GALERÍA DE MARINOS, MARINOS ILUSTRES, NAVEGADORES, NAVEGANTES, DESCUBRIDORES, CONQUISTADORES Y OTRA ESFORZADA GENTE

GALERÍA DE MARINOS, NAVEGANTES,DESCUBRIDORES,CONQUISTADORES Y OTRA ESFORZADA GENTE

Alejandro (Alessandro) Malaspina

Alonso de Ojeda

Alonso Valiente

Alvaro de Bazán

Alvaro de Mendaña

Alvar Nuñez Cabeza de Vaca

Américo Vespucio

Antonio Azarola Gresillón

Antonio Barceló

Antonio de Escaño

Antonio de Oquendo y Zandategui

Antonio de Ulloa y de la Torre

Baltasar Hidalgo de Cisneros y de la Torre

Bartolomé garcía de Nodal

Blas de Lezo Olavarrieta

Bernal Díaz del Castillo

Bernardo de Gálvez

Casto Mendez Nuñez

Cayetano Valdés y Flores Bazán y Peón

Cosme Damián Churruca y Elorza

Cristóbal Colón

Diego de Almagro

Diego de Losada

Dionisio Alcalá Galiano

Domingo Martinez de Irala

Domingo Perez de Grandallana y Sierra

Esteban de Mari Centurión, Marques de Mari

Fadrique Alvarez de Toledo Mendoza

Federico Gravina y Nápoli

Felipe Bauzá y Cañas

Fernando de Magallanes

Fernandez Enciso

Francisco Alsedo y Bustamante

Francisco Díaz Pimienta

Francisco Javier Winthuyssen y Pineda

Francisco de Orellana

Francisco Pizarro

Francisco Vázquez de Coronado

Gabriel Ciscar y Ciscar

Gabriel de Aristizabal y Espinosa

Gabriel de Castilla

Gonzalo García de Nodal

Gonzalo Jiménez de Quesada

Hernán Cortés

Ignacio María de Álava y Saenz de Navarrete

Inés de Suarez

Isaac Peral

Joaquín Bustamate y Quevedo

Joaquín Gutierrez de Rubalcaba y Casal

Jorge Juan y Santacilia

José Cipriano Antonio de Cordova-Lasso de Vega y Ramos de Garay

José de Mazarredo Salazar

José Joaquín de Bustamante y Guerra

José Joaquín Romero y Fernández Landa

José Justo Salcedo y Arauco

José María Bustillo y Gómez de Barreda

José Mendoza y Ríos

José Sánchez Cerquero

Juán Bautista Topete y Viaña

Juán de Garay

Juán de La Cosa

Juan Diaz de Solis

Juan de Esquivel

Juan Francisco de la Bodega y Cuadra

Juan Gutiérrez de la Concha

Juan José Ruiz de Apodaca y Eliza, Conde del Venadito

Juan Ponce de León

Juan Sebastián de Elcano

Juan Fernandez

Juan Jufré de Loaiza Monte

Juan Martinez de Recalde y Larrinaga

Juán Rodriguez Cabrillo

Juán Vázquez de Coronado

Juan van Halen y Sartí

Lope de Aguirre

Lorenzo Bernal del Mercado

Luis de Cordova y Cordova Laso de la Vega

Luis de Requesens

Luis de Velasco e Isla

Luis de Vaez de Torres

Luis Cebreiro Lopez

Manuel Deschamps Martínez

José Justo Salcedo y Arauco

Juán José Navarro y Búfalo (Marqués de la Victoria)

Manuel Lois García

Martín Alonso Yáñez Pinzón

Miguel López de Legazpi

Miguel Buiza Fernández-Palacios

Narcis Monturiol

Ñuflo de Chavez

Pánfilo de Narváez

Pascual Cervera y Topete

Patricio Montojo y Pasarón

Pascual Pery Junquera

Pedro de Alvarado

Pedro de Valdivia

Pedro Fernandez de Quirós

Pedro Menéndez de Avilés

Ramón Marquet

Rodrigo de Bastidas

Roger de Flor

Roger de Lauria

Rosendo Porlier Asteguieta

Rui Lopez de Villalobos

Vasco Nuñez de Balboa

Salvador Fidalgo y Lopegarcía

Santiago de Liniers y Bremón

Sebastián de Belalcázar

Sebastian Caboto

Tomás de Larraspuru y Churruca

Vicente Tofiño y San Miguel

Vicente Yañez Pinzón

Zenón de Somadevilla y Bengoechea (Marqués de la Ensenada)

CRISTOBAL COLON: Cristóbal Colón nació hacia 1451 y murió en 1506, aunque era de origen genovés, realizó todas sus hazañas al servicio de los Reyes de España y de ellos recibió todos los honores porlo que puede y debe ser considerado español.. Colón fue el artífuce de una de las mayores hazañas nunca realizadas por el hombre: el descubrimiento del Nuevo Mundo el 12 de octubre de 1492. .


Cristóbal Colón nació el año 1451 en Génova. Algunos autores, sin embargo, defienden que era catalán, mallorquín, judío, gallego, castellano, extremeño, corso, francés, inglés, griego y hasta suizo. Siguiendo la tesis genovesa, sus padres fueron Doménico Colombo, maestro tejedor, lanero o tabernero, y Susana Fontanarrosa. De los cinco hijos del matrimonio, dos, Cristóbal y Bartolomé, tuvieron pronto vocación marinera; el tercero fue Giacomo (Diego Colón), que aprendió el oficio de tejedor; y de los dos restantes, Giovanni murió pronto, y la única mujer no dejó rastro. Recordando estos primeros años, Cristóbal escribía en 1501: "De muy pequeña edad entré en la mar navegando, e lo he continuado hasta hoy... Ya pasan de cuarenta años que yo voy en este uso. Todo lo que hasta hoy se navega, todo lo he andado".


El aprendizaje colombino se debió hacer en galeras genovesas primero, como grumete; como marinero, desde los 15 años, y con mando en barco desde los 20 o 22 años. Entre 1470 y 1476 recorrió todas las rutas comerciales importantes del Mediterráneo, desde Quíos, en el Egeo, hasta la península Ibérica, al servicio de las más importantes firmas genovesas. También participó en empresas bélicas, como el enfrentamiento entre Renato de Anjou y el rey de Aragón, Juan II, por la sucesión a la Corona de Nápoles. Se afirma que, al amparo de tantas guerras y conflictos como entonces había, ejerció de corsario, actividad muy lucrativa y reconocida hasta en los tratados internacionales de la época..

 
Según cronistas contemporáneos, Colón llegó a las costas del sur de Portugal (Lagos), cerca de Sagres, tras un durísimo combate naval acaecido cerca del cabo de San Vicente, el 13 de agosto de 1476. Incendiado su barco, Colón salvó su vida agarrándose a un remo y nadando hasta la costa. Empezaba la estancia colombina en Portugal, que duró casi diez años, tan importantes y decisivos como misteriosos. Fue en el pequeño reino ibérico, y de la mano de portugueses, donde aprendió a conocer el océano, a frecuentar las rutas comerciales que iban desde Islandia a Madeira, a tomar contacto con la navegación de altura, con los vientos y corrientes atlánticos y a navegar hasta Guinea. Dicen los cronistas que Colón, una vez repuesto, marchó de Lagos a Lisboa, donde se dedicó al comercio. En 1477 viajó hasta Inglaterra e Islandia, y en 1478 se movía entre Lisboa y el archipiélago de Madeira con cargamentos de azúcar. Hacia 1480, parece que se casó con Felipa Moñiz, quien le ayudó a acreditarse y restaurarse y a moverse como vecino y cuasi natural de Portugal. De este matrimonio, nació hacia 1482 en la isla de Porto Santo, del archipiélago de Madeira, su sucesor Diego Colón.

 
Hay grandes indicios y alguna prueba razonable, como el preámbulo de las Capitulaciones, de que Colón, cuando elaboró su plan descubridor, sabía más de lo que decía. Tal convencimiento, que se extendió ya desde el principio entre los primeros pobladores y cronistas, se corresponde con el llamado "Predescubrimiento de América". Parece que, entre los años 1477 y 1482, en que Colón no dejó de realizar frecuentes viajes a las islas Madeira, Azores y Canarias, algo trascendental, que él califica de "milagro evidentísimo", le sucedió, si hacemos caso a sus palabras: "Me abrió Nuestro Señor el entendimiento con mano palpable a que era hacedero navegar de aquí a las Indias, y me abrió la voluntad para la ejecución de ello. Y con este fuego vine a Vuestras Altezas".

Los defensores del predescubrimiento de América sostienen que ese algo trascendental, repentino y milagroso que le sucede a Colón en cualquier momento de estos años fue que alguien, con conocimiento de lo que decía, le informó de la existencia de unas tierras al otro lado del océano. Tal información aportaba detalles bastante ajustados sobre algunas islas y sus naturales, sobre ciertos parajes y, especialmente, acerca de las distancias. Ese alguien fue, según unos, un piloto portugués o castellano (la conocida como "leyenda del piloto anónimo") que al regresar de Guinea se vio impulsado por alguna tormenta hasta las Antillas. Tras un tiempo allí, regresó, se encontró con Colón, le informó y murió. Según otra teoría, la información colombina procedería, no de un europeo, sino de algún grupo indígena que en un desplazamiento por las Antillas se vio obligado a desviarse océano adentro hasta encontrarse con Colón. Ambas teorías coinciden en señalar que tal encuentro debió producirse a bastantes leguas al Oeste de las Canarias, Azores o Madeira, en una zona que por aquel entonces frecuentaba. Cristóbal Colón se sintió elegido por la Providencia para descubrir aquellas tierras, y, a partir de ahí, comenzó a elaborar su proyecto, sabiendo que la mayor dificultad que iba a tener era cómo articularlo teóricamente para defenderlo ante los mayores expertos del momento: portugueses y castellanos.

 
Por los años 1480-1482, Cristóbal Colón era un buen navegante, un hombre práctico y autodidacta, pero carecía de ciencias y saberes teóricos: "En la marinería me hizo abundoso; de astrología me dio lo que abastaba, y ansí de geometría y aritmética". Para elaborar su plan descubridor, Colón, que era más medieval que moderno, y se sentía instrumento de la Providencia, utilizó varias fuentes informativas: la Historia rerum ubique gestarum del papa Pío II; la Imago Mundi del cardenal francés Pierre d'Ailly; y la Correspondencia y Mapa que, en 1474, el sabio florentino Paolo del Pozzo Toscanelli había hecho llegar al rey de Portugal a través de su amigo, el canónigo lisboeta Fernando Martins.


De las dos primeras obras, que eran como enciclopedias del saber del momento y que estudió muy detenidamente, como demuestran las casi 1.800 apostillas o anotaciones al margen, extrajo referencias muy concretas sobre parajes bíblicos, situados en el fin del Oriente, como el Paraíso Terrenal, los Jardines del Edén, Tarsis y Ofir, el reino de Saba, los montes de Sophora, la isla de las Amazonas, que pronto situaría en distintas zonas de las Indias, porque para él allí estaba el extremo de Asia. De Toscanelli, que seguía a Marco Polo, recogió Colón todo lo relativo al gran kan, a la tierra firme asiática (Catay, Mangi y Ciamba) y sobre todo al Cipango, isla distante 1.500 millas del Continente y famosa por su riqueza. Sin embargo, hay un punto en el que Colón discrepaba del sabio florentino: las distancias entre ambos extremos del Océano. Toscanelli asignaba al mismo 120 grados de la esfera terrestre (casi el doble de la que en realidad tiene), y, aunque situaba algunas islas en el camino, la empresa resultaba muy arriesgada. Por esta razón, los portugueses, tras estudiar el plan, lo rechazaron y archivaron. Colón, sin embargo, sabía que, en el capítulo de las distancias, Toscanelli estaba equivocado: al empezar el viaje descubridor, anunció que las primeras tierras se encontrarían a 800 leguas de las islas Canarias.

Para defender su proyecto ante los expertos, tenía que entrar en mediciones sobre el grado y la esfera terrestres. Coincide con Alfragano: 1 grado = 56 millas y 2/3 (milla árabe de casi 2.000 metros); por tanto, la circunferencia del ecuador era igual a 20.400 millas. Esto daría 40.000 kilómetros para la circunferencia del ecuador (prácticamente la medida real). Sin embargo, Colón achica la esfera terrestre y da al ecuador una medida de unos 30.000 kilómetros, es decir una cuarta parte menos, porque está manejando la milla itálica, de unos 1500 metros. Hacia 1483 o 1484 defendió este proyecto ante los portugueses, que lo rechazaron. De mediciones, cálculos y Toscanelli, ellos sabían más que Colón. No les aportaba nada nuevo y además exigía mucho.

 
A finales de 1484 o principios de 1485 dejó Portugal lo más secretamente que pudo y entró en Castilla: "Siete años estuve yo en su real corte, que a cuantos se habló de esta empresa todos a una dijeron que era burla", recordaría después. Tras arribar con su hijo Diego a algún puerto del golfo de Cádiz, quizá Palos de la Frontera, visitó el monasterio franciscano de Santa María de La Rábida, en donde siempre halló Colón ayuda material, amigos y conversación.

El 20 de enero de 1486, los Reyes Católicos recibieron por primera vez a Colón en Alcalá de Henares (Madrid), y a continuación nombraron una junta de expertos para valorar el proyecto colombino. La voz de la ciencia, al igual que en Portugal, le fue contraria.

A pesar de que muchos no daban crédito a lo que prometía, nunca faltaron protectores a Colón. Algunos de los más constantes fueron frailes con influencia ante los Reyes, como el incondicional, buen astrólogo y entendido en navegación, fray Antonio de Marchena. Otro religioso influyente, maestro del príncipe don Juan, y siempre favorable a Colón fue fray Diego de Deza. Es posible que el futuro descubridor revelase a ambos sus conocimientos en secreto de confesión. Un tercer religioso, decisivo en 1491 y 1492, fue el fraile de La Rábida, Juan Pérez. En la última fase de la negociación, además de hombres de religión, el genovés contó con el apoyo de algunos cortesanos distinguidos, como fue el caso de Luis de Santángel, Juan Cabrero o Gabriel Sánchez.

Entre los años de 1487 y 1488, mientras esperaba en Córdoba la decisión de los Monarcas, conoció a Beatriz Enríquez de Arana, una joven de humilde procedencia, que el 15 de agosto de 1488 le dio un hijo: Hernando Colón. Para hacer frente a sus necesidades, trabajó con sus manos pintando mapas de marear o portulanos que vendía después a los navegantes, e hizo de mercader de libros de estampa. En 1488, invitado sorprendentemente por el rey portugués Juan II, parece que hizo un viaje rápido a Portugal. Poco después, se movía por Andalucía y visitaba a los duques de Medinasidonia y a los de Medinaceli, mientras llegaba a su fin la guerra de Granada, que tenía ocupados a los Reyes Católicos.

 
Después de muchas tentativas de que intercediera favorablemente de nuevo el monasterio de La Rábida y fray Juan Pérez, los Reyes Católicos, en un acto personal, no científico, decidieron respaldar el plan colombino. El 17 de abril de 1492 se firmaron las Capitulaciones de Santa Fe o documento-contrato, que estipulaba las condiciones en que Cristóbal Colón haría el viaje descubridor. El documento tiene dos partes, un preámbulo sorprendente que dice así: "Vuestras Altezas dan e otorgan a don Cristóbal Colón en alguna satisfacción de la que ha descubierto en las Mares Océanas y del viaje que agora, con el ayuda de Dios ha de fazer por ellas en servicio de Vuestras Altezas, son las que se siguen". Ese "ha descubierto" es, para los partidarios de la teoría del Predescubrimiento, la prueba documental decisiva, ya que Colón se atribuye, antes de 1492, descubrimientos en el océano que ahora transfiere a los Reyes Católicos, en virtud de lo cual estos le corresponden dándole una serie de privilegios, que forman la segunda parte del documento:

1º) El oficio de almirante de la Mar Océana, vitalicio y hereditario, en todo lo que descubra o gane, y según el modelo del almirante mayor de Castilla.

2º) Los oficios de virrey y gobernador en todo lo que él descubra o gane. No se habla de hereditariedad. Para cubrir los cargos en las Indias, puede proponer terna a los reyes para que estos escojan.

3º) La décima parte de todas las ganancias que se obtengan en su almirantazgo.

4º) Que todos los pleitos relacionados con las nuevas tierras los pueda resolver él o sus justicias. Este punto nunca se cumplió porque estaba condicionado a los precedentes castellanos.

5º) El derecho a participar con la octava parte de los gastos de cualquier armada, recibiendo a cambio la octava parte de los beneficios.

Con este documento capital y otras mercedes, se dirigió a la villa de Palos a preparar la flota descubridora.

 
Tres embarcaciones, Pinta, Niña y Santa María; un presupuesto de unos dos millones de maravedises; y alrededor de 90 hombres, reclutados con la ayuda inestimable de los hermanos Martín Alonso y Vicente Yáñez Pinzón, formaron la flota descubridora más trascendental de la historia. El 2 de agosto de 1492, Cristóbal Colón mandó embarcar a toda su gente, y al día siguiente, antes de salir el sol, dejaba el puerto de Palos.


La primera escala fueron las Canarias, donde tuvieron que arreglar el timón de la Pinta. El 6 de septiembre con el alisio ventando a favor, Colón marcó rumbo al oeste. Comenzaba la gran travesía. Su objetivo era el Cipango (la actual India), y advirtió a la tripulación que nadie se inquietase hasta haber navegado 700 leguas. A partir de esa distancia, no habría que navegar por la noche. Por si fallaba algo, sin embargo, decidió llevar dos cuentas sobre las distancias recorridas: una secreta o verdadera (sólo para él), y otra pública o falsa, en la que contaría de menos. El día 13 de septiembre, descubrió la declinación magnética de la tierra; y el 16 llegaron al mar de los Sargazos. A partir del 1 de octubre se da cuenta de que algo falla. El 6, ya han sobrepasado las 800 leguas y no hay indicios de tierra. Durante la noche del 6 al 7 de octubre, se produjo el primer motín entre los marineros de la Santa María. Los hermanos Pinzón apoyaron a Colón y lo sofocaron. Sin embargo, en la noche del 9 al 10 de octubre el malestar se extendió a todos, incluidos los propios Pinzón. Acordaron navegar tres días más y al cabo de ese tiempo si no encontraban tierra regresarían. No hizo falta: en la noche del 11 al 12 de octubre el marinero Rodrigo de Triana lanzó el grito esperado: "¡tierra!".


Al día siguiente desembarcaron en la isla de Guanahaní (que ellos bautizaron como San Salvador), actual isla de Watling, en el archipiélago de las Bahamas, y tomaron posesión de la nueva tierra en nombre de los Reyes Católicos. El 28 de octubre, arribaron a Cuba, y el 21 de noviembre se apartó de la flota Martín Alonso Pinzón. El 6 de diciembre llegaron a la isla de La Española; y el 24 encalló la Santa María, con cuyos restos y la ayuda del cacique de la zona, Guacanagarí, construyeron el fuerte de la Navidad. Tras dejar a 39 españoles ahí, siguieron la costa, encontraron a Martín Alonso Pinzón (6 de enero), y navegaron hasta la costa de Samaná. Desde esta zona, el 16 de enero de 1493, el almirante dio la orden de regresar a España. El viaje fue tranquilo hasta llegar a las Azores, donde sobrevino una fuerte tormenta (12-15 de febrero) que forzó a la Pinta a separarse del almirante y arribar a Bayona (Pontevedra). Otra tempestad, cerca de Lisboa (4 de marzo) obligó al descubridor a desembarcar en Portugal. El 15 de marzo, don Cristóbal, al mando de la Niña, entraba triunfal en Palos. Martín Alonso lo hacía con la carabela Pinta pocas horas después. Llegaba muy enfermo, y a los pocos días murió. Tras el éxito descubridor, don Cristóbal informó a los Reyes, que estaban en Barcelona, se dirigió a su encuentro y fue recibido por ellos con todos los honores. Para anunciar el acontecimiento a toda la Cristiandad, escribió la famosa Carta de Colón.

El 25 de septiembre de 1493, el almirante zarpó de Cádiz al mando de 17 navíos y unos 1.200 hombres, portando las primeras simientes y ganados. Al salir de las Canarias, Colón puso rumbo más al sur que en el primer viaje para llegar al paraje que denominó la entrada de las Indias, en las pequeñas Antillas. Después de descubrir la isla de Puerto Rico, llegó hasta el fuerte de la Navidad y comprobó que había sido destruido y los españoles muertos. Fundó la primera ciudad de América, la Isabela. Recorrió la costa sur de Cuba, llegó a Jamaica, y a finales de 1494 descubría América del Sur (Cumaná), aunque lo ocultó hasta el tercer viaje. Comenzaba el poblamiento de La Española, las diferencias entre españoles y los levantamientos de los indios. A partir de 1495 empezaba el desprestigio del Nuevo Mundo, siendo el grito más escuchado entre españoles: "Así Dios me lleve a Castilla". El 11 de junio de 1496 arribó a Cádiz con la intención de contrarrestar la mala propaganda de las Indias. Llegaba vestido con un sayal de fraile franciscano.

Costó mucho organizar la tercera flota colombina. Las Indias ya no atraían tanto y faltaban tripulantes. Incluso se dio poder a Colón para que embarcara a delincuentes. Ocho navíos y 226 tripulantes componían la flota, que dejó Sanlúcar de Barrameda entre febrero y el 30 de mayo de 1498. Desde Canarias, siguió a Cabo Verde y una latitud más al sur que las anteriores navegaciones, lo que le hizo sufrir una zona de calmas. Descubrió la isla de Trinidad; recorrió la costa de Paria, donde situó solemnemente el entorno del Paraíso Terrenal. Camino de La Española divisó la isla Margarita, donde se pescaban las perlas, para llegar el 20 de agosto a la nueva capital de las Indias, Santo Domingo.

La situación en que encontró a la colonia era grave: la mayoría de los españoles, encabezados por Francisco Roldán, se había rebelado contra la autoridad de los Colón. La llegada del virrey no resolvió el problema. Las quejas contra la familia Colón, agravadas con algún que otro proceder dudoso del Almirante, como ocultar el criadero de perlas de Margarita y Cubagua, llegaron a la corte y los reyes decidieron destituirlo. El 23 de agosto de 1500, Francisco de Bobadilla entraba en el puerto de Santo Domingo para sustituir al virrey y gobernador. Hubo cierta resistencia por parte de los Colón, lo que explica algo la dureza de Bobadilla. A primeros de octubre de 1500, Cristóbal, Bartolomé y Diego Colón regresaban a España cargados de cadenas.


Los monarcas sintieron el mal trato dado a su almirante, algo lo desagraviaron, pero no lo repusieron en sus oficios perdidos. Prometieron que lo harían, mientras le encargaban el cuarto viaje. Con cuatro navíos y 150 hombres partió de Cádiz el 11 de mayo de 1502. El objetivo era encontrar un paso que permitiera llegar a la Especiería ya que Colón seguía creyendo que la zona antillana era la antesala de Asia. Para atravesar el Océano, siguió una ruta parecida al segundo viaje. Llevaba orden de no detenerse en Santo Domingo. Atravesó el Caribe hasta el cabo de Honduras; siguió hasta el de Gracias a Dios y recorrió la costa de Panamá. No encontró lo que buscaba: ni paso, ni oro, ni especias, pero en cambio sí tuvo muchas penalidades y sufrió la pérdida de dos barcos. El 1 de mayo de 1503 ponía rumbo a La Española, pero se vio obligado a recalar en Jamaica, en la bahía de Santa Ana, donde tuvo que encallar los dos barcos y esperar. La hazaña de Diego Méndez y Bartolomé Fiesco logrando llegar en dos canoas desde Jamaica a La Española logró salvarlos. El 28 de junio de 1504, dejaban Jamaica y el 12 de septiembre, en dos navíos, se dirigían a España. Después de arribar a Sanlúcar de Barrameda el 7 de noviembre de 1504, fracasado y enfermo, siguió hasta la corte y reclamó infructuosamente sus derechos. Murió el 20 de mayo de 1506 en Valladolid.

FERNANDO DE MAGALLANES (c. 1480-1521), navegante de origen portugués, con grandes conocimientos de náutica y cartografía, inició la expedición que dio la primera vuelta al mundo y descubrió el estrecho austral que lleva su nombre. Nació en las cercanías de Oporto hacia 1480, en el seno de una familia solariega. Educado en la corte portuguesa, donde aprendió geografía y náutica, en 1505 se embarcó en la expedición de Francisco de Almeida a la India y allí obtuvo informes acerca de las islas Molucas (conocidas como islas de las Especias o Especiería). De nuevo en Portugal, participó en la campaña del norte de África (1513), donde resultó herido.

Caído en desgracia en la corte de Manuel I el Afortunado de Portugal, Magallanes llegó a Sevilla en 1517 con el cosmógrafo Rui Faleiro. Convencido de que las Molucas estaban situadas dentro de la demarcación española que había fijado el Tratado de Tordesillas (1494), ofreció al rey de España Carlos I (V del Sacro Imperio) los proyectos para explorar oriente que el rey portugués había rechazado. Su propuesta era llegar a las islas de las Especias por una ruta occidental de jurisdicción española, a través de un paso o estrecho por el sur de Sudamérica, evitando así entrar en los dominios portugueses. Aprobado el proyecto, se firmó una capitulación el 22 de marzo de 1518 en Valladolid, por la que se nombró a Magallanes capitán general de la Armada y gobernador de todas las tierras que encontrara.

El 10 de agosto de 1519 Magallanes partió de Sevilla hacia la Especiería con cinco naves: la Trinidad, nave capitana; la Concepción, con Juan Sebastián Elcano como contramaestre; la San Antonio, la Santiago y la Victoria, que fue la única que regresó a España, y unos 250 hombres, entre los que figuraba Antonio de Pigafetta, cronista del viaje. Durante más de un mes permanecieron en el puerto de Sanlúcar de Barrameda, y por fin el 20 de septiembre de 1519 Magallanes puso rumbo a Sudamérica. Tras aprovisionarse en el archipiélago de las islas Canarias, y luego de entrar en la bahía de Río de Janeiro y explorar el estuario del Plata, el 31 de marzo de 1520 llegaron a la bahía de San Julián, donde invernaron cerca de cinco meses. Allí Magallanes hubo de sofocar un motín y perder dos naves: la Santiago en labores de exploración y la San Antonio que desertó.

Iniciada la navegación, el 21 de octubre entraron en el deseado estrecho, al que Magallanes llamó de Todos los Santos, y salieron al océano Pacífico el 28 de noviembre. Ascendieron por la costa chilena hasta colocarse sobre los 32º de latitud S, desde donde viraron hacia el Oeste y penetraron en el océano Pacífico. Durante tres meses navegaron sin provisiones frescas ni agua y con la tripulación padeciendo escorbuto, hasta que el 24 de enero de 1521 llegaron a las islas Marianas, que llamaron de los Ladrones, donde se aprovisionaron. Luego alcanzaron las islas Visayas (16 de marzo) que llamaron de San Lázaro, situadas en el centro del archipiélago de las más tarde conocidas como islas Filipinas. En la isla de Cebú, Magallanes estableció la primera alianza española, pero al morir durante un combate con los indígenas liderados por el cacique Lapu-Lapu en la isla de Mactán, el 27 de abril, no pudo completar la hazaña de dar la primera vuelta al mundo. La expedición se dirigió a las Molucas y tras quedarse con una sola nave, la Victoria, al mando de Elcano, llegó a España el 6 de septiembre de 1522, con 18 supervivientes y cargada de especias.

JUAN SEBASTIÁN DE ELCANO (1476-1526), navegante y descubridor español que consiguió dar la primera vuelta al mundo y demostrar así la esfericidad de la Tierra. Elcano nació en Guetaria (Guipúzcoa). Enrolado desde su juventud en barcos pesqueros y comerciales, tenía una gran experiencia marinera. En 1509 tomó parte en la expedición militar dirigida por el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros contra Argel. A su regreso se estableció en Sevilla, donde tuvo conocimiento del proyecto del portugués Fernando de Magallanes para descubrir una ruta por occidente, a través de un paso o estrecho por el sur de América, que llevara a las islas de las especias sin atravesar por dominios portugueses.

Elcano se alistó en 1519 como contramaestre de la nave Concepción con la expedición de Magallanes. Con toda la Armada, cruzó el océano Atlántico y se dirigió a Sudamérica. Invernó en la bahía de San Julián, en la Patagonia, donde hubo un intento de sublevación cuya causa apoyó Elcano. El 21 de octubre de 1520 se adentraron en el deseado estrecho al que Magallanes bautizó de Todos los Santos. El 28 de noviembre salieron al mar del Sur, al que denominaron con el nombre de mar Pacífico o mar de las Damas por los suaves vientos alisios que soplaban. Por él navegaron durante tres meses en condiciones calamitosas al carecer la tripulación de agua y provisiones frescas y, en consecuencia, padecieron de escorbuto. El 24 de enero de 1521 llegaron a las islas Marianas o de los Ladrones. Muerto Magallanes en las Filipinas, Elcano, al mando de la expedición, se dirigió a las Molucas, a donde llegó a finales de 1521. Allí, en la isla de Tidore, cargó un importante cargamento de especias, con lo que se cumplió el objetivo del viaje. La proximidad de los portugueses, dueños comerciales de la zona, le hizo poner rumbo al oeste. Arribó a la isla de Timor (1522) donde supo de la existencia de otras tierras e islas, las actuales China, Java e Indonesia. Ya sólo con la nave Victoria cruzó el océano Índico, dobló el cabo de Buena Esperanza (mayo de 1522) en el sur de África y, poniendo rumbo al norte, llegaron a las islas de Cabo Verde, que pertenecían a la Corona portuguesa. Aquí supieron que llevaban un día de retraso como consecuencia de haber navegado de Este a Oeste, dando la vuelta a la Tierra. Por fin, después de tres años y catorce días de navegación, el 6 de septiembre de 1522 la expedición al mando de Elcano, tras recorrer 14.000 leguas, entraba en el Puerto de Santa María con sólo 18 hombres y la nave Victoria, la única que quedaba, cargada de especias. El emperador Carlos V (Carlos I de España) recibió a los supervivientes en Valladolid y concedió a Elcano una renta anual de 500 ducados en oro y un escudo de armas, cuya cimera era un globo terráqueo con la leyenda Primus circumdedisti me (El primero que me rodeaste). En un segundo viaje a las Molucas, Elcano murió el 4 de agosto de 1526 durante la travesía del Pacífico.

MANUEL DESCHAMPS MARTINEZ: El capitán de la Marina Mercante Manuel Deschamps Martínez nació en La Coruña en 1853 y murió en Canet de Mar (Barcelona) en 1923, tras una dilatada hoja de servicios a bordo de los más famosos buques de la época. Poco antes de la declaración de guerra entre Estados Unidos y España, Manuel Deschamps, al mando del vapor Montserrat, de la Compañía Trasatlántica, salió de Cádiz el 10 de abril de 1898 (dos días más tarde de la salida de Cervera con los cruceros Infanta María Teresa y Cristóbal Colón, con material de guerra, carga general, pasaje y correspondencia con destino inicial a las islas Canarias, para proseguir viaje a Cuba. Llevaba también a bordo 500 soldados y numeroso jefes y oficiales. A pocos se le ocultaba lo arriesgado de aquel viaje, iniciado en vísperas de la guerra y cuando era esperado de un momento a otro la ruptura de hostilidades, por lo que a la llegada a Canarias no pudo conocer nada concreto sobre la actitud de Estados Unidos y se hizo a la mar rumbo a la Martinica. Su misión, por tanto era muy delicada y sus responsabilidades inmensas. La captura del Montserrat por la escuadra norteamericana no hubiese constituido un vulgar apresamiento o un acto de piratería, sino que hubiese significado una pérdida muy importante en los prolegómenos de una guerra que respondía esencialmente a la suma y sigue de los desaciertos políticos.

El 22 de abril llegó el Montserrat a la Martinica y allí fue informado Deschamps de la declaración de guerra, por lo que aquella misma tarde salió para Cienfuegos, navegando con tal pericia que burló la línea de bloqueo impuesta por los americanos. Fondeó en Cienfuegos el 26 de abril y a los pocos momentos abrieron fuego sobre la plaza dos cañoneras yanquis, con el fin de impedir el desembarque del material del Montserrat. Deschamps había salvado todos los obstáculos, recorriendo la costa occidental de la isla de Cuba, pasando por frente de Mariel y Bahía Honda y continuando por el norte de la provincia de Pinar del Río, hasta dar la vuelta al cabo de San Antonio, y siguiendo inverso camino por la parte sur de la gran Antilla, dio el ancla en la bahía de Jagua, en la ciudad de Cienfuegos. Llamado a La Habana por el capitán general Ramón Blanco, Deschamps recibió órdenes de regresar a la Península, conduciendo pliegos de importancia para el gobierno, y de nuevo consiguió con habilidad burlar el bloqueo norteamericano. A última hora de la tarde del 6 de mayo salió el buque rumbo sur. Pasó entre los Caimanes y bancos del sur de Jamaica, desde donde se dirigió para pasar entre Guadalupe y Montserrat, poniendo rumbo a La Coruña, donde arribó el 20 de mayo. Por estas meritorias acciones el capitán Deschamps fue condecorado con la Cruz Roja del Mérito Naval, siéndole regalada la condecoración por la Reina Regente, Doña María Cristina, e imponiéndosela con toda solemnidad, en el ministerio de Marina, el jefe del Estado Mayor de la Armada, vicealmirante Butler. Toda la prensa española se hizo también eco de la recompensa marinera. (José Cervera Pery). El Capitán Deschamps es el único Marino Mercante enterrado en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando (Cádiz)

MIGUEL LOPEZ DE LEGAZPI ( 1500-1572), navegante vasco natural de Zumárraga es sin duda uno nde los mas grandes navegantes y conquistadores españoles de todos los tiempos a pesar de ser uno de los menos conocidos y celebrados en alguna época pasada, aunque afortunadamente en nuestros días parece que su persona y su obra son ya reconocidos con todos sus merecimientos. A el se debió la conquista del Pacífico, asi como la incorporación de la Islas Filipinas a la Corona de España.

Después del descubrimiento de las Filipinas por Magallanes y de un frustrado intento de colonizarlas a cargo de López de Villalobos, Felipe II decidió su conquista. Para ello se puso en contacto con fray Andrés de Urdaneta, que había participado con Elcano en la vuelta al mundo. Urdaneta puso como condición que al mando estuviera, como Capitán General, el Alcalde de la Ciudad de México, López de Legazpi.

La expedición, integrada por dos naos y tres petaches que embarcaron a 200 soldados, 150 marineros y 4 frailes, partió del Puerto de Navidad (Jalisco) el 21 de noviembre de 1564. Durante el viaje, en el que desertó uno de los petaches al mando de Alonso de Arellano, recalaron en las Islas de los Barbudos (Marshall ) y de los Ladrones (Marianas ). Permanecieron en cada una de los archipiélagos varios días y, en ese tiempo, los indígenas intentaron vender sus mercancías con toda clase de argucias y trampas: En los cestos de arroz sólo la primera capa era de grano, el resto era arena. Otro día desapareció parte del timón de uno de los buques. Legazpi ordenó a sus hombres pagar aunque hubiera engaño con el fin de evitar problemas.

La expedición de Legazpi avistó las Islas Filipinas el 15 de febrero de 1565. Era la isla de Ibabao. Después de explorar las Islas de Leyte y Samar, se dirigieron a Cebú, donde pereció Magallanes. El 27 de abril, después de disparar los cañones de los buques para prevenir incidentes, desembarcaron en la isla fundando la ciudad de San Miguel. A la nueva ciudad comenzaron a acudir nativos atraídos por la presencia de españoles, y varios jefes locales reconocieron a Felipe II como su soberano. Al igual que hiciera en las Marinas y las Marshall, Legazpi ordenó a sus tropas que respetaran a los indígenas y sus propiedades. Después de esto, y tras recibir refuerzos, se lanzó a la conquista de Luzón. En la bahía de Manila, sobre la ciudad prehispánica, fundó la capital del archipiélago español. Con mano firme pero amable, prefiriendo la negociación y la concordia frente a la fuerza, gobernó las Filipinas hasta su muerte.

Como colofón hay que decir que Fray Andrés de Urdaneta, después de la fundación de San Miguel, recibió orden de regresar a Méjico atravesando el Pacífico. Antes se había intentado 5 veces, todas infructuosas. Por fin Urdaneta arribó a Méjico tras 130 días de navegación estableciendo la que, hasta 1821, sería la ruta comercial entre Filipinas y el Virreinato de Nueva España.

 

MARTÍN ALONSO YÁÑEZ PINZÓN ( c. 1440-1493), navegante y descubridor español, uno de los principales protagonistas del primer viaje a América llevado a cabo por Cristóbal Colón. Nació en la localidad andaluza de Palos de la Frontera (Huelva) hacia 1440. Era el hijo mayor de una rica familia de larga tradición marinera, y propietario de un barco con el que hacía frecuentes viajes comerciales por los mares entonces navegables del Mediterráneo y del Atlántico. Junto con su hermano y socio Vicente Yáñez Pinzón, ejerció alguna vez de corsario, cosa por otro lado nada extraña.

En los años que precedieron al descubrimiento de América, no había en toda la comarca de la ría formada por la desembocadura común de los ríos Tinto y Odiel (Huelva) un armador y navegante más famoso que Martín Alonso Yáñez Pinzón, por lo que conseguir su apoyo y participación era imprescindible para el éxito de la empresa colombina. El encargado de convencerle para que acompañase a Colón fue el guardián del monasterio de La Rábida (enclavado en dicha comarca onubense), lo que hizo durante el verano de 1492. Cuando se propagó por toda la zona que Martín Alonso iba a participar en el viaje como capitán de la carabela Pinta y su hermano Vicente como capitán de la Niña, muchos amigos y familiares se enrolaron inmediatamente y pudieron completarse las tripulaciones. Dado que Colón era prácticamente desconocido, la sabiduría náutica y la experiencia marinera de los Pinzón eran el mejor aval.

Puesto en marcha el viaje descubridor, Martín Alonso asumió el mando de la Pinta y llevó consigo a su otro hermano Francisco como maestre. Su hermano Vicente iba como capitán de la carabela Niña. Durante la travesía, demostró sus habilidades de marinero, cuando resolvió el problema de la rotura del timón y pudo seguir navegando; así como sus dotes de mando, al imponer su autoridad a los amotinados vizcaínos y cántabros de la nao Santa María, entre el 6 y el 7 de octubre. Durante este percance, Martín Alonso amenazó con aplastar a cualquiera que se atreviera a amotinarse. En el siguiente motín, ya más serio, del 9 y 10 de octubre, cuando habían fallado ya todos los cálculos de distancias que había expuesto Colón, los que dudaron fueron los Pinzón. Éstos aplacaron los ánimos de la tripulación poniendo una condición a Colón: navegarían con el mismo rumbo tan sólo tres días más; si durante ese tiempo no encontraban tierra, volverían a España.

Tras el descubrimiento de las islas Lucayas (Bahamas), divisaron Cuba. Mientras recorrían la costa oriental de Cuba, Martín Alonso, al frente de la Pinta, abandonó al almirante el 21 de noviembre de 1492 y continuó navegando por su cuenta. Colón nunca se lo perdonó. El 6 de enero de 1493, se volvieron a encontrar en la costa norte de La Española. Las circunstancias y motivaciones de la deserción de Martín Alonso no están claras: quizá intentara descubrir por su cuenta el oro que tanto buscaban. Pero sea cual fuese la causa de la separación, aquí comenzaron sus desavenencias con Colón, que llegó a acusarle de traición. De nuevo juntos, emprendieron viaje de regreso a España en la Pinta y la Niña, pero una tormenta, no muy lejos de las Azores, las volvió a separar, y la Pinta llegó primera a Bayona, en las costas de Galicia, antes de que Colón arribara a Lisboa. Desde Bayona envió un informe a los Reyes Católicos de lo acontecido en el descubrimiento y se dirigió, ya gravemente enfermo, a Palos, donde entró, el 15 de marzo de 1493, pocas horas después de que lo hubiera hecho Colón.

Falleció alrededor del 31 de marzo de 1493, en el monasterio de La Rábida, donde fue llevado por sus familiares y, según un testigo, también enterrado. Esto sucedió pocos días después de su llegada a España, tras el viaje en el que tuvo lugar el descubrimiento del Nuevo Mundo, empresa en la que le cabe figurar en un lugar destacado.

VICENTE YÁÑEZ PINZÓN (c. 1461-1514), navegante y descubridor español, considerado uno de los marinos más experimentados de su tiempo, acompañó a Cristóbal Colón, junto con sus hermanos Martín Alonso y Francisco, en el primer viaje del descubrimiento de América, al mando de la carabela Niña.


Nació en la localidad andaluza de Palos de la Frontera (Huelva) hacia 1461. Criado en el seno de una rica familia de larga tradición marinera, tenía entre los marinos de aquella época una gran experiencia en las artes de navegación, que había adquirido desde su juventud acompañando sobre todo a su hermano Martín Alonso en viajes comerciales realizados por la costa atlántica y mediterránea. Entre 1477 y 1479, se le conocen acciones de piratería por las costas catalanas y de Ibiza.


Se unió a los proyectos de Colón de la mano de su hermano Martín Alonso, el más importante armador y navegante de la comarca situada en la ría formada por la desembocadura común de los ríos Tinto y Odiel, cuya personalidad hizo que Vicente Yáñez permaneciera en un segundo plano durante los preparativos y el desarrollo del primer viaje del descubrimiento (1492), en el que tomó parte como capitán de la Niña y actuó siempre con lealtad a Colón.

 
Atraído por las expectativas de riqueza que abría el descubrimiento de las nuevas tierras americanas, tras el regreso a España y fallecido su hermano Martín, Vicente Yáñez Pinzón firmó el 6 de junio de 1499 una capitulación con Juan Rodríguez de Fonseca -quien actuaba en nombre de los Reyes Católicos- que le autorizaba para efectuar nuevos descubrimientos en las Indias. La importancia de esta capitulación radica en que es la única que se conoce correspondiente a los viajes que se inauguran a partir de 1499. Quedó estipulado el pago a los Reyes de la quinta parte, una vez deducidos los gastos de armazón y viaje. El resto de las ganancias quedarían para los participantes. Vicente Yáñez Pinzón sería su capitán principal.

Para ello, la familia Pinzón equipó a sus expensas cuatro carabelas pequeñas y unos 70 o 75 tripulantes que se hicieron a la mar desde el puerto de Palos de la Frontera, en diciembre de 1499. Llegados a las islas de Cabo Verde, fueron arrastrados por una tormenta que les hizo alcanzar la costa del Brasil en enero de 1500, tres meses antes que llegase el descubridor oficial Pedro Álvares Cabral, tocando tierra en el cabo de San Agustín, al que llamaron de Santa María de la Consolación. Navegó 600 leguas a lo largo de la costa en dirección noroeste, y descubrió la desembocadura del río Marañón (en el Amazonas) y del Orinoco, al cual denominó río Dulce. Prosiguió hacia el mar de las Antillas por la costa de las Guayanas y, desde Paria, se dirigió a la isla de La Española. Desde ésta siguió su viaje de exploración hacia las Lucayas (Bahamas) y, después de la pérdida de dos barcos y algunos hombres, emprendió viaje de regreso a España, donde llegó en septiembre de 1500. Desde el punto de vista económico, este viaje representó un fracaso, que dejó a los Pinzón en la pobreza y a Vicente Yáñez al borde de una quiebra total, pero tuvo una gran importancia desde el punto de vista geográfico, ya que fue el primero en cruzar la línea del ecuador y en descubrir el Brasil y el Amazonas.

El 8 de octubre de 1501, Vicente Yáñez Pinzón recibió un gran honor y merced: fue armado caballero por el propio monarca Fernando II el Católico, en la torre de Comares de la Alhambra de Granada, por lo mucho y bien que había servido en el descubrimiento de las Indias.

En 1505, Vicente Yáñez participó en la Junta de Toro, que decidió la búsqueda del paso hacia la Especiería (las islas de las Especias o Molucas). Al mismo tiempo fue nombrado, por concesión real, capitán general y corregidor de la ciudad de Puerto Rico, con la misión de colonizar la isla de Borinquén (nombre dado por los indígenas a la actual isla de Puerto Rico, denominada originalmente San Juan Bautista, pero que, más tarde, invirtió, acortándolo en San Juan, su topónimo con el de la ciudad), en un asentamiento que se había previsto realizar en un año y que Pinzón no cumplió. En 1508, el rey Fernando II el Católico convocó la Junta de Burgos para encontrar una solución a la ruta de la Especiería, y a ella citó a Vicente Yáñez, junto con Juan Díaz de Solís y Américo Vespucio. En dicha reunión se tomó el acuerdo de enviar una expedición que buscase un canal o paso interoceánico a la altura de la costa de Honduras, para cruzarlo y llegar a las islas de la Especiería, lo que venía a representar la continuidad del primer viaje de Colón. Vicente Yáñez, junto con Díaz de Solís, firmó la capitulación de este viaje de exploración. En ese año, partieron hacia las Antillas, y desde allí hasta recalar en la costa de Honduras, que recorrieron en dirección norte prolongando los descubrimientos de Colón. Exploraron la costa oriental del Yucatán, siendo sus primeros descubridores, pero a la altura de Tampico, ante el fracaso de la expedición, dieron por concluida la exploración y regresaron a España. En agosto de 1509, llegaron a la península Ibérica, cinco años antes del fallecimiento de Vicente Yáñez Pinzón en Sevilla.

ALEJANDRO MALASPINA: Fué lo que podríamos denominar el último vestigio de la Ilustración española (1754-1810), marino de origen italiano que, al servicio de la Corona española, dirigió una expedición científica por América, Asia y Oceanía entre 1789 y 1795. Nacido en Mulazzo (Italia) el 5 de noviembre de 1754, hijo de Carlo Morello Malaspina, marqués de Mulazzo y de Caterina Meli Lupi. Estudió en el Colegio Clementino de Roma y en 1774 se graduó en la Escuela de Guardiamarinas de Cádiz (España). Entre 1775 y 1782 participó en diferentes acciones bélicas en el norte de Africa y en el sitio de Gibraltar, por las que ascendió al grado de capitán de fragata. En 1783 viajó a Filipinas al mando de la fragata Asunción y en 1786 intentó su primera circunnavegación al mando de la fragata Astrea.

 

El 10 de septiembre de 1788 presentó a Carlos III su plan de un viaje científico y político alrededor del mundo, aprobado en octubre. La expedición zarpó del puerto de Cádiz - tan lleno de historia - el 30 de julio de 1789, cuando Malaspina tenía 35 años, y finalizó el 21 de septiembre de 1794, tras viajar haciael oeste hasta las Filipinas. La expedición estuvo formada por dos corbetas, con los nombres de Descubierta y Atrevida y en ella figuraron científicos y artistas, que se hicieron cargo de las diferentes investigaciones que se realizaron a lo largo del recorrido. Fue una de las expediciones científicas a la altura de las mas grandes de la historia aunque por razones políticas no tuviera tanta transcendencia.

El encargado de la Historia Natural fue el primer teniente Antonio Pineda, al que se unieron el botánico de origen francés Luis Née y el checo Tadeo Hanke, que se incorporó en Valparaíso y no regresó con la expedición. El alférez Felipe Bauzá fue el director de los trabajos cartográficos y del dibujo y los oficiales Dionisio Alcalá Galiano y Juan Gutiérrez de la Concha se hicieron cargo de los estudios astronómicos. Los responsables de las imágenes fueron los pintores españoles José del Pozo, Tomás de Suría y José Guió, pintor y taxidermista, y los italianos Fernando Brambila y Juan Ravenet. A ellos se unió, como dibujante, el marinero José Cardero.

A su regreso Malaspina fue nombrado brigadier e inició los trabajos de elaboración de la relación definitiva del viaje. El 22 de noviembre de 1795 fue acusado por el primer ministro español Manuel Godoy (¡vaya personaje!) de revolucionario y conspirador y en abril de 1796 fue condenado a prisión por diez años y un día, permaneciendo prisionero en el Castillo de San Antón en La Coruña hasta que posteriormente fue desterrado a Italia en 1803, falleciendo el 9 de abril de 1810 en Pontremoli. ¡Vaya país!... este de aquí no el otro de allí.

JUAN DE LA COSA (c. 1449-1510), marino, conquistador y cartógrafo español. Nacido en Santoña (Cantabria), debió adquirir su experiencia como navegante en el mar Cantábrico y realizó varias travesías recorriendo la costa occidental de África.

 Desde 1492 participó en siete viajes y expediciones al Nuevo Mundo. Cuando Cristóbal Colón preparaba su primer viaje conoció a De la Cosa y le ofreció que participara con su nave La Gallega, que fue rebautizada como Santa María y utilizada como nao capitana. Descubiertas las nuevas tierras, la Santa María se hundió y Colón le acusó de impericia; sin embargo, la Corona le indemnizó por la pérdida. En su segundo viaje (1493-1496) Colón volvió a contar con De la Cosa, esta vez con el cargo de piloto mayor y la misión de trazar el mapa de las tierras que visitaran. En este viaje, que partió de la bahía de Cádiz, De la Cosa navegaba a bordo de la carabela Santa Clara. Se descubrieron las islas Dominica, San Juan de Puerto Rico, Montserrat, Guadalupe y otras. De regreso a España estuvo recorriendo las costas del Cantábrico, para fijar poco después su residencia definitiva en el Puerto de Santa María. El tercer viaje (1499-1500) lo hizo en calidad de primer piloto de la expedición de Alonso de Ojeda, en la que participaba también Américo Vespucio. Desembarcaron en la isla Margarita y recorrieron el litoral de Venezuela desde Paria hasta el cabo de la Vela. De regreso a España realizó el primer mapamundi en el que aparecían las tierras descubiertas. En el cuarto viaje (1501-1502) partió como primer piloto de la flota mandada por Rodrigo de Bastidas. Recorrieron las costas de Tierra Firme, llegaron al golfo de Urabá, al puerto de Retrete y a Nombre de Dios, en el istmo de Panamá.


De regreso a España, en 1502, por haber sido arrestado Bastidas, la reina Isabel premió sus servicios nombrándole alguacil mayor de Urabá, por Real Cédula de 2 de abril de 1503. En ese mismo año permaneció un breve tiempo encarcelado en Portugal, ante cuya corte presentó la reclamación española por la actuación de los barcos portugueses fuera de su demarcación. El quinto viaje (1504-1506) lo hizo al mando de una expedición de cuatro buques para vigilar las costas de tierra firme hasta el golfo de Urabá. Cumplió perfectamente su misión, evitando las incursiones portuguesas y estudiando con detalle aquellas costas. De regreso a España, en 1507, se le encargó la vigilancia de las costas españolas desde el cabo de San Vicente hasta Cádiz, para apresar cualquier navío portugués que volviera de América. Dicha misión no dio resultado


El sexto viaje (1507-1508) lo realizó con Bastidas. Viajaron a América para obtener beneficios, consiguiendo 300.000 maravedíes. A su vuelta, la reina Juana I la Loca le confirmó en su empleo de alguacil mayor de Urabá, a título hereditario.


En 1509 emprendió el séptimo y último viaje, en el que encontró la muerte. Partió al mando de un navío y dos bergantines rumbo a Santo Domingo, al encuentro de Alonso de Ojeda, que había sido nombrado gobernador de la Nueva Andalucía. Tuvo que mediar como árbitro entre Ojeda y Diego de Nicuesa, que se disputaban los límites de sus gobiernos en tierra firme, aceptándose su propuesta de fijar como límites ambas orillas del río Grande del Darién.

Inició una expedición de conquista con Ojeda, a quien propuso la fundación de una colonia en la costa del golfo de Urabá sin hostigar a una tribu asentada en el emplazamiento de la actual Cartagena de Indias. Ojeda, desoyendo el consejo, optó por atacar a los indios y se internó hasta una ranchería en la que se habían hecho fuertes y se defendieron con gran ferocidad, llegando a rodear a Ojeda, quien salvó su vida por la valiente intervención de De la Cosa, que cayó abatido por las flechas envenenadas de los indios. Poco después, Ojeda y Nicuesa vengaron su muerte con una feroz carga sobre la tribu, en la que centenares de indígenas fueron degollados. Su viuda recibió la generosa suma de 45.000 maravedíes, en reconocimiento a los servicios prestados por el esforzado marino. Se desconoce cuál fue la suerte de su hijo, que hubiera heredado el título de alguacil mayor de Urabá


El nombre de Juan de la Cosa ha pasado a la posteridad sobre todo, por su Carta de Marear o Mapamundi realizado en el Puerto de Santa María en 1500, según figura en una inscripción de esta joya de la cartografía que se conserva en el Museo Naval de Madrid después de numerosos avatares, ya que, en principio, fue archivado en la Casa de Contratación de Sevilla de donde fue robada y posteriormente vendida al barón Walcknaer en 1832. A la muerte de éste fue subastado y adquirido por el gobierno español por 4.200 pesetas. El mapamundi está trazado en una hoja grande de pergamino de forma ovalada. Su gran mérito es el representar las Indias Occidentales en el momento en que fueron reconocidas. Es admirable la semejanza con la realidad del trazado de las Antillas y de tierra firme, desde el Amazonas hasta Panamá. Supone el reconocimiento de la independencia del Nuevo Mundo respecto de Asia, y representa el enlace entre la vieja tradición medieval de elaboración de portulanos y el nacimiento de la nueva cartografía. Se sabe que Juan de la Cosa elaboró otros mapas importantes, entre ellos los de la costa Cantábrica, pero no han llegado hasta nosotros.


ALONSO VALIENTE Valiente (Medina de las Torres 1482? - Nueva España 1564?) fue un conquistador español. Era primo y secretario de Hernán Cortés. Fue uno de los primeros alguaciles mayores de la Ciudad de México. También fue el primer encomendero de Tecamachalco. Además fue alcalde y fundador de la ciudad Puebla de los Ángeles.


Alonso Valiente viajó por primera vez al Nuevo Mundo con la última expedición de Cristóbal Colón al continente. Llegó a Santo Domingo en 1508 con Don Diego Colón. Valiente fue uno de los conquistadores de Higüey en República Dominicana y de Borinquen (que Cristóbal Colón bautizó San Juan Bautista) en lo que hoy conocemos como Puerto Rico. Allí permaneció desde 1509 hasta 1521. Él, su hogar, y sesenta españoles que él designó, llegaron a la Ciudad de México, tan sólo cuatro meses después de la toma española de la ciudad. Valiente participó en la conquista de Michoacán y Pánuco. En 1524 fue también parte de la expedición de Cortés a Hibueras (Honduras). Esto es evidente en el nombramiento de Bernal Díaz del Castillo como capitán, documento firmado por Alonso Valiente. Allí, Valiente contribuyó a la conquista de las tres islas de Guanaja, en la costa norte de Honduras. Los habitantes de estas islas contaron que la tripulación de un buque procedente de lo que hoy se conoce como Cuba, había capturado y esclavizado a más de sesenta personas. Probablemente siendo fiel a las Leyes de Burgos, Cortés ordenó entonces a Valiente y otros armar una expedición para ir rescatar a estas personas. Cortés le dio un bergantín y la mejor artillería que tenía disponible. La expedición de Valiente no logró capturar a los esclavistas. Sin embargo, se supo que el buque esclavista fue enviado originalmente desde Santo Domingo con otros propósitos, pero el capitán cambió de planes durante el recorrido, al darse cuenta que podía capturar esclavos y obtener una ganancia económica. Alonso Valiente es también uno de los descubridores del Canal viejo de Bahama. Valiente también participó en la conquista de Chametla en la Nueva Galicia, ahora parte de México.

Valiente ocupó una serie de puestos oficiales, además de actuar como secretario de su pariente Hernán Cortés. Su servicio se cuenta en su escudo de armas con citación de 26 de noviembre de 1547. En la década de 1520 Valiente era considerado un vecino de Medellín (España), Veracruz y Ciudad de México al mismo tiempo. En 1547 él era un ciudadano de Ciudad de México y Puebla, ciudad que él contribuyó a fundar. También se sabe que Alonso Valiente compró un esclavo, quien fue adquirido inicialmente por los portugueses en el noroeste de África, probablemente en el Magreb. Alonso Valiente bautizó al esclavo, poniéndole el nombre cristiano de Juan Valiente. Alonso también llevó a Juan a España y, finalmente, le permitió viajar a América del Sur junto con Pedro de Alvarado, de modo que Juan también pudiera probar su suerte como un conquistador. Luego, Juan Valiente se unió a Pedro de Almagro y posteriormente, a Pedro de Valdivia. Juan Valiente se conoce popularmente como uno de los pocos afro-conquistadores en el Nuevo Mundo. Juan Valiente contribuyó al establecimiento de Santiago de Chile. Vivió como un hombre libre en Chile. Juan Valiente nunca cumplió con su contrato de pagar a su dueño por su libertad, aunque intentó hacerlo. Alonso Valiente insistió en recuperar su dinero, pero Juan Vailente no pudo pagar por su libertad debido a complicaciones en el envío de los pagos a Nueva España. Finalmente, Juan Valiente murió en Tucapel, Chile en 1553.

Alonso Valiente también se conoce como el primer propietario de "La casa del conde" en Tecamachalco, una de sus encomiendas. Después de la muerte de Alonso Valiente, la casa quedó en manos de la segunda esposa de Alonso Valiente, Melchora de Aberrucia, quien volvió a casarse, con Rodrigo de Vivero y Velasco, un pariente del segundo virrey de Nueva España, Luis de Velasco. El hijo de Melchora Aberrucia y Rodrigo de Vivero y Velasco, Rodrigo de Vivero y Aberrucia se convirtió posteriormente en el primer Conde del Valle de Orizaba. Desde entones, la casa se ha conocido popularmente como "La casa del conde". Capitán Valiente fue una serie española de cuadernillos de aventuras publicada en 1957. La serie fue ilustrada por Manuel Gago García con un guion de Pedro Quesada y estaba libremente basada en el personaje de Alonso Valiente.


ALONSO DE OJEDA (c. 1466-c. 1515), navegante, descubridor y conquistador español. Nacido en Cuenca entre 1466 y 1470, estuvo al servicio del duque de Medinaceli y fue protegido del obispo Juan Rodríguez de Fonseca, por cuya mediación logró embarcarse a finales de 1493 con Cristóbal Colón en su segundo viaje


En la isla de Guadalupe, Colón le confió la búsqueda del veedor Diego Márquez que con otros compañeros se habían internado en la isla y no regresaban a la flota. Ya en la isla de La Española Colón le encargó dominar a uno de los señores más aguerridos y opuestos a los españoles, de origen caribe, que reinaba en la zona central de la isla y en las minas de Cibao: Caonabo. Ojeda, en un alarde de temeridad, logró presentarse en el lugar de Caonabo, ganar su confianza y apresarlo. Tomó parte igualmente en la batalla de la Vega Real, frente a un numeroso ejército de indios que fray Bartolomé de Las Casas cifró exageradamente en cien mil.

 
De regreso en España, asistió a una política de cambios y novedades en materia descubridora, que comenzó en 1499. Fruto de esta política fue la firma de una serie de capitulaciones (contratos con los reyes) en las que no se tenía en cuenta a Colón. Ojeda fue el primero en inaugurar lo que se ha dado en llamar 'viajes menores' o 'viajes andaluces'. La primera expedición de Ojeda, tras formar sociedad con Juan de la Cosa y Amerigo Vespucci, zarpó del Puerto de Santa María el 18 de mayo de 1499. Siguieron la ruta del tercer viaje colombino: Trinidad, Margarita -costa de las Perlas-, Curaçao y península de Coquibacoa o Goajira. La expedición estaba de regreso en Cádiz un año después y resultó poco rentable.


Para una segunda expedición a la misma zona, Ojeda firmó una nueva capitulación con los reyes el 8 de junio de 1501 y fue nombrado gobernador de Coquibacoa. Formó compañía con Juan de Vergara y García de Campos y fletaron cuatro carabelas. Partiendo del cabo Verde, llegó a la isla Margarita, y recorrió la costa de Curiana hasta llegar a Paraguana. Durante el viaje cometió algunos excesos con los portugueses y con los indios, hasta el punto de ser encarcelado. En 1504 quedó libre con la ayuda de Fonseca. En 1508 recibió el nombramiento de gobernador de Urabá. Partió de La Española al año siguiente pero volvió a fracasar. En esta expedición perdió la vida Juan de la Cosa en un enfrentamiento con los indios. Tras este fracaso, Ojeda volvió a Santo Domingo, donde murió.

ALVARO DE BAZAN Álvaro de Bazán y Guzmán (Granada, España; 12 de diciembre de 1526 - Lisboa, Portugal; 9 de febrero de 1588), I marqués de Santa Cruz, grande de España, II señor de las villas del Viso y Valdepeñas, comendador mayor de León y de Villamayor, Alhambra y La Solana en la Orden de Santiago; miembro del Consejo de su Majestad Felipe II, capitán general del Mar Océano y de la gente de guerra del Reino de Portugal" fue un militar y almirante español del siglo XVI célebre por el uso de galeones de guerra y por utilizar por primera vez infantería de marina para realizar operaciones anfibias


Álvaro de Bazán y Guzmán (Granada, España; 12 de diciembre de 1526 - Lisboa, Portugal; 9 de febrero de 1588), I marqués de Santa Cruz, grande de España, II señor de las villas del Viso y Valdepeñas, comendador mayor de León y de Villamayor, Alhambra y La Solana en la Orden de Santiago; miembro del Consejo de su Majestad Felipe II, capitán general del Mar Océano y de la gente de guerra del Reino de Portugal" fue un militar y almirante español del siglo XVI célebre por el uso de galeones de guerra y por utilizar por primera vez infantería de marina para realizar operaciones anfibias Con 9 años corría por la cubierta de la nave capitana de su padre haciendo así su aprendizaje náutico. A los 17 años se trasladó a Santander con su padre, donde tomó conocimiento de la tradición marinera del norte con sus distintos modelos de naves. Participó junto a su padre en la batalla de Muros (1544) en la costa gallega, que terminó con una rotunda victoria española que causó en los franceses 3000 bajas.7? Tras la victoria, su padre le concedió el mando de la escuadra mientras él se dirigió a Santiago de Compostela en acción de gracias8? y después a Valladolid a informar de la victoria al príncipe Felipe. Todavía en el reinado de Carlos I consiguió el mando de una armada independiente, cuya misión fue guardar las costas meridionales de España y proteger la llegada de la Flota de las Indias. Gracias a este mando se enfrentó a los corsarios franceses e ingleses y a los piratas berberiscos que operaban desde sus bases atlánticas. A los 24 años, el 19 de marzo de 155010? contrajo matrimonio con Juana de Bazán y Zúñiga, hija de los condes de Miranda, teniendo como descendencia cuatro hijas y un hijo, Álvaro II de Bazán.En 1554 fue nombrado capitán general de la Armada con solo 28 años. En 1556 realizó una arriesgada acción frente al cabo de Aguer, rindiendo dos barcos ingleses que llevaban armas y municiones a Fez. Álvaro de Bazán y Guzmán, tras el desastre de Los Gelves, en el que no participó, acudió con sus galeras en apoyo a las guarniciones de Orán y Mazalquivir, durante el sitio otomano de 1563, salvando las plazas de caer en manos berberiscas. En estos tiempos Badis y el peñón de Vélez de la Gomera se habían convertido en un nido de piratas turcos y berberiscos. El 23 de julio de 1563 zarpó de Málaga una flota compuesta por 50 galeras bajo el mando de Sancho de Leyva. Se efectuó un desembarco en la costa próxima al peñón de forma un tanto desorganizada y tras algunas escaramuzas, Sancho de Leyva consideró prudente ordenar la retirada. Casi todos los oficiales apoyaron su opinión, pero no así Álvaro de Bazán, quien observó que abandonar sería ir contra las órdenes del rey y daría moral a los berberiscos y turcos. A pesar de todo, Sancho de Leyva ordenó el reembarco de las tropas.11? A principios de agosto la armada estaba de vuelta en Málaga.
Tras la marcha, los piratas volvieron a atacar las costas españolas con más insistencia, por lo que Felipe II insistió en la necesidad de tomar Vélez de la Gomera. Pasado un año se emprendió de nuevo el intento. En esta ocasión la flota tenía 100 navíos bajo el mando de García Álvarez de Toledo y Osorio, quien contó con Álvaro de Bazán como lugarteniente.11? La flota zarpó de Málaga el 29 de agosto de 1564 y la empresa fue un total éxito, quedando el 6 de septiembre en manos españolas en un combate que causó pocas bajas a las tropas españolas. El Imperio otomano intentó dar un golpe de mano tomando Malta, con la intención de que le sirviese de base para la posterior conquista de Sicilia. La resistencia heroica de los malteses detuvo a la formidable flota de Piali Pachá. El socorro de la plaza por las tropas españolas fue mérito casi exclusivo de Álvaro de Bazán, quien siguió adelante con la empresa de apoyo a pesar de la reticencia de gran parte de la corte de Felipe II. En 1566 fue nombrado Capitán General de las Galeras de Nápoles y poco después, el 19 de octubre de 1569,10? Felipe II le concedió el título de marqués de Santa Cruz de Mudela por sus méritos, aunque se cuenta que ganó el título cuando el rey se compadeció de él al verlo estar al sol y le mandó cubrirse, y al agradecérselo aquél, el monarca le dijo: por el sol, Señor marqués, por el sol. En 1570 todo parecía confluir para que se produjera un choque entre las potencias cristianas y el Imperio otomano. Por un lado, el poder del sultán turco era cada vez mayor en el norte de África, lo que representaba una amenaza para el Imperio español, por cuanto hacía posible un desembarco otomano en la península ibérica en ayuda de los moriscos hispanos. Por otra parte, la invasión de Chipre por las tropas de Selim II llevó a Venecia a decantarse por la acción.
El 25 de mayo de 157112? se firmaron en Roma las capitulaciones de la Santa Liga que unió al Imperio español, el Papado, la Serenísima República de Venecia, el Gran Ducado de Toscana, la República de Génova y el Ducado de Saboya. La Santa Liga tenía como fin la destrucción de las fuerzas de los turcos, que eran declarados enemigos comunes y quedaban dentro del ámbito de la acción Túnez, Argel y Trípoli. Se nombraron tres comandantes. Por el Papado Marco Antonio Colonna, por Venecia a Sebastián Veniero y por el Imperio español a don Juan de Austria, quien ostentó el mando militar supremo de la Santa Liga. La flota reunida por la Santa Liga estaba compuesta por 207 galeras, seis galeazas y 76 buques ligeros.13? Álvaro de Bazán y Guzmán se unió con las 30 galeras de la Escuadra de Nápoles el 5 de septiembre de 1571. Don Juan de Austria le dio a Álvaro de Bazán la misión de hacerse cargo de la retaguardia para socorrer aquellas zonas donde existiese más peligro para la armada cristiana. Para esta tarea se le asignaron 30 galeras, más una agrupación de embarcaciones menores. El 7 de octubre de 157116? tuvo lugar la batalla de Lepanto. Su escuadra quedó a media milla, por la popa, de la línea de frente. Álvaro de Bazán fue responsable de que la flota cristiana partiese muy de mañana y formara quince millas afuera del golfo de Patras. Al comenzar el combate, Agostino Barbarigo, quien se encontraba al mando del ala izquierda cristiana, se separó de la formación, dejando un canal libre por el que la flota otomana podía amenazar la formación cristiana por el flanco. El ala otomana mandada por Mohamed Sirocco intentó envolver a Barbarigo, pero Álvaro de Bazán envió a 10 galeras, bajo el mando de Martín de Padilla que decidió la situación en el flanco izquierdo, ya que los barcos otomanos quedan encerrados en una pinza y empujados contra la costa. En el centro de la batalla, la galera La Real, nave capitana de Don Juan de Austria, se abalanzó contra la nave capitana turca de Alí Bajá, La Sultana y ambas naves se enzarzaron en un combate cerrado. Marco Antonio Colonna apoyó a la nave de Don Juan de Austria, situándose a la retaguardia de La Sultana y aislándola de socorro y refuerzo. Álvaro de Bazán envió a 10 galeras y un grupo de fragatas y bergantines para apoyar el éxito que puede suponer la captura de la nave capitana otomana. Como resultado de este refuerzo, el centro otomano quedó totalmente deshecho. En el flanco derecho cristiano las cosas siguieron un rumbo distinto. Juan Andrea Doria quedó retrasado con respecto al resto de la formación cristiana y Uluj Alí sobrepasó la retaguardia del genovés y se dirigió al centro del combate. Doria fue tras él intentando darle alcance pero no puede detener su avance. Uluj Alí atacó a varias galeras de la Orden de Malta pero Álvaro de Bazán en persona, con las diez galeras que quedaban en retaguardia, pudo salvar la situación y obligar a Uluj Alí a emprender la retirada. Álvaro de Bazán fue el hombre clave en la victoria de Lepanto, sus órdenes salvaron la situación de la flota cristiana en tres momentos críticos y actuó en cada momento de la forma correcta maximizando los pocos recursos que tenía. Tras la Batalla de Lepanto, Álvaro de Bazán participó en la ofensiva que Don Juan de Austria dirigió con éxito sobre Túnez. En diciembre de 1576 fue nombrado Capitán General de las Galeras de España.
Al morir Sebastián I de Portugal en 1578 sin descendencia, heredó el trono el cardenal Enrique I de Portugal, único hijo vivo de Manuel I de Portugal. En 1580 don Enrique I de Portugal falleció sin descendencia quedando vacante el trono de Portugal. Es entonces cuando Felipe II de España vio llegado el momento de completar la unidad de los países ibéricos, ya se creyó que le apoyaba el derecho por herencia de su madre Isabel de Portugal y por tanto nieto de Manuel I de Portugal Todos los territorios portugueses acataron el nombramiento de Felipe como rey de Portugal menos una estratégica isla en el archipiélago de las islas Azores, la isla Terceira. La isla tenía un gran valor estratégico porque podía convertirse en un nido de piratas y porque por el régimen de vientos en el Atlántico hacía que todos los buques españoles que realizaban la “Carrera de las Indias” y los buques portugueses que regresaban de las Indias Orientales tuvieran que pasar por las islas Azores. Francia e Inglaterra enviaron sumas de dinero, tropas y navíos para apoyar la causa de Don Antonio, pero oficialmente no actuaban por cuenta de sus países, sino por cuenta propia, para no empeorar sus relaciones con España. Felipe II intentó convencer al gobernador de la isla Terceira de que aceptase su soberanía pero éste se negó debido, entre otros motivos, a la llegada a ella de una pequeña escuadra francesa con 500 hombres de armas y cartas acreditadas por el pretendiente prometiendo la ayuda de una poderosa escuadra y tropas al mando del condotiero Felipe Strozzi. Felipe II envió a Pedro Valdés con cuatro naos grandes para proteger la flota de las Indias pero, por su cuenta y sin tener órdenes para ello, intentó tomar la isla Terceira y fue derrotado en la batalla de Salga (1581). El rey Felipe II comenzó los preparativos para reunir una escuadra potente para la siguiente campaña y ponerla bajo el mando de Álvaro de Bazán y Guzmán, quien debía ocuparse de todo lo necesario. Reunió una armada de sesenta naos gruesas, más otras veinte ligeras, llevando además barcas chatas que sirviesen para facilitar el desembarco en la isla de 10 000 soldados. Los partidarios de Don Antonio no se habían mantenido inactivos y habían erigido en la isla cincuenta fuertes artillados y se estaba construyendo en Francia una escuadra que se pondría al mando de Felipe Strozzi. La flota francesa zarpó el 16 de junio20? de Belle Isle. La batalla de la Isla Terceira terminó con la victoria española. Las tropas de Álvaro de Bazán sufrieron 224 bajas y 533 heridos,22? siendo la nao María y el galeón San Mateo con 45 y 40 muertos y 52 y 74 heridos, los que más bajas han sufrido. Las bajas francesas ascendieron a entre 1200 y 1500 muertos perdiendo 10 buques (2 incendiados, 4 hundidos y 4 abandonados). Tras la batalla con la victoria española, se dirigió a la isla de San Miguel para reparar las averías de sus barcos, hospitalizar a los heridos y juzgar en consejo de guerra a los prisioneros. En el consejo de guerra se acusó a los prisioneros franceses de piratas, pues habían combatido bajo bandera francesa sin estar esta nación en guerra con España. La defensa recusó argumentando que existía una guerra secreta entre España y Francia, pero Álvaro de Bazán no admitió tal justificación y dio por falsas las patentes que presentaban los prisioneros y ateniéndose a las instrucciones que había recibido de Felipe II y de Enrique III de Francia, quien había accedido a que todo pirata, aunque fuera de origen francés, fuera condenado a muerte, firmó la sentencia a muerte por la que los prisioneros morirían: degollados los señores y caballeros y ahorcados los marineros y soldados. La sentencia se cumplió el 1 de agosto de 1582 en la plaza de Villaflanca.25?
Todavía se encontraba Álvaro de Bazán y Guzmán en las Azores cuando envió al rey Felipe II su primera propuesta de ataque a Inglaterra que fue rechazada. A partir de su regreso a Lisboa, el 2 de marzo de 1585,31? Álvaro de Bazán desempeñó su cargo de Capitán General del Mar Océano y la Capitanía General de la gente de guerra de Portugal gozando de amplias facultades. En abril de 1585 se supo en España de la preparación de una expedición por parte de Francis Drake que podría tener como destino Portugal o América. Álvaro de Bazán propuso el 30 de abril31? la creación de una escuadra consistente en 40 navíos con más de 2000 hombres de mar y 3000 soldados.31? Estas medidas fueron incrementadas con el arresto de naves de Inglaterra, Alemania y otros países que se encontraban en puertos españoles. Al finalizar el Sitio de Amberes por parte de Alejandro Farnesio, toda la fachada atlántica hasta Dinamarca podía convertirse en hostil para Inglaterra, por lo que envió más ayuda a las fuerzas rebeldes en los Países Bajos. Ante la hostilidad inglesa, Felipe II decidió iniciar los preparativos para intervenir en Inglaterra. Álvaro de Bazán, que no había sido consultado, hizo llegar a Felipe II, el 13 de enero de 1586, una propuesta de conquista para Inglaterra instando al monarca a tomar la ofensiva. El 26 de enero de 158633? se le ordenó a Álvaro de Bazán preparar una escuadra para proteger Galicia, Portugal y Vizcaya del acoso corsario. La incursión de Drake en Cádiz y otros contratiempos retrasaron la formación de la armada. Durante estos meses, que serían los últimos de su vida, Álvaro de Bazán se entregó plenamente a formar una armada capaz de realizar la tarea que se le había encomendado.Felipe II terminó impacientándose por la tardanza en la formación de la flota que debía invadir Inglaterra y se dirigió a Álvaro de Bazán en términos muy duros, puesto que debido a intrigas y desavenencias se había convencido Felipe II de que Álvaro de Bazán retrasaba injustificadamente el momento de hacerse a la mar. Si bien no existe constancia de la causa por la que retrasó su partida, parece deducirse su descontento y su falta de confianza en los medios que habían sido puestos a su disposición. Las desavenencias entre el rey y el almirante continuaron hasta que el 4 de febrero de 158810? fue cesado de su mando de la armada, recibiendo la noticia en su lecho de muerte, ya que cinco días más tarde, el 9 de febrero de 1588, falleció en Lisboa.

