porte de 74 cañones. Tomó parte asimismo en la captura del gran convoy británico de cincuenta y cinco velas (la mayor victoria de la Armada Española sobre la británica) sobre cabo San Vicente y en el bloqueo y Gran Asedio de Gibraltar. Ya de capitán de fragata y al mando de la Santa Bárbara, apoyó con ella el bombardeo que hicieron las malogradas baterías flotantes sobre el irreductible Peñón. Participó también en la batalla del Cabo Espartel que sostuvo la escuadra española al mando de Luis de Córdova y Cordova Lasso de Vega con la británica del almirante Howe el 20 de octubre de 1782, en el que fue herido. Ascendió por su brillante comportamiento a capitán de navío y tomó seguidamente el mando de la fragata Sabina. En el verano de 1787, fue nombrado mayor general de la escuadra de evoluciones, al mando de Juan de Lángara. Después desempeñó el mismo cargo en el departamento de Cartagena y en el mes de junio de 1790 también en la escuadra del Marqués del Socorro. Con ella fue a Liorna a buscar al príncipe de Parma, que desembarcó en Cartagena y lo acompañó a Madrid. El 8 de febrero de 1791, fue nombrado comandante del navío San Francisco de Paula, con el que operó en socorro de la plaza de Orán, atacada por los moros.

Ascendió a brigadier el 1 de marzo de 1792 y con este grado fue destinado, como mayor general, a la escuadra del general Lángara, asistiendo a toda la campaña que en las costas francesas hicieron contra los convencionales las escuadras combinadas de España e Inglaterra a principios de 1793.En 1794 fue ascendido a jefe de escuadra y al año siguiente se le dio el mando de una escuadra destinada a dar la vuelta al mundo, compuesta por los navíos Europa y Montañés, las fragatas Fama, Lucía y Pilar, más la urca Aurora. Se hizo a la vela desde la bahía de Cádiz el 30 de noviembre de aquel año, contornó América y visitó el puerto del Callao y la ciudad de Lima. Hizo escala en las Marianas y Manila, donde estableció el Apostadero de Marina. Rectificó muchos accidentes hidrográficos en las cartas marinas de tan remotos parajes, permaneciendo estacionado en aquellas posesiones españolas. En Arroceros (extramuros de Manila), publicó con fecha de 15 de noviembre de 1802 el "Reglamento adicional a la Ordenanza de Marina, para los navíos de las islas de Filipinas que con efectos de su comercio viajan a Nueva España", regulando con él la salida de la vulgarmente llamada Nao de Acapulco, sus carenas y recorridos, nombramiento de comandante, oficiales, dotación de marinería y tropa, arqueo, locales para el cargamento, víveres y aguada.El 7 de enero de 1803 emprendió el viaje de regreso, del cual escribió una memoria detallada. Realizó el viaje de regreso por el cabo de Buena Esperanza, arribando a Cádiz el 15 de mayo de 1803, y desembarcó del navío Montañés, en el que tenía arbolada su insignia, tras circunnavegar el globo. Durante la larga navegación había sido ascendido, con fecha de 5 de noviembre de 1802, al grado de teniente general. Declarada de nuevo la guerra con los británicos, solicitó un destino de la máxima actividad. Se le dio el mando de la escuadra del Departamento de Cádiz y cuando entró en dicho puerto la combinada franco-española, quedó como segundo jefe de los buques españoles. En la batalla de Trafalgar arbolaba su insignia en el navío Santa Ana, cuyo comandante era el capitán de navío José de Gardoqui. Mandaba la vanguardia, pero al trocarse la línea por la famosa orden de Villeneuve, se convirtió en retaguardia, quedando por su popa la escuadra de Observación, al mando del general Federico Gravina. Fue herido grave por tres veces en el transcurso del combate, por lo que el mando del navío recayó en Francisco Riquelme.
El rescate del Santa Ana dio lugar a una reclamación por parte del almirante británico Cuthbert Collingwood, argumentando éste que don Ignacio era su prisionero por haberse rendido. Álava le contestó «Que cuando el oficial de mando, Francisco Riquelme, rindió el buque, él estaba sin conocimiento y que por tanto no se había rendido y que su sable y espada, símbolos de sus servicios, estaban todos en su poder». El británico siguió manteniendo una cortés correspondencia con él, demostrando con ello que quedaron satisfechos sus escrúpulos. "Álava había corrido la suerte de los prisioneros de guerra heridos de una plaza, que el enemigo tiene que evacuar por fuerza." Como recompensa a su actuación en tan infausto día para las armas españolas, se le concedió la gran cruz de la Orden de Carlos III. Repuesto de sus heridas se le confió el mando de lo que quedaba de la escuadra española, sucediendo al difunto Federico Gravina y arbolando también su insignia en el navío Príncipe de Asturias. Consiguió alistar, venciendo muchas dificultades, ocho navíos, varias fragatas y buques menores, que en un momento dado pudieran hacer frente a los británicos, que aún cruzaban frente a las costas gaditanas. En 1807 fue nombrado vocal del Almirantazgo. Al estallar la Guerra de la Independencia Española se trasladó a Cádiz y tomó el mando de los buques que se pudieron reunir y armar para combatir al nuevo enemigo. En 1810 fue nombrado comandante general del apostadero de La Habana, con el título de capitán general del departamento. En 1812 fue nombrado capitán general del departamento de Cádiz, dejando en La Habana fama y memoria de su excelente administración y mando. En el mes de agosto de 1814 fue nombrado de nuevo miembro del Consejo Supremo del Almirantazgo bajo la presidencia del infante don Antonio y elevado al grado de capitán general de la Real Armada. El 24 de febrero de 1817 se le nombró decano de aquel Consejo, cargo que desempeñó breve tiempo, pues quebrantada su salud pidió licencia para trasladarse al benigno clima de Andalucía, cosa que no bastó para curarle, falleciendo en Chiclana el día 26 de mayo de 1817, siendo sepultado primeramente en dicha localidad aunque sus restos serían trasladados posteriormente al panteón de Marinos Ilustres

INÉS DE SUAREZ Nació en Plasencia, España, en 1507. Se ignoran casi todos los detalles de la primera etapa de su vida; se cree que esta aguerrida mujer se habría casado con Juan de Málaga. Permanecieron juntos hasta que Juan partió al Nuevo Mundo con el anhelo de hallar riqueza en estas tierras. Cansada de esperar el regreso de su marido, esta mujer decidida y de gran espiritu aventurero, decidió ir en su búsqueda. En su época no permitían que las mujeres se dirigieran solas y solteras a América, sin embargo, ella logró licencia real gracias a un par de testigos que avalaron su cristianismo, y mediante la promesa de acompañarse de una sobrina. Enrumbó hacia el continente americano en 1537, con un futuro incierto, desembarcando en el Caribe y siguiendo su cometido, descendió hasta el Perú donde se enteró que su esposo había muerto. Allí vivió como como costurera con apoyo de algunas indias que estaban a su servicio.

Fue en el Perú donde decidió unirse a la empresa de Valdivia en 1540 con quien al parecer mantenía una relación, convirtiéndose en un soldado más. En efecto, su historia de amor ha suscitado interés e inspiración para los artistas de distintas épocas. A pesar de lo anterior, se debe hacer hincapié en lo excepcional e inusualmente valeroso que una mujer se uniera a un ejército conquistador. Como reconocieron ya sus contemporáneos, Inés de Suárez es un personaje extraordinario por sus propios méritos. Hazañas como hallar agua en medio del desierto, salvando a la tropa de perecer de sed, o descubrir una conspiración contra Valdivia, son aspectos que le granjearon respeto. La acción que mayor gloria le significó, fue su crucial y cruento papel en un ataque a Santiago dirigido por el toqui Michimalongo. Además de estas proezas, la soldadesca reconoció con gratitud el despliegue de cuidados que ella les prestaba, como, por ejemplo, curar sus heridas, conservar y preparar alimentos, y mantener el espíritu religioso. Inés de Suárez, según atestiguaron, era una persona honrada, caritativa y de gran cristiandad.
Aunque Pedro de Valdivia tenía por esposa a Marina Ortiz de Gaete, quien residía en España, cohabitaba con Inés de Suárez sin reparos. Su relación solo terminó cuando Valdivia fue sometido a un juicio en Perú del cual fue absuelto con la condición de abandonar a Suárez. Al regreso de Valdivia en 1549, ella se casó con Rodrigo de Quiroga, afamado conquistador que llegó a ser Gobernador, extendiendo a su mujer el título de Gobernadora. Estuvieron unidos 30 años. Inés de Suárez fue una mujer admirada en su tiempo, la consideraron una dama y se relacionaba con personas encumbradas de la sociedad. Por sus obras se le dotó de tierras y encomiendas y el propio Valdivia le cedió un terreno para construir una ermita para la Virgen de Monserrat, a la que rindió culto hasta el fin de sus días. Inés de Suárez murió a los 74 años, sobreviviendo a todos los conquistadores con los que llegó a Chile.