ÁLVAR NUÑEZ CABEZA DE VACA (c. 1466-c. 1515), navegante, descubridor y conquistador español. Nacido en Cuenca, estuvo al servicio del duque de Medinaceli y fue protegido del obispo Juan Rodríguez de Fonseca, por cuya mediación logró embarcarse a finales de 1493 con Cristóbal Colón en su segundo viaje. Aproximadamente en 1512 se alistó en las tropas de la Liga Santa de 1511, formada por varios países, entre ellos España, para luchar contra Francia. Dentro de la Liga Santa sirvió en las campañas de Italia en las compañías de Bartolomé de Sierra y de Alonso de Carvajal. Participó en la batalla de Rávena y poco después pasó a ser alférez en Gaeta.


Posteriormente, como militar luchó en conflictos acaecidos en España. En 1520 peleó en la Guerra de las Comunidades al tiempo que, huérfano de padre y madre, pronto entró al servicio de la Casa de Medina-Sidonia como mensajero. Participó en la toma de Tordesillas y en la batalla de Villalar. En 1522 combatió en la batalla del Puente de la Reina, en Navarra. El 17 de junio de 1527, Álvar Núñez Cabeza de Vaca partió de Sanlúcar de Barrameda, rumbo a América, como tesorero y alguacil mayor en la expedición que capitaneaba el gobernador Pánfilo de Narváez, que tenía por objetivo la conquista de Florida y la búsqueda de la Fuente de la eterna juventud,6? entre el río de las Palmas y el cabo de la Florida. La expedición estaba compuesta por 600 hombres y cinco barcos. En Santo Domingo, 140 marinos abandonaron la expedición y en Cuba murieron 70 hombres en una fuerte tormenta, pero llegaron finalmente a la costa de Florida el martes 12 de abril de 1528. En la bahía de Tampa vieron casas indígenas. En Aguas Claras, actual Clearwater, los indios les indicaron a los españoles que el oro se encontraba "más allá", en la provincia de Apalache, en la parte norte de Florida. Fueron con sus barcos hasta esa región y los anclaron para seguir a pie, aunque Cabeza de Vaca no estaba de acuerdo, al pensar que era territorio hostil y que no tenían ni raciones ni modo de comunicarse con las tribus que encontraran. Sin embargo, no quiso quedarse a cuidar a los barcos para que nadie pensara que era temor lo que le impedía continuar y que no se comprometiera su honor. La provincia de Apalache debió ser el nombre antiguo de Tallahassee, al norte de Florida, pero el paisaje que se describe parece similar a los Everglades,6? que se encuentran en la parte sur de la península. Fueron por los pantanos usando balsas y a nado. El caballo de quien se ahogaba servía de comida a los supervivientes. En esas zonas pantanosas donde el agua les llegaba hasta el pecho, sufrían ataques de indios con flechas y tenían que combatir con sus arcabuces y ballestas. Los indios apalaches eran altos e iban desnudos y usaban arcos grandes y muy anchos y lanzaban flechas con mucha puntería capaz de herir a los españoles a pesar de sus corazas. En su trayecto, se toparon con más de veinte naciones indígenas. Camino del poblado de Aute sufrieron otro ataque con flechas. Desde la bahía de Tampa, los españoles tuvieron que hacer frente a huracanes y tempestades.
Devoraron los caballos que les quedaban y fueron en busca de la costa, llegando a la desembocadura del río San Marcos, actual río St Marks y regresaron a los barcos. Como no tenían cañones, barcos ni materiales improvisaron fraguas con cañones de palo y pieles de ciervos. Posteriormente forjaron los estribos de los caballos, espuelas y materiales metálicos de ballestas e hicieron herramientas. Con esas herramientas cortaron madera e hicieron cinco barcazas, que les sirvieron para navegar por la costa. Siguieron hacia el Oeste hasta encontrar una isla con canoas, robándose algunas, en las que embarcaron. Ya estando en las canoas sufrirían otro ataque de indios flecheros que hirió a todos los miembros que quedaban de la expedición, incluido el propio Cabeza de Vaca, que fue herido en la cara. Navegaron 30 días por la costa hasta llegar a la desembocadura del río del Espíritu Santo, conocido actualmente como río Misisipi. Hoy, no se sabe si esta expedición fue la primera en descubrir la desembocadura del Misisipi o dicho mérito debe atribuirse a Alonso Álvarez de Pineda. Entonces sobrevinieron corrientes y vientos que separaron las embarcaciones y la embarcación de Cabeza de Vaca terminó en la isla de Galveston, que él bautizó como isla Malhado (isla de la Mala Suerte). En ese momento se encontraron él y su grupo sin Pánfilo de Narváez y abandonados a su suerte.
Solamente 15 hombres estaban vivos, pero fueron tratados bien por los indios carancaguas. Era una tribu que repartía sus pertenencias y que carecía de mandos. Les quisieron hacer físicos y doctores, porque ellos curaban las enfermedades poniendo las manos y soplando y les pidieron que hicieran eso para que ayudaran en algo, pero los españoles se reían de esa costumbre y por eso les quitaban la comida hasta que hicieran lo que les decían. Posteriormente, fueron repartidos como sirvientes de las familias de indios. Los 15 hombres acordaron mandar una expedición de cuatro hombres a Panuco en busca de ayuda, pero la expedición fracasó. Tras seis años de vida como indígena, aprendiendo la cultura del mimbre, el camuflaje y la guerrilla, además de a conjugar chamanismo con los conocimientos médicos que arrastraba de la cultura europea,7? Álvar Núñez logró curar al hijo de un cacique o jefe tribal, quien lo liberó. Durante algún tiempo Cabeza de Vaca ejerció de mercader entre los indígenas del territorio comarcano a San Antonio y la costa tejana. Llevaba conchas marinas y caracolas a los pueblos del interior cambiándolas por cueros y almagra, esto último lo usaban con frecuencia los indios de la costa para sus pinturas.En Matagorda, cerca de Galveston, Cabeza de Vaca se encontró con algunos de sus antiguos compañeros de expedición: Andrés Dorantes de Carranza, Alonso del Castillo Maldonado y Estebanico y juntos fueron en una nueva travesía. Por temor a los aborígenes de la costa y creyendo que en esos territorios del norte encontrarían oro, remontaron el río Bravo, en vez de dirigirse al asentamiento español en el río Pánuco. Durante el viaje hacia el noroeste de México, ejercieron de curanderos mediante la imposición de manos y el rezo de avemarías y padrenuestros en latín. Cuando Cabeza de Vaca extrajo con éxito la punta de una flecha que un indígena tenía clavada cerca del corazón, la fama de curanderos y gente de bien entre las tribus indígenas ya no les abandonó. Se ganaron la voluntad de los nativos e hicieron varias exploraciones en busca de una ruta para regresar a la Nueva España por lo que hoy es el suroeste de Estados Unidos y norte de México. Tras deambular durante largo tiempo por la extensa zona que hoy es la frontera entre México y Estados Unidos llegaron a la zona del río Bravo, siguiendo el curso del río encontraron tribus dedicadas a la caza del bisonte con las que convivieron. Finalmente a orillas del río Petatlán, hoy llamado río Sinaloa, en el pueblo de Bamoa Guasave, restablecieron el contacto con un equipo de exploradores españoles en el año 1536 a pocas leguas de Culiacán, asentamiento español.
Durante aquel viaje recogió las primeras observaciones etnográficas sobre las poblaciones indígenas del golfo de México, escribiendo una narración titulada Naufragios, considerada la primera narración histórica sobre los territorios que hoy corresponden a Estados Unidos, fue publicada en 1542 en Zamora y en 1555 en Valladolid, en la cual describe sus vivencias y las de sus tres compañeros quienes atravesaron a pie el suroeste de los actuales Estados Unidos y el norte de México. Tras este viaje tomó consistencia en América un mito muy similar al de El Dorado, que es el de las Siete Ciudades de Cíbola y Quivira, llenas de oro. Los cuatro supervivientes de la exploración hablaron en México acerca de comentarios de ciudades colmadas de oro. El virrey de Nueva España organizó una expedición al mando de fray Marcos de Niza, que fue acompañada de Estebanico.mDurante la marcha de la expedición Estebanico murió asesinado por indígenas, que hicieron huir al resto, y el fraile relató a su regreso que la historia de las ciudades colmadas de oro y joyas era cierta. Entonces se envió una expedición militar dirigida por Francisco Vázquez de Coronado para encontrar el lugar pero la búsqueda demostró que la historia era falsa. Álvar Núñez Cabeza de Vaca regresó a España en 1537 y consiguió que se le otorgara el título de segundo adelantado del Río de la Plata. A finales de 1540 inició desde Cádiz su segundo viaje que le llevó al sur del continente americano. Arribó a la isla de Santa Catalina, en enero de 1541, en el territorio español que entonces era llamado La Vera o Mbiazá —actualmente es parte del estado brasileño de Santa Catarina— y que correspondía a la gobernación del Paraguay.
Desde dicha isla arrancó en un viaje por tierra, a lo largo de casi cinco meses, con el propósito de llegar a la entonces villa y fuerte de Asunción del Paraguay, sede de la gobernación del Río de la Plata. Guiado por indígenas tupís-guaraníes cruzó con su expedición la selva paranaense. Fue el primer europeo que descubrió y describió las cataratas del Iguazú: «el río da un salto por unas peñas abajo muy altas, y da el agua en lo bajo de la tierra tan grande golpe que de muy lejos se oye; y la espuma del agua, como cae con tanta fuerza, sube en alto dos lanzas y más». Al principio, lo llamo "Salto de Santa María", en enero de 1542. Al llegar a Asunción pronto entró en conflicto con los capitanes y colonos españoles allí establecidos, quienes, alentados por Domingo Martínez de Irala, rechazaban la autoridad del gobernador y sus proyectos de organizar la colonización del territorio olvidándose de perseguir los quiméricos tesoros de los que hablaban los mitos indígenas. Finalmente ocuparía el cargo de gobernador el 11 de marzo de 1542. Placa recordatoria del descubrimiento de las cataratas del Iguazú por Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Su propósito de erradicar la anarquía y domeñar a los insurgentes provocó que los descontentos se sublevaran en 1544 y enviaron a Cabeza de Vaca a España acusado de abusos de poder en la represión de los disidentes, así como el incendio de Asunción en el año anterior. En realidad, por haber exigido el cumplimiento de las Leyes de Indias, las que protegían a los indígenas de los abusos de los conquistadores, entre otras medidas poco políticas. El Consejo de Indias lo desterró a Orán en 1545. Pena que, quizá, no llegó a cumplir pues Cabeza de Vaca recurrió la sentencia y siguió peleando hasta el final de su vida con el propósito de ver restablecido su honor, ya no su hacienda. Aunque los últimos años de su vida son una incógnita quizá, por los documentos encontrados por algunos historiadores cuyas obras se reflejan en la bibliografía, murió en Sevilla el 27 de mayo en 1559. Es improbable, como han afirmado otros, que tuviera algún cargo de relevancia en sus últimos años. Aunque no consta, pudo haber tomado los hábitos y acabar sus días entre el silencio de un monasterio.

ANTONIO BARCELÓ (Palma de Mallorca 1717 – Palma de Mallorca 1797). “Afortunado marino”, Esta es la frase que quizás mejor define a este mallorquín. Hombre inteligente, aunque sin estudios -como muchos de sus “cursos”-, fue capaz de llegar por méritos de guerra, de marinero de cubierta a los más altos galones –almirante– de la Real Armada.

En 1748 los piratas berberiscos apresaron un jabeque español con 200 pasajeros. Fernando VI ordenó armar en Mallorca otros cuatro, poniendo al mando a Antonio Barceló, ascendido a tal efecto a teniente de fragata para que esto no ocurriera más. Con sus “patrulleras” defendió las costas del levante español, y jamás dudó en poner proa al enemigo, estuviera en inferioridad numérica o la mar no fuese a su favor. Se convirtió en el terror de los piratas berberiscos, apresando o echando a pique más naves rivales que ningún otro comandante.
Participó en las campañas de Argel, Tánger y en el asedio a Gibraltar, para el cual diseñó unas lanchas cañoneras, armadas con obuses, que utilizó en el combate. Barceló, hombre sencillo y de pueblo llano, que no gustaba del “guante blanco”, fue objeto de desprecio por parte de los oficiales formados en las academias de guardiamarinas. Los comentarios sobre su persona, su sordera y su cuestionada capacidad para el mando llegaron a oídos del rey, que envió al duque de Crillon para realizar un informe acerca de las capacidades del -ya viejo- almirante. Pero cuando el duque conoció a Barceló, envió una carta al ministro Floridablanca reafirmando la leyenda de Barceló y elogiando sus capacidades como mando, desmintiendo las habladurías que sobre él se vertían. .

ANTONIO DE ULLOA (Sevilla, 1716 - isla de León, Cádiz, 1795) Científico, militar y marino español. Realizó sus primeros estudios en Sevilla, en el Colegio Mayor de Santo Tomás. De constitución débil y enfermiza, su padre lo embarcó a los trece años en el galeón San Luis, para que se fortaleciese con el cambio de aires y de vida, navío en el que zarpó de Cádiz rumbo a Cartagena de Indias, y con el cual regresó a Cádiz en septiembre de 1732.

Tras esto, se presentó a examen en la Academia de guardiamarinas de Cádiz, consiguiendo una plaza el 28 de noviembre de 1733, y un destino en el navío Santa Teresa, el cual, junto a otros, debía de escoltar las tropas de infantería que salían de Barcelona en 1734 para auxiliar al Infante de Nápoles don Carlos (Carlos III) que se encontraba en guerra con el imperio austriaco. La Academia de París quiso zanjar el problema de las dimensiones de la Tierra, y para ello nombró dos comisiones, una que iría a Laponia y otra a Ecuador, con el objetivo de medir un arco de meridiano. La segunda comisión fue autorizada por Felipe V por solicitud del monarca francés, Luis XV. Los oficiales españoles que habían de acompañar a la misión francesa fueron Antonio de Ulloa y Jorge Juan, con 19 y 21 años de edad respectivamente, y que fueron elevados al rango de tenientes de fragata. Se embarcaron el 28 de mayo de 1735, con la misión añadida de conducir al virrey, marqués de Villagarcía, con quien llegaron a Cartagena de Indias el 9 de julio de 1735. Allí formaron la comisión junto a los científicos franceses Godin, Bouguer y La Condamine, e iniciaron los estudios el 29 de julio. Las experiencias de este viaje se registraron en la Relación histórica del viaje a la América meridional, que contiene mapas, descripciones de países y noticias del virreinato del Perú, y que se tradujo a casi todas las lenguas europeas. De regreso a España, y habiendo embarcado en un navío francés, fue apresado por los ingleses. Tras una serie de dificultades, al llegar a Inglaterra fue puesto en libertad y se le restituyeron sus papeles. En Inglaterra, Ulloa aprovechó su estancia para completar sus conocimientos y, por medio del ministro de Estado, conde de Harrington, que había sido embajador en Madrid, fue presentado a Martin Folkes, presidente de la Royal Society. Ulloa asistió a las reuniones de la Sociedad y fue propuesto socio de la misma, el 15 de mayo de 1746. El 29 del mismo mes, el presidente comunicó un largo extracto de las Observaciones de Ulloa en el Perú, y el 11 de diciembre fue elegido miembro.
Poco después volvió a España, y se reunió en Madrid con Jorge Juan. Tras vencer la indiferencia inicial de la corte y conquistar el interés del marqués de la Ensenada, Juan y Ulloa prepararon la publicación de las memorias e informes del viaje. Jorge Juan se encargó de redactar las Observaciones astronomicas y fisicas, y Ulloa de la Relación histórica del viaje a la América meridional. Terminada ya la edición del tomo de las Observaciones y de los cuatro de la Relación histórica, en 1749 el marqués de la Ensenada envió a Ulloa a un largo viaje por Francia, Suiza, Flandes, Holanda, Alemania, Rusia y los países del Báltico, con instrucciones reservadas relativas a la adquisición de todo tipo de informes técnicos y científicos. En París, asistió a las reuniones de la Academia de Ciencias, de la que era correspondiente y estudió la organización y funcionamiento de dicha institución. En Suecia trató a diversos científicos y al rey Adolfo Federico II, y fue nombrado posteriormente miembro de la Academia de ciencias Sueca. En Berlín conoció a Pierre Moreau de Maupertuis, entonces presidente de la Academia de Ciencias. En 1758 fue nombrado gobernador de Huancavélica (Perú) y superintendente de su célebre mina de mercurio, en la que pretendió aplicar sus conocimientos y experiencias e introducir reformas administrativas, pero sus consejos no fueron escuchados, viéndose, además, obligado a defenderse de acusaciones de abuso de autoridad. Durante este período, realizó una Relación y superintendencia de la Real mina de azogues de la villa de Guancavélica (1758).
Cuando, por el tratado de Fontainebleau, se cedió a España la soberanía de la Luisiana Meridional, Ulloa, por orden de Carlos III, fue designado gobernador de este territorio (1765), puesto en el que luchó con grandes inconvenientes y en el que permaneció poco tiempo. Se le nombró, asimismo, gobernador de Florida occidental en 1766. Diez años después fue nombrado comandante de la flota de Nueva España, cargo que Ulloa desempeñó por última vez. Durante el tornaviaje a la península, que tuvo lugar en 1778, observó en alta mar un eclipse total de sol, que dio lugar a la oportuna publicación. La guerra de la Independencia de Estados Unidos, a la que España acababa de sumarse, supuso de nuevo su salida a la mar al mando de otra flota. Fue ésta una campaña desgraciada que costó a Ulloa un largo expediente y un consejo de guerra y, a consecuencia de ello, aunque fue declarado inocente, nunca se recuperó del todo su prestigio militar. Volvió a España en 1772, y en esa época preparó para la imprenta las Noticias americanas, que tuvieron gran aceptación en Europa. El resto de su vida transcurrió en Cádiz de modo casi ininterrumpido. En 1779 fue ascendido a teniente general de la Armada, y realizó dos cruceros, uno a Azores y otro al cabo Espartel. .

CAYETANO VALDES . Cayetano Valdés y Flores Bazán y Peón (Sevilla; 28 de septiembre de 1767-San Fernando; 6 de febrero de 1835), hijo de Cayetano Valdés Bazán y María Antonia Flores Peón. Su abuelo paterno era Fernando Valdés Quirós Sierra, emparentado con la casa de Quirós, regidor perpetuo de Avilés y superintendente de la ciudad de Sevilla.1? Era sobrino del otro capitán general de la Armada del mismo apellido, Antonio Valdés y Fernández Bazán. Sentó plaza de guardiamarina en el departamento de Cádiz, antes de cumplir los 14 años de edad, en 1780. Terminados sus estudios, embarcó en la escuadra de Luis de Córdova que bloqueaba Gibraltar mientras la plaza era atacada por el duque de Crillón. Tomó parte en el combate que Córdova sostuvo en el estrecho de Gibraltar en 1782 contra el almirante Howe, y en la segunda expedición contra Argel de Antonio Barceló al año siguiente. Formó parte asimismo, ya de teniente de navío, de la expedición Malaspina que contorneó toda América del Sur y dio la vuelta al mundo visitando las colonias españolas, expedición emprendida con objeto de conocer las necesidades políticas, económicas y militares de aquéllas, además de realizar el estudio hidrográfico de las costas propias y extrañas, así como de la astronomía y ciencias naturales. De dicha expedición se separó en Acapulco para iniciar, por orden superior, la exploración del estrecho de Juan de Fuca, al que la crónica del viaje de Maldonado daba como el famoso paso del norte o de comunicación del Pacífico con el Atlántico. Mandaba la goleta Mejicana, en tanto que el jefe de la expedición era Dionisio Alcalá Galiano, comandante de la Sutil. En 1797, mandando el navío Infante don Pelayo, estuvo en la desgraciada Batalla del Cabo de San Vicente, reñida entre la escuadra del general José de Córdova y la del almirante Jervis. Al oír el cañoneo, Valdés dirigió el Pelayo al sitio donde más duro era el combate, al tiempo que el buque insignia, el Santísima Trinidad, era rendido por tres navíos británicos, después de haber sido desarbolado y haber perdido las dos terceras partes de su dotación. Valdés aparece en un momento crucial, acercándose a toda vela en medio de la espesa niebla. Salvemos al Trinidad o perezcamos todos dice a su gente, y un ¡Viva el Rey! resuena por todo el navío en señal inequívoca de obedecer a su comandante o perecer en el intento. Obligó a izar de nuevo la bandera en el Trinidad, y haciendo prodigios de valor, secundado por Baltasar Hidalgo de Cisneros, que mandaba el San Pablo, salvó al buque insignia de caer en manos de los enemigos. Por esta acción fue ascendido Valdés a capitán de navío. En el mismo año de 1797 tomó parte en la defensa de Cádiz contra las fuerzas de Nelson, a las órdenes del nuevo almirante de la Armada José de Mazarredo.

Durante los dos años siguientes Valdés hizo dos salidas con la escuadra en persecución de fuerzas del enemigo bloqueador. En la segunda llegó hasta Cartagena, donde se unió con la francesa del almirante Bruix, con la que luego se dirigió la española a Cádiz y a Brest. En este puerto, por ser el Pelayo uno de los navíos que se entregaron a la Francia napoleónica por el Tercer Tratado de San Ildefonso, pasó a mandar el Neptuno, que era el navío insignia del general Federico Gravina. Sin dejar el mando de éste, fue nombrado mayor general de la escuadra, saliendo de Brest a finales de 1801 para sofocar la rebelión de Santo Domingo. Pasó después a La Habana, volviendo a Cádiz en 1802, en cuya fecha fue ascendido a brigadier de la Real Armada. La injustificable agresión británica a cuatro fragatas españolas en el cabo de Santa María provocó de nuevo la guerra con el Reino Unido, y a petición propia Valdés se hizo cargo del mando del Neptuno, ahora perteneciente a la escuadra del teniente general Domingo Pérez de Grandallana, que se armaba en Ferrol a fines de 1804. Mientras se alistaban estas fuerzas, sin cesar en el mando de su buque tomó el de las fuerzas sutiles con base en la Graña; con ellas salió a la mar varias veces, sosteniendo combate con los buques enemigos bloqueadores, siempre en apoyo del comercio de cabotaje como era la misión de estas fuerzas. En agosto de 1805 zarpó la escuadra de Ferrol, uniéndose a la combinada de Gravina y Villeneuve. En el combate de Trafalgar, reñido el 21 de octubre de aquel año contra la escuadra de Nelson, ocupaba el Neptuno la cabeza de la línea de combate, formando parte de la división de vanguardia mandada por el contralmirante Dumanoir. Ya trabada la lucha, el Neptuno, a pesar de la lentitud de decisión de Dumanoir, dio media vuelta y acudió en auxilio del Bucentaure y del Santísima Trinidad. Cuatro navíos británicos trataban de batirles por la proa concentrando sus fuegos de toda la banda. Contra ellos se lanzó Valdés, pero el heroísmo del comandante del Neptuno no logró su objetivo de salvar al Santísima Trinidad ni al Bucentaure. Los marinos españoles tenían bien presente la máxima de que: en un día de combate, no está en su puesto el capitán que no está en el fuego. Valdés recibió una herida grave, negándose a abandonar su puesto. Al fin perdió el conocimiento y los que quedaron en el Neptuno, ya maltrecho y sin valor combativo, decidieron su rendición. El temporal que sobrevino al combate salvó al Neptuno de manos de los británicos, mas fue para empujarlo contra la costa, hundiéndose en las cercanías del castillo de Santa Catalina en Cádiz. Por su comportamiento en el combate fue ascendido Valdés a jefe de escuadra, tomando el mando de la que se reunió en Cartagena y arbolando su insignia en el navío Reina María Luisa, de 112 cañones. El 10 de febrero de 1808 salió con sus buques con orden de dirigirse a Tolón, pero, ya porque preveía los acontecimientos, ya por el mal tiempo, el hecho es que arribó a las Baleares precisamente con ocasión del alzamiento nacional del dos de mayo, evitando de este modo que los buques cayesen en poder del emperador de los franceses. Esta arribada fue muy criticada por los franceses, lo cual es precisamente un galardón para Valdés, que fue quien la dispuso. Con las abdicaciones de Bayona y por la gran influencia que ejercía cerca del gobierno el gran duque de Berg, general en jefe del ejército francés, Valdés fue depuesto y residenciado. En 1809, ya ascendido a teniente general por la Junta Suprema, fue nombrado gobernador, capitán general y jefe político de Cádiz. En ese puesto defendió resistencia de la ciudad, evitando que fuera tomada por el ejercito imperial napoleónico sitio de Cádiz. Al ser vencido el ejército napoleónico y expulsado totalmente del suelo patrio, regresó el Deseado Fernando VII a ocupar el trono. Con la reimplantación del absolutismo, Valdés fue confinado en el castillo de Alicante. Acudió esta vez en su ayuda su anciano tío Valdés y Bazán; se le concedería el perdón a condición de que se doblegase a pedir clemencia al rey, pero Valdés no quiso hacerlo por considerarse libre de toda culpa. Cuando el duque de Angulema invadió España, el gobierno se trasladó a Cádiz. Al negarse el rey a trasladarse a dicha plaza, se le incapacitó y, a propuesta del diputado Alcalá Galiano, fue nombrada una Regencia compuesta por los Generales de Mar Cayetano Valdés, Gabriel Císcar y el teniente general del ejército Gaspar de Vigodet. Al fin el rey llegó a Cádiz y la Regencia se apresuró a resignar en él sus poderes, haciéndolo el 15 de junio de 1823. Empezado el sitio por los franceses, Valdés fue nombrado general en jefe de las fuerzas de tierra y mar. Desempeñó su cometido con inteligencia y valor, y son un modelo de dignidad y entereza las comunicaciones dirigidas al mayor general del ejército sitiador, con ocasión de intimar éste a Valdés, en nombre del duque de Angulema, a proteger la vida del rey y de su familia, amenazando con pasar a cuchillo a las principales jerarquías y hasta a los diputados a Cortes si algo les acontecía. Valdés respondió que, precisamente, mientras el ejército francés y el absolutista español bombardeaban Cádiz, los amenazados con represalias se ocupaban, sólo por lealtad y no por amenazas, de la protección de la real familia y dice: ¿O quiere S. A. que el mundo diga que cuando las armas francesas le atacaron era debido a un sobrado miedo, hijo de una intimación que V. E. hace por orden de S. A.?, ¿Y a quién? ¡Dirigiéndola al pueblo más digno de la tierra y a un militar que nunca hará nada por miedo! Terminada la tensión de guerra y finalizado el sitio el 1 de octubre, al trasladarse el rey y la real familia al cuartel general francés, Valdés, por ser el oficial de marina más caracterizado, patroneó como prescribe la ordenanza la falúa que condujo a las reales personas al Puerto de Santa María. Ya había sido advertido por el general francés, nuevo gobernador militar de Cádiz, de que iba a ser encarcelado, pero no quiso ponerse a salvo para no dar la sensación de que tenía algo que temer. Una vez en el puerto, para librarle de la prisión y muerte, el general francés le arrestó preventivamente en uno de sus buques, al que dio orden de salir inmediatamente para Gibraltar, con el sólo objeto de salvar al capitán general español. De Gibraltar pasó Valdés al Reino Unido, donde vivió diez años, siendo tratado con respeto, caballerosidad y admiración por los que en guerra tanto habían combatido. Merced a la amnistía decretada por la reina gobernadora María Cristina de Borbón, Valdés volvió a España, siendo nombrado capitán general de la Armada y dándosele el mando del departamento de Cádiz. Fue nombrado después prócer del Reino, falleciendo en San Fernando el 6 de febrero de 1835, donde fue enterrado en el cementerio de la ciudad. Unos años más tarde se decretó el traslado al Panteón de Marinos Ilustres, con fecha del 11 de junio de 1851, pero hasta el 3 de octubre de 1858 no tuvo lugar el traslado, que se efectuó sin ceremonia ninguna, quedando depositado en una de las capillas del Panteón. En 1860, la situación de los restos sirvió de argumento para que se acabasen las obras del edificio, donde por fin se les dio sepultura definitiva en la nave del Este del crucero central, sin precisarse la fecha en que esto ocurrió, porque al parecer se debió a una orden de las autoridades locales, deseosas de impedir con su definitivo enterramiento el deterioro o extravío de tan respetables cenizas. (Wikipedia, retrato de Jose Roldan Martinez (1847). Museo Naval de Madrid) .

CASTO MENDEZ NUÑEZ . Casto Secundino María Méndez Núñez (1 de julio de 1824 - 21 de agosto de 1869), nacido en Vigo (Galicia). En 1866, durante la Guerra de las Islas Chincha entre España, Perú y Chile, fue comandante general de la flota española en el Pacífico. Como tal, bombardeó y destruyó el puerto de Valparaíso, y luchó en la Batalla de Callao (durante la cual resultó herido nueve veces). Méndez Núñez fue el primer hombre en circunnavegar el mundo en un buque de guerra blindado: "Enloricata navis quae primo terram circuivit".

Cuando Hugh Judson Kilpatrick, el ministro estadounidense en Chile, supo que el comodoro Méndez Núñez iba a bombardear el puerto de Valparaíso, le pidió al comandante naval estadounidense, el comodoro John Rodgers, que atacara a la flota española. Méndez Núñez respondió con "Será forzado a hundir [los barcos de EE. UU.], Porque incluso si me queda un barco procederé con el bombardeo. España, la Reina y yo preferimos el honor sin barcos que los barcos sin honor". .

ANTONIO DE ESCAÑO (Cartagena, 1750 - Cádiz, 12 de julio de 1814) El insigne Marino español Antonio de Escaño ingresó como guardiamarina a los 17 años y partició en casi todas las grandes operaciones navales que sostuvo España en su época: la expedición contra Argel en 1783, la defensa de Cádiz en 1797 frente a la escuadra británica de Jervis, la batalla de Brest, la de Finisterre y la batalla del Cabo de San Vicente, en la que, gracias a su visión militar, consiguió salvar el buque insignia español, el Santísima Trinidad, cuando su comandante José de Córdoba y Rojas "perdió los papeles", y por lo cual recibió la encomienda de la Orden de Santiago.

Por su gran experiencia náutica y militar, y por su cargo de segundo jefe de la escuadra española a las órdenes de Federico Gravina, fue designado por los jefes españoles para exponer ante Pierre de Villeneuve su opinión contraria a la del almirante francés en la célebre reunión a bordo del Bucentaure, o sea, la de permanecer dentro de la bahía gaditana y no intentar romper el cerco inglés. Villeneuve no le hizo caso y ordenó la salida en busca de los navíos de Horatio Nelson. A pesar de haber resultado herido en la batalla de Trafalgar, fue Escaño quien comunicó a Manuel Godoy el resultado del combate, ya que «la situación en que se encuentra el teniente general don Federico Gravina, de resultas de un balazo de metralla que al fin de la acción de ayer recibió en su brazo izquierdo, no le permite dar a V.E. noticia de este combate sangriento». Ascendido a teniente general de la Armada, Escaño fue elegido, en 1810, miembro del Consejo de Regencia de España e Indias. Cuando este organismo dimitió tras la convocatoria e inicio de las Cortes de Cádiz, fue el único miembro al que se autorizó la residencia en la ciudad. Y en ella murió a mediados de 1814, pocos días después de ser nombrado capitán general de Cartagena, cargo del que no llegó a tomar posesión..
Participó en las campañas de Argel, Tánger y en el asedio a Gibraltar, para el cual diseñó unas lanchas cañoneras, armadas con obuses, que utilizó en el combate. Barceló, hombre sencillo y de pueblo llano, que no gustaba del “guante blanco”, fue objeto de desprecio por parte de los oficiales formados en las academias de guardiamarinas. Los comentarios sobre su persona, su sordera y su cuestionada capacidad para el mando llegaron a oídos del rey, que envió al duque de Crillon para realizar un informe acerca de las capacidades del -ya viejo- almirante. Pero cuando el duque conoció a Barceló, envió una carta al ministro Floridablanca reafirmando la leyenda de Barceló y elogiando sus capacidades como mando, desmintiendo las habladurías que sobre él se vertían. .

BERNARDO DE GALVEZ Bernardo de Gálvez nació en Macharaviaya, un pueblo de montaña en la provincia de Málaga, España, el 23 de julio de 1746. Estudió ciencias militares en la Academia de Ávila y a la edad de 16 años participó en la invasión española de Portugal, que se estancó después de que los españoles capturaron a Almeida. Después del conflicto fue ascendido a teniente de infantería. Llegó a México, que entonces era parte de Nueva España, en 1769. Como capitán, luchó contra los apaches, con sus aliados indios Opata. Recibió muchas heridas, varias de ellas serias. En 1770, fue ascendido a comandante de armas de Nueva Vizcaya y Sonora, en el norte de las provincias de Nueva España. En 1772, Gálvez regresó a España en compañía de su tío, José de Gálvez. Más tarde, fue enviado a Pau, Francia, donde sirvió con el regimiento de la Real Cantabria, una unidad élite franco-española, durante tres años. Allí, aprendió a hablar francés, lo que le fue muy útil cuando se convirtió en gobernador de Louisiana. Fue trasladado a Sevilla en 1775, y luego participó en la desastrosa expedición de Alejandro O'Reilly a Argel. El propio Gálvez resultó gravemente herido en el cumplimiento del deber cuando las fuerzas españolas atacaron la fortaleza que custodiaba la ciudad; luego fue nombrado profesor en la academia militar de Ávila y ascendido a teniente coronel. Fue coronel en 1776. El 1 de enero de 1777, Bernardo de Gálvez se convirtió en el nuevo gobernador de la antiguamente francesa provincia de Luisiana, el vasto territorio que más tarde se convirtió en el objeto de la Compra de Luisiana. Había sido cedido por Francia a España en 1763, supuestamente como compensación por la pérdida de Florida en Gran Bretaña, cuando España fue exhortada a finales de la Guerra de los Siete Años a entrar en batalla en el lado francés. En 1779, fue ascendido a brigadier. En noviembre de 1777, Gálvez se casó con Marie Félicité de Saint-Maxent d'Estrehan, la hija criolla de Gilbert Antoine de Saint-Maxent y joven viuda del hijo de Jean-Baptiste d'Estrehan. Este matrimonio con la hija de un francés y la criolla Elizabeth La Roche le ganó a Gálvez el favor de la población criolla local. Tuvieron tres hijos, Miguel, Matilde y Guadalupe. Gálvez ejerció una política anti-británica como gobernador, tomando medidas contra el contrabando británico y promoviendo el comercio con Francia. Dañó los intereses británicos en la región y lo mantuvo abierto para suministros para llegar al ejército de George Washington. Fundó Galvez Town en 1779, promovió la colonización de Nueva Iberia y estableció el libre comercio con Cuba y Yucatán. En diciembre de 1776, el rey Carlos III de España decidió que la ayuda encubierta a los rebeldes angloamericanos en su revolución contra Gran Bretaña sería estratégicamente útil, pero España no entró en una alianza formal con la república naciente que habían declarado. En 1777, José de Gálvez, recién nombrado ministro del Consejo de Indias, envió a su sobrino, Bernardo de Gálvez, a Nueva Orleans como gobernador de Luisiana con instrucciones de asegurar la amistad de los Estados Unidos. El 20 de febrero de 1777, los ministros del rey español en Madrid instruyeron secretamente a Gálvez para que les vendiera a los estadounidenses los suministros que tanto necesitaban. Los británicos habían bloqueado los puertos coloniales de las trece colonias y, en consecuencia, la ruta desde Nueva Orleans hasta el río Mississippi era una alternativa efectiva. Gálvez trabajó con Oliver Pollock, un patriota estadounidense, para enviar pólvora, mosquetes, uniformes, medicinas y otros suministros a los rebeldes estadounidenses. Aunque España aún no se había unido a la causa estadounidense, cuando una expedición estadounidense de ataque encabezada por James Willing apareció en Nueva Orleans con botín y varios barcos británicos capturados como premios, Gálvez se negó a entregar a los estadounidenses a los británicos. En 1779, las fuerzas españolas comandadas por Gálvez tomaron la provincia de Florida Occidental, más tarde conocida como las parroquias de Florida, de los británicos. El motivo de España fue la posibilidad tanto de recuperar los territorios perdidos por los británicos, particularmente de Florida, como de eliminar la amenaza británica en curso. El 21 de junio de 1779, España declaró formalmente la guerra a Gran Bretaña. El 25 de junio, una carta de Londres, marcada como secreta y confidencial, fue al general John Campbell en Pensacola del rey George III y Lord George Germain. Campbell recibió instrucciones de que era el objetivo de mayor importancia organizar un ataque contra Nueva Orleans. Si Campbell pensó que era posible reducir el fuerte español en Nueva Orleans, se le ordenó hacer los preparativos de inmediato. Estos incluidos asegurando al vicealmirante Sir Peter Parker tantos barcos de combate como la flota de Jamaica podía prescindir, reuniendo a todas las fuerzas en la provincia que podían reunirse, reclutando a tantos indios leales como el superintendente podía proporcionarles, y dibujando en el Tesoro de Su Majestad a través de los Comisionados de los Lores para pagar los gastos. Como un desafortunado giro del destino para Campbell, sobre el cual se decidió toda su carrera, la comunicación secreta cayó en manos de Gálvez. Después de leer la comunicación del Rey George III y Germain, Gálvez, Gobernador de Louisiana, organizó rápida y secretamente Louisiana y Nueva Orleans para la guerra. Gálvez llevó a cabo una magistral campaña militar y derrotó a las fuerzas coloniales británicas en Fort Bute, Baton Rouge y Natchez en 1779 .

En este tercer esfuerzo, Díaz participó en las campañas contra los mexicas, más tarde llamado el Imperio azteca. En este momento, era un miembro con mucha experiencia de la expedición de Hernán Cortés. Durante esta campaña, Díaz habló con frecuencia con sus compañeros soldados sobre sus experiencias. Estos relatos, y especialmente las propias experiencias de Díaz, sirvieron de base para los recuerdos que más tarde Bernal Díaz contó con gran dramatismo a los visitantes y, finalmente, un libro titulado Historia verdadera de la conquista de la Nueva España (en inglés: The True History of the Conquista de Nueva España). En este último, Díaz describe muchas de las 119 batallas en las que afirma haber participado, que culminaron en la derrota de los aztecas en 1521. Esta obra también pretende describir a los diversos pueblos originarios que viven en el territorio rebautizado como Nueva España por los españoles. . Bernal Díaz también examina las rivalidades políticas de los españoles y da cuenta de los sacrificios humanos, el canibalismo y la idolatría de los nativos, de los que afirma ser testigos de primera mano, así como de los logros artísticos, culturales, políticos e intelectuales de los aztecas, incluidos sus palacios, mercados y jardines botánicos y zoológicos bellamente organizados. Su relato de los mexicas junto con el de Cortés son relatos en primera persona que registran aspectos importantes de la cultura mesoamericana. La verdadera historia sigue siendo uno de los mejores relatos que tenemos de México en el momento de la conquista, pero su propósito y estilo revelan algunos de los prejuicios que aparecen en esta llamada historia veraz. El relato de Bernal Díaz no se ha utilizado plenamente como fuente de la cultura mesoamericana de la era de la conquista. Como recompensa por su servicio, Díaz recibió una encomienda de Cortés en 1522. Eso fue confirmado y complementado por premios similares en 1527 y 1528. En 1541, se instaló en Guatemala y, durante el curso de un viaje a España, fue nombrado regidor (gobernador) de Santiago de los Caballeros de Guatemala, actual Antigua Guatemala, en 1551. Historia verdadera Su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, terminó en 1568, casi cincuenta años después del Los sucesos que describió comenzaron aproximadamente al mismo tiempo que su nombramiento como regidor y estaban en pleno desarrollo a mediados de la década de 1550, cuando escribió al emperador del Sacro Imperio Romano (y rey ??de España), Carlos V, describiendo sus servicios y buscando beneficios. Esa fue una acción estándar de los conquistadores para documentar sus servicios a la corona y las solicitudes de recompensas. Alguna versión de su cuenta circuló en el centro de México en las décadas de 1560 y 1570, antes de su publicación del siglo XVII. El relato de Bernal Díaz es mencionado por Alonso de Zorita, un funcionario real que escribió un relato de la sociedad indígena, y el mestizo Diego Muñoz Camargo, quien escribió un relato completo de la participación de los tlaxcaltecas en la conquista de los mexicas. El manuscrito de Bernal Díaz fue ampliado en respuesta a lo que más tarde encontró en la biografía oficial de Hernán Cortés encargada por el heredero de Cortés, Don Martín Cortés, publicada en 1552 por Francisco López de Gómara. El título Historia verdadera es en parte una respuesta a las afirmaciones hechas por Hernán Cortés en sus cartas publicadas al rey, López de Gómara, Bartolomé de las Casas, Gonzalo de Illescas y otros que no habían participado en la campaña. Bernal Díaz también usó la publicación de Juan Ginés de Sepúlveda sobre la guerra justa, que permitió a Bernal Díaz lanzar la conquista de México como una conquista justa. A pesar de la falta de educación formal de Bernal Díaz y el interés propio que dio origen a su volumen, Historia verdadera evoca, como ninguna otra fuente, el proceso a menudo trágico y doloroso pero fascinante a través del cual un imperio terminó y otro comenzó a tomar forma. Bernal Díaz murió en enero de 1584. Estaba vivo el 1 de enero, pero el 3 de enero, su hijo, Francisco, se presentó ante el Cabildo de Guatemala y les informó que su padre había muerto. Miguel León-Portilla acepta esta fecha en su Introducción (de julio de 1984, "a cuatro siglos de la muerte de Bernal") a la antología de extensos extractos de la Historia verdadera. Alicia Mayer (2005) elogió esa edición, su selección y la presentación de León-Portilla, diciendo que permanecieron, hasta la fecha de su revisión, "fuente imprescindible de consulta" (una fuente indispensable para consultar) sin ver su manuscrito publicado. Una copia ampliada y corregida del manuscrito conservado en Guatemala se envió a España y se publicó, con revisiones, en 1632. El manuscrito fue editado por Fray Alonso de Remón y Fray Gabriel Adarzo y Santander antes de su publicación. En esta primera edición publicada de la obra de Bernal Díaz, hay un capítulo (212), que algunos consideran apócrifo con signos y augurios de la conquista y se omite para las ediciones posteriores (Wikipedia) .

BERNAL DIAZ DEL CASTILLO Bernal Díaz del Castillo nació alrededor de 1496 en Medina del Campo, una próspera ciudad comercial en Castilla. Sus padres fueron Francisco Díaz del Castillo y María Díez Rejón. Su padre era regidor (concejal) de Medina del Campo, lo que le dio a la familia cierta prominencia. Díaz tenía al menos un hermano mayor y asistieron juntos a la escuela, aprendiendo a leer y escribir. Bernal Díaz era inteligente y más tarde mostró un don para los idiomas, aprendiendo a hablar el dialecto nativo en Cuba, el náhuatl en México y el idioma cakchiquel de los nativos guatemaltecos. En 1514, cuando Díaz tenía alrededor de dieciocho años, se fue de su casa para unirse a una expedición al Nuevo Mundo dirigida por Pedrarias Dávila. Era la flota más grande enviada hasta la América continental, que consta de 19 buques y 1.500 personas. Díaz sirvió como soldado de infantería común y esperaba hacer fortuna, pero cuando llegaron a Darién en la actual Colombia, rápidamente fueron vencidos por el hambre y una epidemia que mató a más de la mitad de los colonos. [2] Muchos de los colonos se desanimaron y buscaron nuevas oportunidades en otros lugares; algunos regresaron a España, mientras que otros viajaron a La Española o Cuba. [1] En 1516, Díaz navegó a Cuba con otros 100 soldados buscando una parte del oro y los trabajadores nativos que se decía que se encontraban en la isla. Descubrieron que el oro era escaso y el trabajo nativo era escaso, lo que llevó a Díaz, en 1517, a unirse a una expedición organizada por un grupo de unos 110 soldados y colonos descontentos para "descubrir nuevas tierras". [3] Eligieron a Francisco Hernández de Córdoba, un rico terrateniente cubano, para dirigir la expedición. Fue una aventura difícil y, después de navegar desde Cuba durante 21 días, cruzaron la costa de Yucatán a principios de marzo de 1517, en Cabo Catoche. El 4 de marzo de 1517, los españoles tuvieron su primer encuentro con los nativos de Yucatán que vinieron a su encuentro en cinco o tal vez 10, dependiendo de la versión / traducción de su trabajo, grandes canoas de madera. Al día siguiente, los españoles desembarcaron, invitados por los nativos que querían mostrarles su aldea. Fueron emboscados, pero lograron retirarse, después de matar a 15 locales y tener 15 heridos, 2 de los cuales murieron más tarde. Al partir, los españoles capturaron a 2 nativos que serían traductores en futuras expediciones. El español casi murió de sed y navegó a Florida en busca de agua potable. Mientras cavaban un pozo en la playa, los lugareños atacaron a los españoles. Durante este altercado, un español fue capturado por los floridanos nativos, mientras que los españoles mataron a 22 nativos. Los españoles lograron hacer un retiro pero también pudieron juntar agua. Regresaron a Cuba, todos gravemente heridos. El capitán, Francisco Hernández de Córdoba y otros soldados murieron poco después de regresar a Cuba. Sin embargo, Díaz regresó a la costa de Yucatán en abril de 1518, en una expedición dirigida por Juan de Grijalva, con la intención de explorar las tierras. Al regresar a Cuba, se alistó en una nueva expedición, esta dirigida por Hernán Cortés. .

En este tercer esfuerzo, Díaz participó en las campañas contra los mexicas, más tarde llamado el Imperio azteca. En este momento, era un miembro con mucha experiencia de la expedición de Hernán Cortés. Durante esta campaña, Díaz habló con frecuencia con sus compañeros soldados sobre sus experiencias. Estos relatos, y especialmente las propias experiencias de Díaz, sirvieron de base para los recuerdos que más tarde Bernal Díaz contó con gran dramatismo a los visitantes y, finalmente, un libro titulado Historia verdadera de la conquista de la Nueva España (en inglés: The True History of the Conquista de Nueva España). En este último, Díaz describe muchas de las 119 batallas en las que afirma haber participado, que culminaron en la derrota de los aztecas en 1521. Esta obra también pretende describir a los diversos pueblos originarios que viven en el territorio rebautizado como Nueva España por los españoles. . Bernal Díaz también examina las rivalidades políticas de los españoles y da cuenta de los sacrificios humanos, el canibalismo y la idolatría de los nativos, de los que afirma ser testigos de primera mano, así como de los logros artísticos, culturales, políticos e intelectuales de los aztecas, incluidos sus palacios, mercados y jardines botánicos y zoológicos bellamente organizados. Su relato de los mexicas junto con el de Cortés son relatos en primera persona que registran aspectos importantes de la cultura mesoamericana. La verdadera historia sigue siendo uno de los mejores relatos que tenemos de México en el momento de la conquista, pero su propósito y estilo revelan algunos de los prejuicios que aparecen en esta llamada historia veraz. El relato de Bernal Díaz no se ha utilizado plenamente como fuente de la cultura mesoamericana de la era de la conquista. Como recompensa por su servicio, Díaz recibió una encomienda de Cortés en 1522. Eso fue confirmado y complementado por premios similares en 1527 y 1528. En 1541, se instaló en Guatemala y, durante el curso de un viaje a España, fue nombrado regidor (gobernador) de Santiago de los Caballeros de Guatemala, actual Antigua Guatemala, en 1551. Historia verdadera Su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, terminó en 1568, casi cincuenta años después del Los sucesos que describió comenzaron aproximadamente al mismo tiempo que su nombramiento como regidor y estaban en pleno desarrollo a mediados de la década de 1550, cuando escribió al emperador del Sacro Imperio Romano (y rey ??de España), Carlos V, describiendo sus servicios y buscando beneficios. Esa fue una acción estándar de los conquistadores para documentar sus servicios a la corona y las solicitudes de recompensas. Alguna versión de su cuenta circuló en el centro de México en las décadas de 1560 y 1570, antes de su publicación del siglo XVII. El relato de Bernal Díaz es mencionado por Alonso de Zorita, un funcionario real que escribió un relato de la sociedad indígena, y el mestizo Diego Muñoz Camargo, quien escribió un relato completo de la participación de los tlaxcaltecas en la conquista de los mexicas. El manuscrito de Bernal Díaz fue ampliado en respuesta a lo que más tarde encontró en la biografía oficial de Hernán Cortés encargada por el heredero de Cortés, Don Martín Cortés, publicada en 1552 por Francisco López de Gómara. El título Historia verdadera es en parte una respuesta a las afirmaciones hechas por Hernán Cortés en sus cartas publicadas al rey, López de Gómara, Bartolomé de las Casas, Gonzalo de Illescas y otros que no habían participado en la campaña. Bernal Díaz también usó la publicación de Juan Ginés de Sepúlveda sobre la guerra justa, que permitió a Bernal Díaz lanzar la conquista de México como una conquista justa. A pesar de la falta de educación formal de Bernal Díaz y el interés propio que dio origen a su volumen, Historia verdadera evoca, como ninguna otra fuente, el proceso a menudo trágico y doloroso pero fascinante a través del cual un imperio terminó y otro comenzó a tomar forma. Bernal Díaz murió en enero de 1584. Estaba vivo el 1 de enero, pero el 3 de enero, su hijo, Francisco, se presentó ante el Cabildo de Guatemala y les informó que su padre había muerto. Miguel León-Portilla acepta esta fecha en su Introducción (de julio de 1984, "a cuatro siglos de la muerte de Bernal") a la antología de extensos extractos de la Historia verdadera. Alicia Mayer (2005) elogió esa edición, su selección y la presentación de León-Portilla, diciendo que permanecieron, hasta la fecha de su revisión, "fuente imprescindible de consulta" (una fuente indispensable para consultar) sin ver su manuscrito publicado. Una copia ampliada y corregida del manuscrito conservado en Guatemala se envió a España y se publicó, con revisiones, en 1632. El manuscrito fue editado por Fray Alonso de Remón y Fray Gabriel Adarzo y Santander antes de su publicación. En esta primera edición publicada de la obra de Bernal Díaz, hay un capítulo (212), que algunos consideran apócrifo con signos y augurios de la conquista y se omite para las ediciones posteriores (Wikipedia) .

COSME DAMIAN CHURRUCA Y ELORZA Cosme Damián Churruca y Elorza (Motrico, Guipúzcoa, 27 de septiembre de 1761 - Trafalgar, Cádiz, 21 de octubre de 1805) fue un científico, marino y militar español, brigadier de la Real Armada y alcalde de Motrico. Se distinguió en la batalla de Trafalgar al mando del navío de línea San Juan Nepomuceno, a bordo del cual encontró la muerte. Fue el cuarto hijo del matrimonio formado por Francisco de Churruca e Iriondo, alcalde de Motrico, y María Teresa de Elorza e Iturriza, y hermano menor de Julián Baldomero de Churruca, héroe de la Guerra de la Independencia, abogado y filólogo vsco. Nació en la casa solariega construida años antes por el almirante Antonio de Gaztañeta, pariente suyo, cuyos recuerdos náuticos despertaron tempranamente la vocación de Cosme Churruca por el mar. Cursó sus primeros estudios en el Seminario Conciliar de Burgos, pensando en un primer momento en ordenarse sacerdote, idea que descartaría por la presencia de un joven oficial de Marina, sobrino del arzobispo de Burgos. Bastó ese contacto para que se despertara en él su pasión por la mar. A continuación ingresó en la Escuela de Vergara, que poco más tarde daría origen al Real Seminario de Vergara y que fue fundado por la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País, de la que sería miembro hasta su muerte. Casó en 1805, meses antes de su muerte, con María Dolores Ruiz de Apodaca, sobrina del conde de Venadito, Juan Ruiz de Apodaca, virrey de la Nueva España y almirante de la Armada española. Concluidos sus estudios, volvió a casa de sus padres en solicitud de su venia para emprender la vida de marino. El 15 de junio de 1776 ingresó en la Academia de Cádiz como guardiamarina, a la temprana edad de 15 años, graduándose en la Academia de Ferrol en 1778, donde había adquirido ya fama como astrónomo y estudioso de geografía. Su ascenso a Alférez de Fragata fue el premio por sus brillantes estudios, sobresaliendo entre todos sus compañeros. En el mes de octubre del año 1778 pone el pie por primera vez sobre la cubierta de un navío, el San Vicente, al mando del bailío Francisco Gil de Taboada y Lemos. Esta primera campaña, muy borrascosa, puso en evidencia el arrojo de Churruca frente a los peligros y su aptitud para aminorar los riesgos mediante el estudio de las maniobras. Al ser relevado el general Arce, que estaba al mando de la escuadra, fue sustituido por el teniente general Ponce de León, quien lo escogió como ayudante personal y a sus directas órdenes. Tuvo su primera misión militar en el asedio a la Gran Bretaña por la escuadra combinada franco-española estacionada en Brest. Posteriormente estuvo en el asedio de Gibraltar de 1781, pasando el 13 de diciembre de 1781 a bordo de la fragata Santa Bárbara, comandada por Ignacio María de Álava. En este sitio se distinguió del modo más brillante, acudiendo intrépido a apagar el incendio de las baterías flotantes, por el empleo de los británicos de las balas rojas y llevando socorro, con el bote de la fragata, a las tripulaciones de los buques incendiados, entre un diluvio de metralla que despedían las baterías de la plaza y las explosiones no menos peligrosas de las baterías que ardían. Al terminar la guerra en 1783, la fragata Santa Bárbara fue enviada a Montevideo. Churruca, guiado por su instinto, vigilaba la derrota al detalle, pudiendo advertir a tiempo un grave error en los cálculos del piloto, por lo que reaccionando a tiempo evitó el naufragio del buque. Cuando la paz firmada en el año de 1783 suspendió la lucha, acudió al estudio que forma al marino. Solicitó y obtuvo el ingreso en la Academia de Ferrol, para cursar estudios de Matemáticas, en 1783. Para poder admitirle, a pesar de no haber vacantes, se le añadió el cargo de ayudante de guardiamarinas. Al año siguiente sustituía a los profesores de varias clases y siguiendo en esa vida laboriosa, en 1787 dio el primer ejemplo de un examen público en las aulas de la institución sobre matemáticas, mecánica y astronomía, granjeándose la admiración del numeroso auditorio. controvertidas de la era de los descubrimientos.

Habiendo determinado el gobierno que el capitán de navío Antonio de Córdova continuase sus exploraciones del estrecho de Magallanes, en 1788, éste pidió a don Cosme, ya Teniente de Navío, que le acompañase, formando la expedición los paquebotes Santa Casilda y Santa Eulalia, quedando Churruca encargado de la parte astronómica y geográfica. Junto con su compañero de armas y estudios Ciriaco Cevallos hizo un trabajo completo de reconocimiento del estrecho en dirección al océano Pacífico, descubriendo una ruta alternativa al estrecho, así como una ensenada que lleva su nombre. Escribió un importantísimo trabajo sobre el viaje y paso del estrecho titulado Apéndice al Primer Viaje de Magallanes, dado a la luz en Madrid en 1795. Grandes fueron los peligros, incesantes las penalidades de aquellas investigaciones, en mares en que reina casi de continuo el vendaval. Estas penalidades acabaron con su salud, y cayó gravemente enfermo, sintiendo amagos de escorbuto, que por fortuna no fueron a más. En 1789 fue agregado al Observatorio de la Marina en San Fernando. Si bien estaba aún convaleciente, se entrega a estudios que no contribuían de seguro a su restablecimiento. Al año es llamado a ser ayudante del mayor general de la escuadra al mando del marqués del Socorro; hace la campaña y vuelve a su puesto. La continua tensión de sus incansables trabajos intelectuales acababa con una salud nunca bien restablecida; hubo que pensar seriamente en un descanso indispensable. En el año de 1791, convencido por sus amigos, pasó a respirar el aire balsámico de las montañas de Guipúzcoa y consiguió el completo restablecimiento de su quebrantada salud. Tras un breve espacio de tiempo en su Motrico natal, es llamado por José de Mazarredo para dirigir junto con Joaquín Francisco Fidalgo,1? como Capitanes de Fragata, una expedición geográfica a América del Sur (1792-95), formada por dos secciones, una de las cuales debía recorrer las islas y costas del golfo mexicano y la otra el resto de las del continente, con el fin de formar el atlas marítimo de la América septentrional. Se embarcó en Cádiz el 17 de junio de 1792 y se dio a la vela en ese día con su grupo, compuesto de los bergantines Descubridor y Vigilante. Dos años y cuatro meses duró la expedición, contrariada por todos los incidentes ordinarios, a los cuales vino a sumarse la guerra marítima con la República Francesa. Levantó cartas de las Antillas y de las islas de Sotavento, y defendió las posesiones españolas en el Caribe en la batalla de Martinica, así como las rutas del comercio de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, de la que era socio partícipe. Tan dura campaña no se realizó sin grave menoscabo de su salud, poco robusta. Se embarcó en La Habana y regresó a España en el navío Conquistador, el mando del cual se le dio al llegar a Cádiz junto con su ascenso a Capitán de Navío (1798). El navío se hallaba en el más lastimoso estado, tanto con respecto al armamento como a su tripulación, pero en poco tiempo lo convirtió en modelo en todos los sentidos. Su mala salud no le permitió concluir la historia de su expedición y esa misma causa hizo postergar la publicación de las treinta y cuatro cartas esféricas y mapas geométricos, y ésta es la hora en que no se ha publicado todavía más que una pequeña parte de ellas. Hasta 1802 no publicó la carta esférica de las Antillas, y la particular geométrica de Puerto Rico salió poco después. De nuevo en Cádiz, se le confía el mando del Conquistador para defender las posiciones de los aliados franceses en el Canal de la Mancha. Pasó con el navío y la escuadra de que formaba parte, de Cádiz a Brest, donde fondeó el 9 de agosto de 1799. Allí escribió una instrucción militar, que imprimió y repartió a sus compañeros; sirvió admirablemente a su propósito de establecer en la Armada una más completa y severa disciplina. Siempre ocupado por mejorar cuanto se relacionara con la Marina, empleó su permanencia en Brest perfeccionando y simplificando las maniobras de atraque y carenado. Allí recibió del gobierno el encargo de ir a París con una misión científica. El primer cónsul Bonaparte, para quien todo mérito sobresaliente era un atractivo, conocía la fama del sabio español; quiso verle y le acogió con las mayores demostraciones de aprecio. Su estancia en la capital francesa debió dejar en la mente de Churruca recuerdos muy gratos. Para que nada le faltase, se publicó en Madrid por aquellos tiempos su carta esférica de las Antillas, adoptada por el Gobierno francés junto con las demás que publicó. Bonaparte ordenó presentar un ejemplar a Churruca por el conducto del prefecto marítimo, como un regalo y un homenaje rendido a su saber. Añadió el primer cónsul un sable de honor, la prenda de respeto más estimable del imperio napoleónico. Si a estas demostraciones honoríficas añadimos la distinción pública que le dispensó el general Gravina, comandante de la escuadra, saliendo a recibir al comandante del Conquistador, cuando regresó desde París a Brest, acto público que decía a toda la población el alto aprecio en que el general en jefe tenía a uno de sus subordinados, parecía que nada faltaba para la completa satisfacción de éste. Sin embargo, hecha la paz, el Gobierno español hubo de ceder a Francia seis navíos de línea, entre ellos el Conquistador, cesión que Churruca desaprobaba sin rebozo. Separado de su navío, volvió a Cádiz como pasajero en el navío Concepción, llegando el 25 de mayo de 1802. Obtuvo una licencia para descansar de sus laboriosas tareas, y aprovechó ésta repartiendo su tiempo entre dar una vuelta por su pueblo y un viaje al mediodía francés. En Motrico debe hacerse cargo de la administración de la villa tras la muerte de su padre.
En noviembre de 1803 se le dio el mando del navío Príncipe de Asturias. Los cuidados del mando y de la organización de su navío no fueron obstáculo para que revisase, en compañía de Antonio Escaño, el Diccionario de Marina. El gobierno le encargó también que hiciera experiencias de puntería; como resultado redactó un tratado de puntería para la Armada, que en España y en el extranjero ha servido durante mucho tiempo de guía. Apenas había acabado de reorganizar el Príncipe cuando pidió el mando del navío San Juan Nepomuceno, carenado de nuevo. El gobierno accedió a la demanda, añadiendo a la concesión la facultad de arreglar el repartimiento interior y su armamento sin sujeción a reglamento alguno. A bordo de este navío participaría en la batalla de Trafalgar, donde moriría y alcanzaría la fama. La escuadra en la que se encontraba el San Juan, se hizo a la vela el 13 de agosto de 1805, desde el puerto de Ferrol. El general Gravina le designó, como puesto de honor, ser el cabeza de la vanguardia de su escuadra de observación. Como siempre, realizó la misión con los mejores merecimientos y a su llegada a Cádiz, redobló sus esfuerzos en conseguir, a base de instrucción, el adiestrar magistralmente a toda su tripulación. En medio de estas múltiples faenas de su carrera, un día casó con María de los Dolores Ruiz de Apodaca, hija de don Vicente, brigadier que fue de la Armada y sobrina carnal del capitán general conde del Venadito. Reunidas las escuadras española y francesa en el puerto de Cádiz, se hicieron a la mar desde éste con rumbo a la Martinica, donde se apoderaron del fuerte y del peñón del Diamante, y apresaron a un convoy británico de quince velas; en esos momentos fue informado Villeneuve de la presencia de Nelson en las Antillas. Villeneuve, al saber de su presencia, dio por hecho que había conseguido su objetivo, que no era otro que el atraer a la otra orilla del Atlántico a fuerzas navales británicas, por lo que ya habría menos en Europa, así que decidió regresar. Pero en el cabo de Finisterre se topó con la escuadra del almirante Calder, con la que se entabló combate, siendo derrotados los españoles por la desidia y mal gobierno del comandante en jefe de la escuadra combinada, Villeneuve. Al enterarse el Emperador de los franceses de lo acaecido en el combate dijo: Los españoles se han portado como leones, pero de su almirante sólo se le oyeron improperios. La escuadra combinada entró en Ferrol después del combate, dirigiéndose a continuación a La Coruña. Desde este puerto pusieron rumbo a Cádiz, desoyendo la orden tajante de Napoleón de ir a Brest. Pero como estaba la escuadra del Canal británica y ya sabía cómo se las gastaba, puso rumbo al Sur en vez de al Norte. Pese a la opinión contraria de Churruca, Gravina y Alcalá-Galiano, Villeneuve abandonó la Bahía de Cádiz para dar alcance a Nelson a la altura del Cabo de Trafalgar el 21 de octubre de 1805. Tamaña imprudencia tuvo como motivo el deseo de Villeneuve de recuperar el favor de Napoleón, tras la derrota en Abukir frente al mismo almirante inglés, que también moriría en Trafalgar. Antes de hacerse a la mar el 20 de octubre, Churruca escribió a su hermano una carta diciéndole: Navío San Juan en Cádiz a 11 de octubre. Querido hermano: desde que salimos de Ferrol no pagan a nadie ni aun las asignaciones, a pesar de estar declaradas en la clase del prest del soldado, de manera que se les debe ya quatro meses y no tienen ni esperanza de ver un real en mucho tiempo; aquí nos deben también 4 meses de sueldo y no nos dan un ochavo, sin embargo de que nos hacer echar los bofes trabajando: con lo que no puedo menos de agradecer mucho el que hayas libertado a Dolores de los apuros en que se andaría para pagarte los 1.356 reales que te los libraré yo luego que pueda; entretanto, he encontrado en Ferrol a un amigo rico que socorrerá a Dolores con quanto necesite, y quedo tranquilo con haver asegurado ya su subsistencia decentemente. Estos son los trabajos de los que servimos al Rey, que en ningún grado podemos contar sobre nuestros sueldos (...) Si llegas a saber que mi navío ha sido hecho prisionero, di que he muerto. Amaneció el infausto 21 de octubre de 1805. Estando a la vista del enemigo, mandó clavar la bandera y sólo se arrió a su muerte. En el transcurso de este combate naval se puso en práctica por la escuadra inglesa el sistema de banderas, así como una maniobra llamada T cruzada que hoy se estudia como clásica en todas las academias navales. Al mando del San Juan Nepomuceno, sólo frente a seis buques ingleses, Churruca dio muestras de precisión en el tiro, arrojo y eficacia, pese a lo cual, tras ser alcanzado por una bala de cañón que le voló la pierna, falleció ante la admiración de sus enemigos que tuvieron el barco en Gibraltar expuesto a los visitantes, con el nombre de Churruca en letras de oro escrito sobre su camarote. Su navío fue remolcado a Gibraltar, siendo uno de los pocos que pudieron enseñar los británicos como trofeo del combate. Durante muchos años lo conservaron, manteniendo la cámara del comandante cerrada y con una lápida en que se leía el nombre de Churruca en letras de oro, y si algún visitante pretendía entrar, se le advertía que se descubriera para poderlo hacer, como si aún estuviera presente don Cosme Damián Churruca y Elorza, brigadier de la Real Armada Española, muerto a flote del navío de su mando, dos baterías y 74 cañones San Juan Nepomuceno. Fue nombrado Almirante a título póstumo, y en su recuerdo su sobrino recibió el título de Conde de Churruca. Los hechos de los que fue protagonista, así como su propia figura, fueron novelados por Benito Pérez Galdós en Trafalgar, primer título de sus Episodios Nacionales. En su villa natal de Motrico se alza una estatua a su memoria, así como en Ferrol, donde un sencillo monumento recuerda su paso por la Academia, y en San Fernando, donde hay una lápida colocada en la tercera capilla Oeste del Panteón de Marinos Ilustres, cuya leyenda es como sigue: A la memoria del Brigadier de la Armada Don Cosme Damián de Churruca Muerto gloriosamente sobre el navío de su mando «San Juan Nepomuceno» en el combate de Trafalgar e 21 de octubre de 1805. .