JORGE JUAN SANTACILIA Nació el 5 de enero de 1713, Hijo de Bernardo Juan y Canicia y de Violante Santacilia en el lugar denominado de El Hondón, en el término actual de Novelda, Alicante. A los 3 años, Jorge queda huérfano de padre, estudia con los jesuitas alicantinos y luego en Zaragoza. A los 12 años se le somete al meticuloso estudio de limpieza de sangre necesario para ingresar en la Orden de Malta, apoyado por su tío paterno Cipriano, caballero de esa orden. Profesa en Malta y recibe con 14 años su primer título: Comendador de Aliaga en Aragón. En Malta también debió “correr carabanas”, persiguiendo a los cárabos o galeotes moros, lo cual pudo ser el inicio de su vocación marinera. A los 16 regresa y pide el ingreso en la Real Compañía de Guardias Marinas.En 1729 ingresó en la Academia tras seis meses de espera asistiendo como oyente. Se graduó con 21 años, después de navegar tres años y participar en las campañas de Orán y en la escuadra que acompañó al futuro Carlos III para asumir el Trono de Nápoles. Entre sus maestros en el arte de navegar tuvo al bravo Blas de Lezo, defensor de Cartagena de Indias en desigual combate contra una gran escuadra inglesa. Participó en la campaña de Orán y Blas de Lezo fue maestro suyo En 1734, Felipe V recibe la solicitud de su primo Luis XV para que se permita a los inquietos académicos franceses viajar a Quito con el fin de medir un arco de Meridiano bajo el Ecuador y así obtener el valor de un grado terrestre. La empresa era vital por aquel entonces, puesto que, dominada la Latitud, fallaban los cálculos de Longitud, lo cual impedía una precisión científica tanto en la derrota de los barcos como en la cartografía. Jorge Juan iba a jugar un papel vital en la solución. Felipe V quiere facilitar la misión científica francesa pero siempre que las luces del siglo iluminasen también a la ciencia española. Por ello ordenó el 20 de agosto que dos de sus más hábiles oficiales acompañasen a los académicos franceses. Quería dos personas “en quienes concurrieran no sólo las condiciones de buena educación, indispensables para conservar amistosa y recíproca correspondencia con los académicos franceses, sino la instrucción necesaria para poder ejecutar todas las observaciones”. El Monarca animaba a competir para que estos enviados realizasen sus propios cálculos “con entera independencia de los que hicieran los extranjeros”. En lugar de elegir a dos oficiales veteranos, la Marina puso al servicio de esta empresa a dos jovenes guardiamarinas, de 19 (Antonio de Ulloa) y 21 años (Jorge Juan). Ambos protagonizaron aquel viaje que cambiaría sus vidas y les uniría con una amistad indestructible. No tenían graduación militar así que hubo que ascenderles a tenientes de navío. Jorge Juan se encargaría de la astronomía y la matemática, mientras que Ulloa sería el naturalista. Y además del objetivo científico del Meridiano, Su Majestad les encargó algunas otras misiones (históricas, descriptivas, cartográficas, botánicas y mineralógicas). Sin embargo, los dos cometidos más importantes eran secretos. Lo que Felipe V quería era conocer de primera mano el estado real de sus pueblos de ultramar, la situación política y social que administraban sus enviados. Por otro lado quería tener bien vigilados a los académicos franceses para impedir que llevasen a París informaciones vitales que no debían caer en manos del Gobierno de París. En ambas cosas, Ulloa y Juan se emplearon a fondo con una liberalidad y madurez sorprendentes. La misión partió de Cádiz en 1735, y en ella viajaba, además, el marqués de Villagarcía, nuevo virrey del Perú. Les esperaban 9 años durísimos. Viajaron a Quito para realizar triangulaciones kilométricas que extendieron hasta Cuenca, la ciudad situada a casi 400 kilómetros al sur, y cuyos vértices frecuentemente se situaban en la cima de montañas que alcanzan los 5.000 metros.