DIEGO DE ALMAGRO (Almagro, 1475 – Cuzco, 8 de julio de 1538) fue un adelantado y un conquistador español. Participó en la conquista de Perú y se le considera oficialmente el descubridor de Chile; fue también el primer europeo en llegar al actual territorio de Bolivia. Diego de Almagro nació en la ciudad de Almagro, en la actual provincia de Ciudad Real, siendo hijo ilegítimo de Juan de Montenegro y de Elvira Gutiérrez. Ambos padres se habían dado la promesa de matrimonio, pero terminaron su noviazgo sin realizar este compromiso. Para cuando rompieron, Elvira estaba embarazada de Diego, razón por la que sus familiares la ocultaron hasta que naciese el niño, que vio la luz en 1475. Fundó San Pedro de Riobamba, la primera ciudad española en Ecuador; además, mandó a fundar y poblar Puerto Viejo al capitán Francisco Pacheco en las inmediaciones de la costa. Los orígenes de Diego de Almagro permanecen oscuros. Había nacido en el año 1475 en la villa manchega de Almagro,1? en Ciudad Real, lugar del que tomó el apellido por ser hijo ilegítimo de Juan de Montenegro y Elvira Gutiérrez. Para salvar el honor de la madre, sus familiares le quitaron el infante y lo trasladaron a la cercana villa de Bolaños de Calatrava, siendo criado en esta localidad y en Aldea del Rey, a cargo de Sancha López del Peral. Cuando cumplió los 4 años volvió a Almagro, estando bajo la tutela de un tío suyo llamado Hernán Gutiérrez hasta los 15 años, cuando por causa de la dureza de su tío se fugó de casa. Se dirigió al hogar de su madre, que ahora vivía con su nuevo esposo, para avisarle de lo ocurrido y de que se iría a recorrer el mundo, pidiéndole algo de pan que le ayudara a vivir en su miseria. Su madre, angustiada, le buscó un pedazo de pan y unas monedas y le dijo: "Toma, hijo, y no me des más presión, y vete, y ayúdate de Dios en tu aventura". Se fue a Sevilla y, luego de probablemente hurtar para sobrevivir, el mozo pasa a ser criado de don Luis de Polanco, uno de los cuatro alcaldes de los Reyes Católicos y más tarde su consejero, y quien era alcalde de aquella ciudad. Mientras desempeñaba esta ocupación, Almagro acuchilló a otro criado por ciertas diferencias, dejándolo con heridas tan graves que motivaron que se promoviera un juicio en su contra. Siendo buscado por la justicia, don Luis de Polanco, haciendo uso de su influencia, consiguió que Pedro Arias de Ávila le permitiera embarcar en calidad de colono en una de las naves que saldrían a las Indias desde el puerto de Sanlucar de Barrameda. La Casa de Contratación exigía que los hombres que cruzaban a las Indias llevasen sus propias armas, ropas e instrumentos de labranza, lo cuales se los proporcionó don Polanco a su criado. Era Diego de Almagro un hombre de mediana estatura y poco favorecido en apariencia física, ya que fue afectado de acné y viruelas mientras estuvo en España. Almagro llegó al Nuevo Mundo el 30 de junio de 1514 en la expedición que Fernando el Católico enviaba al mando de Pedro Arias de Ávila. La expedición desembarcó en la ciudad de Santa María la Antigua del Darién, donde se encontraban muchos otros destacados futuros conquistadores, entre ellos Francisco Pizarro. Sobre Almagro no se tienen muchas noticias en este período, pero se sabe que acompañó a varios capitanes que salieron de la ciudad de Darién entre 1514 y mediados de 1515, aunque se mantuvo principalmente en la ciudad llegando a tener una encomienda, construyéndose una casa y dedicándose a la agricultura. Desarrolló su primera acción conquistadora el 30 de noviembre de 1515, cuando partió de Darién al mando de 260 hombres, para fundar la villa de Acla, ubicada en el lugar del mismo nombre, pero tuvo que desistir de su empresa porque cayó enfermo y debió regresar a Darién, dejando la misión de completar su plan al licenciado Gaspar de Espinosa. Almagro trabajó por algún tiempo con Vasco Núñez de Balboa, en ese tiempo encargado de Acla, que con los materiales de la expedición de Espinoza quería construir un barco, recortarlo y reconstruirlo en el Mar del Sur (el Pacífico). Sin embargo, según los datos obtenidos, no hay indicios de que participara en la expedición de Balboa y es más probable que regresara a Darién. Espinosa decidió realizar una nueva expedición, partiendo en diciembre con 200 hombres, entre los que estaba un ya recuperado Almagro, y Francisco Pizarro, quien por primera vez tenía el título de capitán. En esta expedición, que duró 14 meses, se encontró con el padre Hernando de Luque a quien ya conocía anteriormente. Aunque la famosa sociedad entre los tres no estaba aún realizada, ya se demostraban confianza y amistad. Tomó parte en las incursiones, fundaciones y conquistas desarrolladas en el golfo de Panamá, participando nuevamente en una de las expediciones de Espinosa, que se transportaba en dos barcos de Balboa. De Almagro en esta expedición solo se sabe que sirvió como testigo en listas, que en cada acontecimiento relacionado con indígenas, hacía levantar Espinosa. Permaneció en la recién fundada ciudad Santa María la Antigua del Darién, ayudando a poblarla. Durante cuatro años no participó de nuevas expediciones, ocupando su tiempo en la administración de sus bienes y los de Pizarro. Nació en esta época su hijo Diego de Almagro el Mozo, que tuvo con una india de la región llamada Ana Martínez. Allí tiene noticias de un reino situado en el sur, llamado Birú, que era el centro del Imperio inca. Francisco Pizarro propuso el reconocimiento de esas tierras y la conquista de sus riquezas. Sus dos primeras expediciones por esta zona, realizadas entre los años 1524-1525 y 1526-1528, revelaron las sorprendentes riquezas del Imperio incaico en las tierras recién descubiertas. En 1529, tras la firma de la Capitulación de Toledo, la Corona española autorizó a Pizarro la conquista y gobernación de Perú, que pasó a denominarse Nueva Castilla. Reunidos Almagro y Pizarro en 1532, iniciaron desde Cajamarca la conquista del territorio de los incas y, después de ejecutar al soberano Atahualpa, partieron hacia Cuzco. Ocupada esta ciudad en 1533, Almagro marchó a tomar posesión del litoral peruano y fundó la ciudad de Trujillo, superando mediante negociación las aspiraciones del conquistador Pedro de Alvarado. Para aquella época se formalizó la sociedad entre Almagro, Pizarro y Luque, recibiendo a principios de agosto de 1524 el permiso esperado para descubrir y conquistar por cuenta suya las tierras ubicadas en el levante de Panamá, empresa que culminó con la conquista del Imperio inca por parte de Pizarro. Almagro permaneció en Panamá para reclutar hombres y conseguir avituallamiento, mientras Pizarro capturaba al inca Atahualpa en Cajamarca. Los éxitos de Pizarro le movieron a solicitar el permiso real para emprender, por cuenta propia, la conquista de nuevos territorios; aunque le fue denegado, este hecho agrietó las relaciones de amistad con los Pizarro. No obstante, cuando llegó al Perú en 1533, lo hizo con un título de igual importancia que el de Pizarro, lo cual causó fricciones entre ambos. Tras repartirse el tesoro de Atahualpa y ejecutarlo, partieron hacia el Cuzco y tomaron la ciudad. La intromisión de Pedro de Alvarado se resolvió con el pago de una indemnización a este y su retirada, con lo que se evitó un conflicto.2? En junio de 1535 se produjo un acercamiento entre Almagro y Francisco de Pizarro, Pizarro incentivó a Almagro a realizar nuevos descubrimientos y se realizaron los preparativos en el Cuzco. En 1534 el Adelantado Pedro de Alvarado, conquistador de Guatemala y El Salvador, le vendió en la ciudad de Quito su armada de seis naves por cien mil pesos de oro. En 1535 el rey Carlos I recompensó a Almagro con la gobernación de Nueva Toledo, al sur de Perú, y el título de adelantado de las tierras más allá del lago Titicaca,2? en los territorios del actual Chile.

Almagro inició los preparativos de su expedición a Chile con buenos auspicios. Le llegaron noticias de los incas de que la región al sur del Cuzco estaba poblada de oro, por lo que juntó fácilmente 500 españoles para la expedición, muchos de los cuales lo habían acompañado al Perú. Iban también en la expedición unos 100 negros y unos 10.000 indios yanaconas para el transporte de las armas, ropas, víveres, etc. Las noticias que les llegaban de Chile eran absolutamente falsas, pues los incas planeaban una rebelión contra sus dominadores y deseaban que aquel grupo tan numeroso de españoles se alejara del Perú. Para convencerlos, Almagro le pidió a un alto señor del imperio que les preparara el camino junto a tres soldados españoles, el Inca les entregó el más alto jefe religioso del imperio, el villac umu, a su propio hermano llamado Paullu Inca, y su propia compañía. Encomendó a Juan de Saavedra que se adelantase con una columna de cien soldados para que, a la distancia de unas ciento treinta leguas, fundase un pueblo y lo esperase con los alimentos e indios de relevo que pudiera reunir en aquellas comarcas. Almagro salió del Cuzco el 3 de julio de 1535 con 50 hombres y se detuvo en Molina hasta el 20 de ese mes, detenido por el inesperado arresto del inca Manco Cápac II por Juan Pizarro, acción que le trajo problemas. Dejada atrás Molina, Almagro se encaminó por el camino del Inca, con los 50 hombres de que consistía su columna. Recorrieron el área occidental del lago Titicaca, cruzaron el río Desaguadero y se encontró con Saavedra en un poblado llamado Paria, en que logró reunir a 50 españoles más, que pertenecían al grupo del capitán Gabriel de Rojas , y que decidieron abandonar a su jefe y dirigirse a Chile, se reunió un total de 150 hombres. Permanecieron cerca del lago Aullagas todo agosto, en espera del derretimiento de las nieves de la cordillera de los Andes. Pasado este contratiempo, se dirigieron a Tupiza, donde se encontraron con Pablo Inga y el Villac-Umu, que tenían recolectado oro de los tributos de la región, y con los tres españoles que los acompañaron. Estos tres españoles, se habían dedicado mientras esperaban a Almagro al pillaje y asaltaron una caravana que supuestamente provenía de Chile con oro, el cual le fue mostrado a Almagro. Esto renovó los bríos de los expedicionarios haciéndoles olvidar los padecimientos de la marcha. Aquí Almagro realizó una nueva pausa de dos meses en la expedición, esperando que viniesen las tropas. Sin embargo le inquietó una nueva noticia; había arribado al Perú el obispo de Panamá, fray Tomás de Berlanga, que traía poderes para dirimir el conflicto de límites entre los conquistadores. Los amigos de Almagro le solicitaron que volviese para defender mejor su causa, pero el Adelantado quería ir por la riqueza chilena, por lo que siguió adelante. Otro contratiempo se presentó cuando el Villac-Umu se escapó de la expedición con todos los porteadores y volvió al norte. Pero Almagro y sus hombres siguieron adelante, ya que aún contaban con Pablo Inga. Los españoles tuvieron que tomar porteadores a la fuerza para poder transportar los avituallamientos, esto causó más de un conflicto con los naturales. El cruce de los Andes Los españoles más, algunos Yanaconas comenzaron a transmontar las primeras alturas de la cordillera de los Andes. En su avance por la cordillera, los expedicionarios sufrieron muchas penalidades, ya que caminaban agotados por el frío y el congelamiento de sus manos y pies, y por la dificultad de un suelo lleno de guijarros pequeños, de bordes afilados, que les destruían las suelas de los zapatos y las herraduras a los caballos. El gélido clima de la cordillera mató a gran parte de los indios Yanaconas, que empezaron a dejar en la ruta como un sendero de muerte, pues no tenían la ropa adecuada y andaban a pie desnudo, y a varios de los españoles, cuando se quitaban las botas, se les caían los congelados dedos de los pies. La tradición dice que fue por el llamado hoy Paso de San Francisco por donde Almagro realizó su triste travesía. Las penurias aumentaron al internarse por ese paisaje helado, inhóspito y silencioso, llegando incluso a detener el avance por falta de ánimos. El conquistador, preocupado por la suerte de sus hombres, encabezó junto a otros veinte jinetes un grupo de avanzada, que atravesó la cordillera y después de cabalgar tres días enteros, llegaron al valle de Copiapó (en ese entonces Copayapu), y recogieron víveres que le suministraron los indígenas y que envió de inmediato para socorro de sus hombres. Por fin el resto de la columna llegó a Copayapu (Valle del Copiapó) con 240 españoles, 1500 yanaconas, 150 negros y 112 caballos. Entre los negros venía una mujer leal a Almagro llamada Malgarida. Murieron durante la travesía 10 españoles, 50 caballos y cientos de indígenas amigos o auxiliares. Después de la natural recuperación de energías, se dio la orden de reiniciar la marcha hacia el valle de Copiapó; sin embargo le desertaron una multitud de yanaconas que dejaron prácticamente sin sirvientes a los españoles. Almagro endureció la mano y mandó que quemaran a varios indios culpables de haber matado españoles, estos indios habían asesinado a los tres soldados enviados en vanguardia que habían llegado a Chile. Para su escarmiento, Almagro decidió darles un cruel castigo reuniendo a todos los caciques importantes de la región, echándoles en cara su crimen y condenándoles a morir en la hoguera. Durante la realización del castigo le llegaron noticias de los caciques de la región del Aconcagua, que deseaban entablar amistad con los blancos. Eso se debió a un par de españoles renegados de Pizarro que estaban en la región desde antes. Se trataba de Gonzalo Calvo de Barrientos y de Antón Cerrada, quienes en realidad fueron los primeros españoles en descubrir y pisar territorio chileno. Gonzalo Calvo de Barrientos había sido afrentado por Pizarro -que había mandado que le cortaran las orejas- y para no exhibir su afrenta se internó hacia el sur del valle de Zama, de forma que llegó posteriormente más hacia el sur. Sería el más leal colaborador de Almagro. Durante su marcha a esa región, el Adelantado tuvo noticias de un barco, el San Pedro, que había recalado en la región, (Los Vilos) dirigido por Ruy Díaz y que venía lleno de ropas, armas y víveres para la expedición. Al llegar al río Conchalí, en Los Vilos, se encontró con el otro español ya mencionado llamado Antón Cerrada quien ya había influenciado a los aborígenes a dar una bienvenida pacífica a la columna de Almagro.
Al llegar al valle del Aconcagua los españoles fueron bien recibidos por los naturales, gracias a los consejos que les había entregado Gonzalo Calvo, como se ha dicho, español radicado desde hacía años en Chile. Sin embargo, los naturales fueron influenciados por el indio Felipillo, intérprete de los conquistadores, que les habló de las malas intenciones de estos y les recomendó atacarlos o huir de ellos. Los naturales le hicieron caso, pero no se atrevieron a atacarlos y escaparon durante la noche, al igual que el indio Felipillo y varios yanaconas, que tomaron el camino del norte, pero este último intento no fructificó. Felipillo fue atrapado y descuartizado con caballos frente al curaca de la región como escarmiento. El territorio que el Adelantado esperaba encontrar lleno de riquezas no cumplía ni sus más mínimas expectativas, lo que le causó una gran desilusión, por lo que decidió enviar una columna de 70 jinetes y 20 infantes dirigida por Gómez de Alvarado para que explorase el sur del territorio. Cuando la columna llegó al río Itata, tuvo lugar en Reinohuelén el primer enfrentamiento entre los españoles y los mapuches, en el que la superioridad de las armas y la sorpresa causada por los caballos permitió una fácil victoria española frente a indios muy guerreros, que se asustaron al ver el hombre montado a caballo como si fuesen ambos un solo ser. Esto no sería más que una mera escaramuza previa a la futura Guerra de Arauco que iniciaría Pedro de Valdivia muchos años después. Almagro, al sentir la presión de la tropa desengañada por las falsas promesas de riqueza y las desalentadoras noticias de una avanzada que daban cuenta de más tierra fría y pobre,,3? sopesó la situación y decidió no proseguir hacia el sur. Sin oro, Almagro, mal aconsejado por Gómez de Alvarado y Hernando de Sosa, solo pensó en regresar al Perú a intentar ganar el Cusco para su gobernación. Entre la alternativa de volver a atravesar la cordillera, o dirigirse por el desierto, se decidió por la segunda opción. En un acto de reconocimiento al sacrificio hecho por sus hombres en la expedición, y que no fueron recompensados con el ilusorio oro de esta región, decidió perdonar las deudas que sus soldados habían contraído con él, destruyendo todas las escrituras que los comprometían. El camino por el desierto de Atacama fue tan terrible como la travesía por la cordillera: días quemantes y noches heladas, la hostilidad de los indígenas, sin contar con la escasez de agua y alimento. Pero de cualquier forma se consideró mejor que la travesía por los Andes. Salieron en grupos pequeños de no más de 10 hombres haciendo jornadas de 20 km cada día. Durante el día se refugiaban bajo la sombra de los tamarugos, en la Pampa del Tamarugal y de noche, caminaban. Para ponerse a cubierto de una sorpresa, ya que el Perú ardía en una rebelión general contra Pizarro, Francisco Noguerol de Ulloa se hizo a la mar y desembarcó en el caserío como protección adelantada de los expedicionarios, permaneciendo 18 días y luego regresando por tierra a Arequipa en febrero de 1537, con la pérdida consignada de un hombre, Francisco de Valdés, que murió ahogado en un río. Tal fue el estado físico en que llegaron Almagro y sus seguidores que desde entonces se les llamó los "rotos de Chile" a quienes vinieran de esas tierras. Solo se atrevería a ir a conquistar esas tierras, 4 años más tarde, Pedro de Valdivia, en una expedición organizada desde el Perú. En 1535, el rey Carlos I lo recompensó con la gobernación de Nueva Toledo, gobernación que comprendía desde el límite de la gobernación de Pizarro y 200 leguas al sur, y el título de Adelantado en las tierras más allá del lago Titicaca. Al volver al Perú, en 1537, Almagro ocupó la ciudad del Cuzco, y en la batalla de Abancay, el 12 de junio de 1537, haciendo prisioneros a Hernando y Gonzalo Pizarro, por considerar que pertenecía a su gobernación. Francisco Pizarro negoció con Almagro el destierro de sus hermanos, pero en realidad Pizarro solo buscaba ganar tiempo y de algún modo imponerse ante la voluntad del rey, que decidió que el Cuzco era propiedad de Almagro. Pizarro, sintiéndose afianzado, lejos de cumplir con el acuerdo, les dio el mando de las tropas a sus hermanos. Almagro se encontraba enfermo en el momento de la traición del acuerdo y dio el mando a Rodrigo Orgóñez y los almagristas fueron derrotados en abril de 1538 en la batalla de las Salinas. En esta misma batalla murió el leal Gonzalo Calvo de Barrientos, el desorejado de Pizarro. Hecho prisionero, Almagro fue avergonzado por Hernando Pizarro y no pudo apelar ante el rey. Almagro, sintiéndose perdido entonces, suplicó por su vida, a lo cual respondió Hernando Pizarro diciendo: Sois caballero y tenéis un nombre ilustre; no mostréis flaqueza; me maravillo de que un hombre de vuestro ánimo tema tanto a la muerte. Confesaos, porque vuestra muerte no tiene remedio. Fue ejecutado el 8 de julio de ese mismo año en la cárcel por estrangulamiento de torniquete y su cadáver decapitado en la Plaza Mayor de Cuzco. Malgarida, su fiel sirvienta negra, tomó el cadáver de su amo y lo enterró en la Iglesia de la Merced en el Cuzco. Su hijo Diego de Almagro el Mozo intentó vengar a su padre, sin embargo, Francisco Pizarro murió en el palacio de Lima en 1541 a manos de Juan de Rada. Hernando Pizarro marchó a España a justificar su conducta ante el rey y fue encarcelado por más de 20 años en la fortaleza de Medina del Campo; Gonzalo Pizarro murió decapitado después de sufrir la derrota a manos del licenciado Pedro de la Gasca el 9 de abril de 1548, capitaneado por Pedro de Valdivia en contra del pizarrista Francisco de Carvajal en la Batalla de Jaquijahuana. .

DIEGO DE LOSADA Y OSORIO Diego de Losada fue un conquistador español, nacido en Rionegro del Puente (Zamora) en fecha incierta aunque algunos autores indican el año 1511. Fue hijo de Catalina de Osorio y de Álvaro Pérez de Losada (señor de Rionegro). Desde 1526 pasó a servir en el palacio de Alonso de Pimentel, Conde de Benavente. Como la mayoría de sus contemporáneos, el interés por conocer el Nuevo Mundo tras su descubrimiento por Cristóbal Colón en 1492, le trajo a estas tierras en plan de conquista y colonización. En 1533, se encontraba en Puerto Rico con su compañero de viaje Pedro Reinoso, con quien se incorpora a las huestes de Antonio Sedeño que se disponía a incursionar por el río Meta en busca de las riquezas del "Dorado". Hasta 1536 estuvieron Losada y Reinoso en Maracapana y zonas aledañas, cuando llegó Sedeño con sus huestes con el objeto de partir tierra adentro. Debido a que Sedeño quien era una persona cruel y arbitraria, se rebeló contra la autoridad de la Real Audiencia de Santo Domingo, la misma envió al teniente general Juan de Frías con el objetivo de hacerlo prisionero, pero fue Losada quien finalmente hizo prisionero a Frías. Luego sucedió un hecho inesperado como fue el envenenamiento de Sedeño camino al Meta, dividiéndose sus fuerzas en 2 contingentes, uno al mando de Reinoso y el otro bajo la jefatura de Losada. Ambos jefes no lograron unir esfuerzos, regresando a Maracapana para luego seguir a Santa Ana de Coro, donde separaron sus caminos. Reinoso se dirigió hacia el territorio de los jirahara (acual Barquisimeto), en donde fue apresado por el capitán Lope Montalvo de Lugo, mientras Losada se marchó a Coro donde se ganó la confianza del capitán general de la provincia de Venezuela, Heirinch Remboldt (1542-1544), quien lo unió a Juan de Villegas para el desempeño de una importante misión. Losada salió de Coro el 10 de marzo de 1543 junto con Villegas rumbo a Cubagua y Cumaná, con la finalidad de conseguir reemplazo para sus tropas, ya que sus hombres se los habían llevado los expedicionarios Felipe von Hutten y Montalvo de Lugo, quienes estaban en busca del Dorado. Cuando en septiembre de 1544, regresaron a Coro provistos de hombres y víveres, se encontraron con que Remboldt había muerto, ocupando su lugar, primero los alcaldes ordinarios de la ciudad Bernardino Manso y Juan de Bonilla y más tarde, Juan de Carvajal, relator de la Real Audiencia de Santo Domingo y por el teniente general Juan de Frías. Paralelamente a estos acontecimientos, comenzó a surgir una fuerte rivalidad entre Villegas y Losada que terminó por enemistarlos. En tal sentido, Villegas se le adelantó a Losada y fue a recibir a Carvajal a Paraguaná, entrando con el nuevo mandatario en Coro el 1 de enero de 1545; aprovechando la ocasión para indisponer a Carvajal contra Losada, quien dadas las circunstancias decidió volver a Santo Domingo. A Venezuela regresó con Juan Pérez de Tolosa, nuevo gobernador y capitán general de la provincia (1546-1549), quien de inmediato mandó capturar a Carvajal, que había desconocido la autoridad de Frías y asesinado a von Hutten. Finalmente, Carvajal fue ahorcado el 16 de septiembre de 1546, en presencia de sus soldados y de todos los habitantes de la ciudad de El Tocuyo que había fundado.

Tras este hecho, el gobernador Tolosa dispuso que su teniente general Juan de Villegas y el oficial Bartolomé García, regresaran a Coro con 30 hombres, mientras que dio otras comisiones a su hermano y a Losada, para que hicieran un reconocimiento por las tierras al sur de El Tocuyo; luego de lo cual regresaron a esta población en febrero de 1549. En septiembre de 1549 muere el gobernador Pérez de Tolosa y le sucede Juan de Villegas (1549-1553), quien luego de limar asperezas con Losada le da la oportunidad para desempeñar altas funciones. Unas de las primeras grandes empresas en la que participa Losada en este período, es la fundación de Nueva Segovia de Barquisimeto en 1552 junto a Villegas. Asimismo, fue alcalde ordinario de esta ciudad, y es favorecido allí con 9 encomiendas de indios. En El Tocuyo fue regidor y también alcalde, tocándole enfrentar durante este tiempo la rebelión acaudillada en 1553 por el Negro Miguel en Buría. En 1565, el gobernador y capitán general de la provincia de Venezuela, Alonso Bernáldez de Quirós (1561-1562; 1564-1566) lo designó para que realizara el sometimiento de los indios caracas, empresa en la cual habían ya fracasado Francisco Fajardo, Luis de Narváez, Juan Rodríguez Suárez, el propio gobernador Bernáldez de Quirós y Gutierre de la Peña. En 1567 salió Losada de El Tocuyo con la finalidad de llevar a cabo su empresa acompañado de 300 españoles y cerca de 16000 guerreros jiraharas. En Villa Rica (actual Nirgua) se puso la expedición bajo el patronato de San Sebastián, donde se le unieron entre otros, los hijos del gobernador, Francisco de Infante, Francisco Maldonado de Almendráis, Francisco Madrid, Gabriel de Ávila, Alonso y Tomé Andrea de Ledesma, Sebastián Díaz de Alfaro, Damián del Barrio, Pedro Alonso Galeas, Diego de Paradas, Juan de Gámez, Julián de Mendoza, Pedro García Camacho y Juan Serrano, todos militares experimentados. Al cabo de un tiempo, la expedición liderada por Losada llegó a Mariara y de allí pasó al Valle del Miedo, dominio del cacique Guaicaipuro. El avance de los españoles por este territorio se realizó a sangre y fuego, triunfando el ejército de Losada por su superioridad militar. El interés por la existencia de vetas de oro en las cercanías del valle de los caracas, y la posibilidad de conectar las colonias del occidente con las del oriente de Venezuela, movía a los españoles hacía esta zona de la cordillera de la Costa, que prácticamente era la única que aún no controlaban. Los indios caribes que ocupaban ese territorio habían salido airosos en casi todos los encuentros con los españoles que apenas habían logrado fundar dos pequeñas poblaciones: el Hato de San Francisco en el valle de los caracas y la Villa del Collado en la costa. Los caribes por su parte controlaban un área aproximada a la comprendida entre las actuales Maracay y la Llanura de Barlovento, por lo que la moral de sus guerreros era muy alta. Los caribes eran una etnia muy belicosa, gran parte de su cultura y rituales giraban alrededor de la guerra, y estaban en conflicto permanente con otros grupos desde antes de la llegada de los españoles, en particular los arawaks, por lo que eran muy hábiles en batalla. Para 1567, la confederación tribal (Caribana) era capaz de movilizar en un momento hasta 17.000 guerreros caribes bajo el liderazgo del cacique Guaicaipuro (lancero de los cerros) y habían destruido los dos poblados.
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DIONISIO ALCALÁ GALIANO Dionisio Alcalá-Galiano y Pinedo (Cabra, Córdoba, 8 de octubre de 1760 – Cabo Trafalgar, 21 de octubre de 1805) fue un destacado marino, militar y científico español, brigadier de la Real Armada Española, célebre por su heroica actuación y muerte en la batalla de Trafalgar al mando del navío de línea Bahama. En 1771, a los 11 años de edad, ingresó en la Real Armada, sentando plaza de guardiamarina. Estudioso y aplicado, amante de las ciencias, se distinguió pronto como cartógrafo. Muy joven fue destinado a cooperar en la formación de las cartas marítimas, trabajo por el cual sintió desde entonces particular afición y en el que se distinguió con sumo provecho de la ciencia. Embarcó en la fragata Júpiter en 1776 y al año siguiente tomó parte en la expedición que contra los portugueses llevó a cabo una escuadra al mando del marqués de Casa Tilly, con un cuerpo de desembarco a las órdenes del general Pedro de Cevallos, que tuvo por resultado la toma de la isla Santa Catarina en la costa del Brasil. Pasó después a Montevideo y participó en el bloqueo y rendición de la Colonia del Sacramento, ocupada por los portugueses, como oficial de órdenes de Gabriel de Guerra, comandante del Río de la Plata. Embarcó en el paquebote San Cristóbal y en él sirvió dos años en aguas del archipiélago de las islas Malvinas, donde el gobierno español trataba de hacer valer su soberanía una década después de la expedición y el intento de apropiación francesa a cargo de Louis Antoine de Bougainville. En 1778 ascendió a alférez de fragata. De nuevo en Montevideo, y declarada la guerra a Gran Bretaña, se dedicó al corso apresando a una fragata mercante enemiga. Regresó a Cádiz a bordo de la fragata Santa Bárbara. Durante todos estos años, su afición a las ciencias le llevó a ampliar sus conocimientos, haciendo los estudios que por aquellos años se denominaban sublimes, mayores y astronómicos. Cuando finalmente se firmó la paz con Gran Bretaña, el ministerio de Marina pensó en perfeccionar los levantamientos topográficos de las costas de España y redactar su derrotero. Fue designado para ello Vicente Tofiño, para que, con el personal a sus órdenes en el Observatorio de Marina, llevase a cargo el cometido. Se le asignaron una fragata y un bergantín de escaso calado que le permitiese acercarse a la costa. De esta comisión, que duró de 1783 a 1788, formó parte Galiano embarcado en la fragata Luisa en los años 1784 y 1785. Pronto sus conocimientos astronómicos e hidrográficos tuvieron de nuevo aplicación activa, en expedición tan notable desde el punto de vista marinero, como la llevada a cabo en 1785 por el capitán de navío Antonio de Córdova, comandante de la fragata Santa María de la Cabeza, al estrecho de Magallanes, con objeto, entre otros, de experimentar si realmente valía la pena acometer sus pasos, con los buques de vela de aquel tiempo, a pesar de los huracanados vientos de componente oeste y las fuertes corrientes, o bien si era mejor desafiar los temporales del mar abierto, doblando el cabo de Hornos. Galiano fue designado para formar parte de esta expedición por recomendación especial de Tofiño, por tener fama de aventajado en los estudios astronómicos y en el manejo de los instrumentos necesarios; era ya teniente de fragata. Otra de las expediciones hidrográficas en que tomó parte Galiano, fue la que tuvo por objeto determinar la verdadera posición de las islas Terceras, situadas algo a la ligera por el oficial de la marina francesa Flerieu. La corte de Lisboa dio toda clase de facilidades, ya que se trataba de cosa de mucho interés para la navegación. La corrección de la carta de las Azores se dispuso la efectuasen la fragata Santa Perpetua y los bergantines Vivo y Natalia, mandado este último por Alcalá Galiano. Tofiño fue designado jefe de la pequeña flotilla. Nuevamente, Galiano se mete de lleno en una expedición científica. Esta vez, en la célebre llevada a cabo en 1789 por el capitán de navío Alejandro Malaspina, con las corbetas Descubierta y Atrevida, la primera mandada por Malaspina, jefe de la expedición, y la segunda por José de Bustamante y Guerra, también del mismo empleo que el primero. Esta expedición, siguiendo la estela de James Cook y Jean-François de La Pérouse, se efectuaba no sólo con fines hidrográficos y astronómicos, sino también para estudio de la botánica y de las ciencias naturales en general, a cuyo efecto embarcaron naturalistas y dibujantes. Otro importante objeto de la expedición era conocer la verdad del estado de los territorios españoles de ultramar y sus necesidades políticas, económicas y militares. Galiano trabajó en la expedición con su ahínco acostumbrado y publicó al final una interesante Memoria con el resultado de sus observaciones astronómicas y cálculos. Tras doblar el cabo de Hornos en compañía de Malaspina, recalaron juntos en Acapulco, donde recibieron la orden de efectuar una detallada exploración para comprobar o desechar la idea de la existencia del Paso del Noroeste, unión entre los océanos Atlántico y Pacífico, como había asegurado el navegante español Lorenzo Ferrer de Maldonado y también Juan de Fuca. A tal efecto, se propuso al virrey que los capitanes de fragata Dionisio Alcalá Galiano y Cayetano Valdés dejasen la expedición de Malaspina, tomasen el mando de las goletas Sutil y Mejicana y llevasen a cabo un prolijo reconocimiento del estrecho de Juan de Fuca. Ambos barcos eran de muy poco calado, a propósito por ello para navegar por canales de poco fondo. La Sutil, aparejada de bergantín, y la Mejicana, de goleta, ambas bien pertrechadas de instrumentos astronómicos, antiescorbúticos y de objetos de rescate para regalar y cambiar con los indios. Como segundos iban los tenientes de navío Vernaci y Salamanca; Galiano, como oficial más antiguo, mandaba la expedición. Visitaron primero el puerto de Nutka, donde había un puesto y varios buques españoles. Por observaciones astronómicas obtuvieron la longitud de Nutka, para referir a ella todas las demás por medio de los cronómetros, y procedieron a efectuar los reconocimientos ordenados luchando con las rápidas corrientes y los fuertes vientos encajonados entre altas montañas.

Antes de retornar a Nueva España, trabó conocimiento y cortés amistad con el célebre explorador George Vancouver. Con él los españoles cambiaron información sobre los descubrimientos realizados por los de una y otra nación, y una vez reconocidas todas las calas, con los buques o con los botes, y no hallada salida alguna, se dieron por terminadas estas exploraciones, demostrándose el carácter apócrifo del viaje que confirmaba al estrecho de Fuca como canal de unión entre los dos océanos. Desarmadas las goletas, Galiano regresó a España vía México y Veracruz, llegando en los últimos meses del año 1794; había sido ascendido a capitán de navío en enero de ese mismo año. Se considera a Galiano como inventor del procedimiento de hallar la latitud por observación de altura polar, de un astro a cualquier distancia del meridiano, aunque Mendoza, en la edición de sus tablas de 1809, se atribuya la paternidad del procedimiento. Quizá fuese también inventor por su lado, pero lo cierto es que queda demostrado en la «Memoria» de sus observaciones de longitud y latitud publicadas en 1796 que Alcalá Galiano se le adelantó. Trata en ella de cómo hallar la longitud de un lugar por dos alturas del sol observadas fuera del meridiano; deducirla por algunas estrellas en los crepúsculos aunque estén distanciadas de él; hallar la longitud por la distancia de la luna al sol o a una estrella. De regreso a la Corte, obtuvo el hábito de la Orden de Alcántara por cédula real de fecha 5 de diciembre de 1795. La fama adquirida en sus anteriores trabajos le hizo ser designado para levantar el nuevo mapa topográfico de España, una vez firmada la paz de Basilea. Cuando todos los preparativos estaban ultimados, la desgracia en que cayó el recién retornado Malaspina arrastró a los que eran sus amigos, incluso los no complicados en la conspiración contra Godoy, que le llevó a la prisión y al destierro. Galiano fue destinado al departamento de Cádiz, en cuyo puerto le fue conferido el mando del navío Vencedor. El tratado de San Ildefonso renovó la alianza con Francia el 18 de agosto de 1796. Ello trajo consigo el intento de bombardeo de la escuadra de Nelson a Cádiz, en cuya defensa Galiano tomó parte principal y decisiva, al mando de algunas de las famosas “cañoneras”. En 1798 Galiano es comandante del navío San Fulgencio y con él, en una noche tempestuosa, fuerza el bloqueo de Cádiz que mantenían los ingleses, realizando un viaje a América en busca de caudales de que estaba tan necesitada la Hacienda regia. A los 28 días de la salida llegó a Cartagena de Indias, continuando después a Veracruz. De allí, regresó a España con varios buques, pasando antes por La Habana donde quedaron las fragatas Juno y Anfitrite. Componían su división los navíos de línea San Fulgencio y San Ildefonso, así como las fragatas Esmeralda, Clara y Medea. Logró entrar en Santoña pese a la persecución de que le hicieron objeto los británicos. Para burlarlos remontó a ganar latitud hasta cerca de los bancos de Terranova. Trajo un total de siete millones de duros (monedas de a ocho reales) y diversos productos de ultramar. El buen éxito de la expedición hizo que se pensase en repetirla y para ello pasó Galiano a Ferrol y sin ver a los suyos, se dispuso a volver a América en el navío San Pedro de Alcántara, cuyo mando había tomado. A la ida burló a sus perseguidores, pero no así a la vuelta, pues habiendo entrado en La Habana procedente de Veracruz como la vez anterior, cuando llegó la hora de salir encontró vientos contrarios, a más de las fuerzas británicas esperándole en superior número. En La Habana le sorprendió la Paz de Amiens. Después de firmada ésta, se encomendó a Galiano la traída de la segunda remesa de plata, que vino a España. A su regreso a Cádiz le fue conferido el mando del navío Bahama de 74 cañones: Feo en su exterior —lo describe su hijo Antonio en sus «Memorias»— aunque hecho de soberbio maderaje de cedro con tablazón de grandes dimensiones, encogido de proa y popa, mal configurado así como airoso de costado, muy velero navegando a un largo, aunque ciñendo el viento no era de los más finos y buque por otra parte destinado a servir, al que en esta ocasión tomaba su mando, de glorioso teatro de sus hazañas y muerte en un memorable y fuerte combate. El buque formaba parte de una escuadra que debía ir a Nápoles a buscar a la futura princesa de Asturias, pero la boda con el príncipe don Fernando se aplazó y la escuadra entró en Argel en visita de miras diplomáticas. El Bahama, con la fragata Sabina, se destacó para desembarcar una comisión relacionada con el mismo asunto. La escuadra pasó seguidamente a Cartagena y allí el Bahama fue incorporado a la escuadra del marqués del Socorro destinada a ir a Nápoles a buscar a la princesa María Antonia de Borbón, prometida del Príncipe de Asturias, que posteriormente gobernaría como Fernando VII. Con motivo de la boda de los Príncipes se concedieron muchas mercedes y ascendió Galiano a brigadier, no quedando contento por considerar que no debía recibir como merced entre las conferidas a muchos, lo que en justicia y como distinción le correspondía. Manifestó su disgusto a Manuel Godoy y poco después se le comunicó que S.M. concedía a su hijo la gracia de alférez de fragata, con el privilegio que fuese educado precisamente a las órdenes de su propio padre; pero Galiano, que tenía otros planes con respecto a su hijo, no aceptó esta gracia altamente honrosa.
Estando en Nápoles, a donde llevaron a los príncipes de aquel reino, Galiano transbordó a la fragata Soledad, con orden de dirigirse a los mares de Grecia y Turquía y levantar las cartas del Mediterráneo Oriental, de cuyos parajes no había entonces en Europa más que una mala carta británica con errores capitales, hasta en las latitudes de las islas y escollos que las forman. Entre ellos navegó en el mes de diciembre sin haber tenido una avería; marcó y situó astronómicamente todas aquellas islas e islotes y continuó su camino hasta Buyukderé y embocadura del mar Negro. Durante esta memorable campaña mereció el respeto y consideración, así de las autoridades turcas de los países que recorrió, como de los representantes y comandantes extranjeros con quienes se encontró, tanto en Constantinopla como en Atenas, que también visitó, y en todos los puertos del Mediterráneo oriental donde estuvo. Después de visitar el golfo de Lepanto, emprendió el retorno costeando el Asia Menor y las costas de África del Norte, situando islas y otros accidentes hidrográficos. Terminó sus trabajos en el cabo de Bon, entrando en Túnez para comprobar la marcha de los cronómetros. De regreso a España, formó la carta de aquellos parajes con suma maestría, viajando al efecto a Madrid llamado por real orden. Otra real orden le desterraba de la corte con destino a Cádiz, donde remató sus trabajos, sin que se le hubieran dado las gracias. El 16 de septiembre de 1805 estaba en Cádiz ocupado en escribir la relación del viaje, que no había podido terminar en la capital. Puesto que desde el 12 de diciembre de 1804 existía estado de guerra con el Reino Unido, por la agresión injustificada llevada a cabo contra cuatro fragatas españolas a la altura del cabo de Santa María, se había conferido a Galiano el mando del navío Santa Ana, de 112 cañones, del que después fue relevado, para ocuparse por entero «al desempeño de los trabajos relativos a su expedición en que había estado empleado en el Mediterráneo, terminando por fin la "Relación"». Cuando empezaron los armamentos en el departamento de Cádiz con toda intensidad, Galiano se dirigió al Príncipe de la Paz, rogándole le confiriese un destino que pudiese servir a su Patria con las armas. Se le dio el mando del navío Glorioso, que permutó por el San Leandro, y a finales de mayo tomó de nuevo el mando del Bahama. La escuadra combinada entró en Cádiz después de la expedición contra la Martinica, y las fuerzas del general Álava que estaban de apostadero quedaron a las órdenes de Federico Gravina. La débil escuadra bloqueadora de Cuthbert Collingwood se fue reforzando más y más. Galiano se ofreció de nuevo para forzar el bloqueo e ir a América en busca de caudales. Ordenada por Napoleón a Villeneuve la salida de la escuadra, se convocó a bordo del buque insignia un consejo de guerra al que asistieron Churruca y Galiano como únicos brigadieres, el segundo en calidad de comandante del Cuerpo de Pilotos. Al refutar la opinión general de los españoles, expuesta por el mayor general Escaño, de ser contrarios a la salida sin esperar un debilitamiento de los británicos, el contraalmirante Magón se expresó de manera harto inconveniente. Galiano, de carácter vehemente, le replicó con acaloramiento, llegando al punto de temerse un duelo entre ambos. Galiano había acompañado a su familia dos días antes a Chiclana, con el pensamiento de volver pronto, pues era cosa decidida que la escuadra no saldría. No obstante, de improviso, en la madrugada del 19 de octubre salió el Bahama formando parte de una división avanzada mandada por Magón. Ya fuera toda la escuadra, el Bahama formaba parte de la segunda división de la escuadra de observación mandada por Gravina. En la mañana del 21 quedó en la línea a retaguardia, entre el Plutón y el Aigle, ambos franceses. Galiano presentía el duro golpe que iba a recibir España en su Armada y estaba resuelto a perecer con honor. Dirigiéndose al guardiamarina Butrón, su pariente, y señalándole la bandera, le dijo: «Cuida de no arriarla aunque te lo manden, porque ningún Galiano se rinde y ningún Butrón debe hacerlo». El Bahama se batió heroicamente con dos navíos enemigos y en algún momento con tres. En la enérgica defensa que Galiano realizó de su buque, recibió primero una contusión en la pierna a consecuencia de un balazo que le dobló el sable. Después un astillazo en la cara que le hizo perder mucha sangre, negándose a dejar su puesto. Otra bala le arrebató el anteojo de las manos y, por último, un proyectil de cañón de mediano calibre le destrozó la cabeza quitándole la vida. Desarbolado el buque y todo cubierto de cadáveres, el teniente de navío en quien recayó el mando, juzgando toda resistencia inútil y hallándose ya el navío falto de todo poder combativo, ordenó arriar la bandera, cosa que no tuvo que hacer el guadiamarina Butrón, que ya había sido herido gravemente. El furioso temporal que siguió al combate arrojó al Bahama contra la costa. Recibió sepultura en la mar y su recuerdo es perpetuado en el Panteón de Marinos Ilustres con una lápida, colocada en la tercera capilla del Oeste, que dice lo siguiente: A la memoria del Brigadier de la Armada Don Dionisio Alcalá Galiano, muerto gloriosamente sobre el navío de su mando el Bahama en el combate de Trafalgar el 21 de octubre de 1805 .

AMERICO VESPUCIO Américo Vespucio, (Florencia; 9 de marzo de 1454 ?-Sevilla; 22 de febrero de 1512) fue un comerciante y cosmógrafo florentino, naturalizado castellano en 1505, que participó en al menos dos viajes de exploración al Nuevo Mundo, continente que hoy en día se llama América en su honor. Desempeñó cargos importantes en la Casa de contratación de Sevilla, de la que fue nombrado piloto mayor en 1508; pero su fama universal se debe a dos obras publicadas bajo su nombre entre 1503 y 1505: el Mundus Novus y la Carta a Soderini, que le atribuyen un papel protagonista en el Descubrimiento de América y su identificación como un nuevo continente. Por esta razón el cartógrafo Martín Waldseemüller en su mapa Universalis Cosmographia, de 1507 acuñó el nombre de «América» en su honor como designación para el Nuevo Mundo. El relato a menudo fantasioso y contradictorio de sus viajes lo han ubicado como una de las figuras más controvertidas de la era de los descubrimientos.

Su padre, Anastasio Vespucci, y su madre, Isabel Mani, conformaban una familia acomodada cercana al círculo de los Medici, lo cual le permitió entrar en contacto con importantes humanistas de la Florencia renacentista. En 1478 marchó a París donde desempeñó funciones administrativas para su tío Guido Antonio Vespucci, quien había sido designado embajador de Lorenzo, el Magnífico, en la corte de Luis XI. En Francia completó la formación que había recibido en su ciudad natal y fue secretario del embajador de Florencia y también estuvo al servicio de los Medici en el ramo del Comercio. Tras la muerte de su padre, en 1482, regresó a Florencia y permaneció hasta 1491 al servicio de los Medici. En 1492, cuando se realizó el primer viaje de Colón , Vespucio se encontraba en Sevilla y colaboró con la expedición. Representaba los intereses comerciales de los Medici y se puso al servicio de Juanoto Berardi, florentino dedicado al comercio de oro y esclavos y proveedor de los aprestos de las naves en las travesías al Nuevo Mundo. Tras la muerte de Berardi, en 1496, Vespucci decidió dedicarse a la navegación. Entre 1499 y 1502 realizó varios viajes a América, que relató en cinco cartas dirigidas a distintos destinatarios. Determinar el número de viajes que realizó a este continente constituye una de las cuestiones más polémicas. La mayoría de sus biógrafos admiten que Vespucci se embarcó en Cádiz en 1499 en la flota de Alonso de Ojeda y Juan de la Cosa. Siguiendo la ruta del tercer viaje de Cristóbal Colón , recorrió la costa norte de Sudamérica y llegó hasta el cabo de la Vela (Venezuela) regresando en junio de 1500 a Cádiz.
Además de las costas de Venezuela, también llegó al Brasil y fue el primero en llegar al Río de la Plata, luego bordeando la costa en dirección sur arribó a la Patagonia, cerca del estrecho que poco después descubrió Hernando de Magallanes. Comprobó así que las tierras descubiertas no eran una prolongación de la península asiática, sino un nuevo continente. Este viaje fue narrado por Vespucci en una carta que dirigió a Lorenzo di Pier Francesco de Medici, editada en París en 1502 con el título de Mundus Novus . Gracias al mérito de escribir a todos sus amigos y enviar esas cartas geográficas de sus viajes gozó de tanta fama en Europa que el geógrafo Martín Waldseemüller propuso en 1507 que se diera al Nuevo Mundo el nombre de América, en homenaje a Américo, que era, según él, el verdadero descubridor del Continente. Vespucci aceptó aquel despropósito, arrebatándole a Cristóbal Colón la gloria de llevar su nombre. Para remediar en parte esta injusticia, Francisco de Miranda inventa la palabra Colombia, como un homenaje a Cristóbal Colón, para asignársela al territorio de América que fuese libertado. Simón Bolívar acoge esa iniciativa y bautiza con el nombre de Colombia la república que fundó en 1819 con los territorios de Venezuela, Nueva Granada y Ecuador. Parece probable que entre 1503 y 1504 realizara un tercer viaje a las Indias, también al servicio de Portugal, bajo la dirección de Fernando Noronha, que llegó hasta Brasil. En 1504 estaba de regreso en Sevilla y al año siguiente fue recibido por el rey Fernando, el Católico , en Toro (Zamora) que le concedió la ciudadanía castellana. En 1505, el florentino se naturalizó en Castilla y León pasando a llamarse Américo Vespucio y se casó con María Cerezo. Por estos años, la fama de Vespucio como marino y comerciante era tanta, que fue invitado a participar junto a cartógrafos y navegantes ilustres en la Junta de Burgos. Además, en 1508, recibió el título de piloto mayor de la Casa de Contratación creada en 1503 en Sevilla, cargo que compaginó con sus negocios indianos, invirtiendo su dinero en alguna de las flotas que partían al Nuevo Mundo. En abril de 1511 Vespucio redactó su testamento y murió el 22 de febrero del año siguiente, en Sevilla, España. .

ALVARO MENDAÑA,: Nacido en 1541, dirigió una expedición exploratoria por el océano Pacífico, alcanzando las islas Salomón. En 1568 vuelve a Lima, donde sus relatos no resultan demasiado creídos. Junto a Fernández de Quiroz, emprendió un nuevo viaje veinticinco años más tarde, con el objetivo de fundar una ciudad. En la travesía descubrió nuevas islas, falleciendo en la de Santa Cruz. A su muerte legó todos sus poderes a Isabel de Barretos, su mujer, quien dirigió la expedición de vuelta a Manila junto a Quiroz en 1596. La aventura del su segundo viaje pone de manifiesto las dificultades de todo tipo a las que estos navegantes tenían que enfrentarse, pero muy especialmente las de orden científica y en especial las relacionadas con el problema, aun no resuelto, del cálculo de las longitudes (que no se resolvería hasta que muchos años más tarde Harrison construyera el primer cronómetro marino). En efecto, en su segunda expedición, Mendaña no fue capaz de volver a encontrar las Islas Saloón en las que supuestamente había estado en el primero, bien los errores cometidos al fijar su situación en el primer viaje, bien por los cometidos en su segunda navegación o mas probablemente por una mezcla de ambos.

ISAAC PERAL: Nació el 1 de junio de 1851 en Cartagena. Ingresó muy joven en el Colegio Naval Militar de San Fernando (Cádiz) y en 1882 fue nombrado profesor de física matemática en la Escuela de Ampliación de Estudios de la Armada. En 1885 puso en conocimiento de la Marina su proyecto de navegación submarina, obteniendo una respuesta desigualentre los expertos de la marina, aunque finalmente se aceptara su proyecto

Las obras del torpedero submarino Peral comenzaron en el arsenal de la Carraca (Cádiz) el 23 de octubre de 1887, botándose finalmente el prototipo el día 8 de septiembre de 1888. El submarino consistía en una nave de veintidós metros de eslora, pesaba 79 t en desplazamiento en superficie y 87 t sumergido. El casco, las cuadernas y las mamparas eran de acero e iba armado con dos torpedos. Se sumergía mediante unos acumuladores eléctricos que suministraban corriente a unas dinamos. Éstas, a su vez, por rotación, hacían girar dos hélices dispuestas en el eje vertical del submarino. Las hélices y el aumento de desplazamiento proporcionado por la inundación de los tanques de inmersión iban hundiendo la nave hasta que su resistencia era inferior a la presión del agua.

Aunque las pruebas definitivas tuvieron gran éxito, el Consejo Superior de la Marina, con una visión que hubiera hecho las delicias de los fabricantes de gafas, no autorizó la construcción de nuevos submarinos. Lo mismo que pasó con Monturiol. ¡Jolines, qué país!. Ya lo decía aquel: que inventen ellos. Quédenos al menos el consuelo, de que por mucho que los diseños de submarinos han evolucionado en el tiempo transcurrido hasta nuestros días, todos ellos mantienen las lineas maestras del diseño del de Isaac Peral

 

FERNÁNDEZ DE ENCISO, MARTÍN Conquistador y geógrafo español, nacido en Sevilla en el año 1509, fue requerido por Alonso de Ojeda cuando estaba asentado en la isla de La Española, para realizar una expedición a Urabá (en la actual Colombia), a cambio de ser nombrado alcalde mayor. Llevó a cabo una expedición al Darién, en uno de cuyos barcos viajaba como polizón Vasco Núñez de Balboa, y fundó Santa María la Antigua del Darién.

Allí se alzó Balboa con el poder y acusó a Fernández de Enciso de haber usurpado jurisdicción ajena sin permiso del rey. Despojado de sus bienes, volvió a España en 1512 para quejarse ante el monarca. En 1519, publicó la Summa de geografía, que pretendía proporcionar a los marinos la información geográfica y astronómica necesarias para la navegación hacia el Nuevo Mundo. Esta obra constituye el fundamento de una fecunda producción bibliográfica de carácter geográfico y cosmográfico realizada por autores españoles.

DOMINGO MARTINEZ DE IRALA Domingo Martínez de Irala (Vergara de la Hermandad, Guipúzcoa, Corona de Castilla, 1509 - Asunción del Paraguay, Virreinato del Perú, 3 de octubre de 1556) fue un conquistador, explorador y colonizador español que como lugarteniente de Juan de Ayolas quien lo nombrara interinamente hasta que regresara como teniente de gobernador de La Candelaria en 1537, luego lo sería de hecho, y posteriormente elegido por el pueblo según real cédula, como teniente de gobernador general de Asunción. Ocupó tres veces el cargo de gobernador interino del Río de la Plata y del Paraguay, en los períodos de 1539 a 1542, de 1544 hasta 1548 y por último desde 1549. El emperador Carlos V lo nombraría definitivamente como titular en el cargo gubernamental en el año 1555, que lo ostentaría hasta su fallecimiento. En 1543 fundó en el Chaco Boreal el Puerto de los Reyes, a orillas del río Paraguay y del pantano de los Jarayes, sobre las costas de la laguna La Gaiba. Domingo Martínez de Irala nació en 1509 en la villa de Vergara, en Guipúzcoa, dentro de la jurisdicción de Castilla la Vieja que formaba parte de la Corona homónima hasta 1516, ya que por la autoproclamación del rey Carlos I, pasó a ser de la Corona española Era hijo de los hidalgos Martín Pérez de Irala y de Marina de Albizúa Toledo Martínez de Irala marchó a Sudamérica en el año 1535, enrolado en la expedición de Pedro de Mendoza quien fuera el primer adelantado del Río de la Plata. Participó al año siguiente en la primera fundación de Buenos Aires y a las órdenes de Mendoza peleó contra los aborígenes.? Exploró junto a Juan de Ayolas el río Paraná y el río Paraguay. Fue nombrado el 2 de febrero de 1537 lugarteniente de Ayolas en el «Puerto de La Candelaria» —en las cercanías de la actual Bahía Negra— o mejor dicho, se convertiría en el teniente de gobernador de La Candelaria, donde quedó como capitán de la gente y barcos que quedaban en ese puerto, mientras su jefe se dirigía tierra adentro para seguir explorando y poder encontrar las míticas «Sierras de la Plata» y las «amazonas». Como era incierta la suerte corrida por Ayolas, del que se tenía noticias que había sido asesinado por los indios payaguás, el veedor Alonso de Cabrera había marchado, a principios de mayo, desde la primera Buenos Aires hacia la ciudad de Asunción con el otro pretendiente a la gobernación, el capitán Francisco Ruiz Galán quien fuera nombrado por el anterior adelantado como teniente de gobernador de Buen Ayre, Corpus Christi y Buena Esperanza. El 23 de junio de 1539,? Cabrera pudo comprobar efectivamente el poder entregado por Juan de Ayolas a Martínez de Irala, por lo que dispuso en forma definitiva fuera reconocido este último como legítimo gobernador interino y capitán general de todas las tierras del Río de la Plata y del Paraguay con sede en Asunción —la cual había sido fundada el 15 de agosto de 1537 por el capitán Juan de Salazar y Espinosa— que Martínez de Irala con la ayuda de los demás conquistadores fortificó y aumentó la guarnición de la misma hasta seiscientos hombres, logrando pacificar sus alrededores.?

La decisión fue acatada por toda la población ya que esta resolución era consecuencia de la voluntad del emperador que había enviado secretamente con el veedor Cabrera una real cédula con connotaciones democráticas para que sea el pueblo quien decidiese. Al llegar el nuevo adelantado Álvar Núñez Cabeza de Vaca en 1542, las autoridades se negaron en un principio a entregar el gobierno al mismo, aduciendo que Juan de Ayolas estaba vivo y por lo tanto, seguía Irala en el mando por ser su lugarteniente, situación que no se podía mantener debido a las provisiones que traía el adelantado, por lo cual, se le debía entregar el mando aunque Juan de Ayolas siguiese con vida. Al acatar la Real provisión, Martínez de Irala fue nombrado maestre de campo por el adelantado y partió al frente de una expedición ordenada por este, en busca de la sierra de la Plata. Durante la misma, Martínez de Irala conspiró secretamente contra el nuevo adelantado en varias ocasiones. El 6 de enero de 1543 en la Región chaqueña Irala fundó la ciudad de «Puerto de los Reyes», a orillas del río Paraguay y de la Laguna de Jarayes, sobre las costas de la laguna La Gaiba,9? luego desde aquí llegó en sus exploraciones hasta el Alto Perú, donde ya otros españoles habían conquistado aquellas tierras. El 26 de noviembre del corriente arribó el adelantado a la nueva población y procedería a hacer una exploración por la región para regresar al puerto el 16 de diciembre del mismo año. Al año siguiente, el 23 de marzo de 1544 el adelantado consultó a sus capitanes sobre el hecho de abandonar la nueva población o continuar habitándola, por lo cual decidirían por lo primero y partieron todos del Puerto de los Reyes, y llegarían enfermos y cansados el 8 de abril a la ciudad de Asunción, por lo cual, el gran salto al cerro de la Plata y al río Amazonas había fracasado por culpa de las epidemias, las inundaciones, de los aborígenes belicosos y de las intrigas de Irala, Andrés de Cabrera y demás oficiales. El 26 de abril del mismo año consiguió deponer al adelantado con una rebelión de sus parciales en la que él astutamente se mantuvo al margen ya que Martínez de Irala se encontraba enfermo. Por lo cual, efectuaron una votación en la que Martínez de Irala fue nuevamente escogido. Irala dispuso enviar al adelantado a la Península, donde fue juzgado y sentenciado. En el mismo año, las tribus locales se rebelaron ferozmente contra los españoles mientras estos se hallaban en un conflicto interno por el cargo de gobernador. Aprovechando tal situación los guaraníes, agaces y carios marchaban hacia Asunción con 15.000 hombres al mando del jefe Macaria y al llegar acamparon en sus cercanías. Irala los enfrentó con 300 españoles y 1.000 a 1.500 jheperús y bataheis. Tras tres horas de lucha los rebeldes fueron forzados a huir caóticamente, produciéndose más de 2.000 bajas aborígenes y muchos más heridos. Durante la persecución los vencidos se refugiaron en el pueblo fortificado de Froedimidiere, que luego de tres días de asedio, los españoles lo tomaron masacrando a los defensores y pobladores, tras esto, algunos huyeron a Carayba que no pudo ser tomada. Otros sobrevivientes huyeron a Hieruquizaba pero antes de llegar fueron derrotados por los jheperús. Posteriormente entre junio de 1545 y diciembre de 1546 el jefe Tavaré de los carios organizó una nueva rebelión con su tribu y los guaraníes en las zonas de Guarnapitán y Acaraíba (o Acahaí) hasta su captura y muerte en Hieruquizaba. En 1545, Irala se embarcó en la expedición exploradora por el Chaco Boreal, quedándose en su puesto el lugarteniente Francisco de Mendoza, y preparó la campaña contra los guaraníes, además de descubrir la tierra de los sabayas. Al regresar a la ciudad de Asunción en 1549, se enteró que se habían producido grandes disturbios y los rebeldes habían decapitado a Francisco de Mendoza, sumado a que también había sido depuesto de su cargo el año anterior y había tomado el poder Diego de Abreu, autonombrándose teniente de gobernador general de Asunción, y habían obligado al capitán Gonzalo de Mendoza a que se proclamara gobernador interino, pero por mayoría popular Irala fue repuesto el 13 de marzo del corriente. El gobernador interino Martínez de Irala hizo ajusticiar al lugarteniente Abreu y nombró como teniente de gobernador a Mendoza. Tras recuperar el poder, se internó hacia el Oeste en una expedición de desastrosos resultados. En 1554, envió a Madrid a su sobrino Esteban de Vergara, para que diese cuenta al rey de sus servicios y vicisitudes y, en recompensa, el rey le nombró gobernador del Río de la Plata.
Finalmente sería confirmado por Real cédula portada por el obispo Pedro Fernández de la Torre en 1555, la cual por mandato del emperador Carlos V ocuparía como titular en el cargo de gobernador-propietario del Río de la Plata y del Paraguay, después de haber fracasado la Corona en todos sus intentos de enviar a un adelantado para ocupar el cargo vacante, ya que Juan de Sanabria había fallecido en la península y su hijo heredero Diego de Sanabria no logró llegar a destino, aunque sí pudiera hacerlo su madrastra Mencia Calderón que traía a las primeras mujeres hidalgas al Nuevo Mundo para iniciar una aristocracia colonial americana. El emperador también le había prohibido continuar con las empresas descubridoras, por lo cual fundó varias poblaciones y emprendió diversas obras. Finalmente, el gobernador Domingo Martínez de Irala fallecería el 3 de octubre de 1556 en la ciudad de Asunción, como consecuencia de una fiebre elevada.? Irala no solo convivió con varias concubinas desde el inicio de la ocupación de Asunción, sino que además permitió que los españoles también vivieran cada uno de ellos con varias mujeres indígenas, lo que le valió la crítica de las autoridades religiosas, quienes para calumniar al gobernador ante el rey, llegaron a comentarle que llamaban a la Asunción el "paraíso de Mahoma". Sin embargo, esta permisividad fue el modo que halló Irala para concertar la paz con diferentes parcialidades indígenas, y en ello fue exitoso. Consecuentemente tuvo gran descendencia mestiza, que fue base de la población de esa parte de América. Sus hijas fueron entregadas en matrimonio a diferentes conquistadores también con el espíritu de establecer alianzas y equilibrios entre las distintas facciones cuya existencia caracterizó a la primitiva Asunción. El testamento del conquistador del 13 de marzo de 1556 expresa lo siguiente: "Digo y declaro y confieso que yo tengo y Dios me ha dado en esta provincia ciertas hijas y hijos que son: Diego Martínez de Irala y Antonio de Irala y doña Ginebra Martínez de Irala, mis hijos, y de María mi criada, hija de Pedro de Mendoza, indio principal que fue desta tierra; y doña Marina de Irala, hija de Juana mi criada; y doña Isabel de Irala, hija de Águeda, mi criada; y doña Úrsula de Irala, hija de Leonor, mi criada; y Martín Pérez de Irala, hijo de Escolástica, mi criada; e Ana de Irala, hija de Marina, mi criada; y María, hija de Beatriz, criada de Diego de Villalpando, y por ser como yo los tengo y declaro por mis hijos y hijas y portales he casado a ley y a bendición, según lo manda la Santa Madre Iglesia [...] " .

DOMINGO PEREZ DE GRANDALLANA Natural de Jerez de la Frontera, Domingo Pérez de Grandallana ingresó como guardamarina a la edad de 13 años, en 1766. En el año 1770, fue nombrado alférez de fragata. Su trayectoria en la Real Armada fue fulgurante: en 1779, ascendía al grado de capitán de fragata; en 1780, a capitán de navío y, dos años más tarde, a brigadier. En el año 1796 era nombrado teniente general de la Real Armada. Durante todos estos años, Pérez de Grandallana intervino en expediciones a Árgel, combates contra Gran Bretaña, expediciones a Brasil (toma de la isla de Santa Catalina), acudió al socorro de la plaza de Melilla, participó de un bloqueo a Gibraltar e intervino en la lucha contra la República Francesa.

Fue destinado como representante de la Armada al Estado Mayor organizado por Godoy y nombrado, por Real Decreto de tres de abril del año 1802, Secretario de Estado y del despacho universal de Marina. Al frente de este cargo gestionaría, en respuesta a un oficio de Manuel Godoy de 13 de septiembre de 1802, la organización de una escuadra de guerra con la finalidad de “traer los caudales y efectos de la Real Hacienda” de Lima con destino a España. Cesado de esta secretaría de estado en febrero de 1805, Pérez de Grandallana obtendría el mando de la escuadra de El Ferrol. Su dilatada carrera al servicio de España finalizaría con su muerte en 1807. El último cargo que ocuparía sería el de Consejero de Estado. .

FEDERICO CARLOS DE GRAVINA Y NAPOLI Nacido en Palermo el 12 de agosto de 1756 fue un marino y militar español y el duodécimo capitán general de la Real Armada Española. Célebre por su participación en la Batalla de Trafalgar, fue uno de los más insignes marinos de España, siempre eficaz tanto en sus cargos militares como diplomáticos. Era hijo de Juan Gravina y Moncada, duque de San Miguel, Grande de España de primera clase, y Doña Leonor Napoli y Monteaporto, hija del príncipe de Resetena, igualmente Grande de España. Un tío de Federico, a la sazón embajador de Nápoles en Madrid, solicitó y obtuvo para su sobrino la entrada en la Real Armada Española. El 18 de diciembre de 1775 sentó plaza de guardiamarina mediante un riguroso examen del que salió con mucha honra, fruto de la sobresaliente educación que había recibido en el Colegio Clementino de Roma. Embarcó por primera vez en el navío San José. En pocos meses fue ascendido a alférez de fragata y estuvo en el Brasil a bordo de la fragata Santa Clara. En el transcurso de esta campaña, cumplió intachablemente su primera misión independiente al conseguir la rendición del castillo de la Ascensión, situado en un islote cercano a Santa Catalina. En 1777, salvó la vida milagrosamente al varar su barco en el estuario del Río de la Plata, accidente en el que murió la mayor parte de la tripulación. En 1778, de regreso a España, fue ascendido a alférez de navío y embarcado en jabeques de caza contra piratas argelinos. Ascendido de nuevo a teniente de fragata, obtuvo por primera vez el mando de un barco: el jabeque San Luis con el que participó en el bloqueo de Gibraltar. Sus méritos pronto le valieron los galones de teniente de navío y el mando del apostadero de la bahía de Algeciras. Participó en la expedición contra Menorca (bajo control inglés), distinguiéndose en el sitio del fuerte de San Felipe. Tras esto y nuevas acciones en el sitio de Gibraltar, siguió su fulgurante carrera de ascensos hasta obtener finalmente el grado de capitán de navío. En 1785 obtuvo el mando de la flota que combatió en la costa argelina contra la de este país. Se distinguió por su incansable actividad, consiguiendo el rechazo de las fuerzas argelinas. En 1788 llevó a Constantinopla al embajador Jussuf Efendi. Allí inició observaciones astronómicas y escribió una memoria, iniciando su trayectoria como estudioso. Tras esto mereció el ascenso a brigadier. Por estas fechas tuvo lugar la muerte del monarca Carlos III de España, siendo la fragata de Gravina, Paz la primera en llevar la noticia a las colonias, al hacer el viaje Cádiz–Cartagena de Indias–La Habana–Cádiz en menos de tres meses. En 1790 recibió por primera vez el mando de un navío (la clase de barco de guerra más grande de la época), el Paula. Con éste participaría en la evacuación de Orán, protegiendo la retirada del ejército que abandonaba esas posesiones africanas y se embarcaba hacia Cartagena. Tras ser promovido a jefe de escuadra, viajó a Inglaterra (ahora aliada de España) con el objetivo de extender sus conocimientos de náutica y tácticas navales. Fue recibido con los mayores honores. A su regreso obtuvo el mando de cuatro navíos, con los que pasó al Mediterráneo y tomó parte activa y destacada en la guerra contra la Francia revolucionaria. Su navío insignia fue el San Hermenegildo, de 112 cañones. En 1796, tras ser ascendido a teniente general, España firmó el tratado de San Ildefonso con Francia, entrando en guerra contra Gran Bretaña. Combatió como segundo de la escuadra a las órdenes de Don José de Mazarredo. Tras la firma de la paz recibió el cargo de embajador de España en París. Su cargo diplomático tenía una condición solicitada por él mismo: en caso de guerra, volvería a la actividad naval y militar

Abiertas las hostilidades con Gran Bretaña, Gravina se trasladó a Cádiz y tomó el mando de la flota de guerra española. Enarboló su estandarte en el navío Argonauta (80 cañones) el 15 de febrero de 1805. El emperador Napoleón se proponía invadir Gran Bretaña. Siguiendo las órdenes del gobierno de Godoy, Gravina se puso bajo el mando del almirante francés Villeneuve, quien dirigía la escuadra franco-española hasta aguas caribeñas para despistar a la flota inglesa. El objetivo consistía en alejar a la mayor parte de la flota inglesa del Canal de la Mancha para permitir el cruce a los 180 000 hombres que Napoleón tenía aguardando en Texel y Boulogne para atacar Inglaterra. El engaño surtió, en parte, efecto, puesto que la escuadra inglesa comandada por Nelson partió en busca de la escuadra combinada, sin conseguir interceptarla. Sin embargo, la flota franco-española libró a su regreso la batalla del Cabo Finisterre, perdiendo los navíos españoles Firme y San Rafael. Tras esto se refugió en Cádiz por orden de Villeneuve, contradiciendo el plan original de Napoleón. Los 180 000 soldados franceses nunca embarcaron y fueron desplazados al interior de Europa, participando muchos de ellos en la batalla de Austerlitz. En Cádiz, Federico Gravina y otros altos mandos españoles, como Cosme de Churruca (al mando del navío San Juan Nepomuceno) o el general Cisneros (al mando del enorme Santísima Trinidad), mantuvieron fuertes discusiones con los mandos franceses. Estos optaban por salir de Cádiz, mientras que los españoles recomendaban esperar, por ser el viento desfavorable y aproximarse un temporal en la zona. Finalmente la flota zarpó de Cádiz el 20 de octubre de 1805, teniendo lugar al día siguiente la batalla de Trafalgar, desastrosa derrota franco-española frente a la escuadra inglesa. Federico Gravina resultó herido, perdió un brazo, y esa herida terminará matándolo meses más tarde. A pesar de ello, logró llegar con su navío Príncipe de Asturias a Cádiz. Federico Gravina alcanzó la más alta dignidad militar cuando se le promovió a capitán general de la Armada. Pero sus heridas se agravaron y finalmente murió el 9 de marzo de 1806, con 49 años de edad. Sus restos se encuentran en el Panteón de Marinos Ilustres, de San Fernando (Cádiz).

PASCUAL CERVERA Y TOPETE Pascual Cervera y Topete nació en Medina Sidonia, Cádiz, el 18 de febrero de 1839,ingresando en el Colegio Naval Militar de San Carlos (San Fernando, Cádiz) el día 30 de junio de 1832, cuando sólo contaba con la edad de 13 años, y recibiendo su despacho como alférez de navío con apenas 21 años..

Si se repasa la dilatada y brillante hoja de servicios de D. Pascual Cervera Topete, no cabe duda de que pueden encontrarse evidentes signos de lealtad, valor y sacrificio para el servicio a España. La primera prueba de ello fue su ascenso a teniente de navío por méritos de guerra durante su estancia en Filipinas los primeros años de su vida militar, en la lucha contra los rebeldes malayos y en los combates que se desarrollaron durante los asaltos a los fuertes de la Cotta de Pagalugan, defendiendo a la patria y reprimiendo la piratería filipina y joloana que se llevaba por delante vidas y haciendas. También durante su primera estancia en Filipinas levantó cartas náuticas en costas intrincadas y peligrosas, así como socorrió a náufragos y a pescadores en peligro.
De vuelta en la Península, entre 1865 y 1868 estuvo a cargo de la formación de guardiamarinas. Siendo capitán de fragata, participó activamente en la lucha cantonal, defendiendo a la Primera República española, tanto en Cartagena como en Cádiz, siendo nombrado benemérito de la Patria. Posteriormente volvió a Filipinas, donde ejerció el mando de la corbeta “Santa Lucía”, interviniendo en acciones de guerra en Mindanao, y en 1876 fue nombrado Gobernador de la isla de Joló. De nuevo volvió a la Península y ocupó diversos cargos en el Ministerio de Marina. En 1879 fue comandante del buque escuela de guardiamarinas y en 1880 fue nombrado Comandante Militar de Marina de Cartagena. Más adelante, siendo Presidente de la Comisión de construcción del acorazado “Pelayo” y durante su estancia en Francia, se le concedió la condecoración de la Legión de Honor francesa.
Entre el 14 de diciembre de 1892 y el 23 de marzo de 1893 ocupó el cargo de Ministro de Marina en un gobierno liberal presidido por Sagasta, lo que pone de manifiesto que el Almirante Cervera tenía un pensamiento ciertamente liberal para su época. En la legislatura de 1893-94 fue elegido como senador por Cádiz, siendo durante este período Jefe de la Comisión de Marina de España en Londres. Tras este paréntesis en su carrera militar, volvió al servicio activo en puestos de la Marina y en 1896 fue nombrado Comandante General del Arsenal de la Carraca (San Fernando, Cádiz). Pero, sobre todo, D. Pascual Cervera Topete es conocido y será recordado por el cumplimiento del deber durante la defensa de Cuba contra las pretensiones de los Estados Unidos en 1898, obedeciendo - muy a su pesar - las órdenes recibidas de enfrentarse al enemigo aun conociendo la inferioridad en que se encontraba la escuadra española con respecto a la de la Marina de Guerra de los Estados Unidos, lo que supuso la pérdida de la escuadra bajo su mando y de los territorios españoles en ultramar. Tras la pérdida de la escuadra en Cuba, fue hecho prisionero por los Estados Unidos, junto con los supervivientes de las dotaciones de sus barcos. Al volver a España y tras el sobreseimiento de la causa (consejo de guerra) que se le incoara por la pérdida de la escuadra en Cuba, en la legislatura de 1903-04 fue nombrado senador vitalicio.
En 1902 se le dio el primer cargo público después de la Guerra, Jefe de Estado Mayor Central de la Armada, al que seguirían, en años siguientes, el de miembro del Consejo Supremo de Guerra y Marina; Capitán General del Departamento Marítimo del Ferrol; Jefe de la Jurisdicción Central y Presidente de la Junta de Adjudicación de los barcos de la nueva escuadra en proyecto. Falleció en Puerto Real (Cádiz) el 3 de abril de 1909, habiendo alcanzado el grado de vicealmirante. Desde el 19 de junio de 1916 sus restos descansan en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando (Cádiz), al considerarse que D. Pascual Cervera Topete fue un héroe para la historia. Por otra parte y ya ajeno al contenido de su hoja de servicios, el respeto que el almirante Cervera despertó en sus antiguos enemigos está patente en lugares a miles de kilómetros de España: Las dos ciudades más importantes de la República de Cuba exhiben bustos del almirante Cervera, sin ningún tipo de complejo. Uno se encuentra en el Castillo del Morro de Santiago de Cuba (desde 2005) y el otro en el Castillo de la Real Fuerza, de La Habana (desde 2012). En 2015 el gobierno cubano organizó un homenaje a los marinos españoles caídos en la Guerra de 1898, en la costa oriental de Cuba. A 12 metros de profundidad, en el pecio donde reposan los restos hundidos del Crucero “Almirante Oquendo” se colocó una tarja (lápida) de bronce, y dos submarinistas, uno catalán y otro vasco, depositaron una corona de laurel alrededor de la misma, como reconocimiento de los cubanos a los marinos españoles muertos en el combate contra la Marina de los Estados Unidos.

BLAS DE LEZO Blas de Lezo y Olavarrieta (Pasajes , Guipuzcoa 3 de febrero de 1689 - Cartagena de Indias , Nueva Granada 7 de septiembre de 1741) fue un almirante español, conocido por la falta de alguno de sus miembras a consevuencia de sus heridas de guerra recibidas en varias batallas, reconocido como uno de los mejores estrategas de la Armada Española y por su victoriosa defensa de la plaza de Cartagena de Indias en el asedio a la que los ingleses la sometieron en el año 1741.

En 1723, al mando de la escuadra de los Mares del Sur, le encargaron la misión de limpiar de corsarios y filibusteros las costas del Pacífico. No sólo lo dejó como una patena, sino que tuvo tiempo de enamorarse en Lima de Josefa Pacheco de Bustos, volvió a España convertido en general de marina recién casado. Enviado a Génova para reclamar dos millones de pesos que la Real Hacienda tenía depositados en la ciudad, recibió a una delegación del Senado, le dio la vuelta a un reloj de arena y dijo a los plenipotenciarios genoveses que si cuando cayese el último grano no estaba embarcada la pastizara, bombardearía la ciudad. Regresó a España con las bodegas llenas de oro. Blas de Lezo realzó su más heroica y conocida gesta cuando, a los 52 años, nombrado comandante general del apostadero naval de Cartagena de Indias, estalló entre España e Inglaterra la guerra llamada de "la oreja de Jenkins". El conflicto había empezado en las costas de Florida cuando Juan León Fandiño, un capitán de guardacostas, interceptó un barco al mando del Robert Jenkins y antes de liberarlo le hizo cortar una oreja con este recado: «Ve y dile a tu rey que le haré lo mismo si a lo mismo se atreve». El primer ministro Walpole, en desagravio e impulsado por su opinión publica y por la avidez de los comerciantes de la City, declaró la guerra a España. La expedición británica la comandaba el almirante sir Edward Vernon y tenía el propósito de arrebatar las posesiones españolas tomando Cartagena de Indias, "a llave de América". Era una flota descomunal de 186 buques con una tripulación de 15.000 hombres. Además, podía desplegar en tierra 9.000 soldados regulares, una potente artillería de asedio, 4.000 milicianos del contingente norteamericano al mando de Lawrence Washington, hermano del futuro libertador estadounidense, y 2.000 negros macheteros de Jamaica: un total de más de 30.000 hombres y 2.600 piezas de artillería. Frente a esa fuerza colosal, Blas de Lezo sólo podía oponer seis barcos y 2.800 hombres. Pero de esa terrible asimetría emergió el talento y el arrojo del marino de Pasajes, que resistió dos meses el cañoneo y, en abril de 1741, puso a la flota inglesa en desbandada. Tras arrojar 6.000 bombas y 18.000 balas de cañón y perder seis navíos y 9.000 hombres, los ingleses se retiraron y Vernon salió por jarcias y con el rabo entre las piernas. Otros son maestros en justificar sus derrotas; Lezo, en convertir en oficio el logro de lo improbable. Pero los ingleses, que crearon como nadie su propia historia, también inventaron la de los demás. Llegaron a Londres noticias de que habían tomado Cartagena y se acuñaron medallas conmemorativas de la victoria que nunca existió y que mostraban, ante un arrogante Vernon, la silueta de Lezohumillado y arrodillado, cosa del todo imposible porque la pata de palo le habría impedido tal pose. Eso y que no era un tipo de los que se doblegan. A Vernon le levantaron un monumento en la Abadía de Westminster, panteón de los héroes británicos, donde todavía hoy, en un brillante ejercicio de neolengua, puede leerse que "en Cartagena conquistó la victoria hasta el punto en que la fuerza naval puede llegar". O sea, que no conquistó nada. Blas de Lezo había evitado la pérdida del imperio español en América. De no haber sido por él, Hispanoamérica sería Angloamérica y se hablaría inglés. Españoles e ingleses anduvimos siglos a la greña porque estábamos de acuerdo en algo: los dos queríamos América. La conservamos de milagro o, más exactamente, por las agallas de un hombre solo, de este vasco insumergible que en el agua tenía los reflejos de un delfín y en tierra se movía con la torpeza de un tullido, porque fue dejando en cada batalla un pedazo de su cuerpo a cambio de unas migajas de gloria. Pero no le salió gratis aquella última victoria porque quedó malherido. El 7 de septiembre de 1741, a las ocho de la mañana, en un jergón de un hospital de Cartagena de Indias, el marino más intrépido que vieron los siete mares y todos los siglos abandonó este mundo en medio de la peste y de la amnesia general. El maltrecho cuerpo del lobo de mar, que había capturado más de 60 buques de todos los pabellones y había evitado la pérdida de un Imperio, fue enterrado en algún lugar ignoto y sin honores.

ESTEBAN DE MARI CENTURIÓN Teniente general de la Real Armada Española.Vino al mundo en la ciudad de Génova a lo largo del año 1680. Por sus méritos fue nombrado general de la mar en el año 1715. Fue ascendido a teniente general, otorgándosele el mando como Capitán de la Compañía de Guardiamarinas. Comenzó a prestar servicios de mar en la marina española en el reinado de Carlos II. Al fallecimiento de éste monarca, le sucedió en el trono el primero de los Borbones el rey Felipe V, al que Mari siguió desde el primer momento, rindiéndole pleito homenaje. Sirvió en la flota de galeras de España, realizando con ellas todos los servicios que se le encomendaron, en el Mediterráneo; tomó parte en el sitio de Barcelona con tres buques de su propiedad, siendo uno de ellos de 70 cañones, y los otros dos de menor porte. Estando asignado a la escuadra de Andrés del Pez, viajaron a Génova, para trasladar a España, a la futura reina Isabel de Farnesio. Fue nombrado general de la mar, ejerciendo este cargo desde el año 1715. A las ordenes de don Pedro Gutiérrez de los Ríos, formando parte de la expedición, con sus buques, para la reconquista de la isla de Archivo:Mallorca, salió del puerto de Barcelona el día 11 de junio del año 1715; cuando la isla fue tomada, se le encomendó la misión de volver a España con la nueva buena, arribando a Barcelona. En el año 1716 se puso al frente de una escuadra de seis navíos de línea, que junto a una de cinco galeras al mando de Guevara, que ya había sido ascendido a jefe de escuadra, debían acudir en auxilio de Venecia, socorriendo a Corfú, donde los turcos habían desembarcado a treinta mil hombres y tres mil caballos, obligándoles a reembarcar. Propusieron al almirante veneciano Pisani la persecución de los turcos, pero éste tenía otros planes y no lo aceptó, concurriendo con las tres escuadras a la reconquista de las plazas de San Butrino y Santa Maura. En el puerto de Barcelona se estaba componiendo un expedición, con una escuadra compuesta por nueve navíos, seis fragatas, dos brulotes, dos bombardas y tres galeras, más un convoy de ochenta buques de transporte, dándosele el mando de la expedición; el ejército a transportar esta compuesto por nueve mil infantes y seiscientos caballos, estas fuerzas estaban al mando del marqués de Lede, con sus subordinados el teniente general Armendáriz y el mariscal de campo conde de Montemar, esta se dirigía a la toma de la isla de Cerdeña secretamente; la flota salió dividida en dos, una al mando del Marqués de Lede como jefe de toda ella y la segunda subordinada, al mando de Baltasar de Guevara, la primera lo hizo el día 22 de julio del año 1717 y la segunda el día treinta y uno, dándose el caso, que llegó la segunda primero, siendo el día 9 de agosto, pero se quedó a la vista de la isla, lo que produjo la alarma consiguiente; llegando la de Lede el día veinte, esta descoordinación la aprovecharon los defensores de la isla para prepararse para el previsto desembarco; en ella estaba el virrey, marqués de Rubí y la guarnición la componían, aragoneses, valencianos y catalanes, que provenían de los hechos prisioneros en la batalla de Zaragoza, por las tropas del archiduque Carlos de Austria.

En su auxilio acudió el conde de Foncalada, con las galeras de Nápoles, pero al ver la fuerza oponente, se limitó a dejar en la fortaleza a quinientos alemanes, para reforzar las fuerzas y regresando con sus fuerzas a su puerto de salida. Desembarcó el ejército, desarrollándose al acciones sin mucha oposición, puesto que los naturales habían estado doscientos años en manos de los franceses, no sintiendo especial aprecio hacía sus ocupantes, en contra sí se acordaban de los bien que les había ido con los españoles, por lo que eran preferidos por ellos, a los diecisiete días de producido el desembarco, se conquistó la fortaleza de Cáller, actual Cagliari, en cuya ciudad estaban los virreyes, en este combate entró en fuego por primera vez la compañía de guardiamarinas españoles, al mando de su capitán don Juan José Navarro, que como capitán de navío era el segundo comandante del navío Real San Felipe, a continuación se fueron tomando el resto de poblaciones y al cabo de tres meses la isla quedó totalmente en manos españolas, con sólo la pérdida de quinientos hombres. Se dejaron de guarnición en la isla a tres mil hombres al mando del general Armendáriz y regresando al puerto de salida la flota al mando de don Esteban Mari. Al año siguiente, se formó otra expedición en el mismo puerto al mando del general don Antonio Gaztañeta, a la que se unió la de Esteban Mari, quedando compuesta por: doce navíos, diecisiete fragatas, siete galeras, dos brulotes y dos bombardas, más un convoy al que daba escolta de formado por doscientas setenta y seis transportes y ciento veintitrés tartanas, que transportaba un ejército de dieciséis mil hombres y ocho mil caballos; saliendo del puerto el día 19 de junio del año 1718, con la misión de conquistar la isla de Sicilia; como plenipotenciario y jefe absoluto, iba el intendente de marina don José Patiño; en la isla la aparición de los españoles causó la misma alegria que en Cerdeña, encontrando sólo resistencia en la ciudad de Messina, que la protegían unos efectivos del piamonte, por lo que en muy poco tiempo quedó por el Rey de España. Al recibir la noticia de la aproximación de la escuadra británica del almirante Byng, hubo consejo de generales, el jefe de escuadra Cammock, de origen irlandés aconsejo quedarse al abrigo de la artillería de los fuertes, al igual que Esteban Mari quien añadió « nada debía de ser motivo para comprometer frente a fuerzas superiores la armada del Rey, que tanto importaba conservar », pero en contra de esta opinión conservadora, por lógica, se opuso la del general Gaztañeta y el plenipotenciario Patiño. Pero estos estaban equivocados por la falta de información por parte del cardenal Alberoni, que sí sabía las intenciones de los británicos; por lo tanto se siguió el consejo de los dos más altos cargos, pero porque pensaban que los británicos sólo habían llegado para mediar, por ser esa la última noticia que tenía. Salieron del puerto y el día 11 de agosto del año 1718, tuvieron que repeler el ataque del británico, por lo que se defendieron más que combatir; Esteban Mari iba a retaguardia en su navío insignia el Real San Felipe y las fragatas San Isidro, Tigre, Águila de Nantes, dos balandras de bombas, un brulote y otros buques de transporte. Estaban todas estas fuerzas muy a retaguardia y muy próximas a la costa, casi en la tierra de Avola, cuando se les vinieron encima materialmente seis navíos británicos, que con tal fuerza, eran muy superiores a las de Mari, después de sufrir un duro y encarnizado encuentro, su comandante intento que su navío no cayera en manos del enemigo, por lo que dio la orden de vararlo y prenderle fuego, cuando ya la tripulación se encontrara a salvo, pero por el estado en que había quedado no se pudo realizar, siendo apresado por los británicos. De todas las fuerzas, sólo dos fragatas pudieron cumplir la orden, de varar y darles fuego, el resto, ante la superioridad del enemigo optó por rendirse, después de corta lucha, sólo la fragata Sorpresa, fue la que hizo honor a su nombre, dando la sorpresa de enfrentarse con una tenaz y persistente resistencia a ser abordada, hasta quedar totalmente destruida por la abrumadora diferencia en contra, de la artillería enemiga. Después de tan desigual combate, Mari transbordó a uno de los buques de la división de don Baltasar de Guevara, que no intervino en el combate por haberle sido ordenado, el hacer un tornaviaje a isla de Malta, al poner rumbo de regreso a la bahía de Cádiz, tropezó con una fragata británica, a la que combatió y apreso, así como a los tres mercantes que protegía.
Fue ascendido a teniente general, otorgándosele el mando como Capitán de la Compañía de Guardiamarinas. Con ocasión de la visita a Cádiz del rey Felipe V, en el año 1729, pasó revista a una Flota de la carrera de Indias, que iba al mando de Mari, compuesta de diecisiete galeones mercantes y tres de guerra como escolta, regresando al mismo puerto el día 18 de agosto del año siguiente con un importante cargamento de oro y plata, más una excelente carga de frutos preciosos de aquellos territorios. Al poco se le dio el mando de otra expedición, formada por una Flota de veinticinco navíos, siete galeras y un gran número de transportes, que levaban a siete mil hombres, con la misión de apoyar por la mar y por tierra, a don Carlos pues tenía que tomar posesión de los estados de Parma y de Toscana, éste por la muerte el día 20 de enero del año 1731 del duque Antonio Farnesio y el de Parma por herencia de su madre, la Reina que tenía mucho interés en que su hijo fuera Rey de estos estados. Los británicos en esta ocasión se unieron a las armas de España con una escuadra de dieciséis navíos, en estos momentos (nunca se estaba seguro) se comportaron de manera noble y devolvieron los buques apresados en el combate del cabo Passaro, la escuadra zarpó del puerto de Barcelona el día diecisiete de octubre, arribando a Liorna el día veintisiete siguiente, desembarcando las fuerzas del ejército ocupando las plazas que habían estado en poder de los austriacos, cumpliendo así con el tratado ya firmado en la ciudad de Sevilla el día 6 de junio del año 1731, al concluir la toma de todas las posiciones, la escuadra regresó navegando en conserva con la británica. Regresó a la bahía de Cádiz en el año 1732, donde se incorporó de nuevo a su destino tomando el mando de la Compañía de Guardiamarinas, poco tiempo después se le otorgó el mando del Departamento de Cádiz, pero sin pérdida del de la Compañía. El Rey quiso darle al infante Felipe una ocupación, por lo que el día 14 de marzo del año 1737, se puso en funcionamiento el Almirantazgo, nombrando al Infante don Felipe Almirante General de España e Indias; para el asesoramiento de tan importante cargo, pues era el responsable de las Armadas de España e Indias y de todo el comercio hecho por mar, se formó un consejo en el que participaron los más importantes marinos del momento, siendo constituido por los tenientes generales marqués de Mari, don Francisco Cornejo y Rodrigo de Torres, siendo el secretario don Zenón de Somodevilla. El día 22 de febrero del año 1742, el infante Felipe pasó a tomar posesión de los ducados de la península itálica, siendo nombrado Gran Duque de Parma, Plasencia y Guastalla, por ello dejó el mando de Almirante General, razón por la que a su vez quedó disuelto el consejo y con él el Almirantazgo. El marqués de Mari, al no tener responsabilidades en la Corte, se trasladó a Cádiz a tomar el mando de su querida Compañía de Guardiamarinas, de la que conservaba su propiedad como su Capitán. Pero no pasó mucho tiempo ejerciendo el cargo, ya que poco después falleció en la misma ciudad, en el año 1742, contando con sesenta y dos años de edad. .

FADRIQUE ALVAREZ DE TOLEDO MENDOZA Don Fadrique Alvarez de Toledo y Mendoza. Nació en Nápoles, el 30 de mayo de 1580. Era hijo de Pedro Álvarez de Toledo Osorio, V Marqués de Villafranca del Bierzo, y de Elvira de Mendoza. Heredó desde su nacimiento el cargo de Comendador del Valle de Ricote en la Orden de Santiago. Comenzó sirviendo en galeras bajo el mandato de su padre y ascendió rápidamente igual que su hermano, García Álvarez de Toledo Osorio, en la carrera militar. En 1617 alcanzó al cargo de Capitán General de la Armada del Mar Océano. Esto le llevó a nuevos y numerosos combates mandando la escuadra contra holandeses, ingleses y berberiscos. En la batalla naval de Cabo San Vicente, en 1621, derrotó a la armada de las Provincias Unidas de los Países Bajos y en la batalla naval del Canal de la Mancha, en 1623, venció nuevamente a la flota holandesa e impidió que cruzara el canal estableciendo un bloqueo sobre sus costas. Poco después derrotó una armada bereber en el estrecho de Gibraltar. Debido a la unión dinástica aeque principaliter bajo la Casa de Habsburgo fue General del Reino de Portugal y Capitán General de la Armada del Brasil. En 1625, con una flota de 26 navíos, con 450 cañones y 3500 soldados de desembarco, fue enviado a recuperar la ciudad de Salvador de Bahía, ocupada por las fuerzas holandesas de los Países Bajos. Con una operación por tierra y por mar rindió la ciudad de Bahía y capturó a miles de holandeses. Siguió con las operaciones militares desalojando a holandeses e ingleses de otros puntos de Brasil.Posteriormente, se apoderó de la isla de San Salvador. En 1629 dirigió la expedición de la armada española en el Mar de las Antillas y libró la Batalla de San Cristóbal en donde venció a una flota corsaria en la isla Nieves, expulsó a los ingleses y franceses de la isla de San Cristóbal y quemó todas sus plantaciones de café y tabaco. El aumento de su poder le hizo chocar directamente con el autoritarismo y las políticas en materia de relaciones exteriores del conde-duque de Olivares, quien para alejarle de la corte, le quiso enviar a América a recuperar la plaza de Pernambuco y el resto de plazas brasileñas ocupadas en 1630 por una inmensa armada holandesa que traía hasta 7000 hombres de desembarco. Don Fadrique no acepó la misión por su estado de salud y por la disposición y el estado de la flota, por lo que se le formó un proceso de desobediencia. Este consejo de guerra lo apartó, humilló y condenó a una vida de penurias y descrédito. Murió prácticamente en la miseria por no cumplir la misión que Olivares le exigió.

Poco después su memoria fue rehabilitada. Las hazañas navales y militares de Fadrique Álvarez de Toledo fueron motivo bastante para que el rey de España Felipe IV le concediera el título de marqués de Villanueva de Valdueza, el 17 de enero de 1634. Sus acciones le granjearon una gran fama y se le dedicaron obras de teatro y poesías. El que una vez fue el mejor marino español de su época murió al poco tiempo, en Madrid, el 11 de diciembre de 1634. La caída del conde duque de Olivares en 1643 acrecentó su fama como uno de los más valientes y destacados capitanes generales que tuvo la armada española. Fadrique se casó en Madrid, el 12 de agosto de 1627, con su sobrina Elvira Ponce de León; hija de Luis Ponce de León, VI marqués de Zahara, y de Victoria Álvarez de Toledo Osorio, hija de Pedro Álvarez de Toledo Osorio, V marqués de Villafranca del Bierzo y II duque de Fernandina. De su matrimonio tuvo Fadrique a los siguientes hijos: Elvira Álvarez de Toledo Osorio, mujer de Juan Gaspar Enríquez de Cabrera, VI duque de Medina de Rioseco. Victoria Álvarez de Toledo Osorio, casada con su primo Francisco Ponce de León, V duque de Arcos. Fadrique Álvarez de Toledo Osorio, VII marqués de Villafranca del Bierzo, II marqués de Villanueva de Valdueza y Grande de España. Fallecido Fadrique, en 1634, su esposa la marquesa viuda de Villanueva de Valdueza, fue una de las figuras más importantes de la corte de Mariana de Austria ya que tuvo el cargo de camarera mayor, el 8 de enero de 1654, cinco años después de la llegada a la Corte de Mariana de Austria, a la que sirvió durante toda su época como reina consorte de España, desde 1649 hasta 1665 como segunda esposa del rey Felipe IV y regente, desde 1665 hasta 1675 como madre del rey Carlos II y reina madre. .

RODRIGO DE BASTIDAS Conquistador español nacido en Sevilla hacia el año de 1445, descubridor de las costas de Colombia y parte de su territorio, así como de las de Panamá. En octubre de 1500 zarpó desde Cádiz hacia América, siguiendo las huellas de Cristóbal Colón. Reunió en esta expedición a expertos navegantes como Vasco Núñez de Balboa y Juan de la Cosa, cartógrafo que ya había viajado con Alonso de Ojeda en 1499.

Los exploradores recorrieron las costas de Venezuela hasta el cabo de La Vela, que era el límite de la provincia venezolana. Continuando hacia el Oeste, Bastidas descubrió las costas de la actual Colombia, las bahías de Santa Marta, Cartagena y Cispatá, así como la desembocadura del río Magdalena. Fue el primero en penetrar hacia la sierra Nevada de Santa Marta. Con ánimo de seguir explorando, atravesó el golfo de Urabá y descubrió las costas del istmo de Panamá, recorriendo los puertos de Retrete y Nombre de Dios.

Bastidas encontró gran cantidad de oro en sus incursiones por estos nuevos territorios, pero al regresar a Santo Domingo, a finales de 1501, el barco naufragó y perdió parte del oro que transportaba. Francisco de Bobadilla, el mismo que se llevó encadenado a Colón, procesó a Bastidas, quien resultó absuelto al llegar a España en septiembre de 1502 y recibió una pensión vitalicia sobre los productos de Urabá y Cenú. Incansable, obtuvo nueva capitulación (6 de noviembre de 1524) para fundar una ciudad entre el Cabo de la Vela y el río Magdalena.

Fue así como fundó en 1525 Santa Marta, la primera ciudad establecida en Colombia. Se le tiene como hombre bondadoso con los indígenas; sin embargo, uno de sus hombres intentó asesinarlo; herido, viajó a Santiago de Cuba, donde murió en 1527. Su hijo, también llamado Rodrigo de Bastidas, fue el primer obispo de Venezuela. La imagen contigua muestra la placa que luce la que se dice fue la casa de este ilustro navegante español en Santo Domingo.

 

 

RAMÓN MARQUET, VICEALMIRANTE CATALAN DEL SIGLO XIII: No se crea que la historia de la navegación y de los grandes navegates de España comienzan con el descubrimiento de América; muchos años antes el Mediterráneo era el ámbito geográfico de importantes gestas debidas a grandes marinos. De familia de navieros y mercaderes, Ramón Marquet fue hombre de confianza de los reyes Jaime I y Pedro el Grande. Junto con Berenguer Malloll organizó la expedición naval de 1282 a Barbería (África del Norte) y a Sicilia, que inició la expansión aragonesa por tierras italianas. Armador e intendente excepcional, destacó también como marino de guerra en la batalla de las islas Formigues, en 1285, que significó el descalabro de la flota francesa. Supo aprovechar al máximo el papel de los ballesteros catalanes (de habilidad reconocida mundialmente) en los combates navales.

 ROGER DE LAURIA: Gran almirante de la Corona de Aragón en los siglos XIII y XIV. Se crió en la corte del rey Pedro el Grande de Aragón. Acompañó al monarca en sus expediciones a Barbería (África del Norte) y a Sicilia en 1282. Nombrado almirante al año siguiente, derrotó a sus enemigos en todos los combates en los que tomó parte, tanto franceses como provenzales o sarracenos. Sus victorias en Malta, en el golfo de Nápoles (donde hizo prisionero al príncipe de Salerno ) y en Rosas fueron famosas en su tiempo. Destacó por sus dotes de táctico y de estratega. Las crónicas de Muntaner y de Desclot nos dan puntual noticia de sus hazañas, entre ellas, la afirmación de que «ningún pez osaría nadar por el Mediterráneo si no llevaba en la Cola la señal del rey de Aragón ». Quiso ser enterrado al pie de la tumba de su señor, el rey Pedro el Grande, en el monasterio catalán de Santes Creus.

PEDRO FERNÁNDEZ DE QUIRÓS, (1565-1615): Después de volver a puerto con la fracasada expedición de Mendaña, Pedro Fernández de Quirós zarpó del puerto de El Callao (Perú) con tres navíos en diciembre de 1605. El viaje fue un fracaso ya que sólo se descubrió el archipiélago del Espíritu Santo o Nuevas Hébridas. Quirós bautizó a estas islas con el nombre de Australia del Espíritu Santo pensando que había descubierto el quinto continente. A pesar de no ser así, lo curioso es que la moderna Australia debe su nombre a la casa de Austria, en cuyo honor Quirós puso el nombre. Durante el viaje de regreso se separaron dos naves al mando de Luis Váez de Torres debido al mal tiempo.

FELIPE BAUZÁ Y CAÑAS Nació en Palma de Mallorca en 1764 y falleció en Londres en 1834. Fue un político, geógrafo, astrónomo y capitán de navío español de comienzos del siglo XIX. En junio de 1813 recibió el encargo de realizar un proyecto de división provincial (finalizado el 21 de septiembre del mismo año) durante la regencia presidida por don Luis María de Borbón y Vallabriga, pues al comenzar la Guerra de la Independencia (1808) se negó a entregar sus trabajos cartográficos al ejército de Napoleón (estaba levantando un mapa de la frontera hispano-francesa) y huyó a Cádiz.

Al finalizar la guerra, en 1815 fue nombrado Director del Depósito Hidrográfico. Perteneció a la comisión que elaboró el Atlas marítimo de España.? Mantuvo correspondencia sobre astronomía con el astrónomo y comerciante José Joaquín Ferrer y Cafranga y el también marino militar Cosme Damián Churruca. Mantuvo contactos con Alexander von Humboldt durante la estancia de éste en España (1798). Fue el cartógrafo de la expedición Malaspina (1788), motivo por el que en Nueva Zelanda hay una isla con su nombre: isla Bauzá o "isla de los mosquitos". Fue diputado a Cortes por Mallorca durante el Trienio Liberal (1820-1823), periodo en el que volvió a realizar un proyecto de provincialización, en esta ocasión junto con José Agustín de Larramendi (14 de enero de 1822). Con la vuelta del absolutismo se exilió en Londres, donde murió poco tiempo después de recibir la amnistía de 1833 (había sido condenado a muerte y confiscados sus bienes). Se le enterró con honores en la Catholic chapel, Moorfields, Londres. La Biblioteca Británica mantiene una colección de sus mapas (The Bauzà Collection of Spanish colonial mapping). Era de ideología liberal y pertenecía a la masonería.

FRANCISCO ALSEDO Y BUSTAMANTE Nació en Santander el 3 de septiembre 1758 y falleció frente a la costa de Cádiz el21 de octubre 1805, en la batalla de Trafagar a bordo del Montañes de lque era comandante con el empleo de Capitán de Navio A los 15 años sienta plaza de guardiamarina (27 de abril de 1774) participando en 1775, a bordo del jabeque Gamo, en la expedición contra Argel. En 1781 toma parte en la batalla de Pensacola (Florida), y nuevamente en guerra contra la corona británica, es herido en el ataque a Gibraltar del 15 de septiembre de 1782, aunque no se retira del combate hasta la mañana siguiente. El 21 de diciembre del mismo año es ascendido al grado de teniente de navío. En 1786 es nombrado alférez de la Real Compañía de Guardias Marinas de Cádiz y encargado de la compañía de guardiamarinas de Ferrol, que embarcan en la escuadra de Juan de Lángara. Su carrera militar prosigue con sus nombramientos sucesivos de capitán de fragata (14 de junio de 1791) y teniente de la compañía de guardiamarinas de Ferrol (junio de 1792). Al año siguiente, se embarca en el navío San Eugenio y se dirige a la América septentional para proteger el comercio español y hostigar a las fuerzas francesas de la isla de Santo Domingo. La escuadra, formada por once navíos, siete fragatas y nueve bergantines, estaba basada en Puerto Cabello y participa activamente en la toma del fuerte del Delfín en Santo Domingo (1793).

El 27 de octubre de 1796 su carrera militar culmina con el ascenso a capitán de navío en las colonias americanas, desde donde regresa a España en 1801 al mando del navío Asia, que fue desarbolado en un temporal en este viaje. En 1805 toma el mando del navío Montañés, construido a expensas de los cántabros, que lo habían ofrecido al rey. Durante la batalla, el Montañés forma parte de la escuadra de observación de Gravina, que soporta el mayor ímpetu del enemigo. En lucha contra un navío inglés de tres puentes, una bala de cañón provoca su muerte a la edad de 47 años, siendo sus últimas palabras: "He dicho que orcen, que yo quiero arrimarme más a ese navío de tres puentes, batirme a quemarropa y abordarle". .

FRANCISCO JAVIER WYNTHUISEN Y PINEDA Nació en El Puerto de Santa María (Cádiz), el 18 de agosto de 1747 y falleción frente al Cabo de San Vicente durante la batalla del mismo nombre el día 14 de febrero de 1797. Era hijo del jefe de Escuadra Francisco Javier de Winthuysen y Ticio y de su esposa Petronila de Pineda y Terry y sentó plaza de guardia marina en Cádiz el 11 de noviembre de 1757 permmaneciendo en la Escuela Naval relaizando los estudios hasta el año 1759 en que embarcó por primera vez en el navío Dichoso, de la escuadra del marqués de la Victoria. en el que permaneció hasta 1760 al ser desarmado el buque en Ferrol. En el año 1761, volvió a embarcar en el navío Héctor, donde trasportó tropas a los presidios de África y caudales a Génova y Marsella, patrullando después entre los cabos de San Vicente y Santa María para proteger la recalada de las embarcaciones mercantes procedentes de América. Embarcado en dicho navío estuvo agregado, en 1763 en la escuadra de Regio, que protegía la bahía de Cádiz de un ataque que los ingleses tenían proyectado llevar a cabo sobre ella pero que no llegó a verificarse. Posteriormente fue destinado al navío Fénix, en donde permaneció hasta la firma de la Paz de 1763 con Inglaterra y Portugal. Del Fénix pasó destinado al navío Gallardo, con el que navegó a Canarias conduciendo caudales y tropas, y a su regreso realizó vigilancia en la recalada del Cabo San Vicente siendo transladado al navío España en 1764, nave capitana de la flota del jefe de escuadra Idiáquez, con la que navegó a diferentes puntos de la América del Norte durante treinta y tres meses desempeñando las funciones de ayudante de órdenes del mayor general hasta su desembarco en Cádiz Por sus constantes navegaciones, aptitud y disposición obtuvo, en los últimos años de guardia marina, el destino de maestro de navegación de la Academia de Cádiz. A los ocho años y tres meses de haber sentado plaza y cerca de los siete embarcado, fue ascendido a alférez de fragata (13 de febrero de 1766). Por R.O. de 17 de septiembre 1767 recibe el grado de alférez de navío. Durante el año 1769 estuvo embarcado a bordo del navío Santa Isabel, realizando misiones de guardacostas por el mar Cantábrico. En 1770 pasa destinado al navío Santo Domingo, realizando misiones de guardacostas en Galicia. Winthuysen parte de Cádiz en 1771 a bordo de la fragata Palas, comandada por el capitán Ignacio Mendizábal, que recibe la orden de ir a visitar las posesiones españolas de Filipinas y las islas Marianas, siguiendo en su navegación el nuevo derrotero por el Cabo de Buena Esperanza y el Índico. Por R.O. de 13 de enero es ascendido al grado de teniente de fragata. En agosto de 1722 regresa a su cuartel general en Cádiz, vuelve a hacerse a la mar, esta vez en la fragata Industria, que transporta un cargamento de azogue con destino al puerto peruano del Callao. Por R.O. de 28 de abril 1774 es ascendido a teniente de navío.

Poco después, de nuevo participa en la más brillante de las expediciones que en estos años examinan la nueva ruta hacia Filipinas: embarca en la fragata Venus, comandada por Juan de Lángara, para realizar el transporte de soldados y armamentos a Manila. El navío leva anclas en la bahía de Cádiz para poner proa a las islas Canarias y Cabo Verde, para desde aquí abrirse hacia poniente en el Atlántico sur hasta llegar cerca de las aguas que bañan el continente americano, y posteriormente rumbear hacia el cabo de Buena Esperanza, donde recalan dos meses después de la partida. Fondean en la bahía de la Tabla para aprovisionarse de agua dulce y leña para el fogón. Estando en este lugar consiguen hacerse con unos almanaques náuticos que contenían las tablas de distancias lunares a las estrellas zodiacales, tablas que les serían muy útiles para poder perfeccionar las observaciones astronómicas llevadas a cabo mediante la medición de la distancia de la luna a una estrella determinada. Y es aquí donde viene el gran éxito de esta expedición, ya que es una de las primeras veces que un navío de alto bordo consigue conocer la longitud en que se encontraba con este método de observación astral. Ya en el Pacífico navegan siempre acompañados de vientos contrarios hasta alcanzar la isla de Java y posteriormente la ciudad de Manila. Siete meses de travesía les han llevado hasta este tan lejano puerto, donde dan fondo con otra añadida satisfacción, no llevaban a bordo ni un solo hombre aquejado del mal del escorbuto, lo que habla muy claro de la experiencia médica que habían acumulado los marinos españoles a lo largo de cerca de tres siglos de navegaciones transoceánicas. A su regreso a Cádiz en 1766, se le nombra Alférez de la Compañía de Guardiamarinas de Cádiz. El 13 de agosto se determina que existan, además de la compañía de guardiamarinas de Cádiz, otras dos… una en Ferrol y otra en Cartagena. Estarían dirigidas por capitanes de navío y estarían subordinadas a la de Cádiz, que venía siendo mandada por un Jefe de Escuadra. El 25 de febrero de 1777 se dispone que 120 guardiamarinas formaran la primera promoción de las dos nuevas Academias. Los 60 de Ferrol embarcan en Cádiz, en el navío San Miguel, que estaba mando por Francisco Javier Winthuysen Pineda, y los 60 de Cartagena a cargo de Francisco de Mazarredo, en los navíos San Eugenio y Vencedor... En 1778 siendo teniente de navío, se le confía el mando de la fragata Santa Leocadia, realizando una misión reservada en las islas Canarias, el gobierno, satisfecho del resultado, el 23 de marzo es ascendido al empleo de Capitán de fragata. En marzo de 1779 se leasigna el mando de la fragata Escolástica El 22 de marzo de 1780 se le confiere nuevamente el mando de la fragata Santa Leocadia, realizando labores de guardacostas por el mar Cantábrico en unión de dos fragatas francesas, también bajo su mando. 1781 Estando en misión en las Azores y Cartagena de Indias, se encuentra con la escuadra del Almirante Darby desarrollando un enfrentamiento naval el día 1 de mayo, a unas 200 millas del puerto de Brest, entre la “Santa Leocadia”, y el HMS Canada. Tras una hora y media de combate, con 80 españoles muertos y 106 heridos, incluido el capitán que había perdido el brazo derecho, la fragata española fue apresada y conducida al puerto britanico de Cork. Tras ser operado y llevado a Portsmouth, el capitán Winthuyssen fue liberado, bajo palabra de honor de no enfrentar sus armas contra los ingleses, que lógicamente nunca cumplió. A su regreso a Cádiz, y tras sometido a consejo de guerra, en el que fue absuelto, es ascendido por R.O. de 15 de septiembre a capitán de navío con 34 años de edad. En abril de 1782 le confiere el mando del navío de línea Terrible, participando en la escuadra de D. Luis de Córdova en el Canal de la Mancha. En septiembre participa en el Sitio de Gibraltar, interviene en el rescate de una batería flotante, recibe un tiro de fusil en la espalda. En el mes de octubre al mando de su navío, en la escuadra de D. Luis de Cordova, participa en la batalla de Cabo Espartel contra la escuadra británica del almirante Howe.
En diciembre entrega el mando de su navío quedando desembarcado "a órdenes" en Cádiz. En septiembre de 1783 se le asigna el mando del navío de línea San Pascual, que formaba división con el navío Triunfante y el bergantín Infante, mandados todos ellos por el brigadier D. Gabriel Aristizábal y Espinosa, realizando un viaje al Mediterráneo Oriental, cruzaron los Dardanelos y fondeando en Constantinopla para llevar a cabo una misión de Estado con motivo del tratado de paz entre la corona española y el Imperio otomano, y para trasladar a bordo al embajador español Juan de Bouligny. En mayo de 1785 desembarca en Cartagena y en junio es promovidos al empleo de brigadier de la Real Armada. El 25 de julio de 1786 es nombrado jefe interino de la Compañía de Guardiamarinas de Cádiz. En enero de 1787 es nombrado Mayor general interino y nombrado, en comisión., Inspector y Visitador de los Colegios de San Telmo en Sevilla y Málaga, para la redaccion de sus ordenanzas y planes de estudio lo que cumple en seis meses a satisfacción del gobierno; regresa a Cádiz. El 1 de noviembre de 1791 es nombrado Comandante General del Cuerpo de Pilotos de la Armada, con la misión de la inspección de sus escuelas, planes de estudio, métodos de admisión de alumnos, realizando una extraordinaria labor y estableciendo Escuelas Náuticas en algunos lugares que carecían de ellas. En 1792 recibió la encomienda del Corral de Caracuel en la Orden de Calatrava con una renta anual de 15.800 rs. de vellón, ordenando el Rey que se le tuviese en cuenta para un futuro ascenso que le es concedido el día 11 de noviembre de 1792, en que es promovido al empleo de Jefe de Escuadra continuando con la Comandancia General de Pilotos de la Armada. En 1795 es destinado como general subalterno de la escuadra del Mar Océano, arbolando su insignia en el navío de tres puentes San José. En octubre pasa al Mediterráneo, hasta la Paz de Basilea. En 1797 la flota inglesa que estaba al mando del almirante John Jervis con 22 navíos de línea, la española era comandada por su contraparte José Córdoba y Ramos con 27 barcos Se enfrenta en el Cabo de San vicente a la española que tenían una ventaja en el número de barcos y cañones, pero los ingleses contaban con dotaciones más completas, y de marinos y oficiales mejor adiestrados. Muere en el combate, cuando una bala de cañón le segó las piernas, enarbolaba su insignia en el navío de línea San José (tres puentes, de porte de 112 cañones), que estaba comandado por el Brigadier D. Pedro de Pineda, que fue abordado por el propio Nelson, que dicen que retiró la espada de la mano crispada de Winthuyssen que todavía la atenazaba. .

FRANCISCO DE ORELLANA Nació en Trujillo, Extremadura en 1511 y falleció en el Río Amazonas, en noviembre de 1546. En 1535 participó en la pacificación y fundación de Puerto Viejo donde desempeñó los cargos de regidor, alcalde ordinario además de teniente de gobernador y uno de los primeros vecinos. En 1537 fundó la ciudad de Guayaquil, que había sido destruida por los indígenas nativos en varias ocasiones y reubicada por diferentes colonizadores españoles. Al año siguiente recibió el título de teniente de gobernador de Guayaquil. Después de terminar la reconstrucción de la ciudad partió hacia Quito y, junto a Gonzalo Pizarro, organizó una expedición que terminaría con el descubrimiento del río Amazonas. Tras sobrevivir a la travesía del viaje por la Amazonia, partió de regreso a España donde fue acusado de traición por cargos presentados por Pizarro. Tras ser absuelto, organizó otra expedición, pero no contó con el capital ni con la aprobación necesarias. Por esta razón, se dedicó a la piratería y se dirigió nuevamente al Amazonas, donde junto a la mayor parte de su tripulación fallecieron sin ubicación específica a lo largo del río. Francisco de Orellana había nacido en Trujillo en 1511. Era un íntimo (posiblemente familiar, algunos historiadores hablan de primo) de la familia de Francisco Pizarro. Viajó al Nuevo Mundo muy joven (1527), sirviendo en Nicaragua. Reforzó el ejército de Pizarro en el Perú (1535) y le sirvió en múltiples campañas, en una de las cuales perdió un ojo. Durante la guerra civil entre los conquistadores en el Perú, se alineó con los Pizarro y fue enviado por Francisco Pizarro al mando de una columna desde Lima en ayuda de Hernando Pizarro. En 1538 fue nombrado gobernador de la provincia de la Culata, en la costa del actual Ecuador, donde reconstruyó y repobló Santiago de Guayaquil, que había sido recientemente destruida por los indios, anteriormente fundada por Pizarro y repoblada por Belalcázar. En 1540, Gonzalo Pizarro llegó a Quito como gobernador y le fue encargado por Francisco Pizarro organizar una expedición hacia el este, en busca del País de la Canela. Orellana supo de la expedición que organizaba Pizarro y se unió a ella. En Quito, Pizarro juntó una fuerza de 220 españoles y 4000 indios, mientras que Orellana, segundo al mando, fue mandado a Guayaquil para alistar más tropas y conseguir caballos. Pizarro partió de Quito en febrero de 1541, justo antes de que Orellana, con 23 hombres y caballos, se uniera a él. Orellana no abandonó y se apresuró para unirse a la expedición principal, contactándola finalmente en el valle de Zumaco, próximo a Quito en marzo de 1541. Fue el tercer Teniente de Gobernador de Puerto Viejo después de haber asistido a su pacificación y fundación donde perdió un ojo, en las inmediaciones de la actual costa ecuatoriana, además de haber sido uno de los primeros célebres vecinos de Puerto Viejo. Por ello existen documentos que ameritan la estancia de Francisco de Orellana en los primeros cabildos coloniales de actuales ciudades ecuatorianas.

Cruzaron los Andes. Al cabo de un año, ante la falta de resultados de la búsqueda, Gonzalo Pizarro y Orellana construyeron un bergantín, el San Pedro, para transportar a los heridos y los suministros, y siguieron los cursos de los ríos Coca y Napo hasta la confluencia de éste con el Aguarico y el Curaray, donde se encontraron faltos de provisiones. Habían perdido 140 de los 220 españoles y 3000 de los 4000 indios que componían la expedición. Acordaron entonces (22 de febrero de 1542) que Orellana prosiguiera en el barco en busca de alimentos río abajo. Le acompañaban unos cincuenta hombres. Incapaz de remontar el río, Orellana esperó a Pizarro. Finalmente envió a tres hombres con un mensaje y comenzó la construcción de un nuevo bergantín, el Victoria. Mientras tanto, Pizarro había vuelto hacia Quito por una ruta más hacia el norte, con sólo 80 hombres, los que quedaban vivos. Orellana siguió río abajo. Al cabo de siete meses y un viaje de 4800 kilómetros, en los que navegó río abajo por el río Napo, el Trinidad (¿río Jurua?), el río Negro (bautizado por Orellana) y el Amazonas, llegó a su desembocadura (26 de agosto de 1542), y desde allí se dirigió costeando a Nueva Cádiz en la isla de Cubagua (actual Venezuela). La Victoria, llevando a Orellana y Carvajal, bordeó la isla de Trinidad por el sur y quedó varada en el golfo de Paria durante siete días, llegando finalmente a Cubagua el 11 de septiembre de 1542. Fue en este viaje en el que el Amazonas adquirió su nombre. Se cuenta que la expedición fue atacada por feroces mujeres guerreras, similares a las amazonas de la mitología griega, pero es posible que simplemente luchara contra guerreros indígenas de pelo largo. Sin embargo, las crónicas del Padre Gaspar de Carvajal, cronista de Orellana deja muy claro que los indígenas que les combatieron estaban liderados por mujeres. Puesto que se desvanecía toda esperanza de reunirse con Gonzalo Pizarro, verdadero jefe de la expedición, Orellana fue elegido de forma unánime capitán del grupo. Se decidió construir un nuevo bergantín, al que se puso por nombre Victoria, y continuar por el río hasta mar abierto. Durante el trayecto, los heroicos exploradores arrostraron mil peligros, fueron atacados varias veces por los indígenas y dieron muestras de un valor extraordinario. El viaje les deparó continuas sorpresas: árboles inmensos, selvas de lujuriosa vegetación y un río que más bien parecía un mar de agua dulce y cuyos afluentes eran mayores que los más caudalosos de España. Cuando dejaron de divisar las orillas de aquel grandioso río, Orellana ordenó que se navegara en zigzag para observar ambas riberas. En la mañana del 24 de junio, día de San Juan, fueron atacados por un grupo de amerindios encabezado por las míticas amazonas. Los españoles, ante aquellas mujeres altas y vigorosas que disparaban sus arcos con destreza, creyeron estar soñando. En la refriega consiguieron hacer prisionero a uno de los hombres que acompañaban a las aguerridas damas, quien les relató que las amazonas tenían una reina que se llamaba Conori y poseían grandes riquezas. Maravillados por el encuentro, los navegantes bautizaron el río en honor de tan fabulosas mujeres. El 24 de agosto, Orellana y los suyos llegaron a la desembocadura de aquella impresionante masa de agua. Durante dos días lucharon contra las olas que se formaban al chocar la corriente del río con el océano y, al fin, consiguieron salir a mar abierto. El 11 de septiembre llegaban a la isla de Cubagua, en el mar Caribe, culminando uno de los más apasionantes periplos de la historia de los descubrimientos.
Desde Cubagua, Orellana embarcó hacia España. Sin embargo, tras una travesía difícil, llegó primero a Portugal, donde el rey le ofreció hospitalidad e incluso recibió ofertas para volver al Amazonas con una expedición abundantemente provista bajo bandera portuguesa. El Tratado de Tordesillas había puesto toda la longitud del Amazonas bajo soberanía castellana, mientras que los portugueses consideraban la costa brasileña como de su entera propiedad. Sin embargo, Orellana continuó a Valladolid (mayo de 1543) con la esperanza de conseguir las reclamaciones castellanas sobre toda la cuenca del Amazonas. Una vez en la corte, y tras nueve meses de negociaciones, Carlos I le nombra gobernador de las tierras que había descubierto, bautizadas como Nueva Andalucía (18 de febrero de 1544). Las capitulaciones le permitían explorar y colonizar Nueva Andalucía con no menos de 200 soldados de infantería, 100 de caballería y el material para construir dos barcos fluviales. A su llegada al Amazonas, debía construir dos ciudades, una de ellas justo en la boca del río. Sin embargo, los preparativos se alargaron debido a la falta de fondos. Finalmente gracias a la financiación de Cosmo de Chaves, padrastro de Orellana, la expedición pudo partir. Poco antes Orellana se casa con Ana de Ayala, una joven de origen humilde que le acompañará en su nueva travesía. Zarpa de Cádiz, pero es detenido en Sanlúcar de Barrameda, debido a que gran parte de su expedición estaba compuesta por no castellanos. Finalmente (11 de mayo de 1545), y escondido en uno de sus barcos, zarpa subrepticiamente de Sanlúcar con cuatro barcos. Uno se pierde antes de llegar a las islas de Cabo Verde, otro en el curso de la travesía y un tercero es abandonado al llegar a la desembocadura del Amazonas. El desembarco se produce poco antes de las Navidades de 1545 y Orellana se interna unos quinientos kilómetros en el delta del Amazonas tras construir un barco fluvial. 57 hombres mueren de hambre y el resto acampan en una isla del delta entre indios amistosos. Orellana parte en un bote para encontrar comida y la rama principal del Amazonas. A su regreso, encuentra el campamento desierto, pues los hombres habían construido un segundo bote y partido en busca de Orellana. Finalmente abandonaron y partieron costeando hacia la isla Margarita en el mar Caribe. Orellana y su grupo siguieron tratando de localizar el canal principal, pero fueron atacados por los nativos caribes. Diecisiete murieron a causa de las flechas venenosas y el mismo Orellana murió poco después, en noviembre de 1546. Cuando los supervivientes del segundo bote llegaron a la isla Margarita, se encontraron con 25 compañeros, incluyendo a Diego Garcia de Paredes y Ana de Ayala, que habían llegado en el cuarto barco de la flota original. Un total de 44 supervivientes (de 300 que habían partido) fueron finalmente rescatados por un barco español. Muchos de ellos se asentaron en Centroamérica, Perú y Chile, mientras que Ana de Ayala se casó con otro superviviente, Juan de Peñalosa, con el que vivió hasta su muerte en Panamá. .

FRANCISCO PIZARRO Nació enTrujillo, Extramadura, España en el año 1478 y falleció en Lima, Perú en el año 1541. Era hijo natural del capitán Gonzalo Pizarro, por lo que desde muy joven participó en las guerras locales entre señoríos acompañando a su padre en las guerras de Italia. En 1502 embarcó en la flota que llevaba a las Indias a Nicolás de Ovando, el nuevo gobernador de La Española. Hombre inquieto y de fuerte carácter, Francisco Pizarro no logró adaptarse a la vida sedentaria del colonizador, razón por la que decidió participar en la expedición de Alonso de Ojeda que exploró América Central (1510) y luego en la de Vasco Núñez de Balboa que descubrió el océano Pacífico (1513). Entre 1519 y 1523, sin embargo, se instaló en la ciudad de Panamá, de la cual fue regidor, encomendero y alcalde, lo que le permitió enriquecerse. Conocedor de los rumores que hablaban de la existencia de grandes riquezas en el Imperio de los incas, decidió unir la fortuna que había amasado con la de Diego de Almagro para financiar dos expediciones de conquista (1524-1525 y 1526-1528), que se saldaron con sendos fracasos. A causa de las penalidades sufridas en el segundo intento, Pizarro se retiró a la isla del Gallo con doce hombres, mientras Almagro iba a Panamá en busca de refuerzos. Los «trece de la fama» aprovecharon para explorar parte de la costa oeste de América del Sur, región que denominaron Perú, tal vez por la proximidad del rio Virú, y tuvieron constancia de la existencia de una gran civilización.

No obstante, ante la negativa del gobernador de Panamá a conceder más hombres a Almagro, en 1529 Pizarro viajó a España a fin de exponer sus planes al rey Carlos V, quien, en las capitulaciones de Toledo (26 de julio de 1529), lo nombró gobernador, capitán general y adelantado de las nuevas tierras, designación real que provocó el recelo y la frustración de Almagro. De regreso en Panamá (1530), Pizarro preparó una nueva expedición de conquista, y en enero de 1531 embarcó con un contingente de 180 hombres y 37 caballos hacia Perú. Informado de la guerra que enfrentaba al emperador inca Atahualpa con su hermanastro Huáscar, el 16 de noviembre de 1532 el conquistador español se entrevistó en la ciudad de Cajamarca con Atahualpa y, tras exhortarle sin éxito a que abrazase el cristianismo y se sometiera a la autoridad de Carlos V, lo capturó en un sangriento ataque por sorpresa.
El inca acordó con los extranjeros llenar de oro, plata y piedras preciosas una habitación a cambio de su libertad, pero de nada le sirvió cumplir su parte del pacto, pues Pizarro, reforzado por la llegada de Almagro al frente de un centenar de arcabuceros, acusó a Atahualpa de haber ordenado el asesinato de Huáscar desde la prisión y de preparar una revuelta contra los españoles, y ordenó su ejecución, que se cumplió el 29 de agosto de 1533. A continuación se alió con la nobleza inca, lo cual le permitió completar sin apenas resistencia la conquista de Perú, empezando por Cuzco, la capital del Imperio (noviembre de 1533), y nombrar emperador a Manco Cápac II, hermano de Huáscar. Poco después, Pizarro y Almagro se enemistaron por la posesión de Cuzco, y si bien primero unieron sus fuerzas para sofocar la rebelión indígena dirigida por Manco Cápac II contra el dominio español (1536), acabaron por enfrentarse abiertamente en la batalla de las Salinas, en abril de 1538. Derrotado y prisionero, Almagro fue procesado, condenado a muerte y ejecutado por Hernando Pizarro, hermano del conquistador (8 de julio de 1538). La venganza de los partidarios de Almagro, liderados por su hijo Diego de Almagro el Mozo, se produjo el 26 de junio de 1541, fecha en que Pizarro murió asesinado en su palacio de Lima, ciudad que él mismo había fundado a orillas del río Rímac seis años antes. .

FRANCISCO VAZQUEZ DE CORONADO Nació en Salamanca, España hacia el año 1510 y falleció en México, el 22 de septiembre de 1554. Fue un explorador español. Nacido en el seno de una familia de hidalgos. En el año 1535 emprendió un viaje a Nueva España, con el virrey Mendoza. Tres años después de su llegada fue nombrado gobernador de Nueva Galicia. Sofocó una revuelta indígena en Culiacán y evitó con ello la retirada de los españoles, contribuyendo además al esplendor de ciudades como Guadalajara. Cuando llegaron a México noticias sobre las fabulosas «siete ciudades de Cibola y Quivira», situadas al norte de Nuevo México, que, según la leyenda, acumulaban inmensas riquezas, Vázquez partió hacia allí al mando de una expedición ordenada por el virrey Mendoza. Tras dos meses y medio de viaje, llegó a Cibola y comprobó la falsedad de los prometedores relatos: las siete ciudades no eran sino un desierto habitado por gentes que vivían sumidas en la pobreza.

Sabedor de que había otras tierras habitadas en la zona, delegó su exploración en Pedro de Tovar, quien descubrió otras siete ciudades, más populosas que Cibola. Poco después, otros miembros de la expedición descubrían el Gran Cañon y la boca del Colorado, el golfo de California y la región de Tiguex, a orillas del Río Grande del Norte. Durante la expedición había encontrado un indio pawnee, Xabel, al que llamó "El Turco", que le habló de Quivira, un rico país al noroeste. Decidió ir en busca de Quivira, tomando al Turco como guía. Atravesó la pradera y prosiguió su marcha hacia el norte. Encontró un pequeño pueblo cerca del actual Lindsborg, Kansas. La desilusión se repitió: Los indios Quivira, después conocidos como Wichita, no disponían de ninguna riqueza; su poblado era de cabañas con techo de paja y ni siquiera tenían joyas de oro. Xabel, que finalmente confesó que la historia de Quivira era una conspiración de los indios para inducir a la tropa a las llanuras con la esperanza de que murieran de hambre, fue ejecutado. Coronado volvió a Tiguex, donde lo esperaba el grueso de sus tropas. Allí pasó otro invierno. Con sus sueños de fama y riqueza destrozados, llevó a sus hombres de regreso a la Ciudad de México en la primavera de 1542. Aunque desprestigiado, retomó su puesto como gobernador de Nueva Galicia hasta 1544, el Virrey Mendoza lo había recibido con frialdad, e iniciado proceso por haber abandonado la expedición que se le había encargado. Después se retiró a la Ciudad de México, donde murió el 22 de septiembre de 1554, relativamente desconocido, sin saber que había asentado las bases para la exploración del "oeste americano". La religión indígena se transformó e incorporó las enseñanzas de los sacerdotes que lo acompañaron y él llevó en su regreso el conocimiento de la gente y de la tierra del norte, lo cual permitió que exploradores y misioneros españoles colonizaran el suroeste.

GABRIEL DE CISCAR Y CISCAR Nació en Oliva, Valencia, España el 17 de marzo de 17591 y falleció en Gibraltarel 12 de agosto de 1829. Fue un matemático, marino y político español. Tras acabar sus estudios de Filosofía y Humanidades en la Universidad de Valencia y ser teniente de fragata, alcanzó la cátedra de matemáticas de la Escuela de Guardiamarinas de Cartagena, dedicándose de lleno a la enseñanza y publicando varios trabajos de su campo, así como de náutica, sin descuidar tampoco el ambiente literario de Cartagena y publicando también obras de literatura. Estuvo casado con Ana Agustina Berenguer de Marquina y Ansoátegui, hija del virrey de Nueva España, don Félix Berenguer de Marquina. Císcar gana prestigio y, en 1788, logra el cargo de director en la Escuela. Císcar presidió la comisión española, en la que estaba también Agustín de Pedrayes, que colaboró en París en 1798 en el establecimiento del sistema métrico decimal.

Sin embargo, los acontecimientos de 1808 le hacen abandonar la vida escolar y pasar a la política. Fue miembro de la Junta Central entre 1808 y 1810 durante la Guerra de la Independencia contra Francia, siendo gobernador civil y militar de Cartagena. Más tarde participó de la Segunda Regencia establecida entre 1811 y 1812 por las Cortes de Cádiz, junto con Joaquín Blake y Pedro Agar y Bustillo. A la vuelta de Fernando VII en 1814 y pese a su defensa de la causa del rey, fue encarcelado por sus ideas liberales y desterrado a su Oliva natal. No fue reivindicado hasta el trienio liberal, momento en que fue ascendido a teniente general (1820), ocupando en 1823 el puesto de Regente. El triunfo de la restauración absolutista de Fernando VII, ayudado por las monarquías europeas que mandaron los llamados Cien Mil hijos de San Luis, hizo que hubiera de huir y se exiliara en Gibraltar, donde murió seis años después, viviendo de una pensión otorgada por el inglés duque de Wellington.
Es considerado como el matemático español más destacado de su época, autor de varias obras de esta especialidad, de temas marinos e incluso literarias, como el Poema físico-astronómico (1828). Sus principales obras son: Tratado de cosmografía para la instrucción de los Guardias Marinas (1796}. Tratado de trigonometría esférica para la instrucción de los Guardias Marinas (1796} Memoria elemental sobre los nuevos pesos y medidas fundados en la naturaleza (1800); Apuntes sobre medidas, pesos y monedas, que pueden considerarse como una segunda parte de la Memoria Elemental. Curso de Estudios Elementales de Marina, Tomo I, que contiene el "Tratado de Aritmética", y el Tomo II, que contiene el "Tratado de Geometría".

GABRIEL DE ARISTIZABAL Y ESPINOSA Nació en Madrid el 25 de marzo de 1743 y falleció en San Fernando, Cadiz , el 5 de junio de 1805, Como hijo del Secretario del Real Consejo de Hacienda Nicolás Aristizábal y Olloqui y de Rosa Espinosa y Aguado, sentó plaza de guardiamarina en 1760 en Cádiz, destacando por su excelente educación ya que dominaba varias lenguas: latín, italiano, francés e inglés, y destacaba también en matemáticas. Realizó prácticas de navegación por los océanos Atlántico y Pacífico llegando hastaa las Islas Filipinas. Sirvió en los navíos Septentrión, Triunfante, Princesa y Buen Consejo, combatiendo con los ingleses en más de una ocasión. A su regreso a España en 1766 se le notificó su ascenso a alférez de fragata y en 1767 a alférez de navío, siendo destinado a Cartagena. Allí estudió dos años de matemáticas hasta que embarcó en la Astrea rumbo a Manila, adonde arribó en 1770. Desconocía que en el ínterin había sido ascendido a teniente de fragata en 1769. Fue nombrado comandante del arsenal de Cavite, y allí se consagró a construir puertos de apoyo. Además combatió la piratería en esas aguas, en especial contra la musulmana de la isla de Mindoro. En 1774 fue ascendido a teniente de navío y regresó ese mismo año a España. Se le nombró ponerse al mando de la expedición a Pensacola con ascenso a capitán de fragata en 1776, pero en 1778 recibió la orden de regresar a la Península con el grado de capitán de navío y guerreó contra Inglaterra hasta que se firmó la paz en 1783.