Es difícil imaginar la complicación que el clima, la orografía y diversas vicisitudes supusieron para aquellos hombres. Divididos en dos grupos y conocidos por “los caballeros del punto fijo”, tuvieron incluso que abandonar sus trabajos en tres ocasiones y desplazarse a Guayaquil para solucionar cuestiones urgentes relativas a la defensa y fortificación de las costas y plazas del virreinato, entonces hostigado de continuo por el almirante inglés Anson. Es una maravilla asomarse hoy a los libros que escribieron. En el de Astronomía, Jorge Juan tuvo que enfrentarse al desagrado inquisitorial que desconfiaba de Copérnico y Galileo -no digamos de Newton- a esas alturas. Y lo hace con mucha inteligencia, demostrando que los avances científicos han permitido, entre otras cosas, la navegación y por tanto la evangelización de América, y que en Roma los prelados más cultivados -cita ejemplos con autoridad- han aceptado por entonces lo que la matemática demuestra y los necios inquisidores tildan aún de contrario a las Escrituras. Hubo más libros, pero el más llamativo es el informe secreto sobre la administración americana. Emparentando con la visión de Bartolomé de las Casas, Jorge Juan constata sin piedad los abusos de encomenderos, corregidores, curas corruptos y gobernantes que hacen la vista gorda: “La tiranía que padecen los Indios nace de la insaciable hambre de riquezas que llevan a las Indias a los que van á gobernarlos”, dice Jorge Juan en una de sus frases más templadas. ¿Cómo logró tanta información? Supo escuchar y presionar a las personas adecuadas con datos, relacionarlos entre sí para extraer conclusiones rápidas y certeras, tanto sobre los abusos como sobre las violaciones de las leyes y el contrabando, aportando vías de solución. Con su informe, el Rey iba a tener buena cuenta de los desmanes en las extensas y lejanas provincias donde apenas llegaba comunicación oficial alguna que permitiera poner coto a los tributos injustos y cumplir la observancia de la ley, mientras las potencias extranjeras pugnaban por romper el monopolio comercial. Tiempo después los espías ingleses publicarán estos escritos en la pérfida Albión (también en español, para la propaganda), no como ejemplo de severa autocrítica sino como confirmación de la leyenda negra que han agitado interesadamente durante toda nuestra historia. A su regreso, Jorge Juan constata que, muerto Felipe V, a nadie le interesan sus misiones, mediciones o publicaciones. De hecho, los avispados académicos franceses apenas mencionaron la aportación española que fue vital para la instauración del valor del metro y el sistema métrico, que no podría haber nacido sin la ayuda de esa misión compartida (la "grandeur" se llevó una vez más toda la gloria). Además también aclaró con exactitud cuál era el meridiano que cimentaba el Tratado de Tordesillas que tantos conflictos había traído entre Portugal y España por la imprecisión de los cálculos. En el trayecto de vuelta de este viaje se produce tal vez el momento de mayor lucidez de Jorge Juan. El acecho con peligro real de los corsarios a los barcos franceses y el apresamiento de la nave que traía a Ulloa, la “Deliverance”, hizo pensar y mucho al joven marino. Había visto una sociedad en descomposición en América, había reflexionado sobre la necesidad de fortalecer el imperio de la ley. Había visto la debilidad de los buques de factura francesa frente a los ingleses, más maniobrables y veloces. Había sufrido los ataques de Anson en las lejanas costas. Vio claramente que los dominios en América serían insostenibles con una creciente supremacía naval inglesa. ¿Qué hacer? A su llegada a España -antes le nombraron en París miembro correspondiente de la “Academie”-, la muerte de Felipe V le hundió en un mar de dudas. Pero el destino le tenía guardado el encuentro más relevante de su vida. Con el marqués de la Ensenada, alguien con las mismas preocupaciones y con quien daría un vuelco a la política naval. No todos los campos de batalla de la Historia de España fueron a cañonazos ni cuerpo a cuerpo. En 1748 una batalla decisiva, quizá la más importante, era de inteligencia. A través del marqués de la Ensenada, Jorge Juan hace llegar sus informes secretos al Rey, y Fernando VI los estudia con interés. Ensenada comprende todas las carencias de los viajes de Juan y Ulloa (que fue liberado con honores, como miembro de la Royal Society, tras demostrar el valor científico de su misión) y decide publicar todas sus obras. Pero a Jorge Juan le reserva una misión imposible. Le envía a Londres, camuflado con el nombre de Mr. Josues, para importar los avances de construcción naval de los astilleros del Támesis y lograr expertos que quisieran hacer escuela en España. También le pide un montón de informaciones prácticas y tecnológicas que el embajador de entonces, poco hábil en asuntos secretos, llevaba años tratando de recabar. A Jorge Juan le bastó una semana para asomarse a los Astilleros y relatar lo que estaban construyendo. Allí, por cierto, conoce caballerosamente y comparte mesa y mantel con el almirante Anson y el ministro Redford, que poco tiempo después mandará a la policía darle caza por espía.
Sus envíos de información en cartas cifradas fueron tan numerosos, eficientes y enjundiosos que convencieron aún más a Ensenada de la necesidad de cambiar de política y centrar el esfuerzo en construir una flota poderosa y moderna. Jorge Juan intuyó, como él, que tarde o temprano se dirimiría contra la flota inglesa la supremacía de los mares y que sin un cambio en la Armada no habría América. Por ello se centró en recabar la más exacta información sobre la construcción naval, la división moderna de trabajo cualificado de los astilleros, copias pieza a pieza de diseños de barcos, investigaciones sobre el lacre, las primeras aplicaciones de máquinas de vapor para limpiar puertos y otros usos preindustriales. También informó de planes concretos de los ingleses para atacar América. Ensenada y Juan sabían que el sistema de construcción de los barcos españoles, el de Gaztañeta, estaba obsoleto. El gasto de madera era enorme, contra el eficiente sistema inglés y la calidad y resistencia de jarcias, velas y otros componentes no resistía comparación. Jorge Juan realizaría sus propias mejoras al sistema. Pero lo realmente novelesco fue su accidentada salida de la ciudad del Támesis, pues estuvo a punto de ser atrapado. La policía pisaba los talones a los “espías españoles”, y alguno de sus contactos allí fue detenido. La operación la dirigía el propio ministro Bedford. Antes de escapar aún tuvo que vivir mil peripecias y planificar el viaje de decenas de importantes ingenieros navales y obreros cualificados a España con sus familias para trabajar para la Corona. Les convenció de que aquello no iba a poner en peligro la floreciente industria naval británica. La policía, mandada por el ministro Bedford, le pisaba los talones En junio de 1750 logra cruzar el Canal de incógnito en un barco, el Santa Ana de Santoña, y llega a París. A su vuelta, comprueba que en España trabajan ya cuatro de los mejores constructores ingleses, medio centenar de técnicos y decenas de obreros cualificados. Ensenada pone sobre sus hombros una montaña de responsabilidades para cambiar los Astilleros españoles y ganar por la mano a los ingleses. A todas les da cumplimiento con brillantez y audacia. Su carrera es imparable. Pero tantos honores levantaron las envidias de la corte y no faltó quien criticó esta política. En 1752, el Rey le nombra director de la Academia de Guardias Marinas de Cádiz. Allí terminará de experimentar todas sus teorías sobre la construcción naval sustentadas matemáticamente. Los resultados incluso impresionaron a los ingleses. Inspeccionaba desde la tala de árboles hasta la modernización de arsenales y astilleros, empezando por Cartagena. En el verano de 1754 el marques de la Ensenada, cae en desgracia y es enviado al destierro , en gran parte gracias al empeño del embajador británico en Madrid, Benjamin Keene, que tenía claro que debía hacer lo posible por acabar con el responsable de una política que solo podía perjudicar a su país. Lo triste es que lo lograra. El resto es conocido y desemboca en la creciente subordinación al francés, la Armada combinada y la derrota en Trafalgar, cuya convulsa consecuencia en América no tardariá en llegar. Con el tiempo, sus ideas, y las de Jorge Juan, fueron desechadas. Se optó por el tipo de construcción naval francesa, sus ingenieros y sus sistemas, mucho más atrasados, pero defendidos con denuedo por los nuevos ministros y sobre todo por Julián de Arriaga, secretario de Marina. Es imposible resumir todas las vertientes de una biografía como la de Jorge Juan. Su prestigio sobrevivió a su salida de la primera línea de la vida pública. Y de hecho Carlos III, el Rey que vino de Nápoles y tanto tuvo que ver con el florecimiento de las artes en España, le encargó una de las misiones más difíciles de su vida. La embajada a Marruecos, en plena madurez, que sentaría las bases de una relación complicada entre los dos reinos, gracias a que logró firmar un primer tratado de 19 artículos que no ignoraba ninguna de las ambiciones importantes de la Corona. Allí también recabó información secreta y relevante para el Monarca. Fue la última aventura de Jorge Juan, un hombre imprescindible durante aquellos tres reinados. Falleció en Madrid el el 21 de junio de 1773 recibiendo sepultura en la capital aunque posteriormente sus restos serían trasladados al Pabellón de Marinos Ilustres de San Fernando, Cádiz