En 1780 contrajo matrimonio en La Habana, Cuba, con Inés María de Sequeira y Palma,? hermana del conde de Lagunillas, con quien tendría tres hijos En 1784, ya brigadier, se puso al mando de una flota para firmar un tratado de amistad en Estambul con la Sublime Puerta llevando numerosos regalos al sultán.? En 1785 fue ascendido a segundo jefe de escuadra del general Juan de Lángara. En 1791 es ascendido a teniente general. En 1793 se le da el mando de una escuadra para bloquear el puerto de Santo Domingo (11 navíos, siete fragatas y nueve bergantines, con un total de 1114 cañones), pese a que dos tormentas y una epidemia de vómito negro y escorbuto entre sus hombres dificultó sus operaciones; tomó el fuerte Delfín y sus fortalezas el 27 de enero de 1794. Al firmarse la paz en 1795 y habida cuenta de que había que devolver la isla a los franceses, pidió permiso para exhumar los restos de Cristóbal Colón, enterrado allí. Se embarcaron los restos del almirante en el navío San Lorenzo y se llevaron a La Habana, donde fueron enterrados en la Catedral el 19 de enero de 1796. También actuó en Venezuela, las Floridas y las Antillas españolas en diversos cometidos o misiones y fue nombrado caballero de la Orden de Alcántara. Mientras formaba parte de la junta que examinaba el nuevo Código naval y ya con la salud muy quebrantada, fue nombrado en 1802 Capitán General del Departamento de Cádiz. Murió en 1805.

GONZALO GIMENEZ QUESADA Nació en Granada, España, en el año 1509 yfalleció de leprra en Mariquita, Colombia, en el año 1579. No obstante haber sido el descubridor del reino de Nueva Granada (actual Colombia) y el fundador de su capital, Santa Fe de Bogotá, su figura ha quedado un tanto eclipsada por las de Cristóbal Colón, Hernán Cortés, Francisco Pizarro, etc. Se sabe que estuvo en Italia como soldado hDe lo que no hay duda es de su estancia en Italia como soldado hasta 1530, año en que regresó a España y comenzó la carrera jurídica en la ciudad de Granada. Con sus estudios finalizados brillantemente y su historial de combatiente le abrieron las puertas de la Real Cancillería de Granada, donde ocupó un puesto de letrado por medio del cual acabaría siendo destinado a América pués habiendo fallecido el gobernador de Santa Marta, ciudad situada en la costa caribeña de lo que hoy es Colombia, y siendo elegido como sustituto Pedro Fernández de Lugo, a quien se concedió unas capitulaciones con el título de adelantado y derecho a llevar hasta aquellos pagos a su personal de confianza. Fernández de Lugo no dudó en designar a Quesada para el cargo de justicia mayor y teniente general de la expedición, considerando con acertado juicio que era "hombre despierto y de agudo ingenio, no menos apto para las armas que para las letras". La travesía fue emprendida de inmediato y en 1536 Quesada se encontraba ya en el Nuevo Mundo. Muchas habían sido las intentonas que desde la costa, ya fuera partiendo de Santa Marta o de Cartagena de Indias, se habían realizado buscando las ricas tierras que seguramente existían en el interior del continente. Todas habían fracasado debido a las dificultades que suponía adentrarse en las abruptas selvas y sortear los impetuosos ríos que las surcaban. Ésta fue la misión que, poco después de su llegada, le encomendó Fernández de Lugo. Jiménez de Quesada remontó el río Magdalena, exploró los valles de su curso medio y en 1537 alcanzó las llanuras de la meseta de Cundinamarca, situada en el centro de Colombia. Para ello hubo de afrontar numerosos peligros (plagas tropicales, legiones de mosquitos y ataques de indígenas provistos de flechas envenenadas) y superar además una barrera geográfica hasta entonces infranqueable, la formada por la cadena de los Andes septentrionales.

En el altiplano de Cundinamarca encontró Quesada la civilización artesana y agrícola de los chibchas o muiscas, a los que sometió apenas sin derramamiento de sangre, sirviéndose más de la razón que de la espada. Además, la labor de los españoles fue facilitada por el hecho de que la cruz era un signo sagrado para los nativos, que, como en otros sitios, consideraron a los recién llegados hijos del Sol, dios al que veneraban. El 5 de agosto de 1538, el licenciado Quesada fundaba la ciudad de Santa Fe de Bogotá, la que había de convertirse en la capital del reino de Nueva Granada. La importancia estratégica y la extensión de los territorios conquistados podían compararse con las del México ocupado por Hernán Cortés, pero desgraciadamente la metrópoli estaba ya cansada de gestas y muy necesitada de riquezas, y era evidente que en la sabana de Cundinamarca no había un Moctezuma ni una Tenochtitlán repleta de palacios, sino simples agrupaciones de tipo aldeano cuya única riqueza eran los gigantescos árboles y las feraces tierras. Por ello la conquista de Quesada ha quedado en la historia en un segundo plano. A comienzos de 1539 llegaron a Bogotá dos nuevas expediciones: la de Sebastián de Belalcázar, procedente de Perú, y la del alemán Nicolás Federmann, que había partido de Venezuela. Los tres capitanes estuvieron a punto de entablar una guerra, pero al fin determinaron regresar juntos a España para que el monarca decidiese a quién correspondía la gobernación de Nueva Granada. A pesar de que todo el mérito correspondía a Quesada y de que él era el único que había actuado legítimamente por orden de un superior (tanto Belalcázar como Federmann lo habían hecho por cuenta propia), el Consejo de Indias resolvió no otorgar a ninguno de los tres el ansiado título de gobernador.
Hasta mayo de 1547, ocho años después de su regreso, no se recompensó a Quesada con el nombramiento honorífico de Mariscal del reino de Nueva Granada, aunque jamás conseguiría un mando con jurisdicción sobre las tierras que había conquistado. Jiménez de Quesada regresó nuevamente a Santa Fe de Bogotá en 1550 y emprendió, por la región de los Llanos orientales, una expedición en busca de los tesoros de El Dorado que sería un fracaso: las riberas del impetuoso Orinoco fueron superiores a sus ya menguadas fuerzas. Viejo, enfermo y arruinado, se retiró en Suesca. Los últimos años de su vida los dedicó a escribir una serie de obras de las cuales se ha perdido la mayor parte. No se conserva ni su Relación de la conquista del Nuevo Reino de Granada, ni el libro titulado Ratos de Suesca ni el llamado Compendio historial de las conquistas del Nuevo Reino, donde al parecer abordaba una historia completa de los primeros años de colonización. Sí que ha llegado hasta nosotros su Antijovio, texto en el que narra los acontecimientos principales ocurridos en Europa en la primera mitad del siglo que le tocó vivir. La obra trata de demostrar la falsedad de las aseveraciones y relatos antiespañoles del cronista italiano Paolo Giovio, historiador de fortuna que gozó de cierto improcedente predicamento en la época. La última hazaña de Gonzalo Jiménez de Quesada fue resistir durante cuatro largos años aluchando contra la la lepra, de la que falleció en el año 1579 días después de que dictase testamento y pusiera en orden sus numerosos papeles. Sus hombres le rindieron honores de adelantado, pues consideraban que él, y sólo él, había descubierto y conquistado las tierras de Nueva Granada. .

HERNAN CORTÉS DE MONROY Y PIZARRO ALTAMIRANO ( I MARQUÉS DEL VALLE DE OAXACA) Nació en Medellín, Badajoz, en el año 1485 y falleció en Castilleja de la Cuesta, Sevilla, en el 1547. Procedente de una familia de hidalgos de Extremadura, Hernán Cortés estudió brevemente en la Universidad de Salamanca. En 1504 pasó a las Indias, recién descubiertas por Cristóbal Colón, y se estableció como escribano y terrateniente en La Española (Santo Domingo). En 1511 participó en la expedición a Cuba como secretario del gobernador Diego Velázquez de Cuéllar, con quien emparentó al casarse con su cuñada; Velázquez le nombró alcalde de la nueva ciudad de Santiago. En 1518 Diego Velázquez puso a Hernán Cortés al mando de una expedición a Yucatán; sin embargo, el gobernador desconfiaba de Cortés, a quien ya había encarcelado en una ocasión acusado de conspiración, y decidió relevarle del encargo antes de partir. Advertido Cortés, aceleró su marcha y se hizo a la mar en 1519, antes de recibir la notificación. Con once barcos, unos seiscientos hombres, dieciséis caballos y catorce piezas de artillería, Hernán Cortés navegó desde Santiago de Cuba a Cozumel y Tabasco; derrotó a los mayas allí establecidos y recibió (entre otros regalos) a la india doña Marina, también llamada Malinche, que le serviría como amante, consejera e intérprete durante toda la campaña. Desobedeciendo órdenes expresas del gobernador Velázquez, fundó en la costa del golfo de México la ciudad de Veracruz, llamada entonces Villa Rica de la Vera Cruz. Allí tuvo noticias de la existencia del Imperio azteca en el interior, cuya capital se decía que guardaba grandes tesoros, y se aprestó a su conquista. Para evitar la tentación de regresar que amenazaba a muchos de sus hombres ante la evidente inferioridad numérica, Hernán Cortés hundió sus barcos en Veracruz; de este episodio procede la frase hecha quemar la naves, expresión de una determinación irrevocable. Pronto logró la alianza de algunos pueblos indígenas sometidos a los aztecas, como los toltecas y tlaxcaltecas.

Tras saquear Cholula, Cortés llegó a la capital azteca, Tenochtitlán, en donde fue recibido pacíficamente por el emperador Moctezuma II, que se declaró vasallo del rey de Castilla. La posible identificación de los españoles con seres divinos y de Cortés con el anunciado regreso del dios Quetzalcoátl favoreció quizá esta acogida a unos extranjeros que, sin embargo, empezaron enseguida a comportarse como invasores ambiciosos y violentos. Mientras tanto, para castigar la rebeldía de Cortés y obligarlo a volver a Cuba, el gobernador Diego Velázquez envió contra él una expedición al mando de Pánfilo de Narváez. Cortés hubo de dejar la ciudad a su lugarteniente Pedro de Alvarado para hacer frente a las tropas de Narváez, a las que derrotó en Cempoala en 1520, consiguiendo además que se uniese a él la mayor parte del contingente. Cuando regresó a Tenochtitlán, Cortés se encontró con una gran agitación indígena contra los españoles, provocada por los ataques realizados a sus creencias y símbolos religiosos y por la matanza que había desencadenado Pedro de Alvarado para desbaratar una supuesta conspiración. Cortés hizo prisionero a Moctezuma II e intentó que éste mediara para calmar a su pueblo, sin lograr otra cosa que la muerte del emperador. Hernán Cortés se vio entonces obligado a abandonar Tenochtitlán en la llamada «Noche Triste» (30 de junio de 1520), en la que su pequeño ejército resultó diezmado. Refugiado en Tlaxcala, siguió luchando contra los aztecas (ahora bajo el mando del emperador Cuauhtémoc), a los que venció en la batalla de Otumba; y, finalmente, cercó y tomó Tenochtitlán (1521). Destruida la capital azteca, construyó en el mismo lugar (una isla en el centro de un lago) la ciudad española de México.
Dominado ya el antiguo Imperio azteca, Cortés lanzó expediciones hacia el sur para anexionar los territorios de Yucatán, Honduras y Guatemala. Los detalles de la conquista de México, así como los argumentos que justificaban las decisiones de Hernán Cortés, fueron expuestos en las cuatro Cartas de relación que envió al rey. En 1522 fue nombrado gobernador y capitán general de Nueva España, nombre que dieron los conquistadores al territorio mexicano. Sin embargo, la Corona española (ya en manos de Carlos V) practicó una política de recorte de los poderes de los conquistadores para controlar más directamente las Indias; funcionarios reales aparecieron en México enviados para compartir la autoridad de Cortés, hasta que, en 1528, fue destituido y enviado a la Península. En España salió absuelto de todas las acusaciones e incluso fue nombrado marqués del Valle de Oaxaca, además de conservar el cargo honorífico de capitán general, aunque sin funciones gubernativas. De vuelta a México en 1530, todavía organizó algunas expediciones de conquista, como las que incorporaron a México la Baja California (1533 y 1539). Regresó nuevamente a España para intentar obtener mercedes de la Corona por los servicios prestados, para lo cual llegó a participar en una expedición contra Argel en 1541, pero sus reclamaciones nunca obtuvieron plena satisfacción; mientras aguardaba respuesta, se instaló en un pueblo cercano a Sevilla, en donde reunió una tertulia literaria y humanística y pasó los últimos seis años de su vida.

IGNACIO MARÍA DE ÁLAVA Y SAENZ DE NAVARRETE Nació en Vitoria el día 24 de octubre de 1750. Cursó sus primeros estudios en el Seminario de Nobles de Vergara y sentó plaza de guardiamarina en la Compañía del Departamento de Cádiz el 23 de julio de 1766. En el mismo año embarcó en el navío Terrible y sucesivamente en el San Pedro Alcántara, el Peruano, el Astuto y en la fragata Venus, realizando en ellos varios cruceros y misiones por diferentes mares incluido un viaje a Filipinas. A su vuelta fue ascendido a teniente de navío en 1778 otorgándosele el mando del jabeque San Luis, cuya misión era la lucha contra los moros y berberiscos. En 1779 embarcó en el navío Santísima Trinidad, y pasó luego al Santa Isabel y Rayo y posteriormente a la fragata Gertrudis. En el mes de enero de 1781, tomó el mando de la fragata Rosa, con la que realizó la campaña del Canal de la Mancha, a las órdenes de los generales don Luis de Córdova y conde de Orvillers, que tuvo por consecuencia la retirada de las fuerzas navales de Inglaterra al buscar refugio en sus puertos y el apresamiento del navío británico Ardent, del porte de 74 cañones. Tomó parte asimismo en la captura del gran convoy británico de cincuenta y cinco velas (la mayor victoria de la Armada Española sobre la británica) sobre cabo San Vicente y en el bloqueo y Gran Asedio de Gibraltar. Ya de capitán de fragata y al mando de la Santa Bárbara, apoyó con ella el bombardeo que hicieron las malogradas baterías flotantes sobre el irreductible Peñón. Participó también en la batalla del Cabo Espartel que sostuvo la escuadra española al mando de Luis de Córdova y Cordova Lasso de Vega con la británica del almirante Howe el 20 de octubre de 1782, en el que fue herido. Ascendió por su brillante comportamiento a capitán de navío y tomó seguidamente el mando de la fragata Sabina. En el verano de 1787, fue nombrado mayor general de la escuadra de evoluciones, al mando de Juan de Lángara. Después desempeñó el mismo cargo en el departamento de Cartagena y en el mes de junio de 1790 también en la escuadra del Marqués del Socorro. Con ella fue a Liorna a buscar al príncipe de Parma, que desembarcó en Cartagena y lo acompañó a Madrid. El 8 de febrero de 1791, fue nombrado comandante del navío San Francisco de Paula, con el que operó en socorro de la plaza de Orán, atacada por los moros.

Ascendió a brigadier el 1 de marzo de 1792 y con este grado fue destinado, como mayor general, a la escuadra del general Lángara, asistiendo a toda la campaña que en las costas francesas hicieron contra los convencionales las escuadras combinadas de España e Inglaterra a principios de 1793.En 1794 fue ascendido a jefe de escuadra y al año siguiente se le dio el mando de una escuadra destinada a dar la vuelta al mundo, compuesta por los navíos Europa y Montañés, las fragatas Fama, Lucía y Pilar, más la urca Aurora. Se hizo a la vela desde la bahía de Cádiz el 30 de noviembre de aquel año, contornó América y visitó el puerto del Callao y la ciudad de Lima. Hizo escala en las Marianas y Manila, donde estableció el Apostadero de Marina. Rectificó muchos accidentes hidrográficos en las cartas marinas de tan remotos parajes, permaneciendo estacionado en aquellas posesiones españolas. En Arroceros (extramuros de Manila), publicó con fecha de 15 de noviembre de 1802 el "Reglamento adicional a la Ordenanza de Marina, para los navíos de las islas de Filipinas que con efectos de su comercio viajan a Nueva España", regulando con él la salida de la vulgarmente llamada Nao de Acapulco, sus carenas y recorridos, nombramiento de comandante, oficiales, dotación de marinería y tropa, arqueo, locales para el cargamento, víveres y aguada.El 7 de enero de 1803 emprendió el viaje de regreso, del cual escribió una memoria detallada. Realizó el viaje de regreso por el cabo de Buena Esperanza, arribando a Cádiz el 15 de mayo de 1803, y desembarcó del navío Montañés, en el que tenía arbolada su insignia, tras circunnavegar el globo. Durante la larga navegación había sido ascendido, con fecha de 5 de noviembre de 1802, al grado de teniente general. Declarada de nuevo la guerra con los británicos, solicitó un destino de la máxima actividad. Se le dio el mando de la escuadra del Departamento de Cádiz y cuando entró en dicho puerto la combinada franco-española, quedó como segundo jefe de los buques españoles. En la batalla de Trafalgar arbolaba su insignia en el navío Santa Ana, cuyo comandante era el capitán de navío José de Gardoqui. Mandaba la vanguardia, pero al trocarse la línea por la famosa orden de Villeneuve, se convirtió en retaguardia, quedando por su popa la escuadra de Observación, al mando del general Federico Gravina. Fue herido grave por tres veces en el transcurso del combate, por lo que el mando del navío recayó en Francisco Riquelme.
El rescate del Santa Ana dio lugar a una reclamación por parte del almirante británico Cuthbert Collingwood, argumentando éste que don Ignacio era su prisionero por haberse rendido. Álava le contestó «Que cuando el oficial de mando, Francisco Riquelme, rindió el buque, él estaba sin conocimiento y que por tanto no se había rendido y que su sable y espada, símbolos de sus servicios, estaban todos en su poder». El británico siguió manteniendo una cortés correspondencia con él, demostrando con ello que quedaron satisfechos sus escrúpulos. "Álava había corrido la suerte de los prisioneros de guerra heridos de una plaza, que el enemigo tiene que evacuar por fuerza." Como recompensa a su actuación en tan infausto día para las armas españolas, se le concedió la gran cruz de la Orden de Carlos III. Repuesto de sus heridas se le confió el mando de lo que quedaba de la escuadra española, sucediendo al difunto Federico Gravina y arbolando también su insignia en el navío Príncipe de Asturias. Consiguió alistar, venciendo muchas dificultades, ocho navíos, varias fragatas y buques menores, que en un momento dado pudieran hacer frente a los británicos, que aún cruzaban frente a las costas gaditanas. En 1807 fue nombrado vocal del Almirantazgo. Al estallar la Guerra de la Independencia Española se trasladó a Cádiz y tomó el mando de los buques que se pudieron reunir y armar para combatir al nuevo enemigo. En 1810 fue nombrado comandante general del apostadero de La Habana, con el título de capitán general del departamento. En 1812 fue nombrado capitán general del departamento de Cádiz, dejando en La Habana fama y memoria de su excelente administración y mando. En el mes de agosto de 1814 fue nombrado de nuevo miembro del Consejo Supremo del Almirantazgo bajo la presidencia del infante don Antonio y elevado al grado de capitán general de la Real Armada. El 24 de febrero de 1817 se le nombró decano de aquel Consejo, cargo que desempeñó breve tiempo, pues quebrantada su salud pidió licencia para trasladarse al benigno clima de Andalucía, cosa que no bastó para curarle, falleciendo en Chiclana el día 26 de mayo de 1817, siendo sepultado primeramente en dicha localidad aunque sus restos serían trasladados posteriormente al panteón de Marinos Ilustres

INÉS DE SUAREZ Nació en Plasencia, España, en 1507. Se ignoran casi todos los detalles de la primera etapa de su vida; se cree que esta aguerrida mujer se habría casado con Juan de Málaga. Permanecieron juntos hasta que Juan partió al Nuevo Mundo con el anhelo de hallar riqueza en estas tierras. Cansada de esperar el regreso de su marido, esta mujer decidida y de gran espiritu aventurero, decidió ir en su búsqueda. En su época no permitían que las mujeres se dirigieran solas y solteras a América, sin embargo, ella logró licencia real gracias a un par de testigos que avalaron su cristianismo, y mediante la promesa de acompañarse de una sobrina. Enrumbó hacia el continente americano en 1537, con un futuro incierto, desembarcando en el Caribe y siguiendo su cometido, descendió hasta el Perú donde se enteró que su esposo había muerto. Allí vivió como como costurera con apoyo de algunas indias que estaban a su servicio.

Fue en el Perú donde decidió unirse a la empresa de Valdivia en 1540 con quien al parecer mantenía una relación, convirtiéndose en un soldado más. En efecto, su historia de amor ha suscitado interés e inspiración para los artistas de distintas épocas. A pesar de lo anterior, se debe hacer hincapié en lo excepcional e inusualmente valeroso que una mujer se uniera a un ejército conquistador. Como reconocieron ya sus contemporáneos, Inés de Suárez es un personaje extraordinario por sus propios méritos. Hazañas como hallar agua en medio del desierto, salvando a la tropa de perecer de sed, o descubrir una conspiración contra Valdivia, son aspectos que le granjearon respeto. La acción que mayor gloria le significó, fue su crucial y cruento papel en un ataque a Santiago dirigido por el toqui Michimalongo. Además de estas proezas, la soldadesca reconoció con gratitud el despliegue de cuidados que ella les prestaba, como, por ejemplo, curar sus heridas, conservar y preparar alimentos, y mantener el espíritu religioso. Inés de Suárez, según atestiguaron, era una persona honrada, caritativa y de gran cristiandad.
Aunque Pedro de Valdivia tenía por esposa a Marina Ortiz de Gaete, quien residía en España, cohabitaba con Inés de Suárez sin reparos. Su relación solo terminó cuando Valdivia fue sometido a un juicio en Perú del cual fue absuelto con la condición de abandonar a Suárez. Al regreso de Valdivia en 1549, ella se casó con Rodrigo de Quiroga, afamado conquistador que llegó a ser Gobernador, extendiendo a su mujer el título de Gobernadora. Estuvieron unidos 30 años. Inés de Suárez fue una mujer admirada en su tiempo, la consideraron una dama y se relacionaba con personas encumbradas de la sociedad. Por sus obras se le dotó de tierras y encomiendas y el propio Valdivia le cedió un terreno para construir una ermita para la Virgen de Monserrat, a la que rindió culto hasta el fin de sus días. Inés de Suárez murió a los 74 años, sobreviviendo a todos los conquistadores con los que llegó a Chile.

JORGE JUAN SANTACILIA Nació el 5 de enero de 1713, Hijo de Bernardo Juan y Canicia y de Violante Santacilia en el lugar denominado de El Hondón, en el término actual de Novelda, Alicante. A los 3 años, Jorge queda huérfano de padre, estudia con los jesuitas alicantinos y luego en Zaragoza. A los 12 años se le somete al meticuloso estudio de limpieza de sangre necesario para ingresar en la Orden de Malta, apoyado por su tío paterno Cipriano, caballero de esa orden. Profesa en Malta y recibe con 14 años su primer título: Comendador de Aliaga en Aragón. En Malta también debió “correr carabanas”, persiguiendo a los cárabos o galeotes moros, lo cual pudo ser el inicio de su vocación marinera. A los 16 regresa y pide el ingreso en la Real Compañía de Guardias Marinas.En 1729 ingresó en la Academia tras seis meses de espera asistiendo como oyente. Se graduó con 21 años, después de navegar tres años y participar en las campañas de Orán y en la escuadra que acompañó al futuro Carlos III para asumir el Trono de Nápoles. Entre sus maestros en el arte de navegar tuvo al bravo Blas de Lezo, defensor de Cartagena de Indias en desigual combate contra una gran escuadra inglesa. Participó en la campaña de Orán y Blas de Lezo fue maestro suyo En 1734, Felipe V recibe la solicitud de su primo Luis XV para que se permita a los inquietos académicos franceses viajar a Quito con el fin de medir un arco de Meridiano bajo el Ecuador y así obtener el valor de un grado terrestre. La empresa era vital por aquel entonces, puesto que, dominada la Latitud, fallaban los cálculos de Longitud, lo cual impedía una precisión científica tanto en la derrota de los barcos como en la cartografía. Jorge Juan iba a jugar un papel vital en la solución. Felipe V quiere facilitar la misión científica francesa pero siempre que las luces del siglo iluminasen también a la ciencia española. Por ello ordenó el 20 de agosto que dos de sus más hábiles oficiales acompañasen a los académicos franceses. Quería dos personas “en quienes concurrieran no sólo las condiciones de buena educación, indispensables para conservar amistosa y recíproca correspondencia con los académicos franceses, sino la instrucción necesaria para poder ejecutar todas las observaciones”. El Monarca animaba a competir para que estos enviados realizasen sus propios cálculos “con entera independencia de los que hicieran los extranjeros”. En lugar de elegir a dos oficiales veteranos, la Marina puso al servicio de esta empresa a dos jovenes guardiamarinas, de 19 (Antonio de Ulloa) y 21 años (Jorge Juan). Ambos protagonizaron aquel viaje que cambiaría sus vidas y les uniría con una amistad indestructible. No tenían graduación militar así que hubo que ascenderles a tenientes de navío. Jorge Juan se encargaría de la astronomía y la matemática, mientras que Ulloa sería el naturalista. Y además del objetivo científico del Meridiano, Su Majestad les encargó algunas otras misiones (históricas, descriptivas, cartográficas, botánicas y mineralógicas). Sin embargo, los dos cometidos más importantes eran secretos. Lo que Felipe V quería era conocer de primera mano el estado real de sus pueblos de ultramar, la situación política y social que administraban sus enviados. Por otro lado quería tener bien vigilados a los académicos franceses para impedir que llevasen a París informaciones vitales que no debían caer en manos del Gobierno de París. En ambas cosas, Ulloa y Juan se emplearon a fondo con una liberalidad y madurez sorprendentes. La misión partió de Cádiz en 1735, y en ella viajaba, además, el marqués de Villagarcía, nuevo virrey del Perú. Les esperaban 9 años durísimos. Viajaron a Quito para realizar triangulaciones kilométricas que extendieron hasta Cuenca, la ciudad situada a casi 400 kilómetros al sur, y cuyos vértices frecuentemente se situaban en la cima de montañas que alcanzan los 5.000 metros.

Es difícil imaginar la complicación que el clima, la orografía y diversas vicisitudes supusieron para aquellos hombres. Divididos en dos grupos y conocidos por “los caballeros del punto fijo”, tuvieron incluso que abandonar sus trabajos en tres ocasiones y desplazarse a Guayaquil para solucionar cuestiones urgentes relativas a la defensa y fortificación de las costas y plazas del virreinato, entonces hostigado de continuo por el almirante inglés Anson. Es una maravilla asomarse hoy a los libros que escribieron. En el de Astronomía, Jorge Juan tuvo que enfrentarse al desagrado inquisitorial que desconfiaba de Copérnico y Galileo -no digamos de Newton- a esas alturas. Y lo hace con mucha inteligencia, demostrando que los avances científicos han permitido, entre otras cosas, la navegación y por tanto la evangelización de América, y que en Roma los prelados más cultivados -cita ejemplos con autoridad- han aceptado por entonces lo que la matemática demuestra y los necios inquisidores tildan aún de contrario a las Escrituras. Hubo más libros, pero el más llamativo es el informe secreto sobre la administración americana. Emparentando con la visión de Bartolomé de las Casas, Jorge Juan constata sin piedad los abusos de encomenderos, corregidores, curas corruptos y gobernantes que hacen la vista gorda: “La tiranía que padecen los Indios nace de la insaciable hambre de riquezas que llevan a las Indias a los que van á gobernarlos”, dice Jorge Juan en una de sus frases más templadas. ¿Cómo logró tanta información? Supo escuchar y presionar a las personas adecuadas con datos, relacionarlos entre sí para extraer conclusiones rápidas y certeras, tanto sobre los abusos como sobre las violaciones de las leyes y el contrabando, aportando vías de solución. Con su informe, el Rey iba a tener buena cuenta de los desmanes en las extensas y lejanas provincias donde apenas llegaba comunicación oficial alguna que permitiera poner coto a los tributos injustos y cumplir la observancia de la ley, mientras las potencias extranjeras pugnaban por romper el monopolio comercial. Tiempo después los espías ingleses publicarán estos escritos en la pérfida Albión (también en español, para la propaganda), no como ejemplo de severa autocrítica sino como confirmación de la leyenda negra que han agitado interesadamente durante toda nuestra historia. A su regreso, Jorge Juan constata que, muerto Felipe V, a nadie le interesan sus misiones, mediciones o publicaciones. De hecho, los avispados académicos franceses apenas mencionaron la aportación española que fue vital para la instauración del valor del metro y el sistema métrico, que no podría haber nacido sin la ayuda de esa misión compartida (la "grandeur" se llevó una vez más toda la gloria). Además también aclaró con exactitud cuál era el meridiano que cimentaba el Tratado de Tordesillas que tantos conflictos había traído entre Portugal y España por la imprecisión de los cálculos. En el trayecto de vuelta de este viaje se produce tal vez el momento de mayor lucidez de Jorge Juan. El acecho con peligro real de los corsarios a los barcos franceses y el apresamiento de la nave que traía a Ulloa, la “Deliverance”, hizo pensar y mucho al joven marino. Había visto una sociedad en descomposición en América, había reflexionado sobre la necesidad de fortalecer el imperio de la ley. Había visto la debilidad de los buques de factura francesa frente a los ingleses, más maniobrables y veloces. Había sufrido los ataques de Anson en las lejanas costas. Vio claramente que los dominios en América serían insostenibles con una creciente supremacía naval inglesa. ¿Qué hacer? A su llegada a España -antes le nombraron en París miembro correspondiente de la “Academie”-, la muerte de Felipe V le hundió en un mar de dudas. Pero el destino le tenía guardado el encuentro más relevante de su vida. Con el marqués de la Ensenada, alguien con las mismas preocupaciones y con quien daría un vuelco a la política naval. No todos los campos de batalla de la Historia de España fueron a cañonazos ni cuerpo a cuerpo. En 1748 una batalla decisiva, quizá la más importante, era de inteligencia. A través del marqués de la Ensenada, Jorge Juan hace llegar sus informes secretos al Rey, y Fernando VI los estudia con interés. Ensenada comprende todas las carencias de los viajes de Juan y Ulloa (que fue liberado con honores, como miembro de la Royal Society, tras demostrar el valor científico de su misión) y decide publicar todas sus obras. Pero a Jorge Juan le reserva una misión imposible. Le envía a Londres, camuflado con el nombre de Mr. Josues, para importar los avances de construcción naval de los astilleros del Támesis y lograr expertos que quisieran hacer escuela en España. También le pide un montón de informaciones prácticas y tecnológicas que el embajador de entonces, poco hábil en asuntos secretos, llevaba años tratando de recabar. A Jorge Juan le bastó una semana para asomarse a los Astilleros y relatar lo que estaban construyendo. Allí, por cierto, conoce caballerosamente y comparte mesa y mantel con el almirante Anson y el ministro Redford, que poco tiempo después mandará a la policía darle caza por espía.
Sus envíos de información en cartas cifradas fueron tan numerosos, eficientes y enjundiosos que convencieron aún más a Ensenada de la necesidad de cambiar de política y centrar el esfuerzo en construir una flota poderosa y moderna. Jorge Juan intuyó, como él, que tarde o temprano se dirimiría contra la flota inglesa la supremacía de los mares y que sin un cambio en la Armada no habría América. Por ello se centró en recabar la más exacta información sobre la construcción naval, la división moderna de trabajo cualificado de los astilleros, copias pieza a pieza de diseños de barcos, investigaciones sobre el lacre, las primeras aplicaciones de máquinas de vapor para limpiar puertos y otros usos preindustriales. También informó de planes concretos de los ingleses para atacar América. Ensenada y Juan sabían que el sistema de construcción de los barcos españoles, el de Gaztañeta, estaba obsoleto. El gasto de madera era enorme, contra el eficiente sistema inglés y la calidad y resistencia de jarcias, velas y otros componentes no resistía comparación. Jorge Juan realizaría sus propias mejoras al sistema. Pero lo realmente novelesco fue su accidentada salida de la ciudad del Támesis, pues estuvo a punto de ser atrapado. La policía pisaba los talones a los “espías españoles”, y alguno de sus contactos allí fue detenido. La operación la dirigía el propio ministro Bedford. Antes de escapar aún tuvo que vivir mil peripecias y planificar el viaje de decenas de importantes ingenieros navales y obreros cualificados a España con sus familias para trabajar para la Corona. Les convenció de que aquello no iba a poner en peligro la floreciente industria naval británica. La policía, mandada por el ministro Bedford, le pisaba los talones En junio de 1750 logra cruzar el Canal de incógnito en un barco, el Santa Ana de Santoña, y llega a París. A su vuelta, comprueba que en España trabajan ya cuatro de los mejores constructores ingleses, medio centenar de técnicos y decenas de obreros cualificados. Ensenada pone sobre sus hombros una montaña de responsabilidades para cambiar los Astilleros españoles y ganar por la mano a los ingleses. A todas les da cumplimiento con brillantez y audacia. Su carrera es imparable. Pero tantos honores levantaron las envidias de la corte y no faltó quien criticó esta política. En 1752, el Rey le nombra director de la Academia de Guardias Marinas de Cádiz. Allí terminará de experimentar todas sus teorías sobre la construcción naval sustentadas matemáticamente. Los resultados incluso impresionaron a los ingleses. Inspeccionaba desde la tala de árboles hasta la modernización de arsenales y astilleros, empezando por Cartagena. En el verano de 1754 el marques de la Ensenada, cae en desgracia y es enviado al destierro , en gran parte gracias al empeño del embajador británico en Madrid, Benjamin Keene, que tenía claro que debía hacer lo posible por acabar con el responsable de una política que solo podía perjudicar a su país. Lo triste es que lo lograra. El resto es conocido y desemboca en la creciente subordinación al francés, la Armada combinada y la derrota en Trafalgar, cuya convulsa consecuencia en América no tardariá en llegar. Con el tiempo, sus ideas, y las de Jorge Juan, fueron desechadas. Se optó por el tipo de construcción naval francesa, sus ingenieros y sus sistemas, mucho más atrasados, pero defendidos con denuedo por los nuevos ministros y sobre todo por Julián de Arriaga, secretario de Marina. Es imposible resumir todas las vertientes de una biografía como la de Jorge Juan. Su prestigio sobrevivió a su salida de la primera línea de la vida pública. Y de hecho Carlos III, el Rey que vino de Nápoles y tanto tuvo que ver con el florecimiento de las artes en España, le encargó una de las misiones más difíciles de su vida. La embajada a Marruecos, en plena madurez, que sentaría las bases de una relación complicada entre los dos reinos, gracias a que logró firmar un primer tratado de 19 artículos que no ignoraba ninguna de las ambiciones importantes de la Corona. Allí también recabó información secreta y relevante para el Monarca. Fue la última aventura de Jorge Juan, un hombre imprescindible durante aquellos tres reinados. Falleció en Madrid el el 21 de junio de 1773 recibiendo sepultura en la capital aunque posteriormente sus restos serían trasladados al Pabellón de Marinos Ilustres de San Fernando, Cádiz

JOSE JOAQUIN DE BUSTAMENTE Y GUERRA Nació en Ontaneda (del Valle de Toranzo) en Cantabria, España, el día 1 de abril de 1759 y falleció en Madrid, España, el día 10 de marzo de 1825).Era hijo de Joaquín Antonio de Bustamante y Rueda, natural de Alceda, y de Clara Guerra de la Vega, natural de Santander. Solicitó una plaza de guardia marina de Cádiz en 1770, a los 11 años y un año después ya era alférez de fragata en junio de 1771. Sirvió en varias campañas de mar en la escuadra al mando de don Pedro de Castejón. Emprendió su primer viaje a América pocos años más tarde cuando estuvo en Puerto Rico, Cuba y las Bahamas. En 1784, con una brillante hoja de servicios, alcanza el empleo de capitán de fragata. Primero se las ve con los piratas; lo apresaron los ingleses en el navío Santa Inés tras una refriega en la que detuvieron su rumbo a Filipinas y estuvo cautivo un año en Irlanda, tras lo cual le dejaron volver. El 20 de octubre de 1782 tomó parte en el combate naval de Gibraltar, contra la escuadra de Lord Richard Howe, primer conde de Howe, a pesar de que estaba herido. Su barco fue muy dañado en una batalla librada cerca de Cádiz. Bustamante entonces preparó una proyectada conquista de Jamaica, lo que no llevó a cabo por el Tratado de París en 1783. Ingresa como caballero de la Orden de Santiago el 21 de octubre de 1784. En el verano de 1788 proyecta con su camarada y también capitán de fragata Alessandro Malaspina (uno de los personajes más singulares de su época), un viaje de la Real Armada de carácter político-científico por los territorios de ultramar del imperio español. El 10 de agosto de 1788 enviaron una carta solicitandolo al Ministro de Marina, Antonio Valdés, y el 10 de septiembre de 1788 contestó que el rey Carlos III había autorizado el viaje. El nombre que ambos propusieron en su solicitud fue el de "Viaje científico y político alrededor del mundo", pero durante el desarrollo del viaje era incluso oficialmente conocida como "Expedición vuelta al mundo", tras entrar España en guerra contra Francia recibieron la orden de regresar e incluso con un cometido para la Corona y teniendo que hacerlo desde América y no por África como estaba proyectado por lo que no pudieron completar la vuelta al mundo motivo por el que volvió a cambiar de denominación por la de "Expedición ultramarina iniciada el 30 de julio de 1789", casi un siglo después se volvió a tomar noticia de esta expedición, pues el llamado Príncipe de la Paz -Godoy- incautó toda la documentación de la expedición prohibió toda publicación o mención tras desterrar a Malaspina de España por causa de traición contra él y el rey Carlos IV hasta que en 1885 el Teniente de Navío Pedro Novo y Colson publicó el estudio que denominó "Viaje Político-Científico alrededor del mundo por las Corbetas Descubierta y Atrevida, al mando de los Capitanes de Navío Don Alejandro Malaspina y Don José Bustamante y Guerra desde 1789 a 1794" y así sucesivamente, se le han venido otorgando distintas denominaciones como la de Expedición Malaspina, Expedición de la Real Armada Malaspina-Bustamante o Expedición Malaspina-Bustamante. La tripulación estaba compuesta por voluntarios entre una selecta y mejor oficialidad de la Real Armada del momento, a la que se añadieron botánicos, pintores, médicos y otros humanistas ilustrados, y navegaron entre 1789 y 1794 a bordo de las corbetas Descubierta y Atrevida, esta última dirigida por él mismo, construidas especialmente para el viaje. Es recompensado con el grado de capitán de navío (1791). Desde Cádiz, donde iniciaron la travesía en 1789 franquearon el Atlántico para alcanzar Buenos Aires y Montevideo y, tras recorrer la Patagonia, salvan el Cabo de Hornos y, bordeando la costa oeste de los virreinatos de Perú y Nueva Granada, recorren Nueva España, California y Alaska. Dejan atrás América y ponen rumbo al Pacífico, navegando por la Polinesia, las Islas Marianas, las Filipinas, Macao, Mindanao, Nueva Guinea, las Nuevas Hébridas, Nueva Zelanda, Australia y el Archipiélago de los Amigos hasta el puerto de Callao, luego navega José de Bustamente con la corbeta Atrevida hasta las Islas Malvinas y de allí a las Islas Aurora, descubriendo la que llamaron Isla Nueva, siendo la navegación por el océano antártico muy arriesgada al tener que evitar cientos de témpanos de hielo, luego de vuelta a Montevideo donde estaba la corbeta Descubierta retornaron a Cádiz dando escolta militar a un numeroso y valiosísimo convoy, lo que fue agradecido por la Corona, ya que entonces España estaba en guerra contra Francia. Cumplen con creces todas las expectativas científicas previstas. Se dibujaron modernas cartas de navegación y actuales mapas geográficos, se confeccionaron magníficas colecciones minerales y botánicas con especies hasta entonces desconocidas y se aportó una gran documentación visual con precisos informes referentes al estado social, político y militar de las colonias.

A su regreso a España en septiembre de 1794 entrega el diario del viaje, es recibido por el rey junto con Alejandro Malaspina y con esos méritos fue ascendido a brigadier; pero Malaspina critica la mala situación y administración de las colonias y Godoy lo encarcela y requisa todo el archivo de la expedición, que permanece confinado y olvidado hasta que en 1885 otro militar, el teniente de navío Pedro Novo y Colson, lo recupera y publica, gracias a lo cual se conocieron muchos detalles de la expedición. Bustamante fue nombrado Gobernador de Montevideo en 1796 y se asentó en aquella ciudad el 11 de febrero de 1797. Durante su gobierno la ciudad era punto de abastecimiento de corsarios que merodeaban la zona del Río de la Plata: se documenta, por ejemplo, la presencia del corsario francés Pierre-Marie Le Bozec (1769-1830), capitán de la fragata La Républicaine. Además se le nombra Comandante General de los bajeles del Río de la Plata con la misión de poner en marcha su plan de defensa de la América meridional, planteado tras el citado viaje político-científico; es al regresar a España en el año 1804 al mando de una flotilla de cuatro fragatas, Nuestra Señora de las Mercedes, La Clara, La Medea y La Fama, cuando fue interceptado al llegar frente a las costas del Algarve (Portugal), el 5 de octubre de 1804, por una escuadra inglesa al mando del comodoro Graham Moore e, inexplicablemente, pues España estaba en paz con Gran Bretaña, se entabló un combate naval conocido como la batalla del Cabo de Santa María. Dos fragatas, entre ellas La Mercedes fueron voladas con un cargamento de cuatro millones de pesos de caudales de comerciantes de Lima y Buenos Aires. Perecieron 249 tripulantes y comerciantes con sus familias. Vista la inferioridad de su flotilla y herido, el Brigadier Bustamante rindió las fragatas que resistían, que fueron apresadas y transportadas al puerto de Gosport en Inglaterra. Una vez liberado, se sometió a un consejo de guerra en España, que le absolvió. Tuvo tiempo para luchar en la Batalla de Trafalgar. En 1807 fue nombrado vocal de la Junta de fortificaciones y defensa de las Indias. En 1808 abandonó Madrid por no querer prestar juramento al rey intruso José Bonaparte y huyó disfrazado de fraile a Sevilla, donde se puso al orden de la Junta Suprema Central que le ascendió a Teniente General. El Consejo de Regencia le nombró Presidente de la Audiencia de Charcas, luego de Cuzco, cargos que declinó por causas desconocidas. Por entonces abraza el absolutismo de Fernando VII. En 1810 es destinado a la Capitanía General de Guatemala, en una época de gran actividad independentista; desarrolla una política reformista de corte ilustrado, pero ante la revolución de Hidalgo y Morelos en la Nueva España preparó tropas en Guatemala y creó el "cuerpo de voluntarios de Fernando VII" y desde su puesto se enfrentó a los constitucionalistas locales, reprimiendo duramente a los insurgentes; se opuso a la constitución liberal de 1812, denunció a su sucesor nombrado Juan Antonio de Tornos, Intendente de Honduras, por supuestas tendencias liberales y así logró su confirmación en su puesto por Fernando VII en 1814. Fue el más drástico e intransigente de todos los Capitanes Generales del Reino de Guatemala, enviado especialmente para reprimir el movimiento de independencia y tristemente recordado por la crueldad que puso en el cumplimiento de su función; ceñudo y amargo, pero no tonto, llegó a la conclusión de que en el reino de Guatemala era necesaria una amplia repartición de tierras entre la gente pobre.
En un documento de 1813, dirigido al gobierno peninsular y "muy reservado" aconsejó: "...Abrir las fuentes de riquezas públicas para desterrar la miseria que dispone a los que la sufren a revoluciones en que esperan variar su suerte; multiplicar el número de propietarios para aumentar el de verdaderos ciudadanos (...) Proteger liberalmente a los indios, clase la más numerosa y recomendable, al mismo tiempo que por su sencillez es la más expuesta a ser seducida". Y a la hora de recomendar las medidas concretas más urgentes para impedir que en Guatemala se desarrollaran los planes de subversión contra la Corona, Bustamante recomendó mucha drasticidad, reforzar las milicias, pero también: ":...que se repartiesen en pequeñas suertes a los mulatos e indios honrados que no fuesen propietarios, las tierras que se pudiesen conceder sin perjuicio de tercero, proporcionándoles caudales del fondo de comunidades para los primeros gastos de cultivo". Se trataba de una medida demagógica, pero la eficacia que el Presidente le suponía radicaba en que la falta de tierra era un poderoso factor de descontento entre indígenas y mestizos (a quienes llama "mulatos" según el uso de la época) y él esperaba que aquellos repartos fueran, por eso mismo, un golpe en contra de la opinión favorable a la Independencia. Fue destituido en agosto de 1817 y volvió a España en 1819. Ese mismo año entró nuevamente a formar parte de la Junta de Indias. En 1820 fue recompensado con la Gran Cruz de la Orden Americana de Isabel la Católica y se le nombra director general de la Armada hasta 1822. En 1823 fue integrante de la Junta de expediciones a América, y un año después, volvió otra vez a la Dirección General de la Armada y trabajó en el Ministerio de Marina de Madrid hasta su muerte en 1825, siendo su cargo militar el de "Teniente General de la Armada Nacional". Fue Caballero de la Orden de Santiago desde 1784, y el rey le nombró caballero gran cruz de la Orden de San Hermenegildo y caballero gran cruz de la Orden de Isabel la Católica.

JOSE CIPRIANO RAMÓN ANTONIO AGUSTÍN DE CÓRDOVA-LASSO DE LA VEGA Y RAMÓN DE GARAY Nació en Utrera eldía 26 de septiembre de 1732 Era hijo de Don Ramón Antonio de Córdova-Lasso de la Vega de Doña Mariana Josefa Ramos. Tras navegar bajo las órdenes de Andrés Reggio, es designado para navegar desde Cádiz hasta Filipinas por la ruta del cabo de Buena Esperanza. A bordo de la fragata Astrea, Córdova zarpa en abril de 1770 con 289 hombres en su tripulación. Llegados a la bahía de Manila, afirma «haver arrivado con solo dos enfermos declarados de escorbuto, diez levemente picados, y dos, el uno de tersianas, y el otro de enfermedad adquirida», señalando que la baja incidencia de escorbuto se debe al «gaspacho que les mandé dar desde que empecé a disminuir la altura y a experimentar algún calor». Poniendo rumbo para España el 6 de enero de 1771, regresa a la isla de León el 1 de agosto de 1771 En 1789, es ascendido a teniente general y al estallar la guerra contra el Reino Unido, en 1796, es nombrado comandante en jefe de la flota española debiendo enfrentandose a una flota inglesa en el Cabo de San Vicente La batalla del Cabo de San Vicente fue un combate naval que se desarrolló frente al cabo de San Vicente, en el extremo occidental de la costa portuguesa del Algarve el 14 de febrero de 1797 . España se encontraba en aquel momento aliada a la Francia revolucionaria merced al Tratado de San Ildefonso, que la comprometía a enfrentarse a Inglaterra en el marco de las Guerras Revolucionarias Francesas. La escuadra española, formada por 27 navíos de línea, 11 fragatas y un bergantín, con un total de 2638 cañones, partió de Cartagena en febrero de 1797 al mando del teniente general José de Córdova. Entre los buques de la flota española se encontraba el Santísima Trinidad, entonces el mayor buque de guerra del mundo, con 136 cañones y el único con cuatro cubiertas de artillería. Poco antes de su llegada a Cádiz fueron sorprendidos por un fuerte temporal, al tiempo que la flota inglesa, con 15 navíos de línea, cuatro fragatas, dos balandros y un cúter, con un total de 1430 cañones y al mando de John Jervis, interceptaba a la escuadra española.

Al amanecer del día 14, los barcos de Jervis se encontraban en posición para enfrentarse a los españoles y viceversa. Fue entonces cuando vio claro que su inferioridad numérica era de dos barcos españoles por cada barco inglés, pero en cualquier caso suponía ya mayor riesgo para los ingleses tratar de evadirse que enfrentarse a la escuadra española, por lo que Jervis se decidió a atacar para tratar de impedir que esta escuadra se uniera a la flota francesa que les esperaba en Brest. Para ventaja de los ingleses, la escuadra española estaba formada en dos grupos tácticamente mal dispuestos para el combate, mientras que los ingleses conservaban la línea. Jervis ordenó a su flota que pasara entre ambos grupos, lo que optimizaría el uso de los cañones de sus barcos, mientras impedía que la flota española pudiera usar todos los suyos. En todo momento maniobró la flota con el fin de impedir que los barcos españoles pudiesen escapar hacia Cádiz. Nelson había sido transferido al HMS Captain y se dirigió hacia la retaguardia de la línea española. Desobedeciendo las órdenes de que la línea inglesa maniobrara para acorralar al grupo menor de buques españoles, rompió la formación para perseguir al grupo mayor, colocándose frente a los barcos españoles. Jervis, aunque veía cómo Nelson desobedecía sus órdenes, envió nuevos buques en su apoyo. Exclamó al ver a Nelson: «¿A dónde va ese loco?». La batalla se desarrolló en el transcurso del 14 de febrero y acabó con una derrota para la armada española. De los 27 navíos de línea con los que contaba la flota española, entraron en combate siete, perdiendo cuatro, e incluso podría haber llegado a perder a su buque insignia de no ser por la actuación de Cayetano Valdés, al mando del Infante don Pelayo, que acudió en su socorro cuando ya había arriado su bandera. Se dice que amenazó al buque insignia español con cañonearlo también si no levantaba de inmediato su pabellón. Otros cuatro buques de la flota quedaron muy seriamente dañados. Los británicos apresaron los navíos San José, Salvador del Mundo, San Nicolás y San Antonio.
La batalla costó la vida de 250 hombres por parte española. La flota británica, al mando de John Jervis, demostró que, a pesar de estar en inferioridad numérica, la disciplina y el entrenamiento de sus marinos eran cruciales para convertirla en un arma de guerra imbatible, cosa que años más tarde se demostraría de nuevo en la batalla de Trafalgar. En la posterior retirada española, algunos barcos huyeron hacia Cádiz, mientras que otros lo hicieron con rumbo a Algeciras. El grueso de la escuadra española entró en Cádiz el 3 de marzo, siendo objeto del escarnio de los gaditanos por su humillante derrota. A consecuencia de la misma, el jefe de la escuadra José de Córdova tuvo que enfrentarse posteriormente a un consejo de guerra, donde fue degradado. Si hubiera mostrado más decisión y hubiera atacado a los navíos británicos, varios de ellos destrozados y a remolque como el Captain de Nelson, habría podido evitar que se llevaran cuatro presas y, quizás, hasta habrían apresado alguno, dado que los ingleses estaban dañados y casi sin municiones, mientras que en la escuadra española, salvo los siete barcos que combatieron, los restantes estaban intactos. Tras su derrota en la batalla del Cabo de San Vicente, en 1797, fue sometido a Consejo de Guerra siendo cesado y expulsado de la Armada. Falleció en la ciudad de Cádiz el día 3 de abril de 1815.

JOSE DE MAZARREDO SALAZAR Nació en Bilbao, el día 8 de marzo de 1745 y falleció en Madrid, el 29 de julio de 1812. Era hijo de Antonio Jose de Mazarredo Morgan Salazar de Muñatones y Rucabado y de María Josefa Gortazar y Pérez de Arandia. En 1759, a los catorce años, sentó plaza de guardiamarina en el departamento de Cádiz. En este empleo embarcó en el chambequín Andaluz, al mando del capitán de fragata Francisco de Vera. En este buque ya se distinguió en la mar, como antes lo había hecho en los estudios, pues en la noche del día 13 de abril del año de 1761, impidió que el buque se estrellase contra las Salinas de la Mata, "por sus acertadas disposiciones y por su firmeza en sostenerlas contra el dictamen de hombres prácticos en la mar, y por su osadía en embarcarse de noche en medio de un fuerte temporal en un pequeño bote, a recoger la lancha perdida y ver de salvar el buque, logró al menos sacar a salvo toda la tripulación de trescientos hombres" dice Fernández de Navarrete. A los doce años de servicios, por el buen concepto en que le tenían sus superiores, fue nombrado ayudante de la mayoría del departamento de Cartagena. En el año de 1772 pasó a la fragata Venus, con la que fue a Filipinas al mando de Lángara (1772). Trasladado a la Santa Rosalía, participó en una campaña hidrográfica en Trinidad y Atlántico Sur (1774). Asistió a la expedición contra Argel de 1775 y después se encargó de la compañía de guardiamarinas de Cartagena. Fueron obra suya los planes de navegación, fondeo y desembarco de los veinte mil hombres del ejército, a las órdenes del general O’Reilly. Por los servicios distinguidos en esta campaña, el rey confirió a Mazarredo el cargo de alférez de la compañía de guardiamarinas de Cádiz, y en sus sucesivos empleos, de capitán de fragata y de capitán de navío, la comandancia de la nueva compañía creada en el departamento de Cartagena. En este puesto no sólo atendió a la dirección de la Escuela de Guardiamarinas, sino que tomó parte activa en la enseñanza de la náutica y la maniobra, escribiendo algunos trabajos orientados al objeto, como la "Colección de Tablas para los usos más necesarios de la navegación". Nombrado comandante del navío San Juan Bautista (1778), realizó levantamientos hidrográficos en la Península Ibérica, contribuyendo enormemente a la creación del "Atlas Marítimo". En 1779, siendo mayor general (grado equivalente al de hoy de Jefe de Estado Mayor) de la escuadra del general Gastón, puso en práctica los "Rudimentos de Táctica Naval" que había escrito cuando era teniente de navío, así como sus "Instrucciones de señales". Su éxito como mayor general lo obtuvo principalmente al año siguiente en la escuadra de don Luis de Córdova, reforzada con seis navíos franceses: por una atrevida maniobra, que todos consideraban temeraria, se apresó el día nueve de agosto a la altura de las islas Azores, un importante convoy británico de cincuenta y tres velas, con mercancías y víveres para su ejército en la lucha contra los independentistas norteamericanos. Este cargamento de 80 000 mosquetes y cañones, y más de un millón de libras esterlinas en oro y plata, permitiría a los ingleses triplicar el número de su ejército, pasando de una relación de tropas de 1 a 1 entre independentistas e ingleses a una proporción de 3 a 1 a favor de Inglaterra, lo que sería un hecho decisivo en la guerra. Tres de las fragatas británicas apresadas sirvieron después en la Real Armada Española con los nombres de Colón, Santa Balbina y Santa Paula; con el apresamiento se hicieron casi 3000 prisioneros. Debióse también a Mazarredo la salvación de la gran escuadra hispano-francesa, que estaba compuesta por veintiocho navíos y cuatro fragatas españolas y treinta y ocho navíos y veinte fragatas francesas, que escoltaban un rico convoy de ciento treinta velas, que iba camino de perderse por la inoportuna salida que ordenó el general conde d’Estaing, contra el voto de Mazarredo y que éste pudo subsanar, consiguiendo que arribase la flota a Cádiz, pocos días después de haber salido de ese puerto, ante la amenaza de un fuerte temporal que, una vez transcurrido, hizo caer en la cuenta de lo acertado de su decisión. En 1782 tomó parte con la escuadra que bloqueaba a Gibraltar en el ataque de las baterías flotantes y en el combate indeciso que aquella riñó, frente al cabo de Espartel, con la británica del almirante Howe, cuando ésta regresaba al Atlántico, después de haber conseguido entrar el Gibraltar, el socorro que tanto necesitaba la plaza. Al final de esta campaña, se consiguió la Paz de 1783, siendo ascendido por ello a jefe de escuadra. "Ningún ramo de la marina militar se ocultó a su inteligencia y a su celo". Dio un gran impulso a la enseñanza con ocasión de ejercer las funciones de capitán de las tres compañías de guardiamarinas, las de Ferrol, Cádiz y Cartagena.

En 1789 fue ascendido a teniente general y estuvo algún tiempo en Madrid, dedicado a la redacción de las "Ordenanzas", auxiliado por su inseparable ayudante el capitán de navío Escaño. Interrumpió esta tarea al ser nombrado segundo jefe de una escuadra mandada por el marqués del Socorro; embarcó en Cádiz arbolando su insignia en el navío Conde de Regla, pasando después al navío San Hermenegildo. Con esta escuadra, en una ocasión salió en persecución de una británica hasta el cabo de Finisterre, quedando después cruzando por aquellas aguas, hasta que se firmó la paz con el Reino Unido de la Gran Bretaña. De regreso a Madrid, terminó las "Ordenanzas" en el año de 1793, siendo recompensado por el rey con una encomienda de la Orden de Santiago. En el año de 1795, en guerra con la república francesa, tomó el mando en Cádiz de una escuadra, que debía de unirse a la de don Juan de Lángara, que operaba en el Mediterráneo. Sus diferencias con el ministro don Pedro Varela, al cesar en el cargo el bailío Valdés, considerando Mazarredo que no se atendía debidamente a los buques, y el haberse negado a ampliar los informes expuesto en circunstancias anteriores, como pretendía Varela, para acusar a Valdés de mala administración, le llevó a tener que presentar la dimisión de su mando, dimisión que fue aceptada, siendo destinado a Ferrol, con prohibición expresa de pasar a la corte. Fruto en parte de la imprevisión del gobierno y también del poco acierto del nuevo almirante, el general don José de Córdova, fue el desgraciado combate del catorce de febrero de 1797 en el cabo de San Vicente, contra una escuadra británica. Después del combate fue designado sucesor de Córdova, el anciano general Borja; pero por fortuna los capitanes de fragata Espinosa, Fernández de Navarrete y Salazar, se aventuraron a pedir audiencia a la Reina y deshicieron el error y se nombró a Mazarredo para el mando de la escuadra, recibiendo la orden de dirigirse a Cádiz y de tomar el mando de las fuerzas navales que habían de defender aquel puerto. La escuadra estaba compuesta de veinticinco navíos, de los que cuatro eran de tres puentes, once fragatas y tres bergantines; arboló su insignia en el navío de tres puentes Concepción y en menos de dos meses consiguió organizar las fuerzas sutiles, llegando a reunir ciento treinta embarcaciones, al mando de los generales Gravina y Villavicencio, con las que rechazó los ataques del enemigo, comandadas por Jervis y Nelson durante las noches del tres y del cinco de julio de 1797. En el año de 1798 salió repentinamente de Cádiz con veintidós navíos, tres fragatas y la Vestal, francesa, para sorprender a una división británica de nueve navíos que cruzaba frente a Cádiz.
Un temporal del sudeste lo impidió y previniendo que el cuerpo principal de la escuadra enemiga, que se encontraba en Lisboa al mando del almirante Jervis, viniese contra sus fuerzas, se mantuvo frente a la desembocadura del Guadiana, hasta que abonanzó el tiempo y acertadamente, regresó a Cádiz. Con arreglo a lo que había previsto, veinticuatro horas después llegaba la escuadra británica con gran superioridad: con cuarenta y dos navíos y varias fragatas y buques menores. Nombrado Mazarredo capitán general del departamento de Cádiz y terminadas las obras del nuevo Observatorio de Marina en la Isla de León (San Fernando, 1798), ordenó el traslado del centro en cuestión. A Mazarredo se debe en los sextantes el movimiento del anteojo paralelo al plano del aparato. Mazarredo pasó a París con el almirante Étienne Eustache Bruix, a concertar las operaciones navales en unión del alto mando francés, y a representar diplomáticamente a España. Ante el Napoleón, elevado por entonces al Consulado, tuvo que luchar Mazarredo por los intereses de España, amenazados por la ambición de Bonaparte que quería disponer, para su mejor servicio de las fuerzas navales españolas. La firme actitud de Mazarredo disgustó a Napoleón, que le retuvo en París una larga temporada y gestionó cesase en el mando de la escuadra. Dócil ya el gobierno español le envió a Cádiz, pretextando que allí hacían falta sus servicios, nombrándosele capitán general de aquel departamento de cuyo cargo tomó posesión el día nueve de febrero del año de 1801. Pero es más; no estando conforme con los sistemas seguidos que hacían experimentase la Armada escaseces y calamidades, que él no podía remediar con su autoridad y no queriendo hacerse solidario del desastre que se preparaba, pidió su separación y cuartel para Bilbao, obteniéndolo el día nueve de febrero de 1802. En el mes de agosto de 1804, fue mal mirada su conducta en la corte con motivo de tratar de impedir, los funestos efectos del furor popular y de remediar, los males que traerían consigo la oposición de los intereses locales a los del gobierno. Aprovechando lo que en realidad no era sino un fútil pretexto, fue desterrado primero a Santoña y después a Pamplona. En 1808 entra a colaborar con el rey José I Bonaparte como director general de la Armada, consiguiendo que los navíos de Ferrol no fuesen llevados a Francia. Regresó a Madrid donde, el 29 de julio de 1812, le acometió un ataque de gota que le originó la muerte.

JOAQUÍN GUTIERREZ DE RUBALCABA Y CASAL Nació en El Ferrol (en el del Caudillo, no, en el otro). La Coruña, España, el día 19 de marzo de 1803 y falleció cristianamente en Madrid el día 13 de abril de 1881. Era hijo de Alejo Gutiérrez Rubalcava y Medina, caballero de la Orden de Santiago. En 1819 ingresó como guardiamarina en El Ferrol embarcando en las fragatas Fama, María Isabel y Ninfa, en la goleta Belona y en el bergantín Vengador. En el año 1821 fue ascendido a alférez de fragata, en 1825 a alférez de navío, en 1833 a teniente de navío y en 1840 a capitán de fragata. Fue enviado a Lima y 1842 combatió barcos de la armada chilena en la isla de Chiloé. En 1842 y 1846 fue elegido diputado por La Coruña.?

En 1846 fue ascendido a capitán de navío y 1848 fue destinado a La Habana como Capitán del puerto siendo ascendido en 1852 a brigadier y con tal empleo, en 1853 fue nombrado Comandante General de la división naval del Mediterráneo. En 1854 fue nombrado Director del Depósito Hidrográfico y vocal de la Junta directiva del Mapa Geográfico de España. En 1856 el nombraron Mayor General de la Armada Española y en 1857 Jefe de la Escuadra. En 1859 fue nombrado Capitán General de Cartagena y en 1860 Comandante General del apostadero de la Habana.
Durante 1862 participó en una expedición de apoyo a Maximiliano I de México bajo las órdenes de Juan Prim. en 1863 fue nombrado presidente de la Junta Superior Consultiva de la Armada Española y senador vitalicio. En 1864 fue nombrado teniente general y Ministro de Marina bajo el gobierno de Lorenzo Arrazola entre enero y marzo de 1864. De nuevo fue nombrado Ministro de Marina en el último gobierno de Ramón María de Narváez (1866-1867). Después de la revolución de 1868 pidió la separación del cuerpo. A raíz la restauració borbónica pidió el reingreso y volvió a ser nombrado senador vitalicio, presidente de la sección de marina del Consejo de Estado y en 1875 fue ascendido a Alñmirante.Entre otras condecoraciones, recibió las grandes cruces de la Orden de San Hermenegildo , de la Orden de Carlos III y de la Orden de Isabel la Católica, así como la Cruz del Mérito Naval con distintivo rojo.

JOSÉ JOAQUÍN ROMERO Y FERNANDEZ DE LANDA Nació en Galaroza, Sierra de Aracena, Huelva, España el día 25 de mayo del año 1735. Era hijo de Gaspar Romero, capitán de caballos y comisario de guerra. El 27 de mayo de 1752 ingresó en el Regimiento de Dragones de Edimburgo en la Villa de Arcos, donde se encontraba su compañía. Sin embargo, en 1754 sentó plaza en la Academia de Guardiamarinas de Cádiz. En 1756 embarca en el navío San Fernando y luego en otras unidades, hasta que en 1757 ascendió a alférez de fragata. En 1760 ascendió a alférez de navío y participa en varias operaciones contra el corso en el Mediterráneo. En 1761 fue nombrado Ayudante Mayor interino de las Brigadas de Artillería de Marina, cargo que ejerció entre el Ferrol y Cartagena.

Con la instauración de la Casa de Borbón en el siglo XVIII se llevó a cabo una política de profundas reformas en todos los campos con la intención de colocar a España en un lugar destacado entre las potencias europeas. La Marina se consideró vital como medio de control de las colonias americanas. En 1765 llegó Gautier a España enviado por el ministro de Asuntos Exteriores francés François Choiseul para implantar en los astilleros españoles las técnicas constructivas francesas. El 1 de noviembre de 1765 se incorporó a trabajar en el astillero de Guarnizo bajo el mando del Gautier. Entre 1766 y 1767 permaneció en Guarnizo trabajando y aprendiendo con Gautier y fue ascendido a teniente de fragata. En octubre de 1770 se creó el Cuerpo de Ingenieros de Marina, formando parte del mismo desde el 17 de enero de 1771, como Ingeniero en Segundo, solo por detrás del Ingeniero General y creador del cuerpo, Francisco Gautier. En 1772 comenzó a colaborar con Pédro González de Castejón lo que supuso una afrenta para Gautier. Ascendido González de Castejón a Teniente General de la Armada en 1774, nombró a Romero Landa Comandante de Ingenieros, quebrantando las Ordenanzas del Cuerpo General de Ingenieros y a su Ingeniero General, Gautier.
En 1775 se encargó de preparar el apresto de los convoyes de la armada en la primera expedición a Argel y se casó con su prima, Ana Fernández de Landa y Pérez Rañón. En 1776 es ascendido a capitán de navío y hasta 1780 está destinado al Ferrol y sustituye al ingeniero general en sus desplazamientos a la corte. En 1781 ascendió a Brigadier de la Armada, manteniendo el cargo de Comandante de Ingenieros. En 1782, Gautier dimitió del cargo de Ingeniero General de la Armada y Romero de Landa le sustituyó en el cargo como Ingeniero General Interino. Redactó el Reglamento de maderas necesarias para la fábrica de los baxeles del Rey (1783). El 28 de enero de 1786 ascendió a Ingeniero General de la Armada. En 1789 ascendió a jefe de escuadra y 1795 a teniente general. Falleció en Madrid el 5 de agosto de 1807.

JOSE MARÍA BUSTILLO Y GÓMEZ DE BARREDA: Nació en Isla de León, San Fernando, provincia de Cádiz, España el año 1803. Sentó plaza de guardiamarina el 22 de enero de 1816 en el Departamento de Cádiz. En 1819 fue ascendido a alférez de fragata, en 1825 a alférez de navío, en 1832 a teniente de navío, a capitán defragata en 1837, a capitán de navío en 1844 y a brigadier en 1846. En 1849 formó parte de una expedición para auxiliar al papa Pío IX que había huido de Roma a Gaeta al ser atacadas sus posesiones por tropas insurgentes mandadas por Garibaldi y Mazzini. En 1850 es nombrado jefe de escuadra y en 1851 fue nombrado Ministro de Marina, cargo que ocupó hasta junio del año siguiente, tras lo cual partió de Madrid para tomar el mando del apostadero de la Habana.

Llegó a Cuba en julio de 1852, cuando le fue informada la llegada a la isla de tropas de filibusteros al mando del ex general Narciso López, a los que se enfrentó en tierra y obligó a reembarcar, tras lo cual los volvió a enfrentar luego en el Morillo de la Manima, derrotándolos finalmente y logrando capturar a 50 hombres. Por este acto el gobierno le entregó la gran cruz de la Orden de Carlos III. Estuvo en Cuba los tres años preceptivos y regresó a España en 1854. En 1855 fue designado vocal de la Junta Consultiva de Ultramar.Por Real Decreto del 14 de noviembre de 1855 es condecorado con la gran cruz de la Orden de San Hermenegildo1? por tener cumplidos los requisitos, pero con antigüedad del 24 de julio anterior.
? En 1854 se le concede la gran cruz de la Orden de Isabel la Católica, por su operación de defensa del Papa. En 1856 se le nombra Comandante General de buques, aprestos de expediciones, matrículas, pesca y navegación de particulares. En 1857 se le otorgó la capitanía general del Departamento de Ferrol y el 25 de octubre de ese año será nombrado de nuevo Ministro de Marina, cargo que ocuparía hasta 1858. En 1859 es nombrado comandante general de la escuadra de operaciones en África y en 1860 participó en los bombardeos de las ciudades de Larache, Arcila, Rabat y Salé y, en gratitud por sus acciones, el 14 de julio le fue concedido el rango de teniente general,? entregándosele el 18 de julio el mando del Departamento Naval de Cádiz. A su vez Isabel II le entrega el título de Conde de Bustillo. Fue, de nuevo, ministro de marina en 1863.Falleció el día 2 de mayo del año 1868 en el Puerto de Santa María, provincia de Cádiz, España.

JOSE DE MENDOZA Y RIOS: Nació en Sevilla el día 29 de enero de 1761. Sentó plaza de Guardiamarina en el Colegió de Guardiasmarinas que justamente unios años antes había sido trasladada de Cádiz a San Fernando. Poco se sabe delos primeros años de su carrera militar. Pero en 1787, con tan solo 26 años, por lo que debía ser como mucho teniente navio, publica su primera obra, un tratado sobre las ciencias y técnicas de navegación en dos tomos, obra de referencia de la época. Tras ello propone la creación de la biblioteca marítima, ubicada en Cádiz, con la idea de que se convirtiera en un instituto de investigaciones navales en Cádiz al que designó con el nombre de Biblioteca Marítima. que con el tiempo se convertiría en el Depósito Hidrográfico de la marina (en 1798 el Observatorio contaba ya con su actual edificio en la Isla de León, y contaba con un total de de 5.423 volúmenes procedentes de la comisión de Mendoza Ríos. El proyecto de Mendoza Ríos, con el apoyo del conde de Floridablanca, fue inicialmente aceptado y en 1789 recibió el encargo de viajar al extranjero para realizar adquisiciones con vistas a la creación de una biblioteca marítima. La primera etapa se desarrolló razonablemente con una primera expedición en busca de libros e instrumentos científicos. Quizás la tarea de ir por Europa comprando libros no parezca muy aventurera ni propia de la carrera de marino que en principio había elegido, sin embargo la trayectoria vital de Mendoza Ríos es una mezcla de ciencia y aventura. En efecto, Mendoza lideró la primera expedición para la compra de libros, cuyo destino inicial fue París, donde se estaba iniciando lo que sería la Revolución Francesa, por lo que durante los tres años que estuvo allí se desplazó con cierta frecuencia a Londres y Holanda evitando los periodos más conflictivos de Francia. En esos años envió hacia Cádiz cajones y más cajones repletos de libros e instrumentos que forman hoy en día la base de las más valiosas colecciones que atesora el Observatorio de San Fernando.

En 1792, huyendo de la complicada situación francesa, se trasladó definitivamente a Londres donde prosiguió su labor de adquisición de fondos bibliográficos y técnicos. En Londres pronto encontró la protección de Joseph Banks, el entonces presidente de la Royal Society de Londres, sociedad en la que Mendoza Ríos ingresaría al año siguiente. Desde Londres envió una serie de informes confidenciales sobre la organización y planificación industrial y, también, sobre la organización de la marina inglesa. Como consecuencia de la falta de control de su misión pronto empezaron a recaer sobre él sospechas, más o menos fundadas, de espionaje. En unas ocasiones a favor de España por esos informes que remitía desde Londres, pero otras con acusaciones de más o menos veladas de informar a los ingleses durante la guerra librada contra ellos a principios del siglo XIX, con resultados a veces tan decisivos para el devenir de la armada española como la derrota en la batalla de Trafalgar. En el año 1796 realizó un nuevo envió de libros y documentos a Cádiz a pesar de las dificultades derivadas de la declaración de la guerra con España. Mendoza Ríos pidió el retiro de la Armada Española pues ya tenía decidido asentarse en Londres. No solamente no se le concedió sino que se le expulsó de la Armada en 1800. Mendoza Ríos nunca se resignó y procuró que se le reconociera su estatus; incluso le pidió a Godoy en 1806 que le concediera el retiro honroso que había pedido en 1796. Mendoza Ríos se estableció definitivamente en Inglaterra, donde se casó y tuvo dos hijas. Entre sus principales obras de su vida Inglaterra destacan el Tratado de navegación (1787) y la Colección de Tablas Náuticas (1805-1807). Como astrónomo ideó un método para determinar la longitud a partir de la observación de las distancias lunares. Puso fin a su vida voluntariamente el día 4 de marzo del año 1816 en su casa de Brighton, dejando una considerable fortuna a su familia.
Mendoza Ríos hizo contribuciones importantes a la resolución astronómica del problema de la longitud, que le valió uno de los premios otorgados por el Buró de Longitudes de Londres. El problema de la determinación de la longitud en el mar era uno de los principales, sino el principal, con el que se había enfrentado la náutica desde la época del descubrimiento de América. Casi todos los países con intereses trasatlánticos habían ofrecido premios por su resolución y fueron numerosos los científicos que se habían interesado en él ?uno de ellos Galileo?. Desde que el relojero John Harrison había fabricado a mediados del siglo XVIII relojes suficientemente precisos y fiables para transportar en el barco el tiempo de un lugar determinado, ya se disponía de una solución técnica para el problema. Sin embargo a principios del siglo XIX esta solución distaba de ser definitiva: los relojes era extremadamente caros, difíciles de conseguir y, de todas formas, era conveniente determinar, de tanto en tanto, la longitud por otros medios para tener la seguridad de que el reloj no fallaba. Mendoza Ríos ideó un proceso astronómico para el cálculo de la longitud en el mar mediante la medida de distancias entre la Tierra, la Luna y determinadas estrellas auxiliares. En un artículo publicado en las Philosophical Transactions de Londres en 1797, Mendoza Ríos describió hasta cuarenta procedimientos conocidos para despejar la distancia una vez hechas una serie de medidas, y explicó el suyo propio basado en el uso, primero, de un instrumento: un círculo de reflexión mejorado por Mendoza Ríos que hacía más fáciles y precisas las mediciones, y, segundo, de unas tablas, que facilitaban los procesos de cálculo ulteriores. Dicho en lenguaje actual, los métodos para despejar la distancia eran unos procesos algorítmicos de cálculo reiterado con una región de convergencia y otra de comportamiento caótico: una pequeña diferencia en las observaciones previas ?esto es, en las condiciones iniciales del proceso iterativo? podían generar grandes errores al finalizar los cálculos. Las aportaciones de Mendoza Ríos consistieron en una mayor concreción de la región de convergencia ?concretada luego en una serie de consejos a la hora de realizar las mediciones para evitar la región caótica del algoritmo?, y en la simplificación del algoritmo numérico mediante sus tablas. Mendoza Ríos publicó varios volúmenes de tablas; las mejores fueron las de 1804, de las que se hizo una versión castellana en 1850 a cargo de José Sánchez Cerquero, director entonces del Observatorio de San Fernando, líder del grupo de matemáticos en torno al Observatorio y responsable de la publicación a partir de 1848 en Cádiz el Periódico mensual de Ciencias Matemáticas y Físicas, la primera revista de matemáticas y física publicada en España. Del método de Mendoza Ríos dijo Jean Baptiste Delambre ?responsable de la medición del arco de meridiano que dio lugar a la definición de nuestra actual unidad de medida: el metro?: «de los diversos métodos para el cálculo de las distancias de la Luna al Sol y a las estrellas, di absoluta preferencia sobre las mías y sobre todas las demás a las de Mendoza. Este método se ha simplificado aún con la publicación de sus Tablas. Esta obra es la más completa, la mejor concebida y la más cómoda de cuantas han aparecido sobre astronomía náutica.

JOSÉ SANCHEZ CERQUERO: Nació en San Fernando en el año 1784. Ingresó como meritorio en la Armada en 1798. Siendo Alferez de Fragata estuvo destinado a partir de 1805 en el Arsenal de la Carraca como Alférez de Fragata, ayudante de ingeniero. Su historial marítimo es bastante limitado, solamente estuvo en destinos embarcacdos entre los años 1809 a 1812. A partir de esa fecha solo tuvo destinos en tierra. Nombrado Director de la Academia de Cartagena el 25 de junio de 1812, tomó posesión del cargo el 27 de febrero de 1813, permaneciendo en él hasta el 12 de marzo de 1816, cuando fue nombrado oficial fijo del Real Instituto y Observatorio de la Armada de San Fernando, de cuya institución fue nombrado Director en 1821 siendo alferez de Navío. En 1825 y ya como teniente de navío, se le otorgó en propiedad la plaza de Director del Observatorio.

En 1829 marchó a Inglaterra a estudiar las técnicas de funcionamiento existentes en Greenwich y que debía adquirir para el observatorio gaditano. En la capital británica debió relacionarse lo suficiente como para ser elegido fellow de la Royal Astronomical Society y de la Royal Meteorological Society. Ascendido a capitán de navío en 1836, vuelve a marchar a París, a Bélgica y de nuevo a Inglaterra, estudiando el funcionamiento de las ecuatoriales (montura para telescopios astronómicos que tiene un eje de rotación de la Tierra -eje polar- y un segundo normal al primero -eje de declinación) con objeto de montar una en el Observatorio de San Fernando. En 1840 se le otorgaron honores de Brigadier.
En 1847, por motivos de salud se vio obligado a separarse del servicio y fue sustituido en la dirección del Observatorio por Saturnino Montojo y Díaz, aunque ello no le impidió ser uno de los miembros de número de la Sección de Exactas fundadores de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales en el año 1847. Autor de numerosos trabajos especializados, publicados tanto en España como en revistas de astronomía europeas, en 1848 fue el más claro impulsor del Periódico mensual de Ciencias Matemáticas y Físicas, ya con el empleo de brigadier de la Armada exento de servicio. Falleció en Cádiz en el año 1850.

JUAN RODRIGUEZ CABRILLO: Aunque durante un tiempo fue considerado de nacionalidad portuguesa, los historiadores establecieron que esra español, nacido en la Villa de Palma, hoy ciudad de Palma del Río, Reino de Córdoba en la antigua Castilla, hacia 1498-1500 y fallecido en lugar frente a la costa del sur de California, 3 de enero de 1543) fue un marino y explorador conocido por haber realizado una de las primeras expediciones europeas de la costa oeste de América del Norte mientras navegaba al servicio de la Corona Española, navegando cerca de la costa del actual estado de California y participando en la fundación de la ciudad de Oaxaca, en México. Se sabe poco acerca de los primeros años de Cabrillo; apenas que formó parte de la expedición de Pánfilo de Narváez, la cual fue enviada a México por Diego de Velázquez, gobernador de Cuba, con el fin de someter a Cortés. En 1520 aparece el nombre de "Cabrillo" como soldado del ejército de Hernán Cortés con el grado de oficial de ballestas. Armador de los trece bergatines, acompañó a Cortés en la conquista de la gran Tenochtitlan y posteriormente participó con Pedro de Alvarado en la del suroeste de México, así como en la conquista de Guatemala, El Salvador y Honduras, en Centroamérica. En 1530, después de la conquista de Centroamérica, Cabrillo se estableció en la población de Santiago de Guatemala, y en 1532 viajó a España para contraer matrimonio con Beatriz Sánchez de Ortega. Después de las nupcias, Cabrillo regresó con su esposa a Santiago de Guatemala, en donde tomó residencia y se dedicó al comercio, en tanto su esposa le dio dos hijos. En la madrugada del 11 de septiembre de 1541, un alud de piedras y lodo bajó del Volcán de Agua (que no un terremoto) y destruyó la ciudad. Se dice que Cabrillo notificó el incidente a la Corona española y esa información se considera el primer reportaje que se haya enviado de un acontecimiento ocurrido en el Nuevo Mundo a Europa. Desde un puerto guatemalteco de la costa del océano Pacífico, Cabrillo se dedicó durante un tiempo a importar y exportar mercaderías entre España, Guatemala y otras partes del Imperio español.

En 1541, Pedro de Alvarado había organizado una expedición con doce embarcaciones para explorar el litoral norte del océano Pacífico, pero en su trayectoria se detuvo en las costas de Nueva Galicia para tratar de contener la rebelión encabezada por Francisco Tenamaztle que desencadenó la Guerra del Mixtón. Inesperadamente, Alvarado murió en julio de 1541 al ser aplastado por un caballo. Al año siguiente, el virrey Antonio de Mendoza y Pacheco comisionó a Rodríguez Cabrillo para que continuara los planes de la expedición frustrada, pero solamente fue posible utilizar dos de las embarcaciones que había reunido Alvarado.1? La península de Baja California y el golfo de California o mar de Cortés habían sido recientemente descubiertos por los exploradores Francisco de Ulloa, Fernando de Alarcón y el piloto Domingo del Castillo. Con esos viajes se había demostrado que la península de Baja California no era una isla, sino que estaba unida a tierra firme y rodeada de agua por un golfo (golfo de California) y la mar del Sur (océano Pacífico). Cabrillo esperaba encontrar la mítica y rica ciudad de Cíbola que se creía existía en algún lugar al norte de la costa del Pacífico, además de buscar el inexistente paso o estrecho de Anián que se decía unía al norte los océanos Pacífico y Atlántico. El 24 de junio de 1542 partió en tres buques la expedición del puerto de Barra de Navidad (Jalisco). Acompañaban a Cabrillo marineros, soldados, indios, esclavos africanos, un sacerdote, alimentos para dos años, animales en pie y mercancías. Cabrillo comandaba la pequeña flota a bordo del navío San Salvador, buque insignia que él mismo había construido. Después de zarpar recorrió la costa de Colima y enfiló hacia la península de Baja California, la cual tuvo a la vista el 3 de julio. Arribó a San José del Cabo y allí se proveyó de agua. El 13 del mismo mes descubre la bahía de Magdalena a la que nombra como tal.1? El 5 de agosto arriban a la isla de Cedros, (último sitio en el cual se vio con vida al navegante Francisco de Ulloa en abril de 1540) y permanecen en ella hasta el día 10 del mismo mes. Prosiguen su viaje costeando la península de Baja California y levantando mapas. El 17 de septiembre llegan al actual puerto de Ensenada, al que nombran San Mateo. El 28 de septiembre de 1542, Cabrillo encuentra un "puerto muy bueno y seguro": acaba de descubrir la Bahía de San Diego, a la que nombra San Miguel en honor al santo del día. Seis días después continúa su viaje de exploración en aguas desconocidas para los europeos. El 6 de octubre está en San Pedro (Puerto de Los Ángeles) y el 9 en Santa Mónica; ambas poblaciones forman hoy día parte de la Ciudad metropolitana de Los Ángeles. El 7 de octubre de 1542 descubre el archipiélago del Norte, hoy conocido como islas Santa Bárbara. El 10 de octubre llega la expedición a San Buenaventura, el día 13 arriban a Santa Bárbara y alcanzan punta Concepción el día 17. A causa de los fuertes vientos contrarios, las naves regresan y se resguardan en la Isla San Miguel (California) frente a San Buenaventura. No pueden avanzar al norte durante varios días, el 11 de noviembre llega a Santa María y el mismo día alcanzan el cabo de San Martín que se localiza en el condado de Monterey. Las naves se separan debido a los fuertes vientos y tormentas y después de varios días de búsqueda se reúnen el 15 de noviembre y navegan sin rumbo, descubriendo la bahía de los Pinos, conocida actualmente como Monterey Bay. El 18 de noviembre navegan hacia el sur, buscando el resguardo de la bahía de la Isla San Miguel (California), adonde arriban el día 23. Los siguientes tres meses los pasan ahí en espera de que terminen las tormentas de invierno. Juan Rodríguez Cabrillo muere el 3 de enero de 1543 en la Isla de San Miguel como consecuencia de un brazo que se quebró al caer en una escaramuza con los nativos. Se cree que sus restos fueron sepultados en la isla Santa Catalina, frente a la ciudad de Los Ángeles. El 18 de febrero de 1543, la flota enfila nuevamente hacia el norte bajo el mando de Bartolomé Ferrelo. Con vientos favorables alcanzan el 1 de marzo el cabo Mendocino, llamado así en honor del primer virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza y Pacheco, patrocinador de la expedición. El cabo Mendocino se encuentra cerca del límite norte del actual estado California, así que es probable que la expedición haya traspasado los límites y llegado hasta el vecino estado de Oregón. El viaje de regreso El mal clima impidió al navegante Bartolomé Ferrelo seguir el viaje más al norte, por lo que regresaron a la isla de San Miguel, donde llegaron el 5 de marzo. De allí la expedición partió de regreso hacia el puerto de Navidad, arribando el 14 de abril de 1543. Su legado Juan Rodríguez Cabrillo es recordado en Las Californias a través de los nombres con que bautizó islas, bahías y accidentes geográficos. Cientos o miles de avenidas, hoteles, restaurantes y escuelas llevan su apellido

JUAN VAZQUEZ DE CORONADO: Nació en Salamanca, en 1523 y falleció en Sanlúcar de Barrameda, en octubre de 1565. Fue un adelantado y conquistador español que participó en varias expediciones de pacificación en América Central entre 1540 y 1565, ocupando cargos de adelantado y gobernante colonial en Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica. Se lo recuerda principalmente como conquistador de Costa Rica, una provincia del Imperio español que en esa época se consideraba la más austral e inhóspita, su acción conquistadora costarricense se caracterizó por su sentido humanitario y su habilidad para negociar y formar alianzas con los reyes indígenas. Juan Vázquez de Coronado era hijo de Gonzalo Vázquez de Coronado y Catalina de Anaya, y sobrino de Francisco Vázquez de Coronado. Pasó muy joven a la América española, con solo 17 años, y se estableció primero en la ciudad de México y luego en Guatemala, donde comenzó a desempeñar cargos oficiales, tales como diputado del cabildo de la ciudad de Santiago y alcalde ordinario de Guatemala.
Participó en acciones de Conquista de los actuales Guatemala y El Salvador; fue alcalde de la ciudad de Santiago de Guatemala —actual Antigua Guatemala— donde en 1548 contrajo nupcias con Isabel Arias Dávila y Poblete, pariente cercana de Pedro Arias Dávila, gobernador de Castilla del Oro y Nicaragua. Posteriormente pasó a El Salvador, en donde se le dio la encomienda de Naolingo, cerca de la que pronto sería la ciudad de Sonsonate, luego fue nombrado alcalde ordinario de San Salvador en 1549; posteriormente fue alcalde mayor de Honduras en 1556, en 1560 y en 1563, y también de Nicaragua en 1561.


En 1562 fue nombrado alcalde mayor de Nuevo Cartago y Costa Rica. Recorrió gran parte del actual territorio costarricense y encontró los lavaderos de oro del río de la Estrella (hoy río Changuinola, en territorio actualmente perteneciente a Panamá). En 1563 fundó la ciudad de Cartago en el Valle del Guarco y su teniente Antonio Álvarez Pereyra fundó un segundo e infructuoso asentamiento denominado «Villa Nueva Cartago» en las llanuras de Buenos Aires. En 1564 marchó a España en demanda de ayuda real para proseguir sus actividades y en 1565 el rey Felipe II lo nombró gobernador de Nicaragua y gobernador vitalicio de la provincia de Costa Rica, le otorgó el título hereditario de adelantado de Costa Rica con una renta anual y le concedió un señorío territorial, también hereditario, en territorio costarricense. Murió en 1565, en un naufragio, cuando viajaba de regreso a Costa Rica. Su título de Adelantado fue heredado por su primogénito Gonzalo Vázquez de Coronado y Arias Dávila. En 1562, Juan Vázquez de Coronado, alcalde mayor de Nicaragua, recorrió los cuatro costados del territorio costarricense y participó en dos expediciones, la primera, penetrando en Guanacaste desde Nicaragua, hasta Garcimuñoz, luego Quepos y Coto, en el Pacífico Central. Terminó siendo alcalde mayor de Costa Rica y Nueva Cartago ese año. El 18 de agosto de 1562, Vázquez de Coronado partió de León (Nicaragua), llegando a Nicoya el 6 de setiembre, donde sostuvo una reunión con los reyes de los bagaces, cotanes y zapandíes, sujetos a la autoridad del Corregidor de Nicoya, para asegurarse provisiones para el ingreso al Valle Central. Desembarcó luego en la desembocadura del río Tivives, desde donde se dirigió a la villa de Los Reyes, un campamento dejado por Juan de Cavallón y Arboleda, su predecesor, para luego marchar por tierra hasta Garcimuñoz, ciudad fundada por aquel. Su primera tarea una vez allí fue intentar sofocar la rebelión del rey Garabito, monarca de los huetares occidentales, refugiado en el reino de los botos, pero no pudo dar con su paradero. Tras esto, convocó a los otros reyes del valle, de los cuales el primero en presentarse fue Accerrí, rey de Aserrí, vasallo del Señor del Guarco, rey de los huetares orientales, quien fue bien recibido por Vázquez de Coronado. Aliándose con Accerrí y con los reyes de Yurustí y Turrubara, marchó sobre los quepoa y turucacas, enemigos de aquellos, pero al llegar a Quepos fue bien recibido por su rey Corrohore, quien le obsequió objetos de oro. En Quepos, los españoles quedaron impresionados por la riqueza agrícola de la zona, por lo que se instalaron y se lanzaron a la exploración del Pacífico sur del país. Allí enfrentaron la oposición de los cotos, que finalmente acabó en una tregua. En todas estas empresas, Vázquez de Coronado prohibió a sus hombres el saqueo de los poblados indígenas, lo que le valió el apoyo de los monarcas aborígenes. Tras esto, Vázquez de Coronado regresó a Garcimuñoz. Mientras organizaba una segunda expedición, tuvo que enfrentar una rebelión de los huetares del Valle del Guarco, pero mientras iba al encuentro de los rebeldes, se concertó una reunión con el cacique Quitao, enviado por el rey Correque (heredero de El Guarco) para celebrar la paz. Diversos monarcas indígenas se presentaron en Garcimuñoz (entre ellos, los reyes de Atirro, Turrialba, Orosi, Puririsí, Quircó, Abux y el mismo Correque, Señor del Guarco), con el rey Quitao a la cabeza, quien manifestó encontrarse harto de huir por los montes, tras lo cual los jefes indígenas decidieron someterse al dominio español. Fue de esta manera que Vázquez de Coronado logró tomar posesión del reino oriental de los huetares (el Valle del Guarco), aunque aún tuvo que enfrentar a los rebeldes huetares occidentales bajo la dirección de Garabito, y del príncipe Quizarco, hermano de Coquiba, rey de Pacacua. En su segunda expedición (1564-1565)Funda Cartago (1563). Según sus propias palabras "Tracé una ciudad en el valle, en un asiento junto a dos ríos. Tiene el valle tres leguas y media en largo y legua y media en ancho; tiene muchas tierras para trigo y maíz; tiene el temple de Valladolid, buen suelo y cielo. Nombré a esta ciudad Cartago, por llamarse esta provincia deste nombre." Tras la sumisión de los huetares orientales, el centro de dominio español se trasladó al Valle del Guarco, de mejor clima y gran belleza natural.4? Allí, Vázquez de Coronado decidió fundar una ciudad entre los ríos Coris y Purires, a la cual llamó Cartago, la cual pocos años después se trasladó al valle occidental ya que el primer asentamiento era una zona de frecuentes inundaciones. Afianzado en Cartago, Vázquez de Coronado envió una segunda expedición al Pacífico Sur (que enfrentó una nueva resistencia de los cotos), para luego regresar a Nicaragua, de donde volvió con más hombres y provisiones, con los que partió desde Cartago hacia la cordillera de Talamanca, en busca de la reputada provincia de Ara, en la cuenca del río Tarire, famosa por ser la más rica en yacimientos auríferos del país. Una vez en Ara, en la región del Caribe, y tras encontrar los buscados lavaderos de oro, pactó con los indígenas locales para que no le atacaran, luego de lo cual regresó siguiendo la ruta del río Reventazón, hasta Cartago, donde enfrentó una nueva rebelión indígena, tras lo cual decidió que necesitaba el apoyo de la Corona y viajó entonces a España, donde obtuvo el título de gobernador, adelantado, capitán general y alguacil mayor de la provincia de Costa Rica el 8 de abril de 1565, cosa que no disfrutó al morir en el naufragio de su nave poco después en la barra de Guadalquivir, a la salida de Sanlúcar de Barrameda, océano Atlántico, cuando se dirigía de nuevo a América. Con su ausencia, los soldados españoles iniciaron la represión de los indígenas, que se alzaron bajo el mando del cacique Turichiquí de Ujarrás y sitiaron Cartago en 1566.

JUAN VAN HALEN Y SARTI: Nació en la Isla de León, actual San Fernando, Cádiz, 16 de febrero de 1788 y falleció en Cádiz, el 8 de noviembre de 1864). Era hijo del capitán de navío de la Real Armada Antonio Van Halen y Murphy, caballero de la Orden de Alcántara, que llegaría a ser Jefe de División en la Secretaría de Marina y Secretario de Carlos IV, con nobles antepasados de origen flamenco e italiano. En Italia poseyeron la baronía y el condado de Mirabello y en Flandes, entre otros, los señoríos, luego baronías, de Halen, de Perwez y de Beveren. A través de la madre de su directo antepasado Sir Frank Van Halen, noble flamenco al servicio de Eduardo III de Inglaterra, Caballero (número 33) de la Orden de la Jarretera en 1359, Juan Van Halen descendía de Carlomagno. Alcanzó los grados de teniente general del Ejército belga, mariscal de campo del Ejército español y mayor general del Ejército ruso. Guardiamarina de la Real Armada Española, embarcó en 1803, con 15 años, en la fragata Anfítrite en singladura que le conduciría a La Habana (Cuba) y a Veracruz (México). Formó parte, como sub-brigadier de Guardiamarinas, de la fragata Santa María Magdalena, de la escuadra de Gravina, en una travesía que concluyó en las aguas de Trafalgar. Destinado a Madrid, tuvo una intervención destacada en el Parque de Monteleón en el Levantamiento del Dos de Mayo de 1808, jornada en la que fue herido en un hombro, que marca el comienzo de la Guerra de la Independencia española, hasta la rendición de Madrid. Sin embargo, Van Halen, como «oficial jurado» y cumpliendo la capitulación de Ferrol donde se encontraba al mando del cañonero Estrago, al igual que otros de los llamados «afrancesados», reconoció a José I Bonaparte (llamado el «Rey Intruso»), fue su oficial de órdenes y le acompañó a París para asistir al bautizo del Rey de Roma, en cuya ocasión el español conoció a Napoleón. Van Halen llegó a acompañar al Rey José cuando este huyó de España. En 1809 había asistido, como capitán de Caballería en la Grande Armée napoleónica, a las batallas de Abensberg y Eckmühl (Baviera) y Aspern-Essling (Austria), recibiendo la Orden Real de Baviera por su acción en la batalla de Eckmühl. Durante la Guerra de la Independencia Van Halen nunca hizo armas contra el Ejército Español, de acuerdo con la capitulación de Ferrol. Tras conseguir en 1814, por medio de una estratagema, la liberación de las plazas de Lérida, Mequinenza y Monzón por los españoles, recibió un voto de gracias de las Cortes y el reconocimiento de la Regencia del Reino, que le ascendió a alférez de navío y le nombró capitán de Caballería. Teniendo este empleo fue encarcelado en 1815 mientras se investigaban sus actividades liberales, sufriendo prisión en el castillo de Marbella, siendo liberado por el Capitán General Conde de Montijo cuando estaba a punto de ser fusilado, al descubrirse que la real orden que conminaba su fusilamienro era falsa. Como desagravio recibió el nombramiento de teniente coronel. En aquel tiempo entró en una sociedad secreta de filiación masónica en Granada, con conexiones en Cartagena y Murcia. En esta última ciudad estaba al mando de un batallón y tuvo relación con el liberal Torrijos, con quien preparaba una conspiración, por lo que fue arrestado por el brigadier Iriberri y volvió a la cárcel el 21 de septiembre de 1817 (retenido en los calabozos de la Inquisición de Murcia y luego trasladado a los de Madrid). Se entrevistó en Palacio con el Rey Fernando VII en 1817 y, de forma rocambolesca, se fugó de la prisión en enero de 1818, pasando como exiliado a Londres y de ahí a San Petersburgo. En 1818 visitó en San Petersburgo (Rusia) al famoso ingeniero español Agustín de Betancourt, teniente general y director de Vías y Caminos del Imperio y de la Academia de Ingenieros de San Petersburgo, primera Academia rusa de Ingeniería, de la que fue fundador. Como consecuencia de la protección de Bethancourt, Juan Van Halen fue nombrado por el zar Alejandro I de Rusia mayor general de Caballería con destino en el Cáucaso, a las órdenes del célebre general Yermólov, recibiendo sus despachos en Tiflis, en lo que es la actual Georgia. Combatió al mando del general príncipe armenio Valerián Madátov mandando un ala de la Caballería en la toma de Joserek y por su bravura en aquella acción recibió la distinción de caballero de la Orden de San Jorge, la máxima condecoración rusa al valor en combate, y de caballero de la Orden de San Vladimiro que otorgaba nobleza hereditaria del Imperio. Por ello sus descendientes directos fueron, y lo son aún ahora, miembros de la Asamblea de la Nobleza de Rusia.


Según la historiografía rusa, Van Halen asistió en San Petersburgo a las reuniones de la sociedad secreta Unión de Salvación y a la logia masónica «Asturias», a la que acudían Bauzá, Viana y Espejo, ayudantes de Bethancourt, que agrupaban a aristócratas y oficiales comprometidos en la preparación de un movimiento liberal. Van Halen influyó notablemente en el militar Nikita Muraviov, con el que coincidió en la campaña del Cáucaso, que sería uno de los jefes de la revuelta decembrista en 1825, primer intento constitucionalista en Rusia, que fue sangrientamente sofocado. Sus posiciones liberales, como las de otros militares españoles que habían sido acogidos en el Ejército Imperial, hicieron que a los 21 meses Juan Van Halen fuese puesto en la frontera con Austria al ser informado el Zar de su intención de reintegrarse al Ejército español una vez triunfante la llamada revolución de Cabezas de San Juan que, junto a Rafael del Riego, había dirigido su íntimo amigo el general Antonio Quiroga, que luego sería cuñado de Van Halen al casarse este con su hermana María del Carmen. Reapareció en España en 1821, como teniente coronel de Caballería, donde luchó contra los apostólicos primero y contra los Cien Mil Hijos de San Luis después. Por la acción de Vendrell recibió su primera Cruz Laureada de San Fernando. Sirvió en Cataluña como teniente coronel a las órdenes de los generales José María de Torrijos y Uriarte (fusilado con otros el 11 de diciembre de 1831 en las playas de Málaga), de quien fue Jefe de Estado Mayor, Francisco Milans del Bosch (ajusticiado en Cataluña en 1834) y Francisco Espoz y Mina, de quien también fue Jefe de Estado Mayor. Exiliado de nuevo al volver el absolutismo en 1823, residió hasta 1826 en Cuba, enrolándose como sobrecargo de una goleta y luego plantando un cafetal en Matanzas. En 1827 se trasladó a Estados Unidos, residiendo en Nueva York y Filadelfia, donde ejerció como profesor de español. En Estados Unidos llegó a pasar calamidades económicas y decidió viajar a Bélgica para reclamar cierta herencia familiar. En 1830 se encontraba en Bruselas y fue nombrado Comandante en Jefe de las Fuerzas Activas de Bélgica al iniciarse la Guerra de Independencia de Bélgica contra los holandeses. Consiguió una espectacular y rápida victoria frente a los holandeses, liberando las provincias belgas y abriendo paso a la independencia del país y la llegada al trono de Leopoldo I. Fue nombrado gobernador de Brabante Meridional, la región cuya cabecera era Bruselas. Gozó de una enorme popularidad rodeado de un Ejército que le era leal. Lograda la independencia, el militar isleño fue colmado de honores y recibió un sable de honor del príncipe Leopoldo, así como el empleo de teniente general, la Cruz de Hierro entre otras condecoraciones y una pensión anual de 10.000 francos. Su popularidad militar y política causan recelo causa recelo entre algunos importantes personajes belgas y puso en guardia a los políticos del nuevo Estado, por lo que fue arrestado en Mons y puesto inmediatamente en libertad. Según los historiadores de ese periodo, el español nunca tuvo la intención de hacer un 18 de Brumario en Bélgica. En 1831, siendo teniente general en el nuevo Reino de Bélgica, formó un batallón de belgas a petición del también gaditano conocido como Juan Álvarez Mendizábal, nacido Álvarez Méndez (1790–1853), para defender a los liberales antimiguelistas de Portugal. Regresó a España en 1833, a la muerte de Fernando VII, reclamado por la Reina Isabel II, y se reincorporó a la Caballería con el grado que tenía en España en 1823 que era el de teniente coronel, y durante la Primera Guerra Carlista, en las provincias vascongadas estuvo a las órdenes del general Luis Fernández de Córdova, jefe del Ejército del Norte. Recibió de la Reina la insólita autorización de anteponer oficialmente el grado de teniente general belga al grado que ostentase en el Ejército español. A partir del final de la Primera Guerra Carlista, Juan Van Halen fue protegido por los gobiernos liberales y confinado o en situación de cuartel por los gobiernos moderados. Viajó con misiones oficiales en 1835, 1837 y 1838 a Bélgica e Inglaterra. Fue gobernador y jefe militar del Señorío de Molina de Aragón y gobernador y comandante militar de Tarragona y del Alto Arán. Pacificó aquel territorio y firmó un convenio para erradicar a contrabandistas y partidas armadas de la zona, y en agradecimiento a su labor se levantó en 1841 la llamada Cruz Van Halen en el Puerto de la Bonaigua, Valle de Arán. Muy próximo al general Espartero, a la caída de este en 1843 Van Halen volvió a la situación de cuartel. Ascendió a mariscal de campo (general de división) y con este grado le llegó el retiro. En 1854 fue nombrado Gentilhombre de Cámara con ejercicio de la Reina Isabel II y recibió la gran cruz de la Orden de Carlos III (30 de noviembre) y posteriormente el collar de la misma Orden. Ya estaba en posesión de la gran cruz de la Orden de Isabel la Católica y en tres ocasiones recibió la cruz de la Orden de San Fernando. Muchos historiadores recogen que desde 1854 asumió la presidencia del Tribunal Supremo de Guerra y Marina, pero confunden a Juan Van Halen con su hermano Antonio Van Halen, primer conde de Peracamps, también general en la misma época. Se le confunde igualmente con su hermano Antonio cuando se asegura que Juan Van Halen fue quien ordenó el bombardeo de Barcelona en 1842 y que acompañó al general Espartero en su exilio de 1843. Juan Van Halen tiene dedicada una calle en Madrid, un busto en el parque madrileño del Retiro, una cruz con su nombre en el Puerto de la Bonaigua (Valle de Arán), un bajorrelieve en el monumento a la independencia belga en la Plaza de los Mártires de Bruselas, una calle en San Fernando (Cádiz), una calle en Weert (Holanda), y bustos, retratos y recuerdos varios (sables, placas, medallas, etc.) en el Museo Municipal de Weert, en el Museo Real de Historia Militar de Bruselas y en el Museo Naval de Madrid. Publicó en 1827 sus Memorias, aparecidas en París, Lieja, Dordrecht, Stuttgart, Londres, Nueva York y en 1842 en Madrid. Igualmente publicó una Historia de la Inquisición, Las cuatro jornadas de Bruselas, Dos años en Rusia y varios folletos reivindicativos. Había casado en 1821 con María del Carmen Quiroga y Hermida, de la casa marquesal de Montedoro, de las condales de Ardabani y Oleiros y de la baronial de Paar, hija de José Ramón Quiroga y Ribera, Señor de San Tirso de Mabegondo, hermana del teniente general Antonio Quiroga y Hermida, uno de los héroes de la revolución de Cabezas de San Juan en 1820. Muerta esta en 1859, casó en 1862 con Clotilde Butler y Abrines, de familia de marinos y noble origen irlandés, que sobrevivió al general. El general Van Halen falleció en Cádiz, convaleciente de unas fiebres, el 8 de noviembre de 1864, y fue enterrado con honores militares en el panteón familiar que se había hecho construir en el cementerio del Puerto de Santa María, donde junto a él reposan su primera esposa y dos de sus hijos.

LOPE DEAGUIRRE : Lope de Aguirre o bien Lope el Loco o Lope el Tirano, apodos usados incluso por sus propios hombres, y también como se denominaba a sí mismo Lope de Aguirre el Peregrino, según algunas fuentes, nació entre 1511 y 1515 en el Valle de Araoz del Señorío de Oñate, entonces perteneciente al Reino de Castilla. Araoz pertenece actualmente al municipio de Oñate, en la provincia de Guipúzcoa. Falleció el 27 de octubre de 1561), fue un explorador español y conquistador de Sudamérica que protagonizó un episodio de cruentos asesinatos selectivos para erigirse en líder de una expedición en la búsqueda de El Dorado y, a su vez, acaudilló una rebelión contra la monarquía española, circunstancia por la que fue asesinado en Barquisimeto, en territorio de la actual Venezuela. Aguirre se rebeló contra el rey Felipe II de España, al que envió cartas con un lenguaje correcto pero rebelde. Como consecuencia, él y sus hombres fueron perseguidos a lo largo de miles de millas. Aguirre murió en 1561 en Barquisimeto, Venezuela. Cuando Francisco Pizarro volvió de Perú con las noticias de los fabulosos tesoros, Aguirre, entonces de 21 años, se encontraba en Sevilla. Las noticias de las grandes cantidades de oro lo animaron a alistarse en una expedición de 250 hombres, bajo el mando de Rodrigo Buran. Llegó a Perú hacia 1536 o 1537, y pronto fue conocido por su violencia, crueldad y tendencias sediciosas.


Se enroló junto con Cristóbal Vaca de Castro y en 1538 participó entre otras en la Batalla de las Salinas. En 1544 estaba del lado del primer virrey del Perú, Blasco Núñez Vela, que llegó de España con órdenes de implantar las Leyes Nuevas, acabar con las encomiendas y liberar a los nativos. A los conquistadores que ya estaban en Perú no les gustaron estas leyes, que les prohibían explotar a los indios. Esto llevó a que Gonzalo Pizarro y Francisco de Carvajal organizaran un ejército con la intención de suprimir estas leyes y derrotaron a Núñez en 1544. Lope de Aguirre, sin embargo, tomó parte en el complot de Melchor Verdugo para liberar al virrey y así se enfrentó a Gonzalo Pizarro. Después de que este intento fracasara, escapó de Lima a Cajamarca y comenzó a reclutar hombres para ayudar al virrey. Mientras tanto, el virrey había huido por mar a Tumbes y había formado un pequeño ejército, pensando en que todo el país se levantaría en favor del poder real. La resistencia del virrey a Gonzalo Pizarro y su ayudante Francisco de Carvajal, conocido como El Demonio de los Andes, duró dos años. Finalmente, fue derrotado en Añaquito el 18 de enero de 1546. Melchor Verdugo y Lope de Aguirre huyeron a Nicaragua embarcando en Trujillo con 33 hombres. Melchor Verdugo le había otorgado el rango de capitán a Rodrigo de Esquivel y Nuño de Guzmán; sargento mayor a Lope de Aguirre, y contador al clérigo Alonso de Henao. Henao participaría posteriormente en la expedición de Pedro de Ursúa al territorio Omagua en búsqueda del fabuloso El Dorado. En 1551, Lope de Aguirre volvió a Potosí (entonces parte de Perú). El juez Francisco de Esquivel lo arrestó, acusándolo de haber infringido las leyes de protección de los indios. El juez no tuvo en cuenta las razones de Aguirre y su defensa, que argumentaba que era hidalgo de buena familia, y fue sentenciado a ser azotado públicamente. Con su orgullo herido, Aguirre esperó hasta el final del mandato del juez. Temeroso de la venganza de Aguirre, el juez se escondía y cambiaba de residencia constantemente. Aguirre lo persiguió a Quito y después, de vuelta, a Cuzco. Cuenta la leyenda que Aguirre persiguió a Esquivel a pie durante tres años y cuatro meses, durante los que recorrió unos 6.000 km. Finalmente, Aguirre consumó su venganza en la biblioteca de la mansión del magistrado en Cuzco. Aguirre fue condenado a muerte por este asesinato; sin embargo, huye y logra refugiarse en Tucumán. Fue perdonado en 1554 por Alonso de Alvarado, que reclutaba tropas para combatir al encomendero rebelde Francisco Hernández Girón. Participó en la batalla de Chuquinga resultando gravemente herido en el pie derecho, lo que le provocó una cojera permanente, y sus manos resultaron quemadas al disparar un arcabuz defectuoso. En 1560, poco antes de ser relevado en el cargo, el virrey Andrés Hurtado de Mendoza organizó una expedición para la conquista del mítico El Dorado en el territorio de los omaguas. Pensaba que era la forma de alejar del Perú a los numerosos soldados y mercenarios, que pobres y/o resentidos tras las recién acabadas guerras civiles, pudieran causar nuevamente problemas o alterar el orden ahora vigente. Suponía el virrey que las expectativas de pronta riqueza animarían a muchos de ellos a alistarse en la empresa. Al mando del veterano Pedro de Ursúa, el 26 de septiembre de 1560 partieron los expedicionarios navegando por el río Marañón (por ello adoptaron el sobrenombre de marañones). Eran algo más de 300 españoles, algunas decenas de esclavos negros y unos 500 sirvientes indios, embarcados en dos bergantines, dos barcazas chatas y unas cuantas balsas y canoas. Entre ellos figuraban Lope de Aguirre y su joven hija mestiza, llamada Elvira. Ursúa dio pábulo a la desconfianza porque solo pensaba en su amante mestiza Inés de Atienza. Un año más tarde Aguirre participó en el derrocamiento y asesinato de Ursúa, y poco después de su sucesor, Fernando de Guzmán, al que posteriormente sucedería Aguirre. Aguirre y sus hombres alcanzaron el océano Atlántico (probablemente por el río Orinoco) causando estragos entre las poblaciones nativas a su paso. El 23 de marzo de 1561, Aguirre instó a 186 capitanes y soldados a firmar una declaración de guerra al Imperio español que le proclamaba príncipe del Perú, Tierra Firme y Chile. Le mandó una carta a Felipe II explicándole sus planes de libertad y autogobierno firmada con el sobrenombre de el traidor. Se deshizo de Inés matándola, al haber disputas entre sus hombres por estar con ella. En julio de 1561 tomó la isla de Margarita, donde hizo saber a sus habitantes que portaba un cuantioso tesoro de los incas y aquellos, incluyendo el gobernador don Juan Villadrando, codiciosos, cayeron en el engaño. Aguirre hizo presos al gobernador y a miembros del Cabildo. Después se apoderó a sangre y fuego de La Asunción y pueblos vecinos. Enteradas las autoridades de tierra firme, enviaron a Francisco Fajardo a combatirlo. Antes de abandonar Margarita mató a garrote al gobernador y a 50 vecinos. Escribió una nueva carta al rey español insultándolo; esta vez firmó como El Peregrino y el Príncipe de la Libertad. El 29 de agosto de 1561, abandonó la isla de Margarita con rumbo a Borburata en tierra firme, donde su abierta rebelión contra la monarquía española cambió de curso. Borburata fue víctima también del saqueo de Aguirre y sus “marañones”. En su intento de tomar Panamá ocupó Nueva Valencia del Rey provocando la huida de los vecinos llenos de pánico a los montes mientras que otros se refugiaron en las islas del lago Tacaraigua. El conquistador Juan Rodríguez Suárez le sale al encuentro con cuatro soldados más para emboscarlos y terminar con los insurrectos, pero los indios que le seguían los pasos los cercan y después de tres días de lucha, daban muerte a Rodríguez Suárez y a sus acompañantes. Atravesando la serranía de Nirgua, Aguirre cayó sobre Barquisimeto. Alertadas por Pedro Alonso Galeas, un desertor de la expedición, tropas españolas acantonadas en Mérida, Trujillo y El Tocuyo bajo el mando del maestre de campo Diego García de Paredes y Hernando Cerrada Marín se dirigen a Barquisimeto para detenerlo y ajusticiarlo. Aguirre desesperadamente llegó a matar a puñaladas a su propia hija, Elvira, hecho que justificó diciendo: "Porque alguien a quien quiero tanto no debería llegar a acostarse con personas ruines". También asesinó a varios de sus seguidores que intentaron capturarlo. Finalmente, el 26 de octubre de 1561 dos de los marañones le apuntaron con sus arcabuces; uno de ellos disparó, pero solo consiguió rozarlo, causando la mofa de Aguirre. El otro marañón sí acertó, matándolo en el acto. Saltó luego sobre él un soldado, llamado Custodio Hernández, y por orden de García de Paredes, le cortó la cabeza, y sacándola de los cabellos, que los tenía largos, se fue con ella a ofrecerla al maestre de campo, pretendiendo ganar indulgencias con él. Su cuerpo fue descuartizado y sus restos fueron comidos por los perros con la excepción de su cabeza, que fue enjaulada y expuesta como escarmiento en El Tocuyo, sus manos mutiladas fueron llevadas a Trujillo y Valencia. En un juicio de residencia post mortem realizado en El Tocuyo fue declarado culpable del delito de lesa majestad . En Mérida y El Tocuyo varios de sus marañones fueron llevados a juicio, declarados culpables de los crímenes cometidos y sentenciados a muerte por descuartizamiento.

LORENZO BERNAL DEL MERCADO: Lorenzo Bernal del Mercado, notable y meritorio Capitán español nacido en Cantalapiedra, (Salamanca) en 1530. Era hijo de Francisco Martínez Nieto y Ana Bernal del Mercado,viajó a las Américas en 1541 junto a la expedición de Blasco Nuñez de Vela, recientemente nombrado virrey del Perú. Del Perú pasó a Bolivia donde hizo alguna fortuna. En 1549 se unió a Pedro de Valdivia dirigiéndose a Chile desde el valle del Potosí. Valdivia le proporcionó una encomienda en el sector de la actual Valdivia, nombrándole capitán interino de dicha ciudad, de reciente fundación. La muerte de Valdivia a manos de Lautaro causó un hondo impacto en Lorenzo Bernal del Mercado quien dejó su encomienda y se puso bajo las órdenes de Francisco de Villagra. Bernal del Mercado mostró un sobrado temple, inteligencia y valentía y asimismo, un carácter enérgico y duro para con los naturales, por quienes sentía un profundo odio. Se le encargó la defensa del fuerte de Angol y sirvío bajo los gobernadores García Hurtado de Mendoza y Pedro de Villagra y el gobierno de la Real Audiencia, ganándose una justa reputación por sus éxitos en la Guerra de Arauco, entre ellos la Batalla de Angol. Por dichos éxitos se le nombró Maestre de Campo y, además, corregidor de Concepción en 1565 y de Santiago en 1583. En 1570, fue nombrado Capitán General interino para llevar a cabo la Guerra. La experiencia y prestigio que acumuló fue inmensa y reunió sin duda todos los méritos para ser nombrado Gobernador, pero su carácter duro y poco diplomático, jugaron en contra. Ejerció como Maestre de Campo hasta 1583, luego se le nombró Capitán de la línea defensiva. Algunas veces actuó como un veedor ante el rey proporcionándole detallados informes sobre el estado de la guerra. Murió en Angol en 1593, sin llegar a ser nombrado Gobernador.


LUIS DE CORDOVA Y CORDOVA LASSO DE LA VEGA: Luis de Córdova y de Córdova Laso de la Vega, nació en Sevilla el día 8 de febrero de 1706 y falleció en San Fernando (Cádiz) el día 29 de julio de 1796. fue un marino y militar español, 2º Capitán General de la Real Armada Española. Hijo de Juan de Córdova Lasso de la Vega y Puente Verastegui, marino y caballero de la Orden de Calatrava, y de Clemencia de Córdova-Lasso de la Vega y Ventimiglia, hija del I. Marqués del Vado del Maestre. Fue bautizado en la parroquia de San Miguel, en Sevilla, el 12 de febrero de 1706. Desde muy joven sintió inclinación por la mar: a los 11 años comenzó su vida marinera acompañando a su padre, capitán de navío, y poco antes de los 13 ya había realizado dos viajes a América. Sentó plaza de guardiamarina en la compañía del departamento de Cádiz, en 1721, y en 1723 ascendió a alférez de fragata. Sirvió con brillantez en los primeros grados del escalafón, prestando servicios en navegaciones, comisiones y acciones de guerra que merecieron la aprobación de sus superiores y el aprecio del rey Felipe V. En 1730 fue elegido para escoltar al infante Carlos de Borbón en su viaje a Italia. Ascendió a alférez de navío en 1731 y a teniente de fragata en 1732, año en que participó de la toma de Orán. Dos años más tarde lo haría en la reconquista de Nápoles y Sicilia. En 1735 ascendió a teniente de navío y en agosto de 1740 a capitán de fragata. Este mismo año tomó parte en las luchas contra los piratas argelinos en el Mediterráneo. Fue nombrado capitán de navío en 1747, y al mando del navío América, en unión con el Dragón (ambos de 60 cañones), a las órdenes de Pedro Fitz-James Stuart (después marqués de San Leonardo), trabaron combate cerca del cabo de San Vicente contra los navíos argelinos Danzik (60 cañones) y Castillo Nuevo (54), el primero capitana de Argel. El Castillo Nuevo se retiró a las primeras descargas, pero el Danzik siguió combatiendo cerca de 30 horas en el espacio de cuatro días, hasta perder la mitad de su dotación.2? Hecho una criba arrió su bandera y hubo que quemarlo al no poderse utilizar. Se rescataron cincuenta cautivos cristianos. Por esta acción concedió el rey Fernando VI a Córdoba una encomienda de la Orden de Calatrava.3? El navío Santísima Trinidad con sus cuatro puentes y 136 cañones. Museo Naval de Madrid. Más adelante tomó parte en la escolta de diversos convoyes de la Carrera de Indias, y en el período 1754-1758 tuvo unas destacadas actuaciones en las que combatió el contrabando en Cartagena de Indias. Al no existir por entonces el grado de brigadier, que se creó en 1773, ascendió directamente a jefe de escuadra el 13 de julio de 1760. Tomó entonces el mando de una escuadra con la que efectuó múltiples navegaciones, sobre todo por aguas de Norteamérica, y con la que participó en diversas comisiones, como la parada de gala realizada en 1765 en aguas de Cartagena para festejar diversos acontecimientos. Finalizó el mando de dicha escuadra a su retorno a Cádiz en marzo de 1774, y en diciembre de ese mismo año ascendió a teniente general, a los 68 años de edad. Aliada España con Francia por los pactos de familia, en plena guerra de independencia norteamericana Luis de Córdova fue nombrado comandante de una escuadra española, que se unió a la escuadra francesa de Orvilliers cuando en junio de 1779 fue declarada la guerra a Inglaterra. La escuadra combinada franco-española, en la que se contaban 68 navíos -de los que el español Santísima Trinidad portaba la insignia de Córdova-, entró en el Canal de la Mancha para intentar la invasión de las Islas Británicas en agosto de 1779. Los buques ingleses se refugiaron en sus puertos, causando el colapso del comercio británico, y fue apresado el navío inglés Ardent, de 74 cañones, que quedó rezagado. Por esta campaña meritoria recibió Córdova como obsequio del rey Luis XVI de Francia una caja de oro ricamente guarnecida de brillantes con la expresiva dedicatoria "Luis a Luis". Por su parte, el rey de España le concedió la Gran Cruz de Carlos III, por aquella época la más valiosa distinción. Los frutos de esta campaña fueron, sin embargo, escasos, ya que surgieron diferencias de opinión entre el mando francés y el español. El primero quería a toda costa destruir primeramente la escuadra enemiga, para después efectuar el desembarco proyectado en la Gran Bretaña. El español abogaba por realizar inmediatamente el desembarco, basándose en que la escuadra enemiga no estaba en condiciones de evitarlo. Al final no hubo desembarco, y los hechos dieron la razón a los españoles. Con acciones aisladas, los ingleses entorpecieron las actuaciones de la flota combinada y lograron prepararse para hacer frente a la situación, lo que unido al mal tiempo, al escorbuto y a una epidemia de tifus que afectó a las dotaciones, hizo desistir a la escuadra aliada, que se retiró a Brest. El general francés, conde de Guichen, se admiraba de que Córdova tomase ciertas precauciones de mal tiempo cuando aún lo hacía bueno y, por el contrario, que mandase suspenderlas cuando todavía se estaba en lo que eran finales de un temporal y a ellos les parecía plena fuerza de él. Preguntó el almirante francés a Mazarredo de dónde provenía semejante previsión y el mayor general el enseñó los barómetros marinos que los buques españoles habían empezado a usar cuando aún no los tenían los aliados franceses. En aquella época, Luis de Córdova ya tenía 73 años de edad, y muchos franceses opinaban que, si bien en el pasado había sido un buen oficial, ya era muy viejo y le fallaba la cabeza. Pero Floridablanca, en una carta a Aranda fechada el 27 de noviembre de 1779, decía que le parecía que "el viejo es más alentado y sufrido que los señoritos de Brest", y añadía que ninguno de sus detractores había podido adelantar, mejorar o rectificar ninguno de sus planes de acción. Debido a ello, el 7 de febrero de 1780 fue nombrado director general de la Armada.


Mandando Córdova la misma escuadra combinada y sobre el cabo de Santa María, el 9 de agosto de 1780, con 27 navíos a su mando, apresó un rico convoy británico de 57 fragatas cargadas para el ejército inglés en Norteamérica y la India, escoltado por tres fragatas de guerra que pasaron a la Marina Real de España con los nombres de Colón, Santa Balbina y Santa Paula. Este golpe logístico ha quedado como el mayor sufrido en toda la historia por la Royal Navy: capturó uno de los más grandes y ricos convoyes que partió jamás de Portsmouth. Córdoba hizo aquel día 3.000 prisioneros de las dotaciones, más 1.800 soldados de las compañías reales de las Indias Orientales y Occidentales, valuándose el botín capturado, de mercancías y municiones, en 1 millón de duros. Pese a la persecución de que fue objeto por parte de las fuerzas navales enemigas, que constituían la protección más lejana del convoy, logró conducir sus presas a Cádiz, lo que tuvo gran eco en la prensa de la época y le convirtió en un héroe del momento. En la campaña de 1781, asimismo en el canal de la Mancha, sufrió la escuadra violentos temporales sin experimentar descalabros y males de consideración, gracias a las acertadas disposiciones que tomó el general Córdova secundado por su mayor general José de Mazarredo. En dicha campaña también le cupo el éxito de apresar otro convoy británico de 24 barcos y llevarlo a Brest. En estas navegaciones y combates sobresalió la buena instrucción de las dotaciones españolas, fruto de los desvelos del mayor general secundado eficazmente por Escaño, a la sazón ayudante de la mayoría. Se empezaban a sentir, antes de que fuesen publicadas, los efectos de lo que había de convertirse después en las Ordenanzas de la Armada, producto del laborioso trabajo y la experiencia de esos dos eminentes marinos. De regreso a España, en 1782 mandó las fuerzas navales combinadas que se habían reunido en la bahía de Algeciras para bloquear Gibraltar e intentar su toma. Participó con ataques directos a la plaza, en la ocasión en que Antonio Barceló mandaba las empleadas directamente en el ataque a corta distancia, y después se produjo el ataque de las baterías flotantes, a las órdenes del general Ventura Moreno, apoyó con los fuegos de sus buques de este desgraciado ataque del invento del francés d’Arçon. Cuando fueron incendiadas éstas por las balas rojas de los defensores, envió sus embarcaciones menores a apagar los fuegos y salvar a las dotaciones. En los incendios y voladuras de estas pesadas baterías, en teoría insumergibles e incombustibles, con circulación de agua "como la sangre por el cuerpo humano", hubo 338 muertos, 638 heridos, 80 ahogados y 335 prisioneros. Pero los efectos fueron superados en mucho por el bombardeo de las lanchas cañoneras inventadas por Barceló, que lo hacían efectivo. Continuó el bloqueo de Gibraltar, que era defendida por el gobernador Elliot. Los barcos permanecían en el mar y sólo tomaban refugio en Algeciras con tiempos duros. La situación de la plaza llegó a ser muy apurada, por lo que los ingleses decidieron enviar un gran convoy, escoltado por una fuerza de 30 navíos al mando del almirante Richard Howe. El inglés entró en el ¨Mediterráneo corriendo un temporal del sudoeste y Córdova salió a su encuentro, pero Howe aprovechó el temporal y logró introducir en la plaza los barcos del convoy con los tan ansiados recursos, sin que Córdova pudiese evitarlo. En el temporal se perdió un navío español, el San Miguel, arrojado por la tempestad bajo los mismos muros de Gibraltar, y otros barcos españoles sufrieron muchas averías. Cuando lord Howe volvía al Atlántico, Córdoba le salió de nuevo al paso y el 20 de octubre de 1782 se trabó la batalla del cabo Espartel. Los británicos admiraron "el modo de maniobrar de los españoles, su pronta línea de combate, la veloz colocación del navío insignia en el centro de la fuerza y la oportunidad con que forzó la vela la retaguardia acortando las distancias". Tras cinco horas de combate indeciso, los 34 buques británicos, de más andar que los 46 hispano-franceses, rehuyeron continuarlo. El coloso español, el navío Santísima Trinidad, sólo pudo hacer una descarga completa de todas sus baterías. Se firmó la paz con la Gran Bretaña el 30 de enero de 1783, por la que se restituía a España la isla de Menorca y la Florida. El rey premió los servicios de Córdoba nombrándole director general de la Armada el 7 de febrero de 1783 y poco después capitán general. Córdova arrió su insignia de la escuadra combinada el 1 de mayo siguiente. El 2 de julio de 1786 puso la primera piedra del Panteón de Marinos Ilustres de la Isla de León (hoy San Fernando), localidad en la que falleció el 29 de julio de 1796, a los 90 años de edad, siendo enterrado en la iglesia de San Francisco de dicha localidad. En 1851 se decretó el traslado de sus restos al Panteón de Marinos Ilustres, lo que tuvo cumplimiento en 1870.

LUIS DE REQUESENS Y ZUÑIGA: Luis de Requesens y Zúñiga (Barcelona, 25 de agosto de 1528 – Bruselas, 5 de marzo de 1576) fue un militar, marino, diplomático y político español, gobernador del Estado de Milán (1572–1573) y de los Países Bajos (1573–1576). Mentor de don Juan de Austria, su labor fue fundamental para la gran victoria de la Liga Santa en la batalla de Lepanto. Y también fue comendador mayor de Castilla en la Orden de Santiago. Nació en la casa de sus padres, el antiguo Palacio Real Menor de los Reyes de Aragón, llamado el Palacio de la Reina, en la ciudad de Barcelona, en la cámara rica del parament, siendo bautizado el 28 de agosto en la parroquia del mismo palacio. Aunque su nombre de pila hubiera debido ser Luis de Zúñiga y Requesens, en las capitulaciones matrimoniales de sus padres se especificaba que debía utilizar en primer lugar el apellido materno de doña Estefanía de Requesens, señora de la villa de Molins de Rey, de la Villa y baronía de Martorell y de los lugares de San Esteban de Sasroviras, Castellbisbal y Castellví de Rosanes, en lugar del apellido de su padre, Juan de Zúñiga y Avellaneda, segundo hijo del Conde de Miranda, para respetar y perpetuar el apellido materno, que estaba emparentado con la Casa de Cardona. Se crio como muy delicado y enfermizo. En una ocasión casi se le dio por fallecido, pero su madre lo llevó al altar de Nuestra Señora en Montserrat, donde al poco tiempo comenzó a recobrar la salud perdida. Se nombró preceptor a Juan de Arteaga y Avendaño, que había sido uno de los primeros discípulos de San Ignacio de Loyola. Al ser nombrado su padre ayo del príncipe don Felipe a principios de 1535, Luis de Requesens fue nombrado paje del mismo, por lo que recibieron la misma educación, siendo designado para llevar el guion del Príncipe durante todo el tiempo en que permanecieron juntos. Ya en 1537, el emperador Carlos le hizo la merced del hábito de la Orden de Santiago. Entre otros juegos, corría la sortija y justaba con el Príncipe y sus pajes, con lo que su carácter irritable y áspero se fue dulcificando. En 1543, fue de los designados para acompañar al Príncipe de Asturias en su boda con María de Portugal, permaneciendo junto a los desposados todo el tiempo y ocupándose de su administración y custodia. Al fallecer María por sobreparto el 12 de julio de 1545, el Príncipe, muy dolido por la pérdida de su esposa, se retiró por un tiempo al Monasterio del Abrojo, donde don Luis le acompañó como amigo y compañero de sufrimientos, ocupándose al mismo tiempo de que nada le faltara para aliviar los sinsabores por los que pasaba. El 27 de junio de 1546 falleció su padre, por lo que el Emperador le concedió la encomienda mayor de Castilla en la Orden de Santiago, la cual había ostentado el padre hasta su muerte. El cuerpo del difunto fue trasladado de Madrid a Barcelona, por lo que viajó hasta esta ciudad para estar presente en su enterramiento, que se realizó en la Capilla del Palau, que por la ayuda de su madre y esposa del finado, en forma de supervisión de las obras, se había llevado a buen término. En 1547, fue una vez más designado para acompañar al Príncipe a Monzón, pero en este viaje iba ya con capa y espada. Este viaje lo pudo realizar al haber salido de una más de sus muchas enfermedades sufridas, aparte de haber recibido una grave herida. Su madre le sugirió que, para pasar mejor esa mala temporada, se fuera a la Corte del rey Carlos I, que en esos momentos se encontraba en sus dominios de Emperador en el Sacro Imperio, por lo que partió de la ciudad de Barcelona el 11 de diciembre de 1547, llegando a Augusta donde en esos instantes se encontraba Carlos I, quien le recibió con todos los honores. El Rey tenía que desplazarse a sus territorios de Flandes, por lo que le designó para acompañarle. A la llegada del Rey a sus dominios, en los que hallaba su hermana la reina de Francia, doña Leonor, entre los regalos que se prodigaron hubo una serie de fiestas y torneos entre los diferentes caballeros. En uno de los torneos, sacó por su cuenta a dos cuadrillas, una en la que él encabezaba el grupo, rodeado de caballeros amigos y deudos de él, pero montando caballos ligeros para escaramuzar, mientras que la otra cuadrilla estaba compuesta por criados vestidos a la húngara, lo que no dejó de ser una gran sorpresa para todos y muy aplaudida. Siempre le distinguió su modestia, pues al llegar el príncipe Felipe y a pesar de tener el apoyo incondicional del Rey, Requesens no consintió que se le nombrara hombre de cámara de su Príncipe. Las fiestas continuaron a la llegada de la Corte a Bruselas. El Príncipe quiso justar con Requesens, éste accedió pero, por ser la primera vez que se enfrentaba a su Alteza, en el momento del choque alzó la caña, por lo que el Príncipe no le alcanzó ni él tampoco. Unos momentos después le volvieron a retar, y don Luis no supo quién lo hacía, así que esta vez no levantó la caña, alcanzando en la celada al contrario, el cual fue desmontado y del golpe que recibió al caer en tierra se quedó adormecido. Al quitarle el yelmo, se dio cuenta que había sido engañado, pues el que yacía en tierra no era otro que el Príncipe Felipe. Justo al siguiente día del encuentro con el Príncipe le llegó la noticia de que el 25 de abril de aquel año de 1549, su querida madre había fallecido en la ciudad de Barcelona, por lo que inmediatamente y con la aquiescencia del Rey se puso en camino hacia esta ciudad. Estando en Barcelona, el 12 de julio de 1551 fue a recibir al Príncipe que llegaba embarcado, al cual acompañaba el príncipe del Piamonte Manuel Filiberto de Saboya, por lo que Requesens puso a disposición del piamontés su casa, el Palau, donde éste permaneció mientras estuvieron en la ciudad. Se comenzó a tratar entonces de su matrimonio, cuya principal escogida era la hija del Maestro Racional de Barcelona, pero ni esta, doña Jerónima, ni su padre don Francisco Gralla y Desplá estaban muy de acuerdo. No así la madre, doña Guiomar de Estalrich, y aunque intervino el Príncipe, hubo tal disputa familiar, que Requesens prefirió dejar correr el tema, y abandonó Barcelona camino de Madrid. Ello casi obligó a que el Príncipe se pusiera igual que él en camino a Madrid, con la excusa de que ya el Rey había llegado a la capital, donde se convocó Capítulo General de la Orden de Santiago; en ella y por intermediación del propio monarca, Requesens fue elegido como uno de los trece caballeros de ella, a pesar de que sólo contaba con 23 años de edad. En este capítulo se resolvió que el Rey entregaría cuatro galeras a ella y ésta debía mantenerlas durante tres años en perfecto estado para entrar en combate; y si todo funcionaba bien, se haría que la resolución continuase. Se realizó el asiento, con la firma del Rey y con la del Príncipe como Gobernador de España, siendo propuesto por todo el capítulo para el cargo de capitán general de ellas al Comendador Mayor de Castilla, por lo que el Príncipe le proveyó luego de todo lo necesario. Requesens aceptó por dos razones: la primera, porque había sido toda la Orden la que se lo demandó, y la segunda, porque al dejar la casa del Príncipe, quería cambiar de ambiente y conocimientos, y la mar no era una mala elección. Por varios y diferente motivos, en mayo de 1552 aún estaban sin formarse los aprestos de las cuatro galeras. Por esta razón, los de la Orden le rogaron al Comendador que marchase al Sacro Imperio, donde se encontraba el Emperador Carlos y pusiera en su conocimiento lo que estaba ocurriendo. Partió de Madrid con dirección a la Corte el 12 de junio de 1552, haciendo parada para embarcar en Barcelona. Aquí se encontró con doña Jerónima, que finalmente lo convenció, no sin usar todas sus dotes, de que se desposara con ella. Dado que las galeras ya habían partido y sólo una fragata quedaba dispuesta en el puerto para zarpar, a media noche se realizaron los capítulos matrimoniales y poco antes del amanecer contrajo el matrimonio. Apenas una hora después Requesens embarcó en el buque que debía trasportarlo a Génova. De esta ciudad pasó a Milán, poniéndose en camino siguiendo al Rey, al que dio alcance al pararse éste para juntar al ejército que debía de combatir a los rebeldes luteranos del Sacro Imperio. Con el Rey pasó a Metz y posteriormente a Lorena a mediados de octubre, donde al Rey le entraron sus dolores de la gota, por lo que dejó de capitán general del ejército al Duque de Alba, al que el Comendador de Castilla siguió en todas las escaramuzas y combates que hubieron lugar. En el sitio de Metz se declaró una epidemia que produjo graves pérdidas, y el mismo día de Navidad, al acabar de comulgar Requesens junto a los Caballeros de la Orden, le sobrevinieron unas fiebres; los facultativos llegaron a desahuciarlo. Antes de estar totalmente restablecido, se dio fin al asedio de Metz. Esto le obligó a realizar un penoso camino hasta llegar de nuevo a Bruselas, en donde ya se encontraba el Rey, con el que aprovechó para tratar los temas de la Orden. Volvió a partir hacia Génova, donde abordó una de las galeras del Duque de Alba y con la que retornaron a Barcelona. Al día siguiente de su llegada, se consumó su matrimonio. Posteriormente vinieron unas herencias que le hicieron extraordinariamente rico, pues por azares de la vida concurrieron unas circunstancias que a los que les tocaban no las habían cumplido. Entre ellas estuvo la herencia de la duquesa de Calabria, que para hacerse con ella se vio obligado a mantener una serie de juicios, en los que su contrincante era el Conde de Saldaña, hijo mayor del Duque del Infantado. También ganó el pleito contra el cuarto marqués de Oliva, por lo que finalmente fue él también el único heredero. Como al finalizar el Capítulo de la Orden de Santiago el príncipe Felipe embarcó en La Coruña para dirigirse al reino de Inglaterra y contraer matrimonio con María Tudor, Requesens regresó a Barcelona para terminar de poner a punto sus galeras. Hubo un incidente en el que su galera fue abordada por el capitán general de las de España, hecho que provocó por primera vez en su vida la ira. Aclarado el tema por el propio Rey, renunció a su mando. Se encontraba en Valladolid cuando recibió la visita de Juan de Vega, a la sazón Presidente del Consejo Real, que el nuevo rey Felipe II le había nombrado Asistente de Sevilla. Aunque el cargo era de mucha honra y autoridad, Requesens aún estaba resentido por la actuación del general de las Galeras de España, y se negó en redondo a aceptarlo. En diciembre de 1561, recibió la visita de fray Bernardo de Fresneda, de la orden franciscana y confesor del Rey, quien le puso en conocimiento de haber sido nombrado por el monarca Embajador de España ante la Santa Sede, en cuyo solio pontificio se sentaba el Papa Pío IV. Fue informado al mismo tiempo de que se le asignaba un sueldo de 8.000 ducados de oro anuales, más otros 10.000 por una sola vez para cubrir los gastos del viaje. A pesar de tan lucrativo cargo, no dio su conformidad hasta que obtuvo el consentimiento, previa consulta a su mujer y su hermano. Unos días después volvió a caer gravemente enfermo, por lo que no pudo partir de la capital hasta que no estuvo restablecido. Realizó la salida el 22 de diciembre de 1562 con dirección a Villarejo de Salvanes (Madrid), localidad en la que permaneció hasta la Pascua, y al terminar ésta se puso en camino hacía Valencia y de aquí a Barcelona. Las primeras galeras que zarparon de este puerto fueron las de la Orden de San Juan junto a las del Duque de Florencia. Se embarcó en la capitana de las de San Juan, a cuyo mando estaba el capitán general don Juan Vicente de Gonzaga, el que más tarde sería el cardenal Gonzaga, y llegaron a Civitavecchia, de donde se dirigieron a Bracciano. Allí su hija cayó enferma, por lo que su mujer se quedó al cuidado de la niña, y él prosiguió viaje, realizando el 25 de septiembre de 1563 la solemne entrada, que estaba estipulada para el representante del Rey Católico, que era la máxima, en la ciudad de Roma. La principal controversia que tuvo que sortear fue la de la preeminencia en los lugares sagrados que debían de ocupar el representante francés y el español, ya que después de varios enfrentamientos que llegaron a la violencia, el Papa había cedido, dando la preferencia al francés, con gran indignación de la legación española. Luis de Requesens puso los hechos en conocimiento del Rey y éste, en señal de la más enérgica protesta, ordenó al embajador que abandonara Roma, pero al mismo tiempo que hiciera saber al Sumo Pontífice que la revocación no era ante la Santa Sede, sino ante su persona. Pero Felipe II, por orden privada, le comunicó que bajo ningún concepto debía abandonar los Estados Pontificios, por lo que debía de ir entreteniéndose todo lo que pudiera, pues creía que Su Santidad no iba a durar mucho y debía estar presente para la elección del nuevo Papa, y para ello no debía de estar muy lejos. Requesens fue haciendo el camino muy lentamente, pero aun así logró llegar a Génova. Estando ya en esta ciudad envió a su esposa a los baños de Luca, donde llegó a punto de morir. Precisamente por esta dolencia de la que era conocedor, había pedido en repetidas ocasiones al Rey su licencia, para retornar a España, y justo le llegó la autorización estando en Luca. Asimismo le llegó la noticia esperada de que el Papa estaba enfermo, por lo que con gran discreción se encaminó hacia Roma, pero fue acercándose tan despacio que a su llegada, el cónclave ya se había cerrado para elegir al nuevo sustituto en el solio pontificio de Pío IV. Pero no se dio por vencido y se puso a trabajar, demostrando sus grandes dotes diplomáticas al ser quien más influyó en la elección del dominico e inquisidor Antonio Michele Ghiselieri como Papa, con el nombre de Pío V, que sería a la postre el impulsor de la Santa Liga contra el Turco. El contento del Rey fue tan enorme por este nuevo nombramiento, que lo confirmó como Embajador de España ante la Santa Sede, logrando bajo su estancia en Roma que las cosas se discutieran pero siempre con un buen fin, por lo que tanto el Rey como el Papa estaban a su entera satisfacción con él. De todas las misiones encomendadas, la que más difícil le resultó fue el proceso al que la Inquisición sometió al cardenal-arzobispo de Toledo, Bartolomé Carranza. Se decidió que este problema lo resolviera el Papa por ser de su incumbencia, pero para ello tenía que sacarlo de la vigilancia de su Rey, lo cual no era de su total agrado por la confianza depositada en él por Felipe II. Lo logró con la promesa de que el Papa lo tendría preso hasta que se resolviera el proceso, con el voto decisivo de Su Santidad, pero con la admisión por los votos consultivos que el Rey enviase al Papa. Por este tiempo llegó a Madrid el Capitán general de la Mar y virrey de Nápoles, García de Toledo, al que su majestad lo vio ya con poca salud, lo que le llevó a decidir relevarlo de sus funciones para tratar de que se recuperase. Por ello nombró a su hermanastro el príncipe don Juan de Austria como su sucesor en los cargos, pero al ser muy joven, le puso a Requesens de ayudante por ser persona de su entera confianza y conocedor de las cosas de la mar, lo cual puso en su conocimiento un documento con la firma Real, fechado en Madrid el 22 de marzo de 1568. En este documento se le concedían los más amplios poderes. Mientras, en la Embajada era sustituido por su hermano Juan de Zúñiga. Por sus grandes dotes y capacidad de mando, así como sus habilidades marineras, fue ascendido y nombrado Capitán General de la Mar. Utilizando su poder, consiguió organizar unas fuerzas navales que lograron impedir los constantes saqueos a que los hermanos Barbarroja sometían a las costas del Levante español e islas de Baleares. Al poco tiempo se volvieron a resentir las relaciones entre el Rey y el Papa, lo que decidió a Felipe II a hacer regresar a don Luis a Roma, quien en poco tiempo resolvió las diferencias retornando la tranquilidad entre ambos poderes. Al terminar este asunto, el Rey le volvió a ordenar que regresase junto a su hermano en la mar, pero antes de que las galeras pudieran estar listas, se produjo el levantamiento de los moriscos del reino de Granada. Por sus demostradas dotes fue elegido por el rey Felipe II como consejero de su hermanastro don Juan de Austria en la guerra contra los moriscos en las Alpujarras. Para ello, también recibió la orden de que fueran trasladados desde Nápoles y Milán varios tercios de la infantería, por lo que tuvo que volver a dejar a su mujer gravemente enferma. Salió de Roma el 23 de marzo de 1569 y se embarcó en la escuadra en el puerto de Civitavecchia. Mientras, en Liorna se alistaba parte de la flota, formada por las galeras del Duque de Florencia, que estaban a sueldo del Rey de España. Desde Génova partieron asimismo las que se pudieron juntar, que pertenecían a varios acaudalados particulares. En total contaba 24 galeras. Al llegar a Marsella, se le reprodujeron unas fiebres, que otra vez a punto estuvieron de acabar con su vida. Por este motivo no desembarcaron tan siquiera y reanudaron viaje el 18 de abril. Les sorprendió un tremendo temporal que logró dividir a la escuadra, por lo que su galera llegó a Mahón y el resto a Cerdeña. Pero dos de ellas se fueron a pique antes de poder llegar, a otras cuatro más la mar las viró y les dio de través, mientras el resto pudo arribar en muy malas condiciones. El 28 de abril llegó a Palamós y de allí pasó a Barcelona, volvió a embarcar y costeando llegaron a Vélez-Málaga el 3 de junio. Luego ordenó a su primo Miguel de Moncada ponerse a las órdenes de don Juan de Austria, que se encontraba en Granada. Por expresa decisión de Felipe II, Requesens actuó como mentor de don Juan, y éste debía seguir sus consejos sin apartarse de ellos. Al terminar esta campaña, regresaron al mar, donde don Luis le siguió como lugarteniente general y con las mismas amplias facultades. Se le encomendó la preparación de la escuadra y ejército españoles que debían unirse a la Santa Liga, siendo formada esta expedición en el puerto y ciudad de Barcelona. Durante 1571 y 1572 fue el brazo derecho de don Juan de Austria, aunque en realidad y por carta firmada por el rey Felipe II, lo que ejercía era de segundo jefe de la Armada y como tutor del Príncipe. Por instrucciones secretas se le comunicaba que «por sus cualidades reunían, la prudencia, buen juicio, virtudes diplomáticas, experiencia marinera en este mar y una respetada condición nobiliar».