JOSE JOAQUIN DE BUSTAMENTE Y GUERRA Nació en Ontaneda (del Valle de Toranzo) en Cantabria, España, el día 1 de abril de 1759 y falleció en Madrid, España, el día 10 de marzo de 1825).Era hijo de Joaquín Antonio de Bustamante y Rueda, natural de Alceda, y de Clara Guerra de la Vega, natural de Santander. Solicitó una plaza de guardia marina de Cádiz en 1770, a los 11 años y un año después ya era alférez de fragata en junio de 1771. Sirvió en varias campañas de mar en la escuadra al mando de don Pedro de Castejón. Emprendió su primer viaje a América pocos años más tarde cuando estuvo en Puerto Rico, Cuba y las Bahamas. En 1784, con una brillante hoja de servicios, alcanza el empleo de capitán de fragata. Primero se las ve con los piratas; lo apresaron los ingleses en el navío Santa Inés tras una refriega en la que detuvieron su rumbo a Filipinas y estuvo cautivo un año en Irlanda, tras lo cual le dejaron volver. El 20 de octubre de 1782 tomó parte en el combate naval de Gibraltar, contra la escuadra de Lord Richard Howe, primer conde de Howe, a pesar de que estaba herido. Su barco fue muy dañado en una batalla librada cerca de Cádiz. Bustamante entonces preparó una proyectada conquista de Jamaica, lo que no llevó a cabo por el Tratado de París en 1783. Ingresa como caballero de la Orden de Santiago el 21 de octubre de 1784. En el verano de 1788 proyecta con su camarada y también capitán de fragata Alessandro Malaspina (uno de los personajes más singulares de su época), un viaje de la Real Armada de carácter político-científico por los territorios de ultramar del imperio español. El 10 de agosto de 1788 enviaron una carta solicitandolo al Ministro de Marina, Antonio Valdés, y el 10 de septiembre de 1788 contestó que el rey Carlos III había autorizado el viaje. El nombre que ambos propusieron en su solicitud fue el de "Viaje científico y político alrededor del mundo", pero durante el desarrollo del viaje era incluso oficialmente conocida como "Expedición vuelta al mundo", tras entrar España en guerra contra Francia recibieron la orden de regresar e incluso con un cometido para la Corona y teniendo que hacerlo desde América y no por África como estaba proyectado por lo que no pudieron completar la vuelta al mundo motivo por el que volvió a cambiar de denominación por la de "Expedición ultramarina iniciada el 30 de julio de 1789", casi un siglo después se volvió a tomar noticia de esta expedición, pues el llamado Príncipe de la Paz -Godoy- incautó toda la documentación de la expedición prohibió toda publicación o mención tras desterrar a Malaspina de España por causa de traición contra él y el rey Carlos IV hasta que en 1885 el Teniente de Navío Pedro Novo y Colson publicó el estudio que denominó "Viaje Político-Científico alrededor del mundo por las Corbetas Descubierta y Atrevida, al mando de los Capitanes de Navío Don Alejandro Malaspina y Don José Bustamante y Guerra desde 1789 a 1794" y así sucesivamente, se le han venido otorgando distintas denominaciones como la de Expedición Malaspina, Expedición de la Real Armada Malaspina-Bustamante o Expedición Malaspina-Bustamante. La tripulación estaba compuesta por voluntarios entre una selecta y mejor oficialidad de la Real Armada del momento, a la que se añadieron botánicos, pintores, médicos y otros humanistas ilustrados, y navegaron entre 1789 y 1794 a bordo de las corbetas Descubierta y Atrevida, esta última dirigida por él mismo, construidas especialmente para el viaje. Es recompensado con el grado de capitán de navío (1791). Desde Cádiz, donde iniciaron la travesía en 1789 franquearon el Atlántico para alcanzar Buenos Aires y Montevideo y, tras recorrer la Patagonia, salvan el Cabo de Hornos y, bordeando la costa oeste de los virreinatos de Perú y Nueva Granada, recorren Nueva España, California y Alaska. Dejan atrás América y ponen rumbo al Pacífico, navegando por la Polinesia, las Islas Marianas, las Filipinas, Macao, Mindanao, Nueva Guinea, las Nuevas Hébridas, Nueva Zelanda, Australia y el Archipiélago de los Amigos hasta el puerto de Callao, luego navega José de Bustamente con la corbeta Atrevida hasta las Islas Malvinas y de allí a las Islas Aurora, descubriendo la que llamaron Isla Nueva, siendo la navegación por el océano antártico muy arriesgada al tener que evitar cientos de témpanos de hielo, luego de vuelta a Montevideo donde estaba la corbeta Descubierta retornaron a Cádiz dando escolta militar a un numeroso y valiosísimo convoy, lo que fue agradecido por la Corona, ya que entonces España estaba en guerra contra Francia. Cumplen con creces todas las expectativas científicas previstas. Se dibujaron modernas cartas de navegación y actuales mapas geográficos, se confeccionaron magníficas colecciones minerales y botánicas con especies hasta entonces desconocidas y se aportó una gran documentación visual con precisos informes referentes al estado social, político y militar de las colonias.

A su regreso a España en septiembre de 1794 entrega el diario del viaje, es recibido por el rey junto con Alejandro Malaspina y con esos méritos fue ascendido a brigadier; pero Malaspina critica la mala situación y administración de las colonias y Godoy lo encarcela y requisa todo el archivo de la expedición, que permanece confinado y olvidado hasta que en 1885 otro militar, el teniente de navío Pedro Novo y Colson, lo recupera y publica, gracias a lo cual se conocieron muchos detalles de la expedición. Bustamante fue nombrado Gobernador de Montevideo en 1796 y se asentó en aquella ciudad el 11 de febrero de 1797. Durante su gobierno la ciudad era punto de abastecimiento de corsarios que merodeaban la zona del Río de la Plata: se documenta, por ejemplo, la presencia del corsario francés Pierre-Marie Le Bozec (1769-1830), capitán de la fragata La Républicaine. Además se le nombra Comandante General de los bajeles del Río de la Plata con la misión de poner en marcha su plan de defensa de la América meridional, planteado tras el citado viaje político-científico; es al regresar a España en el año 1804 al mando de una flotilla de cuatro fragatas, Nuestra Señora de las Mercedes, La Clara, La Medea y La Fama, cuando fue interceptado al llegar frente a las costas del Algarve (Portugal), el 5 de octubre de 1804, por una escuadra inglesa al mando del comodoro Graham Moore e, inexplicablemente, pues España estaba en paz con Gran Bretaña, se entabló un combate naval conocido como la batalla del Cabo de Santa María. Dos fragatas, entre ellas La Mercedes fueron voladas con un cargamento de cuatro millones de pesos de caudales de comerciantes de Lima y Buenos Aires. Perecieron 249 tripulantes y comerciantes con sus familias. Vista la inferioridad de su flotilla y herido, el Brigadier Bustamante rindió las fragatas que resistían, que fueron apresadas y transportadas al puerto de Gosport en Inglaterra. Una vez liberado, se sometió a un consejo de guerra en España, que le absolvió. Tuvo tiempo para luchar en la Batalla de Trafalgar. En 1807 fue nombrado vocal de la Junta de fortificaciones y defensa de las Indias. En 1808 abandonó Madrid por no querer prestar juramento al rey intruso José Bonaparte y huyó disfrazado de fraile a Sevilla, donde se puso al orden de la Junta Suprema Central que le ascendió a Teniente General. El Consejo de Regencia le nombró Presidente de la Audiencia de Charcas, luego de Cuzco, cargos que declinó por causas desconocidas. Por entonces abraza el absolutismo de Fernando VII. En 1810 es destinado a la Capitanía General de Guatemala, en una época de gran actividad independentista; desarrolla una política reformista de corte ilustrado, pero ante la revolución de Hidalgo y Morelos en la Nueva España preparó tropas en Guatemala y creó el "cuerpo de voluntarios de Fernando VII" y desde su puesto se enfrentó a los constitucionalistas locales, reprimiendo duramente a los insurgentes; se opuso a la constitución liberal de 1812, denunció a su sucesor nombrado Juan Antonio de Tornos, Intendente de Honduras, por supuestas tendencias liberales y así logró su confirmación en su puesto por Fernando VII en 1814. Fue el más drástico e intransigente de todos los Capitanes Generales del Reino de Guatemala, enviado especialmente para reprimir el movimiento de independencia y tristemente recordado por la crueldad que puso en el cumplimiento de su función; ceñudo y amargo, pero no tonto, llegó a la conclusión de que en el reino de Guatemala era necesaria una amplia repartición de tierras entre la gente pobre.
En un documento de 1813, dirigido al gobierno peninsular y "muy reservado" aconsejó: "...Abrir las fuentes de riquezas públicas para desterrar la miseria que dispone a los que la sufren a revoluciones en que esperan variar su suerte; multiplicar el número de propietarios para aumentar el de verdaderos ciudadanos (...) Proteger liberalmente a los indios, clase la más numerosa y recomendable, al mismo tiempo que por su sencillez es la más expuesta a ser seducida". Y a la hora de recomendar las medidas concretas más urgentes para impedir que en Guatemala se desarrollaran los planes de subversión contra la Corona, Bustamante recomendó mucha drasticidad, reforzar las milicias, pero también: ":...que se repartiesen en pequeñas suertes a los mulatos e indios honrados que no fuesen propietarios, las tierras que se pudiesen conceder sin perjuicio de tercero, proporcionándoles caudales del fondo de comunidades para los primeros gastos de cultivo". Se trataba de una medida demagógica, pero la eficacia que el Presidente le suponía radicaba en que la falta de tierra era un poderoso factor de descontento entre indígenas y mestizos (a quienes llama "mulatos" según el uso de la época) y él esperaba que aquellos repartos fueran, por eso mismo, un golpe en contra de la opinión favorable a la Independencia. Fue destituido en agosto de 1817 y volvió a España en 1819. Ese mismo año entró nuevamente a formar parte de la Junta de Indias. En 1820 fue recompensado con la Gran Cruz de la Orden Americana de Isabel la Católica y se le nombra director general de la Armada hasta 1822. En 1823 fue integrante de la Junta de expediciones a América, y un año después, volvió otra vez a la Dirección General de la Armada y trabajó en el Ministerio de Marina de Madrid hasta su muerte en 1825, siendo su cargo militar el de "Teniente General de la Armada Nacional". Fue Caballero de la Orden de Santiago desde 1784, y el rey le nombró caballero gran cruz de la Orden de San Hermenegildo y caballero gran cruz de la Orden de Isabel la Católica.

JOSE CIPRIANO RAMÓN ANTONIO AGUSTÍN DE CÓRDOVA-LASSO DE LA VEGA Y RAMÓN DE GARAY Nació en Utrera eldía 26 de septiembre de 1732 Era hijo de Don Ramón Antonio de Córdova-Lasso de la Vega de Doña Mariana Josefa Ramos. Tras navegar bajo las órdenes de Andrés Reggio, es designado para navegar desde Cádiz hasta Filipinas por la ruta del cabo de Buena Esperanza. A bordo de la fragata Astrea, Córdova zarpa en abril de 1770 con 289 hombres en su tripulación. Llegados a la bahía de Manila, afirma «haver arrivado con solo dos enfermos declarados de escorbuto, diez levemente picados, y dos, el uno de tersianas, y el otro de enfermedad adquirida», señalando que la baja incidencia de escorbuto se debe al «gaspacho que les mandé dar desde que empecé a disminuir la altura y a experimentar algún calor». Poniendo rumbo para España el 6 de enero de 1771, regresa a la isla de León el 1 de agosto de 1771 En 1789, es ascendido a teniente general y al estallar la guerra contra el Reino Unido, en 1796, es nombrado comandante en jefe de la flota española debiendo enfrentandose a una flota inglesa en el Cabo de San Vicente La batalla del Cabo de San Vicente fue un combate naval que se desarrolló frente al cabo de San Vicente, en el extremo occidental de la costa portuguesa del Algarve el 14 de febrero de 1797 . España se encontraba en aquel momento aliada a la Francia revolucionaria merced al Tratado de San Ildefonso, que la comprometía a enfrentarse a Inglaterra en el marco de las Guerras Revolucionarias Francesas. La escuadra española, formada por 27 navíos de línea, 11 fragatas y un bergantín, con un total de 2638 cañones, partió de Cartagena en febrero de 1797 al mando del teniente general José de Córdova. Entre los buques de la flota española se encontraba el Santísima Trinidad, entonces el mayor buque de guerra del mundo, con 136 cañones y el único con cuatro cubiertas de artillería. Poco antes de su llegada a Cádiz fueron sorprendidos por un fuerte temporal, al tiempo que la flota inglesa, con 15 navíos de línea, cuatro fragatas, dos balandros y un cúter, con un total de 1430 cañones y al mando de John Jervis, interceptaba a la escuadra española.

Al amanecer del día 14, los barcos de Jervis se encontraban en posición para enfrentarse a los españoles y viceversa. Fue entonces cuando vio claro que su inferioridad numérica era de dos barcos españoles por cada barco inglés, pero en cualquier caso suponía ya mayor riesgo para los ingleses tratar de evadirse que enfrentarse a la escuadra española, por lo que Jervis se decidió a atacar para tratar de impedir que esta escuadra se uniera a la flota francesa que les esperaba en Brest. Para ventaja de los ingleses, la escuadra española estaba formada en dos grupos tácticamente mal dispuestos para el combate, mientras que los ingleses conservaban la línea. Jervis ordenó a su flota que pasara entre ambos grupos, lo que optimizaría el uso de los cañones de sus barcos, mientras impedía que la flota española pudiera usar todos los suyos. En todo momento maniobró la flota con el fin de impedir que los barcos españoles pudiesen escapar hacia Cádiz. Nelson había sido transferido al HMS Captain y se dirigió hacia la retaguardia de la línea española. Desobedeciendo las órdenes de que la línea inglesa maniobrara para acorralar al grupo menor de buques españoles, rompió la formación para perseguir al grupo mayor, colocándose frente a los barcos españoles. Jervis, aunque veía cómo Nelson desobedecía sus órdenes, envió nuevos buques en su apoyo. Exclamó al ver a Nelson: «¿A dónde va ese loco?». La batalla se desarrolló en el transcurso del 14 de febrero y acabó con una derrota para la armada española. De los 27 navíos de línea con los que contaba la flota española, entraron en combate siete, perdiendo cuatro, e incluso podría haber llegado a perder a su buque insignia de no ser por la actuación de Cayetano Valdés, al mando del Infante don Pelayo, que acudió en su socorro cuando ya había arriado su bandera. Se dice que amenazó al buque insignia español con cañonearlo también si no levantaba de inmediato su pabellón. Otros cuatro buques de la flota quedaron muy seriamente dañados. Los británicos apresaron los navíos San José, Salvador del Mundo, San Nicolás y San Antonio.
La batalla costó la vida de 250 hombres por parte española. La flota británica, al mando de John Jervis, demostró que, a pesar de estar en inferioridad numérica, la disciplina y el entrenamiento de sus marinos eran cruciales para convertirla en un arma de guerra imbatible, cosa que años más tarde se demostraría de nuevo en la batalla de Trafalgar. En la posterior retirada española, algunos barcos huyeron hacia Cádiz, mientras que otros lo hicieron con rumbo a Algeciras. El grueso de la escuadra española entró en Cádiz el 3 de marzo, siendo objeto del escarnio de los gaditanos por su humillante derrota. A consecuencia de la misma, el jefe de la escuadra José de Córdova tuvo que enfrentarse posteriormente a un consejo de guerra, donde fue degradado. Si hubiera mostrado más decisión y hubiera atacado a los navíos británicos, varios de ellos destrozados y a remolque como el Captain de Nelson, habría podido evitar que se llevaran cuatro presas y, quizás, hasta habrían apresado alguno, dado que los ingleses estaban dañados y casi sin municiones, mientras que en la escuadra española, salvo los siete barcos que combatieron, los restantes estaban intactos. Tras su derrota en la batalla del Cabo de San Vicente, en 1797, fue sometido a Consejo de Guerra siendo cesado y expulsado de la Armada. Falleció en la ciudad de Cádiz el día 3 de abril de 1815.