El padre March describe con todo el acierto la misión encomendada por el Rey a Requesens, pues se recibe un nuevo documento, en el mes de junio de 1571, el cual ratificaba al de 1568, lo cual era muy sintomático. Esta reafirmación en las recomendaciones, las cuales fijaban con toda claridad sus responsabilidades para la expedición de la Santa Liga contra los turcos, afirmaba que «todo lo que hubiera de despacharse por escrito, debía llevar la firma tanto del capitán general como la suya» y aún insistía más al decirle en esa instrucción reservada adjunta «todo lo que ordenare e hiciese debía ser de acuerdo, sin poder don Juan apartarse de él de ninguna manera y en caso de que se apartara alguna vez de su parecer, le facultaba para hacer discretamente las diligencias que creyera convenientes, para acudir a su regia autoridad, todo ello, sin demostraciones públicas y guardando la consideración que al príncipe se debía». Por otra carta de junio del mismo año de 1571, se le designa como una de las tres personas, junto a don Álvaro de Bazán y don Juan Andrea Doria, que tienen que prestar su consentimiento a la decisión de presentar el combate, pero al mismo tiempo se mantiene la orden de que el «capitán general no podía expedir ni firmar disposición ninguna sin la previa revisión y aquiescencia de don Luis». En la batalla de Lepanto combatió con gran vigor, y sus muy acertadas disposiciones contribuyeron enormemente al triunfo final. Guardó, no obstante, tal discreción y tacto que quedó en un segundo plano, tanto por seguir las recomendaciones de su Rey, como por el cariño y afecto que profesaba a don Juan de Austria. Al terminar el combate, dirigió la recuperación de todos los bajeles posibles, mandando a continuación su reparación, para con ellos comenzar una expedición contra Túnez, que se efectuó al año siguiente. La efectividad de su mando queda reflejada en la carta que cuatro días después del combate, don Juan dirigía a su Rey, en la que entre otras cosas le decía «que honraba al Comendador Mayor pero que vivía muy desgraciado, por el exceso de celo y demasía severidad con que a su juicio ejercía su papel, pues los dos trataban las infinitas materias, que no resuelvo sin él y que ya no podía hacer más para darle gusto, sino dejarle todo el cargo». De carácter afable pero firme, le acompañaba como gran virtud su gran modestia, la cual y sus sentimientos hacia don Juan de Austria, al que consideraba el mejor de sus amigos y el más grande jefe que nunca tuvo España, le llevaron incluso a ocultar sus extraordinarios servicios prestados, dándole siempre el buen hacer de ellos a su buen Príncipe. Se dice que fue muy importante, casi totalmente decisiva, su intervención para que la imagen del Santísimo Cristo de Lepanto y varias de las banderas de aquel memorable encuentro fueran llevadas a Barcelona. Requesens prometió a la virgen que mandaría construir un convento en Villarejo de Salvanés en su nombre si ganaban la batalla. Tras ganarla, este convento se empezó a construir en 1573 y hoy día lo preside la patrona de Villarejo de Salvanes, la Virgen de la Victoria de la Batalla de Lepanto. Como curiosidad, las fiestas de Villarejo se celebran el 7 de octubre; el mismo día en que se ganó la batalla de Lepanto. Después del combate de Lepanto, donde la victoria fue una demostración de sabiduría y fuerza de las armas contra la de los turcos, por expresa decisión de Felipe II se le nombró Gobernador del estado de Milán en 1572. Al año siguiente se le encomendó el Gobierno de los Países Bajos, relevando en el mando Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, el Gran Duque de Alba, cuya política represiva y continuas victorias sobre los rebeldes no habían logrado pacificar el país. Requesens recibió instrucciones precisas de negociación: debía salvaguardar, a toda costa, la soberanía del legítimo gobernante de los Países Bajos y la ortodoxia católica. Pero todos los buenos oficios de Requesens no pudieron evitar la prosecución de la lucha, por la enconada oposición de los rebeldes. Ya antes de partir para Bruselas, Requesens publicó una amnistía general, la abolición del Conseil de Truobles y la derogación de las alcabalas. Pero si esta oferta de buena voluntad apenas tuvo eco en el sur, fue totalmente desoída en las provincias norteñas. Llegado a finales del otoño de 1573, Requesens tuvo que acudir a las armas para imponer su autoridad. Aunque en febrero de 1574 se había perdido el importante puerto de Middelburg, Requesens logró una brillante victoria sobre las tropas de Luis de Nassau en Mook, en el valle del Mosa, en la que perdieron la vida otros dos hermanos de Guillermo de Orange, y pudo reducir bastante rápidamente la zona meridional. Ahora parecía el momento de anunciar su política de conciliación y de perdón, pero, falto de dinero para atender al pago de sus soldados, Requesens se hallaba en una situación comprometida. El Rey enviaba ingentes sumas de dinero (en 1574, concretamente, más del doble que en los dos años anteriores), pero los gastos del Ejército, que en esas fechas contaba con 86.000 hombres, superaban con creces las posibilidades económicas de la Hacienda regia. Requesens se vio forzado a buscar un acuerdo con Orange utilizando la mediación del emperador Maximiliano II. Las conversaciones tuvieron lugar en Breda. El gobernador estaba dispuesto a retirar de Flandes las tropas españolas, pero con la condición de que el catolicismo sería la única religión autorizada; los protestantes tendrían un plazo de diez días para retirarse al extranjero. Esta exigencia imposibilitó el entendimiento. Los Estados de Holanda y Zelanda, debido a nuevas adhesiones al credo calvinista y a la emigración de otros de las provincias meridionales, contaban con la mayoría de la nueva religión y no estaban dispuestos a aceptar aquella imposición. Además, el calvinismo estaba plenamente identificado con la causa nacionalista y no podía ser dejado de lado. Fracasadas estas negociaciones, Requesens reemprendió la lucha con mayor denuedo. Tropas españolas al mando del coronel Cristóbal de Mondragón, con el agua al cuello y soportando los disparos de los soldados y marinos holandeses, que les ocasionaron numerosas pérdidas, vadearon los bajos que separaban las islas de Duiveland y Schouwen y ocuparon gran parte de Zelanda. Pero cuando tenían los españoles una salida al océano y podían cortar las comunicaciones entre Walcheren y el sur de Holanda, surgió un motín general de las tropas. El 1 de septiembre de 1575, Felipe II declaró la suspensión de pagos de los intereses de la deuda pública de Castilla y la financiación del Ejército de Flandes quedó cortada. Se debían a las tropas, en algunos casos, casi dos meses de soldada, por un importe de 6.000.000 de escudos. Surgieron nuevos motines de las tropas, y durante cerca de un año estuvieron paralizadas las operaciones militares. Por tal cúmulo de desgracias y la ya manifestada debilidad de su cuerpo, Luis de Requesens falleció en Bruselas el 5 de marzo de 1576, haciéndolo como un verdadero y ferviente católico, asistido por varios facultativos y clérigos. Fue sustituido en el gobierno de los Países Bajos, sumidos en el caos, por don Juan de Austria. Su cuerpo fue trasladado a su ciudad natal, Barcelona, siendo enterrado en el panteón familiar de la capilla anexa al Palau, en el que cuarenta y siete años antes había venido al mundo.

LUIS VICENTE DE VELASCO E ISLA: Luis Vicente de Velasco e Isla (Noja), España, 9 de febrero de 1711 - La Habana, Cuba, 31 de julio de 1762) fue un marino y comandante de la Armada Real Española. A lo largo de su carrera militar, destacó por su valentía y destreza al mando de varios buques del rey de España. Alcanzó su mayor gloria defendiendo La Habana de la invasión inglesa de 1762. Por todos sus méritos y en recuerdo suyo, se creó el Marquesado de Velasco del Morro para su hermano Ïñigo José de Velasco y Fernández de Isla. Ya era guardiamarina a los 15 años y recibió el bautismo de fuego a los 16. Desde entonces estuvo presente en luchas contra los piratas berberiscos, en la conquista de Orán y en viajes al Nuevo Mundo. Cuando iba al mando de una fragata de sólo 30 cañones que hacía la travesía de La Habana a Matanzas, le cerró el paso una fragata inglesa con mayor tonelaje y número de cañones, la cual tenía además a la vista un bergantín también británico que se acercaba, con problemas de escasez de viento, en refuerzo de su compatriota. Velasco no lo duda y abre fuego contra la fragata, cañoneándola a corta distancia y maniobrando para abordarla, lo cual consigue y, tras muy sangrienta lucha, rinde el navío inglés antes de que pueda recibir la ayuda del bergantín. Vira rápido la fragata española para dar caza al segundo buque británico y le dispara, logrando dos impactos sobre la línea de flotación a poco de empezar el nuevo combate (hecho que habla de la pericia de los artilleros y de la eficacia de los cañones). El bergantín comienza a hundirse y arría la bandera de combate e iza la de auxilio. Velasco se lo presta y captura a los náufragos. Luego entró en La Habana con los dos buques apresados y un número de prisioneros que casi duplicaba al de su tripulación. Y no fue este un suceso aislado en el incesante patrullar del héroe, pues consta que en 1746, al mando de uno de los dos jabeques que componían una fuerza integrada por dos naves de este tipo, además de una balandra y un paquebote (denominado el Diligente), en misión de patrulla y observación por la costa norte de Cuba, capturó al abordaje otro paquebote inglés de 18 cañones y 150 hombres. En 1754 el rey Fernando VI le concede el mando del navío de línea La Reina, todo lo cual hace tambalear la creencia en el defecto de diseño de aquellos navíos de guerra españoles, que sí resultaban bien eficaces manejados por la inteligencia de Velasco y el vigor de los brazos que la obedecían. Durante la paz que siguió, continuó Velasco navegando e hizo viajes entre América y Europa, en las escuadra de los generales Regio y Spínola. Sin embargo, los hechos narrados hasta ahora son poco en relación al valor que el cántabro derrochó en la defensa del Castillo de los Tres Reyes del Morro, que cerraba el puerto de La Habana. En junio de 1762 seguía Velasco con el navío Reina, formando parte de la escuadra del general Gutierre de Hevia, marqués del Real Transporte.


Tras el Pacto de Familia entre España y Francia de 1762, los ingleses, en el marco de la Guerra de los siete años, atacan Cuba con una escuadra de 23 navíos, 24 fragatas y hasta 150 barcos menores y de transporte llevando 14 000 hombres de asalto (que después reforzaron con otros 4000), al mando del almirante George Pocock, quien se presentó en La Habana el amanece del 6 de junio de dicho año. El desembarco inicial es de 10 000, que son dirigidos por el conde de Albermale. La flota atacante embocó el Canal Viejo de Bahama, lleno de bajerío, por donde no se esperaba se atreviese tan nutrido convoy, de unas doscientas velas: con veintisiete navíos de línea, quince fragatas, nueve avisos, tres bombardas y ciento cincuenta transportes.2? Aún se dudaba de su actitud hostil, suponiendo fuese un convoy mercante anual entre Jamaica y el Reino Unido. La entrada del puerto de La Habana estaba guarnecida por el castillo del Morro, y la junta de guerra encargó de su mando al intrépido Velasco. Los atacantes toman con facilidad las alturas dominantes, pese a que antes el gobernador de La Habana, Juan de Prado, hizo transportar a mano piezas de artillería para defenderlas. Pero Velasco resiste en el Castillo del Morro e intenta salidas. Deja al mando de las baterías a Bartolomé Montes y se va a dirigir en persona el fuego de los 30 cañones de las fortificaciones de Santiago, contra las 286 piezas que barrían las posiciones españolas desde los buques Stirling, Dragon, Marlborough y Cambridge. Tras seis horas de combate se retiraron los barcos británicos. Sólo el Stirling lo hizo ileso, y el Cambridge resultó muy averiado. Mientras, las baterías dirigidas por Montes también rechazaron a los ingleses. Una y otra vez, en la peripecia vital de Velasco, se ve la fe que tanto él como el resto de los militares españoles tenían en su artillería. El castillo, al mando de Luis Vicente de Velasco, resistió heroicamente dos meses en unas notorias condiciones de inferioridad. Se contó que el fuego que cayó sobre el castillo, le hacía parecer un volcán y que en esos últimos días de resistencia, Velasco parecía un espectro por su delgadez y cansancio, pero que desplegaba una energía sobrehumana y dormía unas pocas horas antes del amanecer con su sable en la mano. La feroz resistencia termina cuando Velasco es abatido por un balazo en el pecho. El jefe de las fuerzas de asalto, sir Reppel, permite el traslado de Velasco a La Habana. Los médicos ingleses intentan salvarle la vida, pero todo resulta inútil y muere a consecuencia de la herida el 31 de julio de 1762. Ingleses y españoles pactan un alto el fuego de 24 horas para enterrar al héroe. Después todo fue un paseo para los británicos, que se apoderaron de La Habana (la cual volvería a la Corona española por el tratado de París del 10 de febrero de 1763). En España el rey Carlos III mandó que hubiera siempre en la real Armada un navío llamado Velasco y concedió a su hermano Iñigo José de Velasco el título de marqués con cuatro mil pesos de renta anuales.

LUIS DE VAEZ DE TORRES: Luis Vaz de Torres, también Luis Váez de Torres (nacido en España o Portugal, sobre el año 1610, fue un marino y explorador que navegó al servicio de la Corona española. Fue el primer navegante europeo conocido que se sabe que atravesó el estrecho entre el continente australiano y la isla de Nueva Guinea, que desde entonces lleva su nombre, estrecho de Torres. Nada se sabe de sus orígenes.Se desconocen el año y el lugar de su nacimiento, aunque, asumiendo que tenía cerca de cuarenta años en 1606, se estima que habría nacido como fecha más probable alrededor de 1565. Desde el siglo XIX, ha sido considerado por los portugueses y algunos historiadores británicos como portugués, sin proporcionar más prueba que su nombre, que podría ser tanto portugués como gallego. Sin embargo, todos sus escritos, en los que dice estar siempre al servicio de la Corona española, están redactados en español y tampoco hay ninguna referencia a que fuera portugués; y son los mismos informes que sí son claros en varias observaciones hechas por los miembros de la tripulación durante el largo viaje en cuanto al origen portugués del oficial al mando de la expedición, Quirós. Torres es recordado por haber sido llamado breton durante el viaje, lo que apuntaría a un origen en las provincia del noroeste de España, en Galicia. Torres, en algún momento, entró en el servicio naval de la Corona Española y fue destinado a las posesiones en Sudamérica. A finales de 1605 aparece por primera vez en los registros históricos al ser designado comandante de la segunda nave en una expedición al Pacífico. La Corona española organizó tres viajes entre 1565 y 1605 intentando descubrir la mítica Terra Australis Incognita, un continente situado hacia el sur del océano Pacífico. Las dos primeras, mandadas por Álvaro de Mendaña, fracasaron en ese intento aunque descubrieron las islas Salomón, Guadalcanal, las Marquesas y otras. En el segundo viaje murió Mendaña y el piloto mayor, Pedro Fernández de Quirós, llevó la expedición de vuelta a México. Curiosamente dieron el nombre a las islas Salomón porque las identificaron con la mítica Ofir, donde el rey hebreo Salomón enviaba sus naves en busca de oro, a pesar de que no encontraron oro en ellas. Pedro Fernández de Quirós, el piloto de la 2ª expedición, un navegante de origen portugués, comandó la tercera expedición al frente de una flota de tres barcos, el San Pedro y San Pablo (150 toneladas), el San Pedro (120 toneladas) y el patache Los Tres Reyes. Los tres barcos partieron de El Callao, el puerto español en el Perú, el 21 de diciembre de 1605, con Torres al mando del San Pedro. En mayo de 1606 llegaron a una isla del archipiélago de las Nuevas Hébridas, que Quirós bautizó como «La Austrialia (sic)8? del Espíritu Santo» (ahora Vanuatu), mezclando las palabras «Austral», en alusión a la mítica Terra Australis y «Austria», en honor de la Casa de Austria, a la que el rey de España pertenecía.9? Después de seis semanas los barcos de Quirós se hicieron de nuevo a la mar otra vez para explorar la costa. En la noche del 11 de junio de 1606, Quirós en el San Pedro y San Pablo fue separado de los otros barcos por el mal tiempo y no pudo (o eso dijo más adelante), volver a la seguridad del fondeadero en Espíritu Santo. Entonces viajo a Acapulco, en México, adonde llegó en noviembre de 1606. En el relato de Prado, que es muy crítico con Quirós, las razones de la desaparición de Quirós se atribuyen a un motín y a su falta de liderazgo.10? Sobre Torres nada dice sobre este asunto más que «su condición era diferente de la del capitán de Quirós». Permaneció en Espíritu Santo durante 15 días antes de abrir las órdenes selladas que le habían sido dadas por el virrey del Perú. Estas instrucciones indicaban qué camino seguir si las naves se separaban y quién quedaría al mando en el caso de la pérdida de Quirós. Las órdenes parecen haber listado a Diego de Prado y Tovar como sucesor de Quirós, ya que era el capitán-entretenido (capitán en la reserva) en el viaje.Sin embargo, existen abrumadoras evidencias de que Torres sí ejerció el mando, incluyendo la narración del mismo Prado. El 26 de junio 1606, sabiendo ya que «Austrialia del Espíritu Santo» era una isla, el San Pedro y Los Tres Reyes, al mando de Torres, partieron hacia Manila. Los vientos contrarios impidieron que los barcos siguiesen una ruta más directa a lo largo de la costa norte de Nueva Guinea, ya conocida. El relato de Prado da cuenta de que avistaron tierra el 14 de julio de 1606, que probablemente fuera la isla de Tagula, en el archipiélago de las Luisiadas, al sureste de Nueva Guinea. El viaje continuó durante los siguientes dos meses, realizando una serie de desembarcos para reponer alimentos y agua para los barcos y tomar posesión de esas tierra para España.11? Ello los puso en contacto estrecho y, en ocasiones violento, con los pueblos indígenas locales. Prado y Torres informan ambos de la captura de veinte personas, entre ellas una mujer embarazada que dio una luz varias semanas más tarde. Prado dibujó una serie de cartas esquemáticas de los anclajes en el golfo de Papúa, varios de las cuales aún se conservan.


Durante muchos años se supuso que Torres siguió una ruta cerca de la costa de Nueva Guinea para navegar los 150 km del estrecho que lleva su nombre, pero en 1980 el historiador y capitán de Queensland, Brett Hilder, demostró la mayor probabilidad de que Torres hubiera tomado una ruta más austral a través del canal que ahora se llama estrecho Endeavour, muy próximo al Estrecho de Torres.17? Desde esta posición ciertamente habría avistado el extremo norte del continente australiano, concretamente el cabo de York. Independientemente de lo que haya hecho, el pragmático y tranquilo Torres nunca afirmó que había avistado el continente austral y se limitó a señalar que había pasado a través del estrecho. La expedición demostró que Nueva Guinea no formaba parte del tan deseado continente. No fue así con Diego de Prado y Tovar que resaltaba en su solicitud al rey Felipe III la importancia de cristianizar la Austrialia (sic, "i" intercalada), bautizada por ellos así en honor a los Austrias. Y pedía explícitamente hacerlo de manera más cristiana que en las Indias Occidentales. El 27 de octubre Torres llegó al extremo occidental de Nueva Guinea y se dirigió al norte de las islas de Ceram y Misool hacia el mar de Halmahera. A principios de enero de 1607 llegó al puerto de Ternate, en la isla homónima parte de las islas de las Especias. Navegó el 1 de mayo hacia Manila llegando el 22 de mayo. Torres tenía la intención de presentar personalmente a los cautivos, amas y un informe detallado al rey a su regreso a España. Su breve relato del viaje así lo indica.11? Sin embargo, parece que no había interés en Manila en equipar su viaje de regreso a España, y le dijeron que sus naves y hombres eran necesarios localmente para prestar servicios al rey.18? El 1 de junio de 1607 arribaron a Manila dos barcos procedentes de América del Sur, siendo uno de ellos el antiguo barco de Quirós, el San Pedro y San Pablo, ahora bajo otro nombre, pero con algunos de sus anteriores tripulantes todavía a bordo. Al enterarse de que había sobrevivido Quirós, Torres de inmediato le escribió un informe de su viaje. A pesar de que ese informe desapareció, Quirós mismo se refirió a él en algunos de sus muchos memoriales al rey, esgrimiéndolo en favor de otro viaje. Torres, su tripulación y sus cautivos desaparecen por completo de los registros históricos en este punto, y su suerte posterior se desconoce. Prado volvió a España, posiblemente llevando a uno de los cautivos de Nueva Guinea con él. La mayoría de los documentos de los descubrimientos de Torres no fueron publicados pero, al llegar a España, fueron guardados en los Archivos españoles, incluyendo el largo relato de Prado y las cartas que lo acompañaban. En algún momento entre 1762 y 1765, las narraciones escritas de la expedición de Torres fueron vistas por el hidrográfo del Almirantazgo Británico Alexander Dalrymple. Dalrymple proporcionó un mapa esquemático que incluía los Viajes de Quirós-Torres a Joseph Banks, que sin duda habría proporcionado esa información a James Cook.

JUÁN JOSÉ NAVARRO DE VIANA Y BÚFALO (MARQUÉS DE LA VICTORIA): Juan José de Navarro de Viana y Búfalo nació en Mesina, Sicilia el día 30 de noviembre de 1687 siendo sus padres Ignacio de Navarro, capitán del ejército que falleció cautivo en Argel y su legítima esposa Livia Búfalo, también de la nobleza siciliana, pero su familia era oriunda de españoles. Falleció en San Fernando el día 5 de febrero de 1772. Fue un noble, marino y militar español, I marqués de la Victoria, vizconde de Viana y primer Capitán General de la Real Armada Española. El futuro marqués de la Victoria empezó muy pronto la carrera de las armas, primeramente en el ejército, sentando plaza en el Tercio Fijo de Nápoles a la edad de 8 años. Hasta 1698 hay un vacío en las noticias de la vida del joven militar; se sabe únicamente, por cierto escrito suyo, que cursó humanidades, filosofía y matemáticas, con eminentes profesores napolitanos, sobresaliendo en dichos estudios. Posteriormente pasó al Tercio Viejo de la Mar de Nápoles, en el que servía su padre. El duque de Veragua, virrey de Sicilia, firmó en Palermo el 17 de marzo de 1698 la licencia para que el soldado Juan Navarro pasara al estado de Milán a continuar sus servicios en aquel ejército. El 9 de septiembre de 1698 sentó plaza en la compañía de Alfonso de Vivar en calidad de soldado aventajado, como persona noble que era, lo que entonces se llamaba desde 1682 en Francia «cadet», por ser generalmente los segundones de las casas nobles los que lo hacían, denominación que más tarde pasó a España, convenientemente castellanizada. Pronto llegó al Milanesado la Guerra de Sucesión que se encendió a la muerte de Carlos II. Puede decirse que fue de los primeros países en que se combatió, ya que el emperador Leopoldo I de Habsburgo quiso empezar por la conquista de ese territorio de la monarquía española. Allí acudió Felipe V a ponerse al frente de sus tropas en los tiempos en que ganaba el sobrenombre de "Animoso", y en las filas de aquéllas encontramos a Navarro, ya de alférez, ansioso de emular las glorias de sus mayores. Se halló también en la batalla reñida por los españoles contra el piamontés conde de Parela, que quedó derrotado, herido y prisionero. Así siguió, combatiendo siempre, hasta que en 1707 evacuó España el tan disputado Milanesado, pasando Navarro a Valencia con su batallón. Participó en la expedición de socorro a Orán, dispuesta por el marqués de Valdecañas en Cartagena en 1708. Con él fueron tres Navarros: el padre, su hijo segundo Ramón y Juan José, que por su pericia en fortificaciones –ya en Milán se había ocupado de mejorar la defensa de su castillo– fue encargado de inspeccionar las de Orán y proyectar su refuerzo. En un asalto de los moros fue muerto Ramón y hecho prisionero el padre, Ignacio, siendo llevado a Argel. Juan José Navarro pasó a mandar precisamente su compañía y con ella tomó parte en 1709 en la conquista de Alicante y Valencia. Fue también uno de los capitanes que se distinguieron en la toma del castillo de Miravete, cercano a Tortosa. Estuvo en la batalla de Peñalba librada el 15 de agosto y en las desgraciadas acciones de Almenar y Zaragoza, siendo Navarro uno de los 600 oficiales que cayeron en poder del conde de Starhemberg, que con tal victoria había creído ganar definitivamente la corona de España para el archiduque Carlos. Una vez firmada la paz de Utrecht, el teniente Navarro ascendió a capitán efectivo, pasando a mandar en propiedad la compañía de su padre que había muerto en el cautiverio en Argel. Con esta compañía operó en la represión de la sublevación de Cataluña, pasando durante ella a mandar la de granaderos. Tomó parte en doce combates y se distinguió en el de Coll de Argentera, como justifica su jefe Juan de Carvajal, así como en el castillo de Arbiol y en las acciones de Montblanc, Montroig y de la Selva. En premio a su comportamiento recibió el mando en propiedad de la compañía de granaderos, de la que era a la sazón jefe accidental. Cuando se hallaba de guarnición en Tarifa, ingresó en la recientemente creada Real Armada. Navarro fue ascendido a alférez el 1 de mayo de 1717, y se le encargó de las enseñanzas de matemáticas, así como de su formación militar: "faenas de la milicia, necesarias en los navíos y aun en tierra si fuera del caso". De todo ello tenía buena práctica: por esta época había estado en cuatro batallas campales, dos en Milán y dos de las más decisivas en España, en siete sitios y en más de cuarenta acciones de guerra. La primera campaña en que sirvió la nueva compañía de guardiamarinas fue en la conquista de Cerdeña, actuando como tal unidad militar. La escuadra la mandaba el marqués de Mari y el ejército, el marqués de Lede. Navarro relata, con orgullo y sencillez a la par, este hecho de armas de los alumnos: Caller en Cerdeña es una ciudad mediana, residencia de los virreyes. Yo estuve en 1717 cuando la tomamos, en el navío Real, haciendo de segundo capitán y mandando cien caballeros guardiamarinas. A pesar de ser el grado de capitán el dispuesto para desempeñar el puesto de alférez de la compañía, Navarro siguió ejerciéndolo con el grado de teniente coronel, que se le confirió "en contemplación de su mérito personal y no por establecimiento del empleo de alférez". En su nuevo grado siguió dedicándose a escribir, que tanto le apasionaba. En 1723, tenía listo un tomo sobre evoluciones. En el año siguiente, terminó el tomo primero de la teoría y práctica de la maniobra, que dedicó al hijo de Felipe V, Luis I, recién ascendido al trono. Redactó además un código de señales para regir los movimientos de la escuadra. Testigo Navarro del desembarco de Cerdeña y conocedor de lo que ocurrió en Sicilia, expuso además, en su obra, reglas muy acertadas para esta clase de operaciones anfibias. En 1725 publicaba en Cádiz “El Capitán de Navío de guerra instruido en las ciencias y obligaciones de su empleo”. Lo dedicaba a José Patiño, por entonces ministro, su protector y amigo. Navarro fue ascendido a capitán de fragata con fecha 28 de marzo de 1728 y un año más tarde a capitán de navío, en fecha 17 de marzo de 1729, dándosele el mando del navío San Fernando del porte de 74 cañones, que pronto se convirtió en el modelo de los de su clase, especialmente en los ejercicios de fuego. La gran amistad con que distinguieron los Reyes a Navarro le acarreó envidias de altos personajes, entre ellos del propio Patiño, y motivó su separación de la corte, enviándosele a América como almirante de una expedición de galeones. Antes de la salida hacia América siguió Navarro trabajando: ideó la simplificación del ejercicio del cañón, y durante el viaje a ultramar inventó el numerar las banderas y parearlas, perfeccionando así las señales. En 1732, mandando el navío Castilla, participó en la expedición contra Orán organizada para llevar al ejército del duque de Montemar, estando las fuerzas navales al mando del Teniente general Cornejo. En dicho navío, habían de reunirse, por uno de esos raros caprichos del destino, tres preclaros varones de la milicia española del siglo XVIII: Navarro, su comandante; el general del ejército marqués de Santa Cruz de Marcenado, y el entonces joven Jorge Juan, que hacía sus primeras armas. Navarro y el de Santa Cruz contrajeron una profunda y sincera amistad. En la jornada de Orán, Santa Cruz mandaba la primera barcada de tropas que pisó tierra, y Navarro, como más antiguo capitán, las embarcaciones que las llevaba. Dio la orden de bogar hacia la playa a la voz de ¡Avanza! ¡Avanza!. El primero que llegó a tierra fue el marqués de Santa Cruz, y el segundo, Navarro. Éste, una vez terminada tal misión, se dirigió con su navío cañoneando de cerca cierta barrancada llena de moros, hecho que contribuyó en gran medida a despejar la situación de las tropas desembarcadas. Después de ocupada la plaza de Orán, Navarro fue empleado en el estudio de su defensa. El castillo de San Andrés le recordaba aquel otro asalto, entonces de los moros, en que perdió a su hermano y a su padre. Al retirarse la escuadra del general Cornejo dejó a Navarro en Orán con el Castilla y puso también a sus órdenes al navío San Fernando. Con estas fuerzas se empleó en el servicio de la guarda de la costa y de asegurar las comunicaciones con Cartagena. En 1737, muerto ya Patiño, primero protector y luego enemigo de Navarro, ascendió éste a jefe de escuadra; tenía a la sazón 52 años de edad y 42 de servicios a la Corona. Volvió a sus anteriores tareas de literatura profesional y publicó el segundo tomo de su gran obra, que tituló “Práctica de la maniobra”. También se dedicó a hacer un profundo estudio de la ordenanza y redactó un proyecto que fue base para la publicada en 1748 por Joaquín Aguirre y Oquendo. En 1739 diovio la luz en Cádiz, su obra sobre matemáticas y maniobra. Al año siguiente concluyó su tomo de “Geografía Nueva y método breve y fácil para aprenderla”. Rebatió asimismo en este año las atrevidas sinrazones del libro que publicó cierto fray José de Arias: "La más preciosa margarita del Océano...". Dice Navarro en el epígrafe "Padre, la cosmografía — Que aborta su reverencia — Como la explica es demencia — Como la piensa manía".


En 1739 se declaró la guerra a la Gran Bretaña y se dio a Navarro el mando de la escuadra de Cádiz; con ella operó por el Atlántico hasta Ferrol, volviendo a Cádiz. Esta primera campaña se terminó sin haber encuentro con el enemigo, pues el almirante Haddock, creyendo que se trataba de atacar a Menorca, se dirigió a defenderla. Juan José Navarro contaba en total con 15 buques, de los que sólo seis eran de la Real Armada, los demás de la carrera de Indias, armados en guerra. Se le dio orden de salir para Barcelona, donde se alistaba un convoy de tropas destinadas a Italia, enviadas en socorro del duque de Montemar. Frente a Cartagena tomó contacto con la escuadra francesa de Court de la Bruyère el 19 de diciembre de 1741, ante la escuadra británica mantenida en amenazadora expectativa. Court dijo que no podía incorporarse a los españoles, pero que se pondría siempre entre ellos y los británicos, y que si éstos se obstinaban en atacar, se uniría a Navarro. Sufriendo todos el 22 de diciembre un violento temporal a la altura de Ibiza, que echó abajo el mastelero del buque insignia español, llegaron ambas escuadras a Barcelona el 4 de enero de 1742, saliendo diez días después para Toscana con un convoy de 52 naves. Sufrió Navarro otro temporal que le hizo arribar sobre las Hyères, con el buque insignia en muy malas condiciones. Al fin desembarcaron las tropas en Génova, por imposibilidad marinera de hacerlo en Orbitello, donde estaba previsto. Las escuadras española y francesa volvieron a sufrir nuevos temporales, el primero a la salida de Génova, que les obligó a fondear de nuevo en el mismo puerto, y estando allí un segundo temporal, por lo que tardaron bastante tiempo en poderse hacer a la mar. El 24 de enero llegaron a Tolón, en donde permanecieron dieciocho meses bloqueados por la escuadra británica de 29 navíos de Haddock, y después aumentada a 33 y a las órdenes ya del vicealmirante Mathews. Éste fijó su base de operaciones en Hyères, desde donde destacaba fuerzas que daban diferentes golpes de mano contra las costas de España y Génova. En el Combate naval del cabo Sicié, Navarro resultó herido, primero en la pierna derecha y luego en la cabeza. Por su actuación el rey le promovió al empleo de teniente general y le confirió el título de marqués de la Victoria. Las escuadras española y francesa se retiraron a Cartagena, desde donde la española, que fue la única que se quedó, hizo varias salidas, cobrando bastantes presas. Gran Bretaña, ante tales pérdidas, decidió al fin bloquear Cartagena con 21 navíos mandados por el almirante William Rowley. En 1746 hizo Navarro un grandioso proyecto de reforma de este puerto militar, con ocasión de estudiar algunos de los presentados por otros al gobierno, para lo cual se le ordenó formase una comisión. Ya con anterioridad se había ocupado él de este asunto, pero los proyectos que presentó - siendo solamente comandante general de la escuadra surta en el puerto - no habían tenido muy buena acogida. El 1 de marzo de 1748 quedó desembarcado y de comandante general del departamento. El 8 de noviembre de 1748 se suprimió el almirantazgo que se había creado el 14 de marzo de 1737 para el infante Felipe de Borbón: "cesó aquel consejo y tribunal que reconcentraba el saber y la prudencia de los más expertos. Allí cualquier pensamiento o providencia saludable y conveniente no moría con el que la propuso o la planteó; allí se discutía antes de resolver, y no se abandonaba lo bien resuelto", dice José Vargas Ponce, en su "Vida del Marqués de la Victoria". El 15 de marzo de 1750 fue nombrado capitán general del departamento de Cádiz y director general de la Armada. Seis años más tarde terminó al fin su "Diccionario demostrativo de la configuración y anatomía de toda arquitectura naval moderna", ya presentados sus fundamentos en 1740 cuando ingresó en la Real Academia Española. En 1759, arbolando su insignia en el navío Real Fénix y mandando una escuadra compuesta de 20 navíos y seis jabeques, trajo a España desde Nápoles al nuevo rey, Carlos III. En este viaje se puso en práctica el código de señales ideado por Navarro y que en 1736 copió el vizconde de Morogues para la armada francesa, y que hasta el momento no había sido aprobado en la española por oposición de algunos generales, pese a las favorables opiniones de Jorge Juan y Antonio de Ulloa, que informaron sobre el caso. El rey, en recuerdo de su viaje, regaló a Navarro un bastón de oro y para que lo usase con el grado supremo de la milicia, le nombró capitán general de la Armada el 13 de diciembre de aquel año. Cuando iba al timón de la falúa real, le hizo cubrirse y después le regaló dicha embarcación en cuanto atracó al muelle de Barcelona. En 1761 elevó al rey una serie de interesantísimas razones agrupadas bajo el título de “Discursos y diferentes puntos, particularmente sobre la Marina..., discursos políticos para el fomento y esplendor de España”. En 1765 se publicó en Cádiz su “Código de Señales”. La última campaña del Marqués de la Victoria, ya casi octogenario, fue la que hizo en 1765 con una escuadra de nueve navíos para llevar a la infanta María Luisa a celebrar su matrimonio con el archiduque Leopoldo, que luego ocupó el trono imperial, trayendo al regreso a la princesa María Luisa de Parma, que ocuparía el trono de España. En la dirección de la Armada siguió trabajando para aumentar sus efectivos, el número de los navíos de tres puentes y el de batallones, creando también el cuerpo de inválidos el 30 de abril de 1767. El 25 de diciembre le acometió un vértigo cuando le curaban un pie. Recobrado, firmó su correo. No obstante, sobrevino la erisipela y se convirtió seguidamente en gangrena, que le ocasionó la muerte a los 84 años de edad.

MARTIN ALONSO YAÑEZ PINZÓN: Martín Alonso Pinzón natural de Palos de la Frontera (Huelva), nacido sobre el año 1941 fue un navegante y explorador español, codescubridor de América. Navegó junto con Cristóbal Colón en su primer viaje al Nuevo Mundo, en 1492, como capitán de La Pinta. Martín Alonso nació en Palos de la Frontera, en el seno de una familia acomodada de marineros. Era el mayor de los hermanos Pinzón y arrendatario de las carabelas La Niña y La Pinta. Sus hermanos Vicente Yáñez y Francisco Martín Pinzón fueron en el primer viaje colombino como capitán de La Niña y maestre de La Pinta, respectivamente. Los Pinzón, del siglo XV, fueron una familia de posible origen aragonés que llegaría a Andalucía procedente de Asturias,2?3? siendo su apellido, según algunos, deformación del término Espinzas o Pinzas. Para otros, en cambio, el verdadero apellido familiar sería Martín, nombre del abuelo, marinero y buzo en Palos, al que apodaron Pinzón cuando quedó ciego, ya que era muy aficionado a cantar y recordaba a los palermos a los pájaros pinzones, a los cuales cegaban para que cantaran mejor.4? Su hijo, también marinero e igualmente llamado Martín, fue el padren. 1? de los tres hermanos que participaron en el Descubrimiento de América: Martín Alonso, Vicente Yáñez y Francisco Martín Pinzón. Martín Alonso navegó desde niño en las carabelas palermas como grumete.1? Vivía en una casa situada en el antiguo camino real a la Rábida,7?1? y contrajo matrimonio con María Álvarez.8? Tuvieron cinco hijos, dos varones: Arias Pérez y Juan Pinzón, que participarían en varias expediciones por tierras americanas, y tres niñas: Mayor, Catalina y Leonor, la pequeña, que sufría frecuentes ataques de lo que antiguamente llamaban «gota coral» y que actualmente se conoce como epilepsia.9? Enviudó de esta primera esposa y posteriormente aparece en documentos que convivía con Catalina Alonso.10? Casa Museo Martín Alonso Pinzón, en Palos de la Frontera, donde vivió la familia Pinzón. Su experiencia náutica y audacia le proporcionaron buenos rendimientos en sus viajes de cabotaje, llegando a tener una holgada situación económica. Tuvo embarcaciones propias en las cuales se enrolaban los marinos de toda la comarca.11?12? Su fama y prestigio crecieron gracias al éxito de sus expediciones comerciales y al valor que demostró en las armadas de guerra durante el conflicto entre Castilla y Portugal.n. 2? Para 1479, Martín Alonso era uno de los regidores de la villa de Palos y criado de Enrique de Guzmán, duque de Medina Sidonia.14? El 23 de mayo de 1492 se leyó, en la iglesia de San Jorge, a los vecinos de Palos la Real Provisiónn. 3? en la que se ordenaba a ciertos vecinos entregar dos carabelas a Colón y partir con él en el viaje que iba a realizar por mandado de Sus Altezas, la villa acata la decisión real pero no la cumple. Los marinos palermos no estaban dispuestos a embarcarse en aquella aventura con un desconocido sin prestigio. Independientemente de la mayor o menor credibilidad de las ideas colombinas, los hombres de Palos difícilmente secundarían al genovés a no ser que le acompañara algún navegante respetado en la villa.16? La empresa, de considerable riesgo, y de beneficios difícilmente concretables, no resultaba muy atrayente para aquellos hombres. La mayoría de la marinería o se opondría o, simplemente, sería indiferente al proyecto presentado, y es que el real mandato implicaba razones de sobra para crear el descontento entre la marinería del puerto de Palos.17?18? Es en estos momentos cuando regresa Martín Alonso Pinzón de uno de sus viajes comerciales, concretamente de Roma. Pinzón, como se ha comentado antes, había llegado a tener una privilegiada situación económica, gracias a sus destacadas cualidades náuticas, realizando numerosos viajes y armadas que le reportaban beneficios considerables. Por todo esto gozaba de una gran fama y prestigio en la comarca. Por tanto, tenía las cualidades de las que parecía carecer Colón, convirtiéndose, por ello, en el complemento ideal del que sería el futuro Almirante para llevar a cabo dicha expedición.19? Los franciscanos de La Rábida fueron los que pusieron en contacto a Cristóbal Colón con el marino de Palos. Pero Vázquez de la Frontera, viejo marino de la villa, muy respetado por su experiencia y amigo de Martín Alonso, también influyó notablemente para que Pinzón se decidiera a apoyar la empresa no solo moralmente sino también económicamente. En los Pleitos colombinos, el testigo onubense Alonso Gallego recordaba haber oído decir a Colón: Señor Martín Alonso Pinçón, vamos a este viage que, si salimos con él y Dios nos descubre tierras, yo os prometo por la Corona Real de partir con vos como un hermano. Motivado por lo que fuera, la realidad es que, cuando Martín Alonso decide unirse a la empresa, realiza una destacada labor de apoyo en favor de la expedición. Fue por Palos, Moguer y Huelva,22? animando y convenciendo a sus parientes y amigos -destacados marinos de la zona- para que se enrolasen, consiguiendo con ello la mejor tripulación posible.23? Se unieron, entre otros, los Quintero de Palos o los Niño de Moguer. Desechó los barcos que había embargado Colón y contrató otras naves más adecuadas que conocía y que sabía que eran muy veleras y «aptas para el oficio de navegar» porque ya había tenido arrendada alguna de ellas. Aportó de su hacienda personal medio millón de maravedíes,27?28? la tercera parte de los gastos en metálico de la empresa.


Ultimados los preparativos, el 3 de agosto la Santa María, La Pinta y La Niña partieron del puerto de Palos de la Frontera. Martín Alonso asumió el mando de La Pinta, llevando consigo a su hermano Francisco como maestre. Su hermano Vicente iba como capitán de la carabela La Niña. Colón anotó en su diario, en varias ocasiones,29?30? palabras elogiosas hacia el mayor de los Pinzón al comprobar sus cualidades y eficacia ante los problemas que iban surgiendo. Durante la travesía, demostró varias veces sus habilidades como cuando resolvió el problema de la rotura del timón de La Pinta y pudo seguir navegando. Entre el 6 y el 7 de octubre, el malestar, cansancio y el desanimo por no encontrar tierra empezaron a hacer mella entre la tripulación de la Santa María, y aparecieron las primeras quejas e inquietudes, sin embargo, gracias a la intervención de Pinzón se consiguió apaciguar este primer conato de motín que Colón no fue capaz de solventar. Sin embargo en el siguiente conato de motín, esta vez más serio, del 9 y 10 de octubre, cuando todos los cálculos habían fallado, los Pinzón solo consiguieron calmar a la tripulación poniendo una condición: navegarían siguiendo el mismo rumbo solo tres días más, si pasado ese tiempo no divisaban tierra, retornarían a España Martín Alonso había sugerido a Colón, antes de que comenzaran las amenazas o conatos de motín, el cambio de rumbo "a la cuarta del Oeste" (oesudoeste), el día 6 de octubre. Cambio que Colón en un principio no aceptó, pero que acabó realizando al final del día 7 de octubre al divisar la flotilla una bandada de aves que iban dirección al Sudoeste. Este cambio propició la llegada de la expedición a Guanahani, en las Bahamas, la madrugada del 12 de octubre de 1492. Desde la carabela que capitaneaba Martín Alonso, la Pinta, lanzó el esperado grito: ¡Tierra!, el marinero Rodrigo de Triana. Paece que hasta la llegada al Nuevo Mundo, la relación entre Colón y Pinzón era buena, algo que cambiará de forma radical tras el descubrimiento. Colón, ya convertido en almirante, comienza un cambio de actitud hacía el marino de Palos. El 21 de noviembre Martín Alonso se adelantó con la Pinta, separándose de las otras dos naves y consiguiendo, con ello, llegar al destino que tenían marcado, la isla de Babeque. En el diario de Colón, extractado por fray Bartolomé de las Casas, se dejó constancia de unas serias acusaciones contra Pinzón por aquella separación. Sin embargo, según diversos testimoniosn de los pleitos colombinos estas acusaciones podrían no tener fundamento, tal como afirman diversos autores. Esta enemistad entre ambos líderes se mantendría así hasta el final del viaje, como consta tanto en el diario como en los pleitos. Finalmente Pinzón se reunió de nuevo con Colón, y el resto de la flotilla, el 6 de enero de 1493, cuando Colón se disponía a regresar a España. Durante el regreso el barco de Pinzón se volvió a separar a causa de una fuerte tormenta, y Pinzón llegó al puerto de Bayona, en Galicia, días antes que Colón arribara a Lisboa. Fue, por tanto, la carabela Pinta —capitaneada por Martín Alonso— la primera en regresar a la península ibérica, arribando a Bayona probablemente hacía finales de febrero de 1493. Martín Alonso Pinzón escribirá varias cartas con el descubrimiento a distintos puntos de España y, por supuesto, a la Corte, que se encontraba en Barcelona, y esta noticia llegará a la Corte en la primera quincena de marzo. Tras algunas reparaciones realizadas a la Pinta debidas a las tormentas padecidas, Martín Alonso partirá con su tripulación rumbo a Palos probablemente el 9 de marzo. Desde Bayona se dirigió a Palos, donde llegó el 15 de marzo de 1493, coincidiendo en esa jornada con la llegada de la carabela La Niña procedente de Lisboa. Martín Alonso llegó a Palos muy enfermo y sin entrar directamente en Palos, es trasladado a una heredad que tenía en terrenos de Moguer. Los testimonios en los citados pleitos, de Hernán Pérez Mateos y Francisco Medel, indican que finalmente fue trasladado al monasterio de La Rábida donde, según su voluntad, al morir es enterrado en la iglesia de dicho convento franciscano.

NARCIS MONTURIOL I ESTARRIOL: Nació en Figueras el día 28 de septiembre de 1819 y falleción en San Martín de Provensals, Barcelona, el día 6 de septiembre de 1885. Fue un ingeniero, intelectual, político e inventor español. El de sus pruebas se recoge en su obra póstuma, Ensayo sobre el arte de navegar por debajo del agua, editado en 1891. Es reconocido, junto con Isaac Peral y Antonio Sanjurjo, como pionero de la navegación submarina en España. Monturiol, como se ha dicho, nació en Figueras (Gerona), en el seno de una familia de artesanos; su padre era botero (fabricante de barriles, toneles también llamados "botas"), y el negocio paterno le dio la oportunidad de conocer los procedimientos relacionados con la impermeabilidad. Inició estudios de Medicina en Cervera (Lérida), que decidió abandonar y cursó la carrera de Derecho en Barcelona, donde se licenció en 1845. En lugar de ejercer su carrera, prefirió dedicarse en principio a la política, y más tarde a la ciencia y la técnica. En un primer momento se interesó por el socialismo utópico, y en particular por las ideas de Étienne Cabet, con el que mantuvo correspondencia. Junto con Abdón Terradas, Anselmo Clavé y Ceferino Tresserra se convierte en uno de los principales representantes de la corriente cabetiana en España; en 1846 —año que se casa con su esposa Emilia— y tras aprender el oficio de cajista, funda una imprenta desde la que divulga los ideales icarianos, en particular a través de la revista La Fraternidad (1847-1848), primera publicación periódica comunista española.5? En sus páginas publicó una traducción al español de la novela de Cabet Voyage et aventures de lord William Carisdall en Icarie (1840), como El Viaje a la Icaria (1848) entre él y su amigo Francisco José Orellana, para impulsar posteriormente la creación de una comunidad cabetiana en Barcelona, con el nombre de la isla que inspiró la novela.6? También fundó la revista La Madre de Familia (1846), en la que difunde los aspectos más conservadores del comunismo igualitario de Cabet;7? y coeditó, con Juan Landa, la serie Hombres y mujeres célebres de todos los tiempos. Su amistad con Ildefonso Cerdá le llevaría a afiliarse al Partido Republicano y a ejercer de redactor de El Republicano. Tras la Revolución de 1848, el gobierno cierra La Fraternidad y Monturiol debe exiliarse en Francia. En 1849, acogido a una amnistía, regresa para fundar una nueva revista, El Padre de Familia (1849-1850), con el lema «instruíos, moralizaos» destinada a elevar el nivel cultural de las clases desfavorecidas;8? pero el gobierno le impidió el activismo editorial y dirigió su atención hacia la ciencia y la ingeniería, mientras para sobrevivir imprime material educativo. Sin embargo, volvería a retomar su actividad editora en 1864 con la publicación del Almanaque democrático, junto a Anselmo Clavé.9? Refugiado en Cadaqués a causa de sus actividades políticas, donde se ganó la vida como pintor, observó la difícil y peligrosa labor de los recolectores de coral. Esto le llevó a reflexionar sobre las posibilidades de la navegación submarina y, cuando volvió a Barcelona, en septiembre de 1857 organizó, con amigos ampurdaneses, la primera sociedad comercial de España dedicada a la explotación de este tipo de navegación con el nombre de Monturiol, Font, Altadill y Cía., dotada con un capital de 10.000 pesetas. '


En 1858, una vez conseguidos los primeros fondos, presentó su proyecto en un opúsculo titulado El Ictíneo o barco-pez.10? Su primer submarino, el Ictíneo I, fue botado en el Puerto de Barcelona el 28 de junio de 1859, y tras una serie de inmersiones en privado, hizo su presentación pública el 23 de septiembre. Ante accionistas, prensa y público en general logró hacer navegar el barco completamente sumergido durante 2 horas y 20 minutos a una profundidad de 20 m, y hacerlo volver a la superficie. Las pruebas oficiales se llevarían a cabo en el puerto de Alicante el 7 de marzo de 1861, con presencia de autoridades de la Marina; el gobierno de Isabel II nombró a varias comisiones de estudio con vistas a ofrecer una ayuda al proyecto que nunca llegó, a pesar del entusiasmo popular y el apoyo de las Sociedades Económicas de Amigos del País.11?12? Como consecuencia, Monturiol escribió una carta a la ciudadanía, animando a una suscripción nacional, con la que consiguió 300.000 pesetas de los ciudadanos españoles. Con el capital obtenido, se constituyó la empresa La Navegación Submarina con el proyecto de desarrollar el Ictíneo II. El Ictíneo II atrajo un cierto interés de las altas instancias militares. Este nuevo submarino, que estaba dotado de un sistema de propulsión anaeróbica, fue botado en el puerto de Barcelona el 2 de octubre de 1864. A pesar de estos éxitos, en 1867 su compañía quebró y, ante la falta de apoyo, Monturiol decidió desmantelar el submarino y abandonar el proyecto. Quedan, sin embargo, los escritos editados durante su desarrollo,14?15? y su póstumo Ensayo sobre el arte de navegar por debajo del agua. A partir de 1868 regresó a la actividad política. Como miembro del Partido Federal, fue diputado por Manresa a las Cortes Constituyentes de la Primera República Española en 1873 y, poco después, nombrado director de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, con sede en Madrid, cargo que ejerció durante los meses que perduró el régimen republicano y donde puso en práctica un proceso de su invención para incrementar la velocidad de producción de papel adhesivo. Otras invenciones suyas fueron una máquina para hacer cartapacios, una máquina para hacer cigarrillos (la única que patentó, en 1866); unos piensos para conejos hechos a partir de madera de sauce, un procedimiento de fabricación de jabón en frío; unas suelas de zapatos sintéticas, una cola líquida para madera; unas camisas para cilindros de motor, un betún para zapatos, un velógrafo o aparato destinado a la obtención de copias de un original escrito o dibujado, un proyecto de un tranvía funicular para Tarragona, un proyecto para llevar a Barcelona las aguas del Ter, un receptor giratorio de vapor, y un sistema de conservación de carnes, entre otras. En 1882 todavía publicó un diario, El Anunciador Financiero. Murió en 1885, arruinado y completamente olvidado, en San Martín de Provensals, una antigua población actualmente agregada en Barcelona, donde en los años 1846-1847 un grupo de cabetianos catalanes habían fundado una comunidad icariana. Enterrado en el Cementerio Este de Barcelona, su epitafio reza: Aquí yace D. Narciso Monturiol, inventor del Ictíneo, primer buque submarino, en el cual navegó por el fondo del mar en aguas de Barcelona y Alicante en 1859, 1860, 1861 y 1862. En 1972 sus restos fueron trasladados a Figueras para ser inhumados en el Panteón de Hombres Ilustres del cementerio municipal. El segundo submarino de la clase S-80 de Armada Española, el S-82 Narciso Monturiol, y primero en ser botado, llevará su nombre.

JOAQUIN BUSTAMANTE Y QUEVEDO: Joaquín Bustamante y Quevedo fue un militar e inventor español, nacido en Santa Cruz de Iguña (Cantabria) en 1847 y fallecido en acto de servicio en Santiago de Cuba durante la Guerra Hispano-Estadounidense. Ingresó en el Colegio Naval en 1859 a la edad de 12 años. Participó en la Guerra Hispano-Sudamericana contra las Repúblicas de Chile, Perú y Bolivia, tomando parte con la Fragata de hélice Resolución en la ocupación de las islas Chincha. Mientras estaba embarcado en la Goleta Covadonga, fue herido y hecho prisionero en el Combate naval de Papudo que sostuvo con la corbeta chilena Esmeralda. Participó en la campaña de las Filipinas en 1872 al mando del cañonero Mindoro, en las operaciones de Joló y Tawi-Tawi, en los desembarcos de Zamboanga y Paticolo en 1876 y ataques a los pueblos de Parang y Mabun, siendo recompensado con el empleo de comandante de Infantería de Marina.


Realizó el curso de torpedos en Cartagena, en 1888, inventó un tipo propio de torpedo eléctrico y otro fijo (mina Bustamante), que por Real Orden del 9 de mayo de 1885 fue declarada de uso uniforme en la Armada Española. Perteneció a la Junta de Examen del submarino Peral y reglamentó el servicio de torpedos. En 1898, con el empleo de Capitán de Navío, fue nombrado Jefe de Estado Mayor de la Escuadra del Almirante Cervera, con quien desde el primer momento tuvo desencuentros. En la batalla Naval de Santiago de Cuba, propuso al Almirante Cervera que reconsiderara el plan que había ordenado de hacer salir a la flota a plena luz del día, para evitar ser cazados como conejos por la escuadra americana, prponiendole una salida nocturna escalonada para evitar la pérdida total de la escuadra, pero éste fue desestimada y así le fue a la escuadra española. Desembarcó al mando de las columnas de desembarco, resultando herido el 1 de julio en la batalla de las Colinas de San Juan, cerca de Santiago de Cuba. Falleció pocos díaspés en el Hospital Militar de dicha plaza, recibiendo a título póstumo la Cruz Laureada de San Fernando. A solicitud de su viuda, se trasladaron sus restos a España en el Crucero Conde de Venadito junto con los del Almirante Cristóbal Colón.

ÑUFLO DE CHAVEZ: Ñuflo o Nufrio de Chaves nació en Santa Cruz de la Sierra (Cáceres) en 1518, hijo de Álvaro de Escobar y María de Sotomayor y falleció en la aldea Mitimi de la laguna de los Xarayes, gobernación de Santa Cruz de la Sierra del Virreinato del Perú, el día 3 de octubre de 1568 a manos de los indígenas itatines. De familia acomodada, tanto él como su hermano fray Diego de Chaves que llegó a ser confesor de Felipe II, recibieron excelente educación. Dado que Ñuflo había optado por la milicia, buscó acomodo para embarcarse en alguna expedición. Habiendo desembarcado en la Isla de Santa Catalina, en 1542 llegó a los territorios de lo que hoy es Paraguay, formando parte de las fuerzas del adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca.Era un explorador y conquistador español, conocido por sus exploraciones del actual territorio del Paraguay y la zona suroriental de la actual Bolivia y por haber fundado la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en 1561. Fue el continuador de la política colonizadora de Domingo Martínez de Irala. Su actividad permitió extender la colonización por esas regiones. Fue el primer hombre que atravesó el continente, partiendo del Atlántico al Pacífico, para lograr la conquista del centro de América meridional. Su temprana muerte no supuso la interrupción de la actividad conquistadora de todo el territorio que hoy conforma esa extensa comarca, porque su legado quedó en las gentes de la vieja ciudad, quienes extendieron su cultura por todo lo que hoy se conoce como el Oriente Boliviano. Al llegar al territorio, exploraron el curso del río Paraguay y descubrieron las cataratas del Iguazú. En 1546 fue enviado por Domingo Martínez de Irala al puerto de San Fernando, en la cabecera del río Paraguay, con el objeto de encontrar el camino de la Sierra de la Plata. Al año siguiente mandó una expedición en canoas por el río Pilcomayo hasta los Andes, siendo la primera vez que se exploraba este río. En septiembre de 1548, por encargo de Irala, Chaves emprendió el largo camino hasta Lima con cuatro españoles, entre ellos el capitán Marcos Victoria, y cien indígenas amigos. Su objeto era entrevistarse con el gobernador Pedro de La Gasca para informarle de los pormenores del Paraguay, pedirle ayuda y solicitar la gobernación para Martínez de Irala. Pero La Gasca ya tenía noticias del mal comportamiento de Irala, e hizo caso omiso de la petición de Chaves. Este volvió a Asunción sin resultados positivos. La actividad conquistadora y la exploración de nuevas tierras eran los objetivos que movían a aquellos hombres a emprender nuevas empresas. En 1553, Chaves salió con Irala por el cauce del río Paraguay y llegaron hasta la zona del Chaco. Pero Irala suspendió la expedición al enterarse de que sus partidarios le habían concedido el mando que tanto ansiaba. “Aquel enorme Chaves [...] Fue de Asunción a Lima dos veces, a pie, caminó 5.600 leguas en diez y seis expediciones, flecha humana que volaba a todas direcciones en pos de sus quimeras [...] ” Antes de su muerte (1556) Irala había encomendado a Ñuflo de Chaves la fundación de una ciudad en la comarca de los indígenas jarayes. La ciudad no se fundó en este momento y Ñuflo de Chaves siguió hacia el norte, casi a la orilla del río Guaporé, donde se produjo un enfrentamiento entre españoles e indígenas. No obstante, por encargo del gobernador interino Hernando de Mendoza, salió Chaves con 158 soldados para fundar una ciudad en la comarca de los indígenas chiquitos, llevando a cabo la fundación de Nueva Asunción o «La Barranca», el 1º de agosto de 1559, en la orilla del río Guapay. Como los españoles establecidos en Perú ya habían explorado parte de aquella comarca, hasta allí llegó Andrés Manso para reclamar la pertenencia del territorio. Pero Chaves no se amilanó ante tal pretensión y marchó a Lima para reclamar sus derechos ante el virrey, Andrés Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete.


En 1560, el virrey del Perú nombró a su hijo, García Hurtado de Mendoza, gobernador de la provincia de Moxos. Este nombró como su teniente general a Ñuflo de Chaves. Como García estaba residenciado en Chile, de hecho el gobernador era Chaves, quien a su buen entender gobernaba y disponía. Con este acto, creó también esta nueva provincia o gobernación. Andrés Manso no se conformó con el dictamen, resistió las órdenes virreinales y fue enviado preso a La Plata. El 26 de febrero de 1561, con las solemnidades de rigor, Chaves fundó al fin la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, para perennizar en aquellos alejados territorios el nombre de su solar nativo. Y como era preceptivo se legalizó la situación del territorio. Por Real Cédula del 29 de agosto de 1563, la Real Audiencia de Charcas "la gobernación de Tucumán y Juríes y Diaguitas y la provincia de los Moxos y Chunchos y las tierras y pueblos que tienen poblados Andrés Manso y Nufrio de Chaves, con lo demás que se poblare en aquellas partes en la tierra que hay donde la dicha ciudad de La Plata hasta la ciudad del Cuzco, la cual queda sujeta a la dicha Audiencia de los Charcas". Pero Chaves, enamorado de aquella comarca donde estableció su vivienda (un pahuichi casi a orillas del entonces llamado río Sutós) tanto había peleado por materializar su ciudad, marchó a Asunción y consiguió convencer a los pobladores de aquella ciudad para que emigraran a Santa Cruz de la Sierra. El gobernador, el obispo y una gran mayoría de los pobladores de Asunción emigraron a Santa Cruz de la Sierra; donde fueron bien recibidos. Se asientan en Santa Cruz de la Sierra durante año y medio, sumando población y provocando un desarrollo vertiginoso que llegó a casi 40 manzanas urbanizadas, convirtiéndola en la más importante de la región platense. Un cronista de la época registró la vida de Santa Cruz de la Sierra en 1564: “De los que entraren se quedarán más de los que querrán, porque hay bien de comer y hospédanles con mucha familiaridad y cortesía... Ruy González Pero el gobernador Ortiz de Vergara decidió continuar su marcha a Charcas, donde fue reprendido por haber abandonado Asunción. Volvió la expedición y Chaves se prestó a darles escolta, y en el viaje de regreso murió a manos de los indígenas itatines el 3 de octubre de 1568.