JOSE DE MAZARREDO SALAZAR Nació en Bilbao, el día 8 de marzo de 1745 y falleció en Madrid, el 29 de julio de 1812. Era hijo de Antonio Jose de Mazarredo Morgan Salazar de Muñatones y Rucabado y de María Josefa Gortazar y Pérez de Arandia. En 1759, a los catorce años, sentó plaza de guardiamarina en el departamento de Cádiz. En este empleo embarcó en el chambequín Andaluz, al mando del capitán de fragata Francisco de Vera. En este buque ya se distinguió en la mar, como antes lo había hecho en los estudios, pues en la noche del día 13 de abril del año de 1761, impidió que el buque se estrellase contra las Salinas de la Mata, "por sus acertadas disposiciones y por su firmeza en sostenerlas contra el dictamen de hombres prácticos en la mar, y por su osadía en embarcarse de noche en medio de un fuerte temporal en un pequeño bote, a recoger la lancha perdida y ver de salvar el buque, logró al menos sacar a salvo toda la tripulación de trescientos hombres" dice Fernández de Navarrete. A los doce años de servicios, por el buen concepto en que le tenían sus superiores, fue nombrado ayudante de la mayoría del departamento de Cartagena. En el año de 1772 pasó a la fragata Venus, con la que fue a Filipinas al mando de Lángara (1772). Trasladado a la Santa Rosalía, participó en una campaña hidrográfica en Trinidad y Atlántico Sur (1774). Asistió a la expedición contra Argel de 1775 y después se encargó de la compañía de guardiamarinas de Cartagena. Fueron obra suya los planes de navegación, fondeo y desembarco de los veinte mil hombres del ejército, a las órdenes del general O’Reilly. Por los servicios distinguidos en esta campaña, el rey confirió a Mazarredo el cargo de alférez de la compañía de guardiamarinas de Cádiz, y en sus sucesivos empleos, de capitán de fragata y de capitán de navío, la comandancia de la nueva compañía creada en el departamento de Cartagena. En este puesto no sólo atendió a la dirección de la Escuela de Guardiamarinas, sino que tomó parte activa en la enseñanza de la náutica y la maniobra, escribiendo algunos trabajos orientados al objeto, como la "Colección de Tablas para los usos más necesarios de la navegación". Nombrado comandante del navío San Juan Bautista (1778), realizó levantamientos hidrográficos en la Península Ibérica, contribuyendo enormemente a la creación del "Atlas Marítimo". En 1779, siendo mayor general (grado equivalente al de hoy de Jefe de Estado Mayor) de la escuadra del general Gastón, puso en práctica los "Rudimentos de Táctica Naval" que había escrito cuando era teniente de navío, así como sus "Instrucciones de señales". Su éxito como mayor general lo obtuvo principalmente al año siguiente en la escuadra de don Luis de Córdova, reforzada con seis navíos franceses: por una atrevida maniobra, que todos consideraban temeraria, se apresó el día nueve de agosto a la altura de las islas Azores, un importante convoy británico de cincuenta y tres velas, con mercancías y víveres para su ejército en la lucha contra los independentistas norteamericanos. Este cargamento de 80 000 mosquetes y cañones, y más de un millón de libras esterlinas en oro y plata, permitiría a los ingleses triplicar el número de su ejército, pasando de una relación de tropas de 1 a 1 entre independentistas e ingleses a una proporción de 3 a 1 a favor de Inglaterra, lo que sería un hecho decisivo en la guerra. Tres de las fragatas británicas apresadas sirvieron después en la Real Armada Española con los nombres de Colón, Santa Balbina y Santa Paula; con el apresamiento se hicieron casi 3000 prisioneros. Debióse también a Mazarredo la salvación de la gran escuadra hispano-francesa, que estaba compuesta por veintiocho navíos y cuatro fragatas españolas y treinta y ocho navíos y veinte fragatas francesas, que escoltaban un rico convoy de ciento treinta velas, que iba camino de perderse por la inoportuna salida que ordenó el general conde d’Estaing, contra el voto de Mazarredo y que éste pudo subsanar, consiguiendo que arribase la flota a Cádiz, pocos días después de haber salido de ese puerto, ante la amenaza de un fuerte temporal que, una vez transcurrido, hizo caer en la cuenta de lo acertado de su decisión. En 1782 tomó parte con la escuadra que bloqueaba a Gibraltar en el ataque de las baterías flotantes y en el combate indeciso que aquella riñó, frente al cabo de Espartel, con la británica del almirante Howe, cuando ésta regresaba al Atlántico, después de haber conseguido entrar el Gibraltar, el socorro que tanto necesitaba la plaza. Al final de esta campaña, se consiguió la Paz de 1783, siendo ascendido por ello a jefe de escuadra. "Ningún ramo de la marina militar se ocultó a su inteligencia y a su celo". Dio un gran impulso a la enseñanza con ocasión de ejercer las funciones de capitán de las tres compañías de guardiamarinas, las de Ferrol, Cádiz y Cartagena.

En 1789 fue ascendido a teniente general y estuvo algún tiempo en Madrid, dedicado a la redacción de las "Ordenanzas", auxiliado por su inseparable ayudante el capitán de navío Escaño. Interrumpió esta tarea al ser nombrado segundo jefe de una escuadra mandada por el marqués del Socorro; embarcó en Cádiz arbolando su insignia en el navío Conde de Regla, pasando después al navío San Hermenegildo. Con esta escuadra, en una ocasión salió en persecución de una británica hasta el cabo de Finisterre, quedando después cruzando por aquellas aguas, hasta que se firmó la paz con el Reino Unido de la Gran Bretaña. De regreso a Madrid, terminó las "Ordenanzas" en el año de 1793, siendo recompensado por el rey con una encomienda de la Orden de Santiago. En el año de 1795, en guerra con la república francesa, tomó el mando en Cádiz de una escuadra, que debía de unirse a la de don Juan de Lángara, que operaba en el Mediterráneo. Sus diferencias con el ministro don Pedro Varela, al cesar en el cargo el bailío Valdés, considerando Mazarredo que no se atendía debidamente a los buques, y el haberse negado a ampliar los informes expuesto en circunstancias anteriores, como pretendía Varela, para acusar a Valdés de mala administración, le llevó a tener que presentar la dimisión de su mando, dimisión que fue aceptada, siendo destinado a Ferrol, con prohibición expresa de pasar a la corte. Fruto en parte de la imprevisión del gobierno y también del poco acierto del nuevo almirante, el general don José de Córdova, fue el desgraciado combate del catorce de febrero de 1797 en el cabo de San Vicente, contra una escuadra británica. Después del combate fue designado sucesor de Córdova, el anciano general Borja; pero por fortuna los capitanes de fragata Espinosa, Fernández de Navarrete y Salazar, se aventuraron a pedir audiencia a la Reina y deshicieron el error y se nombró a Mazarredo para el mando de la escuadra, recibiendo la orden de dirigirse a Cádiz y de tomar el mando de las fuerzas navales que habían de defender aquel puerto. La escuadra estaba compuesta de veinticinco navíos, de los que cuatro eran de tres puentes, once fragatas y tres bergantines; arboló su insignia en el navío de tres puentes Concepción y en menos de dos meses consiguió organizar las fuerzas sutiles, llegando a reunir ciento treinta embarcaciones, al mando de los generales Gravina y Villavicencio, con las que rechazó los ataques del enemigo, comandadas por Jervis y Nelson durante las noches del tres y del cinco de julio de 1797. En el año de 1798 salió repentinamente de Cádiz con veintidós navíos, tres fragatas y la Vestal, francesa, para sorprender a una división británica de nueve navíos que cruzaba frente a Cádiz.
Un temporal del sudeste lo impidió y previniendo que el cuerpo principal de la escuadra enemiga, que se encontraba en Lisboa al mando del almirante Jervis, viniese contra sus fuerzas, se mantuvo frente a la desembocadura del Guadiana, hasta que abonanzó el tiempo y acertadamente, regresó a Cádiz. Con arreglo a lo que había previsto, veinticuatro horas después llegaba la escuadra británica con gran superioridad: con cuarenta y dos navíos y varias fragatas y buques menores. Nombrado Mazarredo capitán general del departamento de Cádiz y terminadas las obras del nuevo Observatorio de Marina en la Isla de León (San Fernando, 1798), ordenó el traslado del centro en cuestión. A Mazarredo se debe en los sextantes el movimiento del anteojo paralelo al plano del aparato. Mazarredo pasó a París con el almirante Étienne Eustache Bruix, a concertar las operaciones navales en unión del alto mando francés, y a representar diplomáticamente a España. Ante el Napoleón, elevado por entonces al Consulado, tuvo que luchar Mazarredo por los intereses de España, amenazados por la ambición de Bonaparte que quería disponer, para su mejor servicio de las fuerzas navales españolas. La firme actitud de Mazarredo disgustó a Napoleón, que le retuvo en París una larga temporada y gestionó cesase en el mando de la escuadra. Dócil ya el gobierno español le envió a Cádiz, pretextando que allí hacían falta sus servicios, nombrándosele capitán general de aquel departamento de cuyo cargo tomó posesión el día nueve de febrero del año de 1801. Pero es más; no estando conforme con los sistemas seguidos que hacían experimentase la Armada escaseces y calamidades, que él no podía remediar con su autoridad y no queriendo hacerse solidario del desastre que se preparaba, pidió su separación y cuartel para Bilbao, obteniéndolo el día nueve de febrero de 1802. En el mes de agosto de 1804, fue mal mirada su conducta en la corte con motivo de tratar de impedir, los funestos efectos del furor popular y de remediar, los males que traerían consigo la oposición de los intereses locales a los del gobierno. Aprovechando lo que en realidad no era sino un fútil pretexto, fue desterrado primero a Santoña y después a Pamplona. En 1808 entra a colaborar con el rey José I Bonaparte como director general de la Armada, consiguiendo que los navíos de Ferrol no fuesen llevados a Francia. Regresó a Madrid donde, el 29 de julio de 1812, le acometió un ataque de gota que le originó la muerte.

JOAQUÍN GUTIERREZ DE RUBALCABA Y CASAL Nació en El Ferrol (en el del Caudillo, no, en el otro). La Coruña, España, el día 19 de marzo de 1803 y falleció cristianamente en Madrid el día 13 de abril de 1881. Era hijo de Alejo Gutiérrez Rubalcava y Medina, caballero de la Orden de Santiago. En 1819 ingresó como guardiamarina en El Ferrol embarcando en las fragatas Fama, María Isabel y Ninfa, en la goleta Belona y en el bergantín Vengador. En el año 1821 fue ascendido a alférez de fragata, en 1825 a alférez de navío, en 1833 a teniente de navío y en 1840 a capitán de fragata. Fue enviado a Lima y 1842 combatió barcos de la armada chilena en la isla de Chiloé. En 1842 y 1846 fue elegido diputado por La Coruña.?

En 1846 fue ascendido a capitán de navío y 1848 fue destinado a La Habana como Capitán del puerto siendo ascendido en 1852 a brigadier y con tal empleo, en 1853 fue nombrado Comandante General de la división naval del Mediterráneo. En 1854 fue nombrado Director del Depósito Hidrográfico y vocal de la Junta directiva del Mapa Geográfico de España. En 1856 el nombraron Mayor General de la Armada Española y en 1857 Jefe de la Escuadra. En 1859 fue nombrado Capitán General de Cartagena y en 1860 Comandante General del apostadero de la Habana.
Durante 1862 participó en una expedición de apoyo a Maximiliano I de México bajo las órdenes de Juan Prim. en 1863 fue nombrado presidente de la Junta Superior Consultiva de la Armada Española y senador vitalicio. En 1864 fue nombrado teniente general y Ministro de Marina bajo el gobierno de Lorenzo Arrazola entre enero y marzo de 1864. De nuevo fue nombrado Ministro de Marina en el último gobierno de Ramón María de Narváez (1866-1867). Después de la revolución de 1868 pidió la separación del cuerpo. A raíz la restauració borbónica pidió el reingreso y volvió a ser nombrado senador vitalicio, presidente de la sección de marina del Consejo de Estado y en 1875 fue ascendido a Alñmirante.Entre otras condecoraciones, recibió las grandes cruces de la Orden de San Hermenegildo , de la Orden de Carlos III y de la Orden de Isabel la Católica, así como la Cruz del Mérito Naval con distintivo rojo.

JOSÉ JOAQUÍN ROMERO Y FERNANDEZ DE LANDA Nació en Galaroza, Sierra de Aracena, Huelva, España el día 25 de mayo del año 1735. Era hijo de Gaspar Romero, capitán de caballos y comisario de guerra. El 27 de mayo de 1752 ingresó en el Regimiento de Dragones de Edimburgo en la Villa de Arcos, donde se encontraba su compañía. Sin embargo, en 1754 sentó plaza en la Academia de Guardiamarinas de Cádiz. En 1756 embarca en el navío San Fernando y luego en otras unidades, hasta que en 1757 ascendió a alférez de fragata. En 1760 ascendió a alférez de navío y participa en varias operaciones contra el corso en el Mediterráneo. En 1761 fue nombrado Ayudante Mayor interino de las Brigadas de Artillería de Marina, cargo que ejerció entre el Ferrol y Cartagena.

Con la instauración de la Casa de Borbón en el siglo XVIII se llevó a cabo una política de profundas reformas en todos los campos con la intención de colocar a España en un lugar destacado entre las potencias europeas. La Marina se consideró vital como medio de control de las colonias americanas. En 1765 llegó Gautier a España enviado por el ministro de Asuntos Exteriores francés François Choiseul para implantar en los astilleros españoles las técnicas constructivas francesas. El 1 de noviembre de 1765 se incorporó a trabajar en el astillero de Guarnizo bajo el mando del Gautier. Entre 1766 y 1767 permaneció en Guarnizo trabajando y aprendiendo con Gautier y fue ascendido a teniente de fragata. En octubre de 1770 se creó el Cuerpo de Ingenieros de Marina, formando parte del mismo desde el 17 de enero de 1771, como Ingeniero en Segundo, solo por detrás del Ingeniero General y creador del cuerpo, Francisco Gautier. En 1772 comenzó a colaborar con Pédro González de Castejón lo que supuso una afrenta para Gautier. Ascendido González de Castejón a Teniente General de la Armada en 1774, nombró a Romero Landa Comandante de Ingenieros, quebrantando las Ordenanzas del Cuerpo General de Ingenieros y a su Ingeniero General, Gautier.
En 1775 se encargó de preparar el apresto de los convoyes de la armada en la primera expedición a Argel y se casó con su prima, Ana Fernández de Landa y Pérez Rañón. En 1776 es ascendido a capitán de navío y hasta 1780 está destinado al Ferrol y sustituye al ingeniero general en sus desplazamientos a la corte. En 1781 ascendió a Brigadier de la Armada, manteniendo el cargo de Comandante de Ingenieros. En 1782, Gautier dimitió del cargo de Ingeniero General de la Armada y Romero de Landa le sustituyó en el cargo como Ingeniero General Interino. Redactó el Reglamento de maderas necesarias para la fábrica de los baxeles del Rey (1783). El 28 de enero de 1786 ascendió a Ingeniero General de la Armada. En 1789 ascendió a jefe de escuadra y 1795 a teniente general. Falleció en Madrid el 5 de agosto de 1807.

JOSE MARÍA BUSTILLO Y GÓMEZ DE BARREDA: Nació en Isla de León, San Fernando, provincia de Cádiz, España el año 1803. Sentó plaza de guardiamarina el 22 de enero de 1816 en el Departamento de Cádiz. En 1819 fue ascendido a alférez de fragata, en 1825 a alférez de navío, en 1832 a teniente de navío, a capitán defragata en 1837, a capitán de navío en 1844 y a brigadier en 1846. En 1849 formó parte de una expedición para auxiliar al papa Pío IX que había huido de Roma a Gaeta al ser atacadas sus posesiones por tropas insurgentes mandadas por Garibaldi y Mazzini. En 1850 es nombrado jefe de escuadra y en 1851 fue nombrado Ministro de Marina, cargo que ocupó hasta junio del año siguiente, tras lo cual partió de Madrid para tomar el mando del apostadero de la Habana.

Llegó a Cuba en julio de 1852, cuando le fue informada la llegada a la isla de tropas de filibusteros al mando del ex general Narciso López, a los que se enfrentó en tierra y obligó a reembarcar, tras lo cual los volvió a enfrentar luego en el Morillo de la Manima, derrotándolos finalmente y logrando capturar a 50 hombres. Por este acto el gobierno le entregó la gran cruz de la Orden de Carlos III. Estuvo en Cuba los tres años preceptivos y regresó a España en 1854. En 1855 fue designado vocal de la Junta Consultiva de Ultramar.Por Real Decreto del 14 de noviembre de 1855 es condecorado con la gran cruz de la Orden de San Hermenegildo1? por tener cumplidos los requisitos, pero con antigüedad del 24 de julio anterior.
? En 1854 se le concede la gran cruz de la Orden de Isabel la Católica, por su operación de defensa del Papa. En 1856 se le nombra Comandante General de buques, aprestos de expediciones, matrículas, pesca y navegación de particulares. En 1857 se le otorgó la capitanía general del Departamento de Ferrol y el 25 de octubre de ese año será nombrado de nuevo Ministro de Marina, cargo que ocuparía hasta 1858. En 1859 es nombrado comandante general de la escuadra de operaciones en África y en 1860 participó en los bombardeos de las ciudades de Larache, Arcila, Rabat y Salé y, en gratitud por sus acciones, el 14 de julio le fue concedido el rango de teniente general,? entregándosele el 18 de julio el mando del Departamento Naval de Cádiz. A su vez Isabel II le entrega el título de Conde de Bustillo. Fue, de nuevo, ministro de marina en 1863.Falleció el día 2 de mayo del año 1868 en el Puerto de Santa María, provincia de Cádiz, España.