ANTONIO AZAROLA GRESILLON: Natural de Tafalla, nacido el año 1874 y fallecido por ejecución por fusilamiento en El Ferrol, el día 4 de agosto de 1936, fue un marino y militar español, que alcanzó el empleo de contraalmirante de la Armada. Desempeñó el cargo de ministro de Marina en el gobierno de Manuel Portela Valladares (30 de diciembre de 1935 - 19 de febrero de 1936), durante la Segunda República Española. Descendía de una familia de heroicos militares españoles que había emigrado a Uruguay. Estaba casado con Carmen Fernández García-Zúñiga, hija del vicealmirante Ricardo Fernández Gutiérrez de Celis, de quien había sido ayudante personal en dos ocasiones a lo largo de su carrera militar. Desde noviembre de 1934, era segundo jefe de la Base Naval de Ferrol y jefe de su Arsenal. Fue subsecretario del Ministerio de Marina y posteriormente ministro del mismo departamento en el gabinete presidido por Manuel Portela Valladares desde el 30 de diciembre de 1935 al 19 de febrero de 1936, el último antes de las elecciones de febrero de 1936. Durante su mandato ministerial se concibió el último Plan Naval (11 de enero de 1936) antes del estallido de la Guerra Civil, en el que se preveía la construcción de dos destructores, dos cañoneros y otros barcos menores. Al comienzo de la Guerra Civil, siendo Comandante General del Arsenal y segundo jefe de la base naval de Ferrol, se mantuvo leal al gobierno de la República. Los militares sublevados le acusaron de ordenar abrir en secreto el arsenal a las masas marxistas para apoderarse de las armas y de los buques allí fondeados, motivo por el cual le formaron un Consejo de Guerra y lo ajusticiaron. Al producirse la sublevación en la Base de Ferrol, el 20 de julio, el contralmirante Azarola se mantuvo siempre leal a la República, siendo arrestado por sus propios subordinados, entre ellos los hermanos Salvador y Francisco Moreno Fernández, elevados años más tarde a la heroicidad naval por Franco. "Usted también, don Francisco", le dijo el contralmirante a uno de ellos cuando comprobó que se había alzado contra la República.


Azarola fue sometido a Consejo de Guerra sumarísimo, sín garantías jurídicas y condenado a muerte por motivos de emplarización, por orden directa del General de División Franco, alegándose los siguientes hechos "...un delito de abandono de destino del Jefe del Arsenal ante rebeldes y sediciosos, inhibiéndose en sus funciones, retirándose a sus habitaciones particulares y oponiéndose a que se declarase el estado de guerra en esta plaza.. " El contralmirante Azarola, a modo de defensa declaró en el juicio que no podía quebrantar sus principios militares porque " ...consideraciones de carácter militar me impedían en absoluto el sumarme a un acto que consideraba sedicioso...", Código de Justicia Militar en la mano. Fue ejecutado por fusilamiento a las seis de la mañana del 4 de agosto de 1936, en el cuartel de Dolores. Sus restos se encuentran enterrados en el cementerio de Villagarcía de Arosa. El contraalmirante Azarola tuvo un hijo, Antonio Azarola Fernández de Celis, que al igual que su padre eligió la carrera militar en la Marina de Guerra. Su sobrina Amelia Azarola Echevarría —hija del ingeniero y político radical-socialista navarro Emilio Azarola Gresillón (alcalde de Santesteban)— estaba casada con el aviador falangista Julio Ruiz de Alda, que sería asesinado en la Cárcel Modelo de Madrid el 23 de agosto de 1936.

PÁNFILO DE NARVÁEZ: Pánfilo de Narváez natural de ¿Navalmanzano?, sobrre e año 1470 y falleció en las Costas de Florida occidental, cerca del delta del Misisipi en 1528. Fue un militar, adelantado y conquistador español, nombrado gobernador de la Florida. Sirvió en Jamaica, a las órdenes de Juan de Esquivel. Más tarde, en 1509, fue ascendido a lugarteniente del gobernador general de Cuba, Diego Velázquez de Cuéllar, con quien colaboró activamente en la conquista de la isla. Participó en la «matanza de Caonao», un poblado situado en el centro de Cuba. Durante el evento, él y sus hombres masacraron a cientos de indígenas que se habían acercado con alimentos a recibirlos. El inexplicable frenesí con que Narváez y sus hombres atacaron a los atónitos indios quedó retratado por un testigo de la escena, el sacerdote Bartolomé de Las Casas. Junto con este sacerdote y Juan de Grijalva, Narváez realizó expediciones que le llevaron hasta el extremo más occidental de la isla en 1514. En 1518, desobedeciendo los mandatos del gobernador Velázquez, Hernán Cortés se embarcó rumbo a México y aquel, envió a Narváez en su seguimiento con instrucciones de capturarlo vivo o muerto. Tras el desembarco de Narváez en Veracruz, sobrevino un período de luchas en las cuales muchos de los hombres que acompañaban a Narváez se pasaron a las filas de Hernán Cortés, entre ellos Sancho de Barahona «el Viejo», un extremeño antepasado de Manuel José Arce; finalmente Narváez fue derrotado en Cempoala, Veracruz el 24 de mayo de 1520, herido con una lanza en un ojo por el piquero Pedro Sánchez Farfán, soldado de Cortés, y al quedar tuerto fue hecho prisionero y trasladado a la Villa Rica de la Vera Cruz, donde estuvo cerca de dos años.


De acuerdo con los descubrimientos y la información proporcionada por el mismo Cortés, en junio de 1520, estando Narváez herido, una caravana de su expedición compuesta por 550 personas entre españoles, negros, y mestizos cayó en manos de guerreros del reino de Texcoco. Todos los hombres, mujeres y niños terminaron sacrificados en rituales mexicas. Una vez libre, fue comisionado por el rey Carlos I de España para conquistar La Florida con el título de adelantado, además del título de gobernador de todas las tierras que descubriese desde el río de las Palmas hasta los confines de la citada península. Se hizo a la mar en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), el 17 de junio de 1527 al frente de una flota de cinco navíos y seiscientos hombres. En Cuba, fueron sorprendidos por tormentas y deserciones, que debilitaron la expedición y no arribó las costas de la Florida hasta abril de 1528. Narváez desembarcó con trescientos de sus hombres, envió a sus barcos a un puerto conocido por sus pilotos cerca del río de Las Palmas y se internó en territorio de nativos hostiles en busca de oro. Cerca de la bahía de Tampa, el capitán español se hizo amigo de un cacique llamado Hirrihigua. Después zarpó y navegó al norte de la Florida. Después de la salida del capitán, llegó procedente de Cuba una patrulla española en busca de él. El cacique Hirrihigua logró con malas artes que cuatro miembros de la tripulación patrullera desembarcaran allí, capturándoles , torturándoles y dándoles muerte Narváez no encontró grandes riquezas, y cansado de luchar contra los nativos, hizo construir cinco canoas en las que descendió de tierra adentro hasta el mar. Siguiendo la costa hacia occidente, intentó llegar hasta México, pero sorprendidas las frágiles embarcaciones por una gran tormenta, muy cerca del delta del río Misisipi, Narváez y la mayoría de sus acompañantes perecieron ahogados. Del naufragio sobrevivieron cuatro hombres, Álvar Núñez Cabeza de Vaca, Alonso del Castillo Maldonado, Andrés Dorantes de Carranza y un esclavo bereber llamado Esteban (Estebanico), que probablemente fue la primera persona nacida en África que llegó a lo que hoy son los Estados Unidos. Álvar Núñez Cabeza de Vaca escribió una narración titulada Naufragios y comentarios en la cual describe sus vivencias y las de sus tres compañeros, quienes atravesaron a pie y durante ocho años el suroeste de los Estados Unidos y norte de México hasta llegar a Culiacán, en Sinaloa, lugar en donde encontraron una villa española.

JUAN DE ESQUIVEL: Natural de Sevilla, nacido hacia el año 1470 y fallecido en algún lugar de Jamaica después del año 1514, era un militar y explorador castellano que conquistó para la Corona en 1503 el territorio oriental de la isla La Española - en donde fundó la villa de Salvaleón de Higüey -, y la isla de Jamaica en 1509, por lo cual fue nombrado su primer teniente de gobernador entre los años 1510 hasta 1513, en representación del virrey de Indias. Como se ha dicho Juan de Esquivel había nacido hacia 1470 en la ciudad de Sevilla, capital del reino homónimo que era uno de los tres cristianos de Andalucía y que a su vez formaba parte de la Corona castellana. Acompañó al almirante Cristóbal Colón en su segundo viaje a América en 1493 y participó en la conquista y colonización de la isla La Española, en donde permaneció durante largo tiempo. El gobernador general Nicolás de Ovando, le encargó en 1503 sofocar una rebelión en el territorio de Higüey, bajo dominio del cacique taíno Cotubanamá, quien se había rebelado por el asesinato cometido por los españoles de uno los caciques de la isla Saona. Sofocado el levantamiento después de duros combates entre españoles y nativos taínos, se llegó a una tregua entre el cacique Cotubanamá y el capitán del ejército español, Juan de Esquivel. Al año siguiente se reinició la rebelión y Esquivel volvió a actuar como jefe de las tropas españolas. Arrasó por completo con la población de la región matando y tomando prisioneros a miles de taínos.


Entre los prisioneros estaba el cacique Cotubanamá quien fue llevado a la ciudad de Santo Domingo, donde fue ahorcado. Pacificada la región en 1505, Esquivel fundó una fortaleza y la villa de Salvaleón de Higüey en 1506. En 1509 Diego Colón, gobernador general del Virreinato de Indias y hermano del almirante, le encomendó la conquista y colonización de la isla de Jamaica. Después de largas luchas logró someter a los nativos e inició el poblamiento de la isla. En el mismo año fundó las villas españolas de Sevilla la Nueva —que se despoblaría en 1524 y se repoblaría después de 1655 como el puerto pesquero inglés de Saint Ann's Bay— y la de Melilla —entre las actuales localidades jamaiquinas de Port Maria y Port Antonio— ubicadas ambas en la costa septentrional de la isla. En su gestión de gobierno, Esquivel trasladó colonos españoles a Jamaica, promovió una leve evangelización, repartió encomiendas y desarrolló los cultivos insulares. En el año 1510 fue asignado como teniente de gobernador de Jamaica, como una dependencia directa del Virreinato colombino. Por los excesos cometidos al conquistar Jamaica le valieron un juicio de residencia por parte de la entonces Corona castellana y fue remplazado por Francisco de Garay en 1513. Finalmente el conquistador Juan de Esquivel fallecería en alguna parte de Jamaica después del año 1514.

PATRICIO MONTOJO Y PASARON: Patricio Montojo y Pasarón natural de Ferrol, La Coruña, nacido el día 7 de septiembre del año 1839 y fallecido en Madrid, el día 30 de septiembre del año 1917. Era hijo de Patricio Montojo y Albizu y de María Josefa Pérez-Pasarón y Rodríguez-Trelles.. Fue un almirante de la Marina española. Miembro de una de las más importantes sagas de marinos de los siglos XIX y XX. Célebre por su participación y derrota de su flota en la batalla de Cavite en el año 1898, decisiva en el devenir de la guerra hispano-estadounidense. Estudió en la Escuela Naval de Cádiz, en la que obtuvo el título de Guardiamarina en 1855. Hacia 1860 llegó a ser subteniente y luchó contra los Moros de Mindanao en las Filipinas antes de regresar a España en 1864. Montojo combatió en el combate de Abtao y en la batalla de El Callao bajo las órdenes del Almirante Casto Méndez Núñez contra el Perú. Fue ascendido al rango de capitán de navío en 1873. Sus nuevos deberes incluyeron el comandar varios navíos de guerra en la Estación naval de La Habana, así como los del Río de la Plata. Montojo regresó a la Filipinas de nuevo como Contraalmirante, sirviendo como Comandante General de todas las estaciones navales de Filipinas. Al estallar la guerra hispano-estadounidense, Montojo estuvo al mando de la escuadra española que fue destruida por el Escuadrón asiático de los Estados Unidos en la batalla de Cavite, el 1 de mayo de 1898. Montojo resultó herido en esta batalla, en la que uno de sus hijos también participó. Las fuerzas navales estadounidenses, bajo las órdenes del comodoro George Dewey, vencieron a la Flota Española del Pacífico en la bahía de Manila, como ya había anticipado Montojo que ocurriría, en donde la mayoría de las naves españolas fueron hundidas u obligadas a rendirse. Montojo, para contrarrestar el poco alcance de los cañones de los buques españoles, ordenó sacar del agua algunas naves y llenar sus cañones de metralla pesada para conseguir así multiplicar el efecto de los disparos. Al parecer la inminencia del fracaso en la batalla, no sele ocurrió mejor idea que quemar y hundir el resto de las naves que aún se encontraban a flote para impedir que fueran tomadas por los americanos. En septiembre de 1898, Montojo fue relevado de sus deberes y se le ordenó comparecer ante el Tribunal Militar supremo en Madrid el 1 de noviembre de 1898. En marzo de 1899 fue juzgado y encarcelado, aunque más tarde, absuelto. Entre sus muchos defensores en el consejo de guerra se encontraba el que fuera su enemigo, el almirante George Dewey. Sin embargo, y a pesar de su absolución, Montojo fue dado de baja de la Fuerza Naval Española. Montojo hizo saber al Gobierno en varias ocasiones el precario estado de su flota, sin recibir respuesta en ninguna de las ocasiones.


El Comandante americano George Dewey llegó a reconocer a Montojo que, a pesar de la antigüedad de los barcos españoles, supo defenderse muy bien con los pocos medios de los que disponía. Gran parte de su descendencia, en cualquiera de sus ramas, ha seguido la tradición familiar, llegando a haber entre ella grandes marinos y oficiales de tierra relevantes en distintas épocas de la historia de España. En la actualidad los descendientes del almirante George Dewey y los del almirante Montojo que siguen con la tradición militar de sus familias siguen manteniendo el trato amistoso que establecieran sus antepasados. Montojo se casó tres veces. La primera, con María Martínez de Valdivieso, la segunda, con María Martínez y Viñalet -sin descendencia- y la tercera, con Carmen Alemán.
Texto del comunicado telegráfico que el almirante Montojo envió al ministro de Marina, Bermejo, en el que da cuenta de la derrota naval de Filipinas: Tengo el sentimiento de poner en el conocimiento de V. E. que la Escuadra de Filipinas ha sido destruida por la americana. A medianoche del día de ayer, consiguió forzar el puerto sosteniendo fuego con las baterías de entrada. Antes del amanecer se presentó en línea la escuadra enemiga compuesta de ocho buques. A las siete y media incendió proa «Reina Cristina», poco después la popa y roto el servomotor, transbordé con mi Estado Mayor al «Cuba». A las ocho, incendiado completamente «Cristina», igualmente «Castilla»; demás buques averiados, refugiados ensenada Bacoor, fue preciso ir echándolos a pique para evitar cayeran en poder enemigo. A éste pidióle comandante general del Arsenal cesara bombardeo; puso condición quemar los buques; me consultó y acepté para evitar más pérdidas de vidas y edificios. Se calcula que las pérdidas ascenderán a unas 400 bajas; muertos Capitán de Navío Cadarso, capellán Novo y otros. Ha sido un desastre que lamento profundamente. Lo presentí y anuncié siempre por la falta absoluta de fuerzas y recursos. Manila, a primero de mayo de 1898. Patricio Montojo y Pasarón

PEDRO DE ALVARADO: Pedro de Alvarado y Contreras (Badajoz, Extremadura leonesa, Corona castellana, 1485 - Guadalajara, Virreinato de Nueva España, Imperio español, 4 de julio de 1541) fue un adelantado y conquistador español que participó en la conquista de Cuba, en la exploración por Juan de Grijalva del golfo de México y de las costas de Yucatán, y en la conquista del Imperio azteca dirigida por Hernán Cortés. Puede considerársele como conquistador de gran parte de América Central —Guatemala, Honduras y El Salvador— y pudo haberlo sido también del Perú, pero renunció a ello tras enfrentarse primero, y negociar después, con el adelantado Diego de Almagro. En el virreinato de Nueva España los indígenas lo llamaban Tonatiuh que significa el Sol,1?2? por su aspecto físico ya que al parecer era rubio y de elevada estatura, lo que lo convertía en caso típico para la deificación, que inicialmente hicieron los mexicas de los españoles, considerándolos las "gentes rubias y barbadas" anunciadas como signo del retorno de Quetzalcóatl. En 1512, con 27 años, desembarcó en La Española, junto a sus hermanos (Gonzalo, Jorge, Gómez, Hernando y Juan). Formaba parte del séquito del virrey Diego Colón.3? Un año después, a las órdenes de su tío Diego Velázquez, participó en la conquista de Cuba. En 1518 acompañó a Juan de Grijalva como capitán de un navío en su viaje de exploración por las costas de Yucatán y el Golfo de México, en el que se produjo el descubrimiento de Cozumel. Fue el primero en navegar el río Papaloapan, razón por la cual la población cercana a la desembocadura del río se le bautizó con el nombre de "Alvarado". Varios hermanos Alvarado se unieron a Cortés en el puerto de la Trinidad, cuando iniciaba su viaje, entre ellos Jorge, Gonzalo y Gómez, y Juan, Pedro fue el primer capitán de Hernán Cortés durante la conquista de México. Participó en la batalla sostenida contra los tlaxcaltecas dirigidos principalmente por Xicohténcatl. Una vez que los conquistadores españoles vencieron y pactaron una nueva alianza con los tlaxcaltecas, en muestra de paz les regalaron mujeres a los principales capitanes. Una de ellas fue Tecuelhuetzin, la propia hija de "Xicohténcatl el viejo", a quien se le bautizó como doña Luisa y era destinada para Hernán Cortés, quien la cedió a Pedro de Alvarado. Siendo soltero, Pedro de Alvarado tuvo un hijo con doña Luisa a quien bautizó con su propio nombre y una hija a la cual bautizó con el nombre de Leonor. Leonor se casó con Francisco de la Cueva primo del duque de Alburquerque. Realizó una inspección de avanzada junto con Bernardino Vázquez de Tapia hacia las inmediaciones de Tenochtitlan con el fin de observar y determinar la mejor ruta; Vázquez de Tapia cayó enfermo de calenturas en el camino y Alvarado tuvo que completar la misión, ambos regresaron a Cholula para informar a Cortés los pormenores. Fue entonces cuando los indígenas le pusieron el apodo de Tonatiuh. En 1520, en ausencia de Cortés, que había ido al encuentro de Pánfilo de Narváez, Pedro de Alvarado, que había quedado al mando, ordenó la matanza del patio del Templo Mayor que precedió a la derrota de los españoles conocida como la Noche Triste. Recriminado por Cortés, que se vio obligado a volver apresuradamente a Tenochtitlan a socorrerlo, alegó que los aztecas estaban preparando sacrificios humanos para la fiesta del Tóxcatl (quinto de los dieciocho meses del calendario mexica), incumpliendo su promesa de no hacerlo, y que con la fiesta se preparaba una trampa para atacar a los españoles. Pero incluso las fuentes más indulgentes con Alvarado coinciden en denunciar que ordenó sin previo aviso que se atacara a los danzantes de la fiesta, asesinando a entre trescientas y seiscientas personas desarmadas. Los testimonios aztecas recogidos por Fray Bernardino de Sahagún describen una cruel carnicería. Este hecho provocó una fuerte reacción por parte de los ciudadanos temerosos de mayores barbaridades y el conflicto desembocó en plena batalla campal con considerables pérdidas para las tropas castellanas. Durante la huida de Tenochtitlan se le atribuye haber salvado la vida, pese a estar rodeado de enemigos, saltando un canal apoyado en su lanza, hincada en el barro; el gesto ha tomado su nombre, "Salto de Alvarado", nombre también de una céntrica calle de Ciudad de México (Puente de Alvarado) situada en la zona donde pudo ocurrir el hecho. Podría citarse como precedente del salto con pértiga, igual que se hace con Filípides para la maratón, pero el salto muy probablemente no existió: la referencia procede de Francisco López de Gómara, que no fue testigo ocular, y es desmentida con gran rotundidad por Bernal Díaz del Castillo, que sí estuvo allí, y que esgrime contundentes argumentos: ningún testigo se hubiera percatado del salto, ocupados como estaban en salvar sus vidas; la profundidad del agua y la anchura del canal salvado descartan la viabilidad de la acrobacia y, finalmente, el mismo Bernal no oyó a nadie mencionar el salto hasta mucho después de la conquista, con ocasión de la edición de unos libelos laudatorios para Alvarado. Sin embargo, el hecho pudo haber tomado forma y atribuírsele a Pedro y en tál ocasión, partiendo de una peculiaridad o particularidad propia a él o de alguno de sus hermanos conocida por los demás de las tropas a los que debieron de haber visto practicando su destreza o jugando a éllo; al ser todos ellos miembros de familia procedente de la Cantabria oriental donde hasta hoy se práctica el denominado Salto pasiego, anteriormente más común y usado tanto por hombres como mujeres desde muy jóvenes, lo cual debieron aprender los Alvarado en familia en Extremadura o visitando durante la crianza familiares en Cantabria. Tras la toma de Tenochtitlan en 1521, Cortés lo comisionó para otras expediciones más al sur, lo que le permitió pasar a la historia también como conquistador de Guatemala y El Salvador junto a su hermano Gonzalo de Alvarado y, aunque siguiendo a Cortés, también concluyó la conquista en Honduras. En 1524, Pedro de Alvarado ordena la fundación de la primera capital colonial de Guatemala: Santiago de los Caballeros inicialmente en Iximché (Tecpán), luego refundada en 1527 en el valle de Almolonga (hoy el barrio de San Miguel Escobar en Ciudad Vieja, Sacatepéquez) tras una revuelta indígena. En 1525 ordenó a Gonzalo de Alvarado la fundación de una villa con el nombre de San Salvador en el Señorío de Cuzcatlán, para dominar los naturales de esas tierras. Ambas localidades llegaron a tener tanta preponderancia en sus respectivas provincias jurisdiccionales que terminaron por convertirse en capitales de las repúblicas de Guatemala y El Salvador, respectivamente; aunque ninguna está en su emplazamiento original hoy en día. En 1527 viajó a España y se entrevistó con Carlos V. Es este su momento de mayor gloria, al recibir del emperador los nombramientos de gobernador, capitán general y adelantado de Guatemala, más de lo que conseguiría nunca Cortés de Nueva España. Sin embargo, a su vuelta a América, en 1529, el gobernador de la Nueva España lo encarceló y lo procesó; solo pudo librarse del cautiverio por la intervención de Cortés. Las noticias sobre las riquezas de los incas y la conquista que emprendió Francisco Pizarro llegaron a oídos de Alvarado en Guatemala. Solicitó y consiguió permiso del Rey de España para hacer descubrimientos y conquistas en las tierras de la provincias de Quito del Imperio Inca que estuvieran fuera de los límites asignados a Francisco Pizarro. Construyó su flota en el Pacífico Sur, donde fundó el Puerto de Iztapa (en Guatemala). A principios de 1534 se hizo a la vela con una flota compuesta por ocho navíos, en los cuales se embarcaron 500 infantes bien armados, 227 caballos y un número de indígenas de Guatemala. Bartolomé de las Casas, en su Brevísima Relación, recuerda la mortandad de indios que generaban estas expediciones, tanto por obligarlos a transportar hasta el Mar del Sur los materiales con los que se construían los barcos, como por las condiciones de viajes y trabajos.


El 25 de febrero de 1534 Alvarado desembarcó en la bahía de Caráquez; pasó luego a Charapotó, donde fundó la Villa Hermosa de San Mateo de Charapotó; de ahí a Jipijapa, a Paján y al río Daule. Volvió a retroceder hacia los bosques de Paján, donde se detuvo algún tiempo. Sus fuerzas avanzaron por el sur hasta mucho más arriba de Chonana, y por el norte bajaron tanto que llegaron hasta el territorio de Nono, en la actual provincia de Pichincha, a pocos kilómetros de Quito. Desde Nono, desandando muchas leguas, tornaron a los bosques pantanosos de Chimbo en la región occidental, por donde, ya juntándose de nuevo toda la expedición, empezaron a ascender la cordillera de los Andes hasta salir a las alturas de Ambato. Como Alvarado anduvo perdido en las provincias del litoral durante los meses de febrero, marzo y abril, sufrió las molestias de las lluvias de invierno, cuando en la costa los llanos y todo el suelo en general se convierten en anegadizos y pantanos intransitables; y saliendo a la planicie interandina, en agosto, pasó la cordillera precisamente en la época de los mayores vientos y de las más fuertes nevadas. Llegó Pedro de Alvarado a las llanuras de Ambato, actualmente en Ecuador, con un ejército completamente débil, ya que llevaba muchos meses padeciendo las inclemencias de la selva costanera, en la que se perdieron, porque los guías indígenas que habían retenido a la fuerza lograron huir. Por esta razón, no estaban en condiciones de enfrentarse con Diego de Almagro y Sebastián de Belalcazár y prefirieron llegar a un arreglo amistoso el 26 de agosto de 1534, que consistió en que Pedro de Alvarado recibiría una indemnización por los gastos que había hecho en tan malhadada expedición y, a cambio, Diego de Almagro y Gonzalo Pizarro consiguieron que Pedro de Alvarado les cediera los barcos, caballos y hombres que quisieran quedarse. Pedro de Alvarado, finalmente, regresó a Guatemala. Francisco López de Gómara, en su Historia General de las Indias, cifra la indemnización en cien mil pesos de oro, que fueron pagados, cumpliendo la palabra de Almagro. En las actas del cabildo colonial de San Francisco de Quito se revela tajantemente la mala acogida y descontento general que Pedro de Alvarado provocó en las empresas conquistadoras encabezadas por Diego de Almagro y que estaban vinculadas a las expediciones de los actuales territorios del Ecuador continental o del entonces Reino de Quito, de acuerdo con las provisiones entregadas por Francisco Pizarro como gobernador de la Nueva Castilla. He aquí unos de los primeros documentos originales del cabildo colonial de Quito donde se expresa los “pareceres” a los que tuvo que recurrir el propio mariscal Diego de Almagro para negociar con Alvarado y no fomentar una demostrada e impopular acogida que originó su estadía en las tierras del norte del Pirú, apenas oída su llegada desde Guatemala. Luego que en 1533, la reina Juana I de Castilla emitió una real cédula otorgándole a Francisco de Montejo la gobernatura del territorio comprendido desde el río Copilco en Tabasco hasta el río Ulúa en Hibueras, Montejo se trasladó a Centroamérica para realizar campañas militares en contra de los lencas, pero también Pedro de Alvarado había sido enviado con el mismo propósito por el virrey Antonio de Mendoza y Pacheco. Debido al conflicto de intereses, en 1539 se realizó una permuta del territorio de Chiapas que pertenecía a Alvarado por el territorio de Hibueras; ante esta perspectiva Montejo se trasladó a Ciudad Real de Chiapa. Alvarado no soportó mucho tiempo la inactividad como gobernador de Guatemala y Honduras, antes de solicitar y obtener de la corona otro encargo de exploración, esta vez a las inasibles islas de la Especiería. Estaba preparando esta expedición y deambulando con su flota por el Pacífico mexicano cuando fue requerido por el virrey Antonio de Mendoza y Pacheco, que quería participar en la empresa. Pero antes le haría a Alvarado un encargo militar que habría de ser el último: sofocar la rebelión de indios caxcanes y chichimecas que había estallado en Nueva Galicia (en lo que hoy es el estado de Jalisco, México). En esa última acción militar, que a veces se conoce como Guerra del Mixtón, Alvarado fue arrollado por el caballo de un compañero inexperto que huía del contraataque de los indios chichimecas, que estaban parapetados en el Cerro del Mixtón (gato) y eran comandados por Francisco Tenamaxtle, un caxcán bautizado que se había levantado en armas. Sucedió en Nochistlán, en el sur de lo que hoy es el estado de Zacatecas.7? Tras unos días de agonía, murió el 4 de julio de 1541. Su cuerpo fue enterrado primero en la iglesia de Tiripetío, Michoacán, y trasladado en 1568 por su hija, Leonor Alvarado Xicoténcatl, a una cripta de la catedral de San José de Santiago de Guatemala (hoy Antigua Guatemala), junto al de su mujer, Beatriz de la Cueva, llamada la sinventura, no sin motivo: enviudó menos de un año después de suceder a su hermana como mujer de Alvarado, y luego sobrevivió a su marido solo otro año. El cuerpo del conquistador y fundador de la ciudad sigue en dicha iglesia después de que fracasara el intento de enterrarlos en un monumento levantado en su memoria debido a la presión popular? Luego de la muerte de Pedro de Alvarado en la Guerra del Mixtón, al quedar vacante la gobernatura de Hibueras, la Real Audiencia de los Confines solicita a Francisco de Montejo ejercer nuevamente el cargo en Hibueras, entre 1542 y 1544. No obstante, deja el nombramiento y las gobernaturas de Tabasco y Chiapas, presentando sus respectivos juicios de residencia.

PASCUAL PERY JUNQUERA: Nació en Ferrol (La Coruña), el día 17 de octubre del año 1911 y falleción en Madrid, el día 20 de junio de 1989. Ingresó en la Escuela Naval Militar como Aspirante de Marina del Cuerpo General de la Armada en agosto del año 1927, siendo promovido a Guardiamarina en agosto del año 1929, y a Alférez de Fragata en julio del año 1932; durante su formación realizó dos cruceros hasta Filipinas y California, y por todo el sur de América a bordo del buque escuela Juan Sebastián Elcano, Ascendió a alférez de navío en el mes de agosto del año 1833, y prosiguió sus estudios en la Escuela de Aeronáutica Naval (Barcelona) y en la Escuela de Tiro Naval (Cádiz), embarcando después en el acorazado España (1934), crucero Miguel de Cervantes (1934-1935), cañonero Zaya (1936) y vapor Plus Ultra (1936). Al iniciarse el levantamiento militar del 18 de julio de 1936 se hallaba de permiso en Ferrol, y se adhirió inmediatamente al movimiento: tras pacificar Betanzos, embarcó en el crucero Canarias, a bordo del cual hizo toda la Guerra Civil. Mientras tanto, en septiembre de 1938 ascendió a teniente de navío. Concluida la campaña, pasó al destructor Huesca (julio de 1939), y fue profesor de la Escuela Naval Militar a bordo del buque escuela Juan Sebastián Elcano (1940-1944), embarcando después en el destructor Velasco (1940) y en el crucero Galicia (1944). Capitán de corbeta desde julio de 1945, fue comandante del destructor Huesca (1945- 1946), tercer oficial del crucero Galicia (1946), y comandante del cañonero Calvo Sotelo (1946-1949), destino que se ocupaba, encontrándose en Cádiz el día 18 de agosto de 1947 ocurrió la catástrofe de la voladura del depósito de minas de la Base de Defensas Submarinas, que causó ciento cincuenta muertos y cinco mil heridos; Pery acudió de inmediato al lugar, y al mando del personal que pudo encontrar, extinguiendo con escombros los incendios que amenazaban con hacer explotar un degundo almacén, con grave riesgo de su vida y la delos hombres a su mando. Ello le valió ser propuesto para la Cruz Laureada de la Orden de San Fernando, siendo rechazada su candicatura tras un empate de 10 votos a favor y 10 votos en contra, por el voto de calidad del presidente que infringió, por vez primera, la norma no escrita de que en caso de empate el voto del presidente sería positivo. Finalmente fue condecorado el día 2 de junio de 1950 con la Medalla Militar Individual. Después pasaría por los destinos de profesor de la Escuela de Aplicación de Infantería de Marina y jefe de estudios a bordo del Juan Sebastián Elcano (1949- 1950), segundo de este buque (1950-1951), con el cual dio la vuelta al mundo, y desde 1951 quedó supernumerario, prestando servicios en la Empresa Nacional Bazán, en La Carraca (Cádiz). En abril de 1953 ascendió a capitán de fragata, y continuó en la Escuela Naval Bazán hasta que en octubre de 1956 fue nombrado comandante del destructor Alcalá Galiano, pasando al año siguiente a serlo del destructor Gravina.


Desde 1960 fue secretario de obras de la Jurisdicción Central de Marina y de la Marina Mercante, y desde 1962 director general de Navegación. Capitán de navío desde enero de 1964, continuó siendo director general de Navegación hasta que en 1966 recibió el mando del transporte de ataque Castilla. En enero de 1969 fue promovido a contralmirante, fue jefe del Mando de Escoltas, y realizó los cursos de Altos Estudios Militares y de la Escuela Superior del Ejército. En junio de 1971 ascendió a vicealmirante, pasando mandó la Zona Marítima de Canarias (1971), y después fue secretario y jefe de la Jurisdicción Central de Marina (1972-1973), y subsecretario de la Marina Mercante (1973-1975). En marzo de 1975 ascendió a almirante, pasando a la reserva dos meses después. Preidió la Compañía Trasmediterránea hasta que el 14 de abril de 1977 fue nombrado ministro de Marina a consecuencia de la crisis politica originada por la legalización del PCE al negarse todos los almirantes a aceptar dicho cargo

MANUEL LOIS GARCÍA: Nació en la aldea de Villa Verde, parroquia de Ordenes (Coruña), el 22 de mayo de 1912 era hijo de Dolores y jornalero de profesión. Su madre, doña Dolores Lois Vilaverde, pasó muchísimas dificultades para sacar a su pequeño adelante dado que el padre biológico de Manue no le reconoció. Tuvo que dejar la escuela a los 12 años, y comenzar a trabajar al perder a su madreiniciándose en el mundo laboral por obligación a los 13 años en el momento que pierde a su madre haciéndolo como jornalero en el campo para diferentes casas de labradores. El 13 de agosto de 1936, tras ser llamado a filas Lois es integrado en el Grupo de Fuerzas de Infantería de Marina, de guarnición en el Ferrol. El 2 de octubre pasó destinado al crucero “Baleares”, asignándosele como puesto de combate el de telefonista del cañón 4 de 120mm. A las 10:15 del 7 de septiembre de 1937, navegando a unas seis millas de la costa argelina, los serviolas del “Baleares” avistaron por la amura de babor una formación compuesta por cuatro vapores a los que escoltan los cruceros “Libertad” y “Méndez Núñez” y siete destructores de la clase “Churruca”. Al parecer se trata de un convoy procede te de Argel con un importante cargamento de material de guerra destinado a Cartagena y Alicante. A pesar de la clara superioridad del adversario, el “Baleares” maniobra dispuesto a combatir para impedir el arribo del convoy a puerto.


A las 10:44 la artillería del “Baleares” rompe el fuego. A las 10:56 recibe un impacto del “Libertad” que deja sin corriente durante unos minutos las torres de proa y las direcciones de tiro y nueve minutos después se produce el segundo impacto en la cara de proa de la chimenea penetrando metralla en la caja de babor que contiene proyectiles iluminantes, incendiándose uno de los cartuchos y produciéndose una explosión. El Comandante de la Batería, cayó herido y al observar que los gases hinchaban la caja solicitó un voluntario para abrirla Manuel Lois García, soldado de Infantería de Marina, telefonista del cañón núm.4, con puesto inmediato a la carga, al oir la voz de su oficial, sin dudarlo un momento, consciente del peligro que esto suponía tanto para el buque como para sus compañeros, corrió hacia la caja de iluminantes y liberó la única tuerca de sujeción que había. La puerta que se había quedado sin cierre alguno, se abrió violentamente a causa de la presión interior y una llamarada dio de lleno al Infante de Marina Lois el cual, quedó envuelto en llamas. Aún así, con absoluta decisión, cogió con sus manos el proyectil. Sus músculos que no le obedecen porque están absolutamente carbonizados hacen que se caiga al suelo, y aún así con su pecho empujó el proyectil el cual, rodó por cubierta y cayó al agua, pasando así el peligro. Envuelto en llamas es auxiliado por un grupo de marineros que le quitaron la ropa y le llevaron a la enfermería, A las 18 horas fallecía Manuel Lois García.dante Imponiéndole el Comanle imponía sobre el cuerpo carbonizado del infante la Medalladel Mérito Naval que fue oficialmente confirmada por Orden de 27 de noviembre del mismo año. El 30 de mayo de 1939 le fue concedida la Cruz Laureada de San Fernando por su heroica actuación a bordo del Baleares. En la alameda Central de Órdenes, se encuentra el monumento conmemorativo, en el cual hay una placa que reza: “ Honor al soldado del segundo regimiento de infantería de Marina, Manuel Lois García, condecorado con la Cruz Laureada de San Fernando y Medalla Militar por heroico comportamiento y gloriosa muerte en el combate que sostuvo el crucero Baleares en aguas de Argel el 7-9-37”

LUIS CEBREIRO LÓPEZ: Luis Cebreiro Lopez nació en Ferrol, en el barrio de La Magdalena en 1984 y falleció en Viveiro en 1969. Fue hijo del marino coruñés José María Cebreiro Sanjuán y de su esposa de origen granadino Doña Concepción López. Tras finalizar el Bachillerato comenzó sus estudios de Náutica oteniendo los títulos de Piloto de 1ª y 2ª y el de Capitán de la Marina Mercante. Estando embarcacdo de 2º Oficial de la M/V Santa Isabel a las 01:30 del día 2 de enro de 1921 se produjo el embarrancamiento del barco en los bajos de "As Pedras de Pegar", distantes tan solo un cable y medio de la isla, logrando con su heroico comportamiento salvar a más de 30 personas -murieron un total de 213 personas - donando la recompensa económica que recibió a obras de caridad. Además a lo largo de su vida gracias a los operativos que dirigió salvó muchas más vidas . Cuenta con la medalla más importante de Salvamento en España, que le entregó su propio padre, y fue el oficial de la Marina Mercante más condecorado del siglo XX.


Posteriormente ingresó en la Reserva Naval Activa de la Armada en la que alcanzó el empleo de Capitán de Corbeta. Una vez en la Armada estuvo destinado la mayor parte de su tiempo de servicio en la misma en la Ayundatía de Marina de Viveiro, donde una de sus mayores preocupaciones paso a ser la seguridad de las gentes de mar. Su empeño más noble y destacado fue crear un servicio de rescate marítimo - que entonces no existía en España - dedicando en exclusiva a ello la que puede considerarse la primera embarcación de salvamento en la zona de la Mariña y probablemente una de las primeras de toda Galicia. inquietudes por la puesta en marcha de los servicios de salvamento marítimo no desantendió los aspectos sociales de las familias de los marineros consiguiendo para Viveiro la creación de una sección formada por una escuela de Flechas Navales que eran de ámbito nacional, donde se impartía formación marinera. También para Viveiro consiguió la creación de un Hogar del Jubilado para los marineros.

MIGUEL BUIZA FERNÁNDEZ-PALACIOS: Miguel Buiza nació en Sevilla el 25 de enero de 1898. En 1915, cuando contaba con 17 años de edad, ingresó en la Escuela Naval Militar, recién inaugurada en San Fernando. Como Alferez de Navío y Teniente de Navío sirvió en diversos destinos a bordo y en tierra. Fue ascendido al empleo de capitán de corbeta en 1932, ya durante la Segunda República Española. Dos días después de haber estallado la Guerra Civil Española le fue asignado el mando del crucero Libertad, dirigiendo poco después, en agosto de 1936, la agrupación naval republicana que se encargó del desembarco en Porto Cristo (Mallorca). El 2 de septiembre de dicho año fue nombrado Almirante Jefe de la flota republicana, la cual mandó sin mucha fortuna dada la ineficacia con la que actuó bajo su mando. El presidente Azaña reconocía en sus memorias la ineficacia de la Armada republicana, especialmente en el hecho de ganar la guerra. Buiza sería relevado del mando de la flota un año más tarde, debido al desafortunado combate naval de cabo Cherchell, frente a las costas de Argelia, en la cual la Flota republicana tuvo una decepcionante actuación contra el crucero Baleares, que pudo escapar frente a una clara superioridad republicana. Consecuencia de este relevo, el 25 de octubre fue sustituido en el mando de la flota por el capitán de navío (ascendido a Almirante) Luis González Ubieta, mientras que Buiza ocupó sucesivamente los puestos de jefe de Estado Mayor de Marina, jefe de la Junta de Recompensas y jefe de la Sección de Personal, hasta que, el 22 de enero de 1939, fue designado de nuevo jefe de la flota republicana. En ese momento la ofensiva de Cataluña estaba llegando a su fin y, antes de partir hacia Cartagena para hacerse cargo de la flota, Buiza había dispuesto la marcha a Francia de su esposa, Maravilla, y sus dos hijas, pero el 26 de enero, poco después de dar a luz y el mismo día que las tropas franquistas entraban en la ciudad, su mujer se suicidó en Barcelona. El 16 de febrero asistió a una reunión en el aeródromo de Los Llanos entre el presidente del Gobierno Juan Negrín y los principales dirigentes militares republicanos, a la que asistieron los generales Leopoldo Menéndez, José Miaja, Manuel Matallana y Carlos Bernal; los coroneles Segismundo Casado, Antonio Escobar y Domingo Moriones, y el teniente coronel Antonio Camacho. Se expuso la necesidad de negociar con Franco el final de la guerra, en vista de la pésima situación militar de la República. Buiza, como comandante en jefe de la Armada, insistió en la necesidad de poner final a la guerra y avisó de que las tripulaciones de la Armada estaban hastiadas por el desenlace la guerra y cercanas a la insubordinación.


A principios de marzo, estando la flota republicana fondeada en el puerto de Cartagena, el recién nombrado Almirante informó al presidente Negrín que una comisión representativa de las tripulaciones de la flota había constatado la imposibilidad de ganar la guerra, solicitando de nuevo al Gobierno que pactara un acuerdo de paz con Franco a fin de evitar el más que probable bombardeo aéreo sobre las ya indefensas unidades de guerra republicanas. Sin embargo, nuevamente su petición fue ignorada por Negrín, que además nombró al comandante comunista Francisco Galán como jefe de la Base naval de Cartagena para asegurarse de su fidelidad, lo que causó una gran indignación en la Armada republicana y su mandos. Tanto Buiza como el comisario general de la Armada, Bruno Alonso, pensaron atacar la ciudad y los cuarteles generales. Lo cierto es que Buiza era conocedor, si acaso es que no participaba en la misma, de la conspiración que se estaba desarrollando entre algunos militares y dirigentes republicanos contra el Gobierno de Negrín, pero no pudo evitar el estallido de una sublevación en la base de Cartagena, seguida por gran parte la guarnición militar de la ciudad. En medio de esta situación, el 5 de marzo de 1939 ordenó la partida de la flota republicana desde Cartagena, con lo que la República perdía sus tres cruceros, ocho destructores y otras unidades menores. Una vez en alta mar, Buiza y las tripulaciones de los barcos decidieron poner rumbo a la base naval de Bizerta, en Túnez, donde se entregaron a las autoridades militares francesas. Tras la entrega de la flota y después de unos meses de internamiento, en mayo de 1939 Buiza pidió el ingreso en la Legión Extranjera francesa con el grado de capitán, y en la que llegó a alcanzar el grado de comandante. En noviembre de 1942, tras el desembarco aliado en el norte de África, se alistó en el gaullista Corps francs d'Afrique (CFA) y participó en la campaña de Túnez, donde su actuación le valió la concesión de la Cruz de Guerra con Palmas. Aunque se retiró en 1943, cuando preparaba su boda y al parecer por motivos de salud, ya se había convertido en un símbolo para los republicanos que continuaron luchando en la Segunda Guerra Mundial, hasta el punto de que llevaba su nombre, "Amiral Buiza", uno de los blindados españoles de la División Leclerc que participaron en la liberación de París, el único bautizado en honor de una persona. En 1947 trabajó al servicio de las organizaciones que luchaban por el reconocimiento del Estado de Israel, poniéndose al mando de un barco mercante que transportaba judíos al Mandato Británico de Palestina. Fue detenido por las autoridades británicas e internado en un campo de concentración en Haifa. Una vez liberado se estableció en Orán, pasando posteriormente a Marsella, donde falleció el 23 de junio de 1963.

JOSE JUSTO SALCEDO Y ARAUCO: Nació en Portugalete (Vizcaya),en el año 1753 y falleció San Fernando (Cádiz) en el año 1825 sentando plaza de guardia marina en Ferrol en julio de 1770. Su primer combate lo realizó sobre el navío San José en la Escuadra Combinada hispano-francesa del almirante Luis de Córdova y del conde de Orbilliers durante 1779, participando en el bloqueo contra la Flota británica del Canal de la Mancha. En 1781 participó en el asedio a Gibraltar, logrando la captura de la balandra inglesa Peggi. Al maal mando del navío Guerrero lo participó en la campaña argelina y más tarde en la defensa costera del Mediterráneo occidental. A lo largo de la Primera Coalición contra Francia estuvo a las órdenes del almirante Lángara hasta 1795, junto al propio Ignacio María de Álava. Bajo las órdenes de Mazarredo participó en la defensa de Cádiz frente a Nelson en 1797. Demostrando su capacidad para cruzar el Atlántico frente a los bloqueos ingleses, realizó entre 1799 y 1801 varios viajes entre la Península y el Nuevo Mundo, destacándose sus singladuras al mando del navío Monarca y las fragatas Paz y Mercedes. A raíz de la nueva declaración de guerra de finales de 1804 contra Inglaterra se le confirió el mando de la Flota de Cartagena. Tras el regreso de la Combinada procedente de las Antillas y el posterior fondeo en Cádiz, se barajó en diversas ocasiones la posibilidad de que los 8 navíos bajo su mando y varias fragatas atacasen a la escuadra de Nelson por la retaguardia en los días de octubre de 1805. Las dudas del ministro Godoy y la precipitación del almirante Villeneuve obstruyeron esta acción mixta que habría pinzado desde Cádiz y desde Cartagena a la Armada británica. Después el desastre de Trafalgar al estallar la guerra en 1808 fue nombrado miembro de la Junta de Armamento y defensa de Valencia, ciudad que defendió con éxito de los ataques del mariscal Moncey, y después de la batalla de Bailén acudió a Madrid como miembro del Tribunal Extraordinario y Temporal de Vigilancia y Protección. Sin embargo, su voluntad flaqueó tras la rápida reconquista efectuada por Napoleón, por lo que al caer Madrid decidió afrancesarse, al parecer por influjo de Mazarredo.


Durante el reinado de Jose Bonaparte fue consejero de Estado, presidiendo la sección de guerra, y fue condecorado con la Gran Banda de la Orden Real de España y nombrado caballero de la Legión de Honor. En 1813 marchó al exilio en Pau, junto con su mujer y sus seis hijos. En mayo de 1814 se encontraba en Perigeux, desde donde escribió una exposición al ministro de Guerra francés, y el mismo año se estableció definitivamente en Burdeos. Durante su destierro, Luis XVIII le ofreció ingresar en la Marina francesa conservando su rango y honores, pero Salcedo declinó la oferta y vivió en la capital de la Gironda subsistiendo con los cortos socorros del gobierno francés y gozando de la estima de autoridades y vecinos. En 1819, aprovechando la salida de Burdeos de un buque español con destino a Cádiz, decidió embarcarse y volver a España sin el permiso de las autoridades. Llegó a la Península en el preciso instante del levantamiento fallido del Ejército en Palmar del Puerto, por lo que, sin tener nada que ver con ello, fue arrestado. Tras la sublevación de Riego en 1820 sería liberado y los revolucionarios le ofrecieron el mando del departamento marítimo de Cádiz, cargo que prefirió rechazar por prudencia y marchar a San Fernando, donde estableció su residencia. En 1825 Fernando VII le concedió una pensión de los fondos del Almirantazgo, que pudo disfrutar por poco tiempo.

TOMÁS DE LARRASPURU Y CHURRUCA: Natural de Azcoitia, Guipúzcoa, donde nació en 1580. En 1598, comenzó a servir de soldado en el estado de Milán. Su carrera marítima principió, en 1602, de sargento y alférez de la gente de mar, cargos que desempeñó en los diversos viajes a Indias. l siguieEte año navegando en la armada de Luis de Silva en el navío Delfín peleó con seis navíos ingleses y holandeses abordando y rindiendo a la capitana enemiga recibiendo una grave herida. Ocurrió lo mismo en 1605, cerca de la Dominica. En 1607, se le nombró capitán de Galeones en cuyo cargo demostró como en todos los actos de su carrera una extraordinaria pericia. Su cometido, con base en La habana, consistía en limpiar aquellas aguas de enemigos. En 1608, ejerció de almirante de la Armada Real que se envió a Nueva España, y en 16010 se encontraba a Larache. En 1611, se desplazó a La Habana "a acabar el galeón de quedó allí comenzado de los de la Armara de Barlovento". En 1612 y 1613, era ya almirante de la Flota de Nueva España. En 1615, fue ascendido a almirante de la Armada de la Guarda de la Carrera de Indias, llevando a sus órdenes una armada que tuvo victoriosos encuentros con los enemigos de España. La elección en 1621, para capitana de la Armada de la Carrera de un galeón proyectado por él, motivó la satisfacción del Consejo de Indias, organismo que no dudaba que el bajel atesoraría las suficientes garantías por ser fabricado por Larraspuru. Perfecta simbiosis de militar y armador, fabricó sus unidades en La Habana y Guipúzcoa. Un mínimo de tres de sus bajeles fueron utilizados para transportar plata.


En 1623, fue con el cargo de general de una Escuadra a Indias, siguiendo durante varios años el desempeño de esta misión, prestando eminentes servicios señaladamente en la conducción del tesoro procedente de la feria de Portobello que importaba 25 millones de pesos. Por sus continuos éxitos marítimos fue apellidado “hombre de buena estrella”. En 1628, hizo un brillante desembarco para la liberación el puerto de Salé (Lamamora) del cerco que le tenían puesto los africanos a los cuales atacó por tierra y mar haciéndose dueño en la derrota que les causó del campo y del puerto, así como de ocho cañones y un barco de los enemigos. Al final de su carrera cruzó el océano Atlántico en siete ocasiones al mando de la Flota de Indias. Por este y otros importantes servicios el rey Felipe IV, dijo de este general "que no tenía otro hombre como él para su servicio". Dirigió en la Habana la construcción de excelentes galeones y desempeñó elevados cargos este ilustre almirante resultando por sus dotes de valor y pericia una de las más grandes figuras marítimas de Guipúzcoa. Tomás de Larraspuru fue uno de los personajes más extraordinarios de la historia naval española. A su pericia náutica y militar hay que sumar sus conocimientos en construcción de buques. Fue sin duda uno de los más cualificados arquitectos navales de la Europa del siglo XVII.

ANTONIO DE OQUENDO Y ZANDATEGUI: Antonio de Oquendo y Zandategui (San Sebastián, octubre de 1577-La Coruña, 7 de junio de 1640) fue un marino y militar español, almirante general de la Armada del Mar Océano. Participó en más de cien combates navales. Sus dos hechos principales fueron la batalla de los Abrojos en 1631, y la de las Dunas, en 1639. Se asegura que su éxito en operaciones militares era debido a lo bien organizados que estaban sus buques y a la férrea disciplina que en ellos imperaba. Hijo de María de Zandategui, señora de la torre de Lasarte y de Miguel de Oquendo, capitán general de la Armada de Guipúzcoa, que participó junto a don Álvaro de Bazán en la batalla de las Terceras, y murió en el desastre de la Invencible. A los 16 años ingresó con la plaza de caballero entretenido en las galeras de Nápoles, mandadas a la sazón por Pedro de Toledo. Hacía 1594 pasó a la Armada del Océano, cuyo general era entonces don Luis Fajardo. Cuando aún no tenía 18 años se le dio el mando de los bajeles ligeros Delfín de Escocia y la Dobladilla, pertenecientes a dicha armada. El 15 de julio de 1604 partió de Lisboa con la misión de dar caza a un corsario inglés que con dos buques atacaba y extorsionaba a los pueblos de Andalucía, Galicia y Portugal. Al alba del 7 de agosto encontró a su enemigo en el golfo de Cádiz; el corsario le abordó, metiéndole cien hombres dentro de su buque. Oquendo, al cabo de dos horas de combate, batió a todos, habiendo muchos muertos y heridos de ambas partes. El corsario trató de desaferrarse para huir, pero Oquendo entró con su gente, apresándolo. El otro buque, que se había estado batiendo al cañón con la “Dobladilla”, huyó a toda fuerza de vela y no pudo ser alcanzado. Los españoles quedaron muy averiados, arribando a Cascais. Fue recibido triunfalmente en Lisboa, felicitado por el rey Felipe III y por su capitán general don Luis Fajardo. En 1607, es nombrado gobernador de la escuadra de Vizcaya al fallecer Martín de Bertendona. Con esta armada guardaba las costas ante las amenazas de los neerlandeses, que venían dispuestos a incendiar los buques españoles en los puertos cantábricos. Ante la noticia de la salida de la armada de Vizcaya, se retiraron. En junio fueron puestas a sus órdenes las escuadras de Guipúzcoa y de las Cuatro Villas, y junto a la de Vizcaya compusieron la escuadra llamada del Cantábrico. Con estas fuerzas efectuó muchos cruceros, protegiendo la llegada de las flotas de Indias y haciendo numerosas presas. En el mismo año fue nombrado general de la flota de Nueva España, sin cesar en la escuadra de Cantabria, con la que continuó al terminar su comisión de América. Sirvió también con sus fuerzas, en calidad de almirante, a las órdenes del príncipe Filiberto de Saboya, que ostentaba el título de Príncipe de la Mar. Filiberto hizo ante el rey un caluroso elogio de Oquendo, y el rey confirió a éste el hábito de Santiago y encargó a don Rodrigo Calderón que, de su mano y en representación de él, le armase caballero. En 1619, Juan Fajardo, almirante general de la escuadra del Océano, pidió permiso para retirarse, permiso que le fue denegado por confiársele la guarda del Estrecho. Fajardo decidió retirarse sin el permiso real, por lo que fue arrestado y encerrado en el castillo de Sanlúcar de Barrameda. Oquendo fue nombrado para sustituirle, pero éste se excusó diciendo que estaba dedicado al alistamiento de su escuadra y a la construcción de un navío que había de servirle de capitana. Al mismo tiempo señalaba la inconveniencia de tal sustitución, comunicando al secretario Arostegui: «que el no ir a servir no era falta de voluntad, sino que por no lo hacer con honra, es mejor excusarlo». Molestos los miembros del Consejo contra el que se atrevía de este modo a darles lecciones, propusieron al rey que se quitase el mando a Oquendo y fuese encerrado en el castillo de Fuenterrabía. Poco después le fue conmutada a Oquendo esta prisión por la reclusión en el convento de San Telmo, en San Sebastián, con permiso para poder salir a inspeccionar su galeón. Intervino al fin su protector, el príncipe Filiberto, cuyos buenos oficios lograron su liberación. Pronto se le dio un nuevo mando, el de los galeones de la carrera de Indias, con los que efectuó algunos viajes. En los primeros tiempos del reinado de Felipe IV, Oquendo fue consultado por su ministro el conde-duque de Olivares sobre asuntos de Indias, servicio naval y comercio de Tierra Firme. En 1624 fue procesado, acusado de irregularidades en su mando y favoritismo, admitiendo en la flota buques inadecuados, por pertenecer a sus amigos, y también de no permitir las necesarias reparaciones en los buques y de una injustificada invernada en La Habana. De tal modo, los galeones Espíritu Santo y Santísima Trinidad se habían ido a pique por ir en malas condiciones, perdiendo el tesoro de su carga. Pudo rebatir cumplidamente todos los cargos que se le habían hecho a impulso de la envidia de sus contrarios, y al cabo de año y medio se pronunció la sentencia: privación del mando de las flotas de Indias durante cuatro años, «menos los que fuesen voluntad de Su Majestad, de su Consejo de Indias o de la gente de Indias, en su real nombre», y 12 000 ducados de indemnización por lo perdido en los galeones. En 1626 obtuvo en propiedad el cargo de almirante general de la Armada del Océano, quedando subordinados a él todos los generales de las diferentes escuadras, como él lo quedaba al capitán general Fadrique de Toledo, en cuyas manos hacía juramento y homenaje.


Al recibir Oquendo de su gobernador don Diego de Escobedo la petición de auxilio con motivo del sitio de La Mámora por fuerzas enemigas en 1628, socorrió la plaza desde Cádiz, fletando buques y alistando gente, aún sin tener autorización de sus superiores, por considerarlo necesario para mejor servicio del rey y tratarse de un urgente auxilio. Tan complacido quedó el rey don Felipe de su servicio, que escribió de su puño y letra: «quedó tan agradecido a este servicio que me habéis hecho, como él lo merece y os lo dirá esta demostración». Formando Oquendo parte del Consejo de Guerra, se reunió en Lisboa una escuadra bajo su propio mando para socorrer las costas del Brasil contra los ataques de los neerlandeses, especialmente las plazas de Pernambuco y de Todos los Santos. Componían la escuadra 16 naos; cinco de ellas no llegaban a las trescientas toneladas y a reunir cuarenta hombres de guarnición; otras cinco no llevaban más que la mitad de la infantería que les correspondía y quedaban seis que eran mejores, pero también faltas de elementos y de dotación. Arbolaba Oquendo su insignia en el galeón Santiago. Salió de Lisboa el 5 de mayo de 1631 convoyando una flota de buques mercantes portugueses y de 12 carabelas, que llevaban 3000 hombres de transporte para reforzar las guarniciones de las plazas brasileñas. Al cabo de 68 días de navegación, llegaron a la bahía de Todos los Santos, reforzando su guarnición y siguiendo viaje a Pernambuco con 20 naos mercantes que se agregaron al convoy. El 12 de septiembre avistaron la flota neerlandesa, bajo el mando del almirante Adriaan Hans Pater, que venía de saquear la isla de Santa María. El almirante neerlandés tuvo el gallardo pero presuntuoso gesto de ordenar que solo atacasen a los españoles 16 de sus buques; el mismo número que los que sumaban los de Oquendo. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la capitana y la almiranta neerlandesas eran buques de 900 y 1000 toneladas, con cincuenta cañones de calibre entre 48 y 12, y, en cambio, los españoles no pasaban de las 300 toneladas e iban armados con cañones de a 22 a 8. Antes de trabarse el combate pasó cerca de la capitana de Oquendo la carabela en que iba el conde de Bayolo, jefe de la infantería, y al estar a la voz propuso a Oquendo reforzar los buques con sus soldados. Oquendo con tono humorístico, señalando las velas enemigas le dijo: «¡Son poca ropa!» Después negó el paso de los soldados, razonando que la orden era llevarlos a Pernambuco para refuerzo y que no quería, «por si ocurría cualquier accidente que impidiera volverlos a las carabelas». El conde recibió orden de unirse al convoy y acercarse con él hacia la costa. Así se entabló un duro combate a 18º de latitud sur y a unas 240 millas de los Abrojos, a las 8 de la mañana del 12 de septiembre de 1631. La escuadra neerlandesa avanzó a todo trapo, desplegada en arco. Entonces, Oquendo consiguió aferrarse con hábil maniobra a la capitana enemiga por barlovento, de tal modo que los fuegos y humos fuesen hacia el neerlandés. Hans Pater trató de desasirse, mas no pudo, pues el capitán Juan Castillo saltó al buque neerlandés y a parte de los garfios, lo aseguró con un calabrote que amarró a su palo. Pronto le quitaron la vida, y lo mismo a sus soldados, pero el fuego que se hizo desde las cofas del Santiago impidió a los neerlandeses desamarrarlo. Otro galeón neerlandés se colocó pronto por la banda libre del Santiago, pero también acudieron los españoles en auxilio de su general. El combate aún estaba indeciso a las 16:00. Al fin, un taco encendido disparado por un cañón del Santiago prendió fuego a la capitana neerlandesa. La almiranta de su segundo, el aventurero raguseo Jerónimo Masibradi, acudió y dio remolque al Santiago, apartándole de la explosión del buque neerlandés. Hans Pater encontró la muerte en el agua, a donde se había arrojado con gran número de los suyos. Oquendo se apoderó del estandarte de los Países Bajos y puso en fuga al enemigo, quemando a éste tres mayores galeones y haciéndole 1.900 muertos; los españoles perdieron, por su parte, dos galeones, hundido uno de ellos, el San Antonio, la almiranta, y 585 muertos y 201 heridos. Tuvo la satisfacción Oquendo de saber que el galeón apresado por los neerlandeses, el Buenaventura, no pudo ser aprovechado, y que los españoles prisioneros se apoderaron de la carabela donde los llevaban y se fugaron. Cinco días después hubo nuevo avistamiento de las escuadras, pero el almirante Tir, que sucedió en el mando a Hans Pater, eludió el combate a pesar de su manifiesta superioridad numérica. Oquendo llevó las tropas de refuerzo a Pernambuco y regresó a la Península. El 21 de noviembre entró en Lisboa, siendo objeto de entusiastas manifestaciones. Guipúzcoa le envió un caluroso mensaje de felicitación. Después de esta campaña fue nombrado capitán general de la guarda de la carrera de Indias, y en calidad de tal efectuó otro viaje a América, hacia la que partió el 23 de abril de 1634, sufriendo un duro temporal a su regreso. En 1636, Oquendo estuvo de nuevo arrestado por batirse en duelo en Madrid, provocado por un caballero italiano al que sin herir gravemente dio una fuerte lección. En 1637 recibió la orden de salir con sus buques para incorporarse a la escuadra de Nápoles. Hizo presente en qué malas condiciones de combatir se hallaban, sin gente y sin pólvora, considerando que esta salida solo suponía ofrecer a los enemigos una fácil victoria. Por ello le llegó la orden de invernar en Mahón, donde fue nombrado gobernador de Menorca. Efectuó grandes mejoras en las fortificaciones de la isla, trayendo artillería de Nápoles. En agosto de 1639 se terminó de formar en Cádiz parte de la escuadra que había de acudir a operar contra Francia y los Países Bajos: 23 buques con 1.679 hombres de mar. Tocó la armada en La Coruña y allí se le unió la escuadra de Dunquerque, que era la mejor dotada y adiestrada. El 5 de septiembre salió de este puerto con todas sus fuerzas, yendo Oquendo en vanguardia, en su galeón Santiago, seguido por dicha escuadra de Dunquerque. En doce transportes ingleses iban tropas del ejército para reforzar las de los Países Bajos. Los neerlandeses, según instrucciones del príncipe de Orange, habían dividido sus fuerzas en dos escuadras: una de 50 galeones y 10 brulotes, mandada personalmente por Maarten Harpertszoon Tromp, general en jefe, y otra de 40 buques y 10 brulotes, a las órdenes del almirante Johan Evertsen. Cerca del paso de Calais las escuadras española y neerlandesa se encontraron, entablando un combate que dura tres días (16, 17 y 18 de septiembre), al cabo de los cuales la escuadra española se refugió en la rada de Las Dunas (The Downs), para reparar. Al cabo de un mes sale a la mar y entabla combate en inferioridad de condiciones con los neerlandeses que derrotan a la flota española, que perdió 43 buques. A pesar de ello, se consiguieron llevar los refuerzos y el dinero al ejército de Flandes. En esta batalla de las Dunas, la real de Oquendo se defendió tan bravamente que pudo alcanzar Mardique, siempre reciamente acosado. Cuando se reprochó al almirante neerlandés el no haberla apresado, respondió «La capitana Real de España con don Antonio de Oquendo dentro, es invencible». Echó ésta a pique a varios buques enemigos, y cuando entró en puerto pudieron contarse en ella 1.700 balazos de cañón, de diferentes calibres. Durante muchos días hubo que estar dando a las bombas de achique y tapando boquetes, pero al fin fue salvado el galeón Santiago. La salud de Oquendo quedó profundamente quebrantada. No pudo recuperarse por completo. Dijo «Ya no me falta más que morir, pues he traído a puerto con reputación la nave y el estandarte». Volvió a España en marzo de 1640, falleciendo en la Coruña el 7 de junio de 1640

JUAN MARTINEZ DE RECALDE LARRINAGA: Nacido en Bilbao sobre el año 1540, falleció en La Coruña, el día 23 de octubre de 1588. Hijo del armador Juan Martínez de Recalde Sáez de Vasoçavala y de su esposa Sancha de Larrinaga. Comenzó a navegar desde muy joven en la Escuadra de Vizcaya, para más tarde escoltar tres flotas de Indias, logrando gran fama al rescatar un galeón cargado de oro en la isla de Madeira. Por sus méritos recibiría el mando supremo de la Flota de Laredo. Al igual que Miguel de Oquendo, del que era amigo y compañero, su destino estuvo pronto unido a la figura del almirante Álvaro de Bazán, siendo acogido bajo su mando durante las expediciones a la isla Terceira de 1582 y 1583. Al término de esta operación, fue comisionado por el monarca para mandar una escuadra de ocho naos y cuatro pataches, con el objeto de reconocer las costas de Irlanda y reforzar a los católicos descontentos con tropas de desembarco.


Ya en 1587 se estaba gestando la invasión de Inglaterra. Tras el nombramiento supremo de Alonso Pérez de Guzmán y Sotomayor, duque de Medina Sidonia, para aquella empresa, Martínez de Recalde asumió el rango de almirante de la Flota de invasión, el corazón de la Invencible. Sin embargo, aunque la responsabilidad recayó en lo material sobre él, no pudo hacer valer la mayoría de sus decisiones ante Medina-Sidonia, viéndose arrastrado a combates muy difíciles sin apoyo táctico. En la refriega inicial con los ingleses de julio de 1588, hallándose en la retaguardia de la Flota, quedó aislado y no tuvo más remedio que batirse con denuedo contra varios navíos enemigos. Salió de la acción vivo y sin ser capturado, pero le costó perder numerosos hombres y la casi inutilidad de sus naves. Hasta la dispersión de la Escuadra, Recalde se mantuvo firme a lo largo de toda la campaña sobre las costas de Inglaterra. Durante la singladura última recaló primero en Irlanda, dirigiéndose más tarde a La Coruña, herido y con graves fiebres. En este puerto fondeó su flota y perdió su propia vida, falleciendo el 23 de octubre, a los pocos días de arribar.

FRANCISCO DIAZ PIMIENTA: Nació en Tazacorte, Isla de la Palma en 1594. Hijo del matrimonio formado por los portugueses Diego Díaz Pimienta y Mayor Franco. Fue Capitán de Infantería y Maestre de Campo de las Compañías Milicianas de Barlovento, San Andrés y Sauces, y Puntallana. Desempeñó el cargo de Castellano del Fuerte de Santa Catalina en Santa Cruz de La Palma, y Regidor perpetuo de la isla de San Miguel de La Palma. Fue un excelente marino, “el Oficial más sobresaliente de la Armada de Felipe II” y como tal, tomó parte en la célebre batalla de Lepanto, en la Armada de don Juan de Austria al mando de un tercio formado por milicianos canarios, “distinguiéndose sobre todos, por su pericia, arrojo y valor”. A su vuelta de Lepanto, se cree que Díaz Pimienta patrocina la creación de una ermita en agradecimiento a la Virgen del Rosario, por la ayuda que les fue prestada en la victoria frente al turco y a la que rendirían honores con librea, los soldados de la Compañía de Milicias que a sus órdenes estaban acuartelados en aquella localidad.


Construyó su vivienda en la antigua Calle Real del Puerto de Santa Cruz de La Palma, con grandes sacrificios, pues pese a su profesión y categoría no ostentó riquezas, y siempre se consideró honrado, hasta el punto de quejarse amargamente en su testamento de la deuda que debía al carpintero de su casa, en la suma de 1400 reales más 300 por la reconstrucción de la capilla que había comprado al Procurador de Causas Andrés de Armas y a su mujer Inés de LLanes, en la iglesia matriz de El Salvador de la Capital palmera, diciendo que “todo esto es verdad y es mi sudor y trabajo y en hacer las dichas obras gaste lo que tenia y quede pobre”. En aquella casa vivió con su esposa Beatriz Rodríguez de Acosta, de la que tuvo dos hijas, Inés y Lucía, para las que solicitó mayorazgo perpetuo en su favor y de la descendencia legítima de éstas, al Rey Felipe III quien, el 6 de marzo de 1606 expidió real cédula concediéndole la petición: “ Que por cuanto D. Francisco Díaz Pimienta me ha servido más de 30 años en los destinos de Cabo de tres compañías de infantería y Castellano de una de las fortalezas de la ciudad, y que en tiempo del General D. Álvaro de Flores y de D. Francisco Coloma habían ido con una nave de su propiedad a acompañar las fragatas que salieron de La Habana, e impedido que el inglés se llevara una que tenia apresada, la cual salvó, así como que habiendo sido destrozada por efecto de una tormenta la Capitana del mando del D. Francisco Coloma, la socorrió con su nave, le concedía la gracia solicitada ”. Díaz Pimienta también tuvo otra hija a la que llamó Catalina, casada en 1598, pero que murió antes que sus padres sin dejar descendencia; y otra hija natural, Jacinta, habida con Mencía de Oca, vecina de Sevilla, y de la que no dice nada en su testamento.

BIBLIOGRAFIA:(Lamentamos si por olvido o error dejamos a algún autor o institución sin citar en este apartado) Wikipedia, Biografías y Vidas (Enciclopedia biográfica on-line),Historia y Biografías, Revista General de Marina, Historia 16, Quién es quién de los conquistadores (Hugh Thomas), Historia Marítima del Mundo, Maurice de Brossa, web Todo a Babor, web Todo Avante, Cadizpedia, Untzi Museoa (Museo Naval Diputación de Guipuzcoa), Museo Naval de Madrid, Centro Virtual Cervantes, Enciclopedia Espasa, Ensayo de Bibliografía Marítima Española, Revista de Historia Naval, ABC Cultural, Colección de Viajes y Descubrimientos que hicieron por Mar los Españoles de Fernandez Navarrete, Boletín de la Real Academia de la Historia

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