JOSE DE MENDOZA Y RIOS: Nació en Sevilla el día 29 de enero de 1761. Sentó plaza de Guardiamarina en el Colegió de Guardiasmarinas que justamente unios años antes había sido trasladada de Cádiz a San Fernando. Poco se sabe delos primeros años de su carrera militar. Pero en 1787, con tan solo 26 años, por lo que debía ser como mucho teniente navio, publica su primera obra, un tratado sobre las ciencias y técnicas de navegación en dos tomos, obra de referencia de la época. Tras ello propone la creación de la biblioteca marítima, ubicada en Cádiz, con la idea de que se convirtiera en un instituto de investigaciones navales en Cádiz al que designó con el nombre de Biblioteca Marítima. que con el tiempo se convertiría en el Depósito Hidrográfico de la marina (en 1798 el Observatorio contaba ya con su actual edificio en la Isla de León, y contaba con un total de de 5.423 volúmenes procedentes de la comisión de Mendoza Ríos. El proyecto de Mendoza Ríos, con el apoyo del conde de Floridablanca, fue inicialmente aceptado y en 1789 recibió el encargo de viajar al extranjero para realizar adquisiciones con vistas a la creación de una biblioteca marítima. La primera etapa se desarrolló razonablemente con una primera expedición en busca de libros e instrumentos científicos. Quizás la tarea de ir por Europa comprando libros no parezca muy aventurera ni propia de la carrera de marino que en principio había elegido, sin embargo la trayectoria vital de Mendoza Ríos es una mezcla de ciencia y aventura. En efecto, Mendoza lideró la primera expedición para la compra de libros, cuyo destino inicial fue París, donde se estaba iniciando lo que sería la Revolución Francesa, por lo que durante los tres años que estuvo allí se desplazó con cierta frecuencia a Londres y Holanda evitando los periodos más conflictivos de Francia. En esos años envió hacia Cádiz cajones y más cajones repletos de libros e instrumentos que forman hoy en día la base de las más valiosas colecciones que atesora el Observatorio de San Fernando.

En 1792, huyendo de la complicada situación francesa, se trasladó definitivamente a Londres donde prosiguió su labor de adquisición de fondos bibliográficos y técnicos. En Londres pronto encontró la protección de Joseph Banks, el entonces presidente de la Royal Society de Londres, sociedad en la que Mendoza Ríos ingresaría al año siguiente. Desde Londres envió una serie de informes confidenciales sobre la organización y planificación industrial y, también, sobre la organización de la marina inglesa. Como consecuencia de la falta de control de su misión pronto empezaron a recaer sobre él sospechas, más o menos fundadas, de espionaje. En unas ocasiones a favor de España por esos informes que remitía desde Londres, pero otras con acusaciones de más o menos veladas de informar a los ingleses durante la guerra librada contra ellos a principios del siglo XIX, con resultados a veces tan decisivos para el devenir de la armada española como la derrota en la batalla de Trafalgar. En el año 1796 realizó un nuevo envió de libros y documentos a Cádiz a pesar de las dificultades derivadas de la declaración de la guerra con España. Mendoza Ríos pidió el retiro de la Armada Española pues ya tenía decidido asentarse en Londres. No solamente no se le concedió sino que se le expulsó de la Armada en 1800. Mendoza Ríos nunca se resignó y procuró que se le reconociera su estatus; incluso le pidió a Godoy en 1806 que le concediera el retiro honroso que había pedido en 1796. Mendoza Ríos se estableció definitivamente en Inglaterra, donde se casó y tuvo dos hijas. Entre sus principales obras de su vida Inglaterra destacan el Tratado de navegación (1787) y la Colección de Tablas Náuticas (1805-1807). Como astrónomo ideó un método para determinar la longitud a partir de la observación de las distancias lunares. Puso fin a su vida voluntariamente el día 4 de marzo del año 1816 en su casa de Brighton, dejando una considerable fortuna a su familia.
Mendoza Ríos hizo contribuciones importantes a la resolución astronómica del problema de la longitud, que le valió uno de los premios otorgados por el Buró de Longitudes de Londres. El problema de la determinación de la longitud en el mar era uno de los principales, sino el principal, con el que se había enfrentado la náutica desde la época del descubrimiento de América. Casi todos los países con intereses trasatlánticos habían ofrecido premios por su resolución y fueron numerosos los científicos que se habían interesado en él ?uno de ellos Galileo?. Desde que el relojero John Harrison había fabricado a mediados del siglo XVIII relojes suficientemente precisos y fiables para transportar en el barco el tiempo de un lugar determinado, ya se disponía de una solución técnica para el problema. Sin embargo a principios del siglo XIX esta solución distaba de ser definitiva: los relojes era extremadamente caros, difíciles de conseguir y, de todas formas, era conveniente determinar, de tanto en tanto, la longitud por otros medios para tener la seguridad de que el reloj no fallaba. Mendoza Ríos ideó un proceso astronómico para el cálculo de la longitud en el mar mediante la medida de distancias entre la Tierra, la Luna y determinadas estrellas auxiliares. En un artículo publicado en las Philosophical Transactions de Londres en 1797, Mendoza Ríos describió hasta cuarenta procedimientos conocidos para despejar la distancia una vez hechas una serie de medidas, y explicó el suyo propio basado en el uso, primero, de un instrumento: un círculo de reflexión mejorado por Mendoza Ríos que hacía más fáciles y precisas las mediciones, y, segundo, de unas tablas, que facilitaban los procesos de cálculo ulteriores. Dicho en lenguaje actual, los métodos para despejar la distancia eran unos procesos algorítmicos de cálculo reiterado con una región de convergencia y otra de comportamiento caótico: una pequeña diferencia en las observaciones previas ?esto es, en las condiciones iniciales del proceso iterativo? podían generar grandes errores al finalizar los cálculos. Las aportaciones de Mendoza Ríos consistieron en una mayor concreción de la región de convergencia ?concretada luego en una serie de consejos a la hora de realizar las mediciones para evitar la región caótica del algoritmo?, y en la simplificación del algoritmo numérico mediante sus tablas. Mendoza Ríos publicó varios volúmenes de tablas; las mejores fueron las de 1804, de las que se hizo una versión castellana en 1850 a cargo de José Sánchez Cerquero, director entonces del Observatorio de San Fernando, líder del grupo de matemáticos en torno al Observatorio y responsable de la publicación a partir de 1848 en Cádiz el Periódico mensual de Ciencias Matemáticas y Físicas, la primera revista de matemáticas y física publicada en España. Del método de Mendoza Ríos dijo Jean Baptiste Delambre ?responsable de la medición del arco de meridiano que dio lugar a la definición de nuestra actual unidad de medida: el metro?: «de los diversos métodos para el cálculo de las distancias de la Luna al Sol y a las estrellas, di absoluta preferencia sobre las mías y sobre todas las demás a las de Mendoza. Este método se ha simplificado aún con la publicación de sus Tablas. Esta obra es la más completa, la mejor concebida y la más cómoda de cuantas han aparecido sobre astronomía náutica.

BIBLIOGRAFIA:(Lamentamos si por olvido o error dejamos a algún autor o institución sin citar en este apartado) Wikipedia, Biografías y Vidas (Enciclopedia biográfica on-line),Historia y Biografías, Revista General de Marina, Historia 16, Quién es quién de los conquistadores (Hugh Thomas), Historia Marítima del Mundo, Maurice de Brossa, web Todo a Babor, web Todo Avante, Cadizpedia, Untzi Museoa (Museo Naval Diputación de Guipuzcoa), Museo Naval de Madrid, Centro Virtual Cervantes, Enciclopedia Espasa, Ensayo de Bibliografía Marítima Española, Revista de Historia Naval, ABC Cultural,

